Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Última parte, centésima decimosexta historia.

Al volver al centro comercial, el teléfono de Nadezha empezó a sonar, era una llamada de Vladimir, que le quería comunicar algo:

— ¡Ya hemos encontrado a Jackie! — La albina dio un fuerte suspiro de alivio. Vladimir continuó hablando: — Lo hemos encontrado en una tienda de ropa, aunque…—

— ¿¡Aunque qué…!? — A Nadezha le entró algo de intriga. — ¡¿Qué ha pasado!? —

— No es nada malo, solo es que es muy extraño. — Era incapaz de poder explicarle lo que pasaba. — Tendrás que verlo con tus propios ojos. —

A continuación, le dijo dónde estaban y Nadezha y Sheldon se dirigieron con toda la rapidez del mundo hacia aquella tienda de ropa. Ninguno de los dos se podría imaginar lo que se iban a encontrar:

— ¡¿Qué!? ¡¿Eres tú, Jackie!? — Eso gritó Sheldon, cuando observó que su amigo tenía un nuevo look: — ¡Qué miedo das! —

— ¡¿Qué haces vestido de esa manera!? — Le preguntó Nadezha, poniendo un rostro lleno de sorpresa y extrañeza.

— Pues hoy he conocido unas chicas muy majas y estuve de compras con ellas, ¿¡a qué me veo muy guay y rebelde!? —

Eso fue lo que les respondió Jackie mientras posaba con aquella inusual vestimenta, intentando parecer intimidante. Al final, él se lo pasó bastante bien con aquellas chicas que parecían delincuentes juveniles. Incluso llegó al punto que decidió imitar aquella forma tan peculiar de vestir que tenían. Llevaba una falda larga, una chaqueta de cuero y unas gafas del sol, más un bolso con un aspecto gótico, en el cual llevaba la ropa que estaba usando antes. Nadezha y Sheldon movieron la cabeza afirmativamente, incapaces de poder decir algo.

— De todas maneras, es una historia muy larga de contar. No pude ir con vosotros hasta hace ahora mismo. — Añadió Jackie, a continuación. — Y podrían haberme llamado por el móvil, además. —

Todos se quedaron con la boquiabierta, al darse cuenta de que se habían olvidado que él usaba, junto con los demás, el teléfono móvil. Ni por un momento, se les había ocurrido haberle llamado.

— ¡Maldición, me siento tan idiota! — Concluyó Nadezha, muy molesta. — Podríamos habernos ahorrarnos todo esta estúpida búsqueda. —

Tras soltar estas palabras, Nadezha y los chicos decidieron volver a casa e irse del centro comercial, ya no tenían nada más que hacer.

— ¡¿Y ahora qué hacemos!? — Preguntó Sheldon. — Es muy pronto para que vuelva a casa, faltan mucho para que se haga de noche. —

— ¡¿No tienes que hacer deberes, o juegos que jugar o algo así!? Quiero irme a descansar en la mía, no quiero que me molesten ahí. — Ella ya tenía suficiente con lo que había pasado hoy, solo deseaba vaguear en su casa como Dios manda, junto con Vladimir, y nadie más.

— ¡No me amargues la vida con esas cosas! ¡No me amargues! — Le replicó Sheldon, mientras intentaba evitar el recuerdo de que tenía que hacer los deberes.

— Bueno, la verdad que es yo tampoco quiero irme a casa aún…— Añadió Jackie, a continuación. Los dos Howards también le dieron la razón.

— Con la pinta que tienes es normal, le darías un gran susto de muerte a tus papás. — Dijo Sheldon en voz baja, aunque fue escuchado igualmente por su amigo, que le preguntó si había dicho algo. Éste lo negó con muchísima rapidez. Luego, cambió de tema para evitar que Jackie siguiera insistiendo:

— Por cierto, aún tenemos que conseguir novia. —

Al decir esto, Nadezha puso muy mala cara, esperaba que ya se hubieran olvidado de eso.

— Tienes razón. — Añadían dos Howards. — Si Charlie lo ha conseguido, nosotros no seremos menos. —

Nadezha lanzó un fuerte suspiro de molestia, Vladimir y Jackie la imitaron. Al parecer, estos chicos eran demasiado insistentes.

— Por favor, denme un respiro. Olvídense de eso, de una maldita vez. — Esos tres le replicaron que no, que estaban desesperados, que ellos lo iban a hacer muy bien y que aprendieron mucho de la cita. Nadie confiaba en esas palabras, porque sabían que apenas aprendieron algo útil.

— Otro día será. — Los chicos le replicaron, diciéndole que lo tenían que hacer hoy. — Ahora, no. De ninguna manera. No quiero tener que meterme en otro lio por vuestra culpa. —

Empezaron a calentarle la cabeza a Nadezha, pero, al ver que se resistía demasiado, pidieron ayudar a los demás.

— ¡A mí no me metan en esto otra vez! ¡Ya dije que no estoy interesado en esas cosas! — Jackie se los negó. Y Vladimir también:

— Yo pienso igual que mi amor, ¡¿podrían dejar eso para otro día!? —

Al ver que ninguno de esos le apoyaban, decidieron seguir insistiendo ellos tres, pero Nadezha les gritó esto, incluso antes de que dijeran algo:

— Buscaos una almohada y ponerle unos dibujos de chicas. Practiquen con eso. Hay gente muy rara que hace eso, ¡a mi déjenme tranquila!—

Y esto lo hizo callar, incapaces de replicar a eso. Más bien, empezaron a preguntarse si había gente que hacía algo tan ridículo como eso. Querían preguntarle a Nadezha qué si eso era cierto, pero no se atrevieron. Al notar que los pudo callar, volvieron a seguir caminando por las calles con total tranquilidad, hasta que el móvil de la albina empezó a sonar.

— ¿¡Ahora quién será!? — Decía ella, mientras sacaba el móvil y miraba su pantalla, adivinando antes de tiempo quién era: — Es Charlie…—

Después de soltar aquellas palabras, mientras ella contestaba el móvil, se formó un verdadero griterío. Todos los chicos empezaron a preguntarle a  Nadezha cómo estaba Charlie, cómo le fue la cita y si se besaron en la boca o hicieron algo más atrevido.

— ¡Cállense, cállense! — Incapaz de oír la voz del otro lado de la llamada, ella tuvo que silenciarlos a gritos. — ¡Qué no puedo escucharle! —

— ¡Perdón, perdón, tus amigos no dejan de gritar como idiotas…! — Le decía Nadezha a continuación: — En fin, al parecer, te ha ido bien la cita, ¿no? —

Aunque se vio que disfrutaron mucho de esa primera cita, tenía muchísimas dudas, sobre todo cuando ella y los demás solo entorpecieron en vez de ayudarle.

— Sí, ha ido muy bien. — Le respondió Charlie. — Mejor de lo que esperaba, creo. — Nadezha dio un suspiro de alivio, antes de seguir.

— Oh, ya veo. Me alegra, a pesar de que, en vez de ayudar, solo hemos estado empeorando las cosas. — Sentía mucha vergüenza ajena por todo lo que pasó en la cita. — Espero que ella no lo haya notado… — Añadió esto, a pesar de que era bien obvio que cualquiera se daría cuenta del jaleo que habían montado en el cine.

— ¡Ah, no te preocupes! Ella los ignoró totalmente, no iba a dejar que ellos le iban a arruinar la cita…—

— Espera, ¿¡qué!? — Dio un chillido de sorpresa, a pesar de que ya sabía que era imposible que no se diera cuenta. Aún así, le asombró. — ¡¿Se dio cuenta de nuestra presencia!? —

— Bueno, ella ya lo sabía. — Se quedó mucho más aturdida que antes. Le preguntó y él contestó: — Le dije que tú y los chicos me querían ayudar, observando la cita. —

— Entiendo…— Ella rió nerviosamente. — Me alegra de que nos haya ignorado…— No se atrevió a sermonearle a Charlie por no decírselo antes, aunque se alegraba de que fuera sincero con su chica.

— Y una cosa más. — Nadezha le preguntó qué era. — Carleen quiere hablar contigo, a solas, sin nadie más. —

Desconcertada, le preguntó a Charlie por qué Carleen quería hablar con ella, pero él le contestó que no sabía, con toda la indiferencia del mundo. Luego, le dijo en dónde tenía que reunirse, antes de colgar.

— ¡¿Qué ocurre!? — Le preguntó Vladimir, quién notó la preocupación de su novia. — ¡¿Ha pasado algo malo!? —

— No, no es nada. — Le respondió, mientras guardaba el móvil. — Solo que alguien quiere hablar conmigo, nada más. — No se atrevió a decirles que sentía una mala premonición acerca de eso, porque creía que solo era una exageración por su parte. Aún así, no podría quitarse la preocupación de encima, provocando que los chicos insistieran en sus preguntas.

— Solo es que la novia de Charlie quiere verme, nada más. — Y eso les respondió, dejándolos muy aturdidos.

— ¡¿Nos ha descubierto!? — Preguntó Sheldon, muy aterrado. — Bueno, era bien obvio. — Le replicó Jackie, mientras Vladimir le decía a Nadezha: — ¡¿Pero, te ha dicho cuál es la razón!? — Ella intentó decírselo, pero los demás no le dejaban. — Quiere hablar de cómo nos hemos entrometido en su relación, seguro. — Decían los dos Howards. — ¿¡Y cómo conoce a Nadezha!? —

Ella tuvo que hacerlos callar a gritos de nuevo. Tras llegar el silencio, ésta les dijo: — Bueno, ya lo sabremos todo cuando hablé con ella. Así que, por el momento, yo me iré a reunirme con esa chica. Vosotros volvéis a casa y esperad hasta que vuelva, tengo que ir sola. — No tuvieron más remedio que hacerle caso.

Con aquel mal presentimiento, ella se dirigió hacia al lugar del encuentro, situado en un pequeño parque rodeado por un edificio de apartamentos, cuya deprimente y grisáceo aspecto no lo diferenciaba de esas viviendas que se construyeron en la Unión Soviética, durante el gobierno de Nikita Jruschovka. Bajo la sombra de un Tsuga del Pacifico, árbol típico de la costa oeste norteamericana, esperaba impacientemente Carleen de Valera.

— Ya estoy aquí, como prometí. — Le dijo la albina, cuando la vio, mientras se acercaba. — Soy Nadezha, amiga, más o menos, de Charlie, encantada de conocerte. — Le dio la mano para estrecharla, pero ésta lo ignoró, solo le miraba de una forma que le molestaba a la rusa. Decidió ir al grano, diciendo esto: — ¡¿Qué es lo que quieres de mí!? —

— Te lo diré bien clarito, vieja. — Y, entonces, Carleen lo hizo, diciendo esto de forma desagradable y hostil. — ¡Aléjate de mi Charlie! —

Nadezha se quedó de piedra al oír aquellas palabras. No se podría creer lo que había escuchado, tuvo que esperar a asimilarlo un poco para poder soltarle una respuesta decente:

— ¡¿Alejarme!? — Le dijo con muchísima seriedad, intentando mantener su furia. — ¿¡Tienes celos de mí!? No te preocupes, tengo un novio y le soy fiel a él, y nada más. —

Le enfurecía que aquella chica pensará que le iba a robar a su novio, no era ese tipo de personas. Además, ella le ayudó, aunque fuera dándole consejos e incluso intentó evitar que saliera mal su primera cita con esta chica que le estaba diciendo que se alejará de Charlie.

— Y no solo tú…— Continuó hablando Carleen. — También quiero que todos esos idiotas se alejen de él. —

— ¡¿Qué tipo de estupideces estás diciendo!? — Eso le dejó mucho más perpleja aún. Entendería un poco que le pidiera que se alejara de su novio, ya que era una chica; pero pedir que también lo hiciera con sus amigos ya era una barbaridad. Carleen no contestó aquella pregunta, sino que siguió hablando a su rollo:

— En realidad, debería darte las gracias. Fue gracias a que él no dejará de visitarte y de hablar sobre ti. No paraba de decir lo divertido que era estar contigo y de lo increíble que eras. Incluso, llegó a decir que te venía como una hermana mayor. — Lo decía con amargura, como si a ella le molestase o le doliera recordar aquellas palabras.

Por su parte, Nadezha se sorprendió bastante al oír eso, se preguntaba si eso de que le veía como una hermana mayor era cierto, a ella nunca le había parecido. Más bien, nunca se imagino que ese chico pensará de ella de esa forma, algo que le hizo un poco de gracia. Aunque ahora que lo pensaba, tenía bastante sentido. Al no poder replicarle, la niña siguió hablando:

— Poquito a poco se estaba alejando de mí, me iba a quedar sola sin que lo pudiera evitar. Por eso mismo, me llené de valor y me confesé. —

Al final, Charlie estaba equivocado, nunca fueron los supuestos consejos de Nadezha y su aplicación lo que provocaron que ella le confesara aquellos sentimientos, fue su relación de amistad con la albina y el resto.

— ¡¿A qué es “extraño”!? — Rió de una forma muy poco agradable. — En realidad, esa no la palabra correcta… Da igual, ¡que te deje bien claro que no te vuelvas a acercarte a él de nuevo! ¡Y de paso, díselos al resto! —

— ¡¿Sabes lo qué estás pidiendo!? — Le gritó Nadezha, bastante enfadada. — ¡Lo estás intentando aislar de todos sus amigos, ¿no crees qué eso no está bien?! —

Tenía unas ganas enormes de darle un fuerte puñetazo y de quitarles esas tonterías. No se lo podría creer, ¿¡de verdad, de verdad le quería!? Nadie tenía derecho ni debería querer en su sano juicio hacerle eso a alguien que ama. Solo estaba demostrando que veía a Charlie como un simple juguete que ella solo quería poseerlo por su propio bien. Eso era lo que creía ella.

— ¡¿Amigos!? — Gritó con todas sus fuerzas. Luego añadió: — Ese subnormal de Sheldon solo se hizo amigo suyo porque no tenía a nadie más, que se rodeo de perdedores para no sentirte igual. Los demás del grupo tuvieron que resignarse y convivir con mi Charlie. Ninguno quería acercarle, para ellos era solo un bicho raro al que nadie se acercaba. —

— ¡Vamos a ver, aún así…! — Nadezha intentó replicarla, pero ésta la interrumpió de forma brusca, intentando callarla.

Era normal dudar si tenía su amistad era verdadera en el caso de Sheldon, pero los demás demostraron que le querían como amigos. Era una verdad, por mucho que ella dijera que no.

— Él me lo ha contando miles de veces, de cómo Sheldon se burla de él, de cómo tú te hartas de él, de todo, todo…— Carleen soltó unas carcajadas muy desagradables. — ¡No sé da cuenta, pero, en el fondo, ninguno, ni tú misma; sois sus amigos! —

— ¡¿Eso es lo que tú crees!? Pues creo que estás muy equivocada. —

La replica que recibió fue otro furioso grito que se pudo escuchar por todo el parque:

— ¡La equivocada eres tú! — Carleen mostraba un rostro que se acercaba a lo diabólico. Nadezha se dijo a sí misma que esa chica estaba mal. — Ni tú ni ellos le queréis, yo soy la única que le amo, ¡la única! Siempre hemos estado juntos, siempre, siempre, siempre…—

En ese momento, Nadezha tuvo que aceptar el hecho de que aquella chica no estaba nada bien, su estado mental era muy precario. Carleen empezó a golpear de la rabia el suelo, muy alterada, y siguió hablando ella sola:

— Yo siempre habría creído que estábamos unidos por el destino, pero solo me mentía a mí misma…— Empezó a reír de forma siniestra. — Pronto o temprano, me lo robarían. —

Nadezha ya no sabía qué decir, empezó a creer que había empujado a ese chico a una relación anormal, que, por lo que veía, incluso podría ser muy peligrosa para él. No dejaba de preguntarse con mucho horror qué había hecho, sin parar. Al ver Carleen que estaba desviándose del tema, dijo:

— ¡Oh, perdón! Solo quería darte una pequeña advertencia, pero esto se ha vuelto muy largo…— Rió de nuevo. Luego, puso una cara de loca y soltó esto con una voz muy amenazante. — ¡Lo repetiré de nuevo, no te acerques, ni tú ni esos falsos amigos, a mi Charlie! ¡Él solo es mío! Os pasará algo muy grave, si no me hacéis caso…—

Luego, de nuevo, rió levemente y se dio la vuelta, alejándose de Nadezha. Entonces, ahí se despidió: — ¡Slán agat! Espero que no nos volvamos a ver en otra ocasión…—

Y Nadezha se quedó en el parque, incapaz de asimilar la conversación que había tenido. Al darse cuenta que dejó ir a esa chica, eso le provocó tanta rabia que le empezó a dar patadas a todo lo que veía en el parque, llegando a conseguir que destrozará una papelera y ésta saliese volando.

