Centesíma decimasexta historia

Nadezha y las niñas de Shelijonia: Séptima parte, centésima decimosexta historia.

Nadezha lanzó un fuerte suspiro, después de escuchar lo que le habían dicho por teléfono. Luego, gritó esto:

— ¿¡En serio, quieren seguir con esto!? ¡Iros a la mierda! Después de lo que montasteis pasado ayer, ni loca os voy a seguir ayudando. —

— ¡Pero Nadezha, la próxima vez lo haremos mejor! ¡Nosotros no vamos a cometer los mismos errores! ¡Por favor, estamos desesperados! —

Eran Sheldon y compañía que le pedían por teléfono, porque no se atrevían a acercarse a la casa de Nadezha, que ella siguiera ayudándolos con eso de conseguir novia. Con pocas ganas de seguir escuchándolos, los colgó de golpe, no quería saber nada de ellos por una buena temporada.

— ¡¿Son ellos de nuevo!? — Le preguntó Vladimir, mientras veía la tele tranquilamente. — ¡¿No se cansan!? —

— Realmente son unos verdaderos pesados. — Le comentaba Nadezha, mientras se sentaba a su lado. — ¡Qué se pongan esos idiotas a estudiar o a tener algún pasatiempo para perder el tiempo, que yo ya he tenido mucho suficiente con sus estupideces! —

Aún seguía muy enfadada por lo que pasó el otro día, tanto con los amigos de Vladimir como con ella misma, que le pidió ayuda a Malan para que los chicos tuviesen prácticas para conversar con alguien del otro sexo y uno de ellos casi llegó a intentar tocarla el pecho. Estaba tan avergonzada por lo que pasó que no paró de pedirle disculpas a la africana, después de regañar a Sheldon.

— Perdón por lo que ha pasado, jamás me esperaba que iban a estar tan salidos estos guarros. — Eso le dijo Nadezha a Malan, cuando ella se iba a ir. Martha, que no se sentía mal por lo que pasó, le añadió alegremente:

— ¡No te preocupes! Espero que esto les haya servido de algo. La verdad es que si siguen por ese camino, van a tener problemas muy graves. No solo no podrán relacionarse con el otro sexo, también se aislaran del resto y acabarán teniendo una vida llena de insatisfacción, teniendo que recurrir que a lo virtual y a la ficción para huir de su realidad. —

Aquellas palabras sinceras de Malan atravesaron a Sheldon y a los dos Howards, que las observaba desde la casa, como una flecha. Cayeron al suelo y empezaron a llorar por los patéticos que se habían mostrado.

Nadezha movió la cabeza de una lado para otro para evitar seguir recordar lo del otro día, no quería amargar el precioso día que estaba teniendo junto con Vladimir.

— ¡Qué tranquilo se está! — Comentó Nadezha muy feliz. — ¡Me alegra que por fin estemos solos! — Ya estaba harta de aquel grupito que no le dejaban en paz en ningún momento.

— ¡Es verdad! ¡Deberíamos aprovecharlo, ya que hace día o semanas que no estamos así! ¡Ver solo la tele es una pérdida de tiempo! — Añadió su pequeño novio. Nadezha le dio la razón, ya que no lo tenían encima ellos deberían hacer algo más que no fuera ver la tele.

Y la pareja se quedó en silencio, empezando a pensar qué cosas tenían que hacer ellos. A lo primero, estaban en blanco, no se le ocurrían nada. Luego, se le ocurrieron algo que los puso muy rojos, obviamente estaban pensando en hacer ese tipo de cosas que hacen los enamorados normalmente. Como si fuera la primera vez, tanto ella como él no se atrevían a decirlo, solo se giraron y empezaron a mirarse durante un buen rato. La pasión ya estaba en el aire y poquito a poco acercaron sus bocas para dar un beso muy ardiente. Parecía ser el inicio de una tarde muy romántica entre esos dos jóvenes.

Y entonces, unos cuantos golpes en la puerta lo arruinaron. Nadezha se levantó, bastante fastidiada, y se dirigió a abrirla, preguntando quién era.

Al ver quiénes eran, le entraron ganas de gritar y de cerrarles la puerta en toda la cara. Era el resto de la pandilla.

— ¡¿Por qué estáis aquí!? — Eso les dijo con muy mala leche. — ¡Ni se os ocurra poneros a lloriquear o a suplicarme en la puerta de la calle, os lo aviso! — Sheldon y los Howards se quedaron de piedra, al ver que ella había adivinado que iban a hacer eso.

— Perdón, por si os estamos molestando. — Le dijo Jackie, quién sabía cómo se sentía Nadezha y que era mala idea venir y seguir molestar con eso. — Es que estos son unos pesados y…. —

— Yo estoy aburrido, he venido a jugar. — Y le interrumpió Charlie, mientras entraba como si fuera su casa.

