Centésima novena historia

La falsa cita: Primera parte, centésima novena historia.

Josefina, harta del aburrimiento de su casa y de sus fastidiosos hermanos, salió de su casa hacia a la de Mao. Cuando llegó, entró por la tienda como un rayo:

— ¡Buenos días, Leonardo! — Le gritó al único empleado de Mao, quién estaba viendo videos de gatos en su móvil y no le dio tiempo a saludar a Josefina, quién ya estaba en el salón. Ni siquiera a decirle que casi nadie estaba en la casa.

— ¡Buenos días a todos! — Eso gritó a todo pulmón, pero la única persona que estaba ahí era la que menos quería ver Josefina: Jovaka.

Ésta, quién estaba jugando a un videojuego retro, detuvo el juego y la miró por unos segundos. Al ver quién es, dio un gran suspiro de fastidio y le soltó esto:

— Hola. — Eso le dijo de forma seca, antes de seguir jugando y añadir esto: — Mao y las demás están fuera, jugando al parque, creo. —

Josefina se quedó bien molesta, al ver que la única que estaba ahí era Jovaka, quién no le caía muy bien y siempre se peleaban. Ésta, que sabía muy bien lo mal que se llevaban, también estaba fastidiada por el hecho de que apareciese cuando no había nadie más que ella.

— Pues, ¡voy a esperar aquí hasta que ellas vuelvan! No tengo ganas de buscarlas. — Josefa gritó esto, antes de caer al suelo para acostarse y soltar aullidos de fastidio y de aburrimiento, durante varios minutos. También se ponía a dar vueltas y a mover sus piernas sin parar.

La presencia de Josefina y las tonterías que hacía mientras esperaba la vuelta de los demás, provocaron que Jovaka se sintiera muy incómoda jugando a aquel juego, quién se preguntaba qué debería hacer.

A medida que pasaban los minutos, el silencio que reinaba el salón se volvía tan incómodo, y Josefina se aburría tanto; que la mexicana decidió romper el hielo:

— ¡¿Qué juegas!? — Le preguntó a Jovaka.

— Un videojuego. —

La seca respuesta que le dio Jovaka, solo sirvió para que ella protestara:

— ¡Eso lo sé! ¡Se ve a simple vista! ¡Qué desagradable eres, de verdad! —

Jovaka no le respondió, intentaba estar tan absorta en el juego, ya que estaba a punto de matar al jefe de una mazmorra y no podría distraerse. Josefina, al ver que le estaba prestando más atención a eso que a ella, se acercó y empezó a zarandearla sin parar.

— ¡¿Pero, qué haces!? — Le gritaba Jovaka, al ver cómo era eliminada por el jefe por culpa de Josefina.

— ¡Hazme caso de una vez, estoy muy aburrida! — Eso le gritaba Josefa, totalmente fastidiada. Jovaka le gritó que no, que quería seguir jugando al videojuego y que le dejará tranquila.

— ¡No, es un fastidio! ¡Tú estás jugando, mientras yo me aburro! ¡Eso no es justo! ¡Para nada! —

— ¡Ahora te voy a hacer caso! ¡Te vas a arrepentir! — Y ésta gritó eso, con ganas de darle una lección

Entonces, Jovaka soltó el mando del videojuego y puso a Josefina contra al suelo, y ésta se puso sobre ella, mirándola fijamente. Por la forma en que ellas dos estaban posicionadas, la serbia tardó unos segundos en reaccionar, pensando que estoy era raro; y Josefina se preguntaba con mucho miedo qué le quería hacer a ella.

— ¡¿Q-qué me vas a hacer!? — Eso le preguntó Josefina, tras mucho silencio.

— ¡Esto! — Pero eso ayudó a Jovaka a salir de sus pensamientos y hacer ese castigo, antes de que alguien llegase y malinterpretará esa escena.

Y empezó a hacerle cosquillas a Josefina, quién se puso a reír como loca, mientras le pedía desesperadamente que parase, llegando a soltar lágrimas por las risas. Jovaka le gritaba que ese era su castigo por haber molestado con una sonrisa maléfica, mientras le toqueteaba varias partes del cuerpo de Josefa sin parar.

Y esto duró unos segundos hasta que Jovaka paró de repente. Josefina, quién suspiro de alivio, le preguntó que ocurría, sin darse cuenta de nada.

— Nada, nada. — Se levantó y se alejó de ella. — No es nada. —

Josefina tardó en darse cuenta de que se había acercado a Jovaka, e incluso la había tocado con sus propias manos; y ésta ni se inmutó, no se puso nada histérica ni nada parecido. Y la serbia, que intentaba hacer que ella seguía temiendo a las mujeres, había metido la pata y no se acordó de actuar.

— Es verdad…— Gritó, unos segundos después, al darse cuenta del hecho. — ¿¡Tú no te ponías como loca demente cuando me acercaba a ti!? —

— A-aún sigo temiendo a las mujeres. — Le replicaba nerviosamente Jovaka. — Lo de antes, lo de antes…— No pudo explicarlo y solo se quedó callada, incapaz de decir una mentira para escapar de eso.

