Centésima treceava historia

Una noche psicológica: Última parte, centésima treceava historia.

Después de escuchar esas palabras y de malpensar un poco, Jovaka recordó las varias veces en que Martha Malan intentaba hablar con ella, cuando aún temía a las mujeres, quién le ignoraba desesperadamente. Por lo que había escuchado de Mao, la africana quería actuar como si fuera su “psicóloga”, escucharla e indagar en sus recuerdos y pensamientos para averiguar cuáles son los orígenes de su extraña fobia hacia las mujeres. Por eso, rechazaba cualquier intento de comunicación con esa chica, porque le daba mucho miedo que viera a través de su mente.

Y hasta ahora, ya que aquella fobia se había ido, no se sentía muy cómoda estar con Malan, sobre todo cuando estaban totalmente solas. Había pasado casi un minuto desde que ella pronunció esas palabras y aún no sabía qué decir exactamente, para evitar una charla profunda con ella.

― ¿Eso fue bastante chocante? Yo había pensado que era una buena forma de expresarse…― Añadió Martha, extrañada, cuando vio que sus palabras produjeron un silencio incómodo.

― B-bueno,… ― Y Jovaka intentó decir algo, pero no se le ocurrió nada más.

― Entonces, ¿puedo hacerte una pequeña pregunta? ― Dio una pequeña pausa y alegremente dijo: ― ¡¿Ya no sufres de ginefobia, verdad!? ―

― ¡¿Por qué dices eso de repente!? ¡Ni siquiera hemos empezado una c-conversación! ― Preguntó nerviosamente Jovaka, diciendo lo primero para cambiar de rumbo aquella charla, mientras se sentía totalmente acorralada.

― Yo creía que sí…― Continuó Malan. ― De todas maneras, me alegro de que hayas superado ese miedo, y también de la misoginia. Aunque me parece raro, entonces, que intentes parecer como si aún lo tuvieras…―

Al final, no había manera de poder seguir mintiendo, le habían pillado de forma muy rápida y sin salidas.

― A veces, me aterra mucho que seas un genio…― Comentó Jovaka, al pensar que era normal que Malan se diera cuenta, ya que era una chica superdotada. Pero ese comentario molestó muchísimo a la africana:

― No, ¡no soy un genio ni nada parecido! ― Le replicó secamente Malan. ― Solo soy una chica normal que solo sabe un poco más que los demás. ―

Esas palabras dejaron boquiabierta a Jovaka, que no podría creer que ella, quién se jactaba cada dos por tres de ser una chica genio; ahora decía con un tono desolador, como si le daba cosa ser considerada como tal, que no lo era. Se preguntó si tenía fiebre u otra cosa, porque le costaba asimilarlo.

― En fin, lo que me parece muy interesante es el hecho de que quieras seguir actuando como alguien que teme o odia a las mujeres, cuando no es así. Da para pensar…― Por su parte, Martha siguió hablando.

A Jovaka le molestó un poco oír ese “da para pensar”, aunque no entendía bien la razón. Luego, se puso a la defensiva, diciendo esto:

― Y yo qué sé…― Martha Malan no le preguntó cuál era el origen de esa contradicción, pero lo soltó como si le había hecho esa pregunta. ― No sé por qué hago eso. ―

Martha se quedó en silencio por unos segundos, poniéndose algo pensativa, ya que esa esas palabras le hicieron pensar.

― Así que no lo sabes, ya veo… ― Malan soltó este argumentar: ―Sabes, es imposible para una persona no entender por qué hace tal cosa u otra. Cuando dice “que no lo sabe o no entiende por qué lo hace”, en realidad es que no sabe cómo poder expresar el porqué o la razón que lo induce a comportarse. ―

― ¡¿Quieres decir que yo no sé cómo explicarte el por qué sigo actuando como si les tuviera terror a las mujeres, cuando, en realidad, ya he superado el miedo!? ¡¿Eso intentas decir!? ― Le replicó Jovaka, algo temerosa.

―Obviamente. ― Eso le dijo tajantemente Malan, antes de añadir, llena de emoción: ― ¡Y te podría ayudar a explicar ese extraño comportamiento, me hundiré a los más profundo de tu subconsciente para encontrar aquella oculta razón! ―

Ahí comprendió ella las verdaderas intenciones de Martha Malan, que ya llevaba sospechando, de que quería explorar su mente y hacer “psicología”, o algo parecido. Le aterraba el hecho de que la africana se “hundiera a los más profundo de su subconsciente” y se lo negó:

― ¡No me interesa, me importa bien poco saber por qué actúo así! ―

― ¡¿En serio!? ¡¿No te interesa entenderte!? ―

Preguntó Malan, un poco desilusionada. Aún así decidió insistir un poco:

― ¡A mi parece algo fascinante, me gustaría comprenderlo! ―

― ¡Pues te quedas con las ganas! ― Le replicó algo molesta Jovaka.

― Ya veo…― Se dio cuenta de que Jovaka era hostil ante la idea de indagar en su mente. ― Supongo que te incómoda contarme algo de ti, ¿no? Si ese es el caso, mejor dejaré de desistir. ―

― Eso, eso, no quiero que violes mi mente. ― Eso añadió la serbia, antes de coger el mando y seguir jugando al videojuego. Esas palabras hicieron mucha gracia a Malan, porque no entendía cómo llegó a esa conclusión tan extraña. Sus risas molestaron a Jovaka, que protestó:

― ¡¿De qué te ríes!? ― Y Malan le respondía que no era nada, para no enfadarla.

Y así el silencio volvió a ocupar toda la habitación durante varios segundos. Jovaka siguió jugando a los videojuegos, mientras Malan estaba mirando al techo, reflexionando sobre varias cosas. Poquito a poco, la serbia empezó a sentir ganas de hablar con ella y poder preguntarle algunas cosas, mientras se empezaba a preguntarse inconscientemente por qué intentaba seguir actuando como si temía a las mujeres, cuando dejó de tenerles miedo y odio. Movía la cabeza cada dos por tres, con la intención de dejar de pensar en esas cosas y seguir con el juego. Aún así, sus dudas no dejaron de aumentar hasta que no podría concentrarse bien. Al final, cuando vio que había perdido la partida, su boca soltó unas palabras que no pensaba decir:

― En realidad, tal vez sepa por qué actuó como si seguía odiando a las mujeres…― Soltó en voz alta Jovaka, antes de taparse la boca, al ver lo que dijo.

― ¡¿De verdad!? ― Preguntó Malan y Jovaka le respondió que no había dicho nada. Ésta se le quedó mirando y la serbia no pudo aguantar nada la presión:

― Bueno, si he dicho algo, pero es solo tonterías, nada más. ― Rió Jovaka nerviosamente, antes de continuar. ― En realidad, he estado pensando en que tal vez intento seguir actuando como alguien que teme a las mujeres, porque era… Bueno, que mi principal característica, lo que me hacia ser Jovaka era eso. Y ahora que no lo tengo, es como que soy nada…―

― Es decir, podríamos explicarlo así. Imaginas que eres un personaje de una obra de ficción, tal vez de comedia, y que tu odio hacia las mujeres, hacia las personas de tu mismo sexo; es lo que define cómo eres y los chistes que haces siempre se hacen en torno a eso. Si superas tu principal defecto, el que hace tu personaje cómo es, ya has terminado con tu cometido, ya no sirve en la obra. Es esto a lo que te refieres, ¿no? ―

― Algo parecido. Pase toda mi vida estando orgullosa de tener esa fobia, aunque eso sea estúpido; y ahora que lo he superado, siento que ya no soy yo, que no soy Jovaka. Me siento algo vacía. ― Añadió Jovaka, bastante avergonzada y algo tristona. Se sentía mal al pensar que estaba orgullosa de tener tal miedo histérico. Y Malan dio unas pequeñas risitas.

― ¡¿Por qué te ríes!? ― Protestó Jovaka, algo molesta.

― Solo me parece curioso que sientas con orgullo esa fobia, aunque tiene algo de sentido. Después de todo, era extraño y curioso que una mujer odiaba y temiese a las mujeres. ― Jovaka no pudo negar esas palabras.

― Tienes razón, porque lo único especial en mí, que me hacia diferente de los demás; era esa fobia. Y ahora yo soy una chica común y corriente, nada interesante…―

Puso una cara que mostraba gestos de molestia hacia ella misma, por estar orgullosa de tenerle miedo atroz hacia algo y sentir nostalgia por él.

― Esto parece una pequeña crisis de identidad, la verdad…― Malan, que se puso a reflexionar de nuevo, hizo este comentario.

― ¿Una crisis qué? ― Y Jovaka no entendió nada.