Así es cómo termina nuestra historia, con una Nadezha que gritaba y golpeaba furiosamente contra cualquier elemento del parque, la cual no pudo tranquilizarse por bastante tiempo.

FIN

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Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Onceava parte, centésima decimosexta historia.

Entre aquella multitud que iba de un lado para otro por el centro comercial, se encontraba Vladimir y Nadezha, dando gritos de un lado para otro:

— ¿¡Dónde estás Jackie!? — Estaban buscándolo. — ¡Contesta, Jackie! —

También le preguntaban a cualquiera persona que pasaban a su lado, si le habían visto, después de darles una certeza descripción.  Hasta al momento, todas las respuestas fueron negativas. Y así llevaban un buen rato:

— ¡Maldita sea, ¿dónde se habrá metido?! — Gritaba Nadezha, llena de nerviosismo y preocupación. — Le dejamos solo durante un minuto y se pierde. Creo que me arrepiento de haber dejado que éste se fuera solo al cuarto de baño. —

Después de que se quedaron solos, ninguno fue incapaz de sacar provecho de la situación. Al notar que la espera se le hacía muy larga y que Jackie estaba tardando mucho, se fueron a los servicios en su busca. Allí no le encontraron y ellos empezaron a buscar en los demás que había en el centro comercial. Al no encontrarle en ninguno, empezaron a buscarlo por todo el sitio, gritando su nombre:

— ¡No te preocupes, Jackie debe estar por algún lado! — Vladimir intentó tranquilizarla, pero le salió mal el intento. — Aún así, es demasiado raro que se haya perdido si los servicios estaban casi al lado de nosotros…—

— ¡¿Qué no me preocupe, qué no me preocupe!? ¡Seguro que le ha pasado algo malo! ¡Maldición, ¿en qué estúpido lio se habrá metido?! —

Mientras tanto, dentro de un restaurante de comida rápida, cuya mascota es un siniestro payaso; Jackie estaba comiendo una hamburguesa, rodeado de de gente que no conocía, entrecortado e incapaz de asimilar cómo había llegado a esta situación, cuando él solamente se había ido al servicio.

— ¡Te lo digo en serio, esta piba ha estado asombrosa! ¡Salvo a la líder, en serio! — A su lado, había una chica que hablaba por su teléfono a gritos, sentada en una posición poco adecuada para estar en un establecimiento.

— ¡Maldito huevón! ¡Ya te dije que no te estoy engañando con otro! — Y al otro lado también había otra chica, que parecía estar peleándose con su novio. — ¡Tú eres un puto maricón de mierda, no tienes ningún derecho a llamarme zorra, cabrón! —

Mientras miraba de reojo cómo aquellas dos féminas que estaban a su lado gritaban como locas e incluso mostraban algunos signos de violencia. En el otro extremo de la mesa en dónde estaba comiendo, otra chica le dijo esto:

— ¡¿Pasa algo, enana!? — Jackie se puso a temblar cuando ella se dirigió hacia él. — Al final, ¿¡no te gusta la hamburguesa o qué!? Podemos pedir otra. Después de todo, puedes pedir lo que quieras, nosotras te estamos invitando. —

— ¡Tiene razón, no te cortes! — Y varias chicas que estaban a su lado le dieron la razón. — ¡Es nuestro pago para haber salvado a la líder! —

Jackie movió la cabeza negativamente, diciéndoles con una voz muy bajita que la hamburguesa estaba muy bien, que no hacía falta. Las chicas riendo fuertemente, que tomaron con mucha simpatía la humildad que mostraba.

En realidad, aquellas chicas estaban tratando bien a Jackie, pero tenían aspecto de ser unas delincuentes juveniles muy peligrosas. Llevaban todo tipo de peinados de estilo punk, chaquetas parecidas a las que usaban los moteros y faldas largas. Sus malos modales, aquel comportamiento que se acercaba a lo violento y sus vestimentas no solo provocaban miedo en el pobre, sino a todo el mundo que estaba en la hamburguesería, que comían con mucho miedo y nadie se atrevía, ni el mismo personal, pedirles que mejoraran su comportamiento. Aún así, a pesar de todo, tampoco iban a llamar a la policía, porque ellas realmente no estaban cometiendo ningún delito.

Jackie otra vez observó de reojo a las chicas aterradoras que le rodeaban, mientras se preguntaba de nuevo por qué había acabado así, mientras su cerebro le volvió a mostrar qué fue lo que ocurrió.

Al entrar en los servicios, Jackie se encontró con aquel grupito de chicas pintándose y hablando sobre cosas de sus vidas a gritos. Al pobre le entró muchísimo miedo pasar al lado de esas aterradoras muchachas, aún así tenía que ir al váter cuánto antes. Cuando terminó de hacer sus necesidades, vio como una, la que era la líder, cayó al suelo y se estaba ahogando con algo. Viendo que las demás, que se quedaron paralizadas del miedo, no hacían nada por ella, inconscientemente él se acercó a ella y la ayudó. Sin saber cómo lo hizo, pudo salvarla, sacándole un pintalabios que, de alguna manera, ella se tragó y quedó atascado en su garganta.

Al final, estaban tan agradecidas por lo que había hecho que fueron capaces de invitarle a comer algo en una hamburguesería, aunque él no fue capaz de negarles que no, que tenía que volver junto a unos amigos.

Volviendo hacia Nadezha y Vladimir, quienes aún seguían en su labor de búsqueda, observaron a lo lejos a los demás:

— ¡¿Esos no son Sheldon y los otros dos chicos!? — Le decía Vladimir, mientras le mostraba desde la lejanía a aquellos tres. — ¡¿Qué están haciendo!? —

Al observar más detenidamente, vio que se estaban peleando entre ellos tres, en medio de una multitud que ellos molestaban por su forma patética de pelear, pero que ignoraban olímpicamente.

— ¡Mierda, ni me acordaba de la existencia de esos malditos idiotas! — Nadezha gritó esto, cuando escuchó lo que dijo Vladimir. Miró y se percató que, más adelante, se encontraban Charlie y Carleen caminando los dos juntos, tomados de la mano, con toda la tranquilidad del mundo. — Creo que ya están siguiendo a la parejita…— Añadió, antes de ponerse manos a las obras y acercarse lo más rápido hacia aquellos tres estúpidos.

Poquito a poco, podría notar los chillidos que estaban metiendo aquellos chicos:

— Ni una mierda vamos a permitirte que vayas a hacer eso. — Eso era lo que decía Patton, mientras que Persing exclamaba: — ¡No le arruines la cita, maldito desgraciado! — Estos, entre mordiscos, intentaban contener a Sheldon, mientras éste forcejeaba, intentando liberarse de esos dos.

— Solo lo voy a “ayudar”, voy a salvar de tener una relación que le va a provocar mucho dolor. — Y les replicaba con estas palabras.

Ellos, aunque al principio creyeron que Sheldon quería ayudar, éste era tan idiota que les dijo a los cincos minutos después sus verdaderas intenciones y se pusieron manos a la obra para detenerlo.

— ¡¿Qué estáis haciendo ahora!? ¡¿No ves que estáis molestando a las demás personas!? — Eso les gritó ella, cuando los alcanzó. Los tres chicos soltaron su nombre, sorprendidos, antes de verla.

Y en ese mismo momento, aprovechando un descuido por parte de los dos Howards, Sheldon se liberó de ellos y salió corriendo hacia la parejita, gritando como un villano mediocre de alguna mala comedia animada.

— ¡Mierda, no! — Gritaron de horror Patton y Persing. — ¡Va a arruinar la cita de Charlie! —

— ¡¿Qué quiere hacer este imbécil ahora!? — Les preguntó Nadezha.

— Pues ya lo hemos dicho. — No le dieron ninguna respuesta concreta, solo lo mismo. — ¡Lo va a arruinar! —

— Vale, vale. — Así que ella desistió y decidió seguirle. — ¡Maldición, solo me dais más que problemas! —

Al salir ella corriendo, les gritó esto: — Vladimir y vosotros dos, ¡seguid buscando a Jackie! Yo detengo a Sheldon. — Y ellos no tuvieron más remedio que seguir aquel orden, mientras ella se perdía entre la multitud.

Sheldon corría como loco, incapaz de pensar en otra que destrozarle la cita que estaba teniendo su amigo Charlie. Él ya se había imaginado miles de formas para hacerlo, ya sea bajándoles los pantalones, para que quedara en ridículo; gritar que habían robado algo o que eran terroristas, para que lo detuviesen; esperar hasta que llegarán a una restaurante y tirarles la comida encima y otras formas más o menos estúpidas para arruinarles el día.

Cuando ya estaba detrás de ellos, se quedó paralizado, todas esas ideas que le parecían geniales e increíbles para acabar con esa cita se esfumaron con una facilidad increíble. Éste solo empezó a observar a la pareja, que empezaron a mantener esta conversación:

— Una pregunta, ¡¿mis manos son suaves!? — Preguntó Carleen.

— Pues sí. — Le respondió Charlie, sin mostrar aparente emoción, antes de soltar otra pregunta: — ¡¿Y las mías!? ¡¿Cómo son!? —

— Pues sí, son tan suavecitas y calientitas. — Sheldon no tardó mucho en empezar a sentir mucho malestar con aquel diálogo.

— Ah vale. — No era por lo soso y aburrido que le parecía lo que soltaba Charlie.

— Te quiero mucho, ¡¿lo sabes!? — Sino por lo tortolita que se mostraba Carleen.

— Sí. — Sheldon quería ocupar el lugar de Charlie. — Yo también. —

— ¡Seremos tan felices! — Le daba tanta envidia y rabia que nadie le dijera estas palabras.

— Tal vez sí, tal vez no. — Además, pensaba que daría respuestas muchas obviamente mejores que las de maldito amigo.

— No importa, siempre habrá obstáculos en el camino, pero nosotros lo podemos superar con nuestro amor. —

Al final, no pudo más y decidió arruinarlo sea como sea, no podría soportar algo así. Lo primero que decidió fue separarlos, hacer que sus manos se separaran. Sin pensar en nada más ni en lo estúpido que parecía hacer algo así, levantó su mano para destrozar esa unión por la fuerza.

Nadie más de sus amigos tenía derecho, según pensó él con una sonrisa maléfica, a pasar una cita agradable con una chica si él no tenía una.

Por desgracia, para él, sintió cómo algo le golpeó en toda la entrepierna, provocándole un dolor intenso y horrible. Chilló de dolor con todas sus fuerzas, mientras caía al suelo. Eso atrajo la atención de todos los que pasaban a su lado, incluso algunos vinieron a ayudarle. Mientras tanto, la parejita se alejaba de él, ignorándolo, como si no hubieran escuchado eso.

— ¡¿Qué ha sido eso!? — Bueno, Charlie no lo ignoró del todo.

— ¡No te preocupes! No ha sido nada, solo que alguien ha estado haciendo el idiota. Ignóralo, no tiene nada que ver con nosotros. — Pero Carleen lo convenció para que lo ignorara totalmente. Luego, añadió esto, mientras se lo decía flojito en el oído: — Ignora a todo lo que no tenga nada que ver con nosotros, mi amor. —

Charlie le dijo que sí con la cabeza, mientras la observaba. Y ella, que soltó aquellas palabras de alguna manera siniestra, cambió de actitud con mucha rapidez. Carleen se sonrojó muchísimo y, poniendo cara de boba y riendo tontamente, decía esto:

— ¡Ay, qué vergüenza! ¡Le he dicho “mi amor”! —

Nadezha rápidamente llegó al lugar, después de perder tiempo valioso por culpa de la multitud, se encontró a Sheldon, levantándose del suelo, a la vez que le decían a los que se acercaban a ayudar que estaba bien.

— ¡Vamos, ¿qué intentas hacer ahora?! — Le preguntó Nadezha, mientras se imaginaba qué es lo que le había pasado.

— ¡Oh, Nadezha! — Dio un chillido de terror y luego, intentó hacerse el inocente. — ¡Yo no estaba haciendo nada, de verdad! —

Al ver aquella mirada acusadora que le ponía Nadezha tan aterradora, no tuvo más remedio que confesarlo todo:

— Vale, vale, quería joderles la cita. — Eso le decía Sheldon. — Pero me han dado una patada que me ha dejado casi jorobado. —

— Pues me alegra muchísimo, a ver si aprendes de una vez. — Comentó Nadezha. Sheldon intentó replicarle algo, pero decidió callarse.

— Bueno, ya que no vas a hacer más de las tuyas, nos vamos a buscar a Jackie, que se ha perdido. — Le dijo a continuación, Nadezha.

— ¡¿Espera, qué!? — Gritó Sheldon, para luego señalarle a la pareja, que aún se les veía. — ¡¿Y ellos!? —

— Desde el primer momento, ha demostrado ser mejor de lo que creía. Bueno, yo creo que deberíamos dejarlos en paz. — Concluyó Nadezha, muy arrepentida de haberse metido en la cita de Charlie. Ellos apenas ayudaron en nada, solo provocaron varios problemas y molestias. Y el chico había demostrado que sabía cómo apañárselas sin creces.

— ¡No, no y no! ¡Tenemos que demostrar que él sepa cómo hacer una cita hasta al final, no podemos estar seguros de que la destroce! — Sheldon le replicó, no podría terminar así como así con la cita. Intentó convencerla, pero solo provocó que Nadezha le mostrara una cara de mala leche contra él. Le preguntó: — ¡¿Por qué me miras así, no es lo quería hacer tú!? —

— Te contradices a los cinco minutos. Primero, quieres destrozarles su cita y ahora, deseas ayudarle para que no lo fastidie, ¡no hay quién te entienda! O eso o es una simple excusa para que puedas seguirles y arruinarles. —

Sheldon puso una evidente cara que mostraba que ella ya había descubierto sus verdaderas intenciones. Aún así, intentó seguir convenciéndola:

— De todas maneras, deberíamos mirar, por si acaso…—

— Uno de tus amigos ha desaparecido y lo estamos buscando, ¡eso es lo más importante ahora! — Le replicó Nadezha. — Así que vámonos a buscarlo y olvídate de ellos. —

Y al parecer, a él le importaba un higo que Jackie estuviera desaparecido, porque lo primero que hizo al escuchar esas palabras, fue salir corriendo hacia la parejita.

— ¡Por el amor de Dios! — Maldijo Nadezha, con ganas de darle un buen puñetazo, antes de salir corriendo hacia él. — ¡¿No sabe éste idiota rendirse de una vez!? —

Los pudo alcanzar por segunda vez y miró por atrás si le seguía Nadezha. Al ver que, de alguna manera, le había perdido de vista, intentó continuar su deseo de arruinar la cita de la pareja, pero no pudo. Solo se les quedó observando, incapaz de hacerles algo malo, aún cuando seguían haciendo conversaciones muy cursis y hacían cosas de pareja que le provocaban muchísima envidia.

Después de dar un largo paseo, llegaron a una heladería y los dos eligieron un gran helado que compartiendo. También se dio cuenta de que Charlie trataba muy bien a su chica, con muchísima caballerosidad. Él siempre le preguntaba si quería algo o si se estaba divirtiendo con ella, provocando que ésta se pusiera muy feliz por lo atento que era, quién también hacia lo mismo. Conversaron sobre todo tipo de cosas, sorprendiendo a Sheldon, ya que jamás se esperaba que su amigo pudiera hablar tanto, además de que a esa chica le gustará aquel humor tal extraño que tenía, no paraba de reírse cuando le comentaba alguna tontería. Incluso vio que era más detallista de lo que parecía, ya que, cuando iban a terminar aquel postre helado, éste le dijo a Carleen:

— ¡Ah, por cierto! — Empezó a buscar entre sus bolsillos, sacando un pequeño regalo. — Te he comprado esto. Espero que te guste. —

Con la cara iluminada de pura felicidad, recibió aquel pequeño paquete y lo abrió, lo que se encontró le hizo chillar de la emoción: — ¡Oh, qué bonito! ¡Es hermoso, realmente hermoso! —

Era un colgante de plata con la forma de una trinqueta. Ella lo cogió como si fuera un verdadero tesoro y se lo puso en el cuello, preguntándole a su chico como le quedaba.

