Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Séptima parte, centésima decimoséptima historia.

El sol ya había salido, cuando Aiyanna finalmente abrió los ojos. Ella se levantó de la cama muy sobresaltada, llena de un sudor frio y con una cara que parecía que había visto el mismísimo infierno.

— ¿¡Qué ha pasado…!?— Se preguntó, cuando observó que ella seguía en la cama de sus padres. — ¡Parece que todo está normal, aún así…! —

Tenía un mal sabor de boca y su cabeza, que le dolía fuertemente, le decía que algo malo había pasado y un sentimiento de horror, como si hubiera vivido una pesadilla, a pesar de que no podría recordar haber tenido una; recorría todo su cuerpo. No se dejaba de preguntar una y otra vez qué había pasado. O eso era lo que suponía Antonina, mientras la observaba desde la rejilla de la puerta, antes de decidirse a entrar en la habitación.

— ¡Por fin te has despertado! — Soltó llena de júbilo al entrar en el lugar. — Te estabas perdiendo un día precioso. —

— ¡¿Doña Antonina!? — Le costó un poco saludarla, debida a que aún estaba muy adormecida. — ¡Buenos días! ¡¿Es tarde, de verdad!? —

— Bueno, según mi reloj, son las nueve de la mañana. — Le respondió ella, mientras lo observaba.

— ¡No puede ser! — Saltó de la cama a toda velocidad. — ¡Tengo que darle de comer al búfalo, o él se enfadará! —

— Espera un momento…— Pero Antonina la detuvo con su brazo. — No pasa nada si tiene que esperar un poco. Acabas de levantarte, deberías comprobar si estás bien, antes de todo. —

— Estoy bien…— Intentó mentir, pero su cabecita la castigó, aumentando el dolor que tenía. — En realidad, no tanto, pero no pasa nada. — Ella rió nerviosamente y añadió: — Además, creo que he tenido una fea pesadilla, aunque no lo puedo recordar. —

— Ya veo. — Decía secamente Antonina, antes de quedarse en silencio de una forma muy sepulcral. Se preguntaba si era necesario decirle lo que pasó anoche o callarse. Aiyanna, al notar este comportamiento, se preocupó. Era un indicio de que aquel presentimiento de que había pasado algo malo tenía mucho de verdad.

Tuvo que tragar saliva y llenarse de valentía durante algunos segundos, para soltar esto: — Ha pasado algo, ¿verdad? —

Antonina movió la cabeza, diciéndole que sí, que el espíritu maligno había tomado de nuevo el control.

— ¡Otra vez…! — Decía Aiyanna con mucha aflicción. — ¡¿Qué ha hecho ahora!? —

— Mejor te lo cuento, mientras damos de comer al búfalo, ¿no te parece, Aiyanna? — Ella le iba a replicar algo, pero se calló y Antonina continuó: — Aunque primero, vamos a saludar a tus padres. —

Le movió la cabeza afirmativamente, antes de salir corriendo en busca de sus padres, muy preocupada por ellos, con el miedo de que el espíritu le habían hecho algo malo.

Se encontró con su madre al salir de la casa, que estaba haciendo ropa con el pelaje del búfalo, sentada en una pequeña silla bajo la sombra. La abrazó fuertemente al ver que estaba bien, sorprendiéndola en el acto. Ésta hizo lo mismo, rompiendo a llorar, al ver que su hija estaba bien.

Después de esto, Aiyanna preguntó por su padre y su madre le decía que se había ido a trabajar, dándole un gran suspiro de alivio. Deseaba preguntarle qué había ocurrido ayer, pero no se atrevió. Sentía que ella sería incapaz de decirle. Antonina observó desde la puerta la escena, en total silencio. Al ver que habían terminado, preguntó:

— ¿¡Vamos a ver el búfalo!? — Aiyanna, con el ánimo un poco recuperado, le dijo sí alegremente.

Y con esto dicho se dirigieron hacia al lugar en dónde tenían al buen búfalo de la familia, quién estaba acostado tranquilamente sobre la paja.

— ¡Hola, Señor búfalo! — Le saludó al animal. — ¡Perdón por llegar tarde, ya te voy a preparar a dar la comida! —

Solo dio un rugido que provocó que Aiyanna gritara asustada que ya lo iba a hacer, a pesar de que éste ni siquiera se atrevió a levantarse del suelo.

