centésima doceava historia

Ser simpática en una mañana: Primera parte, centésima doceava historia.

A mediados de marzo, Jovaka estaba jugando con uno de los juegos más difíciles que se había enfrentado. Estaba enfrentándose contra el jefe final y llevaba toda la mañana sufriendo como nunca, muriendo ciento de veces en el proceso. No dejaba de gritar y soltar insultos.

― ¡Mierda, mierda! ¡Solo me queda poco de vida! ¡Hay que aguantar! ― Decía inesperadamente, mientras intentaba esquivar desesperadamente las balas del enemigo. ― ¡No, no, eso no! ― Entonces, cometió un error y no pudo escapar del ataque. Fin de la partida.

A lo primero se quedó boquiabierta, entonces tiró el mando al suelo y, con muchísima desesperación en su cara mientras se ponía las manos sobre la cabeza, empezó a gritar esto:

― ¡Maldito seas, bicho! ¡Qué frustración, maldito videojuego! ¡¿Por qué es tan difícil de ganar!? ―

Mientras se quejaba sin parar, dos personas, que se despertaron por culpa de los gritos de Jovaka, salieron de la habitación en dónde dormían y se acercaron sigilosamente hacia ella. Y cuando estaban detrás suya, después de observar durante unos segundos la causa de aquel griterío, dijeron:

― ¡¿Así que, por eso hacías tanto escándalo!? ― Sorprendieron a Jovaka, quién miró hacia atrás, viendo a las gemelas Alex y Sanae.

― ¡¿Seguíais durmiendo!? Yo pensaba que habíais salido con Mao, Alsancia y Diana. ― Añadió indiferentemente Jovaka.

Se fueron al parque, por Diana. Aparte de ellas, Leonardo y Clementina habían salido afuera, por razones que apenas le interesó conocer a la serbia.

― ¡¿Se fueron sin despertarnos ni siquiera!? ― Protestaron molestas las gemelas. ― ¡Qué rollo! ―

― Es vuestra culpa por haberos despertado tan tarde…― Les replicó Jovaka, mientras pensaba seriamente si seguir con aquel juego horrible o pasar d él por un buen rato.

Entonces, las gemelas decidieron preguntarle esto al unísono:

― ¡¿Por cierto, aún sigues con este juego!? ―

― Sí, estoy intentando pasarme el “modo lunático”. ―

Eso sonaba demasiado extremo, y lo era. Se quedaron muy sorprendidas de que estuviera muy perseverante con aquel horrible juego. Las gemelas lo intentaron y solo pudieron pasarse el modo fácil. Y lo peor de todo, es que no podrías guardar durante el proceso. Es decir, era corto, pero tener que superar desde el principio seis o siete escenarios para llegar al final era algo agotador y frustrante. Más cuando tenías en cuenta que era un “danmaku”, un tipo de videojuego en el cual tenías que evitar las enormes cortinas de balas que te lanzaba tus enemigos.

― En serio, eres bastante masoquista. ― Le dijeron ellas burlonamente. ― Nosotras nos hubiéramos cansado de ese juego hace largo tiempooo…―

― Tal vez…― Decía muy pensativa, mientras apagaba la tele y la consola. ― Es un juego horrible…― Las gemelas, al ver la actitud tan relajada que tenía, se sintieron algo decepcionadas. Querían que protestará, así estarían menos aburridas.

Entonces, pasaron algunos segundos de puro silencio, y las gemelas le volvieron a hablar:

― Por cierto, Jovaka…― Dijo Alex, para luego Sanae terminará la frase: ― Queríamos preguntarte una cosa que llevamos tiempo pensado…―

― Ah, sí…― Añadió Jovaka, algo indiferente, pero algo extrañada, ¿de qué estaban hablando? ― Bueno, ¿de qué trata eso? ―

― ¿Ya no te damos miedo? ― Le preguntaron seriamente. ― Es decir, ¿ya no te dan terror las mujeres? ―

Jovaka se quedó boquiabierta, al ver que también se dieron cuenta de que ella ya no le tenía miedo a las mujeres, por lo menos solo las de su alrededor.