― Sientes que has perdido parte de tu identidad y para compensar el vacio, has estado actuando como si lo seguías teniendo. ―

― Eso es, supongo…― Soltó esto, a pesar de que no estaba muy segura de entender lo que le dijo Malan. A continuación, hubo un silencio que duró poco segundos, siendo interrumpido por la africana:

― Sabes, Jovaka, me pregunto qué es lo que te ocurrió en diciembre para que pudieses dejar atrás esa fobia, cual fue el acontecimiento que lo cambió todo. Mao nunca quiso hablarme de eso, porque eran cosas privadas tuyo y no tenía permitido decirlo. ―

Se sorprendió de que Mao no le hubiera dicho nada a Malan, cuando ella era la chica con la cual tenía más confianza. Es normal que no se dijera a las otras, pero no a la africana. Se sintió muy feliz al ver lo considerado que era y añadió:

― ¡¿Quieres qué te lo diga!? Solo me enfrente a mi pasado, creo…― No quería decirle lo que le ocurrió en aquel entonces, porque aún no lo había asimilado, hasta tenía pesadillas con eso.― No te diré nada más. ―

― ¡Qué lástima, la verdad! ¡Estaba muy interesada sobre lo que pasó!― Decidió no indagar nada más sobre aquel incidente por respeto a la serbia. Luego, le preguntó esto, deseando saber cómo fue el resultado de haber conseguido explicar la contradicción que había en su comportamiento:

― En fin, tú ya sabías el por qué de ese comportamiento desde el principio, solo que no lo podrías explicar. Ahora que hemos explicado cuál es la raíz, ¿¡cómo te sientes!? ―

― Pues… Bien, supongo…― Jovaka estaba aliviada y feliz, aunque de una forma normal y tranquila.

― Ya veo…― Estaba algo decepcionada por la reacción normal de Jovaka, esperaba ver un sentimiento de alivio, como si se hubiera quitado un peso de encima. ― Bien por ti. Ahora que hemos llegado hasta aquí, hay que dar el siguiente paso. ―

― ¡¿Qué siguiente paso!? ― Jovaka preguntó algo consternada al oír eso, y Malan se lo explicó:

― Para superar el hecho de que sigas simulando que aún tienes una fobia, hay que rellenar ese vacío que te dejó con otra cosa. O superarlo. De todos modos, no tiene sentido que sigas haciendo eso…― Pero algo interrumpió súbditamente su explicación.

Escucharon un ruido tan fuerte que se oyó por toda la casa y alteró tanto a Malan como a Jovaka, que se levantaron de golpe del suelo.

― ¡¿Qué ha pasado!? ― Preguntó aterrada Jovaka.

― Tal vez haya sido Mao, quién ha vuelto del paseo, supongo…― Le respondía Malan, aunque muy dudosa con su explicación, ya que fue lo primero que se le ocurrió. A continuación, añadió:

― De todos modos, vamos a ver qué es…― Y empezó a dirigirse poquito a poco hacia a dónde creía que era el origen del ruido, hacia la tienda.

― ¡Y-yo te sigo! ― Y Jovaka se puso detrás de ella, con el mismo propósito de saber qué era ese ruido.

Y cuando ellas entraron al pasillo en dirección a la tienda, oyeron más ruidos que procedían de la cocina, como si alguien estuviera tirando cosas al suelo.

― ¡¿Q-qué ocurre ahí!? ― Volvió a preguntar llena de temor a Malan, mientras temblaba como un flan.

― Tal vez…― Respondía Martha, seria y muy preocupada. ― Una cosa que no es nada bueno…― Casi iba a decir un ladrón, pero no quería poner a Jovaka histérica ni tampoco tenía mucho sentido que alguien que iba a robar buscase en la cocina.

Durante unos pocos segundos, Malan se quedó pensando si conseguir un arma antes de continuar o entrar a la cocina así sin más. También ella se preguntaba si era necesario mandar a Jovaka para que llamase a la policía.  Entonces, oyeron una voz quejándose que les era muy familia, mientras se volvió a escuchar golpes. Más bien, parecía un grito de frustración y alertó a las dos chicas:

― ¡¿E-esa no es…!? ― Preguntó muy aterrada Jovaka, al reconocer a la propietaria de la voz; y Malan también lo reconoció y lo primero que hizo fue salir corriendo hacia la cocina.

― ¡Espera, Malan! ― Le gritó Jovaka, mientras la perseguía.

Y al abrir la puerta corrediza que estaba al final del pequeño pasillo y que comunicaba a la cocina, Malan y Jovaka se encontraron con una escena peculiar, mientras encendían la luz.

Había cientos de cosas tiradas al suelo o sobre la mesa y los muebles de la cocina, incluso una silla había sido tirada. Y en el centro de aquel desastre, se encontraba Diana, que se quedó paralizada  al ver que le pillaron con las manos en la masa, con un gato que intentaba liberarse de ella, mientras le sostenía fuertemente:

― ¡N-no es lo que palece! ― Les dijo nerviosamente la pequeña.

A continuación, hubo unos minutos de silencio algo incómodos, antes de que Malan y Jovaka dieran suspiros de alivio, al ver que no era nada grave.

― ¡Qué susto nos has dado! ― Dijo alegremente Malan, mientras sonreía.

― Al final, solo era Diana y un maldito gato…― Añadió, molesta ante el hecho de que le hicieron temblar de miedo para nada. Entonces, ella se dio cuenta de que había algo que no tenía que estar en la casa: ― ¡¿Espera, qué hace un gato aquí!? ―

Diana les intentó decir algo, pero el gato se puso a forcejear fuertemente para librarse de ella y ésta lo agarró con más fuerza que antes.

― ¡Así que estabas escondiendo un Felis silvestris catus! ― Martha, por su parte, se puso a observar detenidamente a aquel animal, con una gran emoción que se le notaba con mirarle los ojos. ― Y además, parece un Burmés, ¡qué lindo! ―

Supuso que esa era su raza por el corto pelo marrón y cuello que tenía, y también por sus orejas, que no eran ni grandes ni pequeñas; y sus ojos amarillos brillantes. Parecía estar bien cuidado, porque estaba el gato estaba muy rechoncho; y que tenía dueño legitimo, por el hecho de que llevaba un collar. Aunque lo que le sorprendía era el hecho de que no maullase, levantaba la boca varias veces, pero no decía ni mu.

Jovaka, al ver que Malan estaba tan interesada en el gato que se había olvidado de todo los demás, sintió que tenía que explicarle esto a Diana:

― ¡¿Por qué has metido un gato en casa!? ¡¿No sabes que Mao no quiere animales dentro!? ―

Era bien conocido que a Mao impedía a toda costa tener animales en casa, por el hecho de que Alsancia era alérgica a varios animales, sobre todo a los gatos. Y algo que Diana debería saber también.

― Lo sé. ― Eso lo que le pudo responder ella, mientras intentaba impedir que el gato se saliese de sus brazos. Jovaka le iba a regañar, pero Martha intervino:

― Como cualquier niño, solo quería tener una mascota, ¿a qué sí? ―

Decía con ternura hacia ella, ya que parecía ser el típico caso en dónde un niño escondía una mascota, dispuesto a cuidarlo; algo que le parecía muy adorable. La respuesta de ella sorprendió:

― Yo no quielo una mascota, no lo he metido aquí. Es él, que se ha metido en la casa. ―

En realidad, Diana, mientras dormía con su madre y su tío, fue despertada por los rasguños que algo le estaba haciendo a la ventana. Ésta se levantó y lo abrió para saber que pasaba y el gato entró en la habitación con mucha rapidez y sigilo. Salió corriendo hacia al salón, pasando por el hueco que la puerta, que estaba media abierta, había dejado. Le siguió para atraparlo y sacarlo de la casa. Al ver que Malan y Jovaka estaban despiertas, mientras se estaban hablando; pasó sin que se dieran cuenta de su presencia y entró en el pasillo para dirigirse hacia la cocina. Luego, sin encender la luz, se decido a intentar atraparlo, creando un gran estropicio.

A Diana le costó bastante poder explicarles la situación, con el maldito gato intentando liberarse de ella; pero pudo conseguir que ellas lo entendieran, de alguna forma.

― Ya veo, me sorprende que no nos hayamos dado cuenta antes. ―

Concluyó Martha Malan, sorprendida ante el sigilo que demostraron Diana y el gato, que habían pasado por su lado como si fueran ninjas.

― Da igual, hay que sacarlo rápido, antes de que Mao lo vea. ― Añadió Jovaka, que se acercó con cuidado hacia Diana para coger el gato y sacarlo de la casa.

Entonces, una voz que no esperaban para nada dijo: ― ¿¡De que yo vea qué!? ―

Las tres chicas miraron hacia al pasillo y vieron a Mao, que había vuelto del paseo; ahí parado, delante de la puerta; con los brazos cruzados y con una mirada que les preguntaba, como si fuera una madre antes de regañar, qué estaban haciendo.