— ¡¿Ese es su nombre!? — Le preguntó Antonina, curiosa por aquel nombre.

— Bueno, papá y mamá siempre le llaman búfalo, así que no creo que tenga problemas con que yo lo llame así. —

Aiyanna cogió la comida y se la puso en un cubo de madera, provocando que el tranquilo animal se levantara de golpe, directo a comerlo todo. Y mientras lo devoraba como si no hubiera mañana, Antonina y la chica se quedaron observándolo, hasta que finalmente ella decidiera a hablar:

— La verdad es que el espíritu maligno volvió a controlar tu cuerpo. —

— ¡Me lo temía…! — Dijo Aiyanna cabizbaja, mientras recordaba la mala sensación que tuvo ayer. Luego, se llenó otra vez de valentía para soltarle esta pregunta: — ¿¡Ha hecho a-algo malo esta vez!? —

No quería saberlo, deseaba estar en la ignorancia, pero, por otra parte, ella necesitaba conocer que había intentando esta vez ese monstruo, a pesar del miedo que le producía escucharlo.

— ¡No te preocupes, fue detenida a tiempo! — Antonina le soltó esto, pero no dejó muy satisfecha a la chica, que se atrevió a seguir preguntando:

— ¡¿Y qué iba a hacer!? — Al escuchar eso, Antonina se quedó bastante pensativa, por varios segundos, antes de decirle:

— ¿¡Quieres saberlo o no!? — Ella sabía perfectamente los sentimientos encontrados que tenía la pequeña, dejándole en sus manos la decisión de escucharlo o no. Aiyanna tardó en contestar, seguramente llena de dudas.

—Quiero saberlo, Doña Antonina. — Al final, esta era su respuesta, intentando aparentar que estaba preparado para escucharlo.

— El espíritu maligno intentó matarte, su intención era tirarse al barranco mientras te estaba poseyendo. —Y nuestra querida Antonina habló, tan clara como el agua.

Aiyanna se quedó petrificada, incapaz de asimilar lo que oyó. En sus ojos, se veía claramente que no se esperaba que el espíritu maligno fuera capaz de llegar a esos extremos. Seguramente estaba horrorizada por el hecho de que aquel monstruo le iba a quitar su vida de un momento para otro. Al ver que tardaba mucho en reaccionar, preguntándose si haberle dicho aquella noticia fue demasiado para ella: Antonina tuvo que hablarla:

— Sí, es horrible. — Entonces, le acarició la cabeza con mucha dulzura, mientras le decía estas palabras amables: — Aún así, lo evitaré. No creo que podemos sacarlo pronto, pero conseguiremos que sea incapaz de hacerte daño a ti y a los tuyos. —

Así Doña Antonina consiguió animar a Aiyanna que movió la cabeza afirmativamente, antes de añadir esto:

— ¡Muchas gracias, de verdad! — Lo decía muy avergonzada, pero a la vez se le notaba algo feliz. — Lo que está haciendo por mí es increíble, espero poder devolvérselo algún día. —

— No tienes que agradecerme, solo estoy haciendo mi trabajo. — Le replicó con su sonrisa celestial, antes de añadir con un halo de misterio esto: — Además, hay algunas cosas que jamás podrás agradecerse, y está bien así. —

Aiyanna no entendió bien que quería decir con eso, pero no le dio mucha importancia porque el búfalo rugió, como si estuviera pidiendo más ración de su comida. Ella corrió rápidamente hacia él para satisfacerlo, mientras Antonina la observaba muy pensativa.

¿¡Qué es lo que pensaba!? Pues las palabras que decidió no mencionar a Aiyanna, que no hacía falta que le agradeciese este trabajo porque ya estaba disfrutando de su caso, de aquel exorcismo tan interesante y complejo que estaban teniendo, o como dirían en el exterior, de aquella “terapia”.

— Por esto, amo a la humanidad…— Añadió en voz baja, muy feliz. A continuación, Antonina empezó a pensar cuál sería el primer paso a seguir.