― Pero, ¿qué decís? Aún me dan miedo las mujeres, ustedes también. ―

Añadió Jovaka nerviosamente, entonces las gemelas se pusieron a reír por un largo rato, molestándola.

― ¡¿Por qué os reís!? ― Les replicó.

― ¡Bueno, es que no tiene sentido que digas que aún nos tienes miedo, cuando no es así! ― Jovaka no pudo decir nada, ya que era verdad.

― No somos tontas, cualquier se da cuenta de que ya nos tienes miedo. Fíjate, ahora. Estamos a tu lado y no te has puesto como una chalada. ―

Eso le decía Alex, mientras le tocaba uno de los hombros. Jovaka pensó si debería ponerse a actuar para demostrarle que estaban equivocadas, pero creyó que lo mejor era no hacer nada. Entonces, Sanae habló, mientras ponía su mano sobre su otro hombro:

― Y no solo eso, desde diciembre, no has actuado de esa manera cuando algunas de nosotras estábamos a tu lado o te tocábamos sin querer, como si ya no te importará. Hasta Diana se daría cuenta de eso. ―

Y añadieron al unísono: ― Bueno, Josefina es una excepción… Es muy lenta para comprender las cosas. ― Para luego, soltar unas pequeñas carcajadas. Jovaka también se les unió, porque era cierto.

― ¿¡Entonces, lo confiesas o no!? ¡¿De qué no nos tiene miedo!? ―

Dijeron burlonamente las gemelas, actuando como si fueran unas detectives que ya tenían pillado al asesino de turno.

― Bueno, yo…― Jovaka se sentía acorralada, no se atrevía a darles la razón, y las gemelas decidieron acelerar el proceso para que abriera la boca:

― ¡¿O quieres que te hagamos confesar a la fuerza, Jovaka!? ¡Haciéndote cosquillas! ― Eso decían con sonrisas traviesas, mientras le mostraban a Jovaka como movían los dedos de sus manos, para demostrarle que iban en serio.

Ésta, que no deseaba para nada que le hicieran reía a la fuerza, tuvo que decir la verdad: ― ¡Vale, vale, yo lo confieso! ¡En realidad, no me dan miedo las mujeres! ¡Bueno, ahora me da miedo todos los extraños que conozco, pero he dejado de odiarlas y pensar estupideces sobre ellas! ¡Y b-bueno, estar con ustedes no es tan malo…! ―

― ¡Tal como sospechábamos! ― Gritaron felizmente las gemelas, chocándose las manos.― ¡Qué gran trabajo, el nuestro! ―

― ¡¿De verdad!? ― Decía Jovaka muy extrañada, que se preguntaba qué gran trabajo hicieron, si solo le habían obligado a confesar eso.

― Bueno, ha sido muy fácil. Eres muy mala actuando. ― Eso le molestó a Jovaka. ― La verdad es que no podemos considerarlo como una victoria, realmente. ― Rieron nerviosamente.

― ¡¿Victoria!? ― Preguntó Jovaka, que seguía igual de extrañada o más. ― ¿¡Desde cuándo esto es una competición!? ―

― No es nada de eso…― Le replicaron las gemelas.― Sino de nuestro trabajo como espías. ―

Jovaka se calló por unos segundos, intentando comprender que tenía eso que ver. Al final, tras muchos pensar en vano, este fue su conclusión:

― Ahora entiendo menos, ¡¿qué tiene que ver ser espías con todo esto!? ―

― Pues…― Se quedaron en silencio y se pusieron a pensar durante unos cuantos segundos. Al final, soltaron esto: ― No mucho, realmente. ―

Jovaka comprendió que esta conversación ya no tenía ningún sentido y lo mejor era reconducirlo a buen puerto. Así que decidió preguntarles algo a las gemelas, que se le apareció de repente:

― Por cierto, ¡¿De verdad, os gustan tanto eso de los espías!? ―

Recordaba todas esas veces en que ellas decían orgullosamente que sabían espiar o cuando, muertas de aburrimiento, les preguntaba a Mao si tenían a algunos rivales o enemigos para investigarlos. O también el hecho de que, a veces, hablaban románticamente sobre todas las películas de espionaje que vieron. En fin, ya que mencionaron eso, a Jovaka le entró curiosidad del porqué tanto amor a eso.

