centésima doceava historia

Ser simpática en una mañana: Última parte, centésima doceava historia.

― ¡¿Y bueno, qué vais a hacer ahora!? ― Les preguntaba Jovaka, mientras veía cómo las gemelas subían hacia las habitaciones. Ella no sabía lo que tenía en mente esas dos y sentía que lo mejor era mejor no saberlo. Después de varios segundos de espera, volvieron con una cámara digital en las manos.

― ¡Sonríe a la cámara! ― Le gritaron a Jovaka, quién giró la cabeza al ver que volvieron, y le sacaron una foto. El flash hizo que ella pusiera una cara que daba muchísimo pavor.

― ¡¿Qué estáis haciendo!? ― Les preguntó a gritos Jovaka, mientras sus ojos se recuperaban del flash.

― ¡Solo vamos a empezar nuestro entrenamiento especial para ser más simpática! ― Le respondió Alex, mientras miraba cómo quedaba la foto.

La desechó al momento, porque había quedado feísimo.

― ¡Primera prueba, sonreír a la cámara! ― Por su parte, Sanae añadió esto.

Jovaka gruñó de fastidio con una mueca de desagrado, al ver que querían hacerle fotos. Odiaba hacérselos y siempre los evitaba a toda costa. Y esta vez no era una excepción, menos cuando las gemelas le pedían que pusiera su mejor sonrisa.

― ¡No quiero fotos, no quiero! ― Les replicó Jovaka, al ver que Alex iba a hacerle otra fotografía. Se tapó la cara y se alejó de ellas.

― ¡Vamos, mujer, solo son fotos! ―

Y Alex se acercó a Jovaka e intentaba conseguir un primer plano de la cara de ésta, quién escondía la cabeza o la giraba de un lado para otro para que su rostro no fuera fotografiada.

― ¡Solo tienes que sonreír y ya! ― Añadió Sanae, mientras le mostraba una gran sonrisa como ejemplo. Al ver que su hermana la iba a fotografiar, se dejó y además hizo el gesto de la paz.

― ¡Es que no me gusta que me hagan fotos! ― Les replicó Jovaka y las gemelas decidieron imitar a Josefina. Empezaron a desistir que se dejará, que nada malo iba a pasar; sin parar y cómo la paciencia de la serbia era tan limitada en aquellos momentos, se rindió fácilmente, diciéndoles:

― ¡Vale, vale! ¡Pero solo una vez! ―

Protestaron, diciéndoles que era necesario más intentos  y Jovaka tuvo que aceptarlo. A continuación, empezó su “primera sesión de fotos”, con Alex mandándole órdenes:

― ¡Vamos, muévete al centro! ― Jovaka se puso en el centro del salón.

― ¡Ahora, agáchate y dóblate de rodillas al máximo! ¡Luego, también junta sus brazos y cierra los dos puños! ¡Al final, saca la lengua como si estuviera muriendo de sed! ―

Jovaka, a pesar de que le parecían extrañas esas órdenes, le hizo caso y al ponerse así, las gemelas rompieron a reír, después de aguantarse durante unos segundos. Ahí se dio cuenta de que se estaban burlando de ella y le hacían parece como si fuera un perro. Se puso tan roja como el tómate:

― ¡No os burléis de mí de esa forma! ¡¿Para esto queríais hacerme foto o qué!? ― Les gritó esto, muy enfadada y humillada. Las gemelas, mientras se obligaban a dejar de reír, añadieron:

― ¡Lo siento mucho, Jovaka! ― Dijo Alex, que no pudo detener sus risas, y terminó la frase su hermana: ― ¡Pero no nos pudimos resistir! ―

Y tardaron unos pocos segundos más en dejar de reír. Al ver la cara furiosa de Jovaka, le dijeron esto:

― ¡No te preocupes! ― Juntaron sus manos en señal de perdón. ― ¡No vamos a hacerlo más! ― Jovaka decidió perdonarlas para terminar rápido eso de la fotografía.

A continuación, las gemelas solo le dijeron que pusiera una postura, la que más le pareciera cómoda, y que sonriera. Jovaka, que estaba muy nerviosa y temblaba como un flan, se puso totalmente recta, juntó piernas y manos y miraba hacia la cámara, intentando poner una sonrisa. Parecía que intentaba ser una estatua, apenas movía ni un músculo. Alex la estuvo mirando por un buen rato con la maquina hasta que la serbia se hartó:

― ¡¿Qué esperan!? ¡Hacerme la foto de una vez! ― Le replicó Jovaka, que no podría aguantar más mantener esa postura estática.

