Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Sexta parte, centésima decimoséptima historia.

Ya, en la noche, una sombra deambulaba por la casa, directa hacia la salida que le llevaría al exterior. A pesar de que no estaba tomando ningún tipo de precaución, aún cuando no deseaba ser descubierta; sus pasos eran rápidos y silenciosos.

Cuando había llegado a la puerta e iba a intentar abrirla, una pequeña luz se encendió. Procedía de una lámpara de petróleo, que alguien sostenía en sus manos, mientras miraba con una sonrisa a la persona que intentaba salir de la casa. Alguien se le había adelantado y se puso a esperarla en silencio.

Esa persona no era nada más ni menos que Antonina, quién se levantó y le dijo esto: — ¡¿No crees que es un poco tarde para salir, Aiyanna!? —

Pero ella no le contestó, solo se quedó inmóvil como una estatua, con un silencio misteriosamente macabro que brotaba de ella. Antonina decidió preguntarle de nuevo, al ver que no le interesaba contestarla:

— Supongo que el silencio también es una buena respuesta, ¿verdad, Sasha? —

Cuando oyó aquellas palabras, la chica empezó a reír de una forma muy siniestra y desagradable, aunque lo hizo moderadamente, para evitar que despertara al resto del hogar. A continuación, añadió en una mezcla de rabia y burla:

— Eres toda una vieja bruja, y esto lo digo con todo mi corazón, ¡qué mierda! ¡¿Por qué no te has quedado a dormir, como todos!?—

— Es un lindo elogio por tu parte. — Le replicó Antonina. —  Pero fue Aiyanna, que dijo que no te ibas a quedar quieta. Más bien, lo predijo. —

Aquel diabólico ser que había poseído de nuevo a Aiyanna, se acercó a Antonina con un rostro aterrador, que parecía mostrar que no ella no tenía buenas intenciones. Ésta ni se inmutó, se quedó observándola con una calmada sonrisa, mientras le decía esto:

— ¡¿Qué tienes en mente ahora, Sasha!? ¡¿Quizás, quieres hacerme daño!? Creo que eso te resultara muy difícil…—

— ¡¿Por qué piensas eso!? — Le decía la chica, poniendo una voz de pura retrasada para burlarse de ella. — Las casas siempre están llenas de cosas que pueden hacer daño, especialmente en la cocina. —

En verdad, no se dirigía hacia Antonina, sino hacia una especie de armario tosco y muy pequeño en dónde guardan los utensilios para cocinar, ya que en la cocina era imposible guardarlo. Abrió uno de los cajones sin que ésta se inmutara, observándola en silencio. Arqueó las cejas, tal vez pensando que cuál era la razón de que ella estuviera tan calmada y rejalada. Se dio cuenta enseguida, cuando registró todo el mueble no encontró nada, estaba vacío. Entonces, el “chamán” habló:

— ¡¿Y no crees que yo no he aprendido de la última vez, qué podrías usar cualquier objeto para atacarme!? —

Sasha la maldijo, insultándola con lo más desagradable que tenía. Antonina continuó:

— Todos los utensilios que podrían ser peligrosos se ha escondido para que tú no lo usarás y que Aiyanna no lo observara. Es algo que le ordené a sus padres, antes de dormirse. —

Bueno, hay que detener la acción un poquito, para explicar lo que ocurrió antes. Después de volver del paseo en las montañas, Antonina les ordenó a todos a una serie de medidas para evitar situaciones parecidas a las del otro día, entre ellas vaciar la casa de objetos o de poner a personas vigilando por todo la casa, por si la chica se escapara. Fue cumplido a rajatabla.

— Más que una vieja bruja, eres una vieja zorra. — Comentó Sasha, dando una carcajada sarcástica. Se veía una clara molestia contra Antonina, al ver que ésta se le estaba adelantando a todos sus movimientos.

— Déjate de elogios, que me vas a poner colorada. — Ironizó, provocando que Sasha lanzara una especie de quejido. — Lo importante aquí y ahora es adónde quieres ir y con cuáles intenciones, mi querida Sasha. —

— ¡¿Cuáles son mis intenciones?! — Gritó de forma desagradable, antes de soltar esto, actuando de forma exagerada y caricaturizada: — Pues quiero llenar el mundo de arcoíris y unicornios que lancen rayos laser para matar a todos. —

— Eso quiere decir que no me lo dirás. Bueno, esto me lo esperaba. —

Comentó Antonina, tras escuchar aquella respuesta absurda. Sasha continuó con sus ácidas burlas.