― Pero qué tonterías dices…― Dijeron ellas esto a lo primero, pareciendo indignadas por la preguntar; antes de gritar orgullosamente:

― ¡Por supuesto que sí! ¡Muchísimo! ¡Y será el trabajo que vamos a tener cuando seamos mayores! ―

Y tras decir esas palabras, se pusieron a posar de formar ridícula, como si fueran parte de los Power Rangers; y soltaron una especie de slogan, con toda la pasión y alegría del mundo:

― ¡Alex y Sanae! ¡Agentes secretos, las espías gemelas! ―

Jovaka se quedó boquiabierta al ver eso, mientras empezaba a aplaudir torpemente. Jamás había visto algo tan ridículo en toda su vida. Luego, en vez de ponerse a reír como loca, añadió indiferentemente esto:

― Creo que habéis visto muchas películas de ese 007 o cómo se llame, a mi me parece una profesión horrible…― Eso las molestó bastante, ya que se pusieron a quejarse, a decirle que el espionaje no era así, explicándole supuestas razones, que, a ojos de Jovaka, eran demasiados alejados de la realidad. A pesar de eso, la serbia se quedó callada. Luego, ellas añadieron:

― Por otra parte, estás muy equivocada, si crees que queremos ser espías solo por ver James Bond. ― Le replicó Alex.

― Después de todo, esto viene de familia. Nuestro abuelo fue espía, y nuestros padres también. ― Y terminó la frase Sanae.

― ¡¿En serio!? ― Jovaka se quedó boquiabierta.

― ¡¿A qué estás sorprendida!? ― Inflaron el pecho de orgullo, y entonces le empezaron a explicar sobre el espionaje en su familia.

― Papá nos contó varias cosas. Nuestro abuelo fue un espía americano que estaba trabajando secretamente en Polonia, en Alemania del este y en la URSS. Le dio mucha información al gobierno. ―

Alex dejó de hablar, y Sanae continuó la historia:

― Pero le descubrieron y lo mataron en la invasión de Af…afga…― Se puso muy roja, al ver que no podría pronunciarlo bien: ¡No me acuerdo de la maldita palabra! ¡Bueno, es un país con un nombre muy raro y feo! ―

― Yo tampoco me acuerdo del nombre…― Añadió Alex, mientras estrujaba su cerebro para poder reproducir bien el nombre.

Jovaka, a lo primero no sabía qué estaban intentando decir, pero entonces se dio cuenta de que país intentaba mencionar y lo dijo:

― ¡¿Afganistán, así se llama!? ―

― ¡Sí, así se llama! ― Gritaron al unísono, al ver que Jovaka dijo el país correcto. A continuación, decidieron dar una aclaración:

― Pero no fue cuando le invadieron los Estados unidos, sino anterior, cuando los soviéticos los atacó, o eso recordamos. ―

Ellas se referían a la Invasión soviética de Afganistán, o también llamada Guerra ruso-afgana, que duró supuestamente desde 1978 hasta 1992. Jovaka se quedó pensando seriamente si aquel país había sufrido otra invención que no fuera la de los Estados Unidos  y la OTAN, que empezó en el año 2001. Al final, solo duró unos minutos, se cansó enseguida, ya que le daba igual saber la existencia de un conflicto anterior a otro.

