Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Última parte, centésima decimoséptima historia.

Y ya hemos llegado a lo que podríamos considerar el epílogo de nuestra historia, esto es lo que pasó después de aquel “exorcismo”, o mejor dicho, “funeral”.

Definitivamente, aquel espíritu maligno llamado Sasha, jamás volvió a aparecer. Aiyanna ya vivía tranquila y feliz, como si se hubiera librado de un peso de encima, como si de verdad ella había sacado esa parte suya y la hubiera expulsado de su cuerpo, hacia al más allá. Todo el pueblo también respiraba tranquilo, aunque algo agitado por la presencia de Antonina, que siguió estando el lugar por unas semanas más.

— Esto de la “electricidad” es sorprendente, aunque no sé, no me gusta mucho, ¿¡esto no es peligroso!? Siento como si podría arruinar nuestra querido modo de vida… — Hablaba el jefe de la aldea, quién estaba en su despacho, hablando con Antonina, quién siguió reuniéndose  de vez en cuando para tratar con los asuntos sobre la construcción de la instalación eléctrica, que, en aquellos momentos, estaban a punto de terminar. Él ya lo había probado y se quedó muy sorprendido, pero sus propias dudas y las protestas de algunos vecinos, que temían la llegada de esto, le hacían sentir miedo.

— Todo lo que hace el hombre es peligroso de por sí, hay peligros por doquier. Pero nuestro trabajo es dominarlo en nuestro provecho. Es un regalo de Dios y de nuestros antepasados aprovecharnos de esta increíble energía. Además, solo lo transformará, no lo arruinará. Eso es vuestro trabajo, que el cambio no sea drástico, jefe. — Pero nuestra Antonina con mucha facilidad eliminó esas dudas, algo que ya estaba haciendo con los demás vecinos, y seguiría haciéndolo en los que le quedaban.

Ella no se iba a ir tan pronto, por lo menos, hasta que viera finalizado la construcción de aquella pequeña instalación eléctrica, que fue avanzando sin problema. Aprovechando esto, hizo varias observaciones sobre la zona, arregló y buscó problemas relacionados con la organización de la aldea, así como su abastecimiento, el aprovechamiento de sus tierras, la aplicación de esto en el resto del Zarato en un futuro cercano, etc. Nunca paraba, siempre estaba haciendo algo. Aparte de esto, había otra razón por la cual no había decidido irse tan rápido, se trataba de Aiyanna.

— ¡¿Cómo te ha ido hoy las cosas!? ¿¡Y a Nonoma!? —

Eso le preguntó Antonina, a pocos días de su ida, a Aiyanna, mientras hacían un pequeño paseo con el atardecer.

— Pues todo muy bien, he estado practicado un juego nuevo, Nonoma lo llama bufonada, con ella y los demás. Aunque decía que no quería actuar de bufón, que eso ya lo hacía yo bastante bien, se unió a nosotros. —

Al oír la respuesta de Aiyanna, Antonina rió, luego preguntó por el paradero de la sirvienta: — ¡¿Y dónde está ella ahora!? —

— Pues está en mi casa, creo. — Le respondió dubitativamente.

Y estuvieron en silencio durante varios segundos, mientras saludaban a los que volvían de casa tras trabajar en el campo, hasta que Doña Antonina lo rompió:

— Puedo preguntarte algo…— No estaba muy segura de mencionarlo a estas alturas. —…algo que llevo preguntándome. —

— Ya me lo imagino, ¡¿se trata de ella!? —

— ¡Te has adelantado! — Dijo Antonina con un gesto de sorpresa. Con gran tranquilidad, Aiyanna le soltó esto:

— Ella ya se fue, hace largo tiempo, ya está en el más allá, descansando en paz. Y todo lo relacionado con ella ha sido borrado poquito a poco. A pesar de que aún recuerdo lo doloroso y horrible que eran, los recuerdos en sí han desaparecido de mi memoria. Salvo por algunas cosas, ya no recuerdo nada. Menos mal…— Lanzó un suspiro de alivio.

Antonina se sintió algo decepcionada con aquello, ya que si la raíz del problema era no aceptar esos recuerdos, no tenía sentido que se borrasen cuando fueran aceptados, la chica tenía que llevar esa cruz por el resto de su vida. Aún así, por otra parte, le pareció curioso ese hecho:

— ¡Qué extraño, qué curioso, cuando vuelven tus recuerdos, aparece tu vieja personalidad y cuando ésta desaparece, se esfuman! ¡Qué misterioso es la mente humana! — Ella decía estas palabras con una gran exaltación y emoción. Luego, dio una pequeña pausa, para añadir: — ¿¡Que diría una vieja amiga de todo esto…!?—

— ¡¿Una vieja amiga!? — Preguntó Aiyanna, bastante curiosa.

— Bueno, es alguien muy querida por mí. Algunos me decían que siempre estaba muy pesada con ella, siempre mencionándola en cada conversación. Debería mantener esta vieja costumbre…— Y soltó varias risas, después de pronunciar estas palabras.

— Ya has conocido a un demonio, no hace falte que te hable de otra más. Es como el Mefistófeles de mis amistades…— Rió Antonina. — O quizás el Edgar Allan Poe…—  Otra vez soltó risas. — Bueno, es única, es complicado buscarle alguna comparación, pero esos se le acerca. —

— ¡¿De qué estábamos hablando!? — Decía Aiyanna, muy confundida. Normal que dijera esto, Antonina no se acordaba de que no estaba chalando con alguien culto, esas referencias no las podría coger.

Al darse cuenta de esto, ella empezó a reír como loca y Aiyanna, aunque no entendía nada, se le contagió la risa y no pararon durante un buen rato.

Finalmente, llegó el adiós, dos días después de que el pueblo inaugurara la electricidad, en un día que coincidía con la celebración de la independencia de Georgia.

Todo el pueblo se reunió ante las carrozas que iban a llevar al chamán real y a las personas que había traído, con el mismo entusiasmo que mostraron cuando ellos llegaron al pueblo. Entre gritos y lloros, despedían con gran pasión aquella gran mujer que los salvó del espíritu maligno.

— ¡Gracias por todo, mis queridos pueblerinos! ¡Estas semanas han sido inolvidables, siempre los guardaré en lo más fondo de mi corazón! ¡El Zarato debe estar orgulloso por tener hijos como vosotros, no hay duda de eso! — Todo el pueblo le replicó con mucha humildad que los agradecidos eran ellos, que le habían salvado de un monstruo, les ayudo en todo y ha traído grandes y buenas novedades al pueblo. — ¡No digan eso, yo estoy más agradecida que ustedes conmigo! —

Entonces, de entre la muchedumbre aparecieron varios niños, eran Aiyanna, sus amigos y sus padres, que llegaron corriendo. Habían llegado tarde.

— ¡Doña Antonina, Nonoma! — Decía Aiyanna muy aliviada, mientras recuperaba el aliento. — Menos mal, he llegado a tiempo. —

Tras recuperarlo, con un poco de enfado, ella y sus amigos le soltaron esto a la sirvienta:

— ¡¿Por qué no te has despedido de nosotros, Nonoma!? —

Aunque Antonina ya se despidió de ellos, Nonoma no se atrevió, los esquivó sin parar.

— Bueno, yo…— Ahora que no podría escapar, tuvo que decirle esto, mientras su cara se ponía muy roja y se veía que le entraban ganas de llorar: — Paréceme que las despedidas no son lo mío, lo siento. —

— ¡Si quieres ponerte a llorar, puedes hacerlo! — Intervino Antonina.

— ¡De ninguna manera, no estoy llorando! — Le replicó Nonoma, aunque su cara decía otra cosa. — Y no estoy triste, podemos comunicarnos con cartas y puedo volver otro día aquí. No tengo motivos para ponerme así. —

Aún así, al terminar aquellas palabras, ella no pudo más y rompió a llorar, a provocar que los demás chicos hicieran lo mismo, mientras se abrazaban fuertemente y se decían los unos a los otros que nunca se iban a olvidar.

— Nizhoni, Navajo, cuiden de Aiyanna muy bien. Ya se habrá librado del espíritu maligno, pero éste puede intentar regresar. —

Añadió, mientras tanto, Doña Antonina, recordándoles que deben estar muy atentos ante cualquier indicio. Creía con firmeza que Aiyanna había eliminado esa otra personalidad, pero había que asegurarse, sobre todo por el hecho de que ella tuvo un trastorno que tardaba mucho en curarse y que no se borraba de un día para otro, como le había pasado. Ellos movieron la cabeza de forma afirmativa, con gran seriedad.

Después de que el grupo de amigos terminara de llorar, Aiyanna, mientras se limpiaba los ojos, se dirigió hacia Antonina:

— Jamás podré recompensarla por todo lo que ha hecho por mí. No sé que hubiera hecho sin usted, Doña Antonina, nunca la olvidaré. —

Antonina le dijo lo mismo. Entonces Aiyanna le dio un fuerte y fugaz abrazo, después añadió estas palabras, llenas de admiración:

— ¿Y sabe qué? Cuando sea mayor, seré igual que usted, un “chamán” que recorrerá cada rincón del Zarato ayudando a las personas, librándolos de los malos espíritus y de llevarlos al más allá. —

— Me parece muy bien, tal vez puedes ser mi próxima sucesora, mi querida Aiyanna.  —

— ¡¿En serio!? — Gritó muy sorprendida Aiyanna.

— Bueno, si estudias mucho, tienes fe y mucha capacidad; creo que lo podrás conseguir, tal vez. Es duro. Déjalo como una oportunidad entre oportunidades de tu futuro. —

Aunque estas palabras, más las risas de Antonina, desanimaron un poco a Aiyanna, esto solo provocó que mostrará más entusiasmo y dijera esto:

— ¡Daré lo mejor de mí misma para poder ser capaz de ser tu sucesora, lo intentaré aún cuando eso significa que fracase! —

A Antonina le agradó tanto aquello que le acarició fuertemente su cabeza, mientras decía entre risas que ese era el espíritu.

Luego de esto, las carrozas empezaron a moverse y salieron del pueblo, mientras todo el pueblo los perseguía un poquito, mientras se despedían con toda la emoción del mundo a Antonina y su gente.

Con el sol en alza, Antonina Aleksándrovna Freud observó el paisaje, al pueblo y el valle que abandonaba, mientras subían por las montañas, rumbo hacia la capital del Zarato de Shelijonia. Se puso a pensar en las leyes que va a decretar y las que quiere revisar, el buen camino que estaba tomando el reino y en lo que se iba a encontrar al llegar al palacio, algo que la llenaba de emoción con solo de imaginarlo. Estaba deseosa de ver cuál era el próximo conflicto humano que iba a intervenir u observar. Luego, con una gran sonrisa de oreja a oreja, recapitulaba todo lo que había pasado en aquella aldea. Empezó a pensar en muchos de los misterios que Sasha dejó sin resolver, o mejor dicho, en toda la farsa que había mantenido con ella todos esos días.

