Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Segunda parte, centésima decimoséptima historia.

Bueno, ¿en dónde nos habíamos quedado? Ya lo recuerdo. Nuestra pobre chica, Aiyanna, se escondió en una cueva, poco después de que Antonina Freud hubiera llegado al pueblo. Aterrada por aquel horrible espíritu que la torturaba con pensamientos monstruosos, huyó para evitar que no le hiciera daño al chamán que iba a ayudarla. Ésta entró en la cueva y se acercó a ella, a pesar de que le decía que no se acercará más, que aquel terrible monstruo le iba a hacer algo. Pero, con la protección de los buenos espíritus, la tocó delicadamente y cayó a la bestia.

Después de aquellos acontecimientos, Aiyanna salió de esa cueva, cogida de la mano con el chamán real del Zarato. El pueblo estaba estupefacto, habían observando de primera mano el poder de aquella legendaria mujer.

— ¡No tengan miedo! ¡He calmado el espíritu maligno y estará bien! — Y ella les habló. Hubo gritos de euforia y felicidad, pero Antonina Freud las paró con estas palabras: — Aún no le sacado de su cuerpo, sigue ahí, pero seguramente tendremos unas cuantas horas de alivio y paz para esta pobre muchacha y este humilde pueblo. —

Con estas palabras y el anuncio de que, para poder sacar al espíritu maligno, ella tenía que pasar una buena temporada en el pueblo, la gente volvió a sus casas muy tranquilo, sabían que Antonina defenderá la paz de este lugar.

— ¡Muchas gracias, de verdad! ¡Se lo agradezco de todo corazón por lo que está haciendo con mi hija! — Nizhoni le decía estas palabras, después de volver a su casa. Había ofrecido alojamiento a Antonina, quién aceptó encantada.

— ¡No pasa nada, mujer, es un gusto poder ayudar a esa pobre criatura! — Le replicaba, mientras probaba la bebida que le había ofrecido. — Además, ese té es una verdadera delicia, tengo que reconocerlo. —

— Me alegra mucho que le guste, Doña Antonina, son de mi huerto. Tengo plantas de té en mi huerta, así que los aprovecho un montón. — Su cara se iluminó de felicidad la oír este elogio, era todo un honor para ella, casi le iba a dar algo por lo emocionada que estaba. Mantuvo la compostura, no quería comportarse de forma indigna delante del chamán real.

— Se están volviendo muy populares por el Zarato últimamente. — Le comentó, a continuación. Hasta hace poco, el té no había sido introducido por el Zarato y al llegar, se extendió rápidamente por todo el reino.

— Un tío mío los trajo de la capital hace apenas un año y extendió por todo el pueblo sus bondades. — Añadió Nizhoni.

Antonina dijo algo más, antes de ponerse a mirar la ventana muy pensativa, mientras se terminaba el té. El sol ya se estaba escondiendo en el horizonte, dando un amanecer bastante peculiar y hermoso para sus ojos. Entonces, el bostezo de una muchacha hizo que dejara de admirar aquel espectáculo.

— ¡¿Ya tienes sueño, Nonoma!? — Le preguntó Antonina, mientras le acariciaba la cabeza. — Aún queda por preparar la cena. —

— ¡Doña Antonina, por favor! — Le replicó muy molesta y avergonzada, mientras quitaba la mano de Antonina de su cabeza. — ¡No me tratéis como una niña, os lo ruego! — Ella, tras reírse un poco, le decía que no era su intención tratarla así. A continuación, Nizhoni, después de observarlas un poco en silencio, se atrevió a preguntarles esto:

— Por cierto, Doña Antonina, ¡¿la moza que has traído con usted es algún pariente!? —

Nonoma, junto con el resto de los que acompañaron a Antonina, quiso ir a dormir en el lugar dónde vivía el jefe de la aldea, ya que tenía habitaciones para invitados. Pero tuvo que acatar la orden que le mando ella, que no era nada más ni nada menos que acompañarla por las noches en la casa de la  dónde vivía la chica que tenía el espíritu maligno, algo que no quería, ya que no se sentía segura cerca de aquella niña. Por eso, estaba algo irritable y cualquier cosa que le decían se lo tomaba muy mal:

— ¡Vuestra merced, no diga disparates! Escuchad bien, no es un pariente ni tenemos ningún lazo de sangre. Yo solo estoy haciendo mi labor, que no es otra que ayudarla y acompañarla en el trabajo que hace en esta aldea. —

Nonoma le respondió de una forma algo brusca y poco amable, provocando que Antonina le regañara:

— No trates así a esta buena mujer. Recibimos el honor de que nos dejara dormir en su hogar, no hay razón lógica para soltarle tales insultos. — La chica le replicó avergonzada que le perdonarán a Antonina y a Nizhoni, que eso no era su intención. Luego, ésta se dirigió hacia la madre de Aiyanna con esto: — Perdón por esas palabras, es que esta moza le gusta responder así. De todas maneras, es harto cierto lo que ella dice. —

Nizhoni les dijo algo más, antes de que su marido llegará a casa, quién tuvo que hablar con el jefe de la aldea. Se trajo varias cosas que los pueblerinos y su líder le dieron para satisfacer al gran personaje que iba a vivir en los próximos días en su casa. Tras la calurosa bienvenida que le dio su esposa, éste les preguntó cómo estaba Aiyanna:

— Pues la pobrecita, después de todo lo que pasó, se ha quedado dormida. Y esa horrible cosa no le va a atormentar hoy, descansará tranquila. — Le contestó su esposa. Navajo no pudo evitar soltar un suspiro de alivio y de felicidad por su hija, comentando esto:

— Menos mal, apenas podría dormir por culpa de ese horrible espíritu. —

— Aún así, no podemos confiarnos, ese espíritu maligno puede volver a atormentarla en cualquier momento. — Pero Antonina intervino, lanzando estas palabras de aviso. El matrimonio tuvo en cuenta aquellas palabras, aunque rezaron que se alargará todo lo posible.

Después de aquellas palabras, para aligerar la tensión, Antonina propuso empezar con la cena, algo que todos aceptaron al momento. Fue una cena muy cálida y agradable para todos, incluso para Nonoma, a pesar de que se sentía algo aparte de la conversación que tenían los adultos.

Y la hora de dormir finalmente había llegado. Los padres decidieron dormir con su hija en su habitación, mientras dejaba su cuarto para las invitadas. Al entrar en el lugar y soltar su equipaje, Antonina y Nonoma empezaron a ponerse la ropa para dormir. Ahí es cuando la chica, mientras se desvestía, comentó esto:

— ¡A fe mía, no sé cómo tienen la valentía de dormir con aquella niña! Yo ya tengo escalofríos por solo tenerla en el cuarto de al lado. —

— ¡¿Tanto miedo te da ella!? — Le preguntó Antonina.

— No es a la moza, sino el espíritu que tiene dentro. — Le replicó Nonoma, muy preocupada y aterrada. — ¡¿Y si aquel monstruo nos atacan, mientras estamos soñando profundamente!? ¡¿Cómo vos puedes estar tan tranquila, cuando tienes a esa cosa al lado!? —

Con gran serenidad y tranquilidad, Antonina le respondió con esto: — Si tanto miedo te da el hecho de que esa pobre chica tiene un espíritu maligno, entonces puedes pensar que ella no lo tiene. —

Nonoma se quedó sin palabras al oír eso. No dejaba de preguntarse qué quería decir ella con eso. Antonina, al notar su reacción, siguió hablando:

— Sabes, en el exterior no creen en los espíritus, muchos creen que son productos de la imaginación o supersticiones. Tienen la extraña manía de “racionarlo” todo. Es decir, que toda cosa en este mundo tiene una causa explicable o entendible, sin introducir elementos considerados para ellos “sobrenaturales”. Si tienes miedo de un espíritu, puedes pensar como esas personas e imaginar que lo que sufre esa niña es algo natural. —

— No la entiendo, ¡¿cómo puedo hacer eso, pardiez!? Hasta usted dice que eso es un espíritu. — Le replicó Nonoma, que aún le costaba asimilarlo.