Tras decirle que le quedaba muy bien, Charlie le añadió: — Bueno, tú decías que el otro día te gustaba esto, así que lo compre. Iba a darte una flor,…— La misma que le dio Jackie. —… pero se quedó muy fea de un día para otro. — Al parecer, él no sabía muy bien que las flores se marchitaban.

— ¡Gracias por el detalle, es el mejor regalo de toda mi vida! — Ella empezó a llorar. Charlie, alertado, le preguntó que le pasaba. Carleen solo le respondió con esto, muy feliz: — ¡Te quiero mucho, muchísimo! —

A pesar de la aparente indiferencia que mostraba Charlie, aunque parecía que, en el fondo, estaba disfrutándolo, estaban tan felices que Sheldon ya no se atrevía a romperles la cita, a pesar de toda la envidia que él sentía. Empezó a arrepentirse de todas esas burradas que había hecho durante todo el transcurro de la cita. Entonces, fue sorprendido por Nadezha, quién soltó esto:

— Al final, parece que ese chico sabe lo que hace, debí haber confiado en él…—

— ¡¿Nadezha, qué haces aquí!? — Casi le dio un susto de muerte y un chillido, sino fuera porque ésta le tapó la boca. Cuando se la quito, añadió con muchísima sorpresa: — ¡Yo pensaba que te había perdido de vista! —

— Estuve siguiéndote sin que te dieras cuenta. Quería actuar cuando ibas a lanzarte a hacer alguna tontería, pero me he dado cuenta de que se te han quitado las ganas. —

A Sheldon le costó mucho asimilar el hecho de que no se hubiera dado cuenta, no se lo esperaba. Después, decidió  decir esto sinceramente:

— Bueno, algo así. Solo quería que siguiera igual de miserable que yo, pero ya me da cosa arrastrarle de vuelta a la mierda. —

— Realmente, eres horrible. Pero el primer paso es reconocerlo, así que supongo que es bueno. — Añadió Nadezha, también con toda su sinceridad.

— Cambiar es muy difícil, es más fácil seguir siendo un miserable. —

Nadezha no dijo ni un comentario más respecto a eso, decidió ignorarlo y decirle esto:

— Vamos a dejarlo solos de una vez y pongámonos de una vez a buscar a Jackie, que aún no lo hemos encontrado. —

— ¡¿Jackie está perdido!? — Al parecer, ni se dio cuenta de que le dijeron eso ante. Nadezha puso cara de mala leche y Sheldon soltó estas palabras, con la intención de no hacerla enfadar: — ¡Ah, vale, vale! ¡Lo dijiste antes, es que no lo recordaba! —

Y tras decir estas palabras, los dos se dirigieron hacia al centro comercial, para encontrarse con Vladimir y los demás, y seguir con la búsqueda de Jackie.

FIN DE LA ONCEAVA PARTE

 

 

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Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Décima parte, centésima decimosexta historia.

Una chica entraba rápidamente en el centro comercial. Estaba apuraba, porque iba a llegar tarde a una cita, a la primera que ella tenía, habían pasado cinco minutos desde que pasó la hora acordada.

Dio un gran suspiro de alivio y se puso muy feliz, cuando vio a la persona que le estaba esperando en el lugar acordado. En vez de gritar su nombre, moviendo la mano como saludo mientras se acercaba hacia él, corrió hacia al chico, lanzándose como si fuera un león que iba tras su presa. El pobre no se lo espero, de repente fue abrazado fuertemente por alguien sin previo aviso, estando a punto de dar un grito de sorpresa. Enseguida supo quién era:

— ¡Ah, Carleen, eres tú! — Eso dijo con aparente indiferencia, mientras observaba hacia la cara feliz de la persona que le estaba abrazando muy fuerte.

— Pues claro que sí, ¡¿quién iba a ser, si no!? — Eso le replicó, para luego cambiar de tema: — ¡Lo siento, lo siento muchísimo! ¡He llegado tarde, espero que no hayas esperado mucho! —

— N-no importa. — Charlie intentaba liberarse de aquel abrazo que no solo le estaba ahogando, sino que le estaba dejando muy rojo. — N-no es como que haya pasado mucho tiempo. —

— Menos mal. — Carleen dio un pequeño suspiro de alivio, mientras soltaba a Charlie. — Es que he me retrasado mucho, intentando buscar la ropa perfecta. — Y le preguntó, mientras le mostraba su look: — ¿Cómo me veo, estoy bien linda? —

Charlie la observó detenidamente, de pies a cabeza, durante unos segundos. Llevaba un vestido blanco muy simple con algunas líneas rojas, que hacían juego con el enorme lazo de color rosa que ella tenía sobre la cabeza y las calcetas largas con forma de gato que llevaba puesto. Y esto fue lo que él le contestó, con toda la sequedad del mundo: — ¡Oh, estás bien! —

A pesar de eso, ella casi iba a dar un chillido de la emoción al escuchar esas aquellas palabras, se puso a murmurar felizmente que le había dicho que estaba linda, poniéndose muy boba y soltando risitas tontas.

Desde la lejanía, esos dos estaban siendo observados por varias personas, que se escondían detrás de una escalera mecánica.

— ¡¿Por qué ella se pone tan feliz!? — Uno de ellos, comentaba esto muy molesto. — Si el palurdo ni siquiera se esfuerza por mostrarse sorprendido ante tal belleza, ¿¡por qué tiene novia y yo no!? —

Era Sheldon, lleno de envidia y rencor, quería ocupar su lugar, aún cuando aquella chica le había tratado muy mal y le hubiera insultado varias veces. No podría creer que Charlie actuara así, a pesar de que estaba tan bonita, tanto que le estaba poniendo cachondo.

— ¿¡Qué te esperabas, Sheldon!? Ese chico siempre ha sido muy seco. — Le replicó Nadezha y luego añadió: — ¿¡Y podrías dejar de quejarte!? Nos va a pillar por tus gritos, idiota. —

— Esto me sorprende. Jamás ha actuado así con él en clases. Bueno, ni siquiera se hablaban. — Comentó Vladimir, realmente asombrado ante aquella escena. Los dos Howards le dieron la razón.

— La verdad es que ese vestido está muy mono, me da envidia…—

Y estas palabras, dichas por Jackie, hicieron callar al grupo que le miraron fijamente, con mucha extrañeza. Éste, al darse cuenta de que dijo eso en voz alta, les empezó a soltar que no dijo nada, intentando conseguir que ignoraran aquel comentario. Volviendo hacia Charlie y Carleen, ésta ya pudo tranquilizarse y le dijo esto a su chico:

— ¡Pues ya que estamos juntos, es hora de empezar la cita! — Se aferró fuertemente al brazo de Charlie y añadió, mientras esos dos empezaron a caminar por el centro comercial: — ¡Estoy tan feliz, pero tan feliz de que estamos teniendo una cita, siempre había soñado con este día! —

Charlie no le respondió, pero a ella parecía que le daba igual, solo estaba ocupada en aferrarse todo en lo posible a su brazo. Andaban tranquilamente, ignorando los gritos que estaba poniendo Sheldon a lo lejos, mientras los observaba con unos prismáticos:

— ¡No puedo soportar, esto es una tortura! — Gritaba como un condenado, atrayendo la atención de muchos de los que pasaban al lado del grupo que perseguía a la pareja.

— ¡¿No puedes controlarte o callarte!? ¡¿Tan cursi es para tus vírgenes ojos o qué!? — Le gritaba Nadezha, con ganas de darle un buen puñetazo.

— ¡No es eso, no es eso! — Le replicaba Sheldon, mientras lloraba de la rabia. — ¡Mira, mira cómo se pega ella a Charlie, sobre todo sus pequeños pechos, que están tocando su brazo! ¡¿Por qué, por qué!? —

Muertos de vergüenza, al ver que estaban junto a alguien que les estaba gritando esas cosas en público, no sabían si ignorarlo o callarlo a la fuerza. Al final, hicieron lo segundo, le taparon la boca con cinta aislante.

La caminata siguió sin ninguna novedad, hasta que finalmente llegaron ante la entrada del cine, era obvio pensar que iban a hacer algo tan típico en una cita como ver una película.

— Me pregunto qué película van a ver…— Se preguntó Howard Patton. Su amigo Jackie le contestó con esto, mientras observaban cómo compraban las entradas en la taquilla: — Obviamente, siguiendo el cliché, se meterán en una película romántica, eso seguro. —

Siguieron observando, esperando oír cuál era la película que iban a ver y en qué sala.

— ¡¿Entonces, qué película quieres ver!? — Le preguntó Carleen a Charlie, algo que debía haber hecho antes de ponerse en la cola. La señorita de las entradas les dio prisa, diciéndoles que lo hicieran rápido, que había mucha gente esperando.

— Pues cualquiera, la que elijas tú. — Y eso fue lo que respondió Charlie. En la lejanía, todo el grupo protestó por la poco iniciativa del chico.

— ¡¿En serio!? — Añadió con una sonrisa. — Pues, entonces, ¡voy a elegir yo! — Miró la cartelera y apenas tardó en elegir una película, que la señaló.

— ¡¿Te parece bien esta!? — Eso le preguntó y, cuando Charlie lo vio, se le iluminó los ojos. Gritó con mucho entusiasmo: — ¡Sí, sí, esa parece muy chula! — El grupo rápidamente intentó averiguar de qué película estaban hablando. Cuando lo descubrieron, se llevaron una pequeña sorpresa:

— Espera, un momento…— Gritó Jackie, algo asombrado. — ¡¿Esa no es la de Los Vengadores!? ¡¿Siguen estando en la cartelera!? — El cliché de ver una película romántica se había ido a la porra.

— Por fin, hacen algo chulo en esta cita. — Dijo Persing, con muchísima felicidad. Patton añadió: — ¡Qué alegría, nunca me cansaré de esta peli! —

— Si lo han visto treinta y cuatro veces o más. — Les replicó Sheldon, incapaz de comprender que seguían emocionados por tal obra de ficción. Éstos dos le miraron tan mal, que se defendió con estas palabras: — ¡No me miren así, yo siempre fui más de DC comics! — Aquella declaración solo causó mucho asco a Patton y a Persing.

— ¡¿Una peli de superhéroes!? — Por su parte, Nadezha tampoco estaba motivada para verlo. — Con lo poco que me gustan esas cosas. —

— Tal vez es una buena peli, dale una oportunidad. — Añadió Vladimir.

Y con esto dicho, después de que esos dos sacarán las entradas, se pusieron en la cola y esperaron impacientemente su turno. Por suerte, pudieron estar en la misma sala que Carleen y Charlie, sentándose detrás de ellos.

— ¿¡Está bien que estemos tan cerca de ellos!? — Le murmuró Jackie a Nadezha. Ésta le contestó con esto:

— Si os mantenéis callaítos y no hacéis ninguna tontería, no va a pasar nada. —

— Pues, bueno…— Jackie, miró a su alrededor. Patton no dejaba de hacer con la boca, mientras comía palomitas como un cerdo. Persing se estaba peleando con Sheldon para ocupar el asiento que estaba detrás de Carleen. Dio un gran suspiro y añadió: — Creo que estamos perdidos…— Nadezha no lo negó.

A pesar de todo el ruido que provocaban esta gente, de las quejas de los demás que le realizaron a Nadezha, quién tuvo que callarlos a gritos, ni Carleen ni Charlie miraron hacia atrás, ignoraban todo lo que existía a su alrededor, o eso parecía.

Carleen no dejaba girar una y otra vez la cabeza hacia Charlie, quién estaba abobado ante los comerciales, con el rostro bastante rojo. Estaba buscando el momento perfecto cuando éste decidiera bajar su brazo y ponerlo sobre el reposabrazos y ella pusiera su mano sobre la suya. En solo pensar hacer eso, le entraba muchísima vergüenza, pero estaba decidida a hacerlo, a pesar de todo el rubor que le provocaba inocentemente.

Detrás de ella, se encontraba Sheldon que, al darse cuenta de lo que quería hacer, no pudo evitar en poner su brazo sobre el reposabrazos y que ella lo agarrase, creyendo que era Charlie.

Rió como una sonrisa perversa, mientras observaba cómo Carleen caía en la trampa y le iba a coger su mano, o eso pensaba él.

Ella empezó a bajar el brazo hacia al reposabrazos, pero no con la intención de agarrarle, sino de darle un buen golpe. Ella apretó el puño con todas sus fuerzas y golpeó contra la pobre mano de Sheldon, quién dio un horrible chillido que arruinó la introducción de la película:

— ¡¿Qué haces, idiota!? — Le gritó Nadezha— ¡No ves que estamos en el cine! —

— ¡Pero es que, pero es que…! — Y él no paraba de gritar con toda la exageración del mundo. — ¡Duele! ¡Duele mucho! —

No solo sus feos gritos provocaron que los demás le dijeran a gritos que se callara, también le decían que se sentara, ya que se había levantado de su asiento. Aún así, ni se calló ni se sentó, provocando que incluso los dos Howards se le acabarán la paciencia de una vez:

— ¡Cállate de una puta vez! — Gritó Patton, mientras se levantaba y le daba un puñetazo a Sheldon. — ¡No arruines la película, fanboy de DC comics! — Y Persing hizo lo mismo.

— ¡¿Qué mierda os pasa, putos gordos!? — Le replicó Sheldon, con mucha mala leche. — ¡Vosotros no sois rivales para mí ni para DC comics! —

Estos tres empezaron a pelearse en medio de la sala. Nadezha se tuvo que levantar para detenerlo, junto con Vladimir y Jackie.

— ¡Por el amor de Dios! — Les gritaba muy malhumorada, mientras los separaba. — ¡Estamos en el cine, comportaos como gente civilizada! —

Mientras tanto, Carleen y Charlie se estaban comportando como personas civilizadas, intentando ignorar a la gente que había detrás de ellos.

— ¡Cuánto ruido hacen lo de detrás, ya uno no puede ver una peli tranquilo! — Comentó Charlie.

— ¡Tienes mucha razón! — Le decía Carleen, mientras se aprovechaba del momento y le cogió de las manos sin que él mostrara resistencia. — Por gente como ellos, nos arruinan las películas. — Casi dio un chillido de felicidad, al ver que se estaban cogiendo de las manos. Para ella, sentía que estaba en un momento mágico, a pesar de la molesta pelea que había detrás.

Al final, aquella pelea provocó que Nadezha y el resto de los chicos fueron echado de la sala, que tuvieron que ponerse a esperar afuera hasta que se terminara la película.

— Me estoy perdiendo a los mejores superhéroes del mundo, y todo por culpa de un idiota. — Protestaba Patton, quién seguía muy enfadado. Persing, igual que él, le dio la razón. Sheldon protestó:

— ¡Oh, genial! ¡No es como si la hubieran visto millones de veces! ¡Ah, y Superman y Batman son mejores que esos payasos de la Marvel! —

— ¡Por favor, dejen de hablar de ese tema, ya hemos tenido suficiente adentro! — Intervino Jackie, intentando evitar que se pusieran a pelearse otra vez.

Al ver que aquel ambiente de hostilidad seguía presente, Nadezha dio un fuerte suspiro y se acercó a ellos, mientras sacaba dinero de sus bolsillos:

— Tomad un poco de dinero y compraos lo que querías. A ver si así os olvidáis de estas tonterías. —

Eso fue suficiente para que los tres chicos se pusieran muy eufóricos, ya que apenas tenían dinero, gracias a las entradas del cine. Empezaron a darle las gracias a Nadezha, como si les hubiera salvado la vida, e incluso alguno le intentó dar un beso, aunque ésta les levantó la mano en señal de que no le tocasen. Luego, se fueron corriendo a comprar algo.

