Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Séptima parte, centésima decimoséptima historia.

El sol ya había salido, cuando Aiyanna finalmente abrió los ojos. Ella se levantó de la cama muy sobresaltada, llena de un sudor frio y con una cara que parecía que había visto el mismísimo infierno.

— ¿¡Qué ha pasado…!?— Se preguntó, cuando observó que ella seguía en la cama de sus padres. — ¡Parece que todo está normal, aún así…! —

Tenía un mal sabor de boca y su cabeza, que le dolía fuertemente, le decía que algo malo había pasado y un sentimiento de horror, como si hubiera vivido una pesadilla, a pesar de que no podría recordar haber tenido una; recorría todo su cuerpo. No se dejaba de preguntar una y otra vez qué había pasado. O eso era lo que suponía Antonina, mientras la observaba desde la rejilla de la puerta, antes de decidirse a entrar en la habitación.

— ¡Por fin te has despertado! — Soltó llena de júbilo al entrar en el lugar. — Te estabas perdiendo un día precioso. —

— ¡¿Doña Antonina!? — Le costó un poco saludarla, debida a que aún estaba muy adormecida. — ¡Buenos días! ¡¿Es tarde, de verdad!? —

— Bueno, según mi reloj, son las nueve de la mañana. — Le respondió ella, mientras lo observaba.

— ¡No puede ser! — Saltó de la cama a toda velocidad. — ¡Tengo que darle de comer al búfalo, o él se enfadará! —

— Espera un momento…— Pero Antonina la detuvo con su brazo. — No pasa nada si tiene que esperar un poco. Acabas de levantarte, deberías comprobar si estás bien, antes de todo. —

— Estoy bien…— Intentó mentir, pero su cabecita la castigó, aumentando el dolor que tenía. — En realidad, no tanto, pero no pasa nada. — Ella rió nerviosamente y añadió: — Además, creo que he tenido una fea pesadilla, aunque no lo puedo recordar. —

— Ya veo. — Decía secamente Antonina, antes de quedarse en silencio de una forma muy sepulcral. Se preguntaba si era necesario decirle lo que pasó anoche o callarse. Aiyanna, al notar este comportamiento, se preocupó. Era un indicio de que aquel presentimiento de que había pasado algo malo tenía mucho de verdad.

Tuvo que tragar saliva y llenarse de valentía durante algunos segundos, para soltar esto: — Ha pasado algo, ¿verdad? —

Antonina movió la cabeza, diciéndole que sí, que el espíritu maligno había tomado de nuevo el control.

— ¡Otra vez…! — Decía Aiyanna con mucha aflicción. — ¡¿Qué ha hecho ahora!? —

— Mejor te lo cuento, mientras damos de comer al búfalo, ¿no te parece, Aiyanna? — Ella le iba a replicar algo, pero se calló y Antonina continuó: — Aunque primero, vamos a saludar a tus padres. —

Le movió la cabeza afirmativamente, antes de salir corriendo en busca de sus padres, muy preocupada por ellos, con el miedo de que el espíritu le habían hecho algo malo.

Se encontró con su madre al salir de la casa, que estaba haciendo ropa con el pelaje del búfalo, sentada en una pequeña silla bajo la sombra. La abrazó fuertemente al ver que estaba bien, sorprendiéndola en el acto. Ésta hizo lo mismo, rompiendo a llorar, al ver que su hija estaba bien.

Después de esto, Aiyanna preguntó por su padre y su madre le decía que se había ido a trabajar, dándole un gran suspiro de alivio. Deseaba preguntarle qué había ocurrido ayer, pero no se atrevió. Sentía que ella sería incapaz de decirle. Antonina observó desde la puerta la escena, en total silencio. Al ver que habían terminado, preguntó:

— ¿¡Vamos a ver el búfalo!? — Aiyanna, con el ánimo un poco recuperado, le dijo sí alegremente.

Y con esto dicho se dirigieron hacia al lugar en dónde tenían al buen búfalo de la familia, quién estaba acostado tranquilamente sobre la paja.

— ¡Hola, Señor búfalo! — Le saludó al animal. — ¡Perdón por llegar tarde, ya te voy a preparar a dar la comida! —

Solo dio un rugido que provocó que Aiyanna gritara asustada que ya lo iba a hacer, a pesar de que éste ni siquiera se atrevió a levantarse del suelo.

— ¡¿Ese es su nombre!? — Le preguntó Antonina, curiosa por aquel nombre.

— Bueno, papá y mamá siempre le llaman búfalo, así que no creo que tenga problemas con que yo lo llame así. —

Aiyanna cogió la comida y se la puso en un cubo de madera, provocando que el tranquilo animal se levantara de golpe, directo a comerlo todo. Y mientras lo devoraba como si no hubiera mañana, Antonina y la chica se quedaron observándolo, hasta que finalmente ella decidiera a hablar:

— La verdad es que el espíritu maligno volvió a controlar tu cuerpo. —

— ¡Me lo temía…! — Dijo Aiyanna cabizbaja, mientras recordaba la mala sensación que tuvo ayer. Luego, se llenó otra vez de valentía para soltarle esta pregunta: — ¿¡Ha hecho a-algo malo esta vez!? —

No quería saberlo, deseaba estar en la ignorancia, pero, por otra parte, ella necesitaba conocer que había intentando esta vez ese monstruo, a pesar del miedo que le producía escucharlo.

— ¡No te preocupes, fue detenida a tiempo! — Antonina le soltó esto, pero no dejó muy satisfecha a la chica, que se atrevió a seguir preguntando:

— ¡¿Y qué iba a hacer!? — Al escuchar eso, Antonina se quedó bastante pensativa, por varios segundos, antes de decirle:

— ¿¡Quieres saberlo o no!? — Ella sabía perfectamente los sentimientos encontrados que tenía la pequeña, dejándole en sus manos la decisión de escucharlo o no. Aiyanna tardó en contestar, seguramente llena de dudas.

—Quiero saberlo, Doña Antonina. — Al final, esta era su respuesta, intentando aparentar que estaba preparado para escucharlo.

— El espíritu maligno intentó matarte, su intención era tirarse al barranco mientras te estaba poseyendo. —Y nuestra querida Antonina habló, tan clara como el agua.

Aiyanna se quedó petrificada, incapaz de asimilar lo que oyó. En sus ojos, se veía claramente que no se esperaba que el espíritu maligno fuera capaz de llegar a esos extremos. Seguramente estaba horrorizada por el hecho de que aquel monstruo le iba a quitar su vida de un momento para otro. Al ver que tardaba mucho en reaccionar, preguntándose si haberle dicho aquella noticia fue demasiado para ella: Antonina tuvo que hablarla:

— Sí, es horrible. — Entonces, le acarició la cabeza con mucha dulzura, mientras le decía estas palabras amables: — Aún así, lo evitaré. No creo que podemos sacarlo pronto, pero conseguiremos que sea incapaz de hacerte daño a ti y a los tuyos. —

Así Doña Antonina consiguió animar a Aiyanna que movió la cabeza afirmativamente, antes de añadir esto:

— ¡Muchas gracias, de verdad! — Lo decía muy avergonzada, pero a la vez se le notaba algo feliz. — Lo que está haciendo por mí es increíble, espero poder devolvérselo algún día. —

— No tienes que agradecerme, solo estoy haciendo mi trabajo. — Le replicó con su sonrisa celestial, antes de añadir con un halo de misterio esto: — Además, hay algunas cosas que jamás podrás agradecerse, y está bien así. —

Aiyanna no entendió bien que quería decir con eso, pero no le dio mucha importancia porque el búfalo rugió, como si estuviera pidiendo más ración de su comida. Ella corrió rápidamente hacia él para satisfacerlo, mientras Antonina la observaba muy pensativa.

¿¡Qué es lo que pensaba!? Pues las palabras que decidió no mencionar a Aiyanna, que no hacía falta que le agradeciese este trabajo porque ya estaba disfrutando de su caso, de aquel exorcismo tan interesante y complejo que estaban teniendo, o como dirían en el exterior, de aquella “terapia”.

— Por esto, amo a la humanidad…— Añadió en voz baja, muy feliz. A continuación, Antonina empezó a pensar cuál sería el primer paso a seguir.

A continuación, con la ayuda de Antonina, Aiyanna termino de limpiar la pequeña granja que tenían y después, hizo todas las labores de la casa. A pesar de que tanto ella como su madre intentaban evitar que su invitada le ayudaran con las cosas, ésta no paró de trabajar en el hogar. Aunque era interrumpida constantemente, ya sea por varios vecinos, que le explicaban los problemas que tenían y le pedían cómo podría solucionarlo, o por las personas que se trajo ella al pueblo, que le contaban cómo iba todo y las dudas que tenían sobre determinadas cuestiones. Con una gran estoicidad, consiguió darles grandes consejos y ordenes que fueron muy acertados.

— Por cierto, ¿¡usted habéis visto a Nonoma!? — Al final, cuando llegó el mediodía, Antonina se percató de algo, preguntándoles esto a la madre de Aiyanna. — No la he visto desde que me había levantando esta mañana. —

— Pues no sé, Doña Antonina, yo tampoco la he visto…— Eso le respondió.

— Pues ya es hora de comer y debe aparecer. — Decía Antonina, mientras observaba la hora. — Me pondré a buscarla. —

— ¿¡Quieres acompañarme, Aiyanna!? — Y luego le preguntó esto a la chica, quién se quedó muy pensativa. Tardó mucho en contestar, tal vez estaba dudando de ir o no, mientras recordaba el hecho de que Nonoma  realmente no deseaba tenerla cerca.

— Pues, yo no lo sé…— Pero tampoco, al parecer, quería que Antonina la dejará sola, tenía miedo de que el demonio la controlase de nuevo. — ¿¡De verdad tienes que salir a buscarla!? —

— Bueno, por algo traje a esa chica aquí. No debería estar tanto tiempo alejada de mí, la necesito, así que mi deber es encontrarla. —

Y con esto dicho se levanto y se dirigió hacia al exterior. Aiyanna alzó la mano para decirle algo a Antonina, pero se calló. La madre no dejaba de mirar al chamán y a su hija nerviosamente, como si no supiera que decir o hacer.

— Bueno, volveré lo más rápido posible. — Entonces, ésta les dijo esto. Aiyanna otra vez intentó decir algo, pero ella se le adelantó:

— ¡No te preocupes! ¡No pasará nada, tu madre está a su lado! —

— Si el espíritu maligno intentará hacer algo, lo detendré. — Intervino la madre, quién se acercó a su hija y la abrazó fuertemente, mientras le decía estas palabras llenas de coraje. — ¡Evitaré que te hagan daño! —

Aún cuando se le veía en la cara que le preocupará más su madre que a ella mismo, Aiyanna le agradeció con todo su corazón.

Después de esto, Antonina salió en busca de Nonoma. Aquella búsqueda fue más rápida del que esperaba, la encontró dos o tres casas más adelante.

Se quedó observando a Nonoma quién paseaba sin rumbo fijo, como un muerto viviente por las calles de la aldea. No dejaba de suspirar, como si ella estuviera muerta de aburrimiento, ya que no tenía ninguna idea de cómo pasar el tiempo hasta que volviera al palacio.

A continuación, se le acercó, mientras le decía esto: — ¡Así que estabas aquí, Nonoma! ¡Me alegro de saber que no habías estado muy lejos! —

A pesar de que todo el mundo no dejaba de saludar a Antonina con total entusiasmo y felicidad, ésta ignoró su presencia y sus palabras. Tuvo que repetirlo de nuevo a gritos, con los vecinos atrayendo la atención a la chica para que ésta se hubiera dado cuenta de que le estaban llamando.

— ¡Disculparme, vuestra merced! ¡No era mi intención ignoraros a vos, más, cuando usted, Doña Antonina, me habéis estado llamando, yo estaba sumergida en mil pensamientos! ¡No hay más verdad que lo que estoy diciendo! —

— Ya veo, perdón que te interrumpe, pero es hora de comer y vos debéis tener mucha hambre. —

— Perdóname de nuevo, Doña Antonina, pero el hambre se me quita al pensar que a mi lado se pondrá aquella moza cuyo interior esconde aquel espíritu maligno que ya nos ha causado tantos problemas. —

Nonoma era incapaz de sentirse tranquila al tener cerca a Aiyanna, por eso empezó a alejarse de ella todo lo que podía e intentaba incluso saltarse la comida para no estar a su lado. Se notaba que le tenía muchísimo miedo. Al ver aquella actitud, Antonina se quedó pensando, buscando alguna manera para quitarle ese miedo que le tenía a aquella niña.

— Sabes, aún cuando fue un capricho mío traerte aquí, creo que la estancia que tendrás aquí te será de muy buena ayuda, librándote por un tiempo, a pesar de sea limitado, del ambiente pesado del palacio y de la existencia de nuestra querida Zarina. — Nonoma puso mala cara, después de que ella le mencionara a aquella persona. — ¡¿Aún no te has hecho ninguna amiga en aquel lugar, verdad!? —

El silencio de Nonoma fue respuesta suficiente para Doña Antonina, que continuó hablando:

— ¡Este podría ser un buen momento para relacionarte con los demás! ¡Pasar una buena temporada, antes de volver a sufrir el día a día del agobiante lugar que llamamos Palacio Real! —

— ¡No, vuestra merced! ¡Si a este pequeño pueblo he venido, es porque me lo ordeno vos y como buena servidora que soy, lo hice! ¡Yo no he venido a hacer amistades, sino a escoltarla y servirla en todo lo que pueda! ¡Todo lo que no sea eso, es innecesario! —

— Me encanta tu sentido de trabajo y tu fidelidad, pero…— Rió Antonina. —…aún así, no debes tomar en serio este trabajo que tienes ahora. —

— Sigues siendo una moza y debes divertirte y jugar o hablar con otras personas. — Nonoma le replicó con mucho enfado, no quería ser tratada como una niña, ella ya era muy mayor para esas cosas. Por eso, Antonina cambió de táctica: — Bueno, pero si has venido a servirme, entonces, te tengo que ordenar esto, después de todo. — Ésta le preguntó cuál era:

— Ser amiga de Aiyanna, no alejarte de ella ni tratarla como un monstruo, eso es lo que te ordeno, ahora mismo. —

— ¡¿En serio!? — Gritó Nonoma llena de estupefacción. — ¡¿No es un engaño lo que estáis diciendo, Vuestra merced!? —

Antonina movió la cabeza negativamente para dejárselo muy claro, antes de añadir: — Es una orden y como tal tienes que cumplirla. Ya que has venido a servirme a este lugar, no tendrás objeciones, ¿verdad? —

Nonoma se quedó en silencio, cabizbaja. Ella tardó mucho en responder, dudando entre aceptar aquella orden o no. Al final, sabiendo que si no obedecía aquello no solo iría en contra de su misión, sino que se hubiera contradicho con lo que dijo antes; movió la cabeza afirmativamente.

— Buena elección. Podrías haberme replicado diciendo que hay órdenes que no hay que cumplir. Pero no es este el caso, es más, yo creo que debes cumplirlo lo que te mando, no te estoy pidiendo algo malo, sino bueno. —

Aquellas palabras que añadió Antonina al ver su respuesta, provocó que ésta, con un tono bastante insolente y atrevido, le soltará esto: — ¡¿Y qué tiene de bueno que Vuestra merced me ordene, sí o sí, hacer una amistad con una niña que tiene algo procedente del averno en su cuerpo!? —

— Pues sería una gran ayuda para Aiyanna. ¡¿Si vos estuvieras en su lugar, te sentiría genial que los demás se alejaran de ti y te trataría como algo que no es humano!? Esa moza se siente mal y horrible por ver como personas como tú se alejan de ella por aquel miedo. Si controláis ese sentimiento y la tratáis como una igual, no solo la harías más feliz, sino se nos será más fácil librarse del espíritu maligno. —

Nonoma no contestó, en su rostro se esbozo una cara que mostraba que un sentimiento de arrepintiendo había nacido en ella. Tal vez había empezado a recordar lo de ayer, poniéndose en el lugar de Aiyanna. Al darse cuenta de que había cometido un mal en actuar así, se disculpó con Antonina:

— Perdonarme, sé que el miedo, que a veces es buen consejero y en otras no, me ha dominado. No era mi intención provocar ese tipo de sentimientos a esa moza, que no tiene culpa de que un espíritu maligno haya ocupado su cuerpo. —

— Entonces, ¿vamos a ir a comer? — Nonoma le dijo que sí y las dos se dirigieron a la casa de Aiyanna, en dónde la estaban esperando para comer.