― Pero la postura que tienes es muy antinatural. Tienes que actuar como si no te estuviéramos fotografiando, o por lo menos, que deseas realmente hacerte una. ―

Añadió Alex muy insatisfecha de tener a una modelo tan mala y Sanae dijo algo:

― Parece como si fuera tu primera vez sacando una foto. O como cuando el que te gusta pasa cerca de ti e intentas actuar normal pero no te sale. ―

― ¡Desde el primer momento no quería ser fotografiada! Y además hace años que no me hago uno…― Protestó Jovaka, al ver que empezaron a criticarla. Solo quería que terminaran de una vez.

Pero se alargó muchísimo para ella, por desgracia. Las gemelas no dejaban de darle órdenes, diciéndole que se pusiera una postura u otras, llegando al punto de poner algunas que parecían muy sugestivas, mientras les animaba a sonreír lo máximo posible. Muerta de vergüenza, les pedía que hicieran la foto de una vez o terminaran con su sufrimiento.

― ¡Así no, debes ponerte un poco más! ¡Vamos, sonríe más, todo lo que puedas! ― No dejaba de escuchar estos órdenes una y otra vez.

Pero, al final, terminaron tras unos veinte minutos que para la pobre de Jovaka fueron una eternidad. Tras escuchar a las gemelas decir que ya terminaban, porque se aburrieron de ser fotógrafas, tuvo una grandísima alegría, soltando una sonrisa muy natural y bonita que fue ignorada, ya que éstas empezaron a ver los resultados de sus trabajos.

― No ha salido como esperaban, pero están decentes…― Le decía Alex a su hermana, mientras observaban las fotografías. Jovaka, al verlas, decidió saber cómo eran.

― Parece como si fuera una…― Sanae no pudo terminar la frase, ya que la serbia la interrumpió de golpe con un chillido que expresaba su vergüenza y humillación, al ver que le hicieron fotos sugerentes,

― ¡Denme eso! ― Les quitó las cámaras de las manos ― ¡¿Pero qué es esto!? ― Las gemelas les pedían que se lo devolviesen.

― ¡¿Por qué me hicisteis hacer estas cosas!? ― Y Jovaka les gritaba esto.

― Pues solo estábamos haciendo buenas fotos de ti…― Le dijeron orgullosamente. ― ¡Esa siempre fue nuestra intención! ― Luego, se dieron cuenta de que los estaban borrando. ― ¡No las borres, nos costó mucho hacerlo! ―

Al final, ninguna fotografía sobrevivió.

― ¡Con lo que nos ha costado hacer esas fotos! ― Dijeron con mucha pena las gemelas, mientras observaban que los había borrado todos. Jovaka les replicó que no hubieran hecho eso, antes de añadir:

― En fin, ¿ya debéis estar contenta, no? ¿Hemos terminado este juego?―

― ¡¿Pero, qué dices!? ― Le replicó Alex y su hermana Sanae terminó la frase: ― ¡Ya viene la segunda ronda! ―

Al oír eso, Jovaka mostró en su rostro un gesto de fastidio y molestia, al ver que iban a seguir con esto de “enseñarle a ser más simpática”. Lo único que hicieron fue hacerle fotos con posturas sugerentes y estaba temiendo por lo próximo que iban a hacer. Por eso, tragó saliva y les preguntó con miedo:

― ¡¿Qué tenéis en mente!? ― Y al oír esa pregunta, las gemelas se quedaron en silencio, algo pensativas, durante varios segundos:

― Aún nada. ― Luego, le contestaron esto: ― ¡Estamos improvisando, ya se nos ha ocurrirá algo! ―

Jovaka se quedó mirándolas muy mal. Ni siquiera tienen idea de cuál sería la segunda ronda y querían seguir jugando a ese estúpido juego, ¿por qué no se rendían y le dejan en paz? Por desgracia para ella, mientras pensaba molesta en estas cosas, a las gemelas se les ocurrió una idea.

― ¡Ya lo tengo! ― Gritó Sanae, como si una bombilla se le encendiese en la cabeza. A continuación, su hermana Alex le preguntó: ― ¿Es lo mismo que estoy pensando yo? ―

Y ella se lo dijo en voz baja, en el oído. Alex gritó que era una buena idea, mientras Jovaka se preguntaba con horror qué otra cosa alocada se les había ocurrido a las gemelas.

― Bueno, ahora que has estado aprendiendo a sonreír con la cámara, ahora lo harás con una conversación. ― A continuación, Alex le dijo esto.