Jovaka y Diana gritaron de la sorpresa, al ver sido pilladas; y el gato, ya libre de los brazos de la pequeña, saltó instintivamente hacia Mao, con el inesperado propósito de atacarle y dejarle lleno de arañazos.

― ¡¿Pero qué le pasa a este bicho!? ¡¿Por qué me está atacando!? ―

Gritaba Mao como loco, mientras salía corriendo para evitar que el gato le rompiese el kimono, con Jovaka, Malan y Diana detrás de ellos para coger al endemoniado animal. Los gritos de los cuatros no solo hicieron despertar al resto de la casa, sino al vecindario entero.

FIN

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Centésima treceava historia

Una noche psicológica: Primera parte, centésima treceava historia.

En el primer viernes de Marzo, Martha Malan apareció por la casa de Mao, con una mochila a cuestas. Tras entrar en la tienda y saludar educadamente a Leonardo y Clementina, que estaban manteniendo una conversación muy trivial; se dirigió hacia al salón, en dónde estaba el resto.

― ¡Buenas tardes! ― Saludó alegremente al resto, pero se dio cuenta de que faltaba alguien. Después de que las tres chicas que estaban en el salón le devolvieran el saludo, que eran Alsancia, quién estaba muy escondida en el kotatsu, calentando su pequeño cuerpo como si fuera un lagarto; Jovaka y Diana, que estaban cooperando en equipo en un videojuego; ella miró por todo el lugar buscando su presencia y después les preguntó: ― ¡¿No está Mao con vosotras!? ―

― Está ahí arriba, en el cuarto de baño. Se está duchando,…. ― Jovaka le respondió, sin quitar los ojos de la pantalla. ―…aunque no es normal que tardé mucho. ― Mao siempre era muy rápido para bañarse, pero aquel día llevaba casi una hora entera dentro.

― ¡Qué talde, Qué talde! ¡Melor para mí! ― Añadió Diana, que no tenía ni ganas de echarse una ducha, como su madre quería; jugar al videojuego era lo primordial.

― ¡Ya veo! ― Malan tuvo, entonces, una especie de mal presentimiento. ― ¡De todos modos, voy a comprobar si está bien! ― Y subió hacia al cuarto de baño.

― Alsancia hizo eso hace cinco minutos y le dijo que no le pasaba nada. ― Le avisó Jovaka, pero eso no fue suficiente  para detener a Malan, quién golpeó educadamente la puerta.

― ¡Buenos días, Ojou-sama! Perdón por molestarla, mientras te estás duchando, pero quería comprobar si estás bien. ―

Tras pronunciar Malan estas palabras, Mao tardó unos pocos segundos en responder, diciéndole esto nerviosamente:

― ¡¿Tú también!? ¡No te preocupes, estoy bien! ¡Ya iba a salir, solo he estado un poco ocupado, nada más! ―

Y unos varios segundos después, Mao salió del cuarto del baño, el cual parecía una verdadera sauna. Tenía el pelo suelto y se estaba ajustando el kimono que se había puesto, como si lo hubiera puesto hace un segundo.

Malan se fijó en que sus ojos estaban colorados, como si estuviera llorando durante un buen rato; y se dio cuenta de que Mao les mintió, no estaba bien. Es más, su rostro, por unos segundos, denotaban una especie de tristeza que empezó a disimular, diciendo estas palabras:

― ¡Solo me tardó una hora y no vea cómo os ponéis! ― Rió, aunque a Malan le parecía muy forzado. Luego, Mao se dirigió hacia a los demás, antes de bajar al salón: ― ¡El servicio ya está libre, por si alguien quiere usarlo! ―

Malan no se atrevió a preguntarle ni obligarle a que le dijera la verdad, solo actuó como siempre, mientras recordaba amargamente los acontecimientos que ocurrieron en fin de año, cuando se enfrentó con Nadezha, volviendo a revivir viejas y horribles heridas en él. ¿Había llorado en relación con eso? Aparentemente, no hay nada que indique que fuera esa la razón, pero, por culpa de ese incidente, parecía que Mao estaba deprimido, aunque siempre intentaba disimularlo. Y no solo ella estaba preocupada, también Alsancia y Jovaka, que miraron de reojo la escena.

A continuación, Malan bajó al salón, mientras Mao iba a su habitación para ponerse la coleta. Después de arreglarse definitivamente el cabello, volvió a dónde estaban ellas y se sentó en el suelo, antes de preguntarle a Martha:

― ¡¿Y esa mochila qué es!? ¡¿Quieres quedarte a dormir está noche o qué!? ― Preguntó Mao, mientras observaba lo que trajo Malan, que se encontraba en el suelo.

― ¡¿No lo sabías!? Llamé anticipadamente y Clementina me contestó y me dijo que sí. ― Malan se quedó algo sorprendida.

― ¡¿En serio!? ― Pero Mao estaba más sorprendido que ella, con la boca totalmente abierta. Nadie le dijo nada.

Y entonces, un recuerdo vino a la cabeza de Jovaka que la puso blanca al momento, se le olvidó completamente. Fue hace unas pocas horas, mientras ella y Diana se peleaban por quién jugaba primera al juego. Clementina miró en el salón si estaba Mao, quién se había ido a comprar algo urgente junto con Alsancia; y al ver que no estaba, les dijo, después de detenerlas, a aquellas dos que se lo dijeran al gerente cuando volviera a casa.

Éstas, más ocupadas en quién iba a jugar primero, le respondían que sí indiferentemente, mientras empezaban a dialogar la una con la otra para conseguir un acuerdo mutuo. A los pocos segundos, se olvidaron de lo que les dijo Clementina.

Diana no dijo nada, ni siquiera se acordó; solo seguía en lo suyo, pero Jovaka dio pausa y le dijo a Mao esto:

― Ah, ¡Ya recuerdo, Clementina nos dijo que cuando te viéramos, te lo dijera! ― Rió nerviosamente, mientras juntaban las manos en señal de que lo sentía. ― ¡Perdón, perdón, se me olvido! ―

Y Diana, que protestó un poco al ver que había pausado el juego, también lo recordó cuando oyó las palabras de Jovaka y gritó de sorpresa, antes de ponerse a pedir perdón a Mao. Éste les contestó:

― Vale, vale, no es para tanto. ― Después de todo, Clementina le dijo que sí a Malan, sin su permiso. Aunque, de todas maneras, no le importaba que se fuera a dormir, ya que lo hace diariamente. ― Pero la otra vez no os olvidéis de decírmelo…―

Luego, se dirigió hacia a Malan y le preguntó: ― ¡¿Y cuál es tu razón para querer dormir aquí!? Bueno, si tienes alguna….―

― La verdad,…― Se lo pensó un poco, antes de decirle la razón. ― Mis padres quieren tener una noche de pasión y les sería incomodo hacerlo si estoy en la misma casa, así que decidí dejarles solos y que aprovechen. ―

Le respondió Malan con toda la sinceridad del mundo, con una expresión realmente tranquila y relajada, apenas le daba vergüenza decirlo. Todo el mundo se quedó de piedra, no se esperaban tal razón y se pusieron muy rojos, al imaginar lo que iban a hacer los padres de Martha, mientras ella ponía una sonrisa despreocupada.

― ¡¿Una noche de pasión!? ¡¿Qué es eso!? ― Aunque Diana no entendió nada de lo que quería decir Malan y le pidió explicaciones, y ella se lo iba a dar, pero Mao lo detuvo.

― No es nada, Diana. No es nada. ― Interrumpió, antes de decirle esto a Martha:

― ¡Demasiado información, Malan! ¡Hubieras dicho que querían estar solos o algo! ¡Ahora no me lo puedo quitar de la cabeza! ―

― Pero si lo he adornado lo suficiente para que no pareciera indecente…―

Nadie comentó nada, todo se quedó en silencio durante unos segundos, que se rompió cuando la pequeña Diana empezaba a pedirles sin parar, llena de curiosidad, que le explicarán cuál era la razón de que Malan se fuera de casa, mientras todos esquivaban la pregunta e intentaban que ella pensará en otra cosa. A continuación, en las próximas horas, no pasó nada especial que mencionar. Mao estaba acostado en el suelo, vagueando como siempre y viendo la televisión, después de obligarle a aquellas dos a que dejarán de jugar con la consola durante un buen rato; Martha y Alsancia hablaban sobre varios temas tranquilamente, utilizando el lenguaje de los signos; Clementina estaba haciendo algunas tareas en la casa y Leonardo seguía en la tienda atendiendo a los pocos clientes que pasaba por ahí, o distraerse con su móvil o hablando con alguien de la casa. En fin, nada importante, hasta llegar la noche, después de que todo el mundo se acostará y el hogar estuviera en total silencio, o eso parecía.