A continuación, con la ayuda de Antonina, Aiyanna termino de limpiar la pequeña granja que tenían y después, hizo todas las labores de la casa. A pesar de que tanto ella como su madre intentaban evitar que su invitada le ayudaran con las cosas, ésta no paró de trabajar en el hogar. Aunque era interrumpida constantemente, ya sea por varios vecinos, que le explicaban los problemas que tenían y le pedían cómo podría solucionarlo, o por las personas que se trajo ella al pueblo, que le contaban cómo iba todo y las dudas que tenían sobre determinadas cuestiones. Con una gran estoicidad, consiguió darles grandes consejos y ordenes que fueron muy acertados.

— Por cierto, ¿¡usted habéis visto a Nonoma!? — Al final, cuando llegó el mediodía, Antonina se percató de algo, preguntándoles esto a la madre de Aiyanna. — No la he visto desde que me había levantando esta mañana. —

— Pues no sé, Doña Antonina, yo tampoco la he visto…— Eso le respondió.

— Pues ya es hora de comer y debe aparecer. — Decía Antonina, mientras observaba la hora. — Me pondré a buscarla. —

— ¿¡Quieres acompañarme, Aiyanna!? — Y luego le preguntó esto a la chica, quién se quedó muy pensativa. Tardó mucho en contestar, tal vez estaba dudando de ir o no, mientras recordaba el hecho de que Nonoma  realmente no deseaba tenerla cerca.

— Pues, yo no lo sé…— Pero tampoco, al parecer, quería que Antonina la dejará sola, tenía miedo de que el demonio la controlase de nuevo. — ¿¡De verdad tienes que salir a buscarla!? —

— Bueno, por algo traje a esa chica aquí. No debería estar tanto tiempo alejada de mí, la necesito, así que mi deber es encontrarla. —

Y con esto dicho se levanto y se dirigió hacia al exterior. Aiyanna alzó la mano para decirle algo a Antonina, pero se calló. La madre no dejaba de mirar al chamán y a su hija nerviosamente, como si no supiera que decir o hacer.

— Bueno, volveré lo más rápido posible. — Entonces, ésta les dijo esto. Aiyanna otra vez intentó decir algo, pero ella se le adelantó:

— ¡No te preocupes! ¡No pasará nada, tu madre está a su lado! —

— Si el espíritu maligno intentará hacer algo, lo detendré. — Intervino la madre, quién se acercó a su hija y la abrazó fuertemente, mientras le decía estas palabras llenas de coraje. — ¡Evitaré que te hagan daño! —

Aún cuando se le veía en la cara que le preocupará más su madre que a ella mismo, Aiyanna le agradeció con todo su corazón.

Después de esto, Antonina salió en busca de Nonoma. Aquella búsqueda fue más rápida del que esperaba, la encontró dos o tres casas más adelante.

Se quedó observando a Nonoma quién paseaba sin rumbo fijo, como un muerto viviente por las calles de la aldea. No dejaba de suspirar, como si ella estuviera muerta de aburrimiento, ya que no tenía ninguna idea de cómo pasar el tiempo hasta que volviera al palacio.

A continuación, se le acercó, mientras le decía esto: — ¡Así que estabas aquí, Nonoma! ¡Me alegro de saber que no habías estado muy lejos! —

A pesar de que todo el mundo no dejaba de saludar a Antonina con total entusiasmo y felicidad, ésta ignoró su presencia y sus palabras. Tuvo que repetirlo de nuevo a gritos, con los vecinos atrayendo la atención a la chica para que ésta se hubiera dado cuenta de que le estaban llamando.

— ¡Disculparme, vuestra merced! ¡No era mi intención ignoraros a vos, más, cuando usted, Doña Antonina, me habéis estado llamando, yo estaba sumergida en mil pensamientos! ¡No hay más verdad que lo que estoy diciendo! —

— Ya veo, perdón que te interrumpe, pero es hora de comer y vos debéis tener mucha hambre. —

— Perdóname de nuevo, Doña Antonina, pero el hambre se me quita al pensar que a mi lado se pondrá aquella moza cuyo interior esconde aquel espíritu maligno que ya nos ha causado tantos problemas. —

Nonoma era incapaz de sentirse tranquila al tener cerca a Aiyanna, por eso empezó a alejarse de ella todo lo que podía e intentaba incluso saltarse la comida para no estar a su lado. Se notaba que le tenía muchísimo miedo. Al ver aquella actitud, Antonina se quedó pensando, buscando alguna manera para quitarle ese miedo que le tenía a aquella niña.

