Centésima decimaséptima historia, Sin categoría

El funeral de una flor: Tercera parte, centésima decimaséptima historia.

Les voy a recordar cuales fueron los acontecimientos, antes de continuar, si no es mucha molestia. Nuestra querida Antonina estaba a punto a acostarse y tener una buena noche, pero una persona la interrumpió, metiéndose en el cuarto en dónde iba a dormir junto con la señorita Nonoma, que dormía como un tronco. La reconoció enseguida.

Era Aiyanna. No, era la pobre Aiyanna siendo poseído por aquel espíritu maligno cuyo nombre pronunció Antonina: Sasha. Y parecía que no tenía unas buenas intenciones, porque llevaba una navaja a mano. Después de que le hablará, hubo un corto silencio entre ellas dos. A continuación, el demonio rió de forma siniestra por lo bajo, antes de continuar hablando:

— Ahora parece que soy un espíritu maligno,… — Y se hizo un pequeño corte en el brazo, poniendo a observar cómo salía la sangre de su cuerpo. Luego, añadió con decepción: — Pues no me siento como un fantasma, la verdad. —

— Es curioso, la verdad. Perdiste la memoria como consecuencia de aquel disparo mortal en tu cabeza, algo que también me sorprende, sobreviste a duras penas. Podrías decir que fue un milagro. —

— ¡Qué mierda, yo nunca quise ese milagro! — Soltó un gesto de fastidio.

— De todos modos, pagaste un grave precio. Perdiste tu memoria, así como  tu propia personalidad, te convertiste casi en una pizarra en blanco. Aún así, había pocas posibilidades de que lo recuperarías, y sobre todo en tan poco tiempo. E incluso eso no es lo más extraño y fascinante del asunto, sino que el tú de ahora, Aiyanna, reniega de la anterior, Sasha. Es decir, se han formados dos “personalidades” dentro de ti.. —

— ¡¿Esto es jerga médica!? No entiendo ni puta mierda, ni me importa. —Le dijo con burla y desprecio. — Solo quiero un poco de diversión, ¡vamos a jugar! — E intentó alzar la navaja contra Antonina, pero, con la ayuda de los espíritus, la detuvo con gran rapidez, sosteniendo con fuerza el brazo en dónde sostenía el arma blanca. Ella siguió hablando:

— Es fascinante, ¿sabes? No solo sufres de pérdida de memoria, sino que supuestamente adquiriste dos personalidades. En un sentido muy figurativo, es entendible que ella te vea como un espíritu maligno. Definitivamente, debiste haber muerto. Más bien, dejar vivir a Aiyanna. —

— ¡Suéltame, maldita chamán de pacotilla! — Aquel espíritu maligno empezó a insultar a Antonina, mientras intentaba liberarse de su agarre, dando patadas y golpes al azar que ella esquivaba con facilidad: — ¡Puta estafadora! —

— No tiene lógica hacerte caso. Si te suelto, irías a hacer algo que a nadie le gustaría sufrir, mi querida Sasha. — Antonina rió amablemente. Eso solo puso más alterada al espíritu maligno. Ella siguió hablando con muchísima tranquilidad:

— Además, deberías moderar un poco mejor tu lenguaje. Después de todo, esta estafadora, este chamán de pacotilla, te salvó la vida. O le di la vida a Aiyanna, más bien. —

El espíritu maligno se rió fuertemente al escuchar estas palabras, para luego decirle esto: — No digas chistes, que me haces gracia. Por tu culpa, sigo atrapada aquí, en este teatro estúpido y sin sentido. Así que puedo soltar todo los insultos que me da la gana, estúpida zorra que solo sabe engañar a la gente. —

— ¿¡Yo, engañar a la gente!? Tal vez lo esté haciendo desde tu punto de vista, pero desde la mía no es así la cosa. Fueron ellos lo que te consideran un espíritu maligno y yo estoy de acuerdo, eres solo un espíritu maligno que tengo que exorcizar. Aún así, soltar esto es demasiado relativismo y la realidad es la misma por mucho que queramos o no. En mi defensa, diré que puede ser verdad o no eso que dices, pero no lo podemos demostrar por el momento de forma objetiva, si es que se puede… —

Al cansarse de tanto forcejeo, el espíritu maligno intentó morder el brazo que la sujetaba como si fuera un perro rabioso. Antonina esquivó aquel mordisco, liberándola de su agarre. Aún así, ella seguía estando tranquila y siguió hablando, mientras observaba fijamente a aquel ser aterrador:

— Después de todo, no puedo negar la existencia de tal idea, ni tampoco aceptarla, dentro de unos parámetros objetivos. Los espíritus, ya sean entendidos como fantasmas o una versión espiritual de los elementos del terreno, pueden que existan o no, y no hay manera de comprobarlo. Por tanto, si ellos lo creen, yo también lo haré. Es solo cuestión de fe. —

— ¡¿Ya has terminado con la cháchara!? — Le dijo el espíritu, al ver que Antonina se quedó en silencio. — ¡Es un alivio para mis oídos no oírte!—

Antonina no le respondió, solo le seguía observando con una gran sonrisa de seguridad que perturbaba demasiado a aquel ser demoniaco:

— ¡Dime, ¿en qué estás pensando?! — Le dijo entre una mezcla de burla y molestia. — Estoy a punto de apuñalarte y tú sigues mirándome con esa cara estúpida, ¡¿qué esperas!? ¡¿A qué tus espíritus te salven o algo así por el estilo!? — Dio una pequeña carcajada, mientras ponía una verdadera muesca de monstruosidad que solo seres malignos como ella podrían mostrar.

— Tal vez. — Pero eso no inmutó a nuestra Antonina, quién le replicaba estas palabras, llena de seguridad en qué no iba a morir a manos de aquel diabólico ser. — Estoy bendecida por los buenos espíritus, y no creo que sean menos que tú, querida Sasha. —

Eso enfureció muchísimo al demonio: — ¡Oh, los buenos espíritus me salvarán! ¡Estoy bendecida por ellos, bla, bla, bla,..! — Se burló de ella y, a continuación, se dirigió hacia ésta con la intención de apuñalarla. Gritó a pleno pulmón: — ¡Aquí tiene tu premio por hacer chistes de primeras! —

Antonina no movió ni un músculo, solo se quedó observando. Estaba en peligro, el espíritu maligno quería eliminarla. Pero, recordad, ella está bendecida por los buenos espíritus y se salvará con un gran milagro.

Milagro que ocurrió, porque Sasha, al dar los primeros pasos, se detuvo bruscamente, mientras la navaja caía al suelo. Ella estaba inmovilizada, incapaz de moverse. No se había vuelto de piedra, sino que algo la había detenido, intentando proteger a nuestra querida Antonina. El demonio, a  continuación, cayó al suelo de rodillas, mientras se ponía las manos a la cabeza y gritaba:

— ¡Vamos, déjame! ¡Me estás provocando dolor de cabeza, déjame en paz! ¡Este es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él! —

Al parecer, el demonio estaba luchando contra algo que solo se encontraba en su interior, que intentaba coger el control del cuerpo para evitar aquel apuñalamiento. No paraba de soltar chillidos de dolor, mientras se movía de un lado para otro por el suelo, incapaz de aliviar lo que sentía. Antonina supo enseguida que estaba ocurriendo, la otra personalidad de aquella chica, Aiyanna, intentaba tomar el mando. Las dos partes empezaron a gritarse mutuamente, como si fueran dos personas distintas discutiendo.

— ¡Deja de poseerme! ¡Es mi cuerpo, no el tuyo! — Uno no sabía quién era Sasha y quién Aiyanna. — ¡Mentira, siempre ha sido mío, idiota! ¡Tú eres yo, yo soy tú! — Fuera, solo se veía a una sola chica gritando a todo pulmón incoherencias. — ¡No es verdad! ¡Tú eres solo un espíritu! —

— Supongo, que es hora de hacer mi trabajo…— Añadió tranquilamente Antonina, mientras observaba la escena. Ella se acercó a la chica y la cogió con los brazos dulcemente, con intención de tranquilizarla e inmovilizarla. Empezó a recitar encantamientos en griego clásico y latín para ayudar a la niña poseída a librarse del control que tenía aquel demonio. Ésta no paraba de insultarla, mientras intentaba liberarse de sus brazos, a la vez que la otra parte le pedía a gritos que parase de una vez.

