Centesíma decimasexta historia

Nadezha y los niños de Shelijonia: Última parte, centésima decimosexta historia.

Al volver al centro comercial, el teléfono de Nadezha empezó a sonar, era una llamada de Vladimir, que le quería comunicar algo:

— ¡Ya hemos encontrado a Jackie! — La albina dio un fuerte suspiro de alivio. Vladimir continuó hablando: — Lo hemos encontrado en una tienda de ropa, aunque…—

— ¿¡Aunque qué…!? — A Nadezha le entró algo de intriga. — ¡¿Qué ha pasado!? —

— No es nada malo, solo es que es muy extraño. — Era incapaz de poder explicarle lo que pasaba. — Tendrás que verlo con tus propios ojos. —

A continuación, le dijo dónde estaban y Nadezha y Sheldon se dirigieron con toda la rapidez del mundo hacia aquella tienda de ropa. Ninguno de los dos se podría imaginar lo que se iban a encontrar:

— ¡¿Qué!? ¡¿Eres tú, Jackie!? — Eso gritó Sheldon, cuando observó que su amigo tenía un nuevo look: — ¡Qué miedo das! —

— ¡¿Qué haces vestido de esa manera!? — Le preguntó Nadezha, poniendo un rostro lleno de sorpresa y extrañeza.

— Pues hoy he conocido unas chicas muy majas y estuve de compras con ellas, ¿¡a qué me veo muy guay y rebelde!? —

Eso fue lo que les respondió Jackie mientras posaba con aquella inusual vestimenta, intentando parecer intimidante. Al final, él se lo pasó bastante bien con aquellas chicas que parecían delincuentes juveniles. Incluso llegó al punto que decidió imitar aquella forma tan peculiar de vestir que tenían. Llevaba una falda larga, una chaqueta de cuero y unas gafas del sol, más un bolso con un aspecto gótico, en el cual llevaba la ropa que estaba usando antes. Nadezha y Sheldon movieron la cabeza afirmativamente, incapaces de poder decir algo.

— De todas maneras, es una historia muy larga de contar. No pude ir con vosotros hasta hace ahora mismo. — Añadió Jackie, a continuación. — Y podrían haberme llamado por el móvil, además. —

Todos se quedaron con la boquiabierta, al darse cuenta de que se habían olvidado que él usaba, junto con los demás, el teléfono móvil. Ni por un momento, se les había ocurrido haberle llamado.

— ¡Maldición, me siento tan idiota! — Concluyó Nadezha, muy molesta. — Podríamos habernos ahorrarnos todo esta estúpida búsqueda. —

Tras soltar estas palabras, Nadezha y los chicos decidieron volver a casa e irse del centro comercial, ya no tenían nada más que hacer.

— ¡¿Y ahora qué hacemos!? — Preguntó Sheldon. — Es muy pronto para que vuelva a casa, faltan mucho para que se haga de noche. —

— ¡¿No tienes que hacer deberes, o juegos que jugar o algo así!? Quiero irme a descansar en la mía, no quiero que me molesten ahí. — Ella ya tenía suficiente con lo que había pasado hoy, solo deseaba vaguear en su casa como Dios manda, junto con Vladimir, y nadie más.

— ¡No me amargues la vida con esas cosas! ¡No me amargues! — Le replicó Sheldon, mientras intentaba evitar el recuerdo de que tenía que hacer los deberes.

— Bueno, la verdad que es yo tampoco quiero irme a casa aún…— Añadió Jackie, a continuación. Los dos Howards también le dieron la razón.

— Con la pinta que tienes es normal, le darías un gran susto de muerte a tus papás. — Dijo Sheldon en voz baja, aunque fue escuchado igualmente por su amigo, que le preguntó si había dicho algo. Éste lo negó con muchísima rapidez. Luego, cambió de tema para evitar que Jackie siguiera insistiendo:

— Por cierto, aún tenemos que conseguir novia. —

Al decir esto, Nadezha puso muy mala cara, esperaba que ya se hubieran olvidado de eso.

— Tienes razón. — Añadían dos Howards. — Si Charlie lo ha conseguido, nosotros no seremos menos. —

Nadezha lanzó un fuerte suspiro de molestia, Vladimir y Jackie la imitaron. Al parecer, estos chicos eran demasiado insistentes.