— ¡Qué fácil es ponerles felices a estos idiotas! — Comentaba Nadezha, mientras los veía correr hacia alguna tienda de chucherías. — Así podrán estar callados, o eso espero. —

— Tienes razón. — Añadió Vladimir, riendo nerviosamente. Jackie, con algo de preocupación, preguntó: — ¡¿Pero está bien dejarles que se alejen así cómo así!? ¡¿Y si se pierden!? —

— Por algo les he dicho que no se alejen demasiado. — Le respondió Nadezha. — De todos modos, no creo que se pierdan, o eso espero. —

Jackie le iba algo más, pero ella, que adivino de qué se trataba, se adelantó y añadió: — Hay tiempo de sobra, esa película debe durar un montón. Si tienes algo que hacer, pues ahora es el momento perfecto. —

Éste tardó un poco en contestar, ya que se lo pensó un poco. Al final, dijo:

— Bueno, entonces aprovecharé.  Tengo que ir al servicio. — Le entraron ganas de orinar. — Espero que estén cerca de aquí. —

Nadezha le dijo que estaba muy cerca de dónde estaban, señalándole el camino. Jackie le dio las gracias, antes de salir corriendo. Así es como Vladimir y la albina se quedaron solos:

— Bueno,… — Empezó a hablar Vladimir. — Estamos solitos, ¡¿no podríamos aprovecharlo y hacer algo juntos!?—

— No sé, Jackie solo ha ido al servicio, volverá pronto. — Eso le respondió Nadezha.

— Le conozco muy bien, tarda una barbaridad cuando va. — Recordaba muy bien todas esas veces en que se cansaba de esperarle cuando éste se iba al servicio.

— ¡¿De verdad!? Aunque lo que me preocupa es por cuál servicio entrará este chico, recuerda que está pasándose por chica. —

— No es la primera que se mete en el servicio de las niñas…—

Ya estaba acostumbrado a ir al servicio de las chicas, cuando vestía como tal. Tanto Vladimir se dieron cuenta de lo feo que se oía eso y empezaron a reírse nerviosamente, muy incómodos por  aquella conversación que ellos  estaban teniendo, además de que no se le ocurrían nada que hacer.

Tiempo después, los dos Howards y Sheldon, después de pasar un buen rato comiendo comprando chucherías, comida basura y observando tiendas de comics y de videojuegos, volvieron al punto de encuentro.

— ¡Ha sido lo mejor que hemos hecho en nuestra vida! — Patton gritó de felicidad, mientras sostenía tres o cuatro bolsas de patatas fritas a la vez.

— ¡Es verdad! ¡Deberíamos repetirlo! — Le replicó Persing, mientras intentaba alcanzar con la boca un vaso de refresco, ya que sus manos estaban muy ocupadas llevando comida y bebida chatarra.

— ¡¿Y por cierto, por qué nos estábamos peleando antes!? — Al parecer, los pobres tenían memoria de pez.

— ¡¿A quién le importa eso!? — Le replicó Sheldon, bastante feliz. — Lo importante son los amigos que hemos tenido en el camino. —

Los chicos se rieron por aquella ocurrencia que dijo, aunque ellos no hicieron realmente ninguna amistad. Entonces, se dieron cuenta de algo:

— Y hablando de amigos, ¡¿dónde está el resto!? — Preguntó Persing muy extrañado, mientras miraba por todas partes, en busca del resto del grupo.

Ni Nadezha , ni Vladimir ni Jackie se veían por alguna parte, se habían esfumado como humo. Esos tres empezaron a dar vueltas por el lugar, intentando buscar alguna pista de su paradero, pero no encontraron nada.

— ¡Mierda, mierda! — Sheldon cayó al suelo, golpeando el suelo con furia, como si les hubiera pasado una tragedia. — ¡No han abandonado! ¡No han dado dinero para comprarnos cosas para dejarnos tirados! ¡Era parte de su plan! —

— Tal vez no hemos equivocado de lugar. — Le dijeron Patton y Persing para tranquilizarlo. — Pueden que hayan ido al baño juntos. —

— ¡Qué tonterías decís! ¡Estamos en la puerta del maldito cine! ¡No se van juntitos los tres a mear y a cagar! — Les replicó con furia Sheldon. Luego, continuó en su patético lamento: — ¡Nos han abandonado, traicionado, humillado; nunca fueron nuestros verdaderos amigos! —

— Bueno,… — Continuaron los dos Howards. — La verdad es que tiene sentido. — Tuvieron que ser sinceros. — Sobre todo contigo, eres horrible. Era normal que te abandonen. —

No era un secreto a voces que Sheldon se iba a quedar solo, ni ellos sabían aún por qué seguían siendo sus amigos.

— No me digan lo obvio. — Hasta él mismo lo sabía. — Bueno, es verdad que lo soy, lo reconozco. Tendría que empezar a cambiar, para ser mejor persona. Pero, no me da la gana cambiar lo que soy solo, para no perder amistades. —

— ¡¿Pero para tener novia, sí!? — Añadió Persing, provocando que éste se pusiera a pensar, aunque solo por unos segundos.

— Bueno, no sé que responder…— Sheldon quería ocultar que estaba tan desesperado que  haría lo que fuera para tener novia. — Da igual. — Y él, entonces, mientras se levantaba del suelo, vio algo. Observó cómo Charlie y Carleen estaba saliendo del cine. Les gritó a los demás:

— ¡Tenemos que escondernos rápido! ¡Ese idiota de Charlie y su chica, ya están saliendo! —

Los tres rápidamente se escondieron como pudieron, detrás de la cola de las personas que estaban esperando para comprar sus entradas. Observaban a la parejita, mirando detrás de las personas, que se sentían muy incómodos y molestos por aquellos niñatos siniestros que se pusieron a su lado.

— ¡¿Y ahora qué hacemos!? — Preguntó muy preocupado Persing.

— Ni Nadezha ni nadie está aquí. — Comentó Patton. — Solo nosotros. —

Entonces, Sheldon intervino, diciendo esto: — ¡No os preocupéis! — Él puso una sonrisa siniestra. — ¡Nosotros solo debemos seguirlos y ayudarles todo lo que podamos para que esta cita sea mucho más especial! —

Los dos Howards se sorprendieron un poco por la repentina actitud de éste, cuando estaba bien molesto porque Charlie tuviera una cita. Pero ellos no se podrían imaginar que lo que quería hacer éste realmente era una cosa muy distinta.

FIN DE LA DÉCIMA PARTE

 

 

 

 

 

 

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Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Novena parte, centésima decimosexta historia.

— ¡Ay, ay, mis pobres bracitos! ¡Ya no puedo más, esta mierda pesa un montón! ¡Qué alguien ocupe mi lugar, ¿por qué tengo que hacer esto?! —

Sheldon no paraba de quejarse mientras empujaba con todas sus fuerzas la pizarra portátil, junto a Charlie, que apenas se esforzaba en moverlo, con el objetivo de dejarle todo el peso a éste:

— ¡Vamos, deja de quejarte! — Le replicaba Nadezha. — Solo tienes que callarte y esforzarte, esa pizarra se mueve con ruedas y no pesa nada. —

Ella aprovechó otra vez la ocasión para obligarle a él a llevar la pizarra y éste no se pudo negar, a pesar de que no paró de quejarse y mandar a Charlie a hacerlo. Éste se ofreció a ayudarlo y Sheldon ya no pudo escapar.

— Pues me cuesta moverlo, es como si algo me impide…— Le gritó a Nadezha. Después de eso, se dio cuenta de que Charlie estaba poniendo una sonrisa maliciosa. Entonces, ya lo entendió todo: — ¡Ya veo, debería haberlo imaginado! —

Entonces, Sheldon le empezó a gritar, bastante enfadado, mientras Charlie se hacía el tonto, ignorándolo burlonamente. Nadezha les tuvo que soltar esto para que se callaran: — ¡Dejen de hacer tonterías y traer la maldita pizarra! — Y obedecieron la orden. Finalmente la pizarra ya estaba en el salón.

— ¿¡Por qué hemos sacado otra vez la pizarra!? — Preguntó Patton.

— ¡¿Vamos a dar otra clase!? — Añadió Persing.

— Vamos a preparar la cita de Charlie, hay que planificarla muy bien, para evitar que éste no lo fastidie todo. —

Con esa respuesta, cogió la tiza y escribió en la pizarra, en ruso, cómo crear una buena cita. Luego, lo repitió en voz alta, añadiendo esto:

—…Hoy tenemos que planear un buen plan sobre esto. Quiero que esa chica tenga su primera cita como una buena experiencia y no como algo horrible. Así que vamos a apuntar en la pizarra todo el desarrollo de la cita y lo que tiene que hacer Charlie para no cagarla. —

Todos aplaudieron instintivamente, provocando que Nadezha, extrañada, les preguntara por qué hacían eso. No recibió respuesta, solamente escuchó a Charlie decir esto:

— Pues me da muchísima pereza. — Dio un suspiro de pesadez, antes de continuar. — ¡¿Tanto tengo que hacer para una cita!? —

— ¡Deja de quejarte! — Le replicó Nadezha, muy molesta. — Con esa actitud, solo das una impresión aún peor. —

A continuación, ella dio un suspiro y, al ver que Charlie y los demás se callaron, decidió empezar de una vez:

— ¡Primer paso para una cita! — Gritó Nadezha, mientras golpeaba la pizarra innecesariamente. — ¡Elegir el lugar en dónde hacer la cita! — Luego, lo escribió y siguió hablando: — Tienes que elegir un buen lugar para desarrollar una cita que podrá recordarse toda la vida, hay muchos lugares en dónde escoger. Podréis ir a un centro comercial, al parque de atracciones o al cine, por ejemplo. Mientras no escojas un mal sitio, estará bien. —

Charlie, entonces, levantó la manó y preguntó esto:

— ¡¿Puedo escoger una fábrica, entonces?! —

— Por el amor de Dios, no. — Le respondió Nadezha y Charlie le siguió preguntando:

— ¡¿Y la luna!? —

— Solo los astronautas van allí. —

— ¡¿Y a Nueva York!? —

— Un poco más cerca, ¡¿pero cómo piensas llegar hasta ahí!? — Nadezha ya estaba rabiando por las estúpidas preguntas de Charlie.

— ¡¿Y al ayuntamiento!? — Entonces, se dio cuenta de las verdaderas intenciones del amigo de Vladimir.

— ¿¡No estarás lanzando ejemplos imposibles al azar para molestarme, verdad!? — Le preguntó con una cara de mala leche.

Charlie, al verlo, se le escapó una sonrisita, dejando claro que esa era su intención desde el principio. Todos dieron un fuerte suspiro, salvo Sheldon que casi le iba a decir algún feo insulto, pero las miradas de los demás lo impidieron; y le dijeron que se pusiera serio de una vez.

— Ignorando eso…— Continuaba Nadezha. — Debes elegir el sitio en dónde van a celebrar la cita. Más bien, tú deberás acordarlo con tu novia, preguntarle a dónde quiere ir o si desea ir a aquel que propones. Y si ella es quién lo propone, escúchala para ver si te interesa o no. De todas maneras, suponemos que eres tú quién prepara el lugar. Y, no es exclusivo tener que ir a solo uno, puedes ir a un montón de sitios. Además…—

Nadezha fue interrumpida bruscamente por Charlie, quién le gritaba esto, mientras se ponía las manos sobre la cabeza: — ¡Para, para! —

— ¡¿Qué pasa!? — Preguntó Nadezha, muy extrañada. Jackie le lanzó una protesta: — Ya que estaba en la parte más interesante. —

— Eso es demasiado, no lo puedo entender…— Les decía Charlie con una cara de incomprensión, parecía que le salía humo de la cabeza — ¡No lo entiendo, para nada! —

Las explicaciones de Nadezha le eran tan complicadas que se le empezó a quemar el cerebro, intentando comprender toda aquella información. Al ser incapaz de hacerlo, explotó de esa manera.

— Es tan idiota que se le derrite el cerebro. — Sheldon comentó en voz baja esto, riéndose de él, aún cuando éste ignoro totalmente lo que ella les intentaba explicar. Recibió un codazo por parte de Vladimir, quién le escuchó; provocando que chillara exageradamente.

Tras dar un suspiro, Nadezha tuvo que tranquilizarlo y luego, le intentó explicar lo más fácil posible. Después de varios intentos, le consiguió meter la idea en la cabeza.

— ¡¿Ya lo entiendes!? — Le preguntó Naezha. Charlie movió la cabeza afirmativamente y añadió esto con indiferencia: — Le dejaré a Carleen que decida ella, porque eso de elegir lugar me parece muy molesto. —

Nadezha le molestó muchísimo la actitud desinteresada del chico, aunque decidió ignorarlo, era mejor dejarlo en manos de la chica antes que de él. Así que decidió ir al siguiente paso, que lo anunció a continuación:

— En fin, vamos por el segundo paso: Ir presentable. —

Charlie levantó la mano para preguntar, pero Nadezha lo bajó por temor a escuchar otra tontería. Luego, empezó a dar vueltas, mientras continuaba:

— Uno no va a una cita yendo como un vagabundo, ¡¿eso es bien obvio, no!? — Todos movieron la cabeza de forma mecánica. — Aunque tampoco hace falta que vayas tan elegante, no tienes que comprarte un esmoquin ni nada parecido, con solo llevar una ropa casual bonita y que parezca nueva bastará. —

— ¡No te preocupes! — Habló Jackie, al ver que Nadezha terminó. — Yo me haré cargo de tu vestimenta, te pondré a la moda. — Lo decía con una sonrisa de orgullo, mientras inflaba su pecho.

— Ok, buscar ropa es un rollo. — Añadió Charlie, que, de todos modos, se lo iba a dejar a su amigo sí o sí hacer eso, porque le parecía muy pesado.

Aquella respuesta que soltó molestó a Nadezha, que le quería decir que se esforzará un poquito y no dejarles todo a los demás. Pero como no confiaba en el sentido de moda del chico, se calló y continuó:

— En fin, por fin estamos yendo rápido…— Se arrepintió de decirlo, ya que podría conseguir que se volviera a ver más interrupciones. — Bueno, el tercer paso sería cómo comportarse. Tratar bien a la chica, como todo buen caballero; no hacer el idiota en situaciones que no es necesario, tampoco liarla en el cine, ni en el restaurante o en el parque. —

— Pero lo importante es ser tú mismo, si intentas comportante como algo que no eres no sirve. — Le replicó Jackie.

— Bueno, nunca dije que actuara como algo que no es. Es verdad que tiene que ser él mismo, pero no demasiado. — Le decía Nadezha muy pensativa, mientras cruzaba los brazos. No estaba muy segura de que sí eso era algo realmente posible.

— ¡¿Ser tú mismo, pero no demasiado!? — Y esas palabras pusieron a Charlie a pensar. — ¡¿Eso cómo se hace!? — Pero, tras meditar varios segundos, solo consiguió confundirlo.

— No lo pienses mucho, solamente intenta no molestar a la chicas y a los demás con sus tonterías. O por lo menos, haz tonterías que no molesten, ¡¿entendido!? — Charlie le respondió afirmativamente con la cabeza.

— Y ya que he dicho todo esto, es hora de ponernos manos a la obras. — Los chicos, extrañados por los pocos pasos que soltó, le preguntaron si no se estaba olvidando de alguna: — Yo creo que con eso es suficiente. —

Con esa respuesta, se dio zanjado aquella cuestión y empezó el comienzo de la preparación de Charlie para su primera cita.

Lo primero que hicieron, gracias a la insistencia de Jackie, fue buscarle la ropa perfecta para Charlie, algo que hicieron al día siguiente:

— ¿Qué te parece este? — Le decía Jackie a Charlie, mientras le mostraba unos pantalones muy elegantes. — ¡¿A qué son hermosos!? —

— Están bien. — Eso le respondió indiferentemente su amigo, que estaba algo perplejo por el entusiasmo que mostraba Jackie por buscar ropa.

Ellos estaban en una tienda de ropa cualquiera de algún centro comercial. Jackie le llamó por teléfono para que viniera a su casa, porque no sabía dónde estaba la de Charlie, e irse a comprar. Al parecer, los demás chicos iban a venir, o eso dijeron, pero se quitaron del medio, salvo Nadezha y Vladimir, que tuvieron una emergencia de última hora. Así llevaban casi una hora solos y el pobre ya se estaba hartando.

— ¿¡Entonces, cuál prefieres!? ¡¿La azul o la marrón!? ¡¿Quizás el blanco o este negro!?¡La verdad es que todos son muy bonitos! ¡Yo, por mi parte, elegiría éste! — Le preguntó Jackie, mientras le mostraba aquellos diez o más pantalones que había cogido para él y que tuvo que probarse cada uno de ellos.

— Cualquiera está bien. — Eso le respondió secamente.