― Eso recordamos nosotras, porque la historia a nosotras nunca se nos ha dado bien. ― Mientras tanto, añadieron esas palabras, al ver como Jovaka ponía cara de que ellas se estaban equivocando. Rieron nerviosamente, antes de continuar:

― De todos modos, después de caer la Unión soviética, papá, que siguió los pasos del abuelo, se hizo parte de la CIA y estuvo investigando las mafias de Europa del Este y de Rusia. Él estuvo enfrentando a muchos hombres malos y ha vivido miles de aventuras. Los engañaba y se burlaba de todos esos idiotas con gran facilidad, hacía que se mataban entre ellos o acabarán en la cárcel. ―

Jovaka ya no sabía si estaban hablando de un superhéroe o de su padre, ya que empezó a creer que lo estaban exagerando. Después de todo, la imagen que tenía ella y los demás de él era de un hombre loco y aterrador, algo que observaron cuando vino en busca de sus hijas, después de que ellas huyeron de casa, porque les iba a obligar a entrar por la fuerza en una secta siniestra. De todas maneras, dejó que siguieran hablando:

― Al final, se casó con nuestra mamá, que también era una espía, ¡sí, como en una película! ¡¿A qué es romántico!? ―

Añadió Sanae, mientras en su mente empezaba a fantasear hermosas escenas de amor entre sus padres en medio de un mundo propio del cine negro. Al ver que su hermana estaba soñando con los ojos abiertos, como si fuera Josefina; y que Jovaka pusiera en su rostro una mueca de extrañeza, continuó la historia:

― Bueno, nos dijo que también era espía, pero no nos contó nada más, salvo que también era muy buena en su trabajo. ― Dio una pequeña pausa.

― Por desgracia, la pillaron y la mataron al poco tiempo. ― Añadió con tristeza. ― Después de eso, papá se jubiló de aquel trabajo y decidió vivir una vida normal. ―

Y así es como las gemelas terminaron de contar la relación de su familia con el espionaje. Jovaka tardó bastante en reaccionar, porque no sabía que decirles. Le costaba muchísimo creerse que lo que les contó el padre a las gemelas fuera cierto, porque le parecían simples fantasías de un loco, o más bien, sentía que todo lo que él les decía estaba demasiado adulterado. No tenía pruebas de que mintiera realmente, pero tenía un presentimiento, o tal vez estaba comparándolo con su propia madre, cuando les contó, a Mao y a ella, con medias verdades y mentiras su historia, después de que ésta le pidiera ayuda al chino para salvar la vida y la de su hija. En definitiva, para no provocar una discusión innecesaria, decidió callarse por el momento.

― Se nota que te hemos dejado sin habla, ¿eh? ― Dijeron orgullosamente las gemelas, cuando vieron que Jovaka decidió callarse.

― Es algo que esperábamos, la verdad. ― Y luego añadieron, con unos aires de superioridad que molestaron muchísimo a Jovaka, quién protestó:

― No os pongáis tan arrogantes…―

― ¿Lo estábamos haciendo? ― Preguntaron al unísono. Ni siquiera se dieron cuenta de que lo estaban haciendo, pero Jovaka puso una leve cara de molestia, creyendo que se estaban volviendo a burlar de ella, y éstas dijeron esto:

― No seas tan desagradable, mujer…― Jovaka no se espero para nada aquel comentario y les replicó:

― No estaba siéndolo. ―

― ¡Sí, lo estabas siendo! ¡Reconócelo!― Añadieron al unísono.

― ¡¿Y qué, si fuera así!?―

Tras esa replica de Jovaka, Alex y Sanae se quedaron calladas por unos segundos, muy pensativas. Luego, empezaron a decirle estas cosas:

― ¡Bueno, siempre eres así! ¡Pareces que siempre estás de mal humor y que odias al mundo, que solo eres pura amargura! ―

Jovaka se preguntaba si eso era cierto, porque ella no se sentía así; mientras las gemelas seguían explicándole como de amargada era:

― ¡Siempre tienes una cara que hace llorar a los niños pequeños y que hace que los demás se alejen de ti por mal rollo! ¡Serías perfecta para ser una mala de Disney…! ―

― Creo que lo estáis exagerando un poco…― Les interrumpió Jovaka levemente, al ver que se estaban pasando de la raya.

