Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Quinta parte, centésima decimoséptima historia.

— ¡¿Qué hacen aquí!? — Les decía Antonina a los chicos, mientras, con mucha tranquilidad, se acercaba a ellos. — ¡¿No nos estaban espiando, verdad!? —

Eso fue lo primero que hizo nuestra Antonina, cuando descubrió que un grupo de chicos las estaba observando desde la lejanía. Eran amigos de Aiyanna y se miraron los unos a los otros, como si se preguntaban en silencio qué tenían que decir. Luego, fijaron su atención a un chico del grupo en especial, que parecía ser el supuesto cabecilla del grupo.

— ¡¿Por qué me miran azí!? — Les gritó el chico muy molesto, cuando se dio cuenta de que le estaban observando. — Yo no oz invite a ezto. —

En apariencia, parecía ser el chico más alto de todo y el que tenía mayor edad, podría decirse que ya había entrado en la adolescencia. Con su aspecto rudo y aguerrido, parecía ser un chiquillo muy peleón y travieso, el que nunca hace caso a sus padres y disfruta metiéndose en mil problemas. Además, parecía tener una especie de carisma, algo que provocaba que los niños se le acercaran a él y lo volvieran en una especie de líder.

— Tú fuiste el primero que empezó a seguirlas, nosotros  fuimos a acompañarte. Así que tú debes responderle a Doña Antonina. —

Aunque se podría dudar de eso, porque fue replicado de una forma muy brusca y poco agradable por otro miembro de aquel grupillo. Era una de las chicas, la más pequeña en altura, aunque parecía igual de madura o más que el cabecilla. Jugaba muchísimo con su larga melena, que le ocultaba toda la espalda, de una manera tan coqueta como orgullosa, parecía como si fuera una niña procedente de la nobleza más selecta, aún cuando podrías adivinar, por la pobreza de su vestimenta, que era una pueblerina más. Al parecer, era una chica con un carácter de hierro.

— Yo no oz pedí que vinieraiz, fuizte vozotros. — Al parecer, ninguno se atrevía a decirme una respuesta. — Y no tengo que hacé eso. —

¿¡Les daba vergüenza admitir ante la gran y poderosa Antonina que las estaban espiando, o tenían miedo de que se enfadara o le molestara que fuera eso lo que estaban haciendo!? De todos modos, ella, sin perder la sonrisa ni la compostura, se le acercó con la intención de decirles esto:

— ¡No se preocupen, no voy a regañaros! ¡Así que pueden decirlo! —

— ¡¿De verdad!? — Preguntaron todos a la vez, sorprendidos ante aquella gran amabilidad que mostraba sus palabras. Ella movió su cabeza de forma afirmativa, provocando que se atrevieran a decirlo:

Puez la verdad ez que . — Eso dijo el cabecilla. Todos asintieron la cabeza tímidamente. — Pero, ez que eztábamos preocupaós por Aiyanna, de verdad. — Y los demás le dieron la razón, todos a la vez le dijeron a Antonina que eso era cierto.

Lo primero que hizo Antonina fue ponerse a reír, algo que provocó mucha extrañeza entre los presentes, que no entendía porque reaccionó así. Tras sus risas, que duraron apenas unos segundos, ella les comentó la razón de eso, manteniendo su tono cordial y amable:

— Entiendo vuestros queridos sentimientos. Si estuviera en vuestro lugar, también estaría preocupada por Aiyanna. Aún así, ponerse a observar desde la lejanía, escuchando conversaciones ajenas, no es algo que unos niños deben hacer. No deberían hacerlo la próxima vez, ¡¿entendido!? —

Ellos le dijeron perdón a Antonina y ésta añadió que no pasaba nada, que hacer eso era normal. Luego, echó un vistazo a Aiyanna, a quién apenas escuchó decir algo. Se la encontró escondida, detrás de un árbol y de una distancia considerable hacia a su grupo de amigos y al “chamán”.

— ¡¿Qué ocurre!? — Le preguntaba a una Aiyanna temerosa y temblorosa. — ¡¿No te alegras de que tus amigos estén preocupados por ti e incluso se te acercan, a pesar de que tienes un espíritu maligno!? —

Ella le movió la cabeza de forma afirmativa, con un silencio bastante preocupante. Antonina siguió preguntando:

— Entonces, ¿¡por qué estás así!? — Ella no se atrevió a contestar. Los demás chicos asistían en silencio, con unas caras llenas de preocupación e incomprensión ante aquella reacción.