— Y si te dijera que, en realidad, ella no está realmente afectada por un espíritu maligno, ¡¿qué me dirías!? —

— ¡¿Entonces, es verdad!? — Nonoma dio un pequeño grito de sorpresa.

— En el mundo exterior, ellos denegarían que lo que le pasa a esa niña sea producido por un espíritu. Lo que le ocurre es que tiene un problema dentro de su mente. Si la vieran, creerían que tiene una enfermedad mental. Tengo que reconocer que, desde que la vi, yo empecé a pensar que lo que sufre es algo parecido a un “trastorno de personalidad múltiple”. Aunque esto no debe ser considerado un diagnóstico. —

La cabeza de Nonoma, incapaz de entender todo lo que le estaba diciendo aquella mujer, estaba a punto de estallar por culpa de la confusión.

— Pero tiene muchísimo sentido llamarlo espíritu maligno o malvado, esa hipotética segunda personalidad actúa como tal. No puedo renegar que los aldeanos piensen así, yo también lo haría. Es otra forma de pensar valida, no puedo llamarlos supersticiosos o ignorantes. Solo debo hacer mi trabajo, ya sea “exorcizarla”, como dicen ellos, o “dándola sesiones de terapia”, lo que dirían la gente del exterior. —

— ¡Vamos a ver, Vuestra Merced! ¡¿Esa chica tiene o no tiene un espíritu maligno dentro de su cuerpo!? — Le preguntó seriamente Nonoma, muy molesta, ya que empezó a creer que se estaba burlando de ella.

— Tú misma debes elegir la respuesta. Creer o no creer, esa es tu tarea, no la mía. — Al ver la cara de mala leche que le puso Nonoma, después de oír esa respuesta, empezó a reír y luego añadió esto:

— De todas maneras, es muy romántico creer en los espíritus, ¿¡no te parece!? —

Nuestra querida Antonina nos dejó con una cuestión muy interesante y que a una le encantaría comentar en resumidas líneas. El ser humano, después de todo, tiende a buscar respuestas en todo lo que ve e incluso lo que no puede ver. Tanto lo considero “sobrenatural” como lo “racional” son solo formas o herramientas de entender la realidad.

¡¿Cuál de los dos sería más legítima!? Normalmente, la respuesta que me dirían ustedes es lo “racional”, la ciencia y sus múltiples teorías. Pero esta solo puede observar lo observable, por mucho que intenten usarla para dar respuestas que solo la fe o la filosofía se atreven a debatir. Es cierto que hay preguntas y cuestiones que jamás podemos comprender con nuestras mentes, por muy científicos que nos ponemos. Solo tenemos certezas de hay algo más allá, pero que nuestra racionalidad no puede alcanzar a ver. Nuestros antepasados tuvieron que sacar todo tipo de explicaciones para poder entender todo lo que ocurría a su alrededor, muchas de la cuales, tras la llegada de la Ilustración, son “sobrenaturales” y por tanto, supersticiones. Es cierto que las personas han usado lo “sobrenatural” para varias cosas que las ciencias han podido comprobar, ¿¡pero aún así es menos valiosa que lo racional!?

Es un tema que podría ser muy interesante de comentar y debatir, pero estoy narrando una historia y no una obra filosófica. Mejor hay que dejarlo al aire y que nuestro lector decida pasar de esto o ponerse a pensar un ratito.

Antonina decidió cambiar de tema y le soltó esto: — Por cierto, hay algo que me parece muy curioso. Me sorprende muchísimo que  durante toda la tarde no hayas dicho nada…—

— ¡¿Sobre qué!? — Le preguntó Nonoma, con cierta incomodidad.