― ¿Qué quieres decir exactamente? ― Jovaka no entendía muy bien lo que dijo Alex y su hermana Sanae tuvo que explicárselo mejor:

― Debes de actuar contenta y sonriendo mientras estamos practicando con contigo, ¡de eso se trata! ―

― ¿¡Y eso es…!? ― Jovaka, algo decepcionada, creía que iba a ser algo peor. ― ¡¿Todo!? ―

― Ah, pues sí…― Añadió Sanae, algo dudosa; mientras Alex gritaba esto muy convencida: ― ¡¿A qué es una buena idea!? ―

Jovaka se quedó callada, incapaz de decirle que era una idea muy estúpida. A pesar de eso, pensaba que era mejor que cualquier otra idea que se les ocurriese, aunque se preguntaba si sería capaz de actuar como si estuviera feliz. Mientras ella estaba en silencio, las gemelas se miraron la una a la otra y, como si tuvieran telepatía, decidieron dar comienzo esta ronda:

― ¡Buenos días, idiota! ― Le soltó esto de repente Alex de forma alegre y animada.

― ¡¿Espera, por qué me llamas idiota!? ― El hecho de que le insultará enfadó a Jovaka, que le gritó esto. Alex se quedó callada, mientras su hermana hablaba en su lugar:

― ¡Sonríe, no pongas cara de enfado! ― Le replicaba esto, como si fuera una entrenadora dura. ― ¡A pesar de todas los insultos que te hagamos, debes sonreír! ¡De eso se trata la segunda ronda del entrenamiento! ―

― ¡¿En serio!? ― Puso una cara de molestia, al ver que se estaban aprovechando de este entrenamiento para burlarse de ella.

― ¡Vamos, hazlo nerd! ― Y Alex, con una gran sonrisa supuestamente angelical, le dijo esto. Aunque aquel insulto no le molestó tanto, ni siquiera lo consideraba como tal.

― ¡Qué fastidio! ― Dio un gran suspiro, al ver que tenía que hacerlo sí o sí.

Entonces, forzó su boca al máximo para mostrar una sonrisa e intentó decir unas palabras, que les costaba pronunciar: ― ¡B-buenos d-días! ―

Y el salón se quedó unos segundos en silencio, con las gemelas mirándola fijamente, mientras ésta mantenía su sonrisa forzaba con todas su fuerzas.

Y al final, esas dos empezaron a reír descontroladamente, porque su sonrisa era tan forzada que daba muchísima risa. Jovaka les replicó muy molesta:

― ¡No se rían, me estaba esforzando! ―

― Pero es que…― Apenas podrían hablar, por culpa de las risas. ―Pero es que…―

― Bueno, ¿¡podremos continuar!? Quiero terminar esto de una vez. ― Les replicó Jovaka, que, muerta de vergüenza, controlaba sus ganas de mandar esta estupidez al carajo.

Y las gemelas pudieron mantener la compostura y seguir con su cometido, diciéndole insultos a Jovaka, mientras ésta intentaba esbozar una sonrisa, que parecía menos forzada que antes; y les intentaba replicar amablemente; pero esas dos no paraba de recordar lo de antes y se ponían a reír:

― ¡Otra vez…! ― Dijo Jovaka, tras lanzar un suspiro de molestia. Era la quinta o sexta vez que empezaron a ponerse a reír de repente y con estas interrupciones parecía que esto no iba a terminarse nunca.

― ¡Lo sentimos, pero es que…! ― Sus risas las interrumpieron. ― ¡Era tan gracioso! ―

― ¡Bueno, entonces…! ― Entonces, Jovaka, que ya estaba enfadada, se levantó de golpe y les iba a decir que ya terminaba de jugar con ellas.

― ¡Espera un momento! ― Entonces, las gemelas la interrumpieron con este grito. Luego, Alex soltó esto:

― ¡Ya que estás harta de la segunda ronda, podemos empezar con la tercera! ―

― ¡¿Teníamos una tercera!? ― Le preguntó Sanae, que no se lo esperaba; y le respondió así:

― Ahora sí. ―

A Jovaka le entraron más ganas de mandarlas al carajo, quería terminar de una vez. Así que empezó a andar hacia al cuarto de Mao para hacerse la dormida. Las gemelas la agarraron rápidamente para evitar que se fuera:

― Solo es una cosa pequeñita, y nada más. ― Empezaron a convencerla desesperadamente. ― ¡No tienes que hacer gran cosa! ―

Y al final, tras mucho insistir, Jovaka fue convencida otra vez, mientras se maldecía una y otra vez, preguntándose por qué era tan fácil de convencer.

― ¡¿Y ahora que quieren hacer!? ― Les preguntó Jovaka, mientras volvía ponerse en medio del salón.

