Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Sexta parte, centésima decimosexta historia.

Al final, para terminar de una vez con la discusión que estaban teniendo los chicos para ser el próximo a hablar con Martha, Nadezha decidió intervenir y elegir ella, porque a ese paso se haría de noche antes de que se decidieran. La persona que eligió así sin más fue Howard Patton.

— Hola, ¡¿tú eres Howard Persing!? — Malan dio inicio a la conversación, al ver que éste no hablaba. — ¡¿O eres Patton!? — Pero no le respondía.

Él no solo era incapaz de decirle algo a ella, sino que no se atrevía a mirarla a los ojos, tenía su cabeza agachada, observando el suelo. Su nerviosismo era tanto que todo su cuerpo temblaba como un flan y su mente se quedó en blanco, incapaz de pensar en otra cosa qué cómo se hacía conversaciones con las chicas y en salir del bloqueo para no quedar fatal delante de Malan.

Al notar lo incómodo que estaba aquel chico y cómo lo estaba contagiando al ambiente, ya que Nadezha le irritaba el silencio de Howard, mostrando unas ganas de gritarle que le dijera algo; decidió seguir hablando hasta que el chico pudiera tener confianza en sí mismo o se sintiera cómodo. Aunque no sabía que tema sacar, decidió ir a ciegas, improvisando con lo primero que se le ocurría.

— ¿Cómo te va en el colegio? — Preguntó esto, a pesar de que ya sabía cómo le iba, ya que estaban en la misma clase. — He escuchado que están yendo muy mal. — Estaba recordando que hace poco un profesor le regañó cruelmente, delante de sus compañeros, por sus notas bajas. — Así que te mando muchísimos ánimos por mi parte, ¡si te esfuerzas, podrás salir del colegio sin repetir! Aunque lo tienes difícil, la verdad. Es normal que te hayan rendido y…— Nadezha tuvo que pararla, porque más que animarlo lo estaba deprimiendo.

Él no respondió, seguía en la misma posición que antes, pero las palabras de Malan le provocaron todo tipos de pensamientos muy exagerados que le hacían pensar que ella le tenía muchísima lástima y creía que era un gordo perdedor y un payaso del que todos se burlaban. Aquel auto tortura solo le provocó ganas de llorar y salir corriendo.

—…“Howard” es una palabra curiosa, puede utilizarse como nombre y a la vez como apellido. — Ella aún seguía en su labor de darle conversación y conseguir que le dirigiera la palabra, liberándolo de su nerviosismo. — Y parece muy común, sobre todo en el segundo caso…—

A pesar de que le estaba hablando de su nombre, él seguía incapaz de abrir la boca.

— Una conocida familia noble inglesa lleva ese apellido y Enrique VIII, rey de Inglaterra entre 1509 y 1547, se casó con algunos miembros de este clan como Ana Bolena o Catherine Howard. —

A pesar de que ella ponía todos sus esfuerzos en empezar una conversación con él, eso le provocaba más nerviosismo y terror.

— Deberías sentir alegría por tener un nombre muy curioso, aunque sea muy común. ¡¿Ah, sabrás quién es Enrique VIII, no!? Él es un rey muy famoso de Inglaterra, seguro que te parecerá interesante conocer un poco su historia. —

Tenía que decir algo, aunque fuera una pequeña exclamación. El no podría dejar que ella siguiera hablando sola, o terminaría mandándolo a la mierda.

— Su reinado, que duró 38 años, se produjo durante el siglo XVI, cuando se estaba descubriendo el Nuevo Mundo y empezó la Reforma protestante. Él tiene un papel muy importante sobre esto último,  rompió la autoridad papal sobre su reino y se puso como jefe de la iglesia en Inglaterra… —

La presión lo estaba llevando al límite. No solo sufría un horrible tembloteo, sino que no dejaba de sudar como un cerdo y su vejiga estaba al tope. Tenía que liberarse de aquel terrible miedo a charlar con las chicas antes de que fuera demasiado tarde.