— ¡Pues sí, subnormal! — Se lo decía mientras arqueaba las cejas y ponía una desagradable sonrisa: — ¡¿Crees que te lo iba a decir tan fácilmente!? ¡Eres igual de idiota que Mahoma, y eso que no sé quién es! —

— Tienes suerte de que este reino no estamos bajo la Sharia, nuestros queridos musulmanes no tolerarían tales ofensas a su profeta. —

Sasha le siguió replicándola con sus horribles burlas y frases sin sentido, pero Antonina los ignoraba con toda la calma y tranquilidad del mundo.

— Bueno, entonces no queda más remedio que adivinarlo. — Prosiguió Antonina. — Sabes, me encanta las adivinanzas. Más bien, mi querida Sasha, es descubrir qué es lo que está pensando las demás personas. —

Ella no le dijo nada, solo le miraba con una cara desafiante y temerosa, como si no quería que ella indagara dentro de su ser.

— ¡¿Por qué el espíritu maligno, quién ha poseído de nuevo a la pobre Aiyanna esta noche, ha decidido salir afuera!? — Antonina empezó a dar vueltas a su alrededor, mientras la observaba de pies a cabeza, con la grata intención de encontrar gestos en su cuerpo que le podría ayudar a descubrir tal respuesta. — ¡¿Qué es lo que tiene en mente!? ¿¡Qué es lo que esconde en su interior para mirarme agresivamente!? ¿¡Ir a pescar a un afluente?! ¡¿O quizás hacer algo muy demente!? ¡Quiero saberlo, todo esto muy interesante, mi pequeña delincuente! —

Sasha no dejaba de observarla con el mismo rostro de antes, preguntándose qué intentaba hacer nuestra querida Antonina, ¡¿quería hacerla perder los nervios y la compostura para que soltara algo o solo se estaba haciendo la estúpida para burlarse de ella!?

— Entonces, ¿¡qué es!? — Continuó Antonina. — ¿¡Querías hacerle daño a los amigos de Aiyanna!? ¡¿O hacer algún tipo de locura en el pueblo!? —

Sasha mostró ningún cambio significativo en sus gestos o en su rostro, así que Antonina supuso que tal vez no era eso, aunque no podría descartar que pudiera haber pasado algo en alto o que ella lo hubiera escondido muy bien.

— ¡¿O quizás hacerle daño a la misma Aiyanna!? — Entonces, notó como Sasha hizo una mueca apenas inadvertida. Había dado en el clavo y se lo dijo: — ¡¿Me estoy acercando, verdad!? —

Sasha no respondió, pero arqueó las cejas y lanzó un pequeño gruñido, dejando más claro el hecho de que lo estaba adivinando. Al ver que ya estaba cerca, Antonina continuó:

— ¿¡Qué es lo que quieres hacerle a Aiyanna!? ¡O hacerte a hacerte a ti misma, más bien! ¿¡Vas a provocarte heridas, quieres perderte en lo más profundo de las montañas, que seas atacada intencionalmente por otras personas, o quizás…!? —

Entonces, calló y se quedó en silencio, dejando a Sasha bastante aturdida, preguntándose por qué cerró la boca. Tal vez era por qué ya se había dado cuenta de lo que quería hacer, ya que mostraba una sonrisa de satisfacción.

Ella no se atrevió a preguntarle nada, solo la miraba con muy mala leche y con una evidente intención de que se estaba preparando para golpear a Antonina. Lo que no se esperaba es que ésta empezó a caminar hacia la puerta y la abrió, mientras le decía esto:

— De todos modos, ¡¿por qué no vamos salir afuera y tener una buena y entretenida charla entre nosotras dos!? —

Sasha se quedó con la boca abierta, en su cara se podría adivinar que se estaba preguntando qué estaba pasando por la mente de aquella mujer. Luego, vino una pequeña y siniestra sonrisa, que intentó no mostrárselo a Antonina. Accedió a salir afuera, tal vez riéndose de nuestro “chamán” por dejarla salir de esta manera, llamándola sin parar estúpida o subnormal en su mente.

