Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Onceava parte, centésima decimosexta historia.

Entre aquella multitud que iba de un lado para otro por el centro comercial, se encontraba Vladimir y Nadezha, dando gritos de un lado para otro:

— ¿¡Dónde estás Jackie!? — Estaban buscándolo. — ¡Contesta, Jackie! —

También le preguntaban a cualquiera persona que pasaban a su lado, si le habían visto, después de darles una certeza descripción.  Hasta al momento, todas las respuestas fueron negativas. Y así llevaban un buen rato:

— ¡Maldita sea, ¿dónde se habrá metido?! — Gritaba Nadezha, llena de nerviosismo y preocupación. — Le dejamos solo durante un minuto y se pierde. Creo que me arrepiento de haber dejado que éste se fuera solo al cuarto de baño. —

Después de que se quedaron solos, ninguno fue incapaz de sacar provecho de la situación. Al notar que la espera se le hacía muy larga y que Jackie estaba tardando mucho, se fueron a los servicios en su busca. Allí no le encontraron y ellos empezaron a buscar en los demás que había en el centro comercial. Al no encontrarle en ninguno, empezaron a buscarlo por todo el sitio, gritando su nombre:

— ¡No te preocupes, Jackie debe estar por algún lado! — Vladimir intentó tranquilizarla, pero le salió mal el intento. — Aún así, es demasiado raro que se haya perdido si los servicios estaban casi al lado de nosotros…—

— ¡¿Qué no me preocupe, qué no me preocupe!? ¡Seguro que le ha pasado algo malo! ¡Maldición, ¿en qué estúpido lio se habrá metido?! —

Mientras tanto, dentro de un restaurante de comida rápida, cuya mascota es un siniestro payaso; Jackie estaba comiendo una hamburguesa, rodeado de de gente que no conocía, entrecortado e incapaz de asimilar cómo había llegado a esta situación, cuando él solamente se había ido al servicio.

— ¡Te lo digo en serio, esta piba ha estado asombrosa! ¡Salvo a la líder, en serio! — A su lado, había una chica que hablaba por su teléfono a gritos, sentada en una posición poco adecuada para estar en un establecimiento.

— ¡Maldito huevón! ¡Ya te dije que no te estoy engañando con otro! — Y al otro lado también había otra chica, que parecía estar peleándose con su novio. — ¡Tú eres un puto maricón de mierda, no tienes ningún derecho a llamarme zorra, cabrón! —

Mientras miraba de reojo cómo aquellas dos féminas que estaban a su lado gritaban como locas e incluso mostraban algunos signos de violencia. En el otro extremo de la mesa en dónde estaba comiendo, otra chica le dijo esto:

— ¡¿Pasa algo, enana!? — Jackie se puso a temblar cuando ella se dirigió hacia él. — Al final, ¿¡no te gusta la hamburguesa o qué!? Podemos pedir otra. Después de todo, puedes pedir lo que quieras, nosotras te estamos invitando. —

— ¡Tiene razón, no te cortes! — Y varias chicas que estaban a su lado le dieron la razón. — ¡Es nuestro pago para haber salvado a la líder! —

Jackie movió la cabeza negativamente, diciéndoles con una voz muy bajita que la hamburguesa estaba muy bien, que no hacía falta. Las chicas riendo fuertemente, que tomaron con mucha simpatía la humildad que mostraba.

En realidad, aquellas chicas estaban tratando bien a Jackie, pero tenían aspecto de ser unas delincuentes juveniles muy peligrosas. Llevaban todo tipo de peinados de estilo punk, chaquetas parecidas a las que usaban los moteros y faldas largas. Sus malos modales, aquel comportamiento que se acercaba a lo violento y sus vestimentas no solo provocaban miedo en el pobre, sino a todo el mundo que estaba en la hamburguesería, que comían con mucho miedo y nadie se atrevía, ni el mismo personal, pedirles que mejoraran su comportamiento. Aún así, a pesar de todo, tampoco iban a llamar a la policía, porque ellas realmente no estaban cometiendo ningún delito.

Jackie otra vez observó de reojo a las chicas aterradoras que le rodeaban, mientras se preguntaba de nuevo por qué había acabado así, mientras su cerebro le volvió a mostrar qué fue lo que ocurrió.

Al entrar en los servicios, Jackie se encontró con aquel grupito de chicas pintándose y hablando sobre cosas de sus vidas a gritos. Al pobre le entró muchísimo miedo pasar al lado de esas aterradoras muchachas, aún así tenía que ir al váter cuánto antes. Cuando terminó de hacer sus necesidades, vio como una, la que era la líder, cayó al suelo y se estaba ahogando con algo. Viendo que las demás, que se quedaron paralizadas del miedo, no hacían nada por ella, inconscientemente él se acercó a ella y la ayudó. Sin saber cómo lo hizo, pudo salvarla, sacándole un pintalabios que, de alguna manera, ella se tragó y quedó atascado en su garganta.