Mientras Martha Malan le contaba sobre los motivos por las cuales rompió con la Iglesia católica y la suerte que tuvieron sus seis esposas, éste empezó a llenarse de valentía poquito a poco. Buscaba alguna frase fácil de usar y que le evitará meter la pata, porque no tenía ni puñetera idea de que estaba hablando ella. Forzó su mente con todas sus fuerzas, mientras aguantaba por no expulsar lo que tenía su vejiga, que le pedía desesperadamente ir al cuarto de baño. Finalmente, tras pasar varios minutos dudando, él decidió decirle cualquier cosa, aunque fuera una tontería. Y cuando intentó abrir la boca, entonces alguien gritó esto:

— ¡Por el amor de Dios! — Era Nadezha, que no pudo aguantar mucho más y estalló. — ¡Ya no puedo soportar esto más, dile algo de una puta vez, que me tienes amargada! ¡Lo que sea! —

Aquel grito de desesperación calló a Malan y dejó el lugar en un completo silencio. Patton se quedó en blanco, todo aquel esfuerzo que se llenó para poder hablarle a Martha se fue a la basura, y su pantalón y el sofá en dónde estaba sentado se mojaron por un líquido que salía de sus entrepiernas.

Tuvieron que pasar varios segundos para que alguien pudiera reaccionar, eran incapaces de asimilar que Patton se hubiera orinado encima.

— No me lo puedo creer, ¡en serio, no me lo creo! — Protestaba Nadezha, mientras estaba limpiando el sofá. — ¡Qué asco, está lleno de pipí! —

Había pasado diez minutos desde que terminó el turno de Howard Patton. Con arcadas, ella cogía las fundas y las echaba en la lavadora, con la ayuda de Vladimir, Jackie y de Malan, quién le dijo esto:

— Creo que le dimos demasiada ansiedad al pobre, hemos sobrestimado su nerviosismo frente a las chicas, es peor de lo que pensaba. — Lo decía muy pensativa, repasando en su mente todo lo que leyó sobre psicología. — Su timidez hacia al otro sexo llega a ser extremadamente severa. Me pregunto si tiene un trauma que le hace actuar así…— Ella estaba montando en su cabeza un cuadro psicológico de lo que vio.

— ¡¿Y cómo está Patton!? — Preguntó Jackie, muy preocupado. — Casi le dio algo, cuando se dio cuenta de que se meo delante de Malan. —

— Él sigue encerrado en el cuarto de Nadezha, llorando a mares. — Le respondió, mientras recordaba cómo éste se lamentaba de haber hecho el ridículo, agachado en un rincón del cuarto. — Hasta me da mucha pena, la verdad. —

— Creo que esto ha sido mi culpa, si no hubiera gritado. — Añadió la albina, llena de culpabilidad. Luego, dejo de pensar en eso y les gritó a los chicos que estaban vagueando en el sofá limpio. — De todas formas, ¡¿por qué ninguno de ustedes no van a su casa a traerle ropa!? —

Se dirigió hacia a Howard Persing, Sheldon y Charlie, que actuaban como si lo que pasó con Patton nunca hubiera ocurrido:

— ¡Qué lo haga él, es su culpa por haberse meado encima! — Le replicó burlonamente Sheldon. — Eso, eso. — Y Persing le dio la razón, antes de ponerse a reír.

— ¡Oh, sí, sí! ¡Qué vaya él, que no tiene pantalones ni calzoncillos, medio desnudo! ¡Qué listos sois! ¡Realmente listos! ¡Tan listos que una semilla de maíz tiene más inteligencia que vosotros! —

Les gritó con mucha furia Nadezha, tras escuchar aquellos comentarios. No se esperaba que fueran tan horribles. No entendía cómo su amado Vladimir se juntaba con niños tan rastreros, ni tampoco que ella misma tuviera que soportarles. Les obligó a que se fueran a la casa de su amigo.

— Pero es que… ¡yo no sé dónde está su casa! — Y les respondieron con excusas muy malas y estúpidas. — ¡Yo tampoco! —

— Yo, yo quiero…— Entonces, Charlie empezó a gritar esto, mientras levantaba la mano. — ¡Yo le traeré ropa limpia al bebé! —

— ¡Por fin, un buen amigo entre este grupos de capullos! — Eso les decía a Sheldon y a Persing, mientras elogiaba a Charlie. — Deberían aprender de él. — Tenía toda la intención de mostrarles los horribles que son.