Pero, para Antonina, aquella forma de actuar era muy previsible. Así que se atrevió a preguntarle esto:

— ¿¡Es por qué tienes miedo de que el espíritu maligno controle tu cuerpo y los ataque!? — La chica asintió la cabeza cabizbaja. Luego, añadió esto, muy apenada:

— Lo siento mucho, pero no quiero hacerles daño.  Ese monstruo siempre les insulta y me dice cosas horribles que le gustaría hacerles. —

A continuación, hubo un corto silencio, antes de que los demás niños, que la observaban con un rostro que mezclaba preocupación e impotencia, se atrevieran a hablarle a Antonina:

— ¡¿Por qué eztá tardaó tanto!? — Le exigía, con muchísima rabia, el chico que parecía ser el cabecilla del grupo: — ¡¿Por qué no le zaca eza coza de una vez!? —

— ¡¿No es usted un gran chamán!? ¡Podría ser capaz de sacarlo de un solo golpe! — Añadió otra chica, quién era la fémina más alta del grupo. Se lo decía, mientras juntaba sus manos, como si estuviera a punto de rezar.

Y a partir de aquí, todos empezaron a hablar a la vez, pidiéndole a Doña Antonina que luchará contra el espíritu maligno y derrotarlo ahí mismo, algunos se lo exigía a la fuerza, otros se los suplicaba con muchísima humildad. Ella decidió no contestar nada durante varios segundos, solo se quedó en silencio, escuchándolos y observándolos con toda la tranquilidad del mundo. Al final, fue la misma Aiyanna, que decidió intervenir. Aunque incapaz de levantar la voz, les dijo esto: — ¡Chicos, chicos! ¡¿Pueden parar!? —

Al oír la débil voz de su amiga, éstos se callaron y dirigieron su mirada hacia ella, quién añadió: — Ella me ha explicado que no es tan fácil, es muy complicado sacarlo. Es largo y difícil, ¡de verdad!—

— Ella tiene razón. — Intervino, entonces, Antonina. — No podemos adelantarnos o podríamos acabar fatal, es un asunto complicado. —

Los chicos, al comprenderlo, empezaron a pedirle perdón a Antonina por haberse comportado de esa manera. Todos a la vez hicieron una reverencia ante ella, diciéndola que lo sentía por comportarse de una forma tan burda ante alguien tan santa. Ella añadió:

— No os preocupéis, habéis demostrado que estáis preocupados por ella y la queréis. Las gentes del exterior, si lo hubieran observado, se llenarían de envidia al observar esta escena. — Y empezó a acariciarles las cabezas de forma materna, mientras mostraba una sonrisa que les iluminó.

— ¡No hacía falta que me tocazez la cabeza! — Añadió el cabecilla, con la cara muy roja. — ¡No zoy un mozalbete! —

— ¡¿Pero qué dices!? Debes bendecir a Dios por esto, seguro que nos ha dado una parte de su poder y los buenos espíritus nos van a proteger. — Eso le replicó una de las chicas del grupo. El resto estaba muy feliz por haber sido tocados por Doña Antonina.

Después de agradecerla por haberles tocado la cabeza, ella añadió esto:

— Y debo decirles que Aiyanna es digna de ser vuestra amiga. Su miedo a heriros es una prueba sólida. —

Aiyanna no dijo nada desde el lugar en dónde se estaba ocultando, y el resto tampoco se atrevió a decir algo, mientras la observaban en silencio. Al final, tras varios segundos, el cabecilla le dijo a Antonina, mientras apretaba el puño por la impotencia y la rabia:

— Aún azí, a pesar de que zomoz amigos, no podemoz ayudarla. —

Los demás se atrevieron, entonces, a hablar:

— Desde que descubrió que fue poseída por el espíritu, ella siempre se aleja de nosotros. —

— Ella siempre es muy divertida y graciosa, ahora está triste y desanimada. Eso nos hace sentir fatal. —

— ¡Maldito espíritu maligno! Si no se hubiera puesta a poseerla, nada de esto hubiera pasado. Por su culpa, no podemos estar juntos. —

Finalmente, una chica del grupo le preguntó a Antonina: — ¿¡Hay algo que podemos hacer por ella!? —

Antonina cerró sus ojos por un momento, muy pensativa. Tras un silencio corto, los abrió y dijo:

— Por ahora, me gustaría que vosotros me contaseis cómo ha sido vuestra experiencia con el espíritu maligno, cómo os distéis cuenta de que Aiyanna empezó a actuar de forma extraña y cómo lo vivisteis. —