Y con esto dicho, estas dos salieron al exterior, iluminadas por la lámpara de petróleo que Antonina seguía llevando y por la luz de la luna y de las estrellas. Tras dar unos cuantos pasos, después de observar los alrededores, Sasha, que aún seguía muy aturdida, le preguntó:

— ¡¿Qué tienes en mente, maldita chamán de pacotilla!? — Lo decía otra vez con una voz muy desagradable y burlona. — ¡¿De qué idioteces quieres hablarme!? ¡¿Te vas a poner a decir cosas filosóficas sin sentido o qué!? —

— No, pero sería interesante. — Le replicó Antonina, que se tomaba con humor aquellas palabras. — Lo que quiero tratar es sobre ti. —

 

— ¡¿Sobre mí!? — Sasha se quedó boquiabierta, con las cejas arqueadas.  — ¡¿En serio!? ¿¡Qué quieres, que te cuente mi vida o qué!? —

— Oh, lo adivinaste. — Le aplaudió. — Me interesa saber cómo una niña tan pequeña como tú haya conseguido una personalidad tan demente e interesante. —

Sasha tardó en reaccionar, rompiendo un silencio bastante incómodo por fuertes y aterradoras carcajadas, le dio un ataque de risa que tardó mucho en terminar. Era tan exagerado, que se cayó al suelo, rodando de un lado para otro; y grotesco, lo que salía de ella eran sonidos desagradables e incluso se podría decir que provenían del mismísimo averno.

Cuando paró, se levantó del suelo y le gritó esto: — ¿¡Tú te crees que te voy a decir eso!? ¡Ni en broma, chamán de pacotilla! —

Entonces, se dirigió hacia Antonina y la empujó con todas sus fuerzas, sorprendiéndola en el acto. Cayó al suelo, mientras salió disparada a toda velocidad, huyendo de ésta. Al parecer, se dirigía hacia las montañas:

— Y yo que quería hacer las cosas con tranquilidad…— Se decía, mientras se levantaba del suelo y soltaba un leve suspiro. — Por desgracia, no creas que puedas hacer lo que tienes planeado…—

De entre la oscuridad, salieron muchas personas  que se lanzaron hacia Sasha con la intención de atraparla. Ésta los esquivaba a duras penas, mientras subía por la montaña y se dirigía hacia a un barranco.

— ¡Oh, Dios Santo! ¡¿En serio el espíritu maligno va a hacer eso!? — Gritaban ellos, conmocionados, al descubrir las verdaderas intenciones de Sasha. — ¡Detenerla a toda costa! ¡Impedid que ese monstruo mate a Aiyanna! —

Por suerte para Aiyanna y por desgracia para Sasha, Antonina ya había prevenido esto de alguna manera. A pocos metros del barranco, varias personas saltaron sobre ella, inmovilizándola. Ésta, con toda virulencia, luchaba por liberarse y cumplir su deseo de saltar al vacío. Mordía los brazos con tanta fuerza que les provocaban herida, no dejaba de soltar patadas y puños a diestro y a siniestro, provocando que tuvieran que inmovilizarle las extremidades; e incluso intento usar su propia cabeza, queriendo golpearlos, mientras escupía saliva como si tuviera la rabia.

Al final, pudieron inmovilizarla y esperaron tranquilamente a que viniera Antonina, que iba andando poquito a poco hacia ellos. Ella les felicitaba por el buen trabajo, diciéndole que habían evitado una tragedia. Todo el mundo le replicaba que era gracias a Doña Antonina y a la protección de los buenos espíritus y los santos, que les bendijeron. Sasha no paraba de gritarles insultos y maldiciones, dando la apariencia de un verdadero demonio que debería ser expulsado. A pesar del miedo que le provocaba este ser, los que la sujetaban estaban en calma, ya que se sentían muy protegidos.

— ¡Ya me imaginaba que harías algo así! — Doña Antonina empezó a hablar: — Realmente estás muy mal. Las niñas buenas no deben tirarse por los precipicios. — Mientras les ordenaba por señas a algunas personas, que se acercaron a Sasha con cuerdas. Ella añadió inocentes burlas: — O quizás tú solo querías observar el barranco, sin ninguna intención de destruir la vida de Aiyanna y de sus seres queridos. Tal vez, estoy malpensando de ti. Aunque eso también está mal, muy mal. Como decía un alocado filósofo alemán, “quien no tiene alas no debe tenderse sobre abismos”. —

— ¡Métete tus citas filosóficas por el culo! — Le gritó Sasha, mientras era amarada fuertemente. Antonina no dijo nada, espero a que terminaran de atarla, mientras le daban el otro extremo del cuerpo. Luego, sorprendió a todos, atándosela en el brazo, como una forma muy preventiva de impedir que el espíritu maligno se le escapara. Al ver esto, el monstruo se burló:

— ¡Eres igual de absurda que este mundo! ¡Realmente, eres tan idiota de hacer eso! ¡No me puedo creer que esta payasa sea admirada!  —