Querido lector, no debe dar validez a los pensamientos de nuestra protagonista que hemos relatado , puede ser que más de la mitad me lo haya inventado en pos de hacer más interesante mi escrito.  E incluso tenga que recelar de todo aconticimiento que haya leído aquí, tal vez puede estar adulterado.

Ya que, después de todo, ella nunca creyó en el relato de su doble personalidad, siempre supo que Sasha era Aiyanna y que todo era un delirio suyo. Sería un insulto para alguien que amaba tanto la mente humana creer en la existencia de personalidades múltiples, sólo hizo como si lo creía, jugando con aquella niña todo lo que quiso, mientras la chica de pelo extraño pensaba, con razones que debían ser tan irracionales como su misma locura, que la estaba manipulando.

Por algo, ella amaba la humanidad. Por estas hermosas cosas, yo, Antonina Aleksándrovna Freud, amo a la humanidad.

No se sorprendan, redactar una historia en tercera persona cuando eres el principal testigo de los hechos para darle mayor aparencia de objetividad, ya lo hizo un tal Julio Cesár. Yo sólo le imito.

FIN

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Treceava parte, centésima decimoséptima historia.

A pesar del gran diluvio que sufrió el valle, que duró casi una hora y media o mucho más, no se registró daños y los trabajos de la instalación eléctrica pudieron continuar sin más demora, aunque el rio que estaba cerca de la aldea estuvo a punto de desbordarse. Y parecía que todo había vuelto a la normalidad. Los padres de Aiyanna le dieron de nuevo las gracias por haberla encontrado de nuevo y haber luchado contra el espíritu maligno, mientras el pueblo soltaba un suspiro de alivio al ver que su aldea había sido protegida de la maldad de ese monstruo. Y, entonces, llegó la noche, cuando todo el mundo ya se había acostado en la cama, salvo alguien, que entró en la habitación en dónde dormía Nonoma y Antonina:

— Otra vez… — Dijo aquella persona, como si era lo esperable, cuando vio que Antonina seguía levantada, como si la estuviera esperando. Luego, añadió esto: — ¿¡Tienes el poder de leer las mentes de los demás!? —

Era Aiyanna. No. Por aquel tono desagradable y cínico, debía ser Sasha, la otra personalidad, o más bien dicho, la original. Y esta vez no llevaba nada en las manos, un indicio de que no había venido con malas intenciones, tal vez.

— Una tiene que adelantarse a los acontecimientos. De todas formas, no parece que vienes de nuevo para atacarme…— Le respondió Antonina, antes de darse unas risas.

— Sí, he venido en son de paz. — Lanzó un suspiro de molestia, como si no quería estar en esta situación. — Tengo que hablar contigo…—

Al oír esas palabras, Antonina le dijo que le iba a escuchar, con una grata alegría, que molestó aún más a Sasha, que siguió hablando:

— Ella, Aiyanna, mi otra parte; me habló, me pidió una conversación entre nosotras. — Ponía un rostro avergonzado, mientras decía estas palabras. — Me dijo que esta vez me iba a escuchar, y yo a ella. Eso hice. —

Dio una pequeña pausa, como si le costaba muchísimo continuar soltar una conversación sin burlas ácidas ni amenazas:

— Me hablo de lo horrible que era yo y de lo difícil que era aceptar tal cosa, siendo incapaz de hacerlo hasta hoy. Al final, tuvo que reconocer que yo era ella, que somos la misma persona. —

Empezó a dar vueltas por la habitación, mientras seguía hablando:

— Luego, me preguntó si yo quería irme de este mundo de una vez y mi respuesta fue la obvia. Ahí es dónde nosotras hemos coincidido en algo, ella quiere librarse de mí y yo quiero finalmente descansar. —

— ¡¿Entonces, éste es el adiós!? ¡Sabes, eso no es fácil, las personas cuya identidad se disoció tardaron años en volverlo a unir, incluso jamás lo han conseguido! Además, esto no sería una despedida, porque siempre has sido Aiyanna, una parte de ella, ¿o es al revés? — Rió leventemente Antonina.

—“Hay más cosas en el cielo y la tierra, vieja bruja, que las que sospecha tu filosofía”, ¿era así, verdad? —

Con solo decir esto, Antonina entendió lo que en realidad intentaba decir aquella siniestra chica que, por primera vez, hablaba cordialmente con ella:

— Si me vas a mostrar algo increíble, que ningún psicólogo haya podido observar o sea capaz de explicar, entonces lo espero con muchas ganas. Después de todo, este mundo está lleno de fenómenos inexplicables. —

Estaba impaciente por observar cómo se iba a producir ese milagro, como iban a solucionar de un día para otro algo que llevaba años en solucionar.

— O eso o las conveniencias que el guión que este teatro absurdo al que llamamos “mundo” nos ha preparado. —

Y tras pronunciar Sasha estas palabras, las dos empezaron a reírse, como si se hubiera contado un gran chiste. Luego, Antonina añadió:

— Por cierto, antes de que desaparezcas, me gustaría conocer bien tu historia, ese teatro en el que has participado con tanta locura. —

— Por nada del mundo, vieja estafadora. Te morirá con las ganas. — Le replicó con un tono muy burlesco y desagradable.

— ¡Qué pena! — Se lamentó Antonina. — Supongo que es mejor así. —

— Bueno, en definitiva, este será el adiós. Aiyanna expulsará este espíritu maligno, el espectáculo que tiene pensado hacer te va a hacer mucha gracia, es un chiste bastante malo, la verdad. —

Y Sasha se dirigió hacia la puerta tranquilamente, mientras Antonina le estaba diciendo las últimas palabras dedicadas a aquel horrible ser:

— Lo estaré esperando. Ah, ¡y adiós, espíritu maligno! —

Y con esto dicho, aquella chica volvió a la cama en dónde dormía con sus padres y Antonina se acostó definitivamente, deseosa de que el día pudiera llegar pronto. Menos mal que pudo dormir, siendo la primera en despertar, al oír los primeros cantos de los gallos. Más bien, la segunda, porque ella también se encontró a Aiyanna despierta, al salir de su cuarto:

— ¡Buenos días, Doña Antonina! — Ella le devolvió el saludo y a ésta le costó un poco en decirle esto: — ¡¿Has hablado con Sasha!? — Nuestra “chamán” movió la cabeza. — Ya veo. Quiero que me ayude en montar su funeral, o exorcismo, o algo así por el estilo. Eso es lo que hemos decidido, ¡¿está bien así, verdad!? —

— Sí, me parece bien. Yo te lo exorcizaré, juntas la llevaremos al mundo en dónde pertenece. —

Así, ellas decidieron empezar con las preparaciones del adiós del espíritu maligno. Con gran rapidez, llamaron a los padres de ésta y despertaron a Nonoma, diciéndoles que Aiyanna ya estaba preparada para expulsar a ese mal de una vez por todas. Con grandísima alegría y esperanza, Nizhoni y Navajo hicieron caso de las indicaciones de ésta: Salieron afuera de la casa, en busca de un lugar relajante, poniendo una gran alfombra ahí y llenarlo de símbolos cristianos; avisaron al pueblo, para que no se acercará a ese sitio, por si ese ser intentará poseer a otro pecador. Al llegar la tarde, a menos de una hora o algo más de que llegué el atardecer, lo tenían todo preparado:

— ¡¿Estás lista, Aiyanna!? — Eso le dijo Antonina a Aiyanna, cuando llegó el momento.

A cada lado de la alfombra, los padres de Aiyanna y Nonoma estaban rezando con todas sus fuerzas, con el claro objetivo de llenar de buenas vibraciones el ambiente y debilitar al espíritu maligno con esos rezos.

Tanto Antonina como Aiyanna estaban fueran de la alfombra, a los pies de ésta, preparándose para entrar. Al decirle nuestra “chamán” eso, la chica vio que era la hora de empezar con el espectáculo.

— Sí, es hora de terminar con esto y darle un final para este espíritu maligno…—

Le respondió Aiyanna con muchísima decisión y firmeza, antes de caminar hacia al centro de la alfombra y acostarse en ella. Cerró los ojos e inspiró y respiró varias veces, como si intentaba calmar su mente; mientras Nonoma, Nizhoni y Navajo le agarraron las extremidades, a la vez que Antonina se sacaba de la manga una pequeña cruz de madera. A lo lejos, todo el pueblo observaba aquella escena, con los amigos de la chica en primer plano. Con miedo, pero con esperanza, rezaban fuertemente para que todo saliera bien.

— Bendigo este objeto que llevo en la mano en el nombre de Jesucristo. —

Entonces, el “chamán” soltó esto, mientras cerraba los ojos y se mostraba pensativa, como si estuviera llenándose de poder celestial para enfrentarse contra el esbirro del maligno. Y luego, empezó a acercarse a Aiyanna, con la cruz hacia adelante:

— En el nombre de Jesús y de todas aquellas almas que están a su cuidado, y protegen a sus descendientes de aquellos seres malignos procedentes del averno, le ordeno a este demonio “¡fuera!” —

Entonces, mientras ella pronunciaba estas palabras, el pequeño cuerpo de Aiyanna empezó a agitarse sin parar, como si alguien en su interior se está retorciendo de odio y cólera al oírlo; mientras su rostro se endemonió de un momento para otro. Finalmente, Sasha apareció en la escena:

— ¡¿Fuera!? ¡Tu puta madre en bragas! ¡Yo no salgo de aquí ni en dos mil años! ¡Puta zorra, hija de puta! ¡Chamán de pacotilla, no tienes derecho, la Iglesia Católica no te ha dado clases para hacer esto! —

Aquellas palabras llenas de maldad y fealdad, eran gritadas a los cuatro vientos, entre terribles chillidos y risas maléficas. Los que sujetaban a Aiyanna, al ver el radical cambio que mostró, se pusieron a temblar y parecía que de un momento para otro iban a huir.

— ¡No se asusten, ustedes sigan rezando, sigan llamando a Nuestro Señor Jesucristo, a su Padre, al Espíritu santo y a vuestros antepasados; que os protejan contra las palabras del maligno! ¡Con todo vuestro corazón! —

Les gritaba con mucha convicción, llenándolos de valentía para que siguieran sujetando a Aiyanna. Luego, se dirigió hacia al demonio:

— ¡Sasha, te ordeno que en el nombre de Jesucristo dejes el cuerpo de Aiyanna ahora! —

— ¡Ni una mierda, ni por todas las cruces del mundo, voy a soltarla! ¡Eres idiota, lamentable, peor que Michael Jackson, Bush y Doraemon juntos! —

— ¿¡De quienes está hablando!? — Gritó Nizhoni, muy aturdida. Nonoma contestó con muchísimo terror. — ¡Dios mío, deben ser algunos de sus amistades malignas! — Añadió Navajo: — ¡Ignórenlo, es una táctica para confundirnos y atacarnos! —

Los tres luchaban como podrían, mientras el espíritu maligno intentaba liberarse de ellos con mucha violencia y fuerza, quién ponía caras y soltaba chillidos tan horribles y aterradores que no dejaba ninguna duda de que un monstruoso ser estaba habitando dentro de ella.