— ¡¿Cómo qué cualquiera!? — Le replicó Jackie, algo molesto. — ¡Tienes que elegir el primero que más te guste! —

Charlie, incapaz de encontrar alguna diferencia entre todos esos pantalones, lo único que hizo fue elegir una al azar, ya quería terminar de una vez con esto de comprar ropa. Se le estaba volviendo una verdadera pesadilla. Tras hacerlo, Jackie observó fijamente la ropa que señaló y añadió indeciso:

— No sé yo, ahora dudo de que sea muy bonito. — Y luego, cogió otro pantalón y lo observó. — Creo que éste si le supera, o no…— Y hizo lo mismo. — Tal vez éste otro…—

Mientras Jackie se puso a balbucear cuál pantalón estaba mejor, el rostro de Charlie mostraba claramente que estaba a punto de estallar, que él deseaba terminar con esto de una vez; pero decidió seguir aguantando estoicamente.

Tras aguantar aquella tortura que duró casi dos horas, Nadezha le llamaba para preguntarle esto: — ¡¿Ya se lo has dicho, le has preguntado cómo vais a formar la cita!? —

— ¡Ya sé lo diré más tarde, hay mucho tiempo! — Le respondió Charlie despreocupadamente.

Esa respuesta solo provocó que Nadezha le presionara un montón, tanto que éste tuvo que hablar a su novia al día siguiente. Tras eso, se lo dijo por teléfono: — ¡No te preocupes, ella se ocupará de todo! —

— Bueno, mejor así, ¡dejarlo en tus manos sería peligroso! — Eso soltó la albina, aunque se mostraba un poco molesta por su falta de iniciativa.

Luego, le dio una larga charla a Charlie de cómo se debía comportar en la cita y él ni se atrevió en detenerla, a pesar de que apenas quería prestar atención a aquellas palabras. Solo quería seguir jugando con la consola, antes de ir a la cena.

Solo faltaban dos días y Charlie ya se estaba agobiando por culpa de los chicos, que le molestaban mucho más de lo inusual.

— ¡¿Y por qué me das flores!? ¡¿Son para mí!? — Eso le preguntó a Jackie, cuando éste le entregó un ramos, dejándolo muy extrañado por ese gesto.

— No, idiota, es para que tú se lo entregues a tu novia en la cita. Debes tener un detalle bonitos con las chicas. — Le respondió su amigo, quién se le ocurrió que eso podría ayudar a que la cita fuera un éxito.

— ¡¿Ah, en serio!? ¡¿Y por qué tiene que ser una flor!? —

— Bueno, pues yo…— Jackie se quedó pensativo, no tenía ni idea de por qué se le ocurrió una flor. Tras mucho dudar, decidió no darles más vueltas y añadió: — Da igual, puedes regalarle otra cosa, que sea bonito y lindo. —

— ¡Bueno, usaré esto! — No tenía ganas de buscar algún detalle bonito y lindo para la chica, así que cogió esa flor y se la llevó a casa.

Y no solo Jackie, también su querido amigo Sheldon, que lo llamaba por teléfono, con número oculto, para decirle esto:

— ¡Fracasa! ¡Fracasa y convierte tu cita en un desastre…! ¡Haz lo que yo te ordene! ¡Tienes que ser un perdedor sin novia para siempre…!—

Lo decía con una voz de ultratumba, como si intentaba hipnotizarlo desde el otro lado del teléfono. A Charlie, que adivinó fácilmente quién era el que le decía esas palabras, le dio muchísima pena y lo colgó sin compasión.

Los dos Howards y Nadezha le mandaron mensajes que le decían ánimos, Vladimir también se los mandó, aunque para decirle que tuviera cuidado con Carleen, algo que le molestó muchísimo. Al final, el día de la cita llegó.

— ¿¡Así que éste es el lugar de la cita, eh!? — Eso le preguntaba Jackie, mientras observaba todo el sitio. Ellos habían acompañado a Charlie hasta ahí, después de que éste se hubiera dirigido hacia la casa de Nadezha.

— Un centro comercial, ¡oh, qué original! ¡Qué especial! ¡Se nota que no sabes elegir, tu cita va a acabar fatal! — Y Sheldon empezó a burlarse de su amigo, con unas intenciones poco agradables.

— Yo no fui el que elegí. —Le replicaba Charlie. — Ha sido ella. — Y con una cara de mala leche, gritó: — ¡¿Estás diciendo que no sabe elegir!? —

— Pues no era eso lo que yo quería decir…— Sheldon se puso a temblar como un flan e intentó buscar una excusa para que Charlie no le pegara-

— Mejor callado, que así está más guapo. — Le gritó Jackie, haciéndolo callar, evitando que dijera alguna tontería más.

— Aún callado, sigue siendo feo. — Comentó en voz baja Charlie, pero Sheldon lo escuchó y le replicó de mala gana. Tras ponerse a la defensiva, Nadezha, que sentía como le empezaba a doler la cabeza, sentenció:

— Realmente, creo que me estoy arrepintiendo de haberte traído. —

Luego, tras dar un suspiro, miró a los chicos y solo le entraron más dolores de cabeza. Les dijo que se vistieran de incognito, pero lo que se pusieron atraían demasiado la atención, todos los que pasaban a su lado no dejaban de mirarlos, muy extrañados. Soltó esta pregunta, a continuación:

— Además, ¡¿por qué estáis vestidos así!? No estamos yendo a un carnaval, traéis mucho la atención. —

— Hicimos lo que tú nos dijiste, ella ya no nos puede reconocer. — Eso le respondió Sheldon, quién iba disfrazado como un intento cutre de imitación a algún rockero de los años sesenta o ochenta. Su apariencia solo daba risa a los que pasaban por ahí, algo que sorprendentemente él ignoraba.

— Es verdad, con estas pintas tan horribles que tenéis no os puede ni reconocer vuestra madre. — Le replicó Jackie, algo burlón.

— ¡¿Y tú qué!? ¡Siempre te estás quejando de que te disfrazamos como chica y ahora tú…! — Sheldon fue interrumpido por una patada que casi le alcanzó la entrepierna.

— Es un buen disfraz, mucho más real y natural que las vuestras. — Eso le dijo muy molesto Jackie. Éste llevaba un conjunto muy femenino, que estaba compuesto con una camiseta rosa con la imagen de un gatito, más una falda azul y medias. También se hizo una cola de caballo con su pelo, con un lacito rojo.

— De todas maneras, él tiene razón. — Intervino Nadezha, para evitar que hubiera algún tipo de pelea. — Ha sabido entender la idea, vosotros no. —

— Pues yo creía que mi disfraz era muy bueno. — Eso le dijo Persing, y  Patton añadió: — Y yo también. —

Todos le miraron muy mal, cuando pronunciaron esas palabras. Ellos dos vestían como verdaderos vagabundos, e incluso alguien les tiró dinero para que tuvieran algo que llevarse a la boca cuando entraron en el edificio.

Por su parte, tanto Nadezha como Vladimir, iban muchos mejor vestidos que el resto. Ellos ocultaban sus cabezas con boinas francesas y sus caras con gafas de sol. Además, estaban compartiendo la misma ropa, los dos llevaban una camiseta blanca, con una frase motivadora en ruso, más unos pantalones vaqueros.

Tras esto, el grupo se calló, aunque el silencio solo duró por unos pocos segundos. Jackie, que empezó a cuestionarse algo, él decidió romperlo, preguntándole esto a Nadezha:

— Por cierto, ¿¡está bien que hagamos esto!? — Sheldon y los Howards le replicaron, diciéndole que no se acobardara. — Yo no sé, pero siento que estamos haciendo algo muy malo. —

Al resto le importaba muy poco eso de que espiar fuera ético, pero esas dudas llegaron a afectar a Vladimir, que añadió: — La verdad es que espiar a los demás es algo feo. —

— Tienen razón, no había caído en eso. — Y también a Nadezha. — No, debería haberlo hecho. Pero no podemos dejarle solo así como así. —

De repente, se sentía muy mal por lo que estaba haciendo, ella estaba tan centrada en ayudarle que se olvido de que aquel detalle. Si fuera la chica con la cual iba a tener una cita con Charlie, le sentiría muy mal que otras personas le observaran, aún cuando era con el objetivo de vigilar al que chico con el que estaba saliendo. Aún así, ya era muy tarde para echarse para atrás y era incapaz de dejar solo al amigo de Vladimir, así que debían continuar. Intentó disipar el malestar de Jackie con estas palabras:

— De todos modos, nosotros lo estamos haciendo por el bien de Charlie, y también de su novia. No le estamos espiando, le estamos observando, que es diferente, más o menos. Solo le echaremos el ojo de vez en cuando, por si hay problemas. Aún así, esto era la última vez que haremos esto. —

Charlie les quiso decir algo, pero Nadezha no le dejaba hablar, mientras ella respondía a todas las dudas que le soltaba Jackie. Al final, tras unos pocos intentos, desistió y no lo dijo.

Tras conseguir que Jackie no se sintiera mal, Nadezha sacó su móvil y miró la hora. Luego, le dijo esto a Charlie:

— ¡Ya queda poco para la hora acordada! — Nadezha le empujó levemente hacia al lugar dónde ésta. — ¡Vamos, hombre, dirígete al lugar de reunión, no esperes a la novia! —

Él movió la cabeza afirmativamente y se dirigió hacia allí, mientras sus amigos le soltaban gritos de ánimos, salvo Sheldon, que le deseaba la peor suerte del mundo; mientras se escondían en un lugar cercano para poder ver cómo empezaba la primera cita de Charlie Uladh.

FIN DE LA NOVENA PARTE

 

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Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Octava parte, centésima decimosexta historia.

Tuvieron que pasar unos varios minutos para que pudieran reacciona. Algunos, como Sheldon, no se lo tomaron muy bien:

— ¡No me lo puedo creer, no me lo puedo creer! ¡El rarito de Charlie ha conseguido novia! ¡Es imposible! — Él gritaba como loco, mientras golpeaba el suelo lleno de furia, llorando un poco, provocando que los demás se preguntaban por qué eran amigos.

— ¡Es increíble! ¡¿Cómo lo has hecho!? — Por su parte, Howard Patton, decía esto lleno de admiración, junto con Persing, que se sentía de igual forma: — ¡¿Qué secretos has usado para conseguir tan milagro!? — Su amigo no sabía que responderles, salvo que siguió los consejos que dio Nadezha para conseguir novia.

— ¡Vamos a ver, ¿de qué consejos dices!? ¡Yo nunca di unos, de eso estoy segura! — Le replicó Nadezha, después de salir del bloque e incapaz de encontrar aquello que le decía Charlie.

— Pues cuando decías eso de la objetivación y cómo hay que tratar a las chicas. — Eso le dijo él, a continuación.

Nadezha lanzó un grito de compresión, al darse cuenta de que se refería a la “clase” que les dio a los chicos, después de que los chicos le pidieran a ella que le buscaran novia. Rió un poco, antes de añadir esto: — Eso no eran consejos, eran otra cosa. Bueno, ya ni importa. —

— Enhorabuena,…—  Le habló Jackie, de forma dubitativa, quién no sabía si alegrarse o no por la noticia. —…supongo. — Luego, preguntó: — ¿No decías que no te interesa tener novia? —

— No me interesaba, pero quería tratar mejor a las chicas. — El intentó explicárselo. — ¡Y pum! Una se me declara. — Pero no le salió bien.

— ¡¿Eso es todo!? — Y eso provocó que Sheldon le lanzara estas palabras, burlándose de forma muy hiriente a su amigo. — Seguro que eso es todo un cuento, puras mentiras de loco. —

— ¡Es cierto, si no se lo pregunta a Carleen, que es mi novia! —

Él volvió a sorprender a todos sus amigos, revelando quién era con gran seguridad. Salvo Jackie, que preguntó quién era, el resto supo de quién se trataba, aumentando así su desconcierto.

— ¡Espera, espera, un momento! — Gritó Vladimir. — ¡¿Tú estás hablando de la misma Carleen, esa niña presumida y engreída!? —

No tenía buena imagen de esa chica, la cual siempre se burló y despreció de los niños más feos y estúpidos de la clase. Esa pregunta inesperadamente provocó cambios en aquel rostro que rara vez mostraba emotividad, arqueó las cejas con una mirada de enfado y se acercó a Vladimir mientras echaba aire por la nariz.

— ¡No me mires así, esa es la verdad! — Le cogió las mejillas y empezó a estirajarlas lo máximo posible. Le gritó esto rápidamente, cuando veía que Nadezha iba a actuar para quitarle las manos de encima: — ¡Vale, vale! ¡Retiro lo que he dicho! —

Nadezha le gritó muy molesta por qué le hizo eso a Vladimir, Charlie no respondió, solo mostró gestos de molestias. El novio de la albina recordó que aquella chica nunca habló mal de su amigo, dándose cuenta de que había un punto en que concordaba, más o menos, con el hecho de que se le hubiera declarado. A continuación, intervino Sheldon:

— Eso es más estúpido todavía, ¡una de las niñas más guapa de nuestra clase se te ha declarado! ¡Tan estúpido como el culo de una vaca! ¡Ni siquiera te hablas con ella en el colegio! —

— La verdad es que él apenas habla con los demás cuando estamos en las clases. — Añadía Jackie, tras darle un codazo a Sheldon para hacerlo callar. — Incluso pasa de nosotros en los recreos. — Su rostro dejaba claro que no le gustaba esa parte de Charlie, algo que éste ignoró, soltando esto:

— Si me hablo con ella, su mamá y los míos son amigos y muchas veces me voy a jugar a su casa. —

Todos se quedaron sin habla de nuevo, incapaces de asimilar que él nunca les dijo anteriormente eso.

— ¡¿En serio!? ¡Nunca nos has contado de esto! — Le gritó Jackie, aun cuando sabía que su amigo nunca les contaba nada. Eso le sentó algo mal y a la vez provocaba que todo lo que les estaba contando tenía sentido.

— Nadie me pregunto, así que nunca lo dije. — Contestó fríamente Charlie, de una forma que hirió a todos los chicos, como si no eran amigos.

— ¡Maldito desgraciado, mientras nosotros sufríamos por no hablar con las chicas, tú tienes amigas! — Sheldon cayó al suelo de nuevo y empezó a golpear el suelo con las manos con rabia y furia. — Y yo creía que éramos amigos. — Le molestaba más el hecho de que éste se relacionaba con una chica y se le declaro que no haberle dicho lo de Carleen.

— ¡¿Creías!? — Charlie puso una cara diciendo claramente que no sentía lo mismo que decía Sheldon. Para él, no era un amigo, solo un pesado feo y tonto al que le gustaba molestar y fastidiar. Éste le replicó duramente con lágrimas de cocodrilo, mientras los demás volvían a preguntarse seriamente si de verdad esos dos se podrían considerar amigos.

A continuación, los demás decidieron ignorar a Sheldon, ellos le dejaron hablando solo, mientras lloriqueaba por el hecho de que el mundo fuera tan injusto, dándole una novia a ese rarito y no a él. Se sentaron en los sofás y Charlie le soltó esto, a continuación:

— Ahora que tengo novia, ¡¿qué tengo que hacer ahora!? —

— Pues, ¡¿lo normal, no!? — Respondió Nadezha muy nerviosa, no tenía idea de cómo contestar. Charlie le preguntó qué era eso y ésta no tuvo más remedio que intentar explicárselo. Tras pensar durante varios segundos, su nueva respuesta fue ésta:

— Ya sabes, el amor es como una flor…—  Aunque le daba muchísima vergüenza soltar esto, que era una verdadera cursilada. —…tienes que cuidarla y regarla todos los días para que no se pudra. —

Esperaba quedar bien con esas palabras, pero le salió tan cursi que los chicos no pudieron contener las carcajadas.

— ¡Dejen de reírse! — Les gritaba Nadezha, muerta de vergüenza. — ¡Es una buena metáfora, si lo piensan bien! — Vladimir y Jackie le dieron la razón sinceramente. Patton y Howards se callaron, aunque sus caras decían claramente que, para ellos, era una cosa muy estúpida. Charlie, por su parte, se quedó muy pensativo, le parecía muy extraño lo que le dijo la albina. Al pasar unos segundos, decidió preguntarlo:

— ¡¿Entonces, tengo que echarle agua cada día para que no se pudra!? ¡Ella es una humana, no una planta! — Se había tomado las palabras de Nadezha de una forma muy literal.