Hubo un silencio incómodo que solo duró segundos, cuando Josefina recordó algo, que fue para ella toda una revelación.

— Entonces, es verdad…— Dijo esas palabras totalmente sorprendida.

— ¿El qué? — Y preguntó Jovaka con mucho nerviosismo.

— De que ya no tienes miedos a nosotras. — Ella apenas podría asimilarlo. — Siempre te pones mal cuando sales a la calle y te acercas a desconocidos. Pero no, cuando están las demás. La verdad es que no me lo creía, pero es verdad. —

— ¿Todo el mundo se ha dado cuenta? — Decía Jovaka avergonzada, al ver que sus intentos de parecer que seguía teniendo esa aquella fobia había fracasado. — En verdad, Alsancia y las gemelas lo saben, ¿pero todos los demás? —

— Pues sí…— Luego, intentó ocultar un hecho, pronunciando estas palabras: —Yo también sospechaba, la verdad. N-no es como que ahora me doy cuenta ni nada parecido. —

Estaba muerta de vergüenza por no haberse cuenta antes y ser la última de todos. Porque todos los demás ya lo sabían, salvo ella, a pesar de que se lo dijeron unas cuantas veces. Por eso, intentó parecer que también lo sabía.

— Se te nota en la cara, no mientas. — Le replicó Jovaka, al ver esa reacción. — Supongo que siempre era la última en darte cuenta, después de todo. — Al terminar, dio una risa burlona.

Esas últimas palabras fueron un gran golpe para Josefina, quién se sentía humillada y tonta, y se sentó bajo el kokatsu, con muy pocos ánimos.

Así es como volvió el silencio en la habitación, aunque duró nada más ni nada menos que casi cinco minutos, ya que Josefina empezó a protestar sin parar, no tenía deseos de esperar silenciosamente.

— ¡Jo, jo! ¡¿Cuándo van a venir!? ¡Esto es muy aburrido! ¡Con Jovaka, esto es muy aburrido! — Decía Josefa sin parar, mientras observaba la hora de su móvil. — ¡Vamos, es muy triste esto! ¡Esto es como estar sola, con estar hablando con la pared! —

También es que estaba protestando a propósito para hacer que Jovaka la hiciera caso y se pusiera a hablarla o a molestarla otra vez, en vez de seguir jugando con el maldito videojuego. Y Jovaka, que ya estaba poniendo una cara de puro enfado y con ganas de darle un puñetazo en la cara; intentó aguantar e ignorarla. Al final, no pudo conseguirlo y le gritó:

— ¡¿Por qué no te busca un novio, maldición!? ¡Eres una pesada! — Eso le decía furiosamente y Josefina se calló de repente, con una cara pensativa.

Jovaka, al ver que ya estaba en silencio, intentó seguir con el videojuego, pero el silencio le empezó a ser incómodo. Empezó a sentirse un poco mal por gritarla de esa manera, a pesar de que intentaba pensar que fue culpa de Josefa, que se le merecía. Al pasar casi un minuto, la miró.

— ¡No pongas esa cara, qué es la verdad! — Eso le decía, al ver su rostro, que parecía, a ojos de Jovaka, una mezcla de enfado y fastidio contra ella.

En realidad, las palabras de Jovaka hicieron pensar a Josefina, que estaba reflexionando sobre eso de tener novio. Y de repente, empezó a hablar:

— La verdad es que si que me gustaría tener un novio, pero… — Dio un suspiro, antes de tirarse al suelo y mirar al techo. Jovaka dio una pequeña exclamación de sorpresa, al ver que sus palabras dieron un efecto que no esperado. Josefina, tras esa pequeña pausa, siguió hablando:

— Pero parece bastante molesto tener uno. Quiero que me den mimos y me cuiden, me den besos y todo eso, pero no quiero tener que soportar a algún chico. —

— Como si alguien podría soportarte a ti… — Añadió burlonamente Jovaka. Le parecía irónico que Josefina, quién era la persona más insoportable que había conocido, dijera eso.

— ¡Qué mala eres! — Respondió Josefa, muy molesta, antes de tirar un cojín a Jovaka. Ésta lo esquivo y le soltó que no le tirase cosas. Ella siguió hablándole:

— En fin, lo que quiero decir es que… los chicos de mi edad son unos inmaduros y me da cosa salir con alguien mayor que yo. Y además, todos seguramente querrán hacerme “eso”, y me da miedo. —

Jovaka, al principio, se quedó preguntando qué quería decir con “eso”, luego se dio cuenta de que estaba hablando ella y decidió ignorarlo.

— Además, no me gustaría sufrir todo lo malo del amor. — Josefa seguía hablando. — ¡Ya sabes! ¡No quiero que me rompan el corazón, sufrir cuando te peleas o te engañen, o que mi novio sea megaceloso y mandón, y muchas cosas más! Cuando pienso en eso, se me quitan las ganas de tenerlo, ¡pero luego, veo a parejitas felices, y deseo tener uno! —

— ¡No seas tan impaciente! ¡Ya te llegará la hora de tener uno o, por lo menos, gustarte a alguien y sufrir de lo lindo! — Añadió indiferentemente Jovaka, mientras jugaba con el jefe final.