— ¡Silencio, ser del averno! ¡Te lo ordeno en el nombre de Jesús! ¡Calla y vete en silencio del cuerpo de esta pobre criatura! ¡Fuera! —

Salve Satanas, Salve Satanas. In nomine die nostri satanas luciferi excelsi. Potemtum tuo mondi de Inferno, et non potest Lucifer Imperor.

— ¿¡Por el amor de Dios, en qué idioma malparido está hablando!? ¡No es ruso! — Gritó Nonoma y Navajo añadió: — Ni tampoco nuestro idioma. —

— ¡Vamos, Doña Antonina, sácalo rápido, esto cada vez va a peor! — Y finalmente, esto fue lo que soltó Nizhoni, a punto de desmayarse por el terrible que estaba sintiendo. Los tres estaban al borde del estrés, pero Antonina continuó, replicando esas palabras con éstas:

Regna terrae, cantate Deo, psallite Domino, Tribuite virtutem Deo. Exorcizamus te, omnis immundus spiritus, omnis satanica potestas, omnis incursio infernalis adversarii, omnis legio, omnis congregatio et secta diabolica. Ergo perditionis venenum propinare. Vade, satana, inventor et magister omnis fallaciae, hostis humanae salutis. Humiliare sub potenti manu Dei; contremisce et effuge, invocato a nobis sancto et terribili. Nomine Iesu, quem inferi tremunt. Ab insidiis diaboli, libera nos, Domine. Ut Ecclesiam tuam secura tibi facias libertate servire, te rogamus, audi nos. Ut inimicos sanctae Ecclesiae humiliare digneris, te rogamus, audi nos. Dominicos sanctae ecclesiae te rogamus audi nos. Terribilis Deus de sanctuario suo Deus Israhel ipse. Deus Israhel ipse. dabit virtutem, et fortitudinem plebi suae, benedictus Deus. Gloria Patri. —

Al decir aquellas palabras, provocó que el espíritu maligno empezara a dar grandes chillidos de dolor y sufrimiento, como si le estaban corroyendo con esas palabras; mientras le amenazaba a Antonina con matarla y destruirla en aquel extraño idioma. Ésta le respondía:

Crux Sancta Sit Mihi Lux. Non draco Sit Mihi Dux. Vade retro satana. Nimguam Suade Mihi Vana. Sunt Mala Quae Libas. Ipse venene Bibas.

Y más gritos de dolor y feas conmociones mostraba aquel demoniaco ser, mientras Antonina, no dejaba de gritarle que se callara y se fuera, mientras ponía la cruz sobre la frente de Aiyanna y le echaba agua bendita en la cara.

— ¡Ah, ah, quema! ¡Quema! — Ésta dejo de hablar en ese idioma, para hacerlo en inglés, que seguía siendo inentendible para los aquí presentes. — ¡Aléjame esa maldita cruz, déjame en paz! ¡Fuera Jesús, fuera ese Dios maldito, fuera todas esas mierdas! —

Y luego, empezó a reír como loca, gritando a pleno pulmón, mientras Doña Antonina seguía repitiendo esto:

— En el nombre de Jesús, le ordeno a los demonios, ¡Fuera! —

— ¡Y-ya vale, y-ya vale, con esta farsa! — Decía estas palabras en aquel extraño idioma, mientras se moría de la risa, mientras empezaba a llorar como loca. — ¡Ya me está doliendo, me estás quemando! —

Pero Antonina continuó, no podría terminar aún. Entonces, soltó esto, replicándole en ese idioma que ella estaba utilizando:

— ¡Ya es hora de irse, espíritu! ¡Es hora de que te vayas! ¡Este exorcismo, este funeral ya debe terminar! —

— ¡¿Hemos montado un gran espectáculo, verdad!? ¡¿Este es mi verdadero acto final, verdad!? — Le replicó con un tono burlesco y desagradable, que ocultaba un fuerte sentimiento de alivio y felicidad.

— ¡Este es el fin! ¡Adiós Sasha, adiós maldito espíritu maligno, para siempre! — Y alzó la cruz hacia al cielo, mientras gritaba esto con toda intensidad, volviendo a hablar en ruso: — ¡En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, te expulso del cuerpo de Aiyanna! —

— ¡Nos veremos en el infierno, perra embustera! — Dio un gran grito demoniaco, entre risas que se escucharon por todo el valle como si fueran los lamentos de un ser maldito que ya había perdido. Luego, añadió esto, en voz baja, mientras dejaba de forcejear y dejaba de mover: — ¡Adiós Malia, mi hermana! ¡Sé feliz! —

Nadie entendió lo que esas palabras, ya que seguía hablando en aquel extraño idioma que nadie, salvo Antonina, reconocía; pero tampoco les interesaba saberlo.

Y de la locura se pasó a la tranquilidad, la chica cerró los ojos y respiraba e inspiraba varias veces, como si estuviera recuperando aire, o el control de su presunto cuerpo. Era un indicio de que todo había terminado, de que el espíritu maligno, Sasha, ya no estaba ahí.

— ¡¿Qué ocurre!? ¡¿Hemos derrotado al espíritu maligno!? — Le preguntó Nizhoni, quién estaba en vilo, a Antonina. Los nervios de los participantes estaban a flor de piel, preguntándose si ya era hora de festejar o la calma antes de la tormenta. Tanto ellos como aquellos lejanos espectadores, el resto del pueblo, rezaban fuertemente, esperando el fin de esta pesadillo.

— Quién sabe, solo hay que esperar que Aiyanna abra los ojos, en ese momento veremos si hemos expulsado o no a ese ser. — Y Antonina no ayudó a calmarlos, aumentando el suspense.

Tuvieron que esperar unos cuantos minutos, que se volvieron eternos, para ver si la pobre de Aiyanna, aquella niña, desconocida hace meses y ahora querida por todos, levantará la pupila de sus ojos y volviera a tener solo un alma en su cuerpo, que aquel monstruo ya se hubiera ido para siempre.

Finalmente abrió los ojos y, como si se hubiera tomado una siesta, dio un fuerte bostezo, mientras se frotaba las manos con sus ojitos. Luego, miró por todos lados, algo atontada:

— ¡¿Papá, mamá!? — Dijo. Luego, giró la cabeza y añadió: — ¿¡Nonoma, Doña Antonina!? —

Salvo Antonina, los padres de Aiyanna y Nonoma se quedaron paralizados, no sabían cómo reaccionar, había un cúmulo de sentimientos que les hacía imposible actuar. Al ver esto y observar por un momento a la “chamán”, quién le guiñó el ojo, ésta les soltó estas palabras con tímido regocijo:

— Ya todo ha terminado, se ha ido. —

— ¡¿En serio!? — Los padres no se lo podrían creer. — ¡¿De verdad, hija mía!? — Y ella movió la cabeza de un lado para otro para dejarlos claro que era cierto.

— ¡Por fin, por fin! — Entonces, explotaron de alegría, rompiendo a llorar. — ¡Mi niña, mi querida niña, por fin te han librado de ese monstruo! —

Y los dos la abrazaron fuertemente, y ella también que además se puso a disculparse, mientras le salían lágrimas de felicidad:

— ¡Lo siento mucho, debéis haber pasado mal! ¡Pero ahora está bien, ya no volverá, nunca más! —

Entonces, aparecieron de golpe los amigos de Aiyanna, que saltaron sobre ellos, con la misma intención de abrazar de felicidad a su querida amiga. Entre los lloriqueos y los chillidos de júbilo, no se les entendía nada.

Y Antonina, mientras los observaba, notó que Nonoma, quién estaba a su lado, mostraba en el rostro de la sirvienta, que también estaba a punto de expulsar lágrimas, quería unirse a la fiesta:

— ¡¿Por qué no te unes a ellos, Nonoma!? —

— Mi orgullo no me tiene acostumbrada a hacer este tipo de cosas, Vuestra Merced. Mejor, miró desde aquí. —

Antonina rió, al escuchar esa respuesta, antes de darle un pequeño empujón hacia ellos. Nonoma no pudo resistir y se lanzó al grupo para abrazarlos a todos.

Entonces, Antonina miró hacia al cielo, mientras esperaba que el resto del pueblo llegará hasta ellos, observando como el atardecer salpicaba todo el valle de un claro y melancólico naranja. Se preguntaba si definitivamente Sasha ya había desaparecido de este mundo, si Aiyanna ya había absorbido a aquella personalidad problemática, a esa absurda chica, llena de misterios, que vivió como si el mundo fuera una absurda comedia. Si este era su fin, entonces, descansa en paz; pensó ella.

FIN DE LA TRECEAVA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

El Funeral de una flor: Doceava parte, centésima decimoséptima historia.

Antonina tardó un poco en decir algo, observando a una Aiyanna, que ya no sabía si era ella o su otra personalidad, Sasha; poniendo un rostro que a muchos les parecería amenazante, salvo para nuestro “chamán”, quién soltó con su habitual calma y serenidad esto:

— ¿¡Te lo dije, no!? Juntas íbamos a derrotar al espíritu maligno, solo tenemos que hacerlo poquito a poco, no hay que adelantarnos…—

— Ya veo…— Dijo, muy desconsolada y cabizbaja. — Entonces, no me queda más remedio que obligarte, lo siento Doña Antonina. — Y se lanzó hacia ella, mientras sacaba una navaja de sus bolsillos y gritaba llena de sufrimiento y odio, había perdido totalmente la cabeza.

Antonina, sin perder la tranquilidad, la esquivó con mucha gracia. Mientras Aiyanna se daba la vuelta y se preparó para cargar contra ella de nuevo, ésta añadió:

— Esto es muy irracional de tu parte, chiquilla. No deberías apuñalar a tus mayores, hay que respetarlos. —

— ¡¿Crees que voy a respetar a un vieja bruja como tú!? — ¿¡Ahora estaba hablando Sasha!? ¡¿O era la misma Aiyanna!? Era como si los límites entre las dos personalidades se hubieran disuelto de golpe. — ¡Tú siempre has estado jugando con nosotras, jamás te ha importado un bledo salvarla de mí! —

Esta vez Antonina no pudo hacerse a un lado y tenía que mover su cuerpo de un lado para esquivar la navaja, mientras daba pasos hacia atrás sin parar. A pesar de este esfuerzo, era capaz de replicarle a la chica:

— ¡¿Eso es lo qué crees!? Si existen, es gracias a mí, ¡¿o no lo recuerdas ya!? —

— ¡Cállate, libérame de Sasha! ¡Bórrame todas sus memorias, todo lo malo que ha hecho! — No paraba de detener sus ataques una y otra vez, mientras se gritaba a sí misma a pleno pulmón. — ¡Yo soy tú y yo soy tú, ¿cuántas veces te lo diré?! — Aún así, volvía al ataque, a pesar de que su otra mano agarraba su cara como si un dolor muy intenso le estuviera destrozando. — ¡Cállate, Aiyanna es una chica buena y tú eres un monstruo! ¡Y esto es tu culpa, yo no estaría haciendo si no fueras un espíritu maligno! —

¿¡Qué le estaba ocurriendo a la chica!? Antonina, por más que lo intentaba recordar, no recordaba algo igual de intenso, y eso la maravillaba, a pesar de que ella estaba en peligro. Los seres humanos siempre nunca fallan en mostrar sorpresas, por eso ama a la humanidad.