— Por favor, denme un respiro. Olvídense de eso, de una maldita vez. — Esos tres le replicaron que no, que estaban desesperados, que ellos lo iban a hacer muy bien y que aprendieron mucho de la cita. Nadie confiaba en esas palabras, porque sabían que apenas aprendieron algo útil.

— Otro día será. — Los chicos le replicaron, diciéndole que lo tenían que hacer hoy. — Ahora, no. De ninguna manera. No quiero tener que meterme en otro lio por vuestra culpa. —

Empezaron a calentarle la cabeza a Nadezha, pero, al ver que se resistía demasiado, pidieron ayudar a los demás.

— ¡A mí no me metan en esto otra vez! ¡Ya dije que no estoy interesado en esas cosas! — Jackie se los negó. Y Vladimir también:

— Yo pienso igual que mi amor, ¡¿podrían dejar eso para otro día!? —

Al ver que ninguno de esos le apoyaban, decidieron seguir insistiendo ellos tres, pero Nadezha les gritó esto, incluso antes de que dijeran algo:

— Buscaos una almohada y ponerle unos dibujos de chicas. Practiquen con eso. Hay gente muy rara que hace eso, ¡a mi déjenme tranquila!—

Y esto lo hizo callar, incapaces de replicar a eso. Más bien, empezaron a preguntarse si había gente que hacía algo tan ridículo como eso. Querían preguntarle a Nadezha qué si eso era cierto, pero no se atrevieron. Al notar que los pudo callar, volvieron a seguir caminando por las calles con total tranquilidad, hasta que el móvil de la albina empezó a sonar.

— ¿¡Ahora quién será!? — Decía ella, mientras sacaba el móvil y miraba su pantalla, adivinando antes de tiempo quién era: — Es Charlie…—

Después de soltar aquellas palabras, mientras ella contestaba el móvil, se formó un verdadero griterío. Todos los chicos empezaron a preguntarle a  Nadezha cómo estaba Charlie, cómo le fue la cita y si se besaron en la boca o hicieron algo más atrevido.

— ¡Cállense, cállense! — Incapaz de oír la voz del otro lado de la llamada, ella tuvo que silenciarlos a gritos. — ¡Qué no puedo escucharle! —

— ¡Perdón, perdón, tus amigos no dejan de gritar como idiotas…! — Le decía Nadezha a continuación: — En fin, al parecer, te ha ido bien la cita, ¿no? —

Aunque se vio que disfrutaron mucho de esa primera cita, tenía muchísimas dudas, sobre todo cuando ella y los demás solo entorpecieron en vez de ayudarle.

— Sí, ha ido muy bien. — Le respondió Charlie. — Mejor de lo que esperaba, creo. — Nadezha dio un suspiro de alivio, antes de seguir.

— Oh, ya veo. Me alegra, a pesar de que, en vez de ayudar, solo hemos estado empeorando las cosas. — Sentía mucha vergüenza ajena por todo lo que pasó en la cita. — Espero que ella no lo haya notado… — Añadió esto, a pesar de que era bien obvio que cualquiera se daría cuenta del jaleo que habían montado en el cine.

— ¡Ah, no te preocupes! Ella los ignoró totalmente, no iba a dejar que ellos le iban a arruinar la cita…—

— Espera, ¿¡qué!? — Dio un chillido de sorpresa, a pesar de que ya sabía que era imposible que no se diera cuenta. Aún así, le asombró. — ¡¿Se dio cuenta de nuestra presencia!? —

— Bueno, ella ya lo sabía. — Se quedó mucho más aturdida que antes. Le preguntó y él contestó: — Le dije que tú y los chicos me querían ayudar, observando la cita. —

— Entiendo…— Ella rió nerviosamente. — Me alegra de que nos haya ignorado…— No se atrevió a sermonearle a Charlie por no decírselo antes, aunque se alegraba de que fuera sincero con su chica.

— Y una cosa más. — Nadezha le preguntó qué era. — Carleen quiere hablar contigo, a solas, sin nadie más. —

Desconcertada, le preguntó a Charlie por qué Carleen quería hablar con ella, pero él le contestó que no sabía, con toda la indiferencia del mundo. Luego, le dijo en dónde tenía que reunirse, antes de colgar.