FIN DE LA SÉPTIMA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Sexta parte, centésima decimoséptima historia.

Ya, en la noche, una sombra deambulaba por la casa, directa hacia la salida que le llevaría al exterior. A pesar de que no estaba tomando ningún tipo de precaución, aún cuando no deseaba ser descubierta; sus pasos eran rápidos y silenciosos.

Cuando había llegado a la puerta e iba a intentar abrirla, una pequeña luz se encendió. Procedía de una lámpara de petróleo, que alguien sostenía en sus manos, mientras miraba con una sonrisa a la persona que intentaba salir de la casa. Alguien se le había adelantado y se puso a esperarla en silencio.

Esa persona no era nada más ni menos que Antonina, quién se levantó y le dijo esto: — ¡¿No crees que es un poco tarde para salir, Aiyanna!? —

Pero ella no le contestó, solo se quedó inmóvil como una estatua, con un silencio misteriosamente macabro que brotaba de ella. Antonina decidió preguntarle de nuevo, al ver que no le interesaba contestarla:

— Supongo que el silencio también es una buena respuesta, ¿verdad, Sasha? —

Cuando oyó aquellas palabras, la chica empezó a reír de una forma muy siniestra y desagradable, aunque lo hizo moderadamente, para evitar que despertara al resto del hogar. A continuación, añadió en una mezcla de rabia y burla:

— Eres toda una vieja bruja, y esto lo digo con todo mi corazón, ¡qué mierda! ¡¿Por qué no te has quedado a dormir, como todos!?—

— Es un lindo elogio por tu parte. — Le replicó Antonina. —  Pero fue Aiyanna, que dijo que no te ibas a quedar quieta. Más bien, lo predijo. —

Aquel diabólico ser que había poseído de nuevo a Aiyanna, se acercó a Antonina con un rostro aterrador, que parecía mostrar que no ella no tenía buenas intenciones. Ésta ni se inmutó, se quedó observándola con una calmada sonrisa, mientras le decía esto:

— ¡¿Qué tienes en mente ahora, Sasha!? ¡¿Quizás, quieres hacerme daño!? Creo que eso te resultara muy difícil…—

— ¡¿Por qué piensas eso!? — Le decía la chica, poniendo una voz de pura retrasada para burlarse de ella. — Las casas siempre están llenas de cosas que pueden hacer daño, especialmente en la cocina. —

En verdad, no se dirigía hacia Antonina, sino hacia una especie de armario tosco y muy pequeño en dónde guardan los utensilios para cocinar, ya que en la cocina era imposible guardarlo. Abrió uno de los cajones sin que ésta se inmutara, observándola en silencio. Arqueó las cejas, tal vez pensando que cuál era la razón de que ella estuviera tan calmada y rejalada. Se dio cuenta enseguida, cuando registró todo el mueble no encontró nada, estaba vacío. Entonces, el “chamán” habló:

— ¡¿Y no crees que yo no he aprendido de la última vez, qué podrías usar cualquier objeto para atacarme!? —

Sasha la maldijo, insultándola con lo más desagradable que tenía. Antonina continuó:

— Todos los utensilios que podrían ser peligrosos se ha escondido para que tú no lo usarás y que Aiyanna no lo observara. Es algo que le ordené a sus padres, antes de dormirse. —

Bueno, hay que detener la acción un poquito, para explicar lo que ocurrió antes. Después de volver del paseo en las montañas, Antonina les ordenó a todos a una serie de medidas para evitar situaciones parecidas a las del otro día, entre ellas vaciar la casa de objetos o de poner a personas vigilando por todo la casa, por si la chica se escapara. Fue cumplido a rajatabla.

— Más que una vieja bruja, eres una vieja zorra. — Comentó Sasha, dando una carcajada sarcástica. Se veía una clara molestia contra Antonina, al ver que ésta se le estaba adelantando a todos sus movimientos.

— Déjate de elogios, que me vas a poner colorada. — Ironizó, provocando que Sasha lanzara una especie de quejido. — Lo importante aquí y ahora es adónde quieres ir y con cuáles intenciones, mi querida Sasha. —

— ¡¿Cuáles son mis intenciones?! — Gritó de forma desagradable, antes de soltar esto, actuando de forma exagerada y caricaturizada: — Pues quiero llenar el mundo de arcoíris y unicornios que lancen rayos laser para matar a todos. —

— Eso quiere decir que no me lo dirás. Bueno, esto me lo esperaba. —

Comentó Antonina, tras escuchar aquella respuesta absurda. Sasha continuó con sus ácidas burlas.

— ¡Pues sí, subnormal! — Se lo decía mientras arqueaba las cejas y ponía una desagradable sonrisa: — ¡¿Crees que te lo iba a decir tan fácilmente!? ¡Eres igual de idiota que Mahoma, y eso que no sé quién es! —

— Tienes suerte de que este reino no estamos bajo la Sharia, nuestros queridos musulmanes no tolerarían tales ofensas a su profeta. —

Sasha le siguió replicándola con sus horribles burlas y frases sin sentido, pero Antonina los ignoraba con toda la calma y tranquilidad del mundo.

— Bueno, entonces no queda más remedio que adivinarlo. — Prosiguió Antonina. — Sabes, me encanta las adivinanzas. Más bien, mi querida Sasha, es descubrir qué es lo que está pensando las demás personas. —

Ella no le dijo nada, solo le miraba con una cara desafiante y temerosa, como si no quería que ella indagara dentro de su ser.

— ¡¿Por qué el espíritu maligno, quién ha poseído de nuevo a la pobre Aiyanna esta noche, ha decidido salir afuera!? — Antonina empezó a dar vueltas a su alrededor, mientras la observaba de pies a cabeza, con la grata intención de encontrar gestos en su cuerpo que le podría ayudar a descubrir tal respuesta. — ¡¿Qué es lo que tiene en mente!? ¿¡Qué es lo que esconde en su interior para mirarme agresivamente!? ¿¡Ir a pescar a un afluente?! ¡¿O quizás hacer algo muy demente!? ¡Quiero saberlo, todo esto muy interesante, mi pequeña delincuente! —

Sasha no dejaba de observarla con el mismo rostro de antes, preguntándose qué intentaba hacer nuestra querida Antonina, ¡¿quería hacerla perder los nervios y la compostura para que soltara algo o solo se estaba haciendo la estúpida para burlarse de ella!?

— Entonces, ¿¡qué es!? — Continuó Antonina. — ¿¡Querías hacerle daño a los amigos de Aiyanna!? ¡¿O hacer algún tipo de locura en el pueblo!? —

Sasha mostró ningún cambio significativo en sus gestos o en su rostro, así que Antonina supuso que tal vez no era eso, aunque no podría descartar que pudiera haber pasado algo en alto o que ella lo hubiera escondido muy bien.

— ¡¿O quizás hacerle daño a la misma Aiyanna!? — Entonces, notó como Sasha hizo una mueca apenas inadvertida. Había dado en el clavo y se lo dijo: — ¡¿Me estoy acercando, verdad!? —

Sasha no respondió, pero arqueó las cejas y lanzó un pequeño gruñido, dejando más claro el hecho de que lo estaba adivinando. Al ver que ya estaba cerca, Antonina continuó:

— ¿¡Qué es lo que quieres hacerle a Aiyanna!? ¡O hacerte a hacerte a ti misma, más bien! ¿¡Vas a provocarte heridas, quieres perderte en lo más profundo de las montañas, que seas atacada intencionalmente por otras personas, o quizás…!? —

Entonces, calló y se quedó en silencio, dejando a Sasha bastante aturdida, preguntándose por qué cerró la boca. Tal vez era por qué ya se había dado cuenta de lo que quería hacer, ya que mostraba una sonrisa de satisfacción.

Ella no se atrevió a preguntarle nada, solo la miraba con muy mala leche y con una evidente intención de que se estaba preparando para golpear a Antonina. Lo que no se esperaba es que ésta empezó a caminar hacia la puerta y la abrió, mientras le decía esto:

— De todos modos, ¡¿por qué no vamos salir afuera y tener una buena y entretenida charla entre nosotras dos!? —

Sasha se quedó con la boca abierta, en su cara se podría adivinar que se estaba preguntando qué estaba pasando por la mente de aquella mujer. Luego, vino una pequeña y siniestra sonrisa, que intentó no mostrárselo a Antonina. Accedió a salir afuera, tal vez riéndose de nuestro “chamán” por dejarla salir de esta manera, llamándola sin parar estúpida o subnormal en su mente.

Y con esto dicho, estas dos salieron al exterior, iluminadas por la lámpara de petróleo que Antonina seguía llevando y por la luz de la luna y de las estrellas. Tras dar unos cuantos pasos, después de observar los alrededores, Sasha, que aún seguía muy aturdida, le preguntó:

— ¡¿Qué tienes en mente, maldita chamán de pacotilla!? — Lo decía otra vez con una voz muy desagradable y burlona. — ¡¿De qué idioteces quieres hablarme!? ¡¿Te vas a poner a decir cosas filosóficas sin sentido o qué!? —

— No, pero sería interesante. — Le replicó Antonina, que se tomaba con humor aquellas palabras. — Lo que quiero tratar es sobre ti. —

 

— ¡¿Sobre mí!? — Sasha se quedó boquiabierta, con las cejas arqueadas.  — ¡¿En serio!? ¿¡Qué quieres, que te cuente mi vida o qué!? —

— Oh, lo adivinaste. — Le aplaudió. — Me interesa saber cómo una niña tan pequeña como tú haya conseguido una personalidad tan demente e interesante. —

Sasha tardó en reaccionar, rompiendo un silencio bastante incómodo por fuertes y aterradoras carcajadas, le dio un ataque de risa que tardó mucho en terminar. Era tan exagerado, que se cayó al suelo, rodando de un lado para otro; y grotesco, lo que salía de ella eran sonidos desagradables e incluso se podría decir que provenían del mismísimo averno.

Cuando paró, se levantó del suelo y le gritó esto: — ¿¡Tú te crees que te voy a decir eso!? ¡Ni en broma, chamán de pacotilla! —

Entonces, se dirigió hacia Antonina y la empujó con todas sus fuerzas, sorprendiéndola en el acto. Cayó al suelo, mientras salió disparada a toda velocidad, huyendo de ésta. Al parecer, se dirigía hacia las montañas:

— Y yo que quería hacer las cosas con tranquilidad…— Se decía, mientras se levantaba del suelo y soltaba un leve suspiro. — Por desgracia, no creas que puedas hacer lo que tienes planeado…—

De entre la oscuridad, salieron muchas personas  que se lanzaron hacia Sasha con la intención de atraparla. Ésta los esquivaba a duras penas, mientras subía por la montaña y se dirigía hacia a un barranco.

— ¡Oh, Dios Santo! ¡¿En serio el espíritu maligno va a hacer eso!? — Gritaban ellos, conmocionados, al descubrir las verdaderas intenciones de Sasha. — ¡Detenerla a toda costa! ¡Impedid que ese monstruo mate a Aiyanna! —

Por suerte para Aiyanna y por desgracia para Sasha, Antonina ya había prevenido esto de alguna manera. A pocos metros del barranco, varias personas saltaron sobre ella, inmovilizándola. Ésta, con toda virulencia, luchaba por liberarse y cumplir su deseo de saltar al vacío. Mordía los brazos con tanta fuerza que les provocaban herida, no dejaba de soltar patadas y puños a diestro y a siniestro, provocando que tuvieran que inmovilizarle las extremidades; e incluso intento usar su propia cabeza, queriendo golpearlos, mientras escupía saliva como si tuviera la rabia.

Al final, pudieron inmovilizarla y esperaron tranquilamente a que viniera Antonina, que iba andando poquito a poco hacia ellos. Ella les felicitaba por el buen trabajo, diciéndole que habían evitado una tragedia. Todo el mundo le replicaba que era gracias a Doña Antonina y a la protección de los buenos espíritus y los santos, que les bendijeron. Sasha no paraba de gritarles insultos y maldiciones, dando la apariencia de un verdadero demonio que debería ser expulsado. A pesar del miedo que le provocaba este ser, los que la sujetaban estaban en calma, ya que se sentían muy protegidos.

— ¡Ya me imaginaba que harías algo así! — Doña Antonina empezó a hablar: — Realmente estás muy mal. Las niñas buenas no deben tirarse por los precipicios. — Mientras les ordenaba por señas a algunas personas, que se acercaron a Sasha con cuerdas. Ella añadió inocentes burlas: — O quizás tú solo querías observar el barranco, sin ninguna intención de destruir la vida de Aiyanna y de sus seres queridos. Tal vez, estoy malpensando de ti. Aunque eso también está mal, muy mal. Como decía un alocado filósofo alemán, “quien no tiene alas no debe tenderse sobre abismos”. —

— ¡Métete tus citas filosóficas por el culo! — Le gritó Sasha, mientras era amarada fuertemente. Antonina no dijo nada, espero a que terminaran de atarla, mientras le daban el otro extremo del cuerpo. Luego, sorprendió a todos, atándosela en el brazo, como una forma muy preventiva de impedir que el espíritu maligno se le escapara. Al ver esto, el monstruo se burló:

— ¡Eres igual de absurda que este mundo! ¡Realmente, eres tan idiota de hacer eso! ¡No me puedo creer que esta payasa sea admirada!  —

— Tengo razones y muy legitimas para hacerlo. — Eso le replicaba Doña Antonina, mientras pedía a los demás que se alejaran bastante, pero sin perderlas de vista. — Además, sigo deseando que me cuentes tu vida, me parece muy filosófica, por cierto. —

Sasha lanzó un pequeño chillido de incomprensión, tal vez preguntándose si Antonina estaba bien de la cabeza. Ella continuó:

— Te preguntarás por qué me parece filosófica tu vida, el hecho de que te has abocado hacia a una ironía y un cinismo que te ha llevado a la pura destrucción, hacia la misma muerte. Vamos a descubrirlo, mientras damos un tranquilo y agradable paseo…—

Y con esto dicho, se llevó a Sasha a rastras, por el mismo recorrido que siguió con Aiyanna por la tarde. Cuando ya vio que se había tranquilizado, decidió hablarle, soltándole esta pregunta de forma repentina y con toda la tranquilidad del mundo:

— ¿¡Te arrepientes de haber nacido!? —

— ¿¡Crees que te voy a contestar eso…!? — Le replicó furiosa Sasha, que intentó hacer algunos tímidos movimientos para liberarse de su atadura sin mucho éxito.

— Esa respuesta me vale. — Rió leventemente. Luego, calló por unos segundos y, como si estuvieran en una obra de teatro, empezó a soltar esto:

— ¡Pobre Sasha, desde el primer momento te volviste alma en pena! ¡Fuiste arrojada a un mundo sin sentido y sin saber por qué estás aquí y adónde ir! ¡Por desgracia, te obligaron a existir! —

Sasha no habló, cerró su boca, porque sentía que la estaba provocando y no debía resistir. Antonina continuó, soltándole lo que menos quería oír:

— ¿¡No fue Malia la que te condeno a vivir!? ¡¿No fue tu hermana la que impidió que fueras abortada!? —

— No la metas en esto…— Gritó como un demonio, fue inútil resistir, ya que le había dado en dónde más le dolía.