— ¡Exorcízame, vamos! ¡Líbrame de Sasha! — Y aumentó sus acometidas con la navaja. — ¡Vamos, defiéndete, mátame de una puta vez, aléjame de este mundo sin sentido! —

Antonina, quién no paró de evitar cada navajazo que le enviaba, no pudo esquivar a tiempo la siguiente y tuvo que pararlo con su bastón a tiempo, el cual ya se había mencionado en el principio y siempre estuvo a su lado todo este tiempo. Mientras bloqueada, como si fuera un escudo, aquella pequeña arma, que se quedó atascado en la madera; el “chamán” habló:

— Sabes, tengo una amiga que no para de ensalzar el cuerpo humano, lo considera lo más hermoso que haya aparecido en toda la historia de la tierra. Es una maquina biológica única e impredecible, sobre todo el cerebro. —

— ¡¿Por qué sacas ese tema!? — Le gritó la chica, mientras la empujaba hacia afuera, en vez de liberar su navaja de la madera.

Antonina, quién se dejó empujar por la debilucha fuerza de su agresora, y la chica salieron al exterior de la cueva, sin importarles que un diluvio caía sobre ellas, acercándose a un rio que se llenó hasta los toques de agua. Ésta le siguió hablando esto, como si estuvieran teniendo una charla cordial:

— Sí, perdiste tu memoria, porque dañé una parte del cerebro, o tal vez fue por la bala. Creía que el daño sería irremisible, y lo es, pero todos tenemos una propiedad en ese valioso órgano, llamado “plasticidad cognitiva”, que remueve las relaciones entre nuestras neuronas si una parte falla o se pierde. Pero esto puede tardar meses o incluso años, además de que es necesario estimularlo. No me di cuenta de esto hasta ahora…—

— ¡Deja de joder, vieja bruja! — La interrumpieron con un horrible grito, antes de desatascar su navaja de la madera del bastón.

— ¡Realmente soy un fracaso como cirujana! O por lo menos, ya se me ha pasado el arroz… — Aún así, ella siguió hablando como si nada.

— ¡¿Por qué estás tan calmada!? ¡¿No ves que tu vida está en peligro!? —

No entendían cómo Antonina siguiera mostrando muy relajada y tranquila, incluso llegando al punto de que estaba sonriendo, como si ella estuviera disfrutando de esto. Y no se detuvo:

— Eso no es la cuestión. Lo importante es saber que, al haber recuperado tus recuerdos, así como tu personalidad original; se había producido un enfrentamiento en ti misma, provocando disociarte en dos. —

— ¡Eso ya lo sabemos desde el principio, idiota! — Y se lanzó hacia ella, para poder acuchillarla, volviendo ésta a esquivarla de nuevo.

— ¿¡Por qué rechazas tus propios recuerdos!? ¡Eso es lo que fuiste, Aiyanna, no…! ¡Sasha! — Mientras le decía estas cosas.

— ¡Basta, basta, basta! ¡Los odios, los repudio, no son míos, eso no fue yo! ¿¡Por qué tuve que recuperar la memoria, por qué tuve que ser así!? —

— Era muy feliz sin ellos, tengo amigos, tengo papás que me quieren, todos me tratan bien, creo que la vida tiene sentido y es hermosa, ¡¿por qué habría que aceptar que fui un monstruo, por qué debo volver a tener estos sentimientos tan horribles por todo lo que pasé y sufrí!? — Y finalmente, rompió a llorar, después de haber contenido sus lágrimas. Aún así, seguía atacando a diestro y siniestro, intentado embestir al “chamán” por todos lados y buscando un punto ciego con lo cual ésta no pudiera esquivarlo.

— Pero no todo fue malo, ¡¿verdad!? Tuviste a una hermana muy buena, ¡¿quieres olvidarla también!? — Aunque llevaba un buen rato esquivando, sus movimientos se hacían cada vez más lentos y torpes, aquel acoso tan enérgico y persistente estaba surgiendo efecto. Ya apenas podría evitarlo, aún cuando usará su bastón. De un momento para otro, iba a ser herida:

— La traté fatal, le hizo todo el mal posible para que me dejará en paz y se olvidará de mí, ¡es mejor olvidar esto, olvidarlo todo! — Ella se detuvo por un momento, mientras volvió a poner su mano sobre su cabeza por el dolor, antes de suplicar esto a gritos: — ¡Los odio, sácamelo de mi cabeza, Doña Antonina, sácame esto de mí, libérame del espíritu maligno!  —

Y empezó a soltar unos chillidos más fuertes que antes, que sacaban todo el horrible dolor que llevaba dentro de sí, toda aquella maldad que la habían hundido en la desesperación durante largos años, llegando al punto de que parecía muy exagerado, que, en otras circunstancias, hubiera sido cómico.

Pero, a continuación, ella sacó unas fuerzas impropias de una niña pequeña y le dio una fuerte patada hacia a Antonina, sorprendiéndola en el acto. No pudo esquivarlo y la hizo rodar por una pendiente llena de barro y agua, llegando al punto de estar al lado del rio, convertido en crecida.

Miles de truenos sonaron y el cielo fue iluminado por el destello de los rayos, un diluvio violento y fuerte caía sobre ellas, mientras la chica se acercó rápidamente a la persona que había golpeado, le dijo:

— ¡¿Ahora, dónde están tus buenos espíritus!? — Le gritó, burlona, con la navaja a pocos metros del cuello de Antonina. — ¡Pídeles ayuda, diles que me libren de mi yo anterior, de todos mis recuerdos! — Luego de exigir, se gritó a sí misma: — ¡Cállate, Sasha, vas a desaparecer! —

— ¿¡Desde cuándo llevas tú el control aquí!? — Y parecía que era el turno de Sasha en hablar: — Yo soy la original, tú eres más que una personalidad secundaria, ¡subnormal, payasa, idiota, vendedora de cruasanes! — Las dos personalidades casi se pusieron a pelear, sino fuera por la interrupción de Antonina, que dijo:

— ¡¿De verdad crees que les voy a pedir ayuda ahora mismo!? Porque, después de todo, no creo que serás capaz de matarme…— Y lo dijo con muchísima seguridad, como si ya estaba predestinada a salvarse. Luego, con tono maternal, añadió: — ¡Vamos! Tranquilízate y piensa en frio, ¡¿tienes idea de que lo que estás haciendo no solo es irracional, sino algo que haría ese monstruo al que tú reniegas!? —

Entre jadeos, la chica solo observaba con una cara que era casi imposible de describir, entre una mezcla de duda, odio y temor, a Antonina, mientras seguía sosteniendo el cuchillo sobre el cuello de la santa, que continuó:

— Al final, estás teniendo un grave error. Lo entiendo, tus sentimientos, todo lo que has acumulado estos días, meses, e incluso años, ha explotado. Pero es hora de controlarse, pedirle a Sasha que dejé de tomar el control de tu cuerpo. — No hubo una réplica, así que siguió:

— Ibas muy bien, mi idea, lo que realmente quería hacer contigo, además de controlarte, que te enfrentarás a la verdad y te dieses cuenta de que la única manera de terminar con esto, es aceptarlos, tanto a ese espíritu maligno como sus recuerdos, como algo propio de ti. Sasha es una parte de tu personalidad, horrible, pero todos los seres humanos tienen uno, ¿no? —

Y finalmente, la chica actuó, pero no de buenas maneras. Alzó la navaja a lo más alto y grito esto:

— No, yo no puedo aceptarlo, por nada del mundo. Odio a Sasha, tiene que desaparecer de una maldita vez. — Y dirigió la navaja hacia su estomago.

Pero no se lo incrustó, porque algo la tiro al suelo, que no era nada más ni nada menos que una patada voladora de una chica que dijo esto:

— ¡Maldito seas, espíritu maligno! ¡No permitiré que le hagas eso a la señorita Aiyanna! —

Era Nonoma, quién rápidamente levantó del suelo a Doña Antonina, mientras le preguntaba muy preocupada y alterada cómo estaba.

— ¡No te preocupes, no es nada! — Le decía una Antonina, que sorprendió gratamente a Nonoma, al ver que ésta seguía conservando su tranquilidad. Dudó de su humanidad, mientras ella añadía: — Ahora lo importante…—

— No os preocupéis tampoco Vuestra merced, que no estoy sola. —

Y con esto dicho, observaron cómo los amigos aparecían y se echaron encima de Aiyanna para poder inmovilizarla.

Yevgeniv le pedía a su amiga que volviera a tomar el control de su cuerpo, mientras le gritaba al espíritu maligno que se fuera; Ainelen rezaba varios padrenuestros, Mailen le dio unos tortazos para tranquilizarlas, Milenka y su hermanito Arhirani le inmovilizaron los brazos, mientras Winona y Larrisa hicieron lo mismo con sus piernas.

Y así estuvieron, durante dos o tres minutos, hasta que Aiyanna se pudiera tranquilizar, ya que ésta no paró de chillar como una demente e intentar liberarse a lo bruto. Y cuando lo hizo, ellos la levantaron del suelo y se la llevaron,  después de que Antonina ordenara esto:

— ¡Volvamos rápido a la cueva, vamos a coger un catarro o una gripe si seguimos bajo la lluvia! —

Tras refugiarse de la lluvia, ya pudieron tener tiempo para asimilar lo que había ocurrió.

— Doña Antonina, ¿estáis bien? ¡¿Qué ha pasado para que haya acabado así!? —

Le preguntaba una Nonoma muy preocupada, mientras observaba el cuerpo de Antonina en busca de heridas. Ésta, fiel a su actitud calmada, soltó unas risas, antes de decirle, como si hubiera tenido un pequeño percance, esto:

— Perfectamente, solo algunos rasguños. Los buenos espíritus han podido protegerme, como siempre. —

— Vuestra merced, a veces me dais un gran pavor, ¡¿nunca vos estáis muy asustada o enfadada!? Siempre estáis así, aún en los peores momentos. —

Le replicó la sirvienta al ver la actitud de Antonina. Ésta solo dijo en tono de burla que tal vez, que eso también era obra de los buenos espíritus. Los demás chicos intervinieron, con gritos de admiración hacia aquella mujer, que era tan santa y bondadosa que jamás tenía miedo o se enfadaba.

Bueno, no todos, dos niños de grupo estaban muy pendientes de Aiyanna, quién se arrinconó en un rincón, mirando cabizbaja a la pared, en rodillas y en total silencio. Parecía una verdadera estatua.

— ¡¿Estás bien, Aiyanna!? — Le preguntaba una Ainelen preocupada por aquella actitud, aunque era incapaz de acercarse a ella. — ¿¡Has vuelto a la normalidad, verdad!? —

— ¡Vamoz, Aiyanna! ¡Di algo! — Yevgeniy también lo hizo, mostrándose mucho más preocupado que Ainelen, e incluso se acercaba poquito a poco a la chica, con el propósito de tocar su hombro para ver si así reaccionara, aunque tenía miedo de que el espíritu maligno le atacará.