— ¡¿Qué parte no has entendido de que es una metáfora!? — Charlie le replicó que no sabía lo que era eso. Nadezha dio un suspiro de fastidio y decidió esforzarme más en explicarle lo que le quería decir: — Bueno, vamos a ver, lo que quiero decir es que debes ser muy atento con esa chica, apoyarla en todo momento tanto en los malos y buenos momentos, darle amor, estar casi siempre junto con ella, crear unos maravillosos recuerdos juntos… — No se le ocurría nada más, así que decidió terminar: — Todo ese tipo de cosas que se hace para que haya amor, ¿¡entiendes!? —

Charlie se quedó callado durante varios segundos para luego añadir estas palabras con enorme desánimo: — Eso parece muy complicado. —

— Se te pasarán volando cuando te des cuentas, puede que haya pasado varios años, supongo…— Le replicó Nadezha, algo molesta por  el rostro que puso Charlie. Esto provocó que decidiera decirle esto de forma muy seria: — Por otra parte, te voy a preguntar algo muy importante…—

Todos se quedaron callaron y tragaron saliva, al notar lo seria que se puso ella. Nerviosos, se preguntaban qué era lo que le quería decir a Charlie, que esperaba indiferente aquella pregunta. Tras respirar e inspirar, esto fue lo que salió de los labios de la albina: — ¡¿Tú sientes algo por esa chica!? —

— ¡¿Por qué preguntas eso de repente!? — Le dijo Jackie.

— Si tu no sientes nada por ella, deberías haberla rechazado. Aceptar ser el novio de alguien solo porque se te declaro, dándole un “sí” así por así, no es lo mejor que puedes hacer. No solo será una relación que va a durar muy poco tiempo, también será una experiencia horrible para ti. —

— Puede que se enamore poquito a poco de la otra persona. — Le replicó Jackie a Nadezha.

— O enamorarte de otra. — Añadió ella, antes de dirigirse otra vez a Charlie y soltarle esto: — En fin, contesta seriamente. —

Nadezha se le quedó mirando fijamente, mientras esperaba una respuesta. Charlie no decía nada, solo miraba por todas partes sin parar, cómo si buscaba alguna que le inspirara para soltar la respuesta o intentará evadir lo máximo posible la pronunciación de lo que pensaba. Tuvieron que pasar unos varios segundos más, después de que la albina, le diera prisa en responder su pregunta de una vez. Al final, soltó esto, muy indeciso:

— Supongo que sí…— Lo dijo de una forma tan dubitativa, que Nadezha le repitió la pregunta. Esta vez decidió ser sincero: — Tal vez, no lo sé…—

Aunque no lo parecía por fuera, el interior de Charlie tenía un torrente de sentimientos que lo tenían muy confuso y perdido. No sabía lo que sentía, ni lo entendía. Al ver su respuesta, Nadezha suspiró, dándose cuenta de que era demasiado pronto para preguntarle algo tan importante.

— Por cierto, Sheldon ha dicho que tu novia apesta. — Y, entonces, Jackie soltó estas palabras.

Todos se quedaron boquiabiertos al oír eso, salvo Charlie, cuya cara de pura indiferencia cambió a una de muy mala leche y se levantó de golpe para golpearle a Sheldon, que pudo bajar los pies a la tierra, después de escuchar esa inesperada acusación.

— ¡Espera, espera! ¡Yo no he dicho nada de eso! — Le gritaba, mientras se levantaba para ponerse a huir. — ¡Oye, no me pegues! ¡Ayuda, socorro! —

Ni siquiera podría darse el lujo de estar aturdido por aquella acusación, porque Charlie le pilló antes de tiempo y empezó a estirazarla las orejas con todas sus fuerzas. Sheldon gritaba como si le estuvieran matando ahí mismo y con tal fuerza que le provocó dolores de cabeza a Nadezha, quién decidió intervenir y detener aquella pelea:

— ¡Detente Charlie! ¡Ese bobo ahora no ha dicho nada! — Eso le decía, pero éste no se detenía y seguía alargando las orejas de su presunto amigo.

— ¡¿Por qué has dicho eso!? — Le preguntó Vladimir a Jackie. Éste le respondió con una sonrisa angelical. — Es una prueba irrefutable de que siente algo por ella. — Vladimir se le quedó mirando, detrás de aquel rostro de angelito, veía cómo cuales fueron las verdaderas intenciones de Jackie para soltar esa frase.

A Nadezha le costó mucho tranquilizar a Charlie, a quién tuvo que separar a la fuerza de Sheldon. Después le preguntó a Jackie por qué dijo tal cosa.

— ¡Lo siento mucho, seguramente mis oídos lo oyeron mal, o algo así por el estilo! ¡Perdónenme, por favor! —

Eso fue su respuesta, con unas disculpas que no parecían muy sinceras, algo que Nadezha decidió ignorar y pasar por algo.

— En fin, supondré que sientes algo por esa chica, ya que tú correspondiste sus sentimientos. Eso espero. — Concluyó la albina, tras dar un suspiro.

A continuación, toda la sala quedó en silencio, nadie sabía qué decir o de qué hablar. Parecía como si ya hubieran dicho todo lo necesario. Aún así, Nadezha sentía que no tenían que terminar con ese tema, además de que no le gustaba el ambiente silencioso que tomó el lugar.

— ¡¿Y hay algo más o eso es todo!? — Así que ella continuó hablando. Charlie cruzó los brazos y se puso a pensar. Tras varios segundos en esa forma, recordó algo importante y lo dijo:

— Pues, tengo una cita con ella dentro de…— Se puso a contarlos con los dedos de las manos. —…cinco días. —

Salvo Jackie y Vladimir, los demás chicos empezaron a gritar como idiotas, mientras se tapaban desesperadamente los oídos para no oír esas palabras. Nadezha no lo pudo escuchar bien por culpa de ellos, así que les mando a callar y le pidió a Charlie que repitiera la respuesta. Cuando lo oyó, ésta fue su reacción:

— ¡¿Tan pronto!? — Gritó Nadezha exageradamente. Luego, añadió con mucha seriedad: — ¿¡Estarás bien!? Es tu primera cita. —

— Sí, supongo que estaré bien. — Le respondió indiferentemente, como si era algo que hacia todo los días y de poca importancia. Eso alertó mucho más a Nadezha, que soltó esto: — Pues yo no estoy muy segura, tengo la sensación de que lo arruinarás. —

— ¡¿Ah, de verdad!? — Comentó Charlie, sin cambiar de actitud. — No te preocupes, estaré bien. —

— Conociéndote,…— Tenía en mente aquel extraño comportamiento que mostraba Charlie varias veces, y que era totalmente impredecible y muy idiota. —…aunque sea por poco tiempo, seguramente harías muchísimas tonterías que arruinarían la cita. —

— Bueno, yo pienso igual que Nadezha. No estoy muy seguro de dejar en tus manos algo tan importante como una cita. — Intervino Jackie, que le dio la razón a la albina. Vladimir también dijo algo parecido. Nadie creía que él no fuera capaz de no fastidiar su primera cita.

— Pues espero que lo mandé todo a la mierda con sus tonterías y se quede sin novia…— Incluso algunos, como Sheldon, lo deseaban con todo su corazón. — Se lo merece por idiota, y por tenerla antes que yo. —

Charlie se lo tomó tan mal que le tiró unos caramelos a la cara con mucha precisión, quién se puso a lloriquear y a hacerse la víctima, mientras los dos Howards cogían rápidamente lo que tiró. Nadezha le hizo callar, mostrando su puño y poniendo su cara más aterradora. Luego, ella continuó hablando:

— En fin, no confiamos en ti y no estoy segura de dejarte solo en esto. Lo siento mucho, pero es la verdad. Como no quiero que esa chica se lleve una decepción con su primera cita, no puedo evitar meterme. Aún cuando creo que no debería meterme en tus asuntos, me es imposible no hacerlo. —

— ¡¿Qué dices!? No te entiendo, para nada. — Le replicó Charlie, que perdió rápidamente el hilo de la conversación.

— Para dejarlo claro, te ayudaremos con tu primera cita. —

Al decir estas palabras, todos dieron un grito de sorpresa. Ellos ya se dieron cuenta de que Nadezha le iba a ayudar, pero no se esperaban que decidiera meter a los demás en este asunto. Ella les preguntó, al ver esa reacción, si no querían hacerlo. Estas fueran sus respuestas:

— Sí, yo lo haré. Me ocuparé de tu ropa, haré que te vista de forma muy linda y a la moda. — Eso dijo Jackie, lleno de entusiasmo, porque quería poner en prueba su habilidad para escoger la ropa.

— Aunque esa chica…— Vladimir calló al momento, después de notar la cara de mala leche que puso Charlie. Luego, añadió: — De todos modos, también ayudaré, te daré varios consejos y mi experiencia. Soy un veterano, al fin y al cabo. — Eso último lo dijo, hinchando su pecho con orgullo.

— Bueno, nosotros haremos todos nuestros esfuerzos. — Tanto Persing como Patton también querían apoyar a su amigo. — Aunque no sabemos nada de citas ni de chicas. —

Y, entonces, el único que se opuso a participar era Sheldon, que soltó esto con muy mala leche:

— Ni una mierda, no voy a ayudarle. Quiero que fracase miserablemente, ¡¿cómo puede él tener novio y yo no!? ¡Es injusto! —

Todos se le quedaron mirando mal, observando como la envidia le estaba devorando a pasos agigantados.

— Realmente eres despreciable. — Añadió Nadezha, mirándolo con mucho asco. — Espero que jamás tengas novia. —

Sheldon intentó replicar esas palabras, pero se notaba el desprecio hacia su persona en el aire y cualquier cosa que él diría solo los harían saltar como leones.

Nadezha, al notar que no se atrevió a decir algo, mientras deseaba que ese chico empezara a cambiar para mejor pronto, decidió soltar esto:

— Ahora que lo pienso, lo mejor que ustedes tres pueden hacer es no es ayudar. — Los dos Howards le preguntaron desconcertados el porqué. — Vosotros debéis de observar la cita atentamente y aprender de ella. Seguro que es muy útil para vosotros en el futuro. — Luego, Nadezha se dirigió principalmente hacia Sheldon: — Si no quieres, no lo veas. Púdrete en tu envidia, si es eso lo que quieres. —

Sheldon quiso decir algo, pero no se atrevió. Patton y Persing le dieron la razón a Nadezha, porque sabían que no eran útiles realmente. Así es como el grupo, salvo uno, decidió ayudar a Charlie para que no fastidiara su cita.

FIN DE LA OCTAVA PARTE

 

 

 

 

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Centesíma decimasexta historia

Nadezha y las niñas de Shelijonia: Séptima parte, centésima decimosexta historia.

Nadezha lanzó un fuerte suspiro, después de escuchar lo que le habían dicho por teléfono. Luego, gritó esto:

— ¿¡En serio, quieren seguir con esto!? ¡Iros a la mierda! Después de lo que montasteis pasado ayer, ni loca os voy a seguir ayudando. —

— ¡Pero Nadezha, la próxima vez lo haremos mejor! ¡Nosotros no vamos a cometer los mismos errores! ¡Por favor, estamos desesperados! —

Eran Sheldon y compañía que le pedían por teléfono, porque no se atrevían a acercarse a la casa de Nadezha, que ella siguiera ayudándolos con eso de conseguir novia. Con pocas ganas de seguir escuchándolos, los colgó de golpe, no quería saber nada de ellos por una buena temporada.

— ¡¿Son ellos de nuevo!? — Le preguntó Vladimir, mientras veía la tele tranquilamente. — ¡¿No se cansan!? —

— Realmente son unos verdaderos pesados. — Le comentaba Nadezha, mientras se sentaba a su lado. — ¡Qué se pongan esos idiotas a estudiar o a tener algún pasatiempo para perder el tiempo, que yo ya he tenido mucho suficiente con sus estupideces! —

Aún seguía muy enfadada por lo que pasó el otro día, tanto con los amigos de Vladimir como con ella misma, que le pidió ayuda a Malan para que los chicos tuviesen prácticas para conversar con alguien del otro sexo y uno de ellos casi llegó a intentar tocarla el pecho. Estaba tan avergonzada por lo que pasó que no paró de pedirle disculpas a la africana, después de regañar a Sheldon.

— Perdón por lo que ha pasado, jamás me esperaba que iban a estar tan salidos estos guarros. — Eso le dijo Nadezha a Malan, cuando ella se iba a ir. Martha, que no se sentía mal por lo que pasó, le añadió alegremente:

— ¡No te preocupes! Espero que esto les haya servido de algo. La verdad es que si siguen por ese camino, van a tener problemas muy graves. No solo no podrán relacionarse con el otro sexo, también se aislaran del resto y acabarán teniendo una vida llena de insatisfacción, teniendo que recurrir que a lo virtual y a la ficción para huir de su realidad. —

Aquellas palabras sinceras de Malan atravesaron a Sheldon y a los dos Howards, que las observaba desde la casa, como una flecha. Cayeron al suelo y empezaron a llorar por los patéticos que se habían mostrado.

Nadezha movió la cabeza de una lado para otro para evitar seguir recordar lo del otro día, no quería amargar el precioso día que estaba teniendo junto con Vladimir.

— ¡Qué tranquilo se está! — Comentó Nadezha muy feliz. — ¡Me alegra que por fin estemos solos! — Ya estaba harta de aquel grupito que no le dejaban en paz en ningún momento.

— ¡Es verdad! ¡Deberíamos aprovecharlo, ya que hace día o semanas que no estamos así! ¡Ver solo la tele es una pérdida de tiempo! — Añadió su pequeño novio. Nadezha le dio la razón, ya que no lo tenían encima ellos deberían hacer algo más que no fuera ver la tele.

Y la pareja se quedó en silencio, empezando a pensar qué cosas tenían que hacer ellos. A lo primero, estaban en blanco, no se le ocurrían nada. Luego, se le ocurrieron algo que los puso muy rojos, obviamente estaban pensando en hacer ese tipo de cosas que hacen los enamorados normalmente. Como si fuera la primera vez, tanto ella como él no se atrevían a decirlo, solo se giraron y empezaron a mirarse durante un buen rato. La pasión ya estaba en el aire y poquito a poco acercaron sus bocas para dar un beso muy ardiente. Parecía ser el inicio de una tarde muy romántica entre esos dos jóvenes.

Y entonces, unos cuantos golpes en la puerta lo arruinaron. Nadezha se levantó, bastante fastidiada, y se dirigió a abrirla, preguntando quién era.

Al ver quiénes eran, le entraron ganas de gritar y de cerrarles la puerta en toda la cara. Era el resto de la pandilla.

— ¡¿Por qué estáis aquí!? — Eso les dijo con muy mala leche. — ¡Ni se os ocurra poneros a lloriquear o a suplicarme en la puerta de la calle, os lo aviso! — Sheldon y los Howards se quedaron de piedra, al ver que ella había adivinado que iban a hacer eso.

— Perdón, por si os estamos molestando. — Le dijo Jackie, quién sabía cómo se sentía Nadezha y que era mala idea venir y seguir molestar con eso. — Es que estos son unos pesados y…. —

— Yo estoy aburrido, he venido a jugar. — Y le interrumpió Charlie, mientras entraba como si fuera su casa.

— Bueno, si quieres, nos podemos ir…— Intentó terminar su frase, pero no le dejaron.

— ¡Por favor, por favor, no nos abandones! — Aquellos tres no aguantaron más y se agarraron a las piernas de Nadezha, mientras gritaba como niños pequeños: — ¡Ayúdanos! ¡Te lo rogamos! ¡Necesitamos dejar de ser unos perdedores! —

Mientras Nadezha intentaba librarse de esos chicos, que se sujetaban a sus piernas como garrapatas, Vladimir observaba la escena con un rostro que dejaba claro que estaba bien molesto y enfadado por haberles estropeado aquel momento. Charlie le saludó alegremente, pero fue recibido por un saludo muy poco animado por parte del novio de la albina. Jackie no pudo evitar sentirse culpable por no haberles detenido, porque se dio cuenta de que  pillaron a la parejita en el momento menos oportuno.

— ¡Un no es un no, aprended de una vez! — Eso les gritaba furiosamente Nadezha, mientras se los quitaba de las piernas y los intentaba echar a la calle: — ¡Dejen de insistir! —

— Pero es que no podemos. — Y eso le replicaban desesperadamente, mientras sacaban todas sus fuerzas. — ¡No queremos morir solos! —

Al ver que el intentar sacarlos de su casa estaba siendo casi imposible, a pesar de que estos eran unos debiluchos y no debería haber aguantando tanto; decidió detenerse y decirles esto:

— Pues hagan esto. Olvídense de tener novia y dedicaos a mejorar como personas, que os falta. — No tenía ninguna esperanza de que le dejaran en paz, aún así lo intentó. — ¡Antes de que os deis cuenta, ya tenéis una! —

— ¡Ni una mierda, las chicas siempre buscan a los más rebeldes y a los abusones! — Y no funcionó, le replicaron con estas palabras. — ¡Somos buenos chicos y nadie quiere a las buenas personas! —

Charlie se puso a reír como loco cuando oyó aquellas palabras, mientras Vladimir y Jackie pusieron un rostro llena de incredibilidad y de burla que dejaban claro que no lo creerían.