— ¿¡Ezo va a serví de ayuda, en zerio!? — El cabecilla dudó de que eso podría salvar a su amiga. — ¡No tiene zentido! —

Los chicos le iban a replicar a su amigo, pero Antonina se adelantó y con su habitual calma, se lo explicó: — Puede que no ayude mucho, pero es algo necesario. Tengo que comprender cómo se ha formado el problema, ya sea por palabra de la misma Aiyanna o de los demás. Si no sé cómo se ha formado, menos podré ayudar a tu amiga. —

El chico apenas se atrevió a replicar aquellas palabras y Antonina, al ver que no había replica, añadió: — Pero, antes me gustaría saber cómo os llamáis. —

Los amigos de Aiyanna la hicieron caso y se presentaron, aunque todos a la vez, provocando que Antonina les dijera que lo soltaran uno por uno. Así lo hicieron, soltando sus nombres cuando ella les tocaba su turno.

El primero fue el que parecía ser el cabecilla del grupo, le dijo con todo su orgullo que su nombre era Yevgeniy, en honor a su abuelo paterno, quién formó parte del ejército de la primera Zarina, cuando se levantaron contra los useños. Dejó muy claro que quería en el futuro ser alguien como él.

La segunda persona en tocarle fue la chica más bajita del grupo. Con una notable alta autoestima, se presentó con una elegancia bastante inusual en una chica de su condición social. Se llamaba Mailen.

En tercer lugar, la chica más alta del grupo fue elegida, quién tímidamente le dijo que su nombre era Milenka. El cuarto fue su hermano, el más joven y pequeño del grupo. Su nombre es Arhirani.

La quinta persona en tocarle sería a la chica que tenía el pelo más corto de todos, quién se presentó de una forma muy seria. Su nombre es Larrisa y parecía ser la más silenciosa del grupo.

La sexta persona que se había presentado fue el último chico del grupo, que le mostró a Antonina un comportamiento parecido a Yevgeniv, o más bien lo intentaba. Parecía que era una especie de admirador suyo, porque éste le imitaba, y además añadió textualmente que era su aprendiz. Su nombre era Winona.

Y por último, en el séptimo lugar, Ainelen se presentó. A pesar de que su estatura era la media del grupo, es quizás la que tenía mayor desarrollado sus atributos femeninos. Antonina noto un aura de hermana mayor en ella, mientras se presentaba con mucha humildad.

Y con esto hecho, ya era hora de que los amigos de Aiyanna le contaran a Antonina cómo vivieron el proceso que sufriría su amiga después de haber sido poseída por el espíritu maligno.

— La verdad es que yo fui la primera en darse cuenta. — La primera en hablar fue Ainelen. — No sé cuándo empezó, pero fue hace poco. —

— A vecez, de repente, ella cambiaba totalmente. Parecía otra chica, actuaba de forma muy dezagadable y molezta. Era muy raro, aunque lo pasamoz por alto, por lo menos al principio. —

Antonina decidió indagar en eso, preguntándoles cómo se comportaba ella cuando el espíritu maligno la poseía. Hablando uno por uno, los chicos le explicaron que les hacía bromas muy crueles y desagradables y les trataba muy mal apenas mostraba empatía o alguna muestra de cariño hacia los chicos. A veces, cuando le pillaban haciendo una broma de las suyas, ella solo hablaba como si ellos fueran unos tontos, dándole entender al “chamán” que estaba utilizando el sarcasmo. Tras preguntar cuánto duraban aquellos cambios de carácter, los chicos no sabían que responder, solo que, cuando lo notaron, duraba muy poco, pero poquito a poco empezó a hacerse más largo. Luego, les preguntó si eso empeoró la amistad que tenían con ella, explicando que sería extraño que aquel extraño comportamiento no hubiera provocado que empezaran a alejarse de ella e incluso rompieran su amistad por ello. Ainelen le contestó:

— Bueno, siempre nos enfadábamos con Aiyanna y ella ni apenas se daba cuenta de lo que hazía. —

— Aún así, ella siempre conseguía que nosotros hiciéramos las paces con Aiyanna. — Intervino Mailen. — No sé cómo lo hacía. —

Antonina supuso que aquella chica era la que solucionaba los problemas que sufría el grupo, convenciendo a los enfrentados que se entendieran y se reconciliaran.