Pero no respondió ni mostró alguna reacción ante aquellas palabras, parecía que ella no estaba en este mundo, sino inmerso en el suyo propio, incapaz de ver lo que ocurría a su alrededor. Y al escucharlos, los demás fijaron su atención hacia Aiyanna, que se animaron al coro. Todos, incluso Nonoma, le pidieron que dijera algo, que reaccionará a sus palabras, una y otra vez, pero no surgía efecto, ésta no les hacia ningún tipo de caso, a pesar de que eran bastantes insistentes.

En verdad, había una excepción, Doña Antonina, que se quedó observando a los chicos que intentaban hacer que la chica reaccionará durante bastantes segundos, mientras se limpiaba el barro de su vestido. Luego, se acercó a ellos de forma calmada y les dijo esto:

— ¡Dejen a Aiyanna por un rato! Ella quiere estar un rato sola, quiere comprender lo que ha pasado…—

Los niños intentaron replicarla, pero ésta se los volvió a repetir. Ellos no tuvieron más remedio que hacerla caso y esperar a que ésta se atreviera a hablar o, por lo menos, a que dejará de llover. A petición de Antonina, hicieron una fogata, a duras penas, para poder sentir calor y quitarse la húmeda de los huesos y de las ropas. Todos se reunieron en torno al fuego, salvo Aiyanna, obviamente.

— ¿¡Ya estás mejor, Aiyanna!? — Al final, Antonina, tras pasar un buen rato, se acercó a la niña y le decía esto, mientras ponía su mano sobre su hombro. — Ya creo que es suficiente de estar desconectada de todos, los están preocupando de más. — Ésta reaccionó, rechazando de forma muy desagradable aquel gesto que le mostró. Luego, al ver lo que hizo, pidió perdón:

— Lo siento, no era mi intención…— Llena de arrepentimiento, se estaba refiriendo al hecho de haber atacado a Antonina. — Yo, no sé que me ha pasado, de verdad…—

— ¡No te preocupes, ha sido interesante observar eso! —

— No lo entiendo…— Replicó Aiyanna, y Antonina añadió: — No es necesario que lo entiendas, por lo menos, esto no. —

— Ya veo…— Rió débilmente. — Y tiene razón, no puedo estar así…—  Añadió esto, tras soltar un suspiro: — Tengo que aceptarlo, ¿verdad? —

Antonina no dijo nada, solo movió afirmativamente la cabeza.

— Ella no paró de decirlo, siempre tuvo razón, era yo y yo soy ella. Yo no quería aceptarlo, y aún no puedo hacerlo…— En su cara, aún se mostraba que no deseaba aceptar la realidad: — Pero, pero, ésta es la única manera de conseguirlo, ¿¡verdad!? —

— Ya te lo dije, será duro y largo. — Concluyó Antonina.

— Sí…— Rió otra vez. — Tal vez es verdad…— Y se levantó, entonces, del suelo, forzándose a mostrar una cara llena de vigor. — Pero, aún así, me enfrentaré a mis recuerdos y a Sasha. Lo conseguiré. —

Nadie del grupo atendió lo que dijeron aquellas dos, porque empezaron a ver como el diluvio terminaba poquito a poco, mientras los rayos del sol atravesaban aquellas nubes negras, que ya abandonaban el valle. Todos estuvieron más ocupados en ver el espectáculo que no se dieron cuenta de que Antonina se acercó a Aiyanna y habló con ella.

Estas dos, entonces, se dieron cuenta del fin de la tormenta y se acercaron al exterior en total silencio.

— ¡Qué conveniente! Esto es una prueba más de que los buenos espíritus están de nuestra parte…— Comentó Antonina, y Aiyanna añadió, bastante emocionada y llena de esperanza.

— Sí, tiene razón. Ellos quieren que pueda aceptarme a mí misma. —

Al oír esto, los demás, asustados y sorprendidos, giraron la cabeza hacia detrás y vieron que Aiyanna ya había salido de su bloqueo. Una gran alegría se apoderó de ellos y saltaron hacia ella, abrazándola en el proceso.

FIN DE LA DOCEAVA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Undécima parte, centésima decimoséptima historia.

Si me permiten, vamos a detenernos un poco, para recordar todo lo que hemos contado, desde el inicio hasta ahora. Como ustedes ya habrán leído, todo empezó desde que nuestro “chamán real”, Doña Antonina, llegó a esta aldea, después de que le pidieron ayuda, porque una pobre niña del pueblo llamada Aiyanna estaba siendo poseída por un espíritu maligno. Pues ella, con su poder místico, empezó un largo proceso de exorcismo para sacar a aquel monstruo de su cuerpo llamado Sasha, mientras ésta volviera a seguir viviendo su vida, a la vez que hacía nuevos amigos, como Nonoma, quién fue traída como una sirvienta por parte de nuestra celestial amiga.

Más o menos, es la narración que todos nuestros personajes creen que es. No es necesario contarles las metáforas y otras figuras retóricas que están ocultas bajo este resumen, pero hay que decirles que alguien de nuestra historia se dio cuenta de que había gato encerrado en las palabras de aquella santa mujer, o mejor dicho, siempre lo supo, porque fue la misma que empezó con la retórica.

Continuando con la historia, esta vez el día estaba oscurecido, unas nubes muy negras taparon el sol y cubrieron todo el cielo, parecía que tenía la intención de provocar un diluvio, aunque, por el momento, no caía ni una gota. Así es cómo se levantaron Antonina y Nonoma:

— ¡Qué mal día hace, no tiene buena pinta! — Exclamaba Nonoma, mientras observaba por la ventana. — Vuestra merced, no creo que podamos salir afuera hoy, ¡parece que va a llover a mares! —

— Eso parece, aunque no está mal tener un día de este tipo de vez en cuando. — Añadió Antonina, sin mirar siquiera a la ventana.

Había algo más que le distraía del tiempo, que la puso muy pensativa y taciturna. Al sentir que estaba muy ocupada en sus propios pensamientos, mientras era ignorada, Nonoma le pidió atención:

— ¡Vamos, Doña Antonina, hablad! ¡¿Por qué vos estáis ignorando a una servidora!? Hablarle y ser ignorada es una ofensa muy grave. —

— Perdón, perdón, es que solo estaba pensando en lo qué pasó anoche. —

— ¡No lo recuerde! — Se detuvo por un momento, al ver que gritó más de lo que debería, dándole punzadas por culpa del dolor de cabeza que sufría: — ¡Sé controlarme, de verdad! ¡Olvidad todo lo que habéis visto de mí! —

Antonina le pareció muy gracioso eso, soltando unas risas que molestaron bastante a Nonoma, quién le replicó. Luego, añadió:

— Tu razonamiento es bastante erróneo, mi querida Nonoma. — Eso solo la molestó un poco más. — En realidad, algo muy curioso pasó durante el paseo que tuve ayer con Aiyanna, y no puedo dejar de recordarlo. —

— ¡¿Ah, en serio!? — Preguntó inocentemente la sirvienta, antes de gritar esto: — ¡Espera, ¿cuándo dieron el paseo?! ¿¡Cuándo estaba una servidora sufriendo por el alcohol!? — No se podría creer que, mientras ella estaba borracha, salieron a dar una vuelta. Antonina solo respondió moviendo la cabeza de forma afirmativa y Nonoma añadió:

— ¡¿Y qué ocurrió para que usted esté más… pensativa de que costumbre, fue algo grave!? —

Era algo impropio de Doña Antonina, a pesar de que claramente siempre mostraba que era alguien muy pensativa, ignorar a su interlocutor. Debía de haber vuelto ese maldito espíritu maligno u otra cosa igual de grave para que estuviera así, y esperó fervientemente la respuesta de ella, que tardó en responder durante varios segundos:

— No creo que a Aiyanna le interesa bastante que te cuente lo que ocurrió, así que, por el momento, solo haré silencio. — Al final, la espera no valió nada y Nonoma, a pesar de que la curiosidad le pedía insistir, no se atrevió a descubrir la verdad. Solo había que esperar a que Antonina le entrara ganas de decirlo.

Por suerte para ustedes, les puedo revelar lo que pasó aquel paseo nocturno, que fue después de que nuestra Antonina le diera a la pequeña Aiyanna una conversación sobre verdades, el olvido de la gente del exterior sobre éstas y otras cosas más. En el camino a casa, se detuvo otra vez, decidida a tratar sobre un pequeño detalle que casi pasó desapercibido:

— Por cierto, hay algo de nuestra anterior conversación que me gustaría tratar antes de volver a casa. —

Aiyanna, sorprendida ante aquellas inesperadas palabras, y algo aterrada, ya que la seriedad que transmitía previó a la chica de que quería tratar algo que parecía muy incómodo; le preguntó qué era aquello, tras tragar saliva.

— Puede que sea una errada observación de mi parte o algo muy rebuscado, pero, cuando dijiste de que veías espíritus, no incluiste el hecho de que tú tienes uno por dentro…—

— ¡¿Ah, en serio!? — Aiyanna rió nerviosamente. — Tienes razón, pero no hacía falta, ¿no? Ya lo sabe, yo lo sé, todos lo sabemos. —

— Es verdad, pero pensé que, quizás, tú piensas que aquel espíritu maligno no lo es tanto, es decir, que aquello que tienes dentro de ti no es un espíritu maligno…—

— Espera, Doña Antonina, no la sigo, ¡¿qué intentas decir!? Pues claro que es un espíritu maligno, usted misma lo dice. — Su nerviosismo no dejaba de crecer.

— Pero decir una cosa y creérsela son dos cosas muy distintas, mi querida Aiyanna. — Antonina seguía estando tranquila y su tono de voz celestial apenas había variado, a pesar de la seriedad; pero eso ponía a la niña muy intranquila, e incluso parecía asustada, por alguna razón que yo, vuestra narradora, no puedo entender, como si hubiera visto algo malvado a través de aquella santa. Tal vez, son imaginaciones mías, porque nuestro chamán jamás ha mostrado maldad alguna, su santidad es enorme.

— Entonces, ¡¿usted no cree…!? — No pudo terminar la frase, ya que fue interrumpida por Antonina, que añadió:

— Esa no es la cuestión ahora, estamos tratando de saber si realmente crees que lo que tienes dentro de ti es un espíritu maligno u otra cosa…—

Y con esto dicho, estuvieron unos segundos en silencio, con nuestra Doña Antonina esperando la respuesta de la niña, o, por lo menos, observa cómo estaba siendo su reacción. Ésta, aunque tardó un poco, se arriesgó:

— Pues, yo, yo…— Pero la pobre Aiyanna no sabía que decir. — Es un espíritu maligno, de verdad…— Empezó a temblar, mientras miraba para el otro lado. — Lo dijo el chamán del pueblo vecino…— Muchos gestos corporales mostraba que ella estaba cercar de sufrir un ataque de pánico.  — Debe serlo, no puede haber otra explicación. — Rió nerviosamente de nuevo, con una mirada de horror, mientras Antonina la seguía observando sin detener la conversación. — Porque no soy…— Se puso las manos en la cabeza y empezó a gritar: — ¡No lo soy…! —

Y no paró de soltar a gritos esas palabras una y otra vez, mientras se tapaba las orejas y caía al suelo. Luego, empezó a pedir que se callaran, a pesar de que Antonina ni nadie estaban hablando.

