Centésima treceava historia

Una noche psicológica: Primera parte, centésima treceava historia.

En el primer viernes de Marzo, Martha Malan apareció por la casa de Mao, con una mochila a cuestas. Tras entrar en la tienda y saludar educadamente a Leonardo y Clementina, que estaban manteniendo una conversación muy trivial; se dirigió hacia al salón, en dónde estaba el resto.

― ¡Buenas tardes! ― Saludó alegremente al resto, pero se dio cuenta de que faltaba alguien. Después de que las tres chicas que estaban en el salón le devolvieran el saludo, que eran Alsancia, quién estaba muy escondida en el kotatsu, calentando su pequeño cuerpo como si fuera un lagarto; Jovaka y Diana, que estaban cooperando en equipo en un videojuego; ella miró por todo el lugar buscando su presencia y después les preguntó: ― ¡¿No está Mao con vosotras!? ―

― Está ahí arriba, en el cuarto de baño. Se está duchando,…. ― Jovaka le respondió, sin quitar los ojos de la pantalla. ―…aunque no es normal que tardé mucho. ― Mao siempre era muy rápido para bañarse, pero aquel día llevaba casi una hora entera dentro.

― ¡Qué talde, Qué talde! ¡Melor para mí! ― Añadió Diana, que no tenía ni ganas de echarse una ducha, como su madre quería; jugar al videojuego era lo primordial.

― ¡Ya veo! ― Malan tuvo, entonces, una especie de mal presentimiento. ― ¡De todos modos, voy a comprobar si está bien! ― Y subió hacia al cuarto de baño.

― Alsancia hizo eso hace cinco minutos y le dijo que no le pasaba nada. ― Le avisó Jovaka, pero eso no fue suficiente  para detener a Malan, quién golpeó educadamente la puerta.

― ¡Buenos días, Ojou-sama! Perdón por molestarla, mientras te estás duchando, pero quería comprobar si estás bien. ―

Tras pronunciar Malan estas palabras, Mao tardó unos pocos segundos en responder, diciéndole esto nerviosamente:

― ¡¿Tú también!? ¡No te preocupes, estoy bien! ¡Ya iba a salir, solo he estado un poco ocupado, nada más! ―

Y unos varios segundos después, Mao salió del cuarto del baño, el cual parecía una verdadera sauna. Tenía el pelo suelto y se estaba ajustando el kimono que se había puesto, como si lo hubiera puesto hace un segundo.

Malan se fijó en que sus ojos estaban colorados, como si estuviera llorando durante un buen rato; y se dio cuenta de que Mao les mintió, no estaba bien. Es más, su rostro, por unos segundos, denotaban una especie de tristeza que empezó a disimular, diciendo estas palabras:

― ¡Solo me tardó una hora y no vea cómo os ponéis! ― Rió, aunque a Malan le parecía muy forzado. Luego, Mao se dirigió hacia a los demás, antes de bajar al salón: ― ¡El servicio ya está libre, por si alguien quiere usarlo! ―

Malan no se atrevió a preguntarle ni obligarle a que le dijera la verdad, solo actuó como siempre, mientras recordaba amargamente los acontecimientos que ocurrieron en fin de año, cuando se enfrentó con Nadezha, volviendo a revivir viejas y horribles heridas en él. ¿Había llorado en relación con eso? Aparentemente, no hay nada que indique que fuera esa la razón, pero, por culpa de ese incidente, parecía que Mao estaba deprimido, aunque siempre intentaba disimularlo. Y no solo ella estaba preocupada, también Alsancia y Jovaka, que miraron de reojo la escena.

A continuación, Malan bajó al salón, mientras Mao iba a su habitación para ponerse la coleta. Después de arreglarse definitivamente el cabello, volvió a dónde estaban ellas y se sentó en el suelo, antes de preguntarle a Martha:

― ¡¿Y esa mochila qué es!? ¡¿Quieres quedarte a dormir está noche o qué!? ― Preguntó Mao, mientras observaba lo que trajo Malan, que se encontraba en el suelo.

― ¡¿No lo sabías!? Llamé anticipadamente y Clementina me contestó y me dijo que sí. ― Malan se quedó algo sorprendida.

― ¡¿En serio!? ― Pero Mao estaba más sorprendido que ella, con la boca totalmente abierta. Nadie le dijo nada.

Y entonces, un recuerdo vino a la cabeza de Jovaka que la puso blanca al momento, se le olvidó completamente. Fue hace unas pocas horas, mientras ella y Diana se peleaban por quién jugaba primera al juego. Clementina miró en el salón si estaba Mao, quién se había ido a comprar algo urgente junto con Alsancia; y al ver que no estaba, les dijo, después de detenerlas, a aquellas dos que se lo dijeran al gerente cuando volviera a casa.