— ¿¡Por qué no debería!? ¿¡Quién fue la que evitó que acabaras muerta antes de nacer!? ¿¡A quién no paraste de hacer daño, solo para que vieras que se alejara de ti como la peste!? ¿¡Cuál es la única persona que cuidó de ti y quería darte una buena vida…!? —

— ¡Cállate, cállate! — Gritaba desesperadamente, lo más fuerte que podría. En vano intentaba silenciar elevando su voz al máximo, llegando al punto de que se iba a quedar muda en cualquier momento. — ¡No sabes nada! —

— ¡¿Quién era la persona más importante para mí!? — Aún así, Antonina continuó. — ¡¿Qué razón fue la causa que provocarás ese espectáculo innecesario en el palacio de la Zarina, solo para darle el tiro de gracia!? ¡¿Cuál es el hecho de que odiabas tanto a tu madre!? ¡Dime, ¿quién es?! ¡Es imposible no mencionarla! —

— ¡Deja de hacerte la lista, vieja puta, zorra,…! — Ella estaba escupiendo rabia, mostrándose muy desesperada por no oírlo. — ¡¿Y a ti qué te importa todo eso!? ¡Tú no eres nadie para mencionarlo! —

— Solo estoy ayudando a Aiyanna y, para eso, necesito observar tu interior, Sasha, entender lo que eres. — Aún así, nuestra Antonina no le iba dejar aquel privilegio, se lo iba a decir, gritará lo que gritará.

— Ella es una chica fuerte, capaz de superar todo lo que le viene encima, ¿sabes? Alguien que se ha desvivido por los demás y lo seguirá haciendo, que tiene fuertes valores y los defenderá como puede, ¿¡sabes por qué!? —

Sasha no paraba de gritar, insultar a todo volumen, soltar feas y horribles burlas; hacía de todo para evitar escucharla. Aún así, hiciese lo que hiciese, Antonina continuó sin más demora, con una calma y claridad casi mística.

— Porque ella tiene la certeza de que hay algo en este mundo, que le da sentido. No es consuelo, es una forma de ver la realidad, de que todo ha sido creado y mantenido por algo inteligente y por tanto, no hemos sido arrojados a este lugar solo esperar a la inevitable muerte. —

Dio una pequeña pausa antes de continuar, al observar que Sasha se estaba tapando las orejas, mientras estaba a punto de llorar. Continuó:

— Eso es lo que piensa ella, eso es lo que cree, ¡¿a qué es interesante!? Pero tú también lo eres, porque elegiste el hecho de que nada tiene sentido en este mundo, de que todo es una absurdo teatro. —

Sasha le replicó que se callará, pero no había manera.

— En cierta forma, sois totalmente opuestas, toda una dualidad. Ella ama la vida, mientras que tú lo has odiado. Algo que inevitablemente, sí o sí, te llevó a querer tu muerte, única verdad posible, la absoluta, ¿verdad? —

Lo intentó sin parar, pero era en vano.

— Aún así, ella, al creer que hay sentido en este mundo, estaba exaltando la vida, mientras tú te dirigías al nihilismo, a la nada.  Mas que filosófico, esto es poético o una hermosa y terrible tragedia. Al final, para soportar la vida, de vivir este sinsentido; tú aceptaste a la insalvable muerte y en el proceso empezaste a dañar todo lo que amas, destruir lo que te unía con este mundo, incluso a ti mismo. —

— En mi opinión, no solo eres hija de tu madre,…— Alzó las manos al cielo y llena de emoción, gritó: —… ¡sino de este tiempo, en dónde no hay nada absoluto y los hombres se han arrojado al absurdo, a gritar por los cuatros vientos que existir es horrible, de una forma intensa y trágica! Eres hija de Sartre, de Cioran, Camus,…—

Sus palabras de exaltación fueron bruscamente detenidas por Sasha que, incapaz de controlar su rabia, se lanzó hacia Antonina. A pesar de estar atada de pies a manos, intentó golpearla, aunque fuera con la cabeza. Fue detenida fácilmente, mientras el chamán seguía hablando tranquilamente:

— Me preguntó cómo pudiste volverte así, cómo fuiste tan diferente de tu hermana Malia y crear una personalidad tan retorcida y nada natural en una niña. — Sasha siguió en su obstinado intento de golpearla con su cabeza, pero Antonina no se callaba. — Ninguna chiquilla de tu edad, pensaría en estas cosas, ¡estaría jugando, experimentando, descubriendo el mundo! ¡Amaría a su mamá y a sus hermanos! ¡Jamás pensaría de una forma tan madura y tan existencial! ¡Solo haría bromas y burlas inocentes, no unas llenas de completa malicia, rodeadas de un cinismo e ironía que esconden tu odio a la vida! —

Al final, cambió de táctica y ella se echó para atrás. Luego, intentó huir, a pesar de que le era imposible. Cayó al suelo, después de alejarse lo máximo que podría y ser detenida por el hecho de que Antonina ejerció fuerza para que ella no se alejara. Después, su desesperación era tal que se arrastraba por el suelo. Antonina, implacable, seguía hablando:

— Si fueras una persona de ficción, serías tachada de inverosímil. Bueno, la verdad es que eso también vale para la pequeña Zarina. — Empujó la cuerda, arrastrando a Sasha un poco hacia ella. — ¡¿Por qué huyes de mí, tienes miedo de que descubras más cosas sobre ti!? ¡Creo que sería bueno para ti que muestres lo que eres realmente! —

— ¡Cállate, cállate de una vez! — No paraba de retorcerse por el suelo, mostrando una reacción que superaba la misma exageración. — ¡No eres nadie, absolutamente nadie, para decirte lo más intimo de mí, me suicido antes de hacerlo! ¡Me mataré para que nadie sepa lo más profundo de esta patética existencia, o como quieras decirlo! —

— Sí, puede que tengas razón. Tal vez deberías desaparecer de una vez y dejar vivir en paz a Aiyanna, sin llevártela al otro barrio. —

— ¡¿Aiyanna, Aiyanna!? — Gritaba llena de indignación y furia. — ¡Esa soy yo, Sasha es Aiyanna! ¡Esa idiota es yo y ella lo sabe! —

Entonces, su cara se sobresaltó en un momento y se puso las manos sobre la cabeza, como si un horrible dolor le recogía por toda la cabeza. Empezó a hablar sola, o más bien, con Aiyanna

— ¡Ahora no vengas a hablarme! ¡Deja mi puta cabeza en paz, sal de él! ¡Yo soy tú! ¡No soy ningún estúpido espíritu, soy tú,.. — Y dio un gran grito de dolor, provocando un sonido diabólico que se escucho por todo el valle. —…espabila de una vez, subnormal! —

Y tras este súbdito grito, llegó la calma. La chica había dejado de moverse por varios segundos. Antonina se acercó y la observó con preocupación. Tomó sus puntos vitales y observó que no estaba en peligro, solo que se había desmayado de golpe.

FIN DE LA SEXTA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Quinta parte, centésima decimoséptima historia.

— ¡¿Qué hacen aquí!? — Les decía Antonina a los chicos, mientras, con mucha tranquilidad, se acercaba a ellos. — ¡¿No nos estaban espiando, verdad!? —

Eso fue lo primero que hizo nuestra Antonina, cuando descubrió que un grupo de chicos las estaba observando desde la lejanía. Eran amigos de Aiyanna y se miraron los unos a los otros, como si se preguntaban en silencio qué tenían que decir. Luego, fijaron su atención a un chico del grupo en especial, que parecía ser el supuesto cabecilla del grupo.

— ¡¿Por qué me miran azí!? — Les gritó el chico muy molesto, cuando se dio cuenta de que le estaban observando. — Yo no oz invite a ezto. —

En apariencia, parecía ser el chico más alto de todo y el que tenía mayor edad, podría decirse que ya había entrado en la adolescencia. Con su aspecto rudo y aguerrido, parecía ser un chiquillo muy peleón y travieso, el que nunca hace caso a sus padres y disfruta metiéndose en mil problemas. Además, parecía tener una especie de carisma, algo que provocaba que los niños se le acercaran a él y lo volvieran en una especie de líder.

— Tú fuiste el primero que empezó a seguirlas, nosotros  fuimos a acompañarte. Así que tú debes responderle a Doña Antonina. —

Aunque se podría dudar de eso, porque fue replicado de una forma muy brusca y poco agradable por otro miembro de aquel grupillo. Era una de las chicas, la más pequeña en altura, aunque parecía igual de madura o más que el cabecilla. Jugaba muchísimo con su larga melena, que le ocultaba toda la espalda, de una manera tan coqueta como orgullosa, parecía como si fuera una niña procedente de la nobleza más selecta, aún cuando podrías adivinar, por la pobreza de su vestimenta, que era una pueblerina más. Al parecer, era una chica con un carácter de hierro.

— Yo no oz pedí que vinieraiz, fuizte vozotros. — Al parecer, ninguno se atrevía a decirme una respuesta. — Y no tengo que hacé eso. —

¿¡Les daba vergüenza admitir ante la gran y poderosa Antonina que las estaban espiando, o tenían miedo de que se enfadara o le molestara que fuera eso lo que estaban haciendo!? De todos modos, ella, sin perder la sonrisa ni la compostura, se le acercó con la intención de decirles esto:

— ¡No se preocupen, no voy a regañaros! ¡Así que pueden decirlo! —

— ¡¿De verdad!? — Preguntaron todos a la vez, sorprendidos ante aquella gran amabilidad que mostraba sus palabras. Ella movió su cabeza de forma afirmativa, provocando que se atrevieran a decirlo:

Puez la verdad ez que . — Eso dijo el cabecilla. Todos asintieron la cabeza tímidamente. — Pero, ez que eztábamos preocupaós por Aiyanna, de verdad. — Y los demás le dieron la razón, todos a la vez le dijeron a Antonina que eso era cierto.

Lo primero que hizo Antonina fue ponerse a reír, algo que provocó mucha extrañeza entre los presentes, que no entendía porque reaccionó así. Tras sus risas, que duraron apenas unos segundos, ella les comentó la razón de eso, manteniendo su tono cordial y amable:

— Entiendo vuestros queridos sentimientos. Si estuviera en vuestro lugar, también estaría preocupada por Aiyanna. Aún así, ponerse a observar desde la lejanía, escuchando conversaciones ajenas, no es algo que unos niños deben hacer. No deberían hacerlo la próxima vez, ¡¿entendido!? —

Ellos le dijeron perdón a Antonina y ésta añadió que no pasaba nada, que hacer eso era normal. Luego, echó un vistazo a Aiyanna, a quién apenas escuchó decir algo. Se la encontró escondida, detrás de un árbol y de una distancia considerable hacia a su grupo de amigos y al “chamán”.

— ¡¿Qué ocurre!? — Le preguntaba a una Aiyanna temerosa y temblorosa. — ¡¿No te alegras de que tus amigos estén preocupados por ti e incluso se te acercan, a pesar de que tienes un espíritu maligno!? —

Ella le movió la cabeza de forma afirmativa, con un silencio bastante preocupante. Antonina siguió preguntando:

— Entonces, ¿¡por qué estás así!? — Ella no se atrevió a contestar. Los demás chicos asistían en silencio, con unas caras llenas de preocupación e incomprensión ante aquella reacción.

Pero, para Antonina, aquella forma de actuar era muy previsible. Así que se atrevió a preguntarle esto:

— ¿¡Es por qué tienes miedo de que el espíritu maligno controle tu cuerpo y los ataque!? — La chica asintió la cabeza cabizbaja. Luego, añadió esto, muy apenada:

— Lo siento mucho, pero no quiero hacerles daño.  Ese monstruo siempre les insulta y me dice cosas horribles que le gustaría hacerles. —

A continuación, hubo un corto silencio, antes de que los demás niños, que la observaban con un rostro que mezclaba preocupación e impotencia, se atrevieran a hablarle a Antonina:

— ¡¿Por qué eztá tardaó tanto!? — Le exigía, con muchísima rabia, el chico que parecía ser el cabecilla del grupo: — ¡¿Por qué no le zaca eza coza de una vez!? —

— ¡¿No es usted un gran chamán!? ¡Podría ser capaz de sacarlo de un solo golpe! — Añadió otra chica, quién era la fémina más alta del grupo. Se lo decía, mientras juntaba sus manos, como si estuviera a punto de rezar.

Y a partir de aquí, todos empezaron a hablar a la vez, pidiéndole a Doña Antonina que luchará contra el espíritu maligno y derrotarlo ahí mismo, algunos se lo exigía a la fuerza, otros se los suplicaba con muchísima humildad. Ella decidió no contestar nada durante varios segundos, solo se quedó en silencio, escuchándolos y observándolos con toda la tranquilidad del mundo. Al final, fue la misma Aiyanna, que decidió intervenir. Aunque incapaz de levantar la voz, les dijo esto: — ¡Chicos, chicos! ¡¿Pueden parar!? —

Al oír la débil voz de su amiga, éstos se callaron y dirigieron su mirada hacia ella, quién añadió: — Ella me ha explicado que no es tan fácil, es muy complicado sacarlo. Es largo y difícil, ¡de verdad!—

— Ella tiene razón. — Intervino, entonces, Antonina. — No podemos adelantarnos o podríamos acabar fatal, es un asunto complicado. —

Los chicos, al comprenderlo, empezaron a pedirle perdón a Antonina por haberse comportado de esa manera. Todos a la vez hicieron una reverencia ante ella, diciéndola que lo sentía por comportarse de una forma tan burda ante alguien tan santa. Ella añadió:

— No os preocupéis, habéis demostrado que estáis preocupados por ella y la queréis. Las gentes del exterior, si lo hubieran observado, se llenarían de envidia al observar esta escena. — Y empezó a acariciarles las cabezas de forma materna, mientras mostraba una sonrisa que les iluminó.

— ¡No hacía falta que me tocazez la cabeza! — Añadió el cabecilla, con la cara muy roja. — ¡No zoy un mozalbete! —

— ¡¿Pero qué dices!? Debes bendecir a Dios por esto, seguro que nos ha dado una parte de su poder y los buenos espíritus nos van a proteger. — Eso le replicó una de las chicas del grupo. El resto estaba muy feliz por haber sido tocados por Doña Antonina.

Después de agradecerla por haberles tocado la cabeza, ella añadió esto:

— Y debo decirles que Aiyanna es digna de ser vuestra amiga. Su miedo a heriros es una prueba sólida. —

Aiyanna no dijo nada desde el lugar en dónde se estaba ocultando, y el resto tampoco se atrevió a decir algo, mientras la observaban en silencio. Al final, tras varios segundos, el cabecilla le dijo a Antonina, mientras apretaba el puño por la impotencia y la rabia:

— Aún azí, a pesar de que zomoz amigos, no podemoz ayudarla. —

Los demás se atrevieron, entonces, a hablar:

— Desde que descubrió que fue poseída por el espíritu, ella siempre se aleja de nosotros. —

— Ella siempre es muy divertida y graciosa, ahora está triste y desanimada. Eso nos hace sentir fatal. —

— ¡Maldito espíritu maligno! Si no se hubiera puesta a poseerla, nada de esto hubiera pasado. Por su culpa, no podemos estar juntos. —

Finalmente, una chica del grupo le preguntó a Antonina: — ¿¡Hay algo que podemos hacer por ella!? —

Antonina cerró sus ojos por un momento, muy pensativa. Tras un silencio corto, los abrió y dijo:

— Por ahora, me gustaría que vosotros me contaseis cómo ha sido vuestra experiencia con el espíritu maligno, cómo os distéis cuenta de que Aiyanna empezó a actuar de forma extraña y cómo lo vivisteis. —

— ¿¡Ezo va a serví de ayuda, en zerio!? — El cabecilla dudó de que eso podría salvar a su amiga. — ¡No tiene zentido! —

Los chicos le iban a replicar a su amigo, pero Antonina se adelantó y con su habitual calma, se lo explicó: — Puede que no ayude mucho, pero es algo necesario. Tengo que comprender cómo se ha formado el problema, ya sea por palabra de la misma Aiyanna o de los demás. Si no sé cómo se ha formado, menos podré ayudar a tu amiga. —

El chico apenas se atrevió a replicar aquellas palabras y Antonina, al ver que no había replica, añadió: — Pero, antes me gustaría saber cómo os llamáis. —

Los amigos de Aiyanna la hicieron caso y se presentaron, aunque todos a la vez, provocando que Antonina les dijera que lo soltaran uno por uno. Así lo hicieron, soltando sus nombres cuando ella les tocaba su turno.