Al final, estaban tan agradecidas por lo que había hecho que fueron capaces de invitarle a comer algo en una hamburguesería, aunque él no fue capaz de negarles que no, que tenía que volver junto a unos amigos.

Volviendo hacia Nadezha y Vladimir, quienes aún seguían en su labor de búsqueda, observaron a lo lejos a los demás:

— ¡¿Esos no son Sheldon y los otros dos chicos!? — Le decía Vladimir, mientras le mostraba desde la lejanía a aquellos tres. — ¡¿Qué están haciendo!? —

Al observar más detenidamente, vio que se estaban peleando entre ellos tres, en medio de una multitud que ellos molestaban por su forma patética de pelear, pero que ignoraban olímpicamente.

— ¡Mierda, ni me acordaba de la existencia de esos malditos idiotas! — Nadezha gritó esto, cuando escuchó lo que dijo Vladimir. Miró y se percató que, más adelante, se encontraban Charlie y Carleen caminando los dos juntos, tomados de la mano, con toda la tranquilidad del mundo. — Creo que ya están siguiendo a la parejita…— Añadió, antes de ponerse manos a las obras y acercarse lo más rápido hacia aquellos tres estúpidos.

Poquito a poco, podría notar los chillidos que estaban metiendo aquellos chicos:

— Ni una mierda vamos a permitirte que vayas a hacer eso. — Eso era lo que decía Patton, mientras que Persing exclamaba: — ¡No le arruines la cita, maldito desgraciado! — Estos, entre mordiscos, intentaban contener a Sheldon, mientras éste forcejeaba, intentando liberarse de esos dos.

— Solo lo voy a “ayudar”, voy a salvar de tener una relación que le va a provocar mucho dolor. — Y les replicaba con estas palabras.

Ellos, aunque al principio creyeron que Sheldon quería ayudar, éste era tan idiota que les dijo a los cincos minutos después sus verdaderas intenciones y se pusieron manos a la obra para detenerlo.

— ¡¿Qué estáis haciendo ahora!? ¡¿No ves que estáis molestando a las demás personas!? — Eso les gritó ella, cuando los alcanzó. Los tres chicos soltaron su nombre, sorprendidos, antes de verla.

Y en ese mismo momento, aprovechando un descuido por parte de los dos Howards, Sheldon se liberó de ellos y salió corriendo hacia la parejita, gritando como un villano mediocre de alguna mala comedia animada.

— ¡Mierda, no! — Gritaron de horror Patton y Persing. — ¡Va a arruinar la cita de Charlie! —

— ¡¿Qué quiere hacer este imbécil ahora!? — Les preguntó Nadezha.

— Pues ya lo hemos dicho. — No le dieron ninguna respuesta concreta, solo lo mismo. — ¡Lo va a arruinar! —

— Vale, vale. — Así que ella desistió y decidió seguirle. — ¡Maldición, solo me dais más que problemas! —

Al salir ella corriendo, les gritó esto: — Vladimir y vosotros dos, ¡seguid buscando a Jackie! Yo detengo a Sheldon. — Y ellos no tuvieron más remedio que seguir aquel orden, mientras ella se perdía entre la multitud.

Sheldon corría como loco, incapaz de pensar en otra que destrozarle la cita que estaba teniendo su amigo Charlie. Él ya se había imaginado miles de formas para hacerlo, ya sea bajándoles los pantalones, para que quedara en ridículo; gritar que habían robado algo o que eran terroristas, para que lo detuviesen; esperar hasta que llegarán a una restaurante y tirarles la comida encima y otras formas más o menos estúpidas para arruinarles el día.

Cuando ya estaba detrás de ellos, se quedó paralizado, todas esas ideas que le parecían geniales e increíbles para acabar con esa cita se esfumaron con una facilidad increíble. Éste solo empezó a observar a la pareja, que empezaron a mantener esta conversación:

— Una pregunta, ¡¿mis manos son suaves!? — Preguntó Carleen.

— Pues sí. — Le respondió Charlie, sin mostrar aparente emoción, antes de soltar otra pregunta: — ¡¿Y las mías!? ¡¿Cómo son!? —

— Pues sí, son tan suavecitas y calientitas. — Sheldon no tardó mucho en empezar a sentir mucho malestar con aquel diálogo.

— Ah vale. — No era por lo soso y aburrido que le parecía lo que soltaba Charlie.

— Te quiero mucho, ¡¿lo sabes!? — Sino por lo tortolita que se mostraba Carleen.

— Sí. — Sheldon quería ocupar el lugar de Charlie. — Yo también. —

— ¡Seremos tan felices! — Le daba tanta envidia y rabia que nadie le dijera estas palabras.