― Solamente decimos que ser así es muy malo futuro para ti. ― Eso le dijo Alex, y Sanae añadió: ― Pero muy malo…―

Actuaban como si estuvieran muy preocupadas por algo así, y Jovaka, que no sabía si estaban hablando en serio o no, empezó a pensar en eso.

Más bien era sobre el futuro, porque se dio cuenta de que jamás pensó en que iba a hacer o cómo iba a vivir dentro de unos años. Nunca le dio mucha importancia, y tampoco quería hacerlo ahora, estaba muy satisfecha con su presente.

― ¡¿En serio…!? ― Dijo muy pensativa y en voz baja estas palabras, sin que realmente deseaba hacerlo.

― Te quedarás muy sola…― Las gemelas le estaban respondiendo esa pregunta con estas palabras. ― Y serás conocida como la gruñona del barrio, al que los niños llaman “bruja”. ―

― ¡De verdad, qué horrible futuro te espera! ― Y añadieron esto, como si estuvieran teniendo lástima y tristeza por ella.

― ¡¿Hay algo que hacer para evitar eso…!? ― Entonces, Jovaka, que empezó a preocuparse de verdad, preguntó esto y las gemelas sonriendo de golpe, haciendo que le diera muy mala espina.

― ¡Esperábamos esa pregunta! ― Añadió Alex, y luego Sanae terminó la frase: ― ¡No hemos sacado el tema solo porque sí…! ―

Ahí es donde Jovaka comprendió las verdaderas intenciones de las gemelas, y se levantó de golpe. No tenía ganas de jugar con ellas y soltó esto:

― ¡Ya sé lo que intentáis hacer conmigo! ¡Estáis usando eso como pretexto para hacerme participar en un juego extraño de los vuestros! ―

Intentó correr hacia a los cuartos y encerrarse ahí, pero, con una velocidad asombrosa, Alex cubrió la escalera que llevaba al segundo piso.

― ¡No creerás que podrás escapar de nosotras tan fácilmente! ― Decía ella, riendo siniestramente.

Entonces, Jovaka giró hacia atrás para dirigirse hacia al pasillo que llevaba a la cocina y a la tienda, pero Sanae lo estaba taponando, añadiendo esto:

― ¡Vamos, mujer! ¡No será tan malo! ―

Al ver que no podría escapar de ellas tan fácilmente, les gritó esto, con el propósito de entender que querían hacerle:

― ¡¿En qué juego absurdo me queréis meter!? ―

― No es solo un juego, también es una inversión en tu futuro. ― Le respondió Alex.

― Solo vamos a hacer que seas un poco más simpática y menos gruñona. Ya no los agradecerás cuando seas más grande. ― Y añadió Sanae.

Al oír eso, menos ganas tenía de participar en lo que querían hacer las gemelas, que estaban tan aburridas, que no tuvieron mejor idea que hacerle entrenar para ser más simpática y menos amargada. Tampoco, estaba tan mal para participar en algo así. Pero, al ver que no podría escapar y que éstas podrían volverse tan pesadas como Josefina, decidió desistir.

― ¡Maldición…! ― Dio un fuerte suspiro de fastidio. ― No tengo ganas de jugar ahora mismo, solo espero que sea rápido…―

― ¡Menos mal que has sido inteligente! ― Gritó victoriosamente Alex, mientras se acercaba a su hermana para chocarse mutuamente las manos.

― ¡De verdad, no te arrepentirás de esto! ― Y añadió su hermana, antes de que las dos se pusieron a cuchichear lejos de Jovaka, dándose ideas para cómo poder entrenarla.

Al ver eso, menos ganas le daban de hacer un juego o entrenamiento para volverse ser simpática, mientras se volvía a preguntar si de verdad es tan gruñona como ellas decían.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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