— Bueno, si quieres, nos podemos ir…— Intentó terminar su frase, pero no le dejaron.

— ¡Por favor, por favor, no nos abandones! — Aquellos tres no aguantaron más y se agarraron a las piernas de Nadezha, mientras gritaba como niños pequeños: — ¡Ayúdanos! ¡Te lo rogamos! ¡Necesitamos dejar de ser unos perdedores! —

Mientras Nadezha intentaba librarse de esos chicos, que se sujetaban a sus piernas como garrapatas, Vladimir observaba la escena con un rostro que dejaba claro que estaba bien molesto y enfadado por haberles estropeado aquel momento. Charlie le saludó alegremente, pero fue recibido por un saludo muy poco animado por parte del novio de la albina. Jackie no pudo evitar sentirse culpable por no haberles detenido, porque se dio cuenta de que  pillaron a la parejita en el momento menos oportuno.

— ¡Un no es un no, aprended de una vez! — Eso les gritaba furiosamente Nadezha, mientras se los quitaba de las piernas y los intentaba echar a la calle: — ¡Dejen de insistir! —

— Pero es que no podemos. — Y eso le replicaban desesperadamente, mientras sacaban todas sus fuerzas. — ¡No queremos morir solos! —

Al ver que el intentar sacarlos de su casa estaba siendo casi imposible, a pesar de que estos eran unos debiluchos y no debería haber aguantando tanto; decidió detenerse y decirles esto:

— Pues hagan esto. Olvídense de tener novia y dedicaos a mejorar como personas, que os falta. — No tenía ninguna esperanza de que le dejaran en paz, aún así lo intentó. — ¡Antes de que os deis cuenta, ya tenéis una! —

— ¡Ni una mierda, las chicas siempre buscan a los más rebeldes y a los abusones! — Y no funcionó, le replicaron con estas palabras. — ¡Somos buenos chicos y nadie quiere a las buenas personas! —

Charlie se puso a reír como loco cuando oyó aquellas palabras, mientras Vladimir y Jackie pusieron un rostro llena de incredibilidad y de burla que dejaban claro que no lo creerían.

— Sí, sobre todo eso, buenos chicos. — Hasta Nadezha comentó de forma burlona, tras oír eso. — Me sorprende que os creéis eso. —

Sheldon y los dos Howards le replicaron, diciéndoles que si lo eran, tanto que les decían puras mentiras como que daban dinero a los pobres y ellos lloraban cada vez que veían a los negritos de África sufriendo.

Los demás no pudieron parar de reír por las tonterías que decían, incapaces de poder tomarles en serio. Al final, tuvieron que reconocerlo:

— Vale, vale. No somos tan buenas personas como creíamos…— Y Patton intervino diciendo esto: — En verdad, somos unos perdedores. — Sheldon le hizo callar y continuó: — Por eso, necesitamos ayuda…—

Charlie le interrumpió, levantando la mano con la intención de decirle algo a Nadezha.

— ¡¿Qué quieres!? — Le preguntó la albina, después ella añadió, al ver que éste estaba comiendo un paquete de patatas que cogió de la cocina: — Y no debes coger sin permiso los aperitivos que hay en casas ajenas. —

— No me ignores. — Soltó Sheldon, al ver que ésta ya ni le hacía caso.

— Lo siento. — Lo dijo con total indiferencia, que provocó que a Nadezha le entrará ganas de quitarle los aperitivos. A continuación, soltó lo que él quería preguntar: — ¡¿Y si en el caso de haber consiguuido una novia, qué es lo que uno debería hacer!? —

— Pues bueno, no sabría que decirte ahora mismo…— Le parecía muy extraña la pregunta. — ¿¡Por qué preguntas esto!? Espero que no te haya entrado ganas de tener una… —

— No es nada, nada de nada. — Él movió la cabeza rápidamente, para dejar claro que no era nada, aunque este gesto provocó sospechas en la albina. — Solo lo decía…— No pudo terminar la frase, porque Sheldon gritó con todo su pulmón para poder recibir la atención de Nadezha.

— ¡Deja al estúpido de Charlie, yo sí que tengo problemas graves! — Y lo que recibió fue un fuerte castañazo por parte de la albina.

Al ver lo irritada y enfadada que estaba Nadezha, Sheldon y los Howards decidieron callarse y mirar la tele tranquilamente.

— Realmente creo que deberíais de dejar de ser tan pesados. — Eso les comentó Jackie. — Por eso, vosotros no tenéis novias. — Estas palabras fueron ignoradas olímpicamente.

Aún así, no cesaron en sus intentos, a los días siguientes no pararon de dar la lata a Nadezha una y otra vez, para conseguir que les siguiera ayudando. Y ésta se negaba sin parar, no dejaba de mandarlos a la mierda.