— Tal vez sí, tal vez no. — Además, pensaba que daría respuestas muchas obviamente mejores que las de maldito amigo.

— No importa, siempre habrá obstáculos en el camino, pero nosotros lo podemos superar con nuestro amor. —

Al final, no pudo más y decidió arruinarlo sea como sea, no podría soportar algo así. Lo primero que decidió fue separarlos, hacer que sus manos se separaran. Sin pensar en nada más ni en lo estúpido que parecía hacer algo así, levantó su mano para destrozar esa unión por la fuerza.

Nadie más de sus amigos tenía derecho, según pensó él con una sonrisa maléfica, a pasar una cita agradable con una chica si él no tenía una.

Por desgracia, para él, sintió cómo algo le golpeó en toda la entrepierna, provocándole un dolor intenso y horrible. Chilló de dolor con todas sus fuerzas, mientras caía al suelo. Eso atrajo la atención de todos los que pasaban a su lado, incluso algunos vinieron a ayudarle. Mientras tanto, la parejita se alejaba de él, ignorándolo, como si no hubieran escuchado eso.

— ¡¿Qué ha sido eso!? — Bueno, Charlie no lo ignoró del todo.

— ¡No te preocupes! No ha sido nada, solo que alguien ha estado haciendo el idiota. Ignóralo, no tiene nada que ver con nosotros. — Pero Carleen lo convenció para que lo ignorara totalmente. Luego, añadió esto, mientras se lo decía flojito en el oído: — Ignora a todo lo que no tenga nada que ver con nosotros, mi amor. —

Charlie le dijo que sí con la cabeza, mientras la observaba. Y ella, que soltó aquellas palabras de alguna manera siniestra, cambió de actitud con mucha rapidez. Carleen se sonrojó muchísimo y, poniendo cara de boba y riendo tontamente, decía esto:

— ¡Ay, qué vergüenza! ¡Le he dicho “mi amor”! —

Nadezha rápidamente llegó al lugar, después de perder tiempo valioso por culpa de la multitud, se encontró a Sheldon, levantándose del suelo, a la vez que le decían a los que se acercaban a ayudar que estaba bien.

— ¡Vamos, ¿qué intentas hacer ahora?! — Le preguntó Nadezha, mientras se imaginaba qué es lo que le había pasado.

— ¡Oh, Nadezha! — Dio un chillido de terror y luego, intentó hacerse el inocente. — ¡Yo no estaba haciendo nada, de verdad! —

Al ver aquella mirada acusadora que le ponía Nadezha tan aterradora, no tuvo más remedio que confesarlo todo:

— Vale, vale, quería joderles la cita. — Eso le decía Sheldon. — Pero me han dado una patada que me ha dejado casi jorobado. —

— Pues me alegra muchísimo, a ver si aprendes de una vez. — Comentó Nadezha. Sheldon intentó replicarle algo, pero decidió callarse.

— Bueno, ya que no vas a hacer más de las tuyas, nos vamos a buscar a Jackie, que se ha perdido. — Le dijo a continuación, Nadezha.

— ¡¿Espera, qué!? — Gritó Sheldon, para luego señalarle a la pareja, que aún se les veía. — ¡¿Y ellos!? —

— Desde el primer momento, ha demostrado ser mejor de lo que creía. Bueno, yo creo que deberíamos dejarlos en paz. — Concluyó Nadezha, muy arrepentida de haberse metido en la cita de Charlie. Ellos apenas ayudaron en nada, solo provocaron varios problemas y molestias. Y el chico había demostrado que sabía cómo apañárselas sin creces.

— ¡No, no y no! ¡Tenemos que demostrar que él sepa cómo hacer una cita hasta al final, no podemos estar seguros de que la destroce! — Sheldon le replicó, no podría terminar así como así con la cita. Intentó convencerla, pero solo provocó que Nadezha le mostrara una cara de mala leche contra él. Le preguntó: — ¡¿Por qué me miras así, no es lo quería hacer tú!? —

— Te contradices a los cinco minutos. Primero, quieres destrozarles su cita y ahora, deseas ayudarle para que no lo fastidie, ¡no hay quién te entienda! O eso o es una simple excusa para que puedas seguirles y arruinarles. —

Sheldon puso una evidente cara que mostraba que ella ya había descubierto sus verdaderas intenciones. Aún así, intentó seguir convenciéndola:

— De todas maneras, deberíamos mirar, por si acaso…—

— Uno de tus amigos ha desaparecido y lo estamos buscando, ¡eso es lo más importante ahora! — Le replicó Nadezha. — Así que vámonos a buscarlo y olvídate de ellos. —

Y al parecer, a él le importaba un higo que Jackie estuviera desaparecido, porque lo primero que hizo al escuchar esas palabras, fue salir corriendo hacia la parejita.