— Sí, sobre todo eso, buenos chicos. — Hasta Nadezha comentó de forma burlona, tras oír eso. — Me sorprende que os creéis eso. —

Sheldon y los dos Howards le replicaron, diciéndoles que si lo eran, tanto que les decían puras mentiras como que daban dinero a los pobres y ellos lloraban cada vez que veían a los negritos de África sufriendo.

Los demás no pudieron parar de reír por las tonterías que decían, incapaces de poder tomarles en serio. Al final, tuvieron que reconocerlo:

— Vale, vale. No somos tan buenas personas como creíamos…— Y Patton intervino diciendo esto: — En verdad, somos unos perdedores. — Sheldon le hizo callar y continuó: — Por eso, necesitamos ayuda…—

Charlie le interrumpió, levantando la mano con la intención de decirle algo a Nadezha.

— ¡¿Qué quieres!? — Le preguntó la albina, después ella añadió, al ver que éste estaba comiendo un paquete de patatas que cogió de la cocina: — Y no debes coger sin permiso los aperitivos que hay en casas ajenas. —

— No me ignores. — Soltó Sheldon, al ver que ésta ya ni le hacía caso.

— Lo siento. — Lo dijo con total indiferencia, que provocó que a Nadezha le entrará ganas de quitarle los aperitivos. A continuación, soltó lo que él quería preguntar: — ¡¿Y si en el caso de haber consiguuido una novia, qué es lo que uno debería hacer!? —

— Pues bueno, no sabría que decirte ahora mismo…— Le parecía muy extraña la pregunta. — ¿¡Por qué preguntas esto!? Espero que no te haya entrado ganas de tener una… —

— No es nada, nada de nada. — Él movió la cabeza rápidamente, para dejar claro que no era nada, aunque este gesto provocó sospechas en la albina. — Solo lo decía…— No pudo terminar la frase, porque Sheldon gritó con todo su pulmón para poder recibir la atención de Nadezha.

— ¡Deja al estúpido de Charlie, yo sí que tengo problemas graves! — Y lo que recibió fue un fuerte castañazo por parte de la albina.

Al ver lo irritada y enfadada que estaba Nadezha, Sheldon y los Howards decidieron callarse y mirar la tele tranquilamente.

— Realmente creo que deberíais de dejar de ser tan pesados. — Eso les comentó Jackie. — Por eso, vosotros no tenéis novias. — Estas palabras fueron ignoradas olímpicamente.

Aún así, no cesaron en sus intentos, a los días siguientes no pararon de dar la lata a Nadezha una y otra vez, para conseguir que les siguiera ayudando. Y ésta se negaba sin parar, no dejaba de mandarlos a la mierda.

Al final, cuando llegó un domingo, tuvo que acceder, al ver que los amigos de Vladimir llegaron a su casa por la mañana muy temprano. A pesar de que su novio, quién se quedó a dormir, les dijo que la dejaran en paz de una  vez, ellos siguieron insistiendo:

— ¡Vale, vale! ¡Pero que esta vez sea la última! ¡Si hacéis una estupidez o mando a la mierda! ¡¿Entendido!? — Les decía Nadezha, muy cansada de aquel asunto. — Si vosotros volvéis a seguir insistiendo después de eso, nunca volveréis a pisar esta casa. —

Sheldon le replicó que eso último era muy drástico, que tampoco hacían nada malo; pero se tuvo que callar al ver la cara de ira que puso Nadezha tras escuchar esas palabras. Entonces, los demás intervinieron para dejarles claro que no podrían seguir por ese camino, hartos de aquella insistencia:

— Por favor, que ésta sea la última vez. — Vladimir les dijo esto y Jackie les avisó: — Deberías hacer caso esta vez, las cosas podrían ponerse muy feas para vosotros si seguís haciendo eso. — Sheldon y los dos Howards solo les respondieron con comentarios vagos y carentes de sentido.

Tras entrar en la casa, lo primero que dijeron, tras sentarse en el sofá, fue esto: — ¡¿Qué es lo que tenemos que hacer ahora!? —

— Y yo que sé. — Le respondió Nadezha, con pocas ganas de comenzar. Luego, se dio cuenta de una cosa y preguntó: — Por cierto, ¡¿dónde está Charlie, no ha venido con vosotros!? —

— Pues hoy no ha podido venir con nosotros. — Le respondió Jackie.

— Mejor, mejor, así no tenemos que soportarlo, el muy idiota se cree mejor que nosotros. — Comentó Sheldon con tal desagrado que hacía preguntar a los demás por qué se juntaba con Charlie.

— Y creo que tiene razón al creérselo. — Aunque Vladimir le replicó con estas palabras igual de duras, que callaron a Sheldon.

— Últimamente pasa poco tiempo con nosotros, la verdad. — Añadió Jackie, muy sorprendido. — Parece que está ocupado o algo así. —

Habían pasado varios días en dónde Charlie no les acompañaba y se quitaba del medio, algo muy raro para él, ya que antes siempre los acompañaban a todas partes y sobre todo a la casa de Nadezha.

También se acordó de que él, haciéndose el tonto, nunca les respondía los motivos por la cual siempre se iba, a pesar de que lo preguntó varias veces. Nadezha recordó la pregunta que Charlie le hizo varios días antes y lo iba a comentar, pero fue interrumpida por Sheldon:

— ¡Da igual, da igual! Tenemos que seguir con eso. — Eso gritó, no quería que la conversación se fuera directa sobre Charlie, le importaba una mierda lo que le pasaba, más importante era tener novia.

— ¿¡No deberíamos seguir con eso de aprender a practicar a hablar con una chica!? — Preguntó Patton, a continuación.

— Ni en broma, no voy a invitar a otra chica para que Sheldon le intenté tocar su pecho. — No quería repetir eso de nuevo, que con solo recordarlo se sentía muy avergonzada y furiosa.

— Bueno, bueno, fue un accidente, no volverá a ocurrir. — Sheldon intentó dar importancia, pero la aterrada mirada que puso Nadezha cuando le oyó, lo hizo callar y no decir nada más sobre ese tema.

— ¿¡Y por qué no usamos de nuevo a Jack…!? — Le llegó el turno de Persing, que no pudo terminar la frase, porque Jackie supo lo que quería decir y le gritó que no con mucha furia.

Entonces, Patton se dio cuenta de una cosa, tan obvia y tonta que no sabía cómo no se le habían ocurrido antes. Luego, decidió decirlo en voz alta, preguntando esto:

— ¡¿Y por qué no practicamos con Nadezha!? Ella es una chica y además nos podemos comunicar con ella sin ponernos nerviosos. —

Se quedaron boquiabiertos cuando él dijo esto. No se había dado cuenta de eso, algo tan elemental que se sintieron muy idiotas. Sheldon, sorprendido por tal revelación, gritó:

— ¡Es verdad, es verdad! ¿¡Cómo no se me había ocurrido!? Con lo machorra que es, no me di cuenta. —

Cuando él se dio cuenta de que le llamó marimacho a Nadezha, se puso pálido y le empezó a decir que no era lo que quería decir. Ella le miraba con ganas de matarlo, pero no le hizo nada, porque tenía algo de razón, aunque le molestaba muchísimo.

Vladimir le replicó violentamente, gritándole que no le dijera esas cosas a su novia, pero Nadezha le detuvo y lo tranquilizó.

— ¡No te preocupes! — Luego, añadía con estas palabras. — Si eso es lo que piensa de mí, entonces no tiene caso en que practiquen conmigo para poder hablar con las demás chicas. — En el fondo, no quería participar en algo así, después de lo que pasó con Jackie y Malan, cuando accedieron a practicar con ellos.

— Espera, espera, ¡no nos hagas esto! ¡Necesitamos tu ayuda, no queremos morir solos! — Le suplicó Sheldon, y los dos Howards hicieron lo mismo que él.

— Si ella no quiere, pues es un no. — Le decía Vladimir con una sonrisa aterradora, mientras apretaba el puño. — Además, seguro que le intentarás hacer algo raro, no me gustaría pegar a un conocido hasta la muerte. —

Sheldon le replicó muy molesto por qué le llamaba conocido, cuando eran supuestamente amigos, aunque fue ignorado. A pesar de todo, Nadezha no pudo negarse a aceptar a practicar con los chicos, por desgracia.

— En fin, vamos a comenzar de una vez, di algo. — Eso soltó Nadezha, después de sentarse en el sofá, preparada para practicar con los chicos.

Y Sheldon, quién tuvo que acceder como el primero, no decía nada. Es más, se puso muy nervioso y temblaba como un flan. Los demás no se lo podrían creer:

— ¡¿En serio!? Han pasado meses desde que la conoce y la hablas con total normalidad, hasta se burla de ella. — Gritaba Jackie, incapaz de entender lo que le pasaba a él. — ¡¿Y ahora se pone nervioso!? Yo no le entiendo, de verdad. Esto es absurdo. —

— Tal vez, el simple hecho de imaginar que tiene que comunicarse con una chica, le pone muy nervioso. — Le respondía Vladimir, bastante fastidiado. — Yo, ya me lo esperaba. — Y tenía el puño preparada para golpearlo por si le hacía algo a su querida novia. — Espero que no haga nada raro. —

— ¡Estamos perdidos, realmente perdidos! — Se decían Persing a Patton en voz bajas, igual de nerviosos. — ¡No hay salvación para nosotros! —

— ¡Por favor, cállense, solo me ponen nervioso! ¡Qué me estoy preparando para hablar, solo me falta un empujoncito! — Les replicó fuertemente a los demás, que solo le producían más nerviosismo que antes.

— ¡Vamos, di algo, que no tenemos todo el día! — Y Nadezha soltó esto, dándole prisa para hablar.

Incapaz de decirle que ya lo iba a hacer, cerró los ojos y empezó a relajarse. Respiró e inspiró varias veces, mientras pensaba de qué podría hablar con ella, porque no tenía ni idea. Ni siquiera le explicó qué tenía que hacer, qué temas sacar para charlar con una chica. A pesar de eso, no dejó de buscar alguna buena idea para poder conservar y finalmente pudo encontrarlo, tras muchos minutos siendo inmóvil como una piedra.

Con una sonrisa en la boca, decidió hablar y soltar lo que había pensando. Y cuando abrió su bocaza, listo para charla y mantener una conversación, alguien le interrumpió, abriendo violentamente la puerta de la casa de la albina, que estaba semiabierta, a pesar de que Nadezha les pidió a los chicos que la cerraran. Era Charlie y estaba realmente nervioso.

— ¡¿Qué ocurre, por qué has entrado de esta manera a mi casa!? — Le preguntó Nadezha, por una parte, muy sorprendida por aquella repentina aparición y por otra, enfadada por lo mal que había tratado a su puerta.

— ¡Mierda, me lo has arruinado todo! — Le gritó Sheldon a Charlie, que fue ignorado por todos, que estaban más absortos en el nerviosismo que estaba mostrando el otro, parecía que le había pasado algo muy malo.

— ¡Eso no importa! ¡Los consejos de Nadezha me han funcionado! ¡De verdad! — Eso les dijo como respuesta, mientras no dejaba de moverse de un lado para otro del salón.

— ¡¿De qué consejos hablas!? — Le preguntó Nadezha, mientras buscaba en sus recuerdos. — No recuerdo haberte dado algunos. —

— Bueno, eso de conseguir novia. — Eso no le ayudo mucho a la albina a recordar, que nunca le dio ningún tipo de consejos sobre eso.

— ¡¿Y qué pasa!? — Añadió Nadezha, esperando que estas preguntas le harían comprender qué le ocurría a aquel chico: — ¿¡Qué quieres decir con que ha funcionado!? —

— Pues es que tengo…— Tragó saliva por un momento y luego añadió esto lleno de incredibilidad, ni él mismo se lo creía. —…una novia. —

Todos se quedaron atónitos al escuchar aquellas palabras, sin habla. No se lo esperaban para nada. Sobre todo para los chicos que querían conseguir novia, aquella noticia fue para ellos un apuñalamiento por la espalda.

FIN DE LA SÉPTIMA PARTE

 

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Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Sexta parte, centésima decimosexta historia.

Al final, para terminar de una vez con la discusión que estaban teniendo los chicos para ser el próximo a hablar con Martha, Nadezha decidió intervenir y elegir ella, porque a ese paso se haría de noche antes de que se decidieran. La persona que eligió así sin más fue Howard Patton.

— Hola, ¡¿tú eres Howard Persing!? — Malan dio inicio a la conversación, al ver que éste no hablaba. — ¡¿O eres Patton!? — Pero no le respondía.

Él no solo era incapaz de decirle algo a ella, sino que no se atrevía a mirarla a los ojos, tenía su cabeza agachada, observando el suelo. Su nerviosismo era tanto que todo su cuerpo temblaba como un flan y su mente se quedó en blanco, incapaz de pensar en otra cosa qué cómo se hacía conversaciones con las chicas y en salir del bloqueo para no quedar fatal delante de Malan.

Al notar lo incómodo que estaba aquel chico y cómo lo estaba contagiando al ambiente, ya que Nadezha le irritaba el silencio de Howard, mostrando unas ganas de gritarle que le dijera algo; decidió seguir hablando hasta que el chico pudiera tener confianza en sí mismo o se sintiera cómodo. Aunque no sabía que tema sacar, decidió ir a ciegas, improvisando con lo primero que se le ocurría.

— ¿Cómo te va en el colegio? — Preguntó esto, a pesar de que ya sabía cómo le iba, ya que estaban en la misma clase. — He escuchado que están yendo muy mal. — Estaba recordando que hace poco un profesor le regañó cruelmente, delante de sus compañeros, por sus notas bajas. — Así que te mando muchísimos ánimos por mi parte, ¡si te esfuerzas, podrás salir del colegio sin repetir! Aunque lo tienes difícil, la verdad. Es normal que te hayan rendido y…— Nadezha tuvo que pararla, porque más que animarlo lo estaba deprimiendo.

Él no respondió, seguía en la misma posición que antes, pero las palabras de Malan le provocaron todo tipos de pensamientos muy exagerados que le hacían pensar que ella le tenía muchísima lástima y creía que era un gordo perdedor y un payaso del que todos se burlaban. Aquel auto tortura solo le provocó ganas de llorar y salir corriendo.

—…“Howard” es una palabra curiosa, puede utilizarse como nombre y a la vez como apellido. — Ella aún seguía en su labor de darle conversación y conseguir que le dirigiera la palabra, liberándolo de su nerviosismo. — Y parece muy común, sobre todo en el segundo caso…—

A pesar de que le estaba hablando de su nombre, él seguía incapaz de abrir la boca.

— Una conocida familia noble inglesa lleva ese apellido y Enrique VIII, rey de Inglaterra entre 1509 y 1547, se casó con algunos miembros de este clan como Ana Bolena o Catherine Howard. —

A pesar de que ella ponía todos sus esfuerzos en empezar una conversación con él, eso le provocaba más nerviosismo y terror.

— Deberías sentir alegría por tener un nombre muy curioso, aunque sea muy común. ¡¿Ah, sabrás quién es Enrique VIII, no!? Él es un rey muy famoso de Inglaterra, seguro que te parecerá interesante conocer un poco su historia. —

Tenía que decir algo, aunque fuera una pequeña exclamación. El no podría dejar que ella siguiera hablando sola, o terminaría mandándolo a la mierda.

— Su reinado, que duró 38 años, se produjo durante el siglo XVI, cuando se estaba descubriendo el Nuevo Mundo y empezó la Reforma protestante. Él tiene un papel muy importante sobre esto último,  rompió la autoridad papal sobre su reino y se puso como jefe de la iglesia en Inglaterra… —

La presión lo estaba llevando al límite. No solo sufría un horrible tembloteo, sino que no dejaba de sudar como un cerdo y su vejiga estaba al tope. Tenía que liberarse de aquel terrible miedo a charlar con las chicas antes de que fuera demasiado tarde.