— ¡¿Qué ocurre!? — Le preguntó Vladimir, quién notó la preocupación de su novia. — ¡¿Ha pasado algo malo!? —

— No, no es nada. — Le respondió, mientras guardaba el móvil. — Solo que alguien quiere hablar conmigo, nada más. — No se atrevió a decirles que sentía una mala premonición acerca de eso, porque creía que solo era una exageración por su parte. Aún así, no podría quitarse la preocupación de encima, provocando que los chicos insistieran en sus preguntas.

— Solo es que la novia de Charlie quiere verme, nada más. — Y eso les respondió, dejándolos muy aturdidos.

— ¡¿Nos ha descubierto!? — Preguntó Sheldon, muy aterrado. — Bueno, era bien obvio. — Le replicó Jackie, mientras Vladimir le decía a Nadezha: — ¡¿Pero, te ha dicho cuál es la razón!? — Ella intentó decírselo, pero los demás no le dejaban. — Quiere hablar de cómo nos hemos entrometido en su relación, seguro. — Decían los dos Howards. — ¿¡Y cómo conoce a Nadezha!? —

Ella tuvo que hacerlos callar a gritos de nuevo. Tras llegar el silencio, ésta les dijo: — Bueno, ya lo sabremos todo cuando hablé con ella. Así que, por el momento, yo me iré a reunirme con esa chica. Vosotros volvéis a casa y esperad hasta que vuelva, tengo que ir sola. — No tuvieron más remedio que hacerle caso.

Con aquel mal presentimiento, ella se dirigió hacia al lugar del encuentro, situado en un pequeño parque rodeado por un edificio de apartamentos, cuya deprimente y grisáceo aspecto no lo diferenciaba de esas viviendas que se construyeron en la Unión Soviética, durante el gobierno de Nikita Jruschovka. Bajo la sombra de un Tsuga del Pacifico, árbol típico de la costa oeste norteamericana, esperaba impacientemente Carleen de Valera.

— Ya estoy aquí, como prometí. — Le dijo la albina, cuando la vio, mientras se acercaba. — Soy Nadezha, amiga, más o menos, de Charlie, encantada de conocerte. — Le dio la mano para estrecharla, pero ésta lo ignoró, solo le miraba de una forma que le molestaba a la rusa. Decidió ir al grano, diciendo esto: — ¡¿Qué es lo que quieres de mí!? —

— Te lo diré bien clarito, vieja. — Y, entonces, Carleen lo hizo, diciendo esto de forma desagradable y hostil. — ¡Aléjate de mi Charlie! —

Nadezha se quedó de piedra al oír aquellas palabras. No se podría creer lo que había escuchado, tuvo que esperar a asimilarlo un poco para poder soltarle una respuesta decente:

— ¡¿Alejarme!? — Le dijo con muchísima seriedad, intentando mantener su furia. — ¿¡Tienes celos de mí!? No te preocupes, tengo un novio y le soy fiel a él, y nada más. —

Le enfurecía que aquella chica pensará que le iba a robar a su novio, no era ese tipo de personas. Además, ella le ayudó, aunque fuera dándole consejos e incluso intentó evitar que saliera mal su primera cita con esta chica que le estaba diciendo que se alejará de Charlie.

— Y no solo tú…— Continuó hablando Carleen. — También quiero que todos esos idiotas se alejen de él. —

— ¡¿Qué tipo de estupideces estás diciendo!? — Eso le dejó mucho más perpleja aún. Entendería un poco que le pidiera que se alejara de su novio, ya que era una chica; pero pedir que también lo hiciera con sus amigos ya era una barbaridad. Carleen no contestó aquella pregunta, sino que siguió hablando a su rollo:

— En realidad, debería darte las gracias. Fue gracias a que él no dejará de visitarte y de hablar sobre ti. No paraba de decir lo divertido que era estar contigo y de lo increíble que eras. Incluso, llegó a decir que te venía como una hermana mayor. — Lo decía con amargura, como si a ella le molestase o le doliera recordar aquellas palabras.

Por su parte, Nadezha se sorprendió bastante al oír eso, se preguntaba si eso de que le veía como una hermana mayor era cierto, a ella nunca le había parecido. Más bien, nunca se imagino que ese chico pensará de ella de esa forma, algo que le hizo un poco de gracia. Aunque ahora que lo pensaba, tenía bastante sentido. Al no poder replicarle, la niña siguió hablando:

— Poquito a poco se estaba alejando de mí, me iba a quedar sola sin que lo pudiera evitar. Por eso mismo, me llené de valor y me confesé. —

Al final, Charlie estaba equivocado, nunca fueron los supuestos consejos de Nadezha y su aplicación lo que provocaron que ella le confesara aquellos sentimientos, fue su relación de amistad con la albina y el resto.