Y las dos gemelas le gritaron al unísono: ― ¡Bailar! ―

Jovaka se quedó sin palabras, incapaz de creer lo que le habían exigido, ni siquiera tenía ninguna relación con ese estúpido entrenamiento para ser más simpática. Así, que tras segundos de silencio, intentó dirigirse a la habitación de Mao, pero las gemelas se interpusieron:

― ¡Vamos, mujer! ¡Es solo un pequeño favor! ¡De verdad! ― Le dijo Alex.

― Sí, haz esto y te dejaremos en paz, ¡palabra de honor! ― Añadió Sanae.

― Yo…― Jovaka pensó un poco, antes de continuar. ― Nunca he bailado y seguro que os vais a reír de mí, además, ¿qué tiene bailar en todo esto? Por eso, me rehusó. ―

Las gemelas, entonces, pusieron cara de cachorritos y juntaron sus manos fuertemente. No paraban de pedirle que lo hiciera, que no se fueran a reír y sacaban la excusa de que bailar mostraba alegría, que sería útil para que se volviera más simpática. Y otra vez Jovaka cayó en la trampa.

― Y bueno, ¿qué queréis que baile? ― Les preguntó la serbia, cuando estaba lista para bailar.

― Cualquier cosa. ― Eso le respondió Alex y esto añadió Sanae: ― Lo que te pida el cuerpo. ―

― ¡¿En serio!? ― Decía incrédula. Jamás había bailado en toda su vida, ¿cómo bailar cuando ni siquiera tenía instrucciones para hacerlo?

De todas maneras, tenía que hacerlo, así que empezó a mover el cuerpo. Primero, movía torpemente los brazos y las caderas de un lado para otro, con una cara avergonzada.

― ¡Ahora, una sonrisa! ―

Gritaron al unísono las gemelas, mientras le animaban, dando palmadas, mientras luchaban por no ponerse a reír, porque les estaba pareciendo muy gracioso. Jovaka puso una sonrisa, tan forzada como la de antes, y empezó a moverse más rápido. Daba un paso y retrocedía de forma penosa, movía la cabeza hacia atrás y hacia delante, como si intentaba romper el aire; los brazos los meneaba como si estuvieran llenos de insectos e intentaba desesperadamente quitárselos. Cada segundo que pasaba a Alex y a Sanae les era muy difícil poder contener las risas.

― ¡¿Ya están contentas!? ¡Puedo terminar ya! ― Les soltó esto Jovaka, harta ya de hacer el payaso.

― Aún no, ¡aguanta un poco más! ― Y las gemelas decidieron alargarlo algo más, haciendo que Jovaka las maldijera de nuevo, mientras seguía bailando de forma torpe y patética.

Y sin que ninguna de las tres que estaban en el salón se diera cuenta, Mao, Alsancia y la pequeña Diana entraron en la casa, habían atravesado la tienda y ya estaban en el pasillo. Desde ahí, se oía claramente las voces de las gemelas animando a Jovaka.

― ¡¿Qué espectáculo están haciendo esta gente!? ― Se preguntaba Mao, al oír el jaleo que estaban haciendo.

Alsancia no dijo ni una palabra, aunque también le daba mucha curiosidad qué estaban haciendo; y Diana, que no estaba satisfecha tras jugar sin parar en el parque, al ver que parecía que se estaban divirtiendo ahí dentro; no tuvo tiempo que perder y abrió la puerta corrediza para unirse a ellas.

Entonces, vieron a Jovaka bailando y se quedaron sin palabras. Ellos no se sorprendieron por el hecho de que estaba haciendo un baile muy ridículo y patético, sino por el hecho de que ella estaba haciendo un baile. La serbia tardó unos segundos en parar y darse cuenta de que había sido pillada. Se quedó paralizada, mientras se le ponía toda la cara como un tomate. Las gemelas fueron las únicas que reaccionaron:

― ¡Por fin, han vuelto! ― Protestaron al unísono. ― ¡¿Por qué se fueron sin nosotras!? ―

Mao dudó si explicarles que no quería despertarlas o preguntarles qué les estaban haciendo a Jovaka. Diana reaccionó, diciendo que quería bailar.

Entonces, Jovaka gritó con todas sus fuerzas, su orgullo había sido herido: ― ¡Qué vergüenza! ¡Tierra trágame! ― Y salió hacia al cuarto de Mao para esconderse y no ver jamás la luz del sol.

Por culpa de esto, a Mao le llevó medio día sacarla del cuarto, al ver que ésta exageraba por haber sido vista bailando, mientras maldecía a las gemelas, que intentaban pedirle perdón sin parar.

FIN

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