— Tengo razones y muy legitimas para hacerlo. — Eso le replicaba Doña Antonina, mientras pedía a los demás que se alejaran bastante, pero sin perderlas de vista. — Además, sigo deseando que me cuentes tu vida, me parece muy filosófica, por cierto. —

Sasha lanzó un pequeño chillido de incomprensión, tal vez preguntándose si Antonina estaba bien de la cabeza. Ella continuó:

— Te preguntarás por qué me parece filosófica tu vida, el hecho de que te has abocado hacia a una ironía y un cinismo que te ha llevado a la pura destrucción, hacia la misma muerte. Vamos a descubrirlo, mientras damos un tranquilo y agradable paseo…—

Y con esto dicho, se llevó a Sasha a rastras, por el mismo recorrido que siguió con Aiyanna por la tarde. Cuando ya vio que se había tranquilizado, decidió hablarle, soltándole esta pregunta de forma repentina y con toda la tranquilidad del mundo:

— ¿¡Te arrepientes de haber nacido!? —

— ¿¡Crees que te voy a contestar eso…!? — Le replicó furiosa Sasha, que intentó hacer algunos tímidos movimientos para liberarse de su atadura sin mucho éxito.

— Esa respuesta me vale. — Rió leventemente. Luego, calló por unos segundos y, como si estuvieran en una obra de teatro, empezó a soltar esto:

— ¡Pobre Sasha, desde el primer momento te volviste alma en pena! ¡Fuiste arrojada a un mundo sin sentido y sin saber por qué estás aquí y adónde ir! ¡Por desgracia, te obligaron a existir! —

Sasha no habló, cerró su boca, porque sentía que la estaba provocando y no debía resistir. Antonina continuó, soltándole lo que menos quería oír:

— ¿¡No fue Malia la que te condeno a vivir!? ¡¿No fue tu hermana la que impidió que fueras abortada!? —

— No la metas en esto…— Gritó como un demonio, fue inútil resistir, ya que le había dado en dónde más le dolía.

— ¿¡Por qué no debería!? ¿¡Quién fue la que evitó que acabaras muerta antes de nacer!? ¿¡A quién no paraste de hacer daño, solo para que vieras que se alejara de ti como la peste!? ¿¡Cuál es la única persona que cuidó de ti y quería darte una buena vida…!? —

— ¡Cállate, cállate! — Gritaba desesperadamente, lo más fuerte que podría. En vano intentaba silenciar elevando su voz al máximo, llegando al punto de que se iba a quedar muda en cualquier momento. — ¡No sabes nada! —

— ¡¿Quién era la persona más importante para mí!? — Aún así, Antonina continuó. — ¡¿Qué razón fue la causa que provocarás ese espectáculo innecesario en el palacio de la Zarina, solo para darle el tiro de gracia!? ¡¿Cuál es el hecho de que odiabas tanto a tu madre!? ¡Dime, ¿quién es?! ¡Es imposible no mencionarla! —

— ¡Deja de hacerte la lista, vieja puta, zorra,…! — Ella estaba escupiendo rabia, mostrándose muy desesperada por no oírlo. — ¡¿Y a ti qué te importa todo eso!? ¡Tú no eres nadie para mencionarlo! —

— Solo estoy ayudando a Aiyanna y, para eso, necesito observar tu interior, Sasha, entender lo que eres. — Aún así, nuestra Antonina no le iba dejar aquel privilegio, se lo iba a decir, gritará lo que gritará.

— Ella es una chica fuerte, capaz de superar todo lo que le viene encima, ¿sabes? Alguien que se ha desvivido por los demás y lo seguirá haciendo, que tiene fuertes valores y los defenderá como puede, ¿¡sabes por qué!? —

Sasha no paraba de gritar, insultar a todo volumen, soltar feas y horribles burlas; hacía de todo para evitar escucharla. Aún así, hiciese lo que hiciese, Antonina continuó sin más demora, con una calma y claridad casi mística.

— Porque ella tiene la certeza de que hay algo en este mundo, que le da sentido. No es consuelo, es una forma de ver la realidad, de que todo ha sido creado y mantenido por algo inteligente y por tanto, no hemos sido arrojados a este lugar solo esperar a la inevitable muerte. —

Dio una pequeña pausa antes de continuar, al observar que Sasha se estaba tapando las orejas, mientras estaba a punto de llorar. Continuó:

— Eso es lo que piensa ella, eso es lo que cree, ¡¿a qué es interesante!? Pero tú también lo eres, porque elegiste el hecho de que nada tiene sentido en este mundo, de que todo es una absurdo teatro. —

Sasha le replicó que se callará, pero no había manera.