— Sabes, te diré que esto es una farsa, supongo que ya lo sabrás. Aquel espíritu maligno es solo otra parte de ti, que se separó y formó una especie de segunda personalidad en tu cabeza. Aún así, hay muchas dudas en torno cómo se ha formado y cómo funciona. —

Y Aiyanna, mientras Antonina se acercaba tranquilamente, ignoraba a lo que estaba diciendo nuestra santa mujer, porque empezó a desvariar.

— ¡Cállate! — Parecía que estaba hablando con Sasha. — ¡Cállate, tú! — O era ésta la que hablaba con Aiyanna. — Yo no soy tú, eres un espíritu maligno. — Éstas se pusieron a discutir. — Acéptalo de una vez, tú eres yo, idiota. — No se podría diferenciar quién hablaba. — ¡Idiota! — Finalmente se pusieron a repetir aquel insulto varias veces.

Antonina vino al rescate y pudo detener aquella especie de pelea, a tortazos.

— Perdóname, creo que te presione demasiado, pero es algo que tenemos que hacer para librarnos de Sasha. — Le decía, después de haberla dejado atontada. — No, tenemos que hacerlo para que tú puedas vivir  como una persona normal. —

Aiyanna no dijo nada, solo se quedó con los ojos bien abiertos, dándonos entender que su mente estaba en blando. Luego, Antonina la abrazó y ésta también lo hizo, con todas sus fuerzas. Rompió a llorar. Sin decir nada más, éstas dos volvieron a casa, como si no hubiera pasado nada.

Aiyanna no soltó el tema desde que volvieron, es más, intentó ser la misma de siempre durante la cena, antes de volver silenciosamente y sin ánimos a la cama. Por eso, Doña Antonina mantenía silencio, mientras se preguntaba si iba a seguir en ese plan o ellas darían una charla en secreto en torno lo que había pasado esa noche. Era el momento para averiguarlo, así que salió en su busca. Nonoma la siguió, incapaz de entender lo que quería hacer Antonina.

Mientras la buscaba por su casa y la granja, también pensó sobre las cientos de dudas que tenían en torno a ella, que eran bastantes y le tenían bastante intrigada. Estaba impaciente por entenderlos.

Aunque lo principal es cómo se produjo la disociación de su personalidad en dos. Más o menos, le contó que empezó a sufrirlo poquito a poco, hace unos meses atrás, aunque ya dudaba de que le hubiera contado toda la verdad. Además, la formación de esto siempre era producida por niveles extremos de estrés continuos, relacionados con violencia familiar, en buena parte de los casos; pero ésta no sufrió ni rechazo por nadie del pueblo ni sufrió ningún tipo de abuso, no había un desencadenante que le hubiera provocado a largo plazo, a primera vista. Entonces, perdiendo mucho tiempo en reflexionar en vez de buscar a Aiyanna, terminó de armar una teoría decente.

Y cuando reviso la granja, se encontró con Nizhoni, mostrando un rostro lleno de preocupación, y le iba a preguntar dónde estaba su hija, pero ésta se le adelantó:

— ¡¿Sabes dónde está Aiyanna!? — Diciendo la misma pregunta.

Definitivamente, Aiyanna había vuelto a desaparecer. Nizhoni, llena de arrepentimiento por haberle quitado la vista por unos segundos, cuando fue a comprar junto con su marido; no paró de maldecirse, al ver que ellas tampoco sabían nada.

Antonina y Nonoma se pusieron manos a la obra, tras tranquilizar un poco a Nizhoni y escuchar que Navajo ya la estaba buscando, además de pedir ayuda al resto del pueblo; y se fueron a las afueras de la aldea.

— ¡¿Vuestra Merced, el espíritu maligno ha vuelto de nuevo!? — Gritaba Nonoma, mientras intentaba alcanza a Antonina. — ¡¿Qué ha ocurrido anoche!? No es casualidad que la señorita Aiyanna se haya ido, después de haber oído de que pasó algo entre vosotras dos. —

— Podríamos decir que he intentado presionarla un poquito y la cosa no fue lo esperable. — Antonina, aunque tardó mucho, se dignó a contestarla, mientras aligeraba el paso.

— ¡¿Espera, qué intenta decir con eso…!? — Pero Nonoma no entendió nada. La interrumpió, con seriedad, pero manteniéndose calmada:

— Da igual ahora, no es el momento, ¡hay que encontrarla antes de que haga alguna locura! — Y no pudo replicar a estas palabras, mientras tenía que salir corriendo para alcanzar a Doña Antonina.

Mientras subían por las laderas de las montañas, recorriendo el mismo camino que ella hizo el día anterior con Aiyanna, recordaba el día en que había salvado a aquella chica.

Era un día de invierno y dos chicas, cuyos nombres eran Zvezdá y Cammi Cammi, aparecieron de golpe en su habitación, cargando a alguien más:

— ¡Doña Antonina, Doña Antonina, ayudadla! —

Lo que vio Antonina fue sorprendente para ella, a pesar de que recibió un disparo en la cabeza, seguía mostrando signos vitales. No se lo pensó dos veces, decidió hacerle una operación de emergencia, con el poco material médico que le quedaba. Con muchísima precisión, tras comprobar el estado de la zona afectada, sacó la bala con muchísimo cuidado.

Y así la salvó, pero, como sabrán, su memoria se perdió en el proceso, a pesar de que la bala se incrustó en el propio cráneo, teniendo que cortar el hueso alrededor de ésta para poder sacarla sin menor problema; y solo destrozó unos pocos milímetros de materia cerebral. Tal vez Antonina dañó sin querer una parte muy importante de órgano mientras le salvaba la vida, pero era normal sufrir percances como estos, sobre todo en operaciones realmente complicados.  Lo importante es que sobrevivió.

Tras llevar días en la cama, despertó sin saber quién era y no pudo poder formar recuerdos hasta varios días después, hasta que la Zarina decidiera librarse de ésta. Y Antonina creyó que su amnesia sería para siempre, jamás iba a recordar quién era antes de sufrir ese disparo en la cabeza.

— ¡¿Por qué no me puse a repasar el mundo actual de la medicina!? Esto es obra de la “plasticidad cognitiva” del cerebro… —

Dijo en voz baja, mientras corría a toda velocidad, sin que nadie percibiera aquellas débiles palabras. Entonces, Antonina se detuvo y Nonoma hizo lo mismo:

— ¡¿Qué le ocurre, Vuestra Merced!? — Y le preguntó.

— Llama al pueblo, a tus amigos, a los padres de Aiyanna, ¡ahora mismo, Nonoma! —

Ella le quería preguntar qué pasaba, pero no había tiempo, había que cumplir con la orden, ya que Don Antonina seguramente vio algún indicio de que algo grave estaba pasando. Así que salió corriendo, mientras la dejaba sola.

Y aquel cielo gris finalmente empezó a descargar poquito a poco toda el agua que llevaban encima, como si presintieran que algo malo iba a pasar.

Antonina, ignorado las gotas de agua, se fijó hacia una cueva, la misma en la cual había conocido a Aiyanna. Y la había visto, entrando en la caverna a toda prisa. Su apuesta había sido correcta, adivinó a dónde iba a estar ella, todo gracias a sus poderes mágicos y a los buenos espíritus que la protegen.

Se dirigió hacia allí y se la encontró en lo más profundo de la cueva, con la misma posición que había adoptado cuando se conocieron. Aiyanna se dio cuenta de su presencia y la observó cabizbaja:

— ¡Así que llegaste, Doña Antonina…! — Rió de forma forzada, mientras ponía una cara llena de dolor.

— Por supuesto que sí, mi querida Aiyanna, aún me queda bastantes cosas que hacer para conseguir exorcizarte. —

— Pues, vaya…— Rió otra vez forzadamente. — ¡¿Aún sigues con la farsa!? —

— Después de todo, solo sigo mi guión. — Aquellas palabras hicieron que le provocará un ataque de risa a la chica. Ya no se podría distinguir si era Sasha o Aiyanna quién estaba gritando con risas desagradables y llenas de dolor.

— Entonces, continúa. Hacedme el exorcismo ya, ¡líbrame de este maldito espíritu maligno! ¡De Sasha, de todo lo relacionado con ella! —

Y añadió esto, provocándole a Antonina, mientras, en el exterior, el chispeo se convirtió en un terrible o horroroso diluvio, con fuertes truenos y rayos de regalo.

FIN DE LA UNDÉCIMA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Décima parte, centésima decimoséptima historia.

Y pasaron dos o tres días desde entonces, en los cuales el espíritu maligno no hizo acto de presencia, ni siquiera manifestándose como una voz dentro de la cabeza de Aiyanna. Ella vivió como había hecho los meses anteriores, controlando su miedo contra el ser malvado que habitaba en su interior. No paró de jugar con sus queridos amigos, sobre todo con la nueva amiga que hizo, Nonoma; ni de ayudar con sus padres en el mantenimiento de la casa. Aún así, tanta tranquilidad no daba buena espina, era como si ese monstruo estuviera preparándose para dar el golpe de gracia. A pesar de todo, había que aprovechar aquella ausencia para asuntos importantes, y eso estuvo haciendo nuestra Antonina.

— ¡¿Cómo va la construcción del generador eléctrico!? — Ella estaba en las afueras del pueblo, ya que se acercó al lugar en dónde estaban haciendo la mini instalación eléctrica, preguntándole esto al jefe de los ingenieros, quienes estaban supervisando las obras, observando a sus buenos obreros trabajando.

— Bien, todo va como está planeado, ya hemos acomodado el terreno y estamos poniendo los cimientos. — Le contestó a Antonina.

— ¡¿Y cuándo estará listo!? — Le respondieron que dentro de dos o tres semanas, mientras no saliera ninguna inconveniente. — Oh, es bueno saber que va a ser más rápido de lo que creía. — Concluyó Antonina, esbozando una gran sonrisa.

— Bueno, no estamos construyendo algo grande, la instalación es pequeña, pero suficiente para darle electricidad al pueblo. — Dio una pequeña pausa, antes de continuar, ya que uno de sus obreros le interrumpió para preguntar algo. — Aunque hay grandes inconvenientes para finalizar este plan, entre ellos aceptar que los vecinos utilicen aparatos eléctricos o que nos den su permiso para conectar sus casas a la futura red. Pero la Zarina ni usted deben preocuparse, porque vamos a conseguir vuestro objetivo, nuestro orgullo y lealtad están en juego. —

El ingeniero, aunque parecía que mostraba optimismo, se rascó la cabeza dudosamente, como si se preguntaba si realmente lo estaban haciendo bien. Después de todo, era una tarea más o menos titánica cómo traer electricidad a un lugar que parecía estar atrapado en el s. XVIII. Y además añadiendo el plus de dificultad que significaba hacerlo de forma muy distinta del exterior.