— ¡¿A qué es “extraño”!? — Rió de una forma muy poco agradable. — En realidad, esa no la palabra correcta… Da igual, ¡que te deje bien claro que no te vuelvas a acercarte a él de nuevo! ¡Y de paso, díselos al resto! —

— ¡¿Sabes lo qué estás pidiendo!? — Le gritó Nadezha, bastante enfadada. — ¡Lo estás intentando aislar de todos sus amigos, ¿no crees qué eso no está bien?! —

Tenía unas ganas enormes de darle un fuerte puñetazo y de quitarles esas tonterías. No se lo podría creer, ¿¡de verdad, de verdad le quería!? Nadie tenía derecho ni debería querer en su sano juicio hacerle eso a alguien que ama. Solo estaba demostrando que veía a Charlie como un simple juguete que ella solo quería poseerlo por su propio bien. Eso era lo que creía ella.

— ¡¿Amigos!? — Gritó con todas sus fuerzas. Luego añadió: — Ese subnormal de Sheldon solo se hizo amigo suyo porque no tenía a nadie más, que se rodeo de perdedores para no sentirte igual. Los demás del grupo tuvieron que resignarse y convivir con mi Charlie. Ninguno quería acercarle, para ellos era solo un bicho raro al que nadie se acercaba. —

— ¡Vamos a ver, aún así…! — Nadezha intentó replicarla, pero ésta la interrumpió de forma brusca, intentando callarla.

Era normal dudar si tenía su amistad era verdadera en el caso de Sheldon, pero los demás demostraron que le querían como amigos. Era una verdad, por mucho que ella dijera que no.

— Él me lo ha contando miles de veces, de cómo Sheldon se burla de él, de cómo tú te hartas de él, de todo, todo…— Carleen soltó unas carcajadas muy desagradables. — ¡No sé da cuenta, pero, en el fondo, ninguno, ni tú misma; sois sus amigos! —

— ¡¿Eso es lo que tú crees!? Pues creo que estás muy equivocada. —

La replica que recibió fue otro furioso grito que se pudo escuchar por todo el parque:

— ¡La equivocada eres tú! — Carleen mostraba un rostro que se acercaba a lo diabólico. Nadezha se dijo a sí misma que esa chica estaba mal. — Ni tú ni ellos le queréis, yo soy la única que le amo, ¡la única! Siempre hemos estado juntos, siempre, siempre, siempre…—

En ese momento, Nadezha tuvo que aceptar el hecho de que aquella chica no estaba nada bien, su estado mental era muy precario. Carleen empezó a golpear de la rabia el suelo, muy alterada, y siguió hablando ella sola:

— Yo siempre habría creído que estábamos unidos por el destino, pero solo me mentía a mí misma…— Empezó a reír de forma siniestra. — Pronto o temprano, me lo robarían. —

Nadezha ya no sabía qué decir, empezó a creer que había empujado a ese chico a una relación anormal, que, por lo que veía, incluso podría ser muy peligrosa para él. No dejaba de preguntarse con mucho horror qué había hecho, sin parar. Al ver Carleen que estaba desviándose del tema, dijo:

— ¡Oh, perdón! Solo quería darte una pequeña advertencia, pero esto se ha vuelto muy largo…— Rió de nuevo. Luego, puso una cara de loca y soltó esto con una voz muy amenazante. — ¡Lo repetiré de nuevo, no te acerques, ni tú ni esos falsos amigos, a mi Charlie! ¡Él solo es mío! Os pasará algo muy grave, si no me hacéis caso…—

Luego, de nuevo, rió levemente y se dio la vuelta, alejándose de Nadezha. Entonces, ahí se despidió: — ¡Slán agat! Espero que no nos volvamos a ver en otra ocasión…—

Y Nadezha se quedó en el parque, incapaz de asimilar la conversación que había tenido. Al darse cuenta que dejó ir a esa chica, eso le provocó tanta rabia que le empezó a dar patadas a todo lo que veía en el parque, llegando a conseguir que destrozará una papelera y ésta saliese volando.

Así es cómo termina nuestra historia, con una Nadezha que gritaba y golpeaba furiosamente contra cualquier elemento del parque, la cual no pudo tranquilizarse por bastante tiempo.

FIN

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