El primero fue el que parecía ser el cabecilla del grupo, le dijo con todo su orgullo que su nombre era Yevgeniy, en honor a su abuelo paterno, quién formó parte del ejército de la primera Zarina, cuando se levantaron contra los useños. Dejó muy claro que quería en el futuro ser alguien como él.

La segunda persona en tocarle fue la chica más bajita del grupo. Con una notable alta autoestima, se presentó con una elegancia bastante inusual en una chica de su condición social. Se llamaba Mailen.

En tercer lugar, la chica más alta del grupo fue elegida, quién tímidamente le dijo que su nombre era Milenka. El cuarto fue su hermano, el más joven y pequeño del grupo. Su nombre es Arhirani.

La quinta persona en tocarle sería a la chica que tenía el pelo más corto de todos, quién se presentó de una forma muy seria. Su nombre es Larrisa y parecía ser la más silenciosa del grupo.

La sexta persona que se había presentado fue el último chico del grupo, que le mostró a Antonina un comportamiento parecido a Yevgeniv, o más bien lo intentaba. Parecía que era una especie de admirador suyo, porque éste le imitaba, y además añadió textualmente que era su aprendiz. Su nombre era Winona.

Y por último, en el séptimo lugar, Ainelen se presentó. A pesar de que su estatura era la media del grupo, es quizás la que tenía mayor desarrollado sus atributos femeninos. Antonina noto un aura de hermana mayor en ella, mientras se presentaba con mucha humildad.

Y con esto hecho, ya era hora de que los amigos de Aiyanna le contaran a Antonina cómo vivieron el proceso que sufriría su amiga después de haber sido poseída por el espíritu maligno.

— La verdad es que yo fui la primera en darse cuenta. — La primera en hablar fue Ainelen. — No sé cuándo empezó, pero fue hace poco. —

— A vecez, de repente, ella cambiaba totalmente. Parecía otra chica, actuaba de forma muy dezagadable y molezta. Era muy raro, aunque lo pasamoz por alto, por lo menos al principio. —

Antonina decidió indagar en eso, preguntándoles cómo se comportaba ella cuando el espíritu maligno la poseía. Hablando uno por uno, los chicos le explicaron que les hacía bromas muy crueles y desagradables y les trataba muy mal apenas mostraba empatía o alguna muestra de cariño hacia los chicos. A veces, cuando le pillaban haciendo una broma de las suyas, ella solo hablaba como si ellos fueran unos tontos, dándole entender al “chamán” que estaba utilizando el sarcasmo. Tras preguntar cuánto duraban aquellos cambios de carácter, los chicos no sabían que responder, solo que, cuando lo notaron, duraba muy poco, pero poquito a poco empezó a hacerse más largo. Luego, les preguntó si eso empeoró la amistad que tenían con ella, explicando que sería extraño que aquel extraño comportamiento no hubiera provocado que empezaran a alejarse de ella e incluso rompieran su amistad por ello. Ainelen le contestó:

— Bueno, siempre nos enfadábamos con Aiyanna y ella ni apenas se daba cuenta de lo que hazía. —

— Aún así, ella siempre conseguía que nosotros hiciéramos las paces con Aiyanna. — Intervino Mailen. — No sé cómo lo hacía. —

Antonina supuso que aquella chica era la que solucionaba los problemas que sufría el grupo, convenciendo a los enfrentados que se entendieran y se reconciliaran.

— Lo más raro de todo es que, quitando eso, se comportaba de una forma totalmente distinta. — Continuó Ainelen. — Ella ayudaba a los demás, era muy amable y nos hacía reír cuando más lo necesitábamos. Creíamos que solo era un problema extraño de carácter, así que intentábamos aguantar. —

— ¡Jamáz podríamoz haber imaginado que le eztaba pazando una coza tan grave! ¡Si noz hubiéramos dado cuenta antes! — Intervino Yevgeniy, que parecía que aún estaba dominado por la importancia y la rabia. Antonina veía en su rostro cómo se maldecía por no haberlo descubierto, mostrando que su preocupación daba la apariencia de ser algo más que amistad, algo que decidió comprobarlo diciendo esto:

— Parece que le tienes mucho cariño a Aiyanna. — Con solo oír eso, se puso rojo como un tomate.

— Bueno, p-puez, puez, claro que . —A pesar de su evidente tartamudeo y vergüenza, intentó lucirse y mostrarse de forma genial. — Ez como una hermana, y yo tengo que protegerla, ez mi mizión, zi tengo que zer como mi abuelo, mi labor ez proteger a todoz loz de la aldea, también a ella. —

Winona gritó lleno de admiración al escuchar eso, soltando lo genial que era su maestro, de forma muy exagerada. Las chicas, por el contrario, solo soltaron unas risitas:

— ¡¿Por qué ze ríen!? — Le replicó Yevgeniy a las demás. — ¡No he dicho nada grazioso! —

— No es nada. — Sorprendentemente la silenciosa Larrisa le respondió, soltando esto de forma burlesca. Las demás la siguieron. Ainelen le dijo con mucha delicadeza: — Es que es muy tierno de tu parte dezir eso. — Mailen añadió: — Es bien obvio, no lo tienes que ocultar. —

El chico se puso más colorado que antes, pero intentó hacerse el tonto, con la intención de ignorar lo que ellas intentaban sugerir. Ya que Antonina había comprobado lo que quería saber, echó un vistazo a Aiyanna. Ésta, sin entender lo que ocurría, le dijo muchas gracias a Yevgeniy, poniéndolo más colorado que antes. Éste le respondió que nada, mientras las chicas se reían aún más. Él tuvo que cambiar de tema para que éstas no siguieran con ese tema.

Antonina siguió interrogando a los chicos, preguntándoles todo tipo de detalles, aunque el resultado no fue como el que esperaba. A pesar de que le habían mostrados varios detalles que Aiyanna no pudo observar, no era muy revelador. Aún así, ella estuvo muy feliz de observarlos, le pareció muy interesantes.

Bueno, decir esto es muy redundante, ya que, para Antonina, todas las personas son interesantes, sin excepción alguna. Por algo, ella ama a toda humanidad.

Todos juntos volvieron a la aldea, hablando con tranquilidad. Aiyanna, a una distancia prudente, fue incapaz de intentar charlar o comportarse como siempre, a pesar de que deseaba hacerlo. Y los chicos le decían que no se forzara, que ya volvería a ser la misma, cuando aquel ser fuera expulsado de su cuerpo.

Al estar cerca de la casa de Aiyanna, el grupo se despidió de ella y de Antonina. Al quedarse solas, decidió preguntarle esto:

— ¿¡En qué piensas, Aiyanna!? — Le dijo esto, porque se dio cuenta de que ella estaba muy pensativa.

— La verdad es que se siente extraño que el espíritu maligno no me haya molestado en todo el día. — Le respondió ella.

— Entonces, deberías estar feliz. — Aún así, Aiyanna estaba cabizbaja y mostraba un rostro entristecido. — El poder de los espíritus malignos te están protegiendo. —

— Tal vez, pero siento que quiere hacer algo muy horrible. — Continuó Aiyanna. — Además, también estaba pensando en mis amigos. Me siento muy feliz de tenerlos. — Apretó los puños, con aquella determinación que mostraba sus ojos desde que decidió luchar. — Tengo que sacarlo, quiero poder estar con ellos sin el miedo de que ese monstruo les haga algo horrible. —

Antonina sonrió de oreja a oreja, antes de decirle: — ¡Lo conseguirás, te lo aseguro! ¡Después de todo, yo te ayudaré! —

Y con estas palabras, Aiyanna mostró una gran sonrisa. Sentía que ella era capaz de hacer cualquier cosa, con solo teniendo el apoyo de la poderosa y gentil Doña Antonina. Podría vencer al espíritu maligno, librarse de él para siempre.

FIN DE LA QUINTA PARTE

 

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Cuarta parte, centésima decimaséptima historia.

¡Qué misterioso, qué poderoso y frágil a la vez es el cerebro, el ordenador central de nuestro cuerpo! De ahí proceden todas las órdenes que manda este órgano a los demás. Gracias a él, podemos mover nuestro cuerpo, ya sea correr o estirar un simple dedo de la mano. También es el que crea y moldea nuestros pensamientos y nuestras reacciones, nos hace llorar o reír, amar u odiar, soñar o imaginar, siendo todo lo que el corazón simboliza realmente, el centro de todo nuestro ser. Pero a Antonina no le interesa cómo está formada esta creación magistral de la naturaleza, sino lo que hay dentro de él, ese mundo interior al que nadie puede acceder, salvo la misma persona. Los recuerdos que almacena, las heridas que las experiencias con el mundo exterior crean, los pensamientos que genera o los sentimientos que siente, todo esto para ella es hermoso, fascinante e interesante.

Pero eso sería quedarse muy corto sobre su amor hacia ese mundo interior que habitan dentro de ese órgano, es solo la punta del iceberg. Ama indagar en él, intentar alcanzar la profundidad de aquel lugar imposible de llegar. Y no solo eso, sino también el hecho de cómo esa realidad influye y altera a lo de afuera y con los otros, en una especie de retroalimentación que nunca parará hasta que llega la muerte. Sus ideas, sus relaciones, sus deseos, sus sentimientos y traumas, todo en general; son capaces de modificar, para bien o para mal, al resto de la humanidad, ya sea a su familia o amigos, o a una nación o civilización entera; e incluso a la misma creación.

Con todo su corazón, por todas estas razones y algunas más, Antonina ama con locura a la humanidad, un amor tan grande como inverosímil. Y por esto mismo, ella iba a indagar en la mente de Aiyanna, o, como se llamaba antes de que una bala se introdujera en su cabeza, Sasha Roosevelt.

Aunque, primero ella tenía unos asuntos que atender con el jefe de la aldea.

— ¡¿Y esto es lo que quiere la Zarina de nosotros!? — Eso le dijo, después de mirar una y otra vez un documento que ella le trajo. Ahí anunciaba una nueva medida que impuso la jefa del estado, que le parecía muy curioso.

— Pues sí, ha pedido para todos los pueblos que dispongan de esto. —

— ¡¿Y para qué sirve esta cosa que parece un molino de agua o lo que sea esto!? — Se rascó la cabeza intentando comprender lo que querían montar para su pueblo. A pesar de observar los planos detenidamente, aún no lo podría comprender.

A pesar de que Antonina se lo explicó mil veces, su cerebro no le ayudaba mucho a traducir lo que decía ella. Tiene sentido, ya que él nunca ha oído hablar de la electricidad, porque lo que le estaban pidiendo era abastecerles con aquella energía mediante la construcción de una micro instalación hidroeléctrica. Les avisó de antemano una medida que la Zarina iba a promulgar pronto, ordenando que todos los poblados del reino tuvieran este tipo de instalaciones, sin excepción alguna.

— Por algo, los muchachos que he traído son ingenieros, les ayudará a montarlo y a instalarlo, así como del mantenimiento y su funcionamiento diario. Gracias a esto, les prometo que hará mucho más fácil la vida del pueblo. —

Ya que, ella iba a estar una buena temporada por aquel pueblo, decidió traer las personas necesarias para montarles la instalación hidráulica y preparar sus casas para la llegada de la electricidad.

— ¡¿De verdad!? — No parecía convencido. — Pero si es una orden de la Zarina, habrá que cumplirla. — Aún así, dio su visto bueno al proyecto.

— Eso suena como si pudieras acatar hasta las leyes más injustas. — Le dijo Antonina.

— ¿¡Eso parece!? — Él dio unas grandes risas, antes de continuar. — No lo quería decir con esa intención, nadie en su sano juicio haría eso, aún cuando fuera la mismísima Zarina. Aún así, esta extraña medida no es nada injusta. —

— Van a salir ganando. — El jefe le dijo, algo dudoso, que eso esperaba. — Es una inversión imprescindible para nuestra comunidad. —

Y con esto dicho, la reunión entre el líder del pueblo y Doña Antonina quedó concluida. Ella añadió esto, antes de irse:

— Perdón por entretenerle con estas cosas, la Zarina siempre me llena de papeleos. — Él le dijo que no pasaba nada. — Esto retrasa mucho el trabajo que tengo que terminar aquí. —

Afuera del despacho del jefe de la aldea, se encontraba una Aiyanna que  esperaba impacientemente, observando cómo movía sus piececitos de un lado para otro, con una Nonoma que la supervisaba con mucho miedo.

Al final, nuestra querida Antonina salió del despacho y les dijo a las chicas que le esperaban impacientemente: — Perdón por la tardanza, pero este eran asuntos de gran importancia. Espero que la espera no haya sido muy larga. —

— No creo que haya tardado más de diez minutos, Vuestra merced. — Le dijo Nonoma mientras observaba un reloj que tenía consigo. — Aún así, cualquiera espera es horrible si una servidora está acompañada de una moza que tiene un ser diabólico que tiene en su interior. —

— Tal vez tengas razón. — Antonina se rió. Nonoma le replicó molesta que eso no era nada gracioso, antes de dar un fuerte bostezo. — Bueno, ella no ha sido poseída aún, así que no tienes que alterarte tanto. —

Antonina observó a Aiyanna, quién se mantenía callada, ajena a aquella conversación, con la mirada puesta hacia al suelo. Se acercó a la chica y gentilmente le preguntó que le pasaba:

— No es nada, de verdad. — Le respondió con una voz débil y decaída. Antonina quiso insistir y saber qué es lo que pensaba, pero decidió no hacerlo y, mostrando una gran sonrisa, añadió:

— ¡Entonces, no vamos a perder más tiempo! — Le acarició la cabeza a Aiyanna, sonrojándola. — Hay que seguir con el proceso de exorcismo. —

Tímidamente, ella movió la cabeza de forma afirmativa y se levantó del lugar en dónde estaba. A continuación, sin decir nada más, Antonina se dirigió al exterior, siendo seguida en silencio por las dos chicas. Miró de reojo a Aiyanna una cuantas veces, observando que no dejaba de suspirar y de mostrar un rostro de tristeza. Se preguntó dónde se había ido aquella determinación que mostró antes, aunque creía que era fácil de suponer. Tal vez miles de pensamientos negativos aparecieron en su cabeza, haciéndola creer que era incapaz de conseguir librarse de aquel monstruo que tenía en su interior.

La chica, al ver que Antonina la estaba observando, se detuvo, movió la cabeza de un lado para otro y se dio unas débiles palmadas contra su cara. Se obligó a sí misma llenarse de determinación, seguramente debido a que no quería mostrarse débil ante la misma persona que le estaba ayudando. Ya le dijo que sí y no podría ceder ahora, solo tenía que seguir adelante, o eso era lo que creía nuestra querida “chamán”.

— ¿¡Qué es lo que vamos a hacer!? — Le preguntó Aiyanna, mostrando mucho entusiasmo.  — ¡¿Vamos a practicar hechizos o crear artefactos mágicos bendecidos por los buenos espíritus!? —

Antonina se puso la mano sobre la barbilla, como si eso le hubiera puesto a pensar. A continuación, le respondió esto:

— Eso lo haremos más adelante…— Sonrió de oreja a oreja. — Por ahora, tú y yo haremos un bonito paseo por la montaña. —

— ¡¿Y de qué nos servirá eso!? — Aiyanna se quedó un poco boquiabierta, algo perpleja por el hecho de que propusieran una cosa como esa. Nonoma también hizo el mismo gesto, pero se quedó con las ganas de decir que eso parecía una verdadera estupidez.