Éstas, más ocupadas en quién iba a jugar primero, le respondían que sí indiferentemente, mientras empezaban a dialogar la una con la otra para conseguir un acuerdo mutuo. A los pocos segundos, se olvidaron de lo que les dijo Clementina.

Diana no dijo nada, ni siquiera se acordó; solo seguía en lo suyo, pero Jovaka dio pausa y le dijo a Mao esto:

― Ah, ¡Ya recuerdo, Clementina nos dijo que cuando te viéramos, te lo dijera! ― Rió nerviosamente, mientras juntaban las manos en señal de que lo sentía. ― ¡Perdón, perdón, se me olvido! ―

Y Diana, que protestó un poco al ver que había pausado el juego, también lo recordó cuando oyó las palabras de Jovaka y gritó de sorpresa, antes de ponerse a pedir perdón a Mao. Éste les contestó:

― Vale, vale, no es para tanto. ― Después de todo, Clementina le dijo que sí a Malan, sin su permiso. Aunque, de todas maneras, no le importaba que se fuera a dormir, ya que lo hace diariamente. ― Pero la otra vez no os olvidéis de decírmelo…―

Luego, se dirigió hacia a Malan y le preguntó: ― ¡¿Y cuál es tu razón para querer dormir aquí!? Bueno, si tienes alguna….―

― La verdad,…― Se lo pensó un poco, antes de decirle la razón. ― Mis padres quieren tener una noche de pasión y les sería incomodo hacerlo si estoy en la misma casa, así que decidí dejarles solos y que aprovechen. ―

Le respondió Malan con toda la sinceridad del mundo, con una expresión realmente tranquila y relajada, apenas le daba vergüenza decirlo. Todo el mundo se quedó de piedra, no se esperaban tal razón y se pusieron muy rojos, al imaginar lo que iban a hacer los padres de Martha, mientras ella ponía una sonrisa despreocupada.

― ¡¿Una noche de pasión!? ¡¿Qué es eso!? ― Aunque Diana no entendió nada de lo que quería decir Malan y le pidió explicaciones, y ella se lo iba a dar, pero Mao lo detuvo.

― No es nada, Diana. No es nada. ― Interrumpió, antes de decirle esto a Martha:

― ¡Demasiado información, Malan! ¡Hubieras dicho que querían estar solos o algo! ¡Ahora no me lo puedo quitar de la cabeza! ―

― Pero si lo he adornado lo suficiente para que no pareciera indecente…―

Nadie comentó nada, todo se quedó en silencio durante unos segundos, que se rompió cuando la pequeña Diana empezaba a pedirles sin parar, llena de curiosidad, que le explicarán cuál era la razón de que Malan se fuera de casa, mientras todos esquivaban la pregunta e intentaban que ella pensará en otra cosa. A continuación, en las próximas horas, no pasó nada especial que mencionar. Mao estaba acostado en el suelo, vagueando como siempre y viendo la televisión, después de obligarle a aquellas dos a que dejarán de jugar con la consola durante un buen rato; Martha y Alsancia hablaban sobre varios temas tranquilamente, utilizando el lenguaje de los signos; Clementina estaba haciendo algunas tareas en la casa y Leonardo seguía en la tienda atendiendo a los pocos clientes que pasaba por ahí, o distraerse con su móvil o hablando con alguien de la casa. En fin, nada importante, hasta llegar la noche, después de que todo el mundo se acostará y el hogar estuviera en total silencio, o eso parecía.

En mitad de la noche, Martha Malan se despertó, abriendo los ojos poquito a poco. No había tenido una pesadilla, tampoco hubo algo que hiciera que se despertara, así que no había ninguna razón especial para despertarse. Por eso, le parecía tan curioso que se hubiera despertado a tan solo una hora o dos después de acostarse, como si solo se hubiera tomado una siesta.

Entonces, se dio cuenta de varias cosas. Primero, solo ella y Alsancia, que dormía como un tronco, estaban acostadas en sus respectivos futones, en los que deberían estar durmiendo Mao y Jovaka estaban vacios. Segundo, hay una leve luz que procedía del salón y atravesaba la puerta corrediza que estaba media cerrada.

Curiosa por el origen de esa luz, se levantó del futón y observó hacia afuera de la habitación y vio como Jovaka estaba jugando al mismo videojuego de esta tarde, apretando como loca los botones del mando de la consola, con enormes auriculares que tapaban sus orejas. Malan, al ver que no era nada interesante, se quedó preguntando si acercarse a ella o volverse a dormir durante unos segundos. Al final, deseosa de saber dónde estaba Mao, decidió bajar al salón y preguntárselo a la serbia.