A continuación, tanto Vladimir, Jackie y sobre todo Malan, no pararon de elogiar a Charlie, mientras éste decía que esa era su misión, fanfarroneando y echando indirectas muy crueles hacia los otros dos, que se dieron cuenta de que estaban quedando como los malos de la película.

Así es como Charlie, que, hasta hace unos momentos tampoco quería ir a la casa de Patton para traerle ropa limpia, dejó en muy mal lugar a aquellos dos, mientras les sonreía de forma diabólica.

Tras la salida de éste a la casa de Patton, Sheldon le dijo a Nadezha que querían seguir con eso de la práctica.

— ¡¿Queréis continuar!? ¡¿Después de lo que ha pasado!? — Ella ya casi se olvidó de eso. — ¡¿Por qué no lo hacemos otro día!? —

— Pues claro que no, ya estamos llenos de valentía. — Le replicó Sheldon, quién no quería perder esta fantástica oportunidad de hablar con una de las chicas más populares de su colegio. Y Persing añadió esto: — Nosotros no haremos el ridículo como ese idiota. —

Nadezha, creyendo que estaban alardeando inútilmente, quiso replicarles, pero entonces Malan comentó esto: — A mi no me importa continuar con esto. — Y la albina ya no pudo negarse, a pesar de todo.

A continuación, Persing iba a preguntar quién le iba a tocar, pero Sheldon se quitó rápidamente del medio, con la excusa de ir al baño. Él aceptó su turno con mucha decisión y valentía. Aunque, al final, ocurrió lo mismo:

— ¡¿No decías que no ibas a hacer el ridículo como tu amigo!? Pues estás haciendo lo mismo que él. — Eso le gritó Nadezha a Persing, mientras le observaba.

Después de sentarse y mirar frente a frente a Malan, éste empezó a hacer lo mismo que su amigo. Miraba al suelo, incapaz de contemplar el rostro de la africana; mientras sudaba a chorros y temblaba más que un flan, por todo el nerviosismo y temor que tenía. Quería salir corriendo o quitarse del medio antes de que pudiera arruinarlo al igual que Patton. Y así estuvo, durante los primeros minutos, mientras Malan le hablaba sobre las abejas y moscas parasitas.

— ¡Vamos tú puedes, Persing! ¡Intenta hablar, aunque sea una frase, por lo menos! — Jackie le intentaba animar, mientras tapaba sus orejas para no escuchar lo que estaba diciendo Martha, que parecía ser muy desagradable.

— ¡Ah, ese perdedor, por algo se llama Howards! — Y Sheldon decía esto, mostrándose muy creído. — ¡Yo lo haré mucho mejor! —

— ¡Cállate, seguro que lo harás peor! — Le replicó Vladimir. Sheldon intentó protestar, pero Nadezha le soltó esto: — Tiene razón, tienes el don de hablar mucho y después demostrar poco. — Y se calló.

— ¡En serio, empieza a hablar de una vez! Tú puedes hacerlo, ¡vamos! — Y Nadezha intentó animarlo, aunque apenas se esforzaba en que fuera creíble. Solo quería que empezara de una vez.

Persing cerró los ojos y empezó a inspirar y respirar poquito a poco, con la intención de tranquilizarse. Se decía a sí mismo que su objetivo era muy fácil, solo tenía que conversar con una chica, nada más. Si él hacía este primer paso, entonces podrá avanzar y dejar atrás su vida como perdedor. Se vestiría bien, se bañaría todos los días, haría dieta y sacaría buenas notas. Sería un seductor que atraería a un montón de chicas que desearían estar con él. Perderá la virginidad con las mujeres más hermosas y se los contará a todos sus amigos aquellos grandes experiencia. Por supuesto, quitaría a Sheldon de su vida, un niño tan repelente destruiría todo su futuro. Sería feliz y comería perdiz todos los días.

Su mente se llenó de fantasías muy absurdas e irrealistas, también de cosas pervertidas. Su ilimitada imaginación y sus deseos de alcanzar sus sueños, lo llenaron de valor y decisión. Se iba a atrever a hablar con Malan, tener una conversación que dejaría boquiabierto incluso a Nadezha. Se levantó y la miró fijamente:

— ¡¿Oh, ocurre algo!? — Le preguntó Malan, algo sorprendida por aquella reacción y por esa mirada decidida. Todos se preguntaron qué iba a hacer él, mientras los observaba en silencio.