En mitad de la noche, Martha Malan se despertó, abriendo los ojos poquito a poco. No había tenido una pesadilla, tampoco hubo algo que hiciera que se despertara, así que no había ninguna razón especial para despertarse. Por eso, le parecía tan curioso que se hubiera despertado a tan solo una hora o dos después de acostarse, como si solo se hubiera tomado una siesta.

Entonces, se dio cuenta de varias cosas. Primero, solo ella y Alsancia, que dormía como un tronco, estaban acostadas en sus respectivos futones, en los que deberían estar durmiendo Mao y Jovaka estaban vacios. Segundo, hay una leve luz que procedía del salón y atravesaba la puerta corrediza que estaba media cerrada.

Curiosa por el origen de esa luz, se levantó del futón y observó hacia afuera de la habitación y vio como Jovaka estaba jugando al mismo videojuego de esta tarde, apretando como loca los botones del mando de la consola, con enormes auriculares que tapaban sus orejas. Malan, al ver que no era nada interesante, se quedó preguntando si acercarse a ella o volverse a dormir durante unos segundos. Al final, deseosa de saber dónde estaba Mao, decidió bajar al salón y preguntárselo a la serbia.

― ¡Buenas noches, Jovaka! ― Eso le decía flojito, mientras se acercaba a ella sigilosamente, a pesar de que sabía que había muchísima posibilidades de que no le iba a escuchar. ― ¡¿No crees que es demasiado tarde para estar ocupada con un elemento destinado al entretenimiento? ―

Al comprobar que los auriculares parecían bastantes buenas, ya que Jovaka ignoró totalmente esas palabras; Malan empezó a pensar en cómo atraer su atención sin que ésta diera un gran grito de sorpresa y despertar a todo el mundo. Estuvo totalmente pensativa durante varios segundos, hasta que se dio cuenta de que ella iba a gritar de fastidio, al ver que había perdido otra vez y tiró el mando al suelo. Con la rapidez de un rayo, tapó la boca de la serbia.

― ¡No te pongas así, que es solo un videojuego! ― Murmulló Malan.

A Jovaka casi le iba a dar algo cuando notó como alguien le tapaba la boca, pero cuando vio que era Malan y que le había salvado, se alivió mucho.

― ¡Oye, Malan! ¡No era necesario eso! ― Le reprochó muy molesta Jovaka, después de que Martha le quitara la mano de la boca.

― Yo creo que ha dado resultados muy favorables…― Añadió con una sonrisa Malan.

Jovaka puso un gesto de molestia, después de oír esas palabras. Volvió a coger el mando e iba a seguir con lo suyo. Entonces, Malan se sentó a su lado y empezó a observar cómo jugaba, cuya mirada curiosa solo ponía de los nervios a la pobre serbia.

― ¡¿No te vas a la cama!? ― Le preguntó Jovaka, a continuación; y la africana le respondió con estas palabras:

― Curiosamente, yo tampoco tengo sueño. ―

― ¿¡Tú también!? ― Se sorprendió un poco. ― ¡Ya somos tres!―

― ¡¿Tres!? ¡¿Te refieres a Mao!? ― Se lo dijo, a pesar de que dudaba si decir aquello era necesario porque era muy obvio.

― Sí, a ella también. ― Afirmó Jovaka, moviéndole la cabeza para arriba para abajo para dejárselo muy claro. Y Malan le mandó otra preguntar:

― ¿Y dónde está ella? ¡No parece que está en la casa! ―

Jovaka tardó un poco en contestar aquella respuesta, ya que intentaba salir viva de un escenario del videojuego. Luego, le puso pausa y le respondió:

― Eso es porque salió a dar un paseo. ―

― Es muy tarde para salir a pasear…― Le decía Martha Malan, muy sorprendida. ― Y Mao es demasiado vago para darse un paseo, menos a estas horas de la noche. ―

― Pues sí, pero eso ha hecho. Yo también estoy bastante sorprendida. ― Tras decir eso, dio una pequeña pausa, que provocó que todo estuviera en silencio por unos pocos segundos, antes de continuar:

― La verdad es que Mao se despertó de golpe, parecía que había tenido una horrible pesadilla, hasta estaba sudando frío. Y de paso, eso también me hizo despertar. ― Como estaba utilizando a Mao como si fuera una almohada, el movimiento brusco que hizo él para levantar medio cuerpo trajo a la serbia del mundo de los sueños. ―Yo le pregunté qué le pasó varias veces y solo me respondía que tuvo un mal sueño, nada más, que no era nada. Y luego me dijo que iba a dar un paseo y salió a la calle. ―

Terminaba sus palabras con un gesto de preocupación, porque sabía que aquel sueño le había perturbado tanto a Mao que decidió dar un paseo a estas horas para calmar su mente. También estaba algo molesta, debido a que no le hacía mucha gracia el hecho de que no quería decirle nada sobre aquella pesadilla. Malan se preguntó cómo era aquel sueño que tuvo, igual de preocupada que la serbia.

― Entonces, ¿vas a estar despierta hasta que vuelva Mao? ― Le preguntó Martha, después de pasar casi un minuto dominado por el silencio; y Jovaka le respondió esto, con algo enfado en su voz:

― Sí, no voy a estar tranquila hasta que vuelva, ¡a pesar de que dijo que me durmiera, que no hacía falta estar despierta, que ella tenía llave! ―

Esa respuesta le hizo bastante gracia a Malan, porque le parecía un niño pequeño que desobedecía a su padre. Luego, se sentó elegantemente en el suelo y añadió esto:

― ¡Entonces, yo también le esperaré! ― Aunque Jovaka ya sabía que esa sería la respuesta de Malan, maldijo un poco la situación, porque apenas hablaba con ella y sentía que iba a estar un poco incómoda.

Entonces, Martha Malan decidió decir algo más que dejó un poco confundida a la serbia:

― ¡Además, estamos solas y será un buen momento para relacionarnos y conocernos un poco mejor! ―

Jovaka se quedó muy cortada al oír esas palabras que le hacían malpensar, ¿qué intentaba decir Martha con aquellas palabras?

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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centésima doceava historia

Ser simpática en una mañana: Última parte, centésima doceava historia.

― ¡¿Y bueno, qué vais a hacer ahora!? ― Les preguntaba Jovaka, mientras veía cómo las gemelas subían hacia las habitaciones. Ella no sabía lo que tenía en mente esas dos y sentía que lo mejor era mejor no saberlo. Después de varios segundos de espera, volvieron con una cámara digital en las manos.

― ¡Sonríe a la cámara! ― Le gritaron a Jovaka, quién giró la cabeza al ver que volvieron, y le sacaron una foto. El flash hizo que ella pusiera una cara que daba muchísimo pavor.

― ¡¿Qué estáis haciendo!? ― Les preguntó a gritos Jovaka, mientras sus ojos se recuperaban del flash.

― ¡Solo vamos a empezar nuestro entrenamiento especial para ser más simpática! ― Le respondió Alex, mientras miraba cómo quedaba la foto.

La desechó al momento, porque había quedado feísimo.

― ¡Primera prueba, sonreír a la cámara! ― Por su parte, Sanae añadió esto.

Jovaka gruñó de fastidio con una mueca de desagrado, al ver que querían hacerle fotos. Odiaba hacérselos y siempre los evitaba a toda costa. Y esta vez no era una excepción, menos cuando las gemelas le pedían que pusiera su mejor sonrisa.

― ¡No quiero fotos, no quiero! ― Les replicó Jovaka, al ver que Alex iba a hacerle otra fotografía. Se tapó la cara y se alejó de ellas.

― ¡Vamos, mujer, solo son fotos! ―

Y Alex se acercó a Jovaka e intentaba conseguir un primer plano de la cara de ésta, quién escondía la cabeza o la giraba de un lado para otro para que su rostro no fuera fotografiada.

― ¡Solo tienes que sonreír y ya! ― Añadió Sanae, mientras le mostraba una gran sonrisa como ejemplo. Al ver que su hermana la iba a fotografiar, se dejó y además hizo el gesto de la paz.

― ¡Es que no me gusta que me hagan fotos! ― Les replicó Jovaka y las gemelas decidieron imitar a Josefina. Empezaron a desistir que se dejará, que nada malo iba a pasar; sin parar y cómo la paciencia de la serbia era tan limitada en aquellos momentos, se rindió fácilmente, diciéndoles:

― ¡Vale, vale! ¡Pero solo una vez! ―

Protestaron, diciéndoles que era necesario más intentos  y Jovaka tuvo que aceptarlo. A continuación, empezó su “primera sesión de fotos”, con Alex mandándole órdenes:

― ¡Vamos, muévete al centro! ― Jovaka se puso en el centro del salón.