Naturalmente, los gritos despertaron a todo los que estaban durmiendo en la casa. Nonoma, que, a lo primero, intentó ignorar el ruido, no lo pudo soportarlo y gritó esto, mientras se levantaba de la cama:

— ¡Por el nombre del Padre, pueden vuestras mercedes callarse! ¡Hay una servidora que intenta dormir! — Luego, al ver la situación, gritó con una mueca de sorpresa y horror: — ¡¿Pero, por todos los Santos, qué está pasando!? —

También se oyeron chillidos de los padres, al ver que su hija no estaba con ellos y se estaba escuchando un griterío en la habitación de al lado. Ellos lo supieron rápidamente y se fueron directos a allí:

— ¡¿Qué está ocurriendo!? — Gritaron los dos y, al ver la escena, soltaron con una mueca de horror: — ¡¿Aiyanna!? ¡¿Qué te pasa!?—

— ¡No se acerquen! ¡Ella y yo estamos luchando contra el espíritu maligno, debe mantenerse alejados! — Les dijo con toda la tranquilidad del mundo.

— ¡¿No hay nada que podamos hacer!? — Le preguntó tímidamente, incapaz de soportar lo que estaba viendo. Quería salvar a su querida hija, de alguna manera. Antonina le dijo que no se preocupará, que todo iba a estar bajo control. Su marido, al ver que aquella respuesta no podría satisfacerla, añadió: — ¡Hazle caso, ella lo tiene todo controlado, dominará esa bestia de nuevo y nuestra Aiyanna estará a salvo! —

Los dos empezaron a rezar fuertemente para que los buenos espíritus, Dios todopoderoso y su hijo ayudaran a Antonina y a Aiyanna.

Todo el mundo espero con el alma en vilo mientras la chica poquito a poco dejaba de forcejear, fueron unos minutos de silencio y de gran tensión que parecían horas. Antonina era la única que parecía tranquila y relajada, los demás no dejaban temblar con un gran nerviosismo. Y yo no les culpo, estaban ante una criatura horrible que tenía el poder de poseer a las personas, ellos no sabían lo que iba a hacer a continuación.

Por fin, la chica se detuvo y paró de moverse. A continuación, empezó a jadear de cansancio levemente durante un buen rato, mientras cerraba los ojos. En cuestión de segundos, ella se quedó dormida, dejando un silencio sepulcral, que fue roto rápidamente:

— Vuestra merced, ¿¡ya ha podido controlar al espíritu maligno!? — Le preguntó Nonoma en voz baja, llena de miedo y temor.

— Sí, lo hemos calmado, esperemos que esta vez duré mucho más. — Y eso le respondió Doña Antonina, que lo decía con tal seguridad que alivió a todo el mundo.

— ¡Menos mal! ¡Menos mal! — Decía la madre, mientras caía al suelo de rodillas y empezaba a llorar de alegría. El marido la abrazó con todas sus fuerzas, mientras decía esto: — ¡Gracias a Dios que no ha pasado nada! ¡No llores más, todo está bien ahora! —

Tras esto, llevaron a Aiyanna con muchísimo cuidado a la habitación de sus padres y estos se acostaron, aunque intranquilos, no querían que se volviera a repetir lo que había pasado. Doña Antonina, con toda la tranquilidad del mundo, se acostó en su cama e iba a cerrar sus ojos para poder descansar, pero, entonces, vio a Nonoma, que estaba de pie, mirando la ventana.

— ¡¿No puedes dormir!? — Le preguntó Antonina.

— Pues no. — Le replicó, con una cara llena de preocupación. — Después de lo que acaba de pasar, no seré capaz de estar en reposo, ¡mejor estar alertar, por si aquel terrible espíritu vuelva a entrar en esta habitación! —

— Entiendo que estés así, es una reacción normal y entendible. Aún así, creo que deberías relajarte y dormir. Estamos protegidas por los buenos espíritus, ¡no tienes que preocuparte! — Nonoma le echó un pequeño vistazo a Antonina, antes de continuar hablando:

— Ya dudo si existen o no, esos espíritus del que hablas…— Dio un suspiro de molestia. — Vuestra merced, ¡es mejor estar prevenidas, no podemos tomar sueño en estas condiciones! —

— Bueno, si eso es lo que crees tú, pues te dejaré hacer de vigila esta noche. Yo recuperare mis energías mientras viajo por el mundo de los sueños. —

Y con esto dicho, ella se calló y cerró los ojos. Nonoma volvió a observarla, incrédula ante el hecho de que estuviera tan tranquila, comentó:

— ¡Realmente, Doña Antonina es impresionante! Tal vez, tenga razón y está protegida por los buenos espíritus. Por eso, ha estado tan tranquila…—

Al día siguiente, cuando los gallos anunciaban que el sol ya estaba saliendo por el levante, todo el mundo se despertó sin ninguna novedad. Por suerte, nada más ocurrió durante la noche, algo que dio muchísimo alivio. Doña Antonina, tras levantarse y prepararse para salir a desayunar, vio como Nonoma dormía plácidamente en la cama. Se preguntó cuánto tiempo había aguantado la sirvienta y tenía muchas ganas de preguntárselo. Pero prefirió dejarla dormida por el momento. Ya, mientras comía con la familia:

— ¿¡Entonces, no recuerdas lo que paso!? — Le dijo Antonina a Aiyanna. Ésta movió la cabeza de forma negativa, respondiendo esto:

— No, la verdad es que no…— Al escuchar aquella respuesta, los padres gritaron muy perplejos, antes el hecho de que ella no lo pudiera recordar. Ésta se dio cuenta de que ocurrió algo y añadió: — ¡¿Ha pasado algo malo, el espíritu maligno me ha controlado esta noche!? —

Las caras que pusieron sus padres era una respuesta suficiente para que ella supiera la verdad. Antonina no respondió, estaba ocupada en terminarse el té, para luego mover la cabeza afirmativamente:

— Ya veo…— Puso una cara de horror. — La verdad es que lo imaginaba. Creo recordar algo. Más bien, lo siento como si fuera un sueño. Apenas me cuesta saber cómo fue, pero sé que tenía que ver con ese monstruo…—

Los padres miraron a Antonina, esperando que ella dijera algo, porque ellos no se atrevían a contarle cómo fue, además ellos no sabían muy bien lo que había pasado aquella noche. Tuvieron que esperar a que terminar de comer para que ésta empezara a hablar:

— Por desgracia, así fue. El espíritu maligno controló tu cuerpo con el objetivo de dañarme, pero no pudo conseguir su objetivo. Gracias a ti. —

— ¡¿Gracias a mí!? ¡¿De verdad, Doña Antonina!? ¡Ni siquiera recuerdo haber resistido contra ese monstruo…! — Estaba realmente sorprendida.

— No lo recuerdas, pero lo hiciste. Por otra parte, es normal que no puedas recordar lo que pasó, ya que estabas siendo poseída. Aún así, a pesar de esto, tú te diste cuenta de la situación y me salvaste, aunque fuera de forma semiconsciente. — Todos le preguntaron qué quería decir con aquella palabra tan rara, pero Antonina les dijo que no había ninguna necesidad para que ellos lo supieran. A continuación, ésta, mientras se postraba ante la chica, le dijo: — De todas maneras, te agradezco de todo mi corazón que me hayas salvado, jovencita Aiyanna. —

Ella no pudo responder, aquellas palabras de agradecimiento le pusieron tan roja como una tomate. Esbozó una gran sonrisa, al saber que ella fue capaz de enfrentarse contra aquel espíritu que le poseía, algo que le daba mucha esperanza en librarse de aquel horrible ser. Sus padres la felicitaron y la elogiaron, felices de que aquellas palabras de Doña Antonina le habían levantando el ánimo a su hija. Continuó hablando, mientras se levantaba de la silla:

— Ha sido tu propia voluntad, tú misma te estás levantando contra aquel terrible monstruo. Y mi trabajo es ayudarte a sacártelo sin que haya graves problemas. Me gustaría exorcizarlo lo más rápido posible, pero estas cosas llevan su tiempo, así que será largo y difícil. A pesar de la dificultad, juntas lo vamos a conseguir, ¿¡a qué sí Aiyanna!? —

Aiyanna dudó por unos momentos, preguntándose si sería capaz de hacerlo; pero, al final, le respondió que sí sin ningún tipo de duda, con muchísima determinación. A Doña Antonina, aquella gran respuesta le gustó.

Estaba muy feliz de comenzar la terapia en ella, no podría esperar que otras cosas tan interesantes y sorprendentes había dentro de aquella chica que tenía doble personalidad, de la misma que sobrevivió de milagro, tras haber sido atravesada por la bala de la Zarina. Antonina se sintió muy feliz de haber salvado aquella caja de sorpresa que una vez se llamó Sasha.

FIN DE LA TERCERA PARTE

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