— Lo más raro de todo es que, quitando eso, se comportaba de una forma totalmente distinta. — Continuó Ainelen. — Ella ayudaba a los demás, era muy amable y nos hacía reír cuando más lo necesitábamos. Creíamos que solo era un problema extraño de carácter, así que intentábamos aguantar. —

— ¡Jamáz podríamoz haber imaginado que le eztaba pazando una coza tan grave! ¡Si noz hubiéramos dado cuenta antes! — Intervino Yevgeniy, que parecía que aún estaba dominado por la importancia y la rabia. Antonina veía en su rostro cómo se maldecía por no haberlo descubierto, mostrando que su preocupación daba la apariencia de ser algo más que amistad, algo que decidió comprobarlo diciendo esto:

— Parece que le tienes mucho cariño a Aiyanna. — Con solo oír eso, se puso rojo como un tomate.

— Bueno, p-puez, puez, claro que . —A pesar de su evidente tartamudeo y vergüenza, intentó lucirse y mostrarse de forma genial. — Ez como una hermana, y yo tengo que protegerla, ez mi mizión, zi tengo que zer como mi abuelo, mi labor ez proteger a todoz loz de la aldea, también a ella. —

Winona gritó lleno de admiración al escuchar eso, soltando lo genial que era su maestro, de forma muy exagerada. Las chicas, por el contrario, solo soltaron unas risitas:

— ¡¿Por qué ze ríen!? — Le replicó Yevgeniy a las demás. — ¡No he dicho nada grazioso! —

— No es nada. — Sorprendentemente la silenciosa Larrisa le respondió, soltando esto de forma burlesca. Las demás la siguieron. Ainelen le dijo con mucha delicadeza: — Es que es muy tierno de tu parte dezir eso. — Mailen añadió: — Es bien obvio, no lo tienes que ocultar. —

El chico se puso más colorado que antes, pero intentó hacerse el tonto, con la intención de ignorar lo que ellas intentaban sugerir. Ya que Antonina había comprobado lo que quería saber, echó un vistazo a Aiyanna. Ésta, sin entender lo que ocurría, le dijo muchas gracias a Yevgeniy, poniéndolo más colorado que antes. Éste le respondió que nada, mientras las chicas se reían aún más. Él tuvo que cambiar de tema para que éstas no siguieran con ese tema.

Antonina siguió interrogando a los chicos, preguntándoles todo tipo de detalles, aunque el resultado no fue como el que esperaba. A pesar de que le habían mostrados varios detalles que Aiyanna no pudo observar, no era muy revelador. Aún así, ella estuvo muy feliz de observarlos, le pareció muy interesantes.

Bueno, decir esto es muy redundante, ya que, para Antonina, todas las personas son interesantes, sin excepción alguna. Por algo, ella ama a toda humanidad.

Todos juntos volvieron a la aldea, hablando con tranquilidad. Aiyanna, a una distancia prudente, fue incapaz de intentar charlar o comportarse como siempre, a pesar de que deseaba hacerlo. Y los chicos le decían que no se forzara, que ya volvería a ser la misma, cuando aquel ser fuera expulsado de su cuerpo.

Al estar cerca de la casa de Aiyanna, el grupo se despidió de ella y de Antonina. Al quedarse solas, decidió preguntarle esto:

— ¿¡En qué piensas, Aiyanna!? — Le dijo esto, porque se dio cuenta de que ella estaba muy pensativa.

— La verdad es que se siente extraño que el espíritu maligno no me haya molestado en todo el día. — Le respondió ella.

— Entonces, deberías estar feliz. — Aún así, Aiyanna estaba cabizbaja y mostraba un rostro entristecido. — El poder de los espíritus malignos te están protegiendo. —

— Tal vez, pero siento que quiere hacer algo muy horrible. — Continuó Aiyanna. — Además, también estaba pensando en mis amigos. Me siento muy feliz de tenerlos. — Apretó los puños, con aquella determinación que mostraba sus ojos desde que decidió luchar. — Tengo que sacarlo, quiero poder estar con ellos sin el miedo de que ese monstruo les haga algo horrible. —

Antonina sonrió de oreja a oreja, antes de decirle: — ¡Lo conseguirás, te lo aseguro! ¡Después de todo, yo te ayudaré! —

Y con estas palabras, Aiyanna mostró una gran sonrisa. Sentía que ella era capaz de hacer cualquier cosa, con solo teniendo el apoyo de la poderosa y gentil Doña Antonina. Podría vencer al espíritu maligno, librarse de él para siempre.

FIN DE LA QUINTA PARTE

 

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s