― ¡Ahora, agáchate y dóblate de rodillas al máximo! ¡Luego, también junta sus brazos y cierra los dos puños! ¡Al final, saca la lengua como si estuviera muriendo de sed! ―

Jovaka, a pesar de que le parecían extrañas esas órdenes, le hizo caso y al ponerse así, las gemelas rompieron a reír, después de aguantarse durante unos segundos. Ahí se dio cuenta de que se estaban burlando de ella y le hacían parece como si fuera un perro. Se puso tan roja como el tómate:

― ¡No os burléis de mí de esa forma! ¡¿Para esto queríais hacerme foto o qué!? ― Les gritó esto, muy enfadada y humillada. Las gemelas, mientras se obligaban a dejar de reír, añadieron:

― ¡Lo siento mucho, Jovaka! ― Dijo Alex, que no pudo detener sus risas, y terminó la frase su hermana: ― ¡Pero no nos pudimos resistir! ―

Y tardaron unos pocos segundos más en dejar de reír. Al ver la cara furiosa de Jovaka, le dijeron esto:

― ¡No te preocupes! ― Juntaron sus manos en señal de perdón. ― ¡No vamos a hacerlo más! ― Jovaka decidió perdonarlas para terminar rápido eso de la fotografía.

A continuación, las gemelas solo le dijeron que pusiera una postura, la que más le pareciera cómoda, y que sonriera. Jovaka, que estaba muy nerviosa y temblaba como un flan, se puso totalmente recta, juntó piernas y manos y miraba hacia la cámara, intentando poner una sonrisa. Parecía que intentaba ser una estatua, apenas movía ni un músculo. Alex la estuvo mirando por un buen rato con la maquina hasta que la serbia se hartó:

― ¡¿Qué esperan!? ¡Hacerme la foto de una vez! ― Le replicó Jovaka, que no podría aguantar más mantener esa postura estática.

― Pero la postura que tienes es muy antinatural. Tienes que actuar como si no te estuviéramos fotografiando, o por lo menos, que deseas realmente hacerte una. ―

Añadió Alex muy insatisfecha de tener a una modelo tan mala y Sanae dijo algo:

― Parece como si fuera tu primera vez sacando una foto. O como cuando el que te gusta pasa cerca de ti e intentas actuar normal pero no te sale. ―

― ¡Desde el primer momento no quería ser fotografiada! Y además hace años que no me hago uno…― Protestó Jovaka, al ver que empezaron a criticarla. Solo quería que terminaran de una vez.

Pero se alargó muchísimo para ella, por desgracia. Las gemelas no dejaban de darle órdenes, diciéndole que se pusiera una postura u otras, llegando al punto de poner algunas que parecían muy sugestivas, mientras les animaba a sonreír lo máximo posible. Muerta de vergüenza, les pedía que hicieran la foto de una vez o terminaran con su sufrimiento.

― ¡Así no, debes ponerte un poco más! ¡Vamos, sonríe más, todo lo que puedas! ― No dejaba de escuchar estos órdenes una y otra vez.

Pero, al final, terminaron tras unos veinte minutos que para la pobre de Jovaka fueron una eternidad. Tras escuchar a las gemelas decir que ya terminaban, porque se aburrieron de ser fotógrafas, tuvo una grandísima alegría, soltando una sonrisa muy natural y bonita que fue ignorada, ya que éstas empezaron a ver los resultados de sus trabajos.

― No ha salido como esperaban, pero están decentes…― Le decía Alex a su hermana, mientras observaban las fotografías. Jovaka, al verlas, decidió saber cómo eran.

― Parece como si fuera una…― Sanae no pudo terminar la frase, ya que la serbia la interrumpió de golpe con un chillido que expresaba su vergüenza y humillación, al ver que le hicieron fotos sugerentes,

― ¡Denme eso! ― Les quitó las cámaras de las manos ― ¡¿Pero qué es esto!? ― Las gemelas les pedían que se lo devolviesen.

― ¡¿Por qué me hicisteis hacer estas cosas!? ― Y Jovaka les gritaba esto.

― Pues solo estábamos haciendo buenas fotos de ti…― Le dijeron orgullosamente. ― ¡Esa siempre fue nuestra intención! ― Luego, se dieron cuenta de que los estaban borrando. ― ¡No las borres, nos costó mucho hacerlo! ―

Al final, ninguna fotografía sobrevivió.

― ¡Con lo que nos ha costado hacer esas fotos! ― Dijeron con mucha pena las gemelas, mientras observaban que los había borrado todos. Jovaka les replicó que no hubieran hecho eso, antes de añadir:

― En fin, ¿ya debéis estar contenta, no? ¿Hemos terminado este juego?―

― ¡¿Pero, qué dices!? ― Le replicó Alex y su hermana Sanae terminó la frase: ― ¡Ya viene la segunda ronda! ―

Al oír eso, Jovaka mostró en su rostro un gesto de fastidio y molestia, al ver que iban a seguir con esto de “enseñarle a ser más simpática”. Lo único que hicieron fue hacerle fotos con posturas sugerentes y estaba temiendo por lo próximo que iban a hacer. Por eso, tragó saliva y les preguntó con miedo:

― ¡¿Qué tenéis en mente!? ― Y al oír esa pregunta, las gemelas se quedaron en silencio, algo pensativas, durante varios segundos:

― Aún nada. ― Luego, le contestaron esto: ― ¡Estamos improvisando, ya se nos ha ocurrirá algo! ―

Jovaka se quedó mirándolas muy mal. Ni siquiera tienen idea de cuál sería la segunda ronda y querían seguir jugando a ese estúpido juego, ¿por qué no se rendían y le dejan en paz? Por desgracia para ella, mientras pensaba molesta en estas cosas, a las gemelas se les ocurrió una idea.

― ¡Ya lo tengo! ― Gritó Sanae, como si una bombilla se le encendiese en la cabeza. A continuación, su hermana Alex le preguntó: ― ¿Es lo mismo que estoy pensando yo? ―

Y ella se lo dijo en voz baja, en el oído. Alex gritó que era una buena idea, mientras Jovaka se preguntaba con horror qué otra cosa alocada se les había ocurrido a las gemelas.

― Bueno, ahora que has estado aprendiendo a sonreír con la cámara, ahora lo harás con una conversación. ― A continuación, Alex le dijo esto.

― ¿Qué quieres decir exactamente? ― Jovaka no entendía muy bien lo que dijo Alex y su hermana Sanae tuvo que explicárselo mejor:

― Debes de actuar contenta y sonriendo mientras estamos practicando con contigo, ¡de eso se trata! ―

― ¿¡Y eso es…!? ― Jovaka, algo decepcionada, creía que iba a ser algo peor. ― ¡¿Todo!? ―

― Ah, pues sí…― Añadió Sanae, algo dudosa; mientras Alex gritaba esto muy convencida: ― ¡¿A qué es una buena idea!? ―

Jovaka se quedó callada, incapaz de decirle que era una idea muy estúpida. A pesar de eso, pensaba que era mejor que cualquier otra idea que se les ocurriese, aunque se preguntaba si sería capaz de actuar como si estuviera feliz. Mientras ella estaba en silencio, las gemelas se miraron la una a la otra y, como si tuvieran telepatía, decidieron dar comienzo esta ronda:

― ¡Buenos días, idiota! ― Le soltó esto de repente Alex de forma alegre y animada.

― ¡¿Espera, por qué me llamas idiota!? ― El hecho de que le insultará enfadó a Jovaka, que le gritó esto. Alex se quedó callada, mientras su hermana hablaba en su lugar:

― ¡Sonríe, no pongas cara de enfado! ― Le replicaba esto, como si fuera una entrenadora dura. ― ¡A pesar de todas los insultos que te hagamos, debes sonreír! ¡De eso se trata la segunda ronda del entrenamiento! ―

― ¡¿En serio!? ― Puso una cara de molestia, al ver que se estaban aprovechando de este entrenamiento para burlarse de ella.

― ¡Vamos, hazlo nerd! ― Y Alex, con una gran sonrisa supuestamente angelical, le dijo esto. Aunque aquel insulto no le molestó tanto, ni siquiera lo consideraba como tal.

― ¡Qué fastidio! ― Dio un gran suspiro, al ver que tenía que hacerlo sí o sí.

Entonces, forzó su boca al máximo para mostrar una sonrisa e intentó decir unas palabras, que les costaba pronunciar: ― ¡B-buenos d-días! ―

Y el salón se quedó unos segundos en silencio, con las gemelas mirándola fijamente, mientras ésta mantenía su sonrisa forzaba con todas su fuerzas.