— ¡Es verdad, mejor debería esperar…! — Se puso a pensar y, tras varios segundos de silencio, exclamó: — ¡Tal vez, debería practicar, para poder aguantar todo ese sufrimiento cuando llegué mi primer amor! —

Y ella miró a Jovaka por un buen rato, mientras se estrujaba su cerebro. Estaba teniendo una idea que podría usar para poder pasar la tarde y a la vez prepararse para el amor. Se acercó a ella, mientras le decía esto:

— ¡Buena suerte! —

Entonces, provocando que ella perdiera la batalla, Josefina empezó a tirarla del brazo muy fuerte para levantarla: — ¡Ayúdame a practicar, ahora! —

— ¡¿Espera, qué haces!? — Le gritaba la serbia, enfadada.

— ¡Vamos, tú pareces un chico! ¡Juega videojuegos, no te gusta arreglarte, ni siquiera ir de compras! ¡Eres perfecta para simular una cita! ¡Solo es eso, una cita de mentira, una práctica! — Jovaka se preguntaba si ella había tenido un cortocircuito, porque estaba proponiendo algo absurdo.

— ¡No voy a hacer algo así, ni menos contigo! ¡Tengo que pasarme este maldito juego! — Se lo dijo bien claro.

Solo le interesaba terminar el maldito juego de una vez, que se le estaba haciendo realmente eterno. Entonces, Josefina empezó a protestar:

— ¡Entonces, déjame jugar un poco a mí! ¡O a eso o a cualquier juego, qué me aburro muchísimo! — En esas palabras Jovaka vio las verdaderas intenciones de Josefa.

— Solo quieres hacer eso, porque te aburres, ¿no? — Aunque ella no lo ocultaba.

— ¡Por supuesto! — Le gritó Josefina, mientras miraba a la consola con ganas de jugarlo.

O era hacer una cita de mentira o dejarla jugar videojuegos, Jovaka tenía solo dos opciones, y eligió la menos mala de las dos.

Una media hora después, esas dos salían de la casa, con ropa bonita cogida del armario y directas hacia al centro comercial más cercano. Jovaka dio un gran suspiro de fastidio, al ver que, al final, tenía que participar en aquella idea estúpida de Josefa. Pero, por lo menos, era mucho mejor que dejarla toquetear sus videojuegos, podría poner en peligro todas sus partidas.

Al salir del barrio, para romper el hielo, Josefina empezó a hablar, antes de reír nerviosamente: — ¡Qué suerte que había tanta ropa mía en casa de Mao!—

— Siempre dejas tus ropas allí cada dos por tres… — Jovaka le replicaba esto, mientras la observaba. La veía muy nerviosa y bastante roja, mirando por todos lados, como si tuviese miedo de algo.

Bueno, ella estaba igual, que estaba agarrando fuertemente el brazo de Josefina, con el miedo de que algún extraño, ya sea hombre o mujer, pero sobre todo lo último; se acercase a ella.

— Eso lo hacen todas. — Añadió ella, antes de decirle esto: — Aunque,… Ahora que llevo la falda, me da mucha vergüenza… —

Josefina llevaba un conjunto más lindo que pudo encontrar, una camisa negra con lunares blancos, más una falda del mismo color que le llegaba a las rodillas. Ella creía que era buena idea usarlo, hasta que salió a la calle.

También había otra razón y es que le daba mucho corte, que Jovaka le cogiera del brazo de esa manera, mientras miraba compulsivamente por todos lados, como si alguien quería matarla. Es verdad que propuso que iban a hacer una cita de mentira, pero no tenía que llegar a estos extremos, además de que ese papel lo tenía que hacer la “novia”, no el “novio”. De todas formas, le daba mucho más corte el llevar falda que eso.

— ¡¿No decías que eras la chica y por tanto querías usar falda o vestidos lindos!? Además llevas medias…— Josefa se lo puso porque no deseaba congelarse las piernas, hacia mucho frio para eso. —…nadie te va a ver las bragas. — Jovaka dio otro suspiro, ya que sabía que iba a pasar algo así.

Por su parte, ella tuvo que vestirse como un chico, según como Josefa le mandó hacer. Llevaba unos pantalones vaqueros de color negro, más una camisa azul. Además, llevaba una gorra, parecida al que usaban los niños useños durante la primera mitad del siglo veinte, para ocultar su larga melena.

— Sí, pero… — Protestó Josefa. — ¡¿Y si se levanta el viento o alguien me lo ve, mientras subo por la escaleras!? ¡No estoy acostumbrada a usarlo! —

— Podrías haberte puesto unos pantalones, entonces. — Añadió Jovaka, que no deseaba soportarla de esta manera durante toda la presunta cita.

— No, yo quería usar falda. — Ya que se lo había puesto, tenía que soportarlo. — Solo que da vergüenza. —

— Pues, ¡vaya cita tan problemática voy a tener! — Decía en voz baja Jovaka, con una cara de cansancio. Sabía que esto solo era el preludio de lo iba a pasar a continuación, mientras Josefina no seguía hablando sobre lo vergonzoso que era ir en falda por la calle.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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