— Hay una buena razón para esto, tienes que hablarme primero de cómo empezó todo este asunto, cuándo te diste cuenta de que se te metió un espíritu maligno en tu cuerpo y todo eso. —

Aiyanna, que centró toda su atención en aquellas palabras, abrió la boca, en señal de que eso le había convencido. Nonoma no se lo tragó, ella seguía creyendo que no servía para nada. Lanzó algunos quejidos, pero fue ignorado por Antonina, quién le dijo esto:

— ¡Ah, por cierto! ¡Estás de suerte, no es necesario de que nos sigas en este paseo, necesito que nosotras dos estemos solas! —

— ¿¡Vuestra merced, en serio, puedo tomarme un descanso!? — Lo soltó con un gran grito de alegría y de alivio. Alejarse de aquel terrorífico y monstruoso espíritu maligno por un tiempo era lo que más deseaba en aquellos momentos.

Antonina le movió la cabeza afirmativamente y Nonoma empezó a darles las gracias con una gran sonrisa, antes de salir corriendo a toda velocidad, con la clara intención de alejarse lo más rápido de nosotras.

Al desaparecer su figura del campo de visión de Antonina y Aiyanna. Ésta miró a la chica, observando un rostro que mezclaba tristeza y enfado. Pudo suponer enseguida lo que pensaba ella:

— ¿¡Te entristece que ella solo ve en ti como un peligro!? — Le preguntó.

Aiyanna dudó durante varios segundos, observándola una y otra vez, como si le daba miedo soltar lo que estaba pensando. Al final, decidió hacerlo:

— Sí, no quiero que me vea así. — Eso le decía, mientras se aguantaba las ganas de llorar. — Pero es la verdad, yo tengo un ser horrible dentro de mí, un espíritu maligno. — Entonces, Antonina sorprendió a Aiyanna dándole unas cuantas palmadas en la espalda.

— ¡No te preocupes por eso! Ahora debes centrarte en pensar en cómo empezaste a descubrir qué tenías eso. Te daré un tiempo. —

Aiyanna movió la cabeza afirmativamente, después de que ellas siguieran andando y empezarán a subir en silencio por una suave pendiente, saliendo ya del pueblo. Rodeadas de de extensos pastos y pequeños cultivos, veían como los pueblerinos que hacían su trabajo las saludaban enérgicamente, haciendo que Antonina les devolvía gentilmente su saludo. Algunos dieron gritos de ánimos para la chica, algo que ella respondía de forma tímida.

Y la pendiente empezó a inclinarse mucho más, cuando Antonina decidió a preguntarle lo que había pensado Aiyanna. Tras soltar aquella pregunta, esto fue la respuesta:

— Pues, la verdad no lo he pensado mucho. — Soltó una pequeña risita nerviosa. — Es que estuve distraída en los saludos y los ánimos que nos han dado. Perdón. — Antonina le dijo que no pasaba nada y que podría hacerlo ahora si quisiese. La chica le hizo caso y empezó a pensar en silencio por unos cuantos segundos, mientras forzaba a su cerebro a recordar.

— Creo que eso fue…— Ella tenía los ojos cerrados al máximo, poniendo un rostro muy gracioso, en señal de que se estaba forzando todo lo posible. —…hace poco tiempo. — Le estaba costando mucho. — Después de haber sufrido la última tormenta de nieve del invierno. — Arqueó las cejas. — Era extraño, es difícil cómo explicarlo. —

Antonina le dijo que debería tomarse su tiempo y desarrollar en palabras lo que empezó a sentir. Ella le hizo caso y, tras pasar varios segundos más, consiguió poder explicar más o menos los primeros síntomas sobre lo que le ocurría. Abrió la boca poquito a poco y empezó a contarlo, aunque fuera de una forma bastante apagada y entrecortada.

Según sus palabras, ocurrió poco antes de que llegase la primavera, ella empezó a escuchar terrible risillas que resonaban en su cabeza que oía de vez en cuando, sobre todo cuando estaba con su familia, con sus amigos o en la taberna. Al principio, lo ignoró, creyendo que lo soltó alguien más; pero, luego, en los momentos en dónde no estaba sola o nadie se reía, le empezó a parecer muy raro. Intentó pensar que era su imaginación, pero cada vez eran más constantes y desagradables.

Y reitero lo de desagradable varias veces, no dejó de expresarme que era aterrado y siniestro. También que, a veces, eran carcajadas muy fuertes y otras  muy débiles, que parecían casi susurros. Y estos serían los primeros síntomas que empezó a notar que estaba siendo poseída, el principio de una larga pesadilla.

— ¡¿Y no le dijiste a nadie que, a veces, escuchabas risas en tu cabeza!? — Le preguntó Antonina, quién la escuchaba atentamente, ayudándola cuando le costaba decir algo o soltando dudas cuando era necesario.

— No, la verdad es que no. Creo que debió ser porque no le di importancia, pero luego era porque no quería preocuparlos con eso…— Eso le respondió Aiyanna con una voz débil y apagada.

Y le siguió contando sobre cómo empezaron a aparecer los demás síntomas. Ella empezó a levantarse y caminar por las noches, sin que, luego, no lo pudiera recordar. Podría confundirse con un caso de sonambulismo, pero sus padres u otras personas observaron que ella estaba consciente cuando la veían deambular por la oscuridad, aunque notaron que actuaba muy rara, como si fuera otra persona. Aiyanna empezó a asustarse bastante, ¡¿por qué no podría recordar esas caminatas!? ¡¿Qué le estaba ocurriendo?!

Aunque bueno, luego le explicó que sus pérdidas de memoria son bastantes frecuentes, olvidaba cosas que pronunciaba al momento o recordaba algo que no tenía sentido ni estaba relacionado con ella. También que sufría horribles pesadillas, que luego olvidaría fácilmente, según sus papás. Así que pensó que era normal que no pudiera recordar lo que hacía por las noches, pero se daba cuenta de que ya ocurrían cosas muy raras.

Siguió contando que sus caminatas nocturnas no solo la hacían caminar por la casa, sino salir al exterior y llegar a lugares tan alejados de la aldea como la población más cercana, que estaba a siete horas de caminata.

Y la situación no hizo más que empeorar. Empezó a perder la consciencia durante el día, aunque solo fuera cuestión de minutos; o eso ella lo sentía, porque los demás vieron que siguió estando consciente, aunque les parecía un poco diferente. Por suerte, el espíritu maligno no hizo nada malo cuando la controlaban, pero notaban que algo malo la dominaba. Y después de las risas siniestras, que siguieron manifestándose y creciendo, Aiyanna empezó a escuchar una voz que venía de su cabeza.

— Era horrible. Empezó a decir que les matará o que deseaba asesinarlos, que todo era una mierda, que yo no era nada y que me tenía que morir. —

Eso le decía Aiyanna mientras recordaba con horror las palabras de aquel terrible ser repetía cada día en su pobre cabeza. Antonina indagó sobre eso:

— ¡¿Y cómo soportabas eso!? ¡¿Le pedías que se callara o intentabas pensar en otra cosa!? ¿¡Y además, fue en ese momento en que decidiste contárselo a tus padres!? —

Tras mostrarse un poco pensativa y callada, Aiyanna le contestó de esta forma: — Pues no sé cómo supe aguantarlo. Me tapaba las orejas, gritaba, me movía de un lado para otro, muchísimas cosas para ignorarlo o hacerlo callar. — Dio una pequeña pausa. — Incluso le empecé a decir que se callará y me dejara en paz. Y era normal que se dieron cuenta. Se los tuve que  contar todo. —

Recordaba con muchísima tristeza cómo les confesó esto a sus padres, que no le creían al principio y, luego, empezaron a darse cuenta de que lo que le pasaba a ella era grave, ya que rompió a llorar fuertemente, rompiéndoles el corazón. Ellos también lloraron y gritaron, mientras la abrazaban con todas sus fuerzas y le decían que todo iba a estar bien, que no pasaba nada. La comprendieron y empezaron a hacer todo lo posible para librarla de aquella cosa tan terrible que torturaba a su querida hija.

— Supongo que lo primero que hicieron era llevarte al chamán más cercano, ¿¡no!? — Le preguntó Antonina, a continuación.

Aiyanna le movió la cabeza afirmativamente, antes de decirle que sí, que tuvieron que irse al pueblo de al lado. Por extraña alguna razón, esta aldea no dispone de uno. De todas maneras, continuó hablando: — Como estaba en mi cabeza, en mi interior; pues era el único al que podríamos recurrir. —

Fueron directos al chamán, pero éste no fue capaz de encontrarle cura a sus problemas, a pesar de probar diversos métodos. Fue uno de estos intentos de ayudarla, cuando el espíritu maligno la controló, gritándole de forma diabólica y riéndose como un demonio, incluso le intentó atacar, mientras sus padres la detenían y observaban como su querida hija les insultaba con muchísima virulencia y odio. Podría decirse que en ese momento empezó a formar la idea de que había un espíritu maligno dentro de ella.

— Fue el chamán, el que me dijo que había sido poseída. — Continuó Aiyanna. — Después de que controlará mi cuerpo, estuve consciente y vi a todos mirándome con espanto, como si yo les había hecho algo horrible. Comprendí, entonces, que había algo malo dentro de mí. —

— Él me lo explicó todo y yo no tuve más remedio que aceptarlo, después de ponerme a llorar durante un buen rato. No paraba de pedirles perdón a ellos por lo que hice. — Le dijo, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Se notaba que recordarlo solo le traía mucho dolor y sufrimiento.

Les tuvo que confesar que era incapaz de ayudarla, tal vez aterrado ante la virulencia del espíritu, algo que desesperanzó a Aiyanna y a sus padres. Pero, luego, les dijo que solo había una persona que se había enfrentado a ese tipo de situación y había salido victoriosa. No hace falta decir quién es.

Al final, no pudieron evitar que eso saliera a la luz, a los pocos días de mandar la carta a la capital, todo el pueblo lo descubrió. A pesar del miedo y el horror que les produjo a los aldeanos aquella noticia, pudieron mantener la mente fría y entender a Aiyanna, incapaces de tacharla de loca o de librarse de ella porque un espíritu maligno la ha dominado. Un gesto muy noble, ¡¿no les parece!?

— No sé…— Concluyó Aiyanna, después de llevar un buen rato hablando. — Creo que hay muchas más cosas que explicar, pero estoy cansada, me duele la boca de tanto hablar. — Se veía que estaba agotada, tanto por el habla como la caminata, y Antonina decidió terminar por hoy.

— Es suficiente por ahora, me has aportado muchísimo información para que podamos combatir al espíritu maligno. —

— ¡¿En serio!? — Arqueó un poco las cejas, no creía que eso le ayudaba mucho.

Aún así, le alegro mucho escuchar eso, ya que mostró una débil, pero adorable sonrisa, mientras añadía: — Espero que sea así. Quiero derrotar al espíritu maligno. —

Entonces, Antonina se dio cuenta de algo. En la lejanía, escondidos detrás de un árbol, se encontraban un montón de chiquillos, tres niños y cuatros niñas que le observaban detenidamente. Ellos, al percatarse de que ella miró hacia dónde estaban, intentaron ocultar sus cabezas.

— Por cierto, Aiyanna… — Le preguntó con una sonrisa, mientras le señalaba al árbol. — ¡¿aquellos chicos que nos están observando son tus amigos?! —

Extrañada por aquella pregunta, Aiyanna giró la cabeza hacia atrás y vio como unos niños salieron de detrás de un árbol, que se reían de forma nerviosa y la saludaban como si intentaban aparentar que no pasaba nada. Boquiabierta, expresó su sorpresa de esta manera: — ¡Sí, son mis amigos! ¡¿Qué hacen aquí!? —

FIN DE LA CUARTA PARTE

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Centésima decimaséptima historia, Sin categoría

El funeral de una flor: Tercera parte, centésima decimaséptima historia.

Les voy a recordar cuales fueron los acontecimientos, antes de continuar, si no es mucha molestia. Nuestra querida Antonina estaba a punto a acostarse y tener una buena noche, pero una persona la interrumpió, metiéndose en el cuarto en dónde iba a dormir junto con la señorita Nonoma, que dormía como un tronco. La reconoció enseguida.

Era Aiyanna. No, era la pobre Aiyanna siendo poseído por aquel espíritu maligno cuyo nombre pronunció Antonina: Sasha. Y parecía que no tenía unas buenas intenciones, porque llevaba una navaja a mano. Después de que le hablará, hubo un corto silencio entre ellas dos. A continuación, el demonio rió de forma siniestra por lo bajo, antes de continuar hablando:

— Ahora parece que soy un espíritu maligno,… — Y se hizo un pequeño corte en el brazo, poniendo a observar cómo salía la sangre de su cuerpo. Luego, añadió con decepción: — Pues no me siento como un fantasma, la verdad. —

— Es curioso, la verdad. Perdiste la memoria como consecuencia de aquel disparo mortal en tu cabeza, algo que también me sorprende, sobreviste a duras penas. Podrías decir que fue un milagro. —

— ¡Qué mierda, yo nunca quise ese milagro! — Soltó un gesto de fastidio.

— De todos modos, pagaste un grave precio. Perdiste tu memoria, así como  tu propia personalidad, te convertiste casi en una pizarra en blanco. Aún así, había pocas posibilidades de que lo recuperarías, y sobre todo en tan poco tiempo. E incluso eso no es lo más extraño y fascinante del asunto, sino que el tú de ahora, Aiyanna, reniega de la anterior, Sasha. Es decir, se han formados dos “personalidades” dentro de ti.. —

— ¡¿Esto es jerga médica!? No entiendo ni puta mierda, ni me importa. —Le dijo con burla y desprecio. — Solo quiero un poco de diversión, ¡vamos a jugar! — E intentó alzar la navaja contra Antonina, pero, con la ayuda de los espíritus, la detuvo con gran rapidez, sosteniendo con fuerza el brazo en dónde sostenía el arma blanca. Ella siguió hablando:

— Es fascinante, ¿sabes? No solo sufres de pérdida de memoria, sino que supuestamente adquiriste dos personalidades. En un sentido muy figurativo, es entendible que ella te vea como un espíritu maligno. Definitivamente, debiste haber muerto. Más bien, dejar vivir a Aiyanna. —

— ¡Suéltame, maldita chamán de pacotilla! — Aquel espíritu maligno empezó a insultar a Antonina, mientras intentaba liberarse de su agarre, dando patadas y golpes al azar que ella esquivaba con facilidad: — ¡Puta estafadora! —

— No tiene lógica hacerte caso. Si te suelto, irías a hacer algo que a nadie le gustaría sufrir, mi querida Sasha. — Antonina rió amablemente. Eso solo puso más alterada al espíritu maligno. Ella siguió hablando con muchísima tranquilidad:

— Además, deberías moderar un poco mejor tu lenguaje. Después de todo, esta estafadora, este chamán de pacotilla, te salvó la vida. O le di la vida a Aiyanna, más bien. —

El espíritu maligno se rió fuertemente al escuchar estas palabras, para luego decirle esto: — No digas chistes, que me haces gracia. Por tu culpa, sigo atrapada aquí, en este teatro estúpido y sin sentido. Así que puedo soltar todo los insultos que me da la gana, estúpida zorra que solo sabe engañar a la gente. —

— ¿¡Yo, engañar a la gente!? Tal vez lo esté haciendo desde tu punto de vista, pero desde la mía no es así la cosa. Fueron ellos lo que te consideran un espíritu maligno y yo estoy de acuerdo, eres solo un espíritu maligno que tengo que exorcizar. Aún así, soltar esto es demasiado relativismo y la realidad es la misma por mucho que queramos o no. En mi defensa, diré que puede ser verdad o no eso que dices, pero no lo podemos demostrar por el momento de forma objetiva, si es que se puede… —

Al cansarse de tanto forcejeo, el espíritu maligno intentó morder el brazo que la sujetaba como si fuera un perro rabioso. Antonina esquivó aquel mordisco, liberándola de su agarre. Aún así, ella seguía estando tranquila y siguió hablando, mientras observaba fijamente a aquel ser aterrador:

— Después de todo, no puedo negar la existencia de tal idea, ni tampoco aceptarla, dentro de unos parámetros objetivos. Los espíritus, ya sean entendidos como fantasmas o una versión espiritual de los elementos del terreno, pueden que existan o no, y no hay manera de comprobarlo. Por tanto, si ellos lo creen, yo también lo haré. Es solo cuestión de fe. —

— ¡¿Ya has terminado con la cháchara!? — Le dijo el espíritu, al ver que Antonina se quedó en silencio. — ¡Es un alivio para mis oídos no oírte!—

Antonina no le respondió, solo le seguía observando con una gran sonrisa de seguridad que perturbaba demasiado a aquel ser demoniaco:

— ¡Dime, ¿en qué estás pensando?! — Le dijo entre una mezcla de burla y molestia. — Estoy a punto de apuñalarte y tú sigues mirándome con esa cara estúpida, ¡¿qué esperas!? ¡¿A qué tus espíritus te salven o algo así por el estilo!? — Dio una pequeña carcajada, mientras ponía una verdadera muesca de monstruosidad que solo seres malignos como ella podrían mostrar.