— En cierta forma, sois totalmente opuestas, toda una dualidad. Ella ama la vida, mientras que tú lo has odiado. Algo que inevitablemente, sí o sí, te llevó a querer tu muerte, única verdad posible, la absoluta, ¿verdad? —

Lo intentó sin parar, pero era en vano.

— Aún así, ella, al creer que hay sentido en este mundo, estaba exaltando la vida, mientras tú te dirigías al nihilismo, a la nada.  Mas que filosófico, esto es poético o una hermosa y terrible tragedia. Al final, para soportar la vida, de vivir este sinsentido; tú aceptaste a la insalvable muerte y en el proceso empezaste a dañar todo lo que amas, destruir lo que te unía con este mundo, incluso a ti mismo. —

— En mi opinión, no solo eres hija de tu madre,…— Alzó las manos al cielo y llena de emoción, gritó: —… ¡sino de este tiempo, en dónde no hay nada absoluto y los hombres se han arrojado al absurdo, a gritar por los cuatros vientos que existir es horrible, de una forma intensa y trágica! Eres hija de Sartre, de Cioran, Camus,…—

Sus palabras de exaltación fueron bruscamente detenidas por Sasha que, incapaz de controlar su rabia, se lanzó hacia Antonina. A pesar de estar atada de pies a manos, intentó golpearla, aunque fuera con la cabeza. Fue detenida fácilmente, mientras el chamán seguía hablando tranquilamente:

— Me preguntó cómo pudiste volverte así, cómo fuiste tan diferente de tu hermana Malia y crear una personalidad tan retorcida y nada natural en una niña. — Sasha siguió en su obstinado intento de golpearla con su cabeza, pero Antonina no se callaba. — Ninguna chiquilla de tu edad, pensaría en estas cosas, ¡estaría jugando, experimentando, descubriendo el mundo! ¡Amaría a su mamá y a sus hermanos! ¡Jamás pensaría de una forma tan madura y tan existencial! ¡Solo haría bromas y burlas inocentes, no unas llenas de completa malicia, rodeadas de un cinismo e ironía que esconden tu odio a la vida! —

Al final, cambió de táctica y ella se echó para atrás. Luego, intentó huir, a pesar de que le era imposible. Cayó al suelo, después de alejarse lo máximo que podría y ser detenida por el hecho de que Antonina ejerció fuerza para que ella no se alejara. Después, su desesperación era tal que se arrastraba por el suelo. Antonina, implacable, seguía hablando:

— Si fueras una persona de ficción, serías tachada de inverosímil. Bueno, la verdad es que eso también vale para la pequeña Zarina. — Empujó la cuerda, arrastrando a Sasha un poco hacia ella. — ¡¿Por qué huyes de mí, tienes miedo de que descubras más cosas sobre ti!? ¡Creo que sería bueno para ti que muestres lo que eres realmente! —

— ¡Cállate, cállate de una vez! — No paraba de retorcerse por el suelo, mostrando una reacción que superaba la misma exageración. — ¡No eres nadie, absolutamente nadie, para decirte lo más intimo de mí, me suicido antes de hacerlo! ¡Me mataré para que nadie sepa lo más profundo de esta patética existencia, o como quieras decirlo! —

— Sí, puede que tengas razón. Tal vez deberías desaparecer de una vez y dejar vivir en paz a Aiyanna, sin llevártela al otro barrio. —

— ¡¿Aiyanna, Aiyanna!? — Gritaba llena de indignación y furia. — ¡Esa soy yo, Sasha es Aiyanna! ¡Esa idiota es yo y ella lo sabe! —

Entonces, su cara se sobresaltó en un momento y se puso las manos sobre la cabeza, como si un horrible dolor le recogía por toda la cabeza. Empezó a hablar sola, o más bien, con Aiyanna

— ¡Ahora no vengas a hablarme! ¡Deja mi puta cabeza en paz, sal de él! ¡Yo soy tú! ¡No soy ningún estúpido espíritu, soy tú,.. — Y dio un gran grito de dolor, provocando un sonido diabólico que se escucho por todo el valle. —…espabila de una vez, subnormal! —

Y tras este súbdito grito, llegó la calma. La chica había dejado de moverse por varios segundos. Antonina se acercó y la observó con preocupación. Tomó sus puntos vitales y observó que no estaba en peligro, solo que se había desmayado de golpe.

FIN DE LA SEXTA PARTE

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