— Sabes, aún cuando fue un capricho mío traerte aquí, creo que la estancia que tendrás aquí te será de muy buena ayuda, librándote por un tiempo, a pesar de sea limitado, del ambiente pesado del palacio y de la existencia de nuestra querida Zarina. — Nonoma puso mala cara, después de que ella le mencionara a aquella persona. — ¡¿Aún no te has hecho ninguna amiga en aquel lugar, verdad!? —

El silencio de Nonoma fue respuesta suficiente para Doña Antonina, que continuó hablando:

— ¡Este podría ser un buen momento para relacionarte con los demás! ¡Pasar una buena temporada, antes de volver a sufrir el día a día del agobiante lugar que llamamos Palacio Real! —

— ¡No, vuestra merced! ¡Si a este pequeño pueblo he venido, es porque me lo ordeno vos y como buena servidora que soy, lo hice! ¡Yo no he venido a hacer amistades, sino a escoltarla y servirla en todo lo que pueda! ¡Todo lo que no sea eso, es innecesario! —

— Me encanta tu sentido de trabajo y tu fidelidad, pero…— Rió Antonina. —…aún así, no debes tomar en serio este trabajo que tienes ahora. —

— Sigues siendo una moza y debes divertirte y jugar o hablar con otras personas. — Nonoma le replicó con mucho enfado, no quería ser tratada como una niña, ella ya era muy mayor para esas cosas. Por eso, Antonina cambió de táctica: — Bueno, pero si has venido a servirme, entonces, te tengo que ordenar esto, después de todo. — Ésta le preguntó cuál era:

— Ser amiga de Aiyanna, no alejarte de ella ni tratarla como un monstruo, eso es lo que te ordeno, ahora mismo. —

— ¡¿En serio!? — Gritó Nonoma llena de estupefacción. — ¡¿No es un engaño lo que estáis diciendo, Vuestra merced!? —

Antonina movió la cabeza negativamente para dejárselo muy claro, antes de añadir: — Es una orden y como tal tienes que cumplirla. Ya que has venido a servirme a este lugar, no tendrás objeciones, ¿verdad? —

Nonoma se quedó en silencio, cabizbaja. Ella tardó mucho en responder, dudando entre aceptar aquella orden o no. Al final, sabiendo que si no obedecía aquello no solo iría en contra de su misión, sino que se hubiera contradicho con lo que dijo antes; movió la cabeza afirmativamente.

— Buena elección. Podrías haberme replicado diciendo que hay órdenes que no hay que cumplir. Pero no es este el caso, es más, yo creo que debes cumplirlo lo que te mando, no te estoy pidiendo algo malo, sino bueno. —

Aquellas palabras que añadió Antonina al ver su respuesta, provocó que ésta, con un tono bastante insolente y atrevido, le soltará esto: — ¡¿Y qué tiene de bueno que Vuestra merced me ordene, sí o sí, hacer una amistad con una niña que tiene algo procedente del averno en su cuerpo!? —

— Pues sería una gran ayuda para Aiyanna. ¡¿Si vos estuvieras en su lugar, te sentiría genial que los demás se alejaran de ti y te trataría como algo que no es humano!? Esa moza se siente mal y horrible por ver como personas como tú se alejan de ella por aquel miedo. Si controláis ese sentimiento y la tratáis como una igual, no solo la harías más feliz, sino se nos será más fácil librarse del espíritu maligno. —

Nonoma no contestó, en su rostro se esbozo una cara que mostraba que un sentimiento de arrepintiendo había nacido en ella. Tal vez había empezado a recordar lo de ayer, poniéndose en el lugar de Aiyanna. Al darse cuenta de que había cometido un mal en actuar así, se disculpó con Antonina:

— Perdonarme, sé que el miedo, que a veces es buen consejero y en otras no, me ha dominado. No era mi intención provocar ese tipo de sentimientos a esa moza, que no tiene culpa de que un espíritu maligno haya ocupado su cuerpo. —

— Entonces, ¿vamos a ir a comer? — Nonoma le dijo que sí y las dos se dirigieron a la casa de Aiyanna, en dónde la estaban esperando para comer.

FIN DE LA SÉPTIMA PARTE

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