— Tal vez. — Pero eso no inmutó a nuestra Antonina, quién le replicaba estas palabras, llena de seguridad en qué no iba a morir a manos de aquel diabólico ser. — Estoy bendecida por los buenos espíritus, y no creo que sean menos que tú, querida Sasha. —

Eso enfureció muchísimo al demonio: — ¡Oh, los buenos espíritus me salvarán! ¡Estoy bendecida por ellos, bla, bla, bla,..! — Se burló de ella y, a continuación, se dirigió hacia ésta con la intención de apuñalarla. Gritó a pleno pulmón: — ¡Aquí tiene tu premio por hacer chistes de primeras! —

Antonina no movió ni un músculo, solo se quedó observando. Estaba en peligro, el espíritu maligno quería eliminarla. Pero, recordad, ella está bendecida por los buenos espíritus y se salvará con un gran milagro.

Milagro que ocurrió, porque Sasha, al dar los primeros pasos, se detuvo bruscamente, mientras la navaja caía al suelo. Ella estaba inmovilizada, incapaz de moverse. No se había vuelto de piedra, sino que algo la había detenido, intentando proteger a nuestra querida Antonina. El demonio, a  continuación, cayó al suelo de rodillas, mientras se ponía las manos a la cabeza y gritaba:

— ¡Vamos, déjame! ¡Me estás provocando dolor de cabeza, déjame en paz! ¡Este es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él! —

Al parecer, el demonio estaba luchando contra algo que solo se encontraba en su interior, que intentaba coger el control del cuerpo para evitar aquel apuñalamiento. No paraba de soltar chillidos de dolor, mientras se movía de un lado para otro por el suelo, incapaz de aliviar lo que sentía. Antonina supo enseguida que estaba ocurriendo, la otra personalidad de aquella chica, Aiyanna, intentaba tomar el mando. Las dos partes empezaron a gritarse mutuamente, como si fueran dos personas distintas discutiendo.

— ¡Deja de poseerme! ¡Es mi cuerpo, no el tuyo! — Uno no sabía quién era Sasha y quién Aiyanna. — ¡Mentira, siempre ha sido mío, idiota! ¡Tú eres yo, yo soy tú! — Fuera, solo se veía a una sola chica gritando a todo pulmón incoherencias. — ¡No es verdad! ¡Tú eres solo un espíritu! —

— Supongo, que es hora de hacer mi trabajo…— Añadió tranquilamente Antonina, mientras observaba la escena. Ella se acercó a la chica y la cogió con los brazos dulcemente, con intención de tranquilizarla e inmovilizarla. Empezó a recitar encantamientos en griego clásico y latín para ayudar a la niña poseída a librarse del control que tenía aquel demonio. Ésta no paraba de insultarla, mientras intentaba liberarse de sus brazos, a la vez que la otra parte le pedía a gritos que parase de una vez.

Naturalmente, los gritos despertaron a todo los que estaban durmiendo en la casa. Nonoma, que, a lo primero, intentó ignorar el ruido, no lo pudo soportarlo y gritó esto, mientras se levantaba de la cama:

— ¡Por el nombre del Padre, pueden vuestras mercedes callarse! ¡Hay una servidora que intenta dormir! — Luego, al ver la situación, gritó con una mueca de sorpresa y horror: — ¡¿Pero, por todos los Santos, qué está pasando!? —

También se oyeron chillidos de los padres, al ver que su hija no estaba con ellos y se estaba escuchando un griterío en la habitación de al lado. Ellos lo supieron rápidamente y se fueron directos a allí:

— ¡¿Qué está ocurriendo!? — Gritaron los dos y, al ver la escena, soltaron con una mueca de horror: — ¡¿Aiyanna!? ¡¿Qué te pasa!?—

— ¡No se acerquen! ¡Ella y yo estamos luchando contra el espíritu maligno, debe mantenerse alejados! — Les dijo con toda la tranquilidad del mundo.

— ¡¿No hay nada que podamos hacer!? — Le preguntó tímidamente, incapaz de soportar lo que estaba viendo. Quería salvar a su querida hija, de alguna manera. Antonina le dijo que no se preocupará, que todo iba a estar bajo control. Su marido, al ver que aquella respuesta no podría satisfacerla, añadió: — ¡Hazle caso, ella lo tiene todo controlado, dominará esa bestia de nuevo y nuestra Aiyanna estará a salvo! —

Los dos empezaron a rezar fuertemente para que los buenos espíritus, Dios todopoderoso y su hijo ayudaran a Antonina y a Aiyanna.

Todo el mundo espero con el alma en vilo mientras la chica poquito a poco dejaba de forcejear, fueron unos minutos de silencio y de gran tensión que parecían horas. Antonina era la única que parecía tranquila y relajada, los demás no dejaban temblar con un gran nerviosismo. Y yo no les culpo, estaban ante una criatura horrible que tenía el poder de poseer a las personas, ellos no sabían lo que iba a hacer a continuación.

Por fin, la chica se detuvo y paró de moverse. A continuación, empezó a jadear de cansancio levemente durante un buen rato, mientras cerraba los ojos. En cuestión de segundos, ella se quedó dormida, dejando un silencio sepulcral, que fue roto rápidamente:

— Vuestra merced, ¿¡ya ha podido controlar al espíritu maligno!? — Le preguntó Nonoma en voz baja, llena de miedo y temor.

— Sí, lo hemos calmado, esperemos que esta vez duré mucho más. — Y eso le respondió Doña Antonina, que lo decía con tal seguridad que alivió a todo el mundo.

— ¡Menos mal! ¡Menos mal! — Decía la madre, mientras caía al suelo de rodillas y empezaba a llorar de alegría. El marido la abrazó con todas sus fuerzas, mientras decía esto: — ¡Gracias a Dios que no ha pasado nada! ¡No llores más, todo está bien ahora! —

Tras esto, llevaron a Aiyanna con muchísimo cuidado a la habitación de sus padres y estos se acostaron, aunque intranquilos, no querían que se volviera a repetir lo que había pasado. Doña Antonina, con toda la tranquilidad del mundo, se acostó en su cama e iba a cerrar sus ojos para poder descansar, pero, entonces, vio a Nonoma, que estaba de pie, mirando la ventana.

— ¡¿No puedes dormir!? — Le preguntó Antonina.

— Pues no. — Le replicó, con una cara llena de preocupación. — Después de lo que acaba de pasar, no seré capaz de estar en reposo, ¡mejor estar alertar, por si aquel terrible espíritu vuelva a entrar en esta habitación! —

— Entiendo que estés así, es una reacción normal y entendible. Aún así, creo que deberías relajarte y dormir. Estamos protegidas por los buenos espíritus, ¡no tienes que preocuparte! — Nonoma le echó un pequeño vistazo a Antonina, antes de continuar hablando:

— Ya dudo si existen o no, esos espíritus del que hablas…— Dio un suspiro de molestia. — Vuestra merced, ¡es mejor estar prevenidas, no podemos tomar sueño en estas condiciones! —

— Bueno, si eso es lo que crees tú, pues te dejaré hacer de vigila esta noche. Yo recuperare mis energías mientras viajo por el mundo de los sueños. —

Y con esto dicho, ella se calló y cerró los ojos. Nonoma volvió a observarla, incrédula ante el hecho de que estuviera tan tranquila, comentó:

— ¡Realmente, Doña Antonina es impresionante! Tal vez, tenga razón y está protegida por los buenos espíritus. Por eso, ha estado tan tranquila…—

Al día siguiente, cuando los gallos anunciaban que el sol ya estaba saliendo por el levante, todo el mundo se despertó sin ninguna novedad. Por suerte, nada más ocurrió durante la noche, algo que dio muchísimo alivio. Doña Antonina, tras levantarse y prepararse para salir a desayunar, vio como Nonoma dormía plácidamente en la cama. Se preguntó cuánto tiempo había aguantado la sirvienta y tenía muchas ganas de preguntárselo. Pero prefirió dejarla dormida por el momento. Ya, mientras comía con la familia:

— ¿¡Entonces, no recuerdas lo que paso!? — Le dijo Antonina a Aiyanna. Ésta movió la cabeza de forma negativa, respondiendo esto:

— No, la verdad es que no…— Al escuchar aquella respuesta, los padres gritaron muy perplejos, antes el hecho de que ella no lo pudiera recordar. Ésta se dio cuenta de que ocurrió algo y añadió: — ¡¿Ha pasado algo malo, el espíritu maligno me ha controlado esta noche!? —

Las caras que pusieron sus padres era una respuesta suficiente para que ella supiera la verdad. Antonina no respondió, estaba ocupada en terminarse el té, para luego mover la cabeza afirmativamente:

— Ya veo…— Puso una cara de horror. — La verdad es que lo imaginaba. Creo recordar algo. Más bien, lo siento como si fuera un sueño. Apenas me cuesta saber cómo fue, pero sé que tenía que ver con ese monstruo…—

Los padres miraron a Antonina, esperando que ella dijera algo, porque ellos no se atrevían a contarle cómo fue, además ellos no sabían muy bien lo que había pasado aquella noche. Tuvieron que esperar a que terminar de comer para que ésta empezara a hablar:

— Por desgracia, así fue. El espíritu maligno controló tu cuerpo con el objetivo de dañarme, pero no pudo conseguir su objetivo. Gracias a ti. —

— ¡¿Gracias a mí!? ¡¿De verdad, Doña Antonina!? ¡Ni siquiera recuerdo haber resistido contra ese monstruo…! — Estaba realmente sorprendida.

— No lo recuerdas, pero lo hiciste. Por otra parte, es normal que no puedas recordar lo que pasó, ya que estabas siendo poseída. Aún así, a pesar de esto, tú te diste cuenta de la situación y me salvaste, aunque fuera de forma semiconsciente. — Todos le preguntaron qué quería decir con aquella palabra tan rara, pero Antonina les dijo que no había ninguna necesidad para que ellos lo supieran. A continuación, ésta, mientras se postraba ante la chica, le dijo: — De todas maneras, te agradezco de todo mi corazón que me hayas salvado, jovencita Aiyanna. —

Ella no pudo responder, aquellas palabras de agradecimiento le pusieron tan roja como una tomate. Esbozó una gran sonrisa, al saber que ella fue capaz de enfrentarse contra aquel espíritu que le poseía, algo que le daba mucha esperanza en librarse de aquel horrible ser. Sus padres la felicitaron y la elogiaron, felices de que aquellas palabras de Doña Antonina le habían levantando el ánimo a su hija. Continuó hablando, mientras se levantaba de la silla:

— Ha sido tu propia voluntad, tú misma te estás levantando contra aquel terrible monstruo. Y mi trabajo es ayudarte a sacártelo sin que haya graves problemas. Me gustaría exorcizarlo lo más rápido posible, pero estas cosas llevan su tiempo, así que será largo y difícil. A pesar de la dificultad, juntas lo vamos a conseguir, ¿¡a qué sí Aiyanna!? —

Aiyanna dudó por unos momentos, preguntándose si sería capaz de hacerlo; pero, al final, le respondió que sí sin ningún tipo de duda, con muchísima determinación. A Doña Antonina, aquella gran respuesta le gustó.

Estaba muy feliz de comenzar la terapia en ella, no podría esperar que otras cosas tan interesantes y sorprendentes había dentro de aquella chica que tenía doble personalidad, de la misma que sobrevivió de milagro, tras haber sido atravesada por la bala de la Zarina. Antonina se sintió muy feliz de haber salvado aquella caja de sorpresa que una vez se llamó Sasha.

FIN DE LA TERCERA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Segunda parte, centésima decimoséptima historia.

Bueno, ¿en dónde nos habíamos quedado? Ya lo recuerdo. Nuestra pobre chica, Aiyanna, se escondió en una cueva, poco después de que Antonina Freud hubiera llegado al pueblo. Aterrada por aquel horrible espíritu que la torturaba con pensamientos monstruosos, huyó para evitar que no le hiciera daño al chamán que iba a ayudarla. Ésta entró en la cueva y se acercó a ella, a pesar de que le decía que no se acercará más, que aquel terrible monstruo le iba a hacer algo. Pero, con la protección de los buenos espíritus, la tocó delicadamente y cayó a la bestia.

Después de aquellos acontecimientos, Aiyanna salió de esa cueva, cogida de la mano con el chamán real del Zarato. El pueblo estaba estupefacto, habían observando de primera mano el poder de aquella legendaria mujer.

— ¡No tengan miedo! ¡He calmado el espíritu maligno y estará bien! — Y ella les habló. Hubo gritos de euforia y felicidad, pero Antonina Freud las paró con estas palabras: — Aún no le sacado de su cuerpo, sigue ahí, pero seguramente tendremos unas cuantas horas de alivio y paz para esta pobre muchacha y este humilde pueblo. —

Con estas palabras y el anuncio de que, para poder sacar al espíritu maligno, ella tenía que pasar una buena temporada en el pueblo, la gente volvió a sus casas muy tranquilo, sabían que Antonina defenderá la paz de este lugar.

— ¡Muchas gracias, de verdad! ¡Se lo agradezco de todo corazón por lo que está haciendo con mi hija! — Nizhoni le decía estas palabras, después de volver a su casa. Había ofrecido alojamiento a Antonina, quién aceptó encantada.

— ¡No pasa nada, mujer, es un gusto poder ayudar a esa pobre criatura! — Le replicaba, mientras probaba la bebida que le había ofrecido. — Además, ese té es una verdadera delicia, tengo que reconocerlo. —

— Me alegra mucho que le guste, Doña Antonina, son de mi huerto. Tengo plantas de té en mi huerta, así que los aprovecho un montón. — Su cara se iluminó de felicidad la oír este elogio, era todo un honor para ella, casi le iba a dar algo por lo emocionada que estaba. Mantuvo la compostura, no quería comportarse de forma indigna delante del chamán real.

— Se están volviendo muy populares por el Zarato últimamente. — Le comentó, a continuación. Hasta hace poco, el té no había sido introducido por el Zarato y al llegar, se extendió rápidamente por todo el reino.

— Un tío mío los trajo de la capital hace apenas un año y extendió por todo el pueblo sus bondades. — Añadió Nizhoni.

Antonina dijo algo más, antes de ponerse a mirar la ventana muy pensativa, mientras se terminaba el té. El sol ya se estaba escondiendo en el horizonte, dando un amanecer bastante peculiar y hermoso para sus ojos. Entonces, el bostezo de una muchacha hizo que dejara de admirar aquel espectáculo.