— ¡Por el amor de Dios! — Maldijo Nadezha, con ganas de darle un buen puñetazo, antes de salir corriendo hacia él. — ¡¿No sabe éste idiota rendirse de una vez!? —

Los pudo alcanzar por segunda vez y miró por atrás si le seguía Nadezha. Al ver que, de alguna manera, le había perdido de vista, intentó continuar su deseo de arruinar la cita de la pareja, pero no pudo. Solo se les quedó observando, incapaz de hacerles algo malo, aún cuando seguían haciendo conversaciones muy cursis y hacían cosas de pareja que le provocaban muchísima envidia.

Después de dar un largo paseo, llegaron a una heladería y los dos eligieron un gran helado que compartiendo. También se dio cuenta de que Charlie trataba muy bien a su chica, con muchísima caballerosidad. Él siempre le preguntaba si quería algo o si se estaba divirtiendo con ella, provocando que ésta se pusiera muy feliz por lo atento que era, quién también hacia lo mismo. Conversaron sobre todo tipo de cosas, sorprendiendo a Sheldon, ya que jamás se esperaba que su amigo pudiera hablar tanto, además de que a esa chica le gustará aquel humor tal extraño que tenía, no paraba de reírse cuando le comentaba alguna tontería. Incluso vio que era más detallista de lo que parecía, ya que, cuando iban a terminar aquel postre helado, éste le dijo a Carleen:

— ¡Ah, por cierto! — Empezó a buscar entre sus bolsillos, sacando un pequeño regalo. — Te he comprado esto. Espero que te guste. —

Con la cara iluminada de pura felicidad, recibió aquel pequeño paquete y lo abrió, lo que se encontró le hizo chillar de la emoción: — ¡Oh, qué bonito! ¡Es hermoso, realmente hermoso! —

Era un colgante de plata con la forma de una trinqueta. Ella lo cogió como si fuera un verdadero tesoro y se lo puso en el cuello, preguntándole a su chico como le quedaba.

Tras decirle que le quedaba muy bien, Charlie le añadió: — Bueno, tú decías que el otro día te gustaba esto, así que lo compre. Iba a darte una flor,…— La misma que le dio Jackie. —… pero se quedó muy fea de un día para otro. — Al parecer, él no sabía muy bien que las flores se marchitaban.

— ¡Gracias por el detalle, es el mejor regalo de toda mi vida! — Ella empezó a llorar. Charlie, alertado, le preguntó que le pasaba. Carleen solo le respondió con esto, muy feliz: — ¡Te quiero mucho, muchísimo! —

A pesar de la aparente indiferencia que mostraba Charlie, aunque parecía que, en el fondo, estaba disfrutándolo, estaban tan felices que Sheldon ya no se atrevía a romperles la cita, a pesar de toda la envidia que él sentía. Empezó a arrepentirse de todas esas burradas que había hecho durante todo el transcurro de la cita. Entonces, fue sorprendido por Nadezha, quién soltó esto:

— Al final, parece que ese chico sabe lo que hace, debí haber confiado en él…—

— ¡¿Nadezha, qué haces aquí!? — Casi le dio un susto de muerte y un chillido, sino fuera porque ésta le tapó la boca. Cuando se la quito, añadió con muchísima sorpresa: — ¡Yo pensaba que te había perdido de vista! —

— Estuve siguiéndote sin que te dieras cuenta. Quería actuar cuando ibas a lanzarte a hacer alguna tontería, pero me he dado cuenta de que se te han quitado las ganas. —

A Sheldon le costó mucho asimilar el hecho de que no se hubiera dado cuenta, no se lo esperaba. Después, decidió  decir esto sinceramente:

— Bueno, algo así. Solo quería que siguiera igual de miserable que yo, pero ya me da cosa arrastrarle de vuelta a la mierda. —

— Realmente, eres horrible. Pero el primer paso es reconocerlo, así que supongo que es bueno. — Añadió Nadezha, también con toda su sinceridad.

— Cambiar es muy difícil, es más fácil seguir siendo un miserable. —

Nadezha no dijo ni un comentario más respecto a eso, decidió ignorarlo y decirle esto:

— Vamos a dejarlo solos de una vez y pongámonos de una vez a buscar a Jackie, que aún no lo hemos encontrado. —

— ¡¿Jackie está perdido!? — Al parecer, ni se dio cuenta de que le dijeron eso ante. Nadezha puso cara de mala leche y Sheldon soltó estas palabras, con la intención de no hacerla enfadar: — ¡Ah, vale, vale! ¡Lo dijiste antes, es que no lo recordaba! —

Y tras decir estas palabras, los dos se dirigieron hacia al centro comercial, para encontrarse con Vladimir y los demás, y seguir con la búsqueda de Jackie.

FIN DE LA ONCEAVA PARTE

 

 

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