― ¡Buenas noches, Jovaka! ― Eso le decía flojito, mientras se acercaba a ella sigilosamente, a pesar de que sabía que había muchísima posibilidades de que no le iba a escuchar. ― ¡¿No crees que es demasiado tarde para estar ocupada con un elemento destinado al entretenimiento? ―

Al comprobar que los auriculares parecían bastantes buenas, ya que Jovaka ignoró totalmente esas palabras; Malan empezó a pensar en cómo atraer su atención sin que ésta diera un gran grito de sorpresa y despertar a todo el mundo. Estuvo totalmente pensativa durante varios segundos, hasta que se dio cuenta de que ella iba a gritar de fastidio, al ver que había perdido otra vez y tiró el mando al suelo. Con la rapidez de un rayo, tapó la boca de la serbia.

― ¡No te pongas así, que es solo un videojuego! ― Murmulló Malan.

A Jovaka casi le iba a dar algo cuando notó como alguien le tapaba la boca, pero cuando vio que era Malan y que le había salvado, se alivió mucho.

― ¡Oye, Malan! ¡No era necesario eso! ― Le reprochó muy molesta Jovaka, después de que Martha le quitara la mano de la boca.

― Yo creo que ha dado resultados muy favorables…― Añadió con una sonrisa Malan.

Jovaka puso un gesto de molestia, después de oír esas palabras. Volvió a coger el mando e iba a seguir con lo suyo. Entonces, Malan se sentó a su lado y empezó a observar cómo jugaba, cuya mirada curiosa solo ponía de los nervios a la pobre serbia.

― ¡¿No te vas a la cama!? ― Le preguntó Jovaka, a continuación; y la africana le respondió con estas palabras:

― Curiosamente, yo tampoco tengo sueño. ―

― ¿¡Tú también!? ― Se sorprendió un poco. ― ¡Ya somos tres!―

― ¡¿Tres!? ¡¿Te refieres a Mao!? ― Se lo dijo, a pesar de que dudaba si decir aquello era necesario porque era muy obvio.

― Sí, a ella también. ― Afirmó Jovaka, moviéndole la cabeza para arriba para abajo para dejárselo muy claro. Y Malan le mandó otra preguntar:

― ¿Y dónde está ella? ¡No parece que está en la casa! ―

Jovaka tardó un poco en contestar aquella respuesta, ya que intentaba salir viva de un escenario del videojuego. Luego, le puso pausa y le respondió:

― Eso es porque salió a dar un paseo. ―

― Es muy tarde para salir a pasear…― Le decía Martha Malan, muy sorprendida. ― Y Mao es demasiado vago para darse un paseo, menos a estas horas de la noche. ―

― Pues sí, pero eso ha hecho. Yo también estoy bastante sorprendida. ― Tras decir eso, dio una pequeña pausa, que provocó que todo estuviera en silencio por unos pocos segundos, antes de continuar:

― La verdad es que Mao se despertó de golpe, parecía que había tenido una horrible pesadilla, hasta estaba sudando frío. Y de paso, eso también me hizo despertar. ― Como estaba utilizando a Mao como si fuera una almohada, el movimiento brusco que hizo él para levantar medio cuerpo trajo a la serbia del mundo de los sueños. ―Yo le pregunté qué le pasó varias veces y solo me respondía que tuvo un mal sueño, nada más, que no era nada. Y luego me dijo que iba a dar un paseo y salió a la calle. ―

Terminaba sus palabras con un gesto de preocupación, porque sabía que aquel sueño le había perturbado tanto a Mao que decidió dar un paseo a estas horas para calmar su mente. También estaba algo molesta, debido a que no le hacía mucha gracia el hecho de que no quería decirle nada sobre aquella pesadilla. Malan se preguntó cómo era aquel sueño que tuvo, igual de preocupada que la serbia.

― Entonces, ¿vas a estar despierta hasta que vuelva Mao? ― Le preguntó Martha, después de pasar casi un minuto dominado por el silencio; y Jovaka le respondió esto, con algo enfado en su voz:

― Sí, no voy a estar tranquila hasta que vuelva, ¡a pesar de que dijo que me durmiera, que no hacía falta estar despierta, que ella tenía llave! ―

Esa respuesta le hizo bastante gracia a Malan, porque le parecía un niño pequeño que desobedecía a su padre. Luego, se sentó elegantemente en el suelo y añadió esto:

― ¡Entonces, yo también le esperaré! ― Aunque Jovaka ya sabía que esa sería la respuesta de Malan, maldijo un poco la situación, porque apenas hablaba con ella y sentía que iba a estar un poco incómoda.

Entonces, Martha Malan decidió decir algo más que dejó un poco confundida a la serbia:

― ¡Además, estamos solas y será un buen momento para relacionarnos y conocernos un poco mejor! ―

Jovaka se quedó muy cortada al oír esas palabras que le hacían malpensar, ¿qué intentaba decir Martha con aquellas palabras?

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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