Iban a proyectar una instalación que solo servía para consumo bajo y para lo estrictamente necesario, con materiales, aunque de muy buena calidad, bastantes atrasados tecnológicamente, o una buena parte, porque había unos pocos demasiados adelantados para el Zarato; teniendo que formar a los pueblerinos para que ellos se pudieran ocupar solitos de su mantenimiento, ya que la comunidad iba a estar cargo. No había ninguna empresa, ni unas complejísimas construcciones que podrían hacer un gran rendimiento, ni una gran ciudad que abastecer, cuando con una sola presa que daría energía a todo el reino.

Feliz de oír aquella noble respuesta, Antonina añadió esto: — Hay que ir poquito a poco. Primero serán molinos y mobiliario urbano entre otros. Después, al ver sus ventajas, desearán tener electricidad en sus casas y aprenderán a construir aparatos electrónicos o pedirán al Zarato que los traigan. —

Había otra razón para ir con calma, si se hiciera de golpe y a gran escala lo que estaban haciendo, se crearía graves problemas para el Zarato y que tardarían mucho tiempo en ser solucionarlos. Era mejor ir despacio. A pesar de eso, ella no se lo dijo, sino que soltó esto en su lugar:

— Además, no es lo único que hemos traído. Los motores de gasolina o de biodiesel que les hemos mostrado han sido un éxito. — Ella recordaba que hace unos días le mostraron esas maquinas que trajeron ellos a los aldeanos, que se quedaron impactados, y luego le enseñaron sus funciones, usándolos como parte de carros o maquinaria agrícola improvisados, dejándoles sin habla. — Por ahora, no os preocupéis mucho por esos detalles, está todo bien diseñado y si algo sale mal, pues se busca el origen del problema, se arregla y ya está. —

Después de todo, ella estaba preparó la modernización y la autonomía que debía tener el Zarato concienzudamente. Y lo estaba poniendo en marcha en este mismo pueblo. Entonces, cambió de tema, preguntando esto:

— Hablando de otra cosa, ¡¿ha llegado algún correo o noticia importante de la capital!? — El ingeniero movió la cabeza negativamente.

— Ya veo, mejor así, es indicio de que todo va bien. Si llega algo, avisarme, ¿vale? — Y le dijeron que sí, antes de que ella se despidiera y volviera al pueblo.

A pesar de que dijo aquello, ella realmente estaba interesada en qué estaba ocurriendo mientras tanto en el palacio, cómo nuestra querida Zarina estaba respondiendo a aquel conflicto inusual que estaba teniendo consigo misma, y con su leal sirvienta. Le parecía muy interesante y se hubiera quedado a observarlo, si no fuera porque tenía que atender este caso. Perdón, creo que he hablado de más, es otra historia que no tiene nada que ver con el nuestro, espero no haberles arruinado el argumento.

Continuando y centrándonos en nuestra historia, nuestra Antonina, después de llegar, se dirigió hacia a la casa del jefe. Ella tardó bastante en llegar, ya que tenía que detenerse constantemente a hablar con los habitantes. Habló con el líder de la aldea, de temas que no tienen nada de interesantes para nosotros. Finalmente, tras perder de forma valiosa su tiempo, tuvo que hacer varias cosas nada importantes para nuestra narración, antes de volver al hogar de Aiyanna. Faltaba poco para el atardecer:

— Buenas tardes, Doña Antonina. — Eso le dijo Nizhoni, cuando vio que aquella gran mujer había vuelto.  — ¿¡Cómo ha ido todo?! —

— Pues bastante bien, todo va como la seda. — Miró por todos lados y preguntó esto: — ¡¿Y dónde están Nonoma y Aiyanna!? ¡¿Siguen jugando con los niños!? —

— Habían vuelto hace rato, pero les pedí que buscarán a mi esposo, quién se puso a beber con sus amigos en la taberna. — Ella mostró una expresión algo malhumorada. — Espero que no se haya emborrachado, porque luego se pone muy enfermo. —

— ¿Es normal que beba tanto? —

— No, no, Doña Antonina es de esos que beben lo suficiente, pero hay veces en que se pasa, sobre todo cuando sus amigos le insistan a que trague más de lo necesario. — Soltó un fuerte suspiro, antes de continuar. — Y hace rato que se han ido, ya no sé si ha sido una buena idea pedirles que lo buscaran. —

Antonina le preguntó por qué creía eso y ella le contestó con esto:

— Es que a Aiyanna le gusta pasar el rato en la taberna, y no es un buen lugar para una niña. Creí que, con Nonoma acompañándola, evitaría que mi hija se quedara, ya que le pedí que se llevaran de inmediato a mi marido de ahí y hacerle recordar a mi hija que no debe quedarse ahí, ni cinco minutos. Pero parece que me ha fallado…— Terminó aquellas palabras mostrando un notable enfado, parecía preparada para darle una regañina a Nonoma.

— Entiendo, ¡¿por qué no vamos a buscarlos!? — Entonces, Antonina le soltó con esto.

— Yo estaba pensando en hacerlo. — Nizhoni prosiguió. — Pero, ¿¡no está usted cansada!? Ya ha estado toda la tarde dando vueltas y haciendo cosas importantes, debe estar muy cansada y no sería nada noble de mi parte que no se pusiera a descansar. —

Antonina le dijo que estaba bien y la madre de Aiyanna empezó a insistir, mostrándose algo preocupada por el cansancio del “chamán”. Al final, fue Nizhoni la convencida, quién aceptó que las dos se fueran directas a la taberna del pueblo en busca de ellos. ¿Y qué lo que encontraron ahí? Pues el resultado os sorprenderá, o no tanto.

— Vuestras mercedes, d-déjenme… — Gritaba eufórica una Nonoma fuera de sí. — Y-yo puedo sola andar, jajajaja. De verdad. —

Nonoma jugó con el alcohol y tomó muchísimo más de lo que debería, provocando que se volviera muy hiperactiva y estuviera haciendo locuras en la taberna, con la aprobación de otros borrachos. Al final, no podría ni andar, así que estaba siendo llevada por dos personas, a pesar de que ésta intentaba soltarse e caminar libremente en aquellas condiciones; mientras volvían a casa de Aiyanna.

— Ni siquiera puedes estar de pie, así que ni hablar. — Le replicó Nizhoni, muy molesta, luego se dirigió hacia su esposo: — ¡Dios mío, ¿cómo has dejado que se haya emborrachado?! ¡Solo es una moza! —

Al contrario, contra lo que se imaginaba, su esposo estaba muy ebrio, se pudo controlar y si había tardado más de lo que debía era porque estaba escuchando grandes historias de los mayores de la tabernas.

— Papá y yo lo intentamos, pero fue imposible, ¡de verdad! — Le habló Aiyanna, defendiendo a su padre. Y éste, añadió: — Además, ella nos dijo que sabía controlar y no los creímos, perdón. —

Nonoma no paró de jactarse que había tomado desde los seis o siete años y su cuerpo era capaz de soportar mucho alcohol, y lo intentó demostrar. El padre de Aiyanna y ella creyeron en su palabra, mientras los demás, entre risas, la probaron. A pesar de que estos dos intentaron detenerla al ver que todo era pura fábula, no se detuvo hasta que no pudo más.

— No debes tomarlo tan mal, Nizhoni, ella es de ese tipo de niños que se cree muy adulta y hará lo que sea para demostrarlo. Es bastante lindo por su parte. — Habló Antonina, y luego añadió con un suspiro: — Aunque me gustaría haberme quedado un rato ahí…—

— Doña Antonina, una taberna no es el mejor lugar para alguien como usted, vería cosas realmente desagradables, es el sitio en dónde los hombres cuentan sus penas y sueltan sus tonterías. —

— Pero tan malo no es…— Padre e hija le intentaron replicar y Nizhoni les miró con una mala leche que los hizo callar de golpe. Luego, Navajo le dijo esto a su hija: — No hemos dicho nada, ¡¿a que sí, Aiyanna!? —  Y ésta le dio la razón, moviendo afirmativamente la cabeza, intentando los dos hacer como si no hubiera pasado nada.

— Además, no pararon de molestarla, pidiéndole consejos o gratitud. — Añadió Nizhoni, mientras recordaba cómo se pusieron los de la taberna cuando la vio. Todos le hicieron la reverencia y se pusieron muy firmes, antes de preguntarle dudas y contarles los problemas que tenían. La madre de Aiyanna tuvo que intervenir para que ésta no la agobiaran.

— Pues yo no lo sentí así. — Le replicó Antonina. Deseaba escuchar los problemas de aquellos que recurrían al alcohol y conocer las historias que los ancianos contaban. — De todos modos, es mejor así, ya que tenemos que llevarnos a esta chica descontrolada a casa. — Obviamente, se refería a Nonoma.

Y continuaron su camino sin ningún tipo de problema. Al llegar a casa y meter en la cama a la borracha, que gritaba cosas inexplicables, Antonina sorprendió a todos con esto:

— Por cierto, desearía tener un paseo antes de cenar. —

Nizhoni le dijo que debería descansar, que ya había hecho mucho por hoy y ya era de noche; Navajo algo parecido; pero Antonina siguió insistiendo:

— Sí, el sol ya casi ha desaparecido, pero quiero ver el cielo nocturno. —

Y fueron fácilmente convencidos con estas palabras. Al ver que estos ya se rindieron, Antonina añadió estas palabras:

— Aiyanna, ¡¿quieres pasear conmigo!? — Y luego se dirigió a los padres de ella, preguntándoles si podría hacerlo, siendo respondida positivamente. Después de todo, con Doña Antonina todos estaban a salvo.

— Yo, pues…— Aiyanna dudó por un momento, luego le dijo  esto con euforia.  — ¡Quiero ir, lo haré con mucho gusto! Y no se aburrirá, tengo en mente cientos de chistes por contar. — Esto último lo anunció con mucho orgullo.

— Pues vámonos.  — Y con esto dicho, salieron a pasear.

Bajo un cielo estrellado, Aiyanna y Antonina empezaron a dar una pequeña caminata por los alrededores de la casa de la niña, iluminando el camino por una lámpara de petróleo. Estuvieron las dos en silencio, observándolo todo. Ninguna hablaba, no había necesidad para hacerlo, ya que estaban bien así. Y así estuvieron hasta que algo atrajo la atención del “chamán”, quién se quedó absorta con la bóveda celeste.

— ¡¿Qué pasa, Doña Antonina!? — Aiyanna se extrañó un poco al verla así. Sin decir ni una palabra, ella le señaló hacia al cielo y la niña le hizo caso. Dio un pequeño grito de incomprensión y miedo al observarlo.

— L-las e-estrellas s-se están cayendo…— Era la primera vez que la pobre estaba viendo una lluvia de estrellas. — No me lo puedo creer, es algo horrible. — Y le estaba pareciendo algo aterrador.

Así es, misteriosamente, o de forma muy conveniente para nuestra historia, el cielo se llenó de asteroides que se incendiaban mientras pasaban al lado de la atmosfera terrestre. Un espectáculo maravilloso se estaba mostrando antes sus ojos.

— No te asustes, no es nada malo. Es un espectáculo que nuestros espíritus nos están ofreciendo. — E intentó tranquilizar a la pobre chica.