Al final, cuando llegó un domingo, tuvo que acceder, al ver que los amigos de Vladimir llegaron a su casa por la mañana muy temprano. A pesar de que su novio, quién se quedó a dormir, les dijo que la dejaran en paz de una  vez, ellos siguieron insistiendo:

— ¡Vale, vale! ¡Pero que esta vez sea la última! ¡Si hacéis una estupidez o mando a la mierda! ¡¿Entendido!? — Les decía Nadezha, muy cansada de aquel asunto. — Si vosotros volvéis a seguir insistiendo después de eso, nunca volveréis a pisar esta casa. —

Sheldon le replicó que eso último era muy drástico, que tampoco hacían nada malo; pero se tuvo que callar al ver la cara de ira que puso Nadezha tras escuchar esas palabras. Entonces, los demás intervinieron para dejarles claro que no podrían seguir por ese camino, hartos de aquella insistencia:

— Por favor, que ésta sea la última vez. — Vladimir les dijo esto y Jackie les avisó: — Deberías hacer caso esta vez, las cosas podrían ponerse muy feas para vosotros si seguís haciendo eso. — Sheldon y los dos Howards solo les respondieron con comentarios vagos y carentes de sentido.

Tras entrar en la casa, lo primero que dijeron, tras sentarse en el sofá, fue esto: — ¡¿Qué es lo que tenemos que hacer ahora!? —

— Y yo que sé. — Le respondió Nadezha, con pocas ganas de comenzar. Luego, se dio cuenta de una cosa y preguntó: — Por cierto, ¡¿dónde está Charlie, no ha venido con vosotros!? —

— Pues hoy no ha podido venir con nosotros. — Le respondió Jackie.

— Mejor, mejor, así no tenemos que soportarlo, el muy idiota se cree mejor que nosotros. — Comentó Sheldon con tal desagrado que hacía preguntar a los demás por qué se juntaba con Charlie.

— Y creo que tiene razón al creérselo. — Aunque Vladimir le replicó con estas palabras igual de duras, que callaron a Sheldon.

— Últimamente pasa poco tiempo con nosotros, la verdad. — Añadió Jackie, muy sorprendido. — Parece que está ocupado o algo así. —

Habían pasado varios días en dónde Charlie no les acompañaba y se quitaba del medio, algo muy raro para él, ya que antes siempre los acompañaban a todas partes y sobre todo a la casa de Nadezha.

También se acordó de que él, haciéndose el tonto, nunca les respondía los motivos por la cual siempre se iba, a pesar de que lo preguntó varias veces. Nadezha recordó la pregunta que Charlie le hizo varios días antes y lo iba a comentar, pero fue interrumpida por Sheldon:

— ¡Da igual, da igual! Tenemos que seguir con eso. — Eso gritó, no quería que la conversación se fuera directa sobre Charlie, le importaba una mierda lo que le pasaba, más importante era tener novia.

— ¿¡No deberíamos seguir con eso de aprender a practicar a hablar con una chica!? — Preguntó Patton, a continuación.

— Ni en broma, no voy a invitar a otra chica para que Sheldon le intenté tocar su pecho. — No quería repetir eso de nuevo, que con solo recordarlo se sentía muy avergonzada y furiosa.

— Bueno, bueno, fue un accidente, no volverá a ocurrir. — Sheldon intentó dar importancia, pero la aterrada mirada que puso Nadezha cuando le oyó, lo hizo callar y no decir nada más sobre ese tema.

— ¿¡Y por qué no usamos de nuevo a Jack…!? — Le llegó el turno de Persing, que no pudo terminar la frase, porque Jackie supo lo que quería decir y le gritó que no con mucha furia.

Entonces, Patton se dio cuenta de una cosa, tan obvia y tonta que no sabía cómo no se le habían ocurrido antes. Luego, decidió decirlo en voz alta, preguntando esto:

— ¡¿Y por qué no practicamos con Nadezha!? Ella es una chica y además nos podemos comunicar con ella sin ponernos nerviosos. —

Se quedaron boquiabiertos cuando él dijo esto. No se había dado cuenta de eso, algo tan elemental que se sintieron muy idiotas. Sheldon, sorprendido por tal revelación, gritó:

— ¡Es verdad, es verdad! ¿¡Cómo no se me había ocurrido!? Con lo machorra que es, no me di cuenta. —

Cuando él se dio cuenta de que le llamó marimacho a Nadezha, se puso pálido y le empezó a decir que no era lo que quería decir. Ella le miraba con ganas de matarlo, pero no le hizo nada, porque tenía algo de razón, aunque le molestaba muchísimo.

Vladimir le replicó violentamente, gritándole que no le dijera esas cosas a su novia, pero Nadezha le detuvo y lo tranquilizó.