Y al final, esas dos empezaron a reír descontroladamente, porque su sonrisa era tan forzada que daba muchísima risa. Jovaka les replicó muy molesta:

― ¡No se rían, me estaba esforzando! ―

― Pero es que…― Apenas podrían hablar, por culpa de las risas. ―Pero es que…―

― Bueno, ¿¡podremos continuar!? Quiero terminar esto de una vez. ― Les replicó Jovaka, que, muerta de vergüenza, controlaba sus ganas de mandar esta estupidez al carajo.

Y las gemelas pudieron mantener la compostura y seguir con su cometido, diciéndole insultos a Jovaka, mientras ésta intentaba esbozar una sonrisa, que parecía menos forzada que antes; y les intentaba replicar amablemente; pero esas dos no paraba de recordar lo de antes y se ponían a reír:

― ¡Otra vez…! ― Dijo Jovaka, tras lanzar un suspiro de molestia. Era la quinta o sexta vez que empezaron a ponerse a reír de repente y con estas interrupciones parecía que esto no iba a terminarse nunca.

― ¡Lo sentimos, pero es que…! ― Sus risas las interrumpieron. ― ¡Era tan gracioso! ―

― ¡Bueno, entonces…! ― Entonces, Jovaka, que ya estaba enfadada, se levantó de golpe y les iba a decir que ya terminaba de jugar con ellas.

― ¡Espera un momento! ― Entonces, las gemelas la interrumpieron con este grito. Luego, Alex soltó esto:

― ¡Ya que estás harta de la segunda ronda, podemos empezar con la tercera! ―

― ¡¿Teníamos una tercera!? ― Le preguntó Sanae, que no se lo esperaba; y le respondió así:

― Ahora sí. ―

A Jovaka le entraron más ganas de mandarlas al carajo, quería terminar de una vez. Así que empezó a andar hacia al cuarto de Mao para hacerse la dormida. Las gemelas la agarraron rápidamente para evitar que se fuera:

― Solo es una cosa pequeñita, y nada más. ― Empezaron a convencerla desesperadamente. ― ¡No tienes que hacer gran cosa! ―

Y al final, tras mucho insistir, Jovaka fue convencida otra vez, mientras se maldecía una y otra vez, preguntándose por qué era tan fácil de convencer.

― ¡¿Y ahora que quieren hacer!? ― Les preguntó Jovaka, mientras volvía ponerse en medio del salón.

Y las dos gemelas le gritaron al unísono: ― ¡Bailar! ―

Jovaka se quedó sin palabras, incapaz de creer lo que le habían exigido, ni siquiera tenía ninguna relación con ese estúpido entrenamiento para ser más simpática. Así, que tras segundos de silencio, intentó dirigirse a la habitación de Mao, pero las gemelas se interpusieron:

― ¡Vamos, mujer! ¡Es solo un pequeño favor! ¡De verdad! ― Le dijo Alex.

― Sí, haz esto y te dejaremos en paz, ¡palabra de honor! ― Añadió Sanae.

― Yo…― Jovaka pensó un poco, antes de continuar. ― Nunca he bailado y seguro que os vais a reír de mí, además, ¿qué tiene bailar en todo esto? Por eso, me rehusó. ―

Las gemelas, entonces, pusieron cara de cachorritos y juntaron sus manos fuertemente. No paraban de pedirle que lo hiciera, que no se fueran a reír y sacaban la excusa de que bailar mostraba alegría, que sería útil para que se volviera más simpática. Y otra vez Jovaka cayó en la trampa.

― Y bueno, ¿qué queréis que baile? ― Les preguntó la serbia, cuando estaba lista para bailar.

― Cualquier cosa. ― Eso le respondió Alex y esto añadió Sanae: ― Lo que te pida el cuerpo. ―

― ¡¿En serio!? ― Decía incrédula. Jamás había bailado en toda su vida, ¿cómo bailar cuando ni siquiera tenía instrucciones para hacerlo?

De todas maneras, tenía que hacerlo, así que empezó a mover el cuerpo. Primero, movía torpemente los brazos y las caderas de un lado para otro, con una cara avergonzada.

― ¡Ahora, una sonrisa! ―

Gritaron al unísono las gemelas, mientras le animaban, dando palmadas, mientras luchaban por no ponerse a reír, porque les estaba pareciendo muy gracioso. Jovaka puso una sonrisa, tan forzada como la de antes, y empezó a moverse más rápido. Daba un paso y retrocedía de forma penosa, movía la cabeza hacia atrás y hacia delante, como si intentaba romper el aire; los brazos los meneaba como si estuvieran llenos de insectos e intentaba desesperadamente quitárselos. Cada segundo que pasaba a Alex y a Sanae les era muy difícil poder contener las risas.

― ¡¿Ya están contentas!? ¡Puedo terminar ya! ― Les soltó esto Jovaka, harta ya de hacer el payaso.

― Aún no, ¡aguanta un poco más! ― Y las gemelas decidieron alargarlo algo más, haciendo que Jovaka las maldijera de nuevo, mientras seguía bailando de forma torpe y patética.

Y sin que ninguna de las tres que estaban en el salón se diera cuenta, Mao, Alsancia y la pequeña Diana entraron en la casa, habían atravesado la tienda y ya estaban en el pasillo. Desde ahí, se oía claramente las voces de las gemelas animando a Jovaka.

― ¡¿Qué espectáculo están haciendo esta gente!? ― Se preguntaba Mao, al oír el jaleo que estaban haciendo.

Alsancia no dijo ni una palabra, aunque también le daba mucha curiosidad qué estaban haciendo; y Diana, que no estaba satisfecha tras jugar sin parar en el parque, al ver que parecía que se estaban divirtiendo ahí dentro; no tuvo tiempo que perder y abrió la puerta corrediza para unirse a ellas.

Entonces, vieron a Jovaka bailando y se quedaron sin palabras. Ellos no se sorprendieron por el hecho de que estaba haciendo un baile muy ridículo y patético, sino por el hecho de que ella estaba haciendo un baile. La serbia tardó unos segundos en parar y darse cuenta de que había sido pillada. Se quedó paralizada, mientras se le ponía toda la cara como un tomate. Las gemelas fueron las únicas que reaccionaron:

― ¡Por fin, han vuelto! ― Protestaron al unísono. ― ¡¿Por qué se fueron sin nosotras!? ―

Mao dudó si explicarles que no quería despertarlas o preguntarles qué les estaban haciendo a Jovaka. Diana reaccionó, diciendo que quería bailar.

Entonces, Jovaka gritó con todas sus fuerzas, su orgullo había sido herido: ― ¡Qué vergüenza! ¡Tierra trágame! ― Y salió hacia al cuarto de Mao para esconderse y no ver jamás la luz del sol.

Por culpa de esto, a Mao le llevó medio día sacarla del cuarto, al ver que ésta exageraba por haber sido vista bailando, mientras maldecía a las gemelas, que intentaban pedirle perdón sin parar.

FIN

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centésima doceava historia

Ser simpática en una mañana: Primera parte, centésima doceava historia.

A mediados de marzo, Jovaka estaba jugando con uno de los juegos más difíciles que se había enfrentado. Estaba enfrentándose contra el jefe final y llevaba toda la mañana sufriendo como nunca, muriendo ciento de veces en el proceso. No dejaba de gritar y soltar insultos.

― ¡Mierda, mierda! ¡Solo me queda poco de vida! ¡Hay que aguantar! ― Decía inesperadamente, mientras intentaba esquivar desesperadamente las balas del enemigo. ― ¡No, no, eso no! ― Entonces, cometió un error y no pudo escapar del ataque. Fin de la partida.

A lo primero se quedó boquiabierta, entonces tiró el mando al suelo y, con muchísima desesperación en su cara mientras se ponía las manos sobre la cabeza, empezó a gritar esto:

― ¡Maldito seas, bicho! ¡Qué frustración, maldito videojuego! ¡¿Por qué es tan difícil de ganar!? ―

Mientras se quejaba sin parar, dos personas, que se despertaron por culpa de los gritos de Jovaka, salieron de la habitación en dónde dormían y se acercaron sigilosamente hacia ella. Y cuando estaban detrás suya, después de observar durante unos segundos la causa de aquel griterío, dijeron:

― ¡¿Así que, por eso hacías tanto escándalo!? ― Sorprendieron a Jovaka, quién miró hacia atrás, viendo a las gemelas Alex y Sanae.

― ¡¿Seguíais durmiendo!? Yo pensaba que habíais salido con Mao, Alsancia y Diana. ― Añadió indiferentemente Jovaka.

Se fueron al parque, por Diana. Aparte de ellas, Leonardo y Clementina habían salido afuera, por razones que apenas le interesó conocer a la serbia.