Mientras Martha Malan le contaba sobre los motivos por las cuales rompió con la Iglesia católica y la suerte que tuvieron sus seis esposas, éste empezó a llenarse de valentía poquito a poco. Buscaba alguna frase fácil de usar y que le evitará meter la pata, porque no tenía ni puñetera idea de que estaba hablando ella. Forzó su mente con todas sus fuerzas, mientras aguantaba por no expulsar lo que tenía su vejiga, que le pedía desesperadamente ir al cuarto de baño. Finalmente, tras pasar varios minutos dudando, él decidió decirle cualquier cosa, aunque fuera una tontería. Y cuando intentó abrir la boca, entonces alguien gritó esto:

— ¡Por el amor de Dios! — Era Nadezha, que no pudo aguantar mucho más y estalló. — ¡Ya no puedo soportar esto más, dile algo de una puta vez, que me tienes amargada! ¡Lo que sea! —

Aquel grito de desesperación calló a Malan y dejó el lugar en un completo silencio. Patton se quedó en blanco, todo aquel esfuerzo que se llenó para poder hablarle a Martha se fue a la basura, y su pantalón y el sofá en dónde estaba sentado se mojaron por un líquido que salía de sus entrepiernas.

Tuvieron que pasar varios segundos para que alguien pudiera reaccionar, eran incapaces de asimilar que Patton se hubiera orinado encima.

— No me lo puedo creer, ¡en serio, no me lo creo! — Protestaba Nadezha, mientras estaba limpiando el sofá. — ¡Qué asco, está lleno de pipí! —

Había pasado diez minutos desde que terminó el turno de Howard Patton. Con arcadas, ella cogía las fundas y las echaba en la lavadora, con la ayuda de Vladimir, Jackie y de Malan, quién le dijo esto:

— Creo que le dimos demasiada ansiedad al pobre, hemos sobrestimado su nerviosismo frente a las chicas, es peor de lo que pensaba. — Lo decía muy pensativa, repasando en su mente todo lo que leyó sobre psicología. — Su timidez hacia al otro sexo llega a ser extremadamente severa. Me pregunto si tiene un trauma que le hace actuar así…— Ella estaba montando en su cabeza un cuadro psicológico de lo que vio.

— ¡¿Y cómo está Patton!? — Preguntó Jackie, muy preocupado. — Casi le dio algo, cuando se dio cuenta de que se meo delante de Malan. —

— Él sigue encerrado en el cuarto de Nadezha, llorando a mares. — Le respondió, mientras recordaba cómo éste se lamentaba de haber hecho el ridículo, agachado en un rincón del cuarto. — Hasta me da mucha pena, la verdad. —

— Creo que esto ha sido mi culpa, si no hubiera gritado. — Añadió la albina, llena de culpabilidad. Luego, dejo de pensar en eso y les gritó a los chicos que estaban vagueando en el sofá limpio. — De todas formas, ¡¿por qué ninguno de ustedes no van a su casa a traerle ropa!? —

Se dirigió hacia a Howard Persing, Sheldon y Charlie, que actuaban como si lo que pasó con Patton nunca hubiera ocurrido:

— ¡Qué lo haga él, es su culpa por haberse meado encima! — Le replicó burlonamente Sheldon. — Eso, eso. — Y Persing le dio la razón, antes de ponerse a reír.

— ¡Oh, sí, sí! ¡Qué vaya él, que no tiene pantalones ni calzoncillos, medio desnudo! ¡Qué listos sois! ¡Realmente listos! ¡Tan listos que una semilla de maíz tiene más inteligencia que vosotros! —

Les gritó con mucha furia Nadezha, tras escuchar aquellos comentarios. No se esperaba que fueran tan horribles. No entendía cómo su amado Vladimir se juntaba con niños tan rastreros, ni tampoco que ella misma tuviera que soportarles. Les obligó a que se fueran a la casa de su amigo.

— Pero es que… ¡yo no sé dónde está su casa! — Y les respondieron con excusas muy malas y estúpidas. — ¡Yo tampoco! —

— Yo, yo quiero…— Entonces, Charlie empezó a gritar esto, mientras levantaba la mano. — ¡Yo le traeré ropa limpia al bebé! —

— ¡Por fin, un buen amigo entre este grupos de capullos! — Eso les decía a Sheldon y a Persing, mientras elogiaba a Charlie. — Deberían aprender de él. — Tenía toda la intención de mostrarles los horribles que son.

A continuación, tanto Vladimir, Jackie y sobre todo Malan, no pararon de elogiar a Charlie, mientras éste decía que esa era su misión, fanfarroneando y echando indirectas muy crueles hacia los otros dos, que se dieron cuenta de que estaban quedando como los malos de la película.

Así es como Charlie, que, hasta hace unos momentos tampoco quería ir a la casa de Patton para traerle ropa limpia, dejó en muy mal lugar a aquellos dos, mientras les sonreía de forma diabólica.

Tras la salida de éste a la casa de Patton, Sheldon le dijo a Nadezha que querían seguir con eso de la práctica.

— ¡¿Queréis continuar!? ¡¿Después de lo que ha pasado!? — Ella ya casi se olvidó de eso. — ¡¿Por qué no lo hacemos otro día!? —

— Pues claro que no, ya estamos llenos de valentía. — Le replicó Sheldon, quién no quería perder esta fantástica oportunidad de hablar con una de las chicas más populares de su colegio. Y Persing añadió esto: — Nosotros no haremos el ridículo como ese idiota. —

Nadezha, creyendo que estaban alardeando inútilmente, quiso replicarles, pero entonces Malan comentó esto: — A mi no me importa continuar con esto. — Y la albina ya no pudo negarse, a pesar de todo.

A continuación, Persing iba a preguntar quién le iba a tocar, pero Sheldon se quitó rápidamente del medio, con la excusa de ir al baño. Él aceptó su turno con mucha decisión y valentía. Aunque, al final, ocurrió lo mismo:

— ¡¿No decías que no ibas a hacer el ridículo como tu amigo!? Pues estás haciendo lo mismo que él. — Eso le gritó Nadezha a Persing, mientras le observaba.

Después de sentarse y mirar frente a frente a Malan, éste empezó a hacer lo mismo que su amigo. Miraba al suelo, incapaz de contemplar el rostro de la africana; mientras sudaba a chorros y temblaba más que un flan, por todo el nerviosismo y temor que tenía. Quería salir corriendo o quitarse del medio antes de que pudiera arruinarlo al igual que Patton. Y así estuvo, durante los primeros minutos, mientras Malan le hablaba sobre las abejas y moscas parasitas.

— ¡Vamos tú puedes, Persing! ¡Intenta hablar, aunque sea una frase, por lo menos! — Jackie le intentaba animar, mientras tapaba sus orejas para no escuchar lo que estaba diciendo Martha, que parecía ser muy desagradable.

— ¡Ah, ese perdedor, por algo se llama Howards! — Y Sheldon decía esto, mostrándose muy creído. — ¡Yo lo haré mucho mejor! —

— ¡Cállate, seguro que lo harás peor! — Le replicó Vladimir. Sheldon intentó protestar, pero Nadezha le soltó esto: — Tiene razón, tienes el don de hablar mucho y después demostrar poco. — Y se calló.

— ¡En serio, empieza a hablar de una vez! Tú puedes hacerlo, ¡vamos! — Y Nadezha intentó animarlo, aunque apenas se esforzaba en que fuera creíble. Solo quería que empezara de una vez.

Persing cerró los ojos y empezó a inspirar y respirar poquito a poco, con la intención de tranquilizarse. Se decía a sí mismo que su objetivo era muy fácil, solo tenía que conversar con una chica, nada más. Si él hacía este primer paso, entonces podrá avanzar y dejar atrás su vida como perdedor. Se vestiría bien, se bañaría todos los días, haría dieta y sacaría buenas notas. Sería un seductor que atraería a un montón de chicas que desearían estar con él. Perderá la virginidad con las mujeres más hermosas y se los contará a todos sus amigos aquellos grandes experiencia. Por supuesto, quitaría a Sheldon de su vida, un niño tan repelente destruiría todo su futuro. Sería feliz y comería perdiz todos los días.

Su mente se llenó de fantasías muy absurdas e irrealistas, también de cosas pervertidas. Su ilimitada imaginación y sus deseos de alcanzar sus sueños, lo llenaron de valor y decisión. Se iba a atrever a hablar con Malan, tener una conversación que dejaría boquiabierto incluso a Nadezha. Se levantó y la miró fijamente:

— ¡¿Oh, ocurre algo!? — Le preguntó Malan, algo sorprendida por aquella reacción y por esa mirada decidida. Todos se preguntaron qué iba a hacer él, mientras los observaba en silencio.

— Y-yo-yo…— Luchó contra el bloqueo. — La verdad es q-que…— Con todas sus fuerzas, intentó decir algo coherente. — Lo q-que tengo que decir es q-que…— Dio un último esfuerzo y gritó fuertemente lo primero que se le ocurrió: — ¡¿Te gustaría tener sexo conmigo!? —

Todos se quedaron boquiabiertos cuando oyeron esas palabras, nadie se lo podría creer. Salvo Malan que, aunque se calló, mantuvo una reacción muy indiferente. Sus fantasías provocaron que dijeran tales cosas y se quedó muy aterrado, después de pronunciar esas palabras:

— ¡N-no es eso l-lo yo que quería decir! ¡De verdad! — Él quería que la tierra le tragase. — L-la verdad es que estás buena, pero muy buena, y tus melones… — Intentaba arreglar la situación, pero solo metía la pata aún más. — Pero yo… Bueno, me gustaría, pero no es eso. Yo es que…—

— Lo siento mucho, pero no me interesa. — Martha Malan le interrumpió, rechazando esa propuesta con toda la naturalidad del mundo. — Soy muy joven para pensar en estas cosas y si tuviese ganas de hacerlo, lo haría con la persona que me gusta y con la cual llevaría una relación estable. — Ella hablaba como si les estuvieran pidiendo un favor normal y corriente.

Howard Persing quería ponerse a llorar a mares y gritar con desesperación a los cuatros vientos, no solo fastidió su primer paso, sino que le dio una horrible impresión a la chica con la cual estaba practicando. Luego, salió corriendo hacia la habitación de Nadezha para lloriquear en su oscuridad, junto con Patton.

— ¡Por el amor de Dios! ¡¿Qué hemos hecho para recibir esto!? — Eso decía Nadezha, mientras ponía su mano sobre la cara para soportar la decepción que sentía.

— Perdón, perdón, él no sabía lo que decía. — Y Vladimir se puso a disculparse a Malan por lo que pasó.

— No pasa nada, por lo menos el chico fue sincero y valiente, aunque se ha adelantado demasiado. — Añadía Malan con una sonrisa, como si lo que le paso fue lo más normal del mundo.

Tras la ida de Howard Persing, ahora solo le quedaba Sheldon. Le intentó echar al marrón a Jackie, a pesar de que éste ya sabía hablar con las chicas.

— Ahora te toca a ti, Sheldon. — Pero Nadezha, poniendo una sonrisa aterradora, le detuvo y le obligo a hacerlo. — Espero que no hagas un espectáculo tan lamentable como los otros dos. —

— ¡N-no te preocupes, de verdad! — Y como vio que no podría alargarlo mucho más, decidió enfrentarse a su destino, mientras temblaba mucho más que los dos Howards juntos. — ¡Y-yo lo haré tan genial que se creerá que soy un g-galán! —

Entonces, empezó a acercarse a Malan, mientras andaba como un robot por culpa del extremo nerviosismo que sentía en su cuerpo.

— ¡Ahora llega el peor! — Y los comentarios de Jackie y Vladimir no le ayudaban mucho, la verdad. — ¡¿Por qué no terminamos con esto!? Ya me estoy deprimiendo con esta gente. —

Tras sentarse en el sofá, Sheldon hizo lo mismo que los otros dos anteriores, él se quedó mirando al suelo sin abrir la boca, mientras temblaba como un flan y sudada como un cerdo. Nadezha y el resto empezó a lanzar suspiro de fastidios y comentarios que mostraban que no esperaban nada de éste.

Sheldon, muy molesto por esas palabras, empezó a pensar. Se dijo que, en el fondo, lo sabía, que no sería incapaz de hablar con esta chica ni con ninguna. A pesar de toda aquella fanfarronería, él aceptaba que nunca conseguiría poder dirigir la palabra a las personas del sexo contrario ni tener novia. Sería un fracaso para siempre, aunque quedaba esperanza, pero ésta se vería bien lejana e imposible. En fin, era una batalla pérdida y por tanto debería gritar que ésta era su derrota, pero el hecho de que se jactó sin parar de hacerlo mejor que esos dos idiotas le impedían que mostrara la bandera blanca. Así que no sabía qué hacer, hasta que se atrevió a observar a Malan, aunque fuera unos momentos.

Aunque ni la alcanzó a mirar los ojos, solo se quedó prendido hacia sus pechos. Aunque no eran nada espectaculares comparado con las mujeres más mayores que ella, era los más grandecitos de la clase e incluso de toda la escuela. Al ponerse a pensar sobre eso, le entraron muchísimas ganas de tocarlas, saber cómo se sentían, si eran como los globos o blanditos como almohadas. Incapaz de controlar sus instintos, se le pasó una idea en la cabeza, manosearle esa parte del cuerpo un poquito. Entonces, empezó a pensar en cómo hacerlo sin acabar muerto. Pensó en levantarse del sofá y hacer como si se cayera, teniendo que apoyar sus manos sobre algún sitio. Lo haría ver como un accidente. Él creyó que era realmente muy buena y decidió ejecutarlo. Tras respirar e inspirar varias veces, para llenarse de valentía, estaba preparado para hacerlo.

Ante la sorpresa de todos, él se levantó de golpe, se dijo a sí mismo que era ahora o nunca. Por desgracia suya, hizo todo lo contrario a lo que pensó. En vez de levantarse y hacer una falsa caída, simplemente alargó su mano hacia los pechos de la chica.

— ¡Es mi última oportunidad! — Eso gritó con todas sus fuerzas y con una cara propia de un desesperado, mientras que los demás, muy sobrecogidos, le gritaban qué estaba haciendo a la vez que se levantaban para detenerlo.

Al final, él no consiguió su objetivo, su mano no alcanzó sus pechos, ya que fue detenido a tiempo. Boquiabierto, veía como Martha Malan le detuvo, atrapándole el brazo en cuestión de segundos, con una velocidad que le pareció sobrehumana. Y ella le empezó a apretarlo con tanta fuerza que Sheldon empezó a gritar del dolor, incapaz de liberarse.

— En cierta manera, no me esperaba esto…— Le decía una Malan cuyo rostro solo mostraba una sonrisa y tranquilidad que daba terror. — No deberías hacer ese tipo de cosas, ¿sabes? A nadie le gusta que le toquen partes del cuerpo tan íntimos como el que me querías tocar. — Él le pedía perdón, suplicándole que le soltara la mano que se le iba a arrancar, pero ella siguió hablando. — No solo intentaste violar mi espacio persona, sino que casi estabas a punto de cometer un delito de acoso sexual y eso está muy mal. No deberías intentarlo de nuevo, ¿ok? —

Ella se calló por unos segundos, sin soltarle el brazo a Sheldon. Luego, continuó: — Además, supongo que aprenderás bien la lección. Hacer esto delante de Nadezha tiene sus riegos, que comprobarás ahora. —

Con esto dicho, le soltó el brazo. Sheldon ya no se quejaba del dolor, ahora se puso muy pálido al recordar que seguía en la casa de Nadezha. Giró la cabeza poquito a poco, lleno de miedo y pánico. Y ella estaba detrás de él, con una cara endemoniada y llena de ira, mientras apretaba los puños con una horrible y aterradora hostilidad.

— N-no era mi intención, d-de verdad…— Le titubeó Sheldon, dándose cuenta de que esta vez la había jodido muy bien.

— ¡¿No era tu intención!? — Le decía Nadezha, acercándose a Sheldon con intenciones poco agradables. — ¡No me fastidies, voy a hacer que no vuelvas a tener ganas de hacer algo como esto nunca más! —

Vladimir y Jackie se quitaron al momento, ignorándolo cruelmente, cuando éste les pedía que tranquilizaran a la albina. Estaban muy decepcionados por lo que hizo y no querían saber nada de él por un rato. Al saber que no se iba a librar de recibir el castigo más horrible de su vida, Sheldon dio un fuerte grito de horror, el más fuerte que había soltado.

FIN DE LA SEXTA PARTE

 

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