— ¡No te preocupes! — Luego, añadía con estas palabras. — Si eso es lo que piensa de mí, entonces no tiene caso en que practiquen conmigo para poder hablar con las demás chicas. — En el fondo, no quería participar en algo así, después de lo que pasó con Jackie y Malan, cuando accedieron a practicar con ellos.

— Espera, espera, ¡no nos hagas esto! ¡Necesitamos tu ayuda, no queremos morir solos! — Le suplicó Sheldon, y los dos Howards hicieron lo mismo que él.

— Si ella no quiere, pues es un no. — Le decía Vladimir con una sonrisa aterradora, mientras apretaba el puño. — Además, seguro que le intentarás hacer algo raro, no me gustaría pegar a un conocido hasta la muerte. —

Sheldon le replicó muy molesto por qué le llamaba conocido, cuando eran supuestamente amigos, aunque fue ignorado. A pesar de todo, Nadezha no pudo negarse a aceptar a practicar con los chicos, por desgracia.

— En fin, vamos a comenzar de una vez, di algo. — Eso soltó Nadezha, después de sentarse en el sofá, preparada para practicar con los chicos.

Y Sheldon, quién tuvo que acceder como el primero, no decía nada. Es más, se puso muy nervioso y temblaba como un flan. Los demás no se lo podrían creer:

— ¡¿En serio!? Han pasado meses desde que la conoce y la hablas con total normalidad, hasta se burla de ella. — Gritaba Jackie, incapaz de entender lo que le pasaba a él. — ¡¿Y ahora se pone nervioso!? Yo no le entiendo, de verdad. Esto es absurdo. —

— Tal vez, el simple hecho de imaginar que tiene que comunicarse con una chica, le pone muy nervioso. — Le respondía Vladimir, bastante fastidiado. — Yo, ya me lo esperaba. — Y tenía el puño preparada para golpearlo por si le hacía algo a su querida novia. — Espero que no haga nada raro. —

— ¡Estamos perdidos, realmente perdidos! — Se decían Persing a Patton en voz bajas, igual de nerviosos. — ¡No hay salvación para nosotros! —

— ¡Por favor, cállense, solo me ponen nervioso! ¡Qué me estoy preparando para hablar, solo me falta un empujoncito! — Les replicó fuertemente a los demás, que solo le producían más nerviosismo que antes.

— ¡Vamos, di algo, que no tenemos todo el día! — Y Nadezha soltó esto, dándole prisa para hablar.

Incapaz de decirle que ya lo iba a hacer, cerró los ojos y empezó a relajarse. Respiró e inspiró varias veces, mientras pensaba de qué podría hablar con ella, porque no tenía ni idea. Ni siquiera le explicó qué tenía que hacer, qué temas sacar para charlar con una chica. A pesar de eso, no dejó de buscar alguna buena idea para poder conservar y finalmente pudo encontrarlo, tras muchos minutos siendo inmóvil como una piedra.

Con una sonrisa en la boca, decidió hablar y soltar lo que había pensando. Y cuando abrió su bocaza, listo para charla y mantener una conversación, alguien le interrumpió, abriendo violentamente la puerta de la casa de la albina, que estaba semiabierta, a pesar de que Nadezha les pidió a los chicos que la cerraran. Era Charlie y estaba realmente nervioso.

— ¡¿Qué ocurre, por qué has entrado de esta manera a mi casa!? — Le preguntó Nadezha, por una parte, muy sorprendida por aquella repentina aparición y por otra, enfadada por lo mal que había tratado a su puerta.

— ¡Mierda, me lo has arruinado todo! — Le gritó Sheldon a Charlie, que fue ignorado por todos, que estaban más absortos en el nerviosismo que estaba mostrando el otro, parecía que le había pasado algo muy malo.

— ¡Eso no importa! ¡Los consejos de Nadezha me han funcionado! ¡De verdad! — Eso les dijo como respuesta, mientras no dejaba de moverse de un lado para otro del salón.

— ¡¿De qué consejos hablas!? — Le preguntó Nadezha, mientras buscaba en sus recuerdos. — No recuerdo haberte dado algunos. —

— Bueno, eso de conseguir novia. — Eso no le ayudo mucho a la albina a recordar, que nunca le dio ningún tipo de consejos sobre eso.

— ¡¿Y qué pasa!? — Añadió Nadezha, esperando que estas preguntas le harían comprender qué le ocurría a aquel chico: — ¿¡Qué quieres decir con que ha funcionado!? —

— Pues es que tengo…— Tragó saliva por un momento y luego añadió esto lleno de incredibilidad, ni él mismo se lo creía. —…una novia. —

Todos se quedaron atónitos al escuchar aquellas palabras, sin habla. No se lo esperaban para nada. Sobre todo para los chicos que querían conseguir novia, aquella noticia fue para ellos un apuñalamiento por la espalda.

FIN DE LA SÉPTIMA PARTE

 

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