— ¡¿D-de verdad!? — Aunque dudó un poquito de sus palabras, mientras centraba su visión hacia esas estrellas caídas. — ¡¿En serio, no es nada malo!? — Antonina no dijo nada, solo movió la cabeza.

Aiyanna observó con sumo detalle cada luz que caía por el cielo, desde que aparecía hasta que desaparecía, durante unos cuantos minutos. Poquito a poco empezaba, a pesar de que le ponía los pelos de punta, a comprender que aquella escena era bella, que transmitía algo que no podría entender, por mucho que lo pensase. Y eso que no dejo de intentar comprender cuál era la razón que le hacía pensar que aquello era hermoso.

— ¿¡De verdad, nuestros espíritus nos están mostrando esto…!? — Al final, rompió aquel celestial silencio, apelando a la ayuda de Antonina para poder comprobar lo que veía. — ¡¿Qué quiere decirnos con esto!? —

— Tal vez, la verdad es que no lo sé…— Así le respondió Antonina, cuya respuesta dejó muy pasmada a Aiyanna: — ¡¿Pero si usted ha dicho antes que nos los están mostrando!? —

Antonina rió levemente, antes de soltar estas palabras: — Hay más cosas en el cielo y la tierra, Aiyanna, que las que sospecha mi filosofía. —

La pobre niña no entendió nada, eso le soñó a chino. Antonina continuó hablando, al ver cómo no replicó:

— Es una variación que le he hecho a una verdad que un dramaturgo dijo en boca de su protagonista. No importa cuántos siglos hayan pasado desde entonces, sigue siendo cierto, y lo seguirá siendo por toda la eternidad. —

Aiyanna siguió sin decir nada y, al ver que dejaron de caer estrellas, no había más remedio que continuar hablando:

— Sabes, en el exterior nos hemos olvidado de estas palabras, de que hay más cosas en la tierra y en el cielo que las que sospechan sus filosofías o sus ciencias. Cosas que el saber humano, no importa lo “avanzados” o “evolucionados” que estamos, jamás sabrá. Nuestra soberbia es infinita, pero estamos condenados a tener que aceptarlo. O tal vez ya sufrimos la condena, creyendo que las verdades son construcciones que hace el ser humano y que cualquier cosa es verdad solo porque así lo crees, pudiendo hacer un mundo mejor o recrear la realidad a imagen y semejanza de tus deseos. Al final, lo único que han construido han sido patéticos castillos de arenas como si fuera fuertes fortalezas hechas de hierro y acero. —

— Lo siento, eso parece muy profundo para poder entenderlo. — En el rostro de Aiyanna se veía claramente que su pobre cerebro estaba a punto de explotar por sobrecalentamiento.

— Tienes razón…— Aún así, Antonina, que dio unas pequeñas risas de nuevo, no dejó el tema, aunque intento hacerlo entendible. — En fin, lo que quiero decir es que hay muchísimas cosas que yo no sé, y que nunca lo podré saber. Y eso no es solo yo, no hay persona que escapa de esto, por muy sabia que sea. —

Y volvió a repetir aquellas palabras con mayor sencillez, después de la niña le pidiera que se lo explicará mejor. Después de la repetición, continuó:

— Y hay muchas verdades ahí fuera, que están delante de nuestras narices y no podemos verlos, ni oírlos, ni olerlo, ni siquiera nuestra mente es capaz de imaginarlo. En realidad, jamás podemos alcanzarlos ni entenderlos, por muchos que nos esforcemos. —

— ¡¿Y entonces, cómo sabemos qué están ahí!? — Preguntó Aiyanna, que esta vez pudo entender sus palabras, más o menos.

— Certeza. A pesar de ser incapaces de saber lo que son, sentimos que está ahí, no sabemos el qué, pero está. Aún cuando no podemos conseguirlo, intentamos entender aquello que va más lejos de nuestro entendimiento. —

Aiyanna ponía muchas caras raras, mientras traducía aquellas palabras en su cerebro. Antonina no se detuvo, a pesar de eso.

— Los del exterior, negaron aquella realidad que no podemos alcanzar, tachándola de falsa y pura imaginación. Para ellos, cualquier cosa que no puedes observar, sobre todo con la ciencia, es pura basura. Aún así, muchas veces caen sin darse cuenta en la trampa que ellos mismos, soberbios y con superioridad moral, dicen no caer. —

Dio un pequeño respiro, además de volver a explicarle a Aiyanna lo que había dicho de nuevo, antes de continuar:

— Los espíritus son de esas verdades que no podemos ver ni escuchar, pero que sabemos que existen. Cientos de pueblos han creído en ellos, tienen una certeza de que hay algo más y lo han intentando explicar. —

Y finalmente Antonina terminó de hablar, calló sepulcralmente, esperando lo que diría Aiyanna, quién estaba muy pensativa:

— Entonces, yo los veo…— Y quién, tras varios segundos de silencio, nos soltó esta revelación. — Yo veo a los espíritus, lo que dejan las personas cuando mueren. De vez en cuando, los veo y los saludo, y ellos me saludan a mí, y nadie más, salvo yo, ve eso…—

Lo decía con toda la seriedad del mundo, adornado con una pizca de miedo por ser tomada por idiota por la gran Antonina, creyendo que ésta, quién ha luchado contra cientos de espíritus, se iba a burlar de ella.

— Tal vez…— Pero Antonina creyó en ella. — Este mundo está lleno de misterios. No niego eso, es más, creo que tú puedes verlos. — Y, mientras le acariciaba la cabeza dulcemente, añadió: — Ojala pudiera hacer lo mismo que tú…—

Después de pronunciar estas palabras, Doña Antonina empezó a moverse, mientras Aiyanna, totalmente sorprendida, le gritaba esto:

— Espera, espera un momento, ¡¿cómo que no puedes verlos!? ¡¿Entonces, cómo puedes luchar contra ellos!? —

— Es un secreto, pequeña Aiyanna, es un secreto. — Le respondía esto, entre risas, mientras se alejaba de ella, que tardó un poco en reaccionar y alcanzarla, por asimilar aquella gran revelación.

Pero antes de eso, algo, atrajo la atención de nuestra Aiyanna, quién saludo con mucho respeto antes de salir corriendo hacia Antonina. No sabemos qué era, porque, para nuestros ojos, ella había saludado hacia la nada.

FIN DE LA DÉCIMA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

Funeral de una flor: Novena parte, centésima decimoséptima historia.

Después de aquello, Antonina decidió que, para celebrar el nacimiento de aquella nueva amistad, las chicas saliesen a la calle a jugar, sí o sí:

— ¿¡En verdad, está bien hacer esto!? ¡¿Y si el espíritu maligno…!? —

Le preguntaba Aiyanna muy dudosa y con un poco de miedo, ya se había dado cuenta de que aislarse no era una opción, pero estar afuera de la casa le seguía pareciendo peligroso. Con total seguridad, Antonina le contestó:

— Yo estaré a vuestro lado, y los buenos espíritus también. Estaremos a salvo y os vigilare. — Y no solo ella. — También tus padres…—

— ¡Tiene razón, no os quitaremos el ojo de encima! — Dijeron los padres de Aiyanna, intentando mostrar una imagen de seguridad y confianza a su hija para que no se preocupará. — Nada escapara de nuestra vista, más ágil que la de un águila. — A pesar de que ellos también pensaba igual que su chiquitina, pero confiaban ciegamente en Doña Antonina y sabían que iban a estar bien con ella.

— Bueno, ¡¿y yo qué hago aquí!? ¡Ya soy mayorcita para…! — Entonces, intervino Nonoma, a quién le encargaron la simple orden de jugar como le plazca con Aiyanna, a pesar de que no tenía muchas ganas ni edad para eso.

— Piensa como si estuvieras volviendo a tu infancia. Hay momentos en que necesitas volver a ser un niño. — Le replicó Antonina, entre risas.

— ¡¿Vuestra merced piensa que eso va a funcionar!? — Lo único que le respondió Antonina fue un dudoso tal vez.

Estaban bajando con mucha tranquilidad por una pequeña cuesta que les llevaba al rio, cerca de dónde las mujeres lavaban sus ropajes cada día, en un gran descampado. Aiyanna se preguntaba por qué le llevaban a un sitio que ella conocía muy bien, pero pronto lo comprobó.

— ¡Mirad, ahí eztá Aiyanna! — A lo lejos, una voz le gritó. — ¡Hola, Aiyanna! —

Era uno de sus amigos, Yevgeniy, que la vio desde la lejanía y la saludaba felizmente, moviendo su brazo con muchísima energía. Y no estaba solo, el resto se encontraba ahí, esperando a Aiyanna.

— ¿¡Cómo estás, mejor!? — Dijo, por su parte, Mailen con el mismo entusiasmo.

Milenka, su hermano pequeño Arhirani y Milenka le saludaron con mucha timidez y en silencio, pero con pequeñas sonrisas en sus rostros.

— ¡Cuánto tiempo! — Winona, igual de enérgico que Yevgeniv y Mailen,  gritaba con muchísima exageración. — ¡Por fin has aparecido, Aiyanna! —

Y finalmente, Ainelen, con muchísima tranquilidad, la saludó, mientras le decía simplemente esto: — Buenas tardes, Aiyanna. —

Aiyanna se quedó muy sorprendida, aunque se sintió feliz de verlos. Le iba a preguntar a Doña Antonina por qué hacía sus amigos ahí, pero ella se le adelantó:

— Es fácil de adivinar, mi querida Aiyanna. Yo les he llamado y les he pedido que jueguen contigo, aceptándolo con mucho gusto. —

Ainelen movió la cabeza afirmativamente, antes de expresarlo en palabras:

— Realmente, queremos jugar contigo, Aiyanna. Te echamos de menos. —

— Sin ti, ez muy aburrido jugar. — Intervino Yevgeniv, costándole un poco soltar esas palabras, ya que se le observó muy avergonzado mientras lo pronunciaba. Al terminarlo, Winona soltó esto: — Es verdad, porque el gran Yevgeniv piensa eso. —

— Lameculos…— Añadió Mailen, en voz baja, pero Winona lo oyó y le preguntó que si había dicho algo. — Nada, nada, de verdad. — Cambió de tema, soltando esto: — Yo también pienso lo mismo. —

— Y yo. — Y dijeron los demás.

Aiyanna no sabía que decir, se quedó callada durante varios segundos, cabizbaja. Parecía que estaba indecisa, que había una parte de ella que quería ir a jugar con ellos, pero otro que le decía lo contrario, tal vez mencionándola el hecho de que podría ser peligroso para ellos.

— Yo también, también quiero, pero…— A continuación, les decía esto. — El espíritu maligno, ese monstruo podría…—

Entonces, Antonina puso su mano sobre su hombro con mucha dulzura, provocando que nuestra Aiyanna observara aquel rostro místico lleno de tranquilidad y paz.

— ¡Confía en mí y en los buenos espíritus! ¡Todo saldrá bien! — Aiyanna intentó replicar, pero eso no la detuvo. — Olvídate de ese espíritu, tienes que seguir viviendo como has hecