Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Primera parte, centésima decimosexta historia.

Finales de Abril, Nadezha volvía a casa hecha polvo. Había participado en una gran maratón que había preparado su instituto para luchar contra la pobreza del tercer mundo y, aunque llegó entre los primeros puestos, la carrera que hizo la dejo tan agotada que apenas podría andar. Se maldecía por no tener un automóvil, porque no podría llamar a su tío para que le recogiese; y deseaba con todas sus fuerzas llegar a su casa.

A mitad del camino, su móvil dio un pitido y vio que recibió un mensaje de alguien. Al ver quién era, se le iluminó la cara, mostrando una gran sonrisa. Era de su querido cari, su novio; Vladimir.

Ya estoy en tu casa, mis padres me han traído en coche, pero no hay nadie, ¿dónde estás?

Entonces, recordó que habían quedado hoy en su casa para ayudarle con los estudios. Le respondió que ya estaba volviendo, que le esperase un poco, que iba a llegar; mientras maldecía el hecho de estar retrasada ni de haberse encontrado con ellos por casualidad para llevarla en el coche. En menos de un minuto le contestó:

Te estaré esperando… Aunque hay algo que no te va a gustar.

Nadezha se quedó un poco extrañada, preguntándose qué quería decir él exactamente. Empezó a sonar en su cabeza que algo malo le pasó, y la preocupación y la urgencia de salvarlo hicieron que ella se volviera totalmente del cansancio.

Como si fuera un atleta a punto de correr una maratón o una carrera, se puso en posición de salida para impulsarse más rápido. Duró menos de unos dos segundos y salió a toda velocidad, mientras gritaba esto:

— ¡Ya voy, Vladimir! — Su gritó asusto y dejó perpleja a las personas que se paseaban por la calle.

En menos de cinco minutos, después de atravesar dos calles sin siquiera mirar si había coches cruzando la carretera, llegó a su casa. Delante de ésta, estaba Vladimir y parecía sano y salvo.

— ¡Vladimir! — Ella empezó a gritar cuando vio su silueta en la lejanía. — ¡Vladimir! —

Él se dio cuenta de que ya estaba llegando y le empezó saludar con la mano. Y junto con él, algunas personas empezaron a saludar a Nadezha. Eran cincos niños y parecían ser de la misma edad que Vladimir. Entonces, ella se dio cuenta qué quería era esa cosa que no le iba a gustar.

— Al parecer, no vamos a estar solos esta tarde. — Añadió muy disgustada Nadezha en voz baja, quién dejó de correr y se detuvo, a pocos metros de ellos.

Mientras recuperaba el aliento, Vladimir le preguntó si está bien, y, a la vez que ella le contestaba que sí, dos de los cinco acompañantes que se trajo Vladimir la saludaron, como si fueran viejos amigos:

— ¡Buenas tardes, hacía tiempo que no nos veíamos! — Dijo felizmente uno, cuya apariencia e incluso su propia voz parecían muy afeminadas, que podría haberlo confundido por una niña; Pero, por alguna razón que no entendía, sabía que era un chico.

— ¡Cuánto tiempo! ¡Has crecido mucho! — Añadió el otro chico, hablando como si fuera un viejecito. Mantenía un rostro muy poco expresivo.

Ella se quedó callada tras los saludos, muy pensativa. Esos dos niños le parecían muy familiares, como si lo hubieran conocido antes. Después de pensar un poco, decidió preguntárselos, ya que eso sería más rápido:

— ¡¿Quiénes sois!? —

— ¡¿No nos reconoces!? — Puso una cara de sorpresa. — Somos amigos de Vladimir, ¡los que pedimos tu ayuda cuando él estuvo en problemas! ¡¿No te acuerdas!? —

Y ella finalmente pudo acordarse de esos chicos, ya los había conocido antes, cuando ayudaba a Vladimir a ser más fuerte. Fueron ellos los que pidieron ayuda a Nadezha para evitar que unos matones, junto con el hermano de uno de ellos, le hiciese daño. Se quedó muy sorprendida de lo cambiados que estaban, apenas pudo reconocerlos.

— ¡Sí, ya me acuerdo! —  Ella se sentía un poco mal por no reconocerlos. — ¡Perdón, perdón, la verdad es que ha pasado mucho tiempo desde que nos hemos visto y estáis muy…! — Y entonces, alguien chilló como loco.

— ¡No puede ser! ¡Es imposible! —  Gritaba como si el mundo estaba a punto de acabarse. Luego, le dijo esto a Vladimir a gritos, mientras señalaba a Nadezha: — ¡¿Entonces, esta es tu novia!? ¡¿De verdad!? — No le dio tiempo a Vladimir a responder poniéndose a llorar. — ¡Maldito, nos has traicionado! ¡Tienes novia! —

Era uno de los tres chicos que no se acercaron a Nadezha ni la saludaron, porque se quedaron de piedra, incapaces de asimilar lo que estaba viendo. Este niño, con aspecto de nerd que jamás ha comido un rosco en su vida, se puso muy histérico, incapaz de creer que un amigo suyo tiene novia. Se sentía muy herido, mientras una horrible envidia recorría todo su cuerpo. Los otros dos que no saludaron a la rusa, que eran bastante gordos y se parecían mucho, intentaban tranquilizarlo en vano.

— ¡¿Qué le pasa a ese!? — Le preguntó Nadezha consternada a su cariñito, mientras todo el grupo veía como gritaba y lloraba desesperadamente aquel chico. Vladimir no supo qué responderle, solo sentía mucha vergüenza ajena y se preguntaba por qué eran amigos.

Como vieron que aquel enano estaba montando un espectáculo en medio de la calle, ante la atenta mirada de los que pasaban por ahí y de algunos que veían la escena desde sus hogares; decidieron entrar en la casa de Nadezha y lo metieron a la fuerza, mientras se morían de la vergüenza.

— ¡No es para tanto! ¡Solo tiene novia! — Le decían los dos niños gordos, mientras le arrastraban por el suelo.

— ¡Por eso, por eso mismo, él tiene novia! ¡El maldito desgraciado! ¡Nos prometimos los unos a los otros que jamás tendríamos novias! ¡Pero él nos ha engañado, por completo! — Gritaba sin parar, mientras lloraba a mares.

— Pero si jamás hemos prometido eso…—  Añadió todos los demás niños, mientras observaban que su amigo ya estaba delirando.

Dentro de la casa, esperaron un poco a que él dejara de gritar y lloriquear, y como parecía que iba para largo, Nadezha decidió ignorarlo y hablar con Vladimir y el resto:

— Bueno, vamos a ver, ¿¡qué estáis…!? — Iba a preguntarles a los amigos de su novio que hacían en su casa, pero estos interrumpieron su preguntan, soltando las miles que tenían:

— ¡¿Entonces, eres novia de Vladimir!? — Lo decían gritando.

— ¡¿Es eso verdad, que sois novios!? ¡¿Y de que eres mayor que él!? — Y sin dejar que el otro terminase la pregunta.

— ¡¿Qué has visto en él para que seas su novia!? — Tantos chillidos estaban enfureciendo a Nadezha.

— ¡¿Por qué tienes el pelo blanco como Vladimir!? — Y acabaron con su paciencia de una forma veloz. Al final, explotó y les gritó:

— ¡¿Por qué no os calláis de una maldita vez!? ¡¿No podréis preguntar uno por uno!? —

Aquel terrorífico y horrible grito hizo callar a los niños, paralizados por el miedo, provocando que el silencio reinara en toda la casa. Luego, Nadezha habló:

— ¡Vamos a ver! Primero os pregunto yo, ¿qué hacéis aquí? —

— Pues, verás Nadezha. Al parecer, ellos me siguieron desde el colegio para saber si tenía o no novia. Yo no quería llevarlos, pero insistieron y no pude hacerlo. — Le explicó Vladimir e iba a continuar, pero entonces el niño que parecía nerd le interrumpió:

— ¡Él nunca nos dijo nada! ¡Nos dimos cuenta hace poco, después de que una chica mayor entró durante el recreo! ¡Y que casualmente tenía el pelo blanco como él! —

Entonces, Nadezha recordó lo que había pasado hace una semana o dos, cuando Martha Malan tuvo problemas en su escuela. Le intentaron hacerle acoso escolar, sembrando malos rumores, mandándoles mensajes de texto insultante y amenazantes por su móvil, aunque acabarán terminando en el de otra persona; entre muchas más cosas igual de graves. Por suerte, ella pudo cortarlo a tiempo antes de que se volviera muy peligroso.

Entre una de esas cosas, tuvo que espantar a un chico que la hizo reunir en un lugar solitario de la escuela y le pidió algo propio de un enfermo. Si no fuera por Nadezha, que apareció justo a tiempo; podría haber acabado fatal. Mientras lo recordaba, se alegraba muchísimo por haber sido dominada por la impaciencia en aquellos momentos, decidir faltar las clases y esperar hasta que terminaran las de la escuela de su novio, dando vueltas sin parar.

Además, le parecía lógico que se hubiera vuelto un rumor su entrada ilegal al patio de la escuela. Mientras Nadezha estaba pensando en esas cosas, los niños le hablaban:

— La verdad es que le preguntó a Vladimir si era tu hermana, pero nos dijo que era hijo único. — Intervino, entonces, el afeminado.

— Entonces, estos idiotas recordaron que se relacionaba con una chica que lo estaba entrenando para ser más fuerte. E incluso, la conocieron. — Eso gritaba como loco el que parecía nerd, mientras les señalaba a los dos chicos que conocían a Nadezha.

— No nos insulten…— Eso le molestó muchísimo al afeminado y el niño del rostro poco expresivo le replicó, riéndose como hiena:

— Lo dice el que se puso a llorar en medio de la calle porque su amigo tiene novia. — Todos los niños se rieron con ese comentario.

— ¡Cállate! ¡No comprendéis mi dolor! ¡Solo sois unos niños que no entienden a los adultos! — Menos el nerd, que se puso a actuar de forma dramática. Le volvieron a replicar:

— ¡Pero si tenemos la misma edad! —

— ¡Pero soy más maduro…! — Hubo más risas por parte de sus amigos, pero éste los ignoró y siguió hablando. — Y Vladimir nos dijo quién era ella, la llamó Nadezha. Y no solo eso, sino que también era su novia. —

— En verdad, se me escapó. No quería decirles eso, ya sabía que iban a hacer algo como esto. — Añadió Vladimir, muy molesto; pero el nerd siguió con su explicación:

— Todos nos quedamos conmo…conmo…— Y se quedó atascado a la mitad.

— ¡¿Conmocionados!? — Nadezha tuvo que ayudarle, deseosa de terminar rápido con esta charla.

— Eso mismo. — Dio una pequeña pausa, para gritar como loco. — ¡Y luego intentó hacer como si no dijo nada! ¡Nosotros le molestamos sin parar hasta que habló y nos dijo la verdad¡ ¡P-pero a mí no me convencía, tenía que verlo con mis propios ojos…!—

Siguiendo actuando de forma dramática, cayó de rodillas al suelo, como si alguien le hubiera derrotado humillantemente; y sentenció, mientras lloraba a mares: — ¡Pero es verdad! ¡Él tiene novia! —

Todos se quedaron mirándolo, entre una mezcla de lástima y pena, por la reacción tan estúpida y sobreactuada que estaba haciendo. Sobre todo Nadezha, que le preguntó esto:

— ¡¿Tan malo es que tu amigo tenga novia o qué!? —

— Sí, es malísimo. Lo peor en este mundo es tener amigos que tienen novia. — Le replicó agónicamente.

— ¡¿Y por qué se debe eso!? ¡¿Por qué piensas eso!? — Y tras preguntarle tal cosa, el chico se quedó en blanco, incapaz de decir alguna respuesta. O más bien, no tenía idea de cómo decirle una buena excusa. Y así se quedó, en silencio durante varios segundos. Todo el mundo esperaba lo que tenía que responder, pero jamás llegó. Entonces, una persona que no era él, levantó la mano y gritó esto: — Yo, yo lo sé. — Era el niño de rostro inexpresivo loco, mientras movía las manos como si se echase a volar.

— Seguro que son mentiras, no les hagáis caso al tonto este. — Le replicó el nerd, gritando desesperadamente, como si creía que iba a contar la verdad.

— ¡Cállate, tú! ¡Y no le insultes a tu propio amigo, estúpido! — Intervino Nadezha, que, con su grito, lo hizo callar.

Y el chico empezó a dar vueltas por el salón, intentando imitar a un detective. Cogiendo un chupa-chups de su bolsillo, lo usaba como si fuera una pipa que estaba fumando, y no dejaba de intentar poses que parecían imitar a un intelectual. Tras dar unas cuentas vuelto, empezó a argumentar, mientras le señalaba una y otra vez, como si fuera el culpable:

— Pues como quiere novia, pero es un repelente para chicas… — Le replicó el nerd que eso era una mentira. —…se junta con los chicos que no tienen para no sentirse perdedor. — Le gritó que no lo era. — No se siente triste, porque hay otros peores que él y estando junto a ellos ninguna se acercará, serán iguales de desgraciados que él. — Todos le miraron mal, y éste sonrió nerviosamente. — Y está así, porque ha descubierto que un amigo tiene una, ahora es un perdedor. —

Él le gritó que todo eso eran mentiras, pura caca; y empezó a insultar y a decirle cosas horribles a su amigo.

A éste no pareció afectarle, es más empezó a cantar esto:

— ¡Pobre perdedor, perdedor, se siento todo un perdedor! —

— ¡Cállate! — Se tapaba los oídos. — ¡Por favor, no me insultes, somos amigos! — Todo el mundo le miró mal, porque hace unos segundos le estaba diciendo cosas mil veces más terribles.

Entonces, el niño del rostro inexpresivo se le acercó al nerd y le empezó a dar palmaditas en la espalda, como si intentaba consolarlo. Luego, le decía esto:

— ¡No llores, no estés triste! No es tan malo ser un perdedor que repela todas las chicas del colegio. Es más, ¡hay que estar orgulloso, feliz de serlo! — Terminó la frase con un grito motivador, mientras señalaba hacia la pared.

El niño con aspecto de nerd tardó varios segundos en reaccionar y cuando lo hizo, fue así:

— ¡Te odio, te odio! ¡No soy un perdedor, soy un ganador! — Le gritaba esto, mientras se alejaba de su amigo y le señalaba con el dedo. Luego, en solo cuestión de segundos, tuvo que aceptarlo: — ¡Sí, lo soy, un verdadero perdedor! ¡Que solo ha reunido perdedores como amigos para no sentirme fatal! — Y se tiró al suelo de una forma muy patética y triste.

Entonces, añadió el otro chico, actuando de forma compasiva: — Tu verdadero error fue haberte juntado con Vladimir, él nunca fue un perdedor como tú…—

— Bueno, bueno, hemos sido siempre amigos, ¿no lo recuerdas? — Le replicó el nerd, antes de seguir lloriqueando. — Él es una excepción…—

— Lo que me sorprende es que sigáis siendo amigos, después de lo que le hiciste. — Intervino el niño afeminado.

Y aquellas palabras atrajeron rápidamente la atención de Nadezha, que no le hizo ninguna gracia oír eso y les preguntó con toda la seriedad posible:

— ¿¡Qué es lo que le hizo a Vladimir!? —

— No es nada, Nadezha. Es solo algo que ya está pasado, es historia. — Le decía nerviosamente Vladimir, que no deseaba que ella se enterase, incluso les mandó a sus amigos un gesto que les decía desesperadamente para que se callasen e intentase no darle importancia a eso. Todo el mundo accedió a hacerlo, aunque  el nerd no se dio cuenta que significaba y soltó esto:

— ¡¿Ah, hablas de cuando me pegaban y él me defendió!? Gracias a él, esos chicos dejaron de pegarme por largo tiempo. —

Vladimir se alivió al ver que solo dijo eso y no iba a meter la pata. Aunque eso era lógico, porque éste, para no dañar su imagen, había ocultado la mitad. Entonces, el niño del rostro inexpresivo intervino:

— Es verdad, nadie le pegaba porque iban a por Vladimir. Ni siquiera se acercaba de él, siempre se alejaba. —

Tras soltar tal frase, un silencio muy incómodo dominó el lugar por varios segundos. Fue roto por el nerd, que se defendió ante tales acusaciones:

— Eso no es verdad, yo jamás haría eso a un amigo. — Estaba tan nervioso y alterado que se notaba que lo que dijo el otro era bien cierto.

Entonces, vio como Nadezha, que estaba quieta como piedra, empezó a poner una cara que presagiaba que ella iba a explotar; y éste añadió, con temor: — ¡¿Por qué pones esa cara tan aterradora!? —

— ¡¿De verdad no eres el amigo que le traicionó, después de que intento defenderte!? — Le preguntó Nadezha, con voz de ultratumba.

El nerd se quedó pensando durante unos segundos en una buena respuesta para salvarse. Y como veía que no tenía el tiempo necesario, decidió hablar de una vez:

— P-pues, pues…— Pero fue el peor error que hizo. — Bueno, y-yo no lo traicioné, s-solo que estuve una pequeña temporada sin acercarme a él, por si los matones me vieran y me pegaban. —

Al ver que su estúpida respuesta solo empeoró su situación, no pudo evitar reírse nerviosamente, mientras miraba por todos lados con la esperanza de que algo lo salvara. Lo único que consiguió fue esto:

— ¡Yo te voy a partir la boca, maldito hijo de puta! —

Gritó como una loca, con una expresión aterradora de ira y furia; y se abalanzó hacia al nerd, con propósitos obviamente nada pacificas:

— ¡Socorro! — Gritó de terror, mientras empezó a huir desesperadamente de ella.

Y Nadezha lo empezó a perseguir, como si fuera un depredador; mientras Vladimir, que ya se esperaba que ella actuara de esta forma; y los demás intentaban detenerla y tranquilizarla.  Todos salvo el niño con cara de loco que añadía esto:

— Al final, la verdad siempre sale a la luz. — Y como si no estuviera pasando nada, se sentó en el sofá y empezó a ver la televisión, al recordar que estaba a punto de empezar sus dibujos animados favoritos.

Y esto iba a ser solo el principio, de cómo la pobre de Nadezha tendría que lidiar diariamente con los revoltosos amigos de su novio.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

 

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