― ¡¿Se fueron sin despertarnos ni siquiera!? ― Protestaron molestas las gemelas. ― ¡Qué rollo! ―

― Es vuestra culpa por haberos despertado tan tarde…― Les replicó Jovaka, mientras pensaba seriamente si seguir con aquel juego horrible o pasar d él por un buen rato.

Entonces, las gemelas decidieron preguntarle esto al unísono:

― ¡¿Por cierto, aún sigues con este juego!? ―

― Sí, estoy intentando pasarme el “modo lunático”. ―

Eso sonaba demasiado extremo, y lo era. Se quedaron muy sorprendidas de que estuviera muy perseverante con aquel horrible juego. Las gemelas lo intentaron y solo pudieron pasarse el modo fácil. Y lo peor de todo, es que no podrías guardar durante el proceso. Es decir, era corto, pero tener que superar desde el principio seis o siete escenarios para llegar al final era algo agotador y frustrante. Más cuando tenías en cuenta que era un “danmaku”, un tipo de videojuego en el cual tenías que evitar las enormes cortinas de balas que te lanzaba tus enemigos.

― En serio, eres bastante masoquista. ― Le dijeron ellas burlonamente. ― Nosotras nos hubiéramos cansado de ese juego hace largo tiempooo…―

― Tal vez…― Decía muy pensativa, mientras apagaba la tele y la consola. ― Es un juego horrible…― Las gemelas, al ver la actitud tan relajada que tenía, se sintieron algo decepcionadas. Querían que protestará, así estarían menos aburridas.

Entonces, pasaron algunos segundos de puro silencio, y las gemelas le volvieron a hablar:

― Por cierto, Jovaka…― Dijo Alex, para luego Sanae terminará la frase: ― Queríamos preguntarte una cosa que llevamos tiempo pensado…―

― Ah, sí…― Añadió Jovaka, algo indiferente, pero algo extrañada, ¿de qué estaban hablando? ― Bueno, ¿de qué trata eso? ―

― ¿Ya no te damos miedo? ― Le preguntaron seriamente. ― Es decir, ¿ya no te dan terror las mujeres? ―

Jovaka se quedó boquiabierta, al ver que también se dieron cuenta de que ella ya no le tenía miedo a las mujeres, por lo menos solo las de su alrededor.

― Pero, ¿qué decís? Aún me dan miedo las mujeres, ustedes también. ―

Añadió Jovaka nerviosamente, entonces las gemelas se pusieron a reír por un largo rato, molestándola.

― ¡¿Por qué os reís!? ― Les replicó.

― ¡Bueno, es que no tiene sentido que digas que aún nos tienes miedo, cuando no es así! ― Jovaka no pudo decir nada, ya que era verdad.

― No somos tontas, cualquier se da cuenta de que ya nos tienes miedo. Fíjate, ahora. Estamos a tu lado y no te has puesto como una chalada. ―

Eso le decía Alex, mientras le tocaba uno de los hombros. Jovaka pensó si debería ponerse a actuar para demostrarle que estaban equivocadas, pero creyó que lo mejor era no hacer nada. Entonces, Sanae habló, mientras ponía su mano sobre su otro hombro:

― Y no solo eso, desde diciembre, no has actuado de esa manera cuando algunas de nosotras estábamos a tu lado o te tocábamos sin querer, como si ya no te importará. Hasta Diana se daría cuenta de eso. ―

Y añadieron al unísono: ― Bueno, Josefina es una excepción… Es muy lenta para comprender las cosas. ― Para luego, soltar unas pequeñas carcajadas. Jovaka también se les unió, porque era cierto.

― ¿¡Entonces, lo confiesas o no!? ¡¿De qué no nos tiene miedo!? ―

Dijeron burlonamente las gemelas, actuando como si fueran unas detectives que ya tenían pillado al asesino de turno.

― Bueno, yo…― Jovaka se sentía acorralada, no se atrevía a darles la razón, y las gemelas decidieron acelerar el proceso para que abriera la boca:

― ¡¿O quieres que te hagamos confesar a la fuerza, Jovaka!? ¡Haciéndote cosquillas! ― Eso decían con sonrisas traviesas, mientras le mostraban a Jovaka como movían los dedos de sus manos, para demostrarle que iban en serio.

Ésta, que no deseaba para nada que le hicieran reía a la fuerza, tuvo que decir la verdad: ― ¡Vale, vale, yo lo confieso! ¡En realidad, no me dan miedo las mujeres! ¡Bueno, ahora me da miedo todos los extraños que conozco, pero he dejado de odiarlas y pensar estupideces sobre ellas! ¡Y b-bueno, estar con ustedes no es tan malo…! ―

― ¡Tal como sospechábamos! ― Gritaron felizmente las gemelas, chocándose las manos.― ¡Qué gran trabajo, el nuestro! ―

― ¡¿De verdad!? ― Decía Jovaka muy extrañada, que se preguntaba qué gran trabajo hicieron, si solo le habían obligado a confesar eso.

― Bueno, ha sido muy fácil. Eres muy mala actuando. ― Eso le molestó a Jovaka. ― La verdad es que no podemos considerarlo como una victoria, realmente. ― Rieron nerviosamente.

― ¡¿Victoria!? ― Preguntó Jovaka, que seguía igual de extrañada o más. ― ¿¡Desde cuándo esto es una competición!? ―

― No es nada de eso…― Le replicaron las gemelas.― Sino de nuestro trabajo como espías. ―

Jovaka se calló por unos segundos, intentando comprender que tenía eso que ver. Al final, tras muchos pensar en vano, este fue su conclusión:

― Ahora entiendo menos, ¡¿qué tiene que ver ser espías con todo esto!? ―

― Pues…― Se quedaron en silencio y se pusieron a pensar durante unos cuantos segundos. Al final, soltaron esto: ― No mucho, realmente. ―

Jovaka comprendió que esta conversación ya no tenía ningún sentido y lo mejor era reconducirlo a buen puerto. Así que decidió preguntarles algo a las gemelas, que se le apareció de repente:

― Por cierto, ¡¿De verdad, os gustan tanto eso de los espías!? ―

Recordaba todas esas veces en que ellas decían orgullosamente que sabían espiar o cuando, muertas de aburrimiento, les preguntaba a Mao si tenían a algunos rivales o enemigos para investigarlos. O también el hecho de que, a veces, hablaban románticamente sobre todas las películas de espionaje que vieron. En fin, ya que mencionaron eso, a Jovaka le entró curiosidad del porqué tanto amor a eso.

― Pero qué tonterías dices…― Dijeron ellas esto a lo primero, pareciendo indignadas por la preguntar; antes de gritar orgullosamente:

― ¡Por supuesto que sí! ¡Muchísimo! ¡Y será el trabajo que vamos a tener cuando seamos mayores! ―

Y tras decir esas palabras, se pusieron a posar de formar ridícula, como si fueran parte de los Power Rangers; y soltaron una especie de slogan, con toda la pasión y alegría del mundo:

― ¡Alex y Sanae! ¡Agentes secretos, las espías gemelas! ―

Jovaka se quedó boquiabierta al ver eso, mientras empezaba a aplaudir torpemente. Jamás había visto algo tan ridículo en toda su vida. Luego, en vez de ponerse a reír como loca, añadió indiferentemente esto:

― Creo que habéis visto muchas películas de ese 007 o cómo se llame, a mi me parece una profesión horrible…― Eso las molestó bastante, ya que se pusieron a quejarse, a decirle que el espionaje no era así, explicándole supuestas razones, que, a ojos de Jovaka, eran demasiados alejados de la realidad. A pesar de eso, la serbia se quedó callada. Luego, ellas añadieron:

― Por otra parte, estás muy equivocada, si crees que queremos ser espías solo por ver James Bond. ― Le replicó Alex.

― Después de todo, esto viene de familia. Nuestro abuelo fue espía, y nuestros padres también. ― Y terminó la frase Sanae.

― ¡¿En serio!? ― Jovaka se quedó boquiabierta.

― ¡¿A qué estás sorprendida!? ― Inflaron el pecho de orgullo, y entonces le empezaron a explicar sobre el espionaje en su familia.

― Papá nos contó varias cosas. Nuestro abuelo fue un espía americano que estaba trabajando secretamente en Polonia, en Alemania del este y en la URSS. Le dio mucha información al gobierno. ―

Alex dejó de hablar, y Sanae continuó la historia:

― Pero le descubrieron y lo mataron en la invasión de Af…afga…― Se puso muy roja, al ver que no podría pronunciarlo bien: ¡No me acuerdo de la maldita palabra! ¡Bueno, es un país con un nombre muy raro y feo! ―

― Yo tampoco me acuerdo del nombre…― Añadió Alex, mientras estrujaba su cerebro para poder reproducir bien el nombre.