— Y-yo-yo…— Luchó contra el bloqueo. — La verdad es q-que…— Con todas sus fuerzas, intentó decir algo coherente. — Lo q-que tengo que decir es q-que…— Dio un último esfuerzo y gritó fuertemente lo primero que se le ocurrió: — ¡¿Te gustaría tener sexo conmigo!? —

Todos se quedaron boquiabiertos cuando oyeron esas palabras, nadie se lo podría creer. Salvo Malan que, aunque se calló, mantuvo una reacción muy indiferente. Sus fantasías provocaron que dijeran tales cosas y se quedó muy aterrado, después de pronunciar esas palabras:

— ¡N-no es eso l-lo yo que quería decir! ¡De verdad! — Él quería que la tierra le tragase. — L-la verdad es que estás buena, pero muy buena, y tus melones… — Intentaba arreglar la situación, pero solo metía la pata aún más. — Pero yo… Bueno, me gustaría, pero no es eso. Yo es que…—

— Lo siento mucho, pero no me interesa. — Martha Malan le interrumpió, rechazando esa propuesta con toda la naturalidad del mundo. — Soy muy joven para pensar en estas cosas y si tuviese ganas de hacerlo, lo haría con la persona que me gusta y con la cual llevaría una relación estable. — Ella hablaba como si les estuvieran pidiendo un favor normal y corriente.

Howard Persing quería ponerse a llorar a mares y gritar con desesperación a los cuatros vientos, no solo fastidió su primer paso, sino que le dio una horrible impresión a la chica con la cual estaba practicando. Luego, salió corriendo hacia la habitación de Nadezha para lloriquear en su oscuridad, junto con Patton.

— ¡Por el amor de Dios! ¡¿Qué hemos hecho para recibir esto!? — Eso decía Nadezha, mientras ponía su mano sobre la cara para soportar la decepción que sentía.

— Perdón, perdón, él no sabía lo que decía. — Y Vladimir se puso a disculparse a Malan por lo que pasó.

— No pasa nada, por lo menos el chico fue sincero y valiente, aunque se ha adelantado demasiado. — Añadía Malan con una sonrisa, como si lo que le paso fue lo más normal del mundo.

Tras la ida de Howard Persing, ahora solo le quedaba Sheldon. Le intentó echar al marrón a Jackie, a pesar de que éste ya sabía hablar con las chicas.

— Ahora te toca a ti, Sheldon. — Pero Nadezha, poniendo una sonrisa aterradora, le detuvo y le obligo a hacerlo. — Espero que no hagas un espectáculo tan lamentable como los otros dos. —

— ¡N-no te preocupes, de verdad! — Y como vio que no podría alargarlo mucho más, decidió enfrentarse a su destino, mientras temblaba mucho más que los dos Howards juntos. — ¡Y-yo lo haré tan genial que se creerá que soy un g-galán! —

Entonces, empezó a acercarse a Malan, mientras andaba como un robot por culpa del extremo nerviosismo que sentía en su cuerpo.

— ¡Ahora llega el peor! — Y los comentarios de Jackie y Vladimir no le ayudaban mucho, la verdad. — ¡¿Por qué no terminamos con esto!? Ya me estoy deprimiendo con esta gente. —

Tras sentarse en el sofá, Sheldon hizo lo mismo que los otros dos anteriores, él se quedó mirando al suelo sin abrir la boca, mientras temblaba como un flan y sudada como un cerdo. Nadezha y el resto empezó a lanzar suspiro de fastidios y comentarios que mostraban que no esperaban nada de éste.

Sheldon, muy molesto por esas palabras, empezó a pensar. Se dijo que, en el fondo, lo sabía, que no sería incapaz de hablar con esta chica ni con ninguna. A pesar de toda aquella fanfarronería, él aceptaba que nunca conseguiría poder dirigir la palabra a las personas del sexo contrario ni tener novia. Sería un fracaso para siempre, aunque quedaba esperanza, pero ésta se vería bien lejana e imposible. En fin, era una batalla pérdida y por tanto debería gritar que ésta era su derrota, pero el hecho de que se jactó sin parar de hacerlo mejor que esos dos idiotas le impedían que mostrara la bandera blanca. Así que no sabía qué hacer, hasta que se atrevió a observar a Malan, aunque fuera unos momentos.