— Sobre Aiyanna. Cuando ella salió de la cueva, te sorprendiste mucho. Era como si no te esperaba su aspecto, como ella si fuera totalmente del resto de la aldea. Aún así no preguntaste, lo ignoraste. —

Tras escuchar esas palabras, Nonoma puso una sonrisa amarga, mientras se sorprendía de lo inteligente llegaba a ser Antonina. Lanzó un quejido y, con algo de fastidio, se lo explicó:

— Vuestra merced, quisiera haberles dicho eso a los del pueblo o a la moza en cuestión, pero no me atreví. Creo que estaría tocando un tema molesto para los pueblerinos. No se puede ignorar el cierto hecho de que ella lleva piel blanca como nuestra Zarina, ni que lleve un pelo extraño, que me parece azul y a la vez verde. Esa moza es extremadamente diferente del resto. —

Se calló por unos minutos, mientras recordaba cómo volvieron de la cueva al pueblo, tal vez. Todos le preguntaban a Aiyanna si estaba bien y cómo Antonina consiguió calmar el espíritu maligno. Entre varias risas, bromas y mucha exageración, les contaba lo que pasó. Nonoma les miraba incrédula, cómo si no entendía cómo podrían tratar bien a aquella chica. Luego, siguió hablando:

— Pero la verdad es que todo el pueblo se lleva muy bien con ella, la tratan como una más. Estuvieron muy atentos con la chica y no se la quitaron del medio ni la odian. Si se hubiera producido en otro lugar, los pueblerinos la hubieran matado para salvar al resto o la echarían de la aldea, sobre todo cuando es alguien muy diferente. Si les dijera algo, solo causaría molestar, o eso es lo que yo creo. —

Tras escuchar esas palabras, Antonina se puso a reír, algo que le molestó a Nonoma, quién le replicó. Ella le dijo esto:

— Puede que, para ti, sea muy curioso. Pero ella se ha integrado muy bien con esas personas. Con una rapidez sorprendente, pero eso se debe a que llegó siendo una pizarra en blanco. —

Nonoma quedó algo extrañada por las palabras que soltó Antonina, le preguntó qué quiso decir con eso y ésta le respondió:

— ¡¿Por qué será!? Por el momento, no te lo podré contar. Mejor ignora esas palabras, imagina que solo son puras estupideces. —

— ¡Vuestra Merced me enfurece! ¡Una servidora no puede entender qué cosas dices de verdad y de mentira! — Le replicó Nonoma, mientras se acostaba violentamente sobre la cama de paja.

— ¡Ya veo! — Antonina soltó unas risas. — ¡Perdón, perdón, pero así las cosas son muchas más interesante! —

— ¡Quisiera que me dejara en paz! — Añadió Nonoma, después de cerrar los ojos. — ¡No tengo la virtud de soportar estas molestas cosas! —

A los cinco minutos ella se quedó profundamente dormida. Antonina iba a hacer lo mismo, pero algo la detuvo a hacerlo. Oyó unos pasos y como la puerta se abría poquito a poco. Con una gran sonrisa, que dejaba claro que ella lo estaba esperando, le acercó la lámpara de petróleo que casi iban a apagar para mostrar su rostro. Al verlo y saber que lo adivino, dijo esto:

— Realmente esto está siendo muy interesante, debo reconocer que ha sido muy buena idea venir aquí, ¡¿con qué motivos has venido aquí, Aiyanna!? ¡O mejor dicho, Sasha! —

Ante ella estaba Aiyanna, pero estaba totalmente distinta. Con una sonrisa maléfica y unos ojos que dejaban claro que sus intenciones no eran muy buenas, llevaba en una mano una especie de navaja.

Más bien, lo que estaba ante Antonina, no era nada más ni nada menos que el espíritu maligno, aquel ser oscuro que torturaba día y noche a la pobre Aiyanna. Este monstruo, con palabras burlonas y desagradables, dijo:

— ¡Qué bueno volver a verla, doctora! ¡He venido a jugar a los médicos contigo! —

— Sería un placer, pero quiero descansar, es muy tarde para jugar. — Le replicó Antonina.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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