Jovaka, a lo primero no sabía qué estaban intentando decir, pero entonces se dio cuenta de que país intentaba mencionar y lo dijo:

― ¡¿Afganistán, así se llama!? ―

― ¡Sí, así se llama! ― Gritaron al unísono, al ver que Jovaka dijo el país correcto. A continuación, decidieron dar una aclaración:

― Pero no fue cuando le invadieron los Estados unidos, sino anterior, cuando los soviéticos los atacó, o eso recordamos. ―

Ellas se referían a la Invasión soviética de Afganistán, o también llamada Guerra ruso-afgana, que duró supuestamente desde 1978 hasta 1992. Jovaka se quedó pensando seriamente si aquel país había sufrido otra invención que no fuera la de los Estados Unidos  y la OTAN, que empezó en el año 2001. Al final, solo duró unos minutos, se cansó enseguida, ya que le daba igual saber la existencia de un conflicto anterior a otro.

― Eso recordamos nosotras, porque la historia a nosotras nunca se nos ha dado bien. ― Mientras tanto, añadieron esas palabras, al ver como Jovaka ponía cara de que ellas se estaban equivocando. Rieron nerviosamente, antes de continuar:

― De todos modos, después de caer la Unión soviética, papá, que siguió los pasos del abuelo, se hizo parte de la CIA y estuvo investigando las mafias de Europa del Este y de Rusia. Él estuvo enfrentando a muchos hombres malos y ha vivido miles de aventuras. Los engañaba y se burlaba de todos esos idiotas con gran facilidad, hacía que se mataban entre ellos o acabarán en la cárcel. ―

Jovaka ya no sabía si estaban hablando de un superhéroe o de su padre, ya que empezó a creer que lo estaban exagerando. Después de todo, la imagen que tenía ella y los demás de él era de un hombre loco y aterrador, algo que observaron cuando vino en busca de sus hijas, después de que ellas huyeron de casa, porque les iba a obligar a entrar por la fuerza en una secta siniestra. De todas maneras, dejó que siguieran hablando:

― Al final, se casó con nuestra mamá, que también era una espía, ¡sí, como en una película! ¡¿A qué es romántico!? ―

Añadió Sanae, mientras en su mente empezaba a fantasear hermosas escenas de amor entre sus padres en medio de un mundo propio del cine negro. Al ver que su hermana estaba soñando con los ojos abiertos, como si fuera Josefina; y que Jovaka pusiera en su rostro una mueca de extrañeza, continuó la historia:

― Bueno, nos dijo que también era espía, pero no nos contó nada más, salvo que también era muy buena en su trabajo. ― Dio una pequeña pausa.

― Por desgracia, la pillaron y la mataron al poco tiempo. ― Añadió con tristeza. ― Después de eso, papá se jubiló de aquel trabajo y decidió vivir una vida normal. ―

Y así es como las gemelas terminaron de contar la relación de su familia con el espionaje. Jovaka tardó bastante en reaccionar, porque no sabía que decirles. Le costaba muchísimo creerse que lo que les contó el padre a las gemelas fuera cierto, porque le parecían simples fantasías de un loco, o más bien, sentía que todo lo que él les decía estaba demasiado adulterado. No tenía pruebas de que mintiera realmente, pero tenía un presentimiento, o tal vez estaba comparándolo con su propia madre, cuando les contó, a Mao y a ella, con medias verdades y mentiras su historia, después de que ésta le pidiera ayuda al chino para salvar la vida y la de su hija. En definitiva, para no provocar una discusión innecesaria, decidió callarse por el momento.

― Se nota que te hemos dejado sin habla, ¿eh? ― Dijeron orgullosamente las gemelas, cuando vieron que Jovaka decidió callarse.

― Es algo que esperábamos, la verdad. ― Y luego añadieron, con unos aires de superioridad que molestaron muchísimo a Jovaka, quién protestó:

― No os pongáis tan arrogantes…―

― ¿Lo estábamos haciendo? ― Preguntaron al unísono. Ni siquiera se dieron cuenta de que lo estaban haciendo, pero Jovaka puso una leve cara de molestia, creyendo que se estaban volviendo a burlar de ella, y éstas dijeron esto:

― No seas tan desagradable, mujer…― Jovaka no se espero para nada aquel comentario y les replicó:

― No estaba siéndolo. ―

― ¡Sí, lo estabas siendo! ¡Reconócelo!― Añadieron al unísono.

― ¡¿Y qué, si fuera así!?―

Tras esa replica de Jovaka, Alex y Sanae se quedaron calladas por unos segundos, muy pensativas. Luego, empezaron a decirle estas cosas:

― ¡Bueno, siempre eres así! ¡Pareces que siempre estás de mal humor y que odias al mundo, que solo eres pura amargura! ―

Jovaka se preguntaba si eso era cierto, porque ella no se sentía así; mientras las gemelas seguían explicándole como de amargada era:

― ¡Siempre tienes una cara que hace llorar a los niños pequeños y que hace que los demás se alejen de ti por mal rollo! ¡Serías perfecta para ser una mala de Disney…! ―

― Creo que lo estáis exagerando un poco…― Les interrumpió Jovaka levemente, al ver que se estaban pasando de la raya.

― Solamente decimos que ser así es muy malo futuro para ti. ― Eso le dijo Alex, y Sanae añadió: ― Pero muy malo…―

Actuaban como si estuvieran muy preocupadas por algo así, y Jovaka, que no sabía si estaban hablando en serio o no, empezó a pensar en eso.

Más bien era sobre el futuro, porque se dio cuenta de que jamás pensó en que iba a hacer o cómo iba a vivir dentro de unos años. Nunca le dio mucha importancia, y tampoco quería hacerlo ahora, estaba muy satisfecha con su presente.

― ¡¿En serio…!? ― Dijo muy pensativa y en voz baja estas palabras, sin que realmente deseaba hacerlo.

― Te quedarás muy sola…― Las gemelas le estaban respondiendo esa pregunta con estas palabras. ― Y serás conocida como la gruñona del barrio, al que los niños llaman “bruja”. ―

― ¡De verdad, qué horrible futuro te espera! ― Y añadieron esto, como si estuvieran teniendo lástima y tristeza por ella.

― ¡¿Hay algo que hacer para evitar eso…!? ― Entonces, Jovaka, que empezó a preocuparse de verdad, preguntó esto y las gemelas sonriendo de golpe, haciendo que le diera muy mala espina.

― ¡Esperábamos esa pregunta! ― Añadió Alex, y luego Sanae terminó la frase: ― ¡No hemos sacado el tema solo porque sí…! ―

Ahí es donde Jovaka comprendió las verdaderas intenciones de las gemelas, y se levantó de golpe. No tenía ganas de jugar con ellas y soltó esto:

― ¡Ya sé lo que intentáis hacer conmigo! ¡Estáis usando eso como pretexto para hacerme participar en un juego extraño de los vuestros! ―

Intentó correr hacia a los cuartos y encerrarse ahí, pero, con una velocidad asombrosa, Alex cubrió la escalera que llevaba al segundo piso.

― ¡No creerás que podrás escapar de nosotras tan fácilmente! ― Decía ella, riendo siniestramente.

Entonces, Jovaka giró hacia atrás para dirigirse hacia al pasillo que llevaba a la cocina y a la tienda, pero Sanae lo estaba taponando, añadiendo esto:

― ¡Vamos, mujer! ¡No será tan malo! ―

Al ver que no podría escapar de ellas tan fácilmente, les gritó esto, con el propósito de entender que querían hacerle:

― ¡¿En qué juego absurdo me queréis meter!? ―

― No es solo un juego, también es una inversión en tu futuro. ― Le respondió Alex.

― Solo vamos a hacer que seas un poco más simpática y menos gruñona. Ya no los agradecerás cuando seas más grande. ― Y añadió Sanae.

Al oír eso, menos ganas tenía de participar en lo que querían hacer las gemelas, que estaban tan aburridas, que no tuvieron mejor idea que hacerle entrenar para ser más simpática y menos amargada. Tampoco, estaba tan mal para participar en algo así. Pero, al ver que no podría escapar y que éstas podrían volverse tan pesadas como Josefina, decidió desistir.

― ¡Maldición…! ― Dio un fuerte suspiro de fastidio. ― No tengo ganas de jugar ahora mismo, solo espero que sea rápido…―

― ¡Menos mal que has sido inteligente! ― Gritó victoriosamente Alex, mientras se acercaba a su hermana para chocarse mutuamente las manos.

― ¡De verdad, no te arrepentirás de esto! ― Y añadió su hermana, antes de que las dos se pusieron a cuchichear lejos de Jovaka, dándose ideas para cómo poder entrenarla.

Al ver eso, menos ganas le daban de hacer un juego o entrenamiento para volverse ser simpática, mientras se volvía a preguntar si de verdad es tan gruñona como ellas decían.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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