Aunque ni la alcanzó a mirar los ojos, solo se quedó prendido hacia sus pechos. Aunque no eran nada espectaculares comparado con las mujeres más mayores que ella, era los más grandecitos de la clase e incluso de toda la escuela. Al ponerse a pensar sobre eso, le entraron muchísimas ganas de tocarlas, saber cómo se sentían, si eran como los globos o blanditos como almohadas. Incapaz de controlar sus instintos, se le pasó una idea en la cabeza, manosearle esa parte del cuerpo un poquito. Entonces, empezó a pensar en cómo hacerlo sin acabar muerto. Pensó en levantarse del sofá y hacer como si se cayera, teniendo que apoyar sus manos sobre algún sitio. Lo haría ver como un accidente. Él creyó que era realmente muy buena y decidió ejecutarlo. Tras respirar e inspirar varias veces, para llenarse de valentía, estaba preparado para hacerlo.

Ante la sorpresa de todos, él se levantó de golpe, se dijo a sí mismo que era ahora o nunca. Por desgracia suya, hizo todo lo contrario a lo que pensó. En vez de levantarse y hacer una falsa caída, simplemente alargó su mano hacia los pechos de la chica.

— ¡Es mi última oportunidad! — Eso gritó con todas sus fuerzas y con una cara propia de un desesperado, mientras que los demás, muy sobrecogidos, le gritaban qué estaba haciendo a la vez que se levantaban para detenerlo.

Al final, él no consiguió su objetivo, su mano no alcanzó sus pechos, ya que fue detenido a tiempo. Boquiabierto, veía como Martha Malan le detuvo, atrapándole el brazo en cuestión de segundos, con una velocidad que le pareció sobrehumana. Y ella le empezó a apretarlo con tanta fuerza que Sheldon empezó a gritar del dolor, incapaz de liberarse.

— En cierta manera, no me esperaba esto…— Le decía una Malan cuyo rostro solo mostraba una sonrisa y tranquilidad que daba terror. — No deberías hacer ese tipo de cosas, ¿sabes? A nadie le gusta que le toquen partes del cuerpo tan íntimos como el que me querías tocar. — Él le pedía perdón, suplicándole que le soltara la mano que se le iba a arrancar, pero ella siguió hablando. — No solo intentaste violar mi espacio persona, sino que casi estabas a punto de cometer un delito de acoso sexual y eso está muy mal. No deberías intentarlo de nuevo, ¿ok? —

Ella se calló por unos segundos, sin soltarle el brazo a Sheldon. Luego, continuó: — Además, supongo que aprenderás bien la lección. Hacer esto delante de Nadezha tiene sus riegos, que comprobarás ahora. —

Con esto dicho, le soltó el brazo. Sheldon ya no se quejaba del dolor, ahora se puso muy pálido al recordar que seguía en la casa de Nadezha. Giró la cabeza poquito a poco, lleno de miedo y pánico. Y ella estaba detrás de él, con una cara endemoniada y llena de ira, mientras apretaba los puños con una horrible y aterradora hostilidad.

— N-no era mi intención, d-de verdad…— Le titubeó Sheldon, dándose cuenta de que esta vez la había jodido muy bien.

— ¡¿No era tu intención!? — Le decía Nadezha, acercándose a Sheldon con intenciones poco agradables. — ¡No me fastidies, voy a hacer que no vuelvas a tener ganas de hacer algo como esto nunca más! —

Vladimir y Jackie se quitaron al momento, ignorándolo cruelmente, cuando éste les pedía que tranquilizaran a la albina. Estaban muy decepcionados por lo que hizo y no querían saber nada de él por un rato. Al saber que no se iba a librar de recibir el castigo más horrible de su vida, Sheldon dio un fuerte grito de horror, el más fuerte que había soltado.

FIN DE LA SEXTA PARTE

 

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