— ¡¿Ya tienes sueño, Nonoma!? — Le preguntó Antonina, mientras le acariciaba la cabeza. — Aún queda por preparar la cena. —

— ¡Doña Antonina, por favor! — Le replicó muy molesta y avergonzada, mientras quitaba la mano de Antonina de su cabeza. — ¡No me tratéis como una niña, os lo ruego! — Ella, tras reírse un poco, le decía que no era su intención tratarla así. A continuación, Nizhoni, después de observarlas un poco en silencio, se atrevió a preguntarles esto:

— Por cierto, Doña Antonina, ¡¿la moza que has traído con usted es algún pariente!? —

Nonoma, junto con el resto de los que acompañaron a Antonina, quiso ir a dormir en el lugar dónde vivía el jefe de la aldea, ya que tenía habitaciones para invitados. Pero tuvo que acatar la orden que le mando ella, que no era nada más ni nada menos que acompañarla por las noches en la casa de la  dónde vivía la chica que tenía el espíritu maligno, algo que no quería, ya que no se sentía segura cerca de aquella niña. Por eso, estaba algo irritable y cualquier cosa que le decían se lo tomaba muy mal:

— ¡Vuestra merced, no diga disparates! Escuchad bien, no es un pariente ni tenemos ningún lazo de sangre. Yo solo estoy haciendo mi labor, que no es otra que ayudarla y acompañarla en el trabajo que hace en esta aldea. —

Nonoma le respondió de una forma algo brusca y poco amable, provocando que Antonina le regañara:

— No trates así a esta buena mujer. Recibimos el honor de que nos dejara dormir en su hogar, no hay razón lógica para soltarle tales insultos. — La chica le replicó avergonzada que le perdonarán a Antonina y a Nizhoni, que eso no era su intención. Luego, ésta se dirigió hacia la madre de Aiyanna con esto: — Perdón por esas palabras, es que esta moza le gusta responder así. De todas maneras, es harto cierto lo que ella dice. —

Nizhoni les dijo algo más, antes de que su marido llegará a casa, quién tuvo que hablar con el jefe de la aldea. Se trajo varias cosas que los pueblerinos y su líder le dieron para satisfacer al gran personaje que iba a vivir en los próximos días en su casa. Tras la calurosa bienvenida que le dio su esposa, éste les preguntó cómo estaba Aiyanna:

— Pues la pobrecita, después de todo lo que pasó, se ha quedado dormida. Y esa horrible cosa no le va a atormentar hoy, descansará tranquila. — Le contestó su esposa. Navajo no pudo evitar soltar un suspiro de alivio y de felicidad por su hija, comentando esto:

— Menos mal, apenas podría dormir por culpa de ese horrible espíritu. —

— Aún así, no podemos confiarnos, ese espíritu maligno puede volver a atormentarla en cualquier momento. — Pero Antonina intervino, lanzando estas palabras de aviso. El matrimonio tuvo en cuenta aquellas palabras, aunque rezaron que se alargará todo lo posible.

Después de aquellas palabras, para aligerar la tensión, Antonina propuso empezar con la cena, algo que todos aceptaron al momento. Fue una cena muy cálida y agradable para todos, incluso para Nonoma, a pesar de que se sentía algo aparte de la conversación que tenían los adultos.

Y la hora de dormir finalmente había llegado. Los padres decidieron dormir con su hija en su habitación, mientras dejaba su cuarto para las invitadas. Al entrar en el lugar y soltar su equipaje, Antonina y Nonoma empezaron a ponerse la ropa para dormir. Ahí es cuando la chica, mientras se desvestía, comentó esto:

— ¡A fe mía, no sé cómo tienen la valentía de dormir con aquella niña! Yo ya tengo escalofríos por solo tenerla en el cuarto de al lado. —

— ¡¿Tanto miedo te da ella!? — Le preguntó Antonina.

— No es a la moza, sino el espíritu que tiene dentro. — Le replicó Nonoma, muy preocupada y aterrada. — ¡¿Y si aquel monstruo nos atacan, mientras estamos soñando profundamente!? ¡¿Cómo vos puedes estar tan tranquila, cuando tienes a esa cosa al lado!? —

Con gran serenidad y tranquilidad, Antonina le respondió con esto: — Si tanto miedo te da el hecho de que esa pobre chica tiene un espíritu maligno, entonces puedes pensar que ella no lo tiene. —

Nonoma se quedó sin palabras al oír eso. No dejaba de preguntarse qué quería decir ella con eso. Antonina, al notar su reacción, siguió hablando:

— Sabes, en el exterior no creen en los espíritus, muchos creen que son productos de la imaginación o supersticiones. Tienen la extraña manía de “racionarlo” todo. Es decir, que toda cosa en este mundo tiene una causa explicable o entendible, sin introducir elementos considerados para ellos “sobrenaturales”. Si tienes miedo de un espíritu, puedes pensar como esas personas e imaginar que lo que sufre esa niña es algo natural. —

— No la entiendo, ¡¿cómo puedo hacer eso, pardiez!? Hasta usted dice que eso es un espíritu. — Le replicó Nonoma, que aún le costaba asimilarlo.

— Y si te dijera que, en realidad, ella no está realmente afectada por un espíritu maligno, ¡¿qué me dirías!? —

— ¡¿Entonces, es verdad!? — Nonoma dio un pequeño grito de sorpresa.

— En el mundo exterior, ellos denegarían que lo que le pasa a esa niña sea producido por un espíritu. Lo que le ocurre es que tiene un problema dentro de su mente. Si la vieran, creerían que tiene una enfermedad mental. Tengo que reconocer que, desde que la vi, yo empecé a pensar que lo que sufre es algo parecido a un “trastorno de personalidad múltiple”. Aunque esto no debe ser considerado un diagnóstico. —

La cabeza de Nonoma, incapaz de entender todo lo que le estaba diciendo aquella mujer, estaba a punto de estallar por culpa de la confusión.

— Pero tiene muchísimo sentido llamarlo espíritu maligno o malvado, esa hipotética segunda personalidad actúa como tal. No puedo renegar que los aldeanos piensen así, yo también lo haría. Es otra forma de pensar valida, no puedo llamarlos supersticiosos o ignorantes. Solo debo hacer mi trabajo, ya sea “exorcizarla”, como dicen ellos, o “dándola sesiones de terapia”, lo que dirían la gente del exterior. —

— ¡Vamos a ver, Vuestra Merced! ¡¿Esa chica tiene o no tiene un espíritu maligno dentro de su cuerpo!? — Le preguntó seriamente Nonoma, muy molesta, ya que empezó a creer que se estaba burlando de ella.

— Tú misma debes elegir la respuesta. Creer o no creer, esa es tu tarea, no la mía. — Al ver la cara de mala leche que le puso Nonoma, después de oír esa respuesta, empezó a reír y luego añadió esto:

— De todas maneras, es muy romántico creer en los espíritus, ¿¡no te parece!? —

Nuestra querida Antonina nos dejó con una cuestión muy interesante y que a una le encantaría comentar en resumidas líneas. El ser humano, después de todo, tiende a buscar respuestas en todo lo que ve e incluso lo que no puede ver. Tanto lo considero “sobrenatural” como lo “racional” son solo formas o herramientas de entender la realidad.

¡¿Cuál de los dos sería más legítima!? Normalmente, la respuesta que me dirían ustedes es lo “racional”, la ciencia y sus múltiples teorías. Pero esta solo puede observar lo observable, por mucho que intenten usarla para dar respuestas que solo la fe o la filosofía se atreven a debatir. Es cierto que hay preguntas y cuestiones que jamás podemos comprender con nuestras mentes, por muy científicos que nos ponemos. Solo tenemos certezas de hay algo más allá, pero que nuestra racionalidad no puede alcanzar a ver. Nuestros antepasados tuvieron que sacar todo tipo de explicaciones para poder entender todo lo que ocurría a su alrededor, muchas de la cuales, tras la llegada de la Ilustración, son “sobrenaturales” y por tanto, supersticiones. Es cierto que las personas han usado lo “sobrenatural” para varias cosas que las ciencias han podido comprobar, ¿¡pero aún así es menos valiosa que lo racional!?

Es un tema que podría ser muy interesante de comentar y debatir, pero estoy narrando una historia y no una obra filosófica. Mejor hay que dejarlo al aire y que nuestro lector decida pasar de esto o ponerse a pensar un ratito.

Antonina decidió cambiar de tema y le soltó esto: — Por cierto, hay algo que me parece muy curioso. Me sorprende muchísimo que  durante toda la tarde no hayas dicho nada…—

— ¡¿Sobre qué!? — Le preguntó Nonoma, con cierta incomodidad.

— Sobre Aiyanna. Cuando ella salió de la cueva, te sorprendiste mucho. Era como si no te esperaba su aspecto, como ella si fuera totalmente del resto de la aldea. Aún así no preguntaste, lo ignoraste. —

Tras escuchar esas palabras, Nonoma puso una sonrisa amarga, mientras se sorprendía de lo inteligente llegaba a ser Antonina. Lanzó un quejido y, con algo de fastidio, se lo explicó:

— Vuestra merced, quisiera haberles dicho eso a los del pueblo o a la moza en cuestión, pero no me atreví. Creo que estaría tocando un tema molesto para los pueblerinos. No se puede ignorar el cierto hecho de que ella lleva piel blanca como nuestra Zarina, ni que lleve un pelo extraño, que me parece azul y a la vez verde. Esa moza es extremadamente diferente del resto. —

Se calló por unos minutos, mientras recordaba cómo volvieron de la cueva al pueblo, tal vez. Todos le preguntaban a Aiyanna si estaba bien y cómo Antonina consiguió calmar el espíritu maligno. Entre varias risas, bromas y mucha exageración, les contaba lo que pasó. Nonoma les miraba incrédula, cómo si no entendía cómo podrían tratar bien a aquella chica. Luego, siguió hablando:

— Pero la verdad es que todo el pueblo se lleva muy bien con ella, la tratan como una más. Estuvieron muy atentos con la chica y no se la quitaron del medio ni la odian. Si se hubiera producido en otro lugar, los pueblerinos la hubieran matado para salvar al resto o la echarían de la aldea, sobre todo cuando es alguien muy diferente. Si les dijera algo, solo causaría molestar, o eso es lo que yo creo. —

Tras escuchar esas palabras, Antonina se puso a reír, algo que le molestó a Nonoma, quién le replicó. Ella le dijo esto:

— Puede que, para ti, sea muy curioso. Pero ella se ha integrado muy bien con esas personas. Con una rapidez sorprendente, pero eso se debe a que llegó siendo una pizarra en blanco. —

Nonoma quedó algo extrañada por las palabras que soltó Antonina, le preguntó qué quiso decir con eso y ésta le respondió:

— ¡¿Por qué será!? Por el momento, no te lo podré contar. Mejor ignora esas palabras, imagina que solo son puras estupideces. —

— ¡Vuestra Merced me enfurece! ¡Una servidora no puede entender qué cosas dices de verdad y de mentira! — Le replicó Nonoma, mientras se acostaba violentamente sobre la cama de paja.

— ¡Ya veo! — Antonina soltó unas risas. — ¡Perdón, perdón, pero así las cosas son muchas más interesante! —

— ¡Quisiera que me dejara en paz! — Añadió Nonoma, después de cerrar los ojos. — ¡No tengo la virtud de soportar estas molestas cosas! —

A los cinco minutos ella se quedó profundamente dormida. Antonina iba a hacer lo mismo, pero algo la detuvo a hacerlo. Oyó unos pasos y como la puerta se abría poquito a poco. Con una gran sonrisa, que dejaba claro que ella lo estaba esperando, le acercó la lámpara de petróleo que casi iban a apagar para mostrar su rostro. Al verlo y saber que lo adivino, dijo esto:

— Realmente esto está siendo muy interesante, debo reconocer que ha sido muy buena idea venir aquí, ¡¿con qué motivos has venido aquí, Aiyanna!? ¡O mejor dicho, Sasha! —

Ante ella estaba Aiyanna, pero estaba totalmente distinta. Con una sonrisa maléfica y unos ojos que dejaban claro que sus intenciones no eran muy buenas, llevaba en una mano una especie de navaja.

Más bien, lo que estaba ante Antonina, no era nada más ni nada menos que el espíritu maligno, aquel ser oscuro que torturaba día y noche a la pobre Aiyanna. Este monstruo, con palabras burlonas y desagradables, dijo:

— ¡Qué bueno volver a verla, doctora! ¡He venido a jugar a los médicos contigo! —

— Sería un placer, pero quiero descansar, es muy tarde para jugar. — Le replicó Antonina.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Primera parte, centésima decimoséptima historia.

En un valle muy profundo, situado en el corazón del Zarato, un reino imposible en el mundo moderno, marcado fuertemente por el llamado fenómeno globalización, cuyos tentáculos deberían llegar hasta al país más cerrado y aislado; clavado en el corazón de la isla de Shelijonia, estado nº51 de los Estados Unidos; en una pequeña aldea situada en el ladera de una gran montaña, existe una niña muy diferente que los demás.

Su piel es igual de blanco que la reina que gobierna el reino, pero siendo totalmente diferente a todos los demás habitantes del pueblo, cuyo color es una tonalidad de marrón claro. Llegó a este lugar en condiciones extrañas y misteriosas, porque nunca fue natural de aquella aldea, ni de aquel valle, ni siquiera era del mismo país. No conoce su propio pasado ni cómo apareció, ni menos qué era ella antes de aparecer en su nuevo hogar. Aún así, aquella pequeña niña fue aceptada sin ninguna dificultad en ese nuevo mundo y se acostumbró fácilmente. Después de todo, era como una pizarra en blanco.

Creo que utilizar ese concepto no sería muy útil, porque, a pesar de que perdió todo su pasado, éste volvió como un fantasma, atormentándola y haciéndole sufrir. El caso no sería tan grave ni interesante si no fuera por el hecho de que ella no entiende que esos son sus recuerdos anteriores ni los acepta como tales. Su mente lo siente como si fueran de otra persona, o más el de un espíritu que se metió en su cuerpo. De uno malvado, con intenciones siniestras.

Por esta razón, alguien le iba a visitar, que tenía mucha relación con aquella niña, a pesar de que ésta jamás la conoció, o eso parecía. Montada dentro de un carruaje lujoso, tirada por fuertes y elegantes caballos; observaba el paisaje verdoso y montañoso que le rodeaban, con una carta escrita en mano en sus manos que la leía ocasionalmente para no aburrirse. No dejaba de pensar sobre aquella chica y lo interesante que era, sobre su particular problema y lo que estaba ocurriendo dentro de su mente. Todo eso le parecía tan fascinante que no evitaba ser impaciente y deseaba llegar ya a la aldea en dónde estaba.

¿Quién es ese alguien? Era una mujer, pero no una cualquiera, normal y corriente. Pertenecía a las altas esferas del poder, conocía personalmente a la Zarina y su influencia era poderosa y extensa. Era el médico personal de la que gobernaba estos valles y el chamán real del reino, también forma parte de los ministros. Su nombre es Antonina Aleksándrovna Freud.

— ¡Qué buen día hace! — Añadía satisfactoriamente, mientras veía aquel paisaje. — Me pregunto qué sinfonía quedaría bien con este agradable viaje…— Mientras aquella larga travesía estaba llegando a su fin.

Empezó a observar una población distante, mientras el carruaje bajaba por el camino, después de subir lentamente por varias montañas. El sol de la primavera daba toda su luz a aquellas casitas, mezcla entre una arquitectura rusa colonial que quedó atrapado en el s. XIX y lo indígena, que estaban en medio de una pendiente suave y floreciente, a pocos metros del arroyo que llevaba sus aguas hacia a algún rio que se escondía entre los montes. Una imagen muy idílica les daba la bienvenida, siendo digna de ser echaba por un fotógrafo experto y lanzarla en un concurso dónde ganaría fácilmente.

Al llegar, ella vio como todo el pueblo la esperaba con impaciencia en el corazón de la población. Uno de sus acompañantes, que era unas de los chamanes principales que la servían, añadió:

— Al parecer, vamos a tener una buena bienvenida. —

— Es bien obvio, la formalidad es lo primero. Aunque sería mucho más interesante una bienvenida áspera y desagradable. — Le replicó Antonina.

— No diga eso. Su fama y su estatus son grandísimos entre los súbditos, eres muy querida y necesaria para nuestro pueblo. Eso sería insultarla a usted y a nosotros mismos, que nos has dado servicios muy importantes. —

— Es verdad. — Rió levemente. — Eso no es digno de nuestro noble pueblo, ¡¿a qué sí, Nonoma!? —

Una de las integrantes del Cuerpo de sirvientas reales, Nonoma Matatiske, también estaba en el carruaje, que estaba acompañándolos por órdenes de la mismísima Zarina. Al ver que el chamán real de la corte le había dirigido la palabra, sin que ella decidiera participar en la conversación; hizo que le pusiera algo nerviosa, sin saber que decir. Tras estar dudando un poco, decidió responder con esto:

— Paréceme, Doña Antonina, que sus últimas palabras tienen razón. —

Además de las personas que le acompañaban en el carruaje, unas cuatros dentro de éste y dos haciendo de choferes, también era seguida por varios carruajes que iban por detrás, que algunos actuaban como escolta armada y otros eran legión de arquitectos y demás profesionales.

Tras esa respuesta que dio Nonoma, el carruaje se detuvo y ya era hora de salir. Todos los que estaban junto a Antonina, salvo la sirvienta de la reina, le dijeron esto:

— ¡Sal usted primero, nosotros saldremos después! Después de todo, es a usted quién espera impacientemente y no a sus acompañante. —

— Prefería que saliésemos como iguales. — Le replicaron que no querían hacer eso, que era un deshonor para alguien tan importante. — Si insistís, pues no me queda más opción que haceros caso. —

— ¡Será un gran honor, Doña Antonina! — Dijeron esas cosas, llenos de satisfacción, mientras se inclinaban en señal de respeto.

Entonces, ella se levantó y abrió la puerta del carruaje, saliendo al exterior. Todos los indios que se reunían en la plaza para observar la llegada de tal persona, que no pararon de cuchichear, hablando de sus expectativas y de lo importante que era aquella mujer para el Zarato; se quedaron callados de golpe, al ver que finalmente salió.

Todos se quedaron deslumbrados ante aquella aura mística que emanaba Antonina Aleksándrovna Freud, que parecía como si fuera un ser de otro mundo que había bajado a la tierra para apiadarse de las pobres gentes de bien o un santo que les iba a transmitirles grandes milagros. Esa ilusión, aquella increíble imagen que transmitía esa mujer, era suficiente para tranquilizar los corazones de los que habían venido a verla.

Un enorme bastón que llevaba el escudo de la nación a la que servía, aquel vestido que mezclaba lo divino con lo terrenal, aquella larga capa que tenía como imagen el mismísimo cielo, con todas las constelaciones impresas en él; aquellos múltiples accesorios cuyo significado estaban relacionados con el más allá y los espíritus, y que dejaban claro que era un “chamán”. Su rostro sereno y tranquilo, que transmitía que su sabiduría era extensa y legendaria. No había ningún error, ella era “el chamán real” del Zarato, cuya fama era conocida hasta en el rincón más profundo del reino.

Luego, tras unos pocos segundos, al olvidarse de que no estaban mostrando sus respetos hacia a aquella persona, todos se pusieron de rodillas, dándole la bienvenida de la forma más respetuosa y cortés posible. Con una sonrisa agradable y casi milagrosa a los ojos de los pueblerinos, Antonina empezó a hablar:

— ¡Gracias por la bienvenida, mis querido pueblerinos! ¡Me place ver tanta muestra de respeto hacia mi humilde persona, eso me hace muy feliz! — Le replicaron que era todo un honor para ellos. — ¡Por eso amo tanto al Zarato, a todas sus gentes sin igual! ¡Por eso, yo me inclinaré dignamente antes vosotros! ¡Gracias por todo! — Entonces, ella hizo lo mismo que los pueblerinos. — Después de todo, habéis pedido mi ayuda por mi brillante servicio a nuestra gente y yo no puedo rechazarlo. —

Antonina obviamente no había venido por puro placer ni nada parecido, los aldeanos le mandaron una carta pidiéndole ayuda y ésta les respondió con otra, dándoles la buena noticia de que iba para allá.

— ¡Qué Dios te bendiga, Doña Antonina! — Le gritaban muy felices, todo el pueblo. — ¡Estamos muy agradecidos por su amabilidad! —

Y en el momento más oportuno, en el cual Antonina, directa al grano, le preguntaba al líder del pueblo dónde estaba la chica que tenía que ayudar; un hombre apareció corriendo y gritando, acercándose a toda velocidad al lugar dónde estaban. Al parecer, había ocurrida algo grave y, desesperado, pedía ayuda a los demás:

— ¡Jefe, Aiyanna, Aiyanna se ha e-esc…! — Después de la carrera que se dio, apenas podría hablar, debido al hecho de que estaba recuperando el aliento, jadeando sin parar por todo el esfuerzo que hizo.

— ¡¿Qué ocurre, Navajo!? — Le preguntó muy alterado el jefe de la aldea.

Antonina le dio un pequeño vistazo. Parecía un joven de entre dieciséis y veinticinco años, cuya estatura para el promedio de alguien de su edad. No tenía un cuerpo muy fornido, pero estaba saludable. Su rostro triangular, en la cual se notaba que estaba muy preocupado y asustado, tenía una afilada nariz, pequeños labios, unos ojos azules y unas enormes y llamativas cejas. Cuando el chico se dio cuenta de que su presencia, preguntó:

— ¡¿Ella es la…!? — El jefe y los demás viejos de la aldea movieron la cabeza afirmativamente. Éste se dirigió a ella, diciéndole: — Gracias por venir a ayudarnos. — Sus ruegos habían sido escuchados, pero entonces recordó lo que había pasado: — Pero, ella… ¡mi hija! ¡Se ha escapado! —

— ¿¡Lo estás diciendo en serio!? — Gritaron los demás y les respondió que sí. Luego, añadieron: — ¿¡Dónde está tu mujer!? —

— Nizhoni la está buscando, junto con los amigos de Aiyanna. — Le respondió Navajo.

— ¡¿Por qué ahora, cuando Doña Antonina ha llegado a ayudarla!? — Replicó muy molesto el jefe de la aldea.

— Puede que el demonio la esté controlando, haciéndola huir, al ver que había llegado el mejor chamán del Zarato. — Añadió uno de los aldeanos.

— De todas maneras, ¡vamos a buscar a la moza! — Y todos dijeron que sí a aquellas palabras que pronuncio el jefe.

Ésta, después de que el jefe le pidió disculpas y le sugirió que le esperase en su casa, tras mantenerse en silencio; habló solemnemente:

— ¡Por favor, permítanme participar en esta búsqueda! He venido a ayudar a esa pobre, a exorcizarla de ese horrible espíritu maligno. Por tanto, desde que he pisado este suelo, es mi deber y mi obligación unirme. —

Ninguno se negó, aceptaron con entusiasmo aquellas palabras, subiendo su admiración hacia aquella gran mujer, alabándola y dándola las gracias. Y no solo eso, Antonina les preguntó a sus demás acompañantes:

— ¡¿Ustedes se unirán en la búsqueda también, no!? — Algunos no se atrevieron dar un no por respuestas, mientras otros tuvieron que usar múltiples excusas para no quedar mal ante la plebe.

Y así es como gran parte de las personas que se encontraban en aquella plaza empezaron a buscar por grupos a aquella niña. Formado por un grupo de cinco personas, Antonina, siendo acompañada por la sirvienta real, se aproximaba hacia el lugar en dónde estaba buscando la mujer de Navajo y algunos amigos de su hija.

— ¡Hay que fastidiarse, nada más pisar esta aldea y tener que buscar a una moza! ¡No nos deja descansar! — Soltaba muy molesta Nonoma, la cual parecía estar cansada y deseosa de descansar. A ella no le importó soltar tales comentarios delante de los aldeanos, que la miraron muy mal.

— Parece que estás de muy buen humor. — Le replicó Antonina, que le hizo mucha gracia. — De todos modos, es nuestro deber hacerlo, así que te recomendaría no decir tales palabras delante de nuestra gente. — Le mostró a Nonoma que su peliaguda lengua molestaba a los demás.

Luego, siendo obligaba indirectamente por Antonina, ella tuvo que pedirles disculpas por aquellas palabras y por haber sido tan descortés. Por las voces de varios vecinos, salieron del pueblo, bajando hacia al rio. Al parecer, ya había buenas noticias, la madre encontró a la chica que huyó.

— ¡Por cierto, ¿qué le ocurre a esa moza?! Contadme qué tipo de situación le ocurre para que todo un pueblo le haya pedido ayuda. — Le preguntó Nonoma, tras estar callada un buen rato, mientras llegaban al rio e iban yendo contrario a su curso, siguiendo las indicaciones que varias personas, que iban y venían, les decía para encontrarse con la chica. Al parecer, estaba en una cueva cercana al pueblo y no quería salir de ahí, según le informaban. Antonina le respondió con esto:

— En resumen, a esa chiquilla se le ha metido un espíritu maligno que le tortura día y noche, diciéndole que hiciera daño a todo el mundo. Todo el pueblo está muy aterrado por lo que podría pasar si no se le saca pronto de ella. —

— ¡¿Esa verdad que me decís es harto cierto!? — Gritó Nonoma, cuyo cuerpo se puso a temblar. — ¡¿Un espíritu maligno!? ¡Eso no solo suena grave y siniestro, sino muy aterrador! ¡Perdónenme, pero yo ni me acercó a esa cosa! — Los aldeanos que nos acompañaban la observando malamente de nuevo, pero esta vez volvieron a ignorarla.

Tras mucho andar y subir por una ladera, llegaron a la entrada de la cueva. Varias personas del pueblo estaban ahí, delante de aquella gruta, pero nadie se atrevía a entrar. Y algunos estaban gritando al interior, hablando con una voz que procedía de ahí dentro.

— ¡Por favor, Aiyanna! ¡Sal de ahí, ya ha llegado la señorita chamán que te ayudará! ¡Así que no tienes que preocuparte de nada! — Y de entre una de esas personas se encontraba una mujer joven.

Obviamente aquella chica dejaba claro que era la madre de Aiyanna por sus gritos, además de que Navajo, que ya se encontraba ahí, añadía esto:

— ¡Hazle caso a tu madre, ya estás a salvo! —

Antonina le hecho una mirada a la presunta madre de la chica. Ella llevaba un pelo moreno bien largo y cuidado, un cuerpo del tipo reloj de arena que parecía estar un poco esquelético, pero parecía bastante sano.

Observó su cara afilada, sus pequeñas mejillas sonrojadas y su boca con labios gruesos y grandes, mientras ella le gritaba a la oscuridad. Luego, sus ojos marrones, lleno de preocupación y temor. Todo eso, indicaba lo alterada que estaba aquella mujer.

Algunos niños también acompañaban en el griterío, Antonina supuso que eran amigos suyos, que le pedían desesperadamente que saliera de ahí.

Pero esta era la respuesta que recibían desde el interior de la cueva:

— ¡N-no puedo, si me acerco a ella, ese horrible espíritu me obligará a matarla! ¡Por favor, déjenme sola! ¡Es mejor que os vayáis! —

Los aldeanos no sabían con qué responder, entonces, Antonina cruzó la muchedumbre y dijo muy curiosa y con muchísima seguridad:

— ¡¿De verdad, ese espíritu maligno quiere hacerme daño!? — Los aldeanos se quedaron muy sorprendidos. — ¡¿Tal mal le caigo!? —

— ¡¿Tú eres…!? — Su esposo le dijo que sí y ella añadió, entre lágrimas: — ¡Salva a mi hija, por favor! ¡Ese horrible espíritu le hace sufrir mucho, la pobre ya no puede aguantar más! —

— Haré lo que sea necesario, por eso he venido. — Le dijo Antonina con una voz calmada, consiguiendo que aquella chica se sintiera más tranquila.

— Por favor, señora, ¡váyase! ¡No se acerqué a mí o la harán daño! — Y la chica que se encontraba en el fondo de la gruta le gritó esto, advirtiéndola desesperadamente.

No quería hacer daño a nadie, se resguardo en aquella cueva para proteger a los demás de aquel espíritu maligno que se le introdujo en el cuerpo.

Tras escuchar estas palabras, el rostro de Antonina apenas cambió y ella empezó a dirigirse hacia dentro de la cueva, ante la estupefacción de los aldeanos, que no se podría creer que fuera capaz de entrar sola y sin ningún tipo de miedo hacia aquel monstruo que habitaba dentro de la niña.

— Lo siento mucho, pero no puedo tomar esa decisión. Ya es muy tarde para volver atrás. —

Añadió ella con toda la calma del mundo, provocando que creciera la admiración que estaba teniendo la muchedumbre con Antonina.

Muchos aldeanos empezaron a rezar por su alma, para que Dios la pudiera proteger, mientras ésta caminaba sin miedo hacia al interior. La chica del interior no dejaba de gritarla que no se acercara, que se fuera, sin parar.

— No sé si Doña Antonina es una valiente o está loca del remate. Se va a enfrentar contra un espíritu malvado. — Añadió en voz baja Nonoma, que tampoco era incapaz de entender cómo ella estuviese tan tranquila mientras se metía en la boca del lobo.

— ¡Por favor…! — Le gritaba la chica desesperadamente, entre lágrimas. — ¡No se acerqué a mí! —

Antonina ya la estaba viendo, la pequeña chica estaba sentada en el suelo, con las manos en la cabeza y con una cara de dolor, como si ella tuviera un dolor muy fuerte en la cabeza.

— Pobrecita, ese espíritu no deja de torturar tu pobre cabeza, ¿¡verdad!? — Entonces, Antonina habló, quedándose unos pocos pasos cerca de la chica.

— No deja de decirme que me levante y te arranque los brazos, de meterle los dedos en los ojos, hacerle tragar piedras…— Se notaba que la pobre estaba sufriendo. — ¡Y no pará, no se calla! ¡Y lo más horrible es que se ríe y dice que son solo bromas, que quiere hacer eso solo porque le parece gracioso! —

— No te preocupes, no me hará daño, yo estoy protegida por los buenos espíritus. Cualquier intento de atacarme será funesto. Solo relájate, e ignora aquella voz…— Antonina lo dijo con una gran seguridad, mostrando una sonrisa que intentaba convencer a la pequeña de que era verdad.

— ¡Pero no puedo hacerlo…! — Le replicó la niña.

— Lo harás, solo tienes que confiar en ti misma, todo saldrá bien. —

— ¡¿De verdad!? — Al final, la niña empezó a confiar en sus palabras.

— Por supuesto que sí. — Le respondió con ternura y luego le preguntó esto: — ¡¿Lo puedes intentar, verdad!? — La niña movió afirmativamente la cabeza.

— Ahora te tocaré la cabeza y te acariciaré. Ahí verás que el espíritu no me habrá atacado, ni controlando tu cuerpo ni con sus poderes malignos. —

No dijo nada más, Aiyanna cerró sus ojitos y empezó a luchar contra aquel espíritu maligno, ignorando completamente sus horribles amenazas, feas burlas y cruentas risas, a la vez que intentaba evitar pensar en que no podría conseguirlo. Antonina se acercó a ella y poquito a poco una de sus manos se dirigía hacia la cabecita de la muchacha, dispuesta a acariciarla.

Aquellos momentos parecían haber durado casi una eternidad, tanto para la pobre Aiyanna como al resto del pueblo, los cuales sintieron muchísimo nerviosismo y temor al notar aquel silencio. Aguantó con todas sus fuerzas hasta que notó como algo le tocaba la cabecita y la empezaba a acariciar.

Entonces, Aiyanna abrió sus ojitos y vio a aquella mujer llamada Antonina Aleksándrovna Freud, chamán real del Zarato, delante suya, sentada en cuclillas, que, con una sonrisa llena de amabilidad y dulzura, le dijo esto:

— ¡Ves que no pasaba nada! ¡Los buenos espíritus me han protegido! —

Aiyanna no dijo nada, solo se quedó callada, totalmente enfocada hacia esa persona que parecía un ángel, un ser místico que había venido a salvarlas. Y aquella horrible voz que le torturaba con sus risas, sus insultos  y sus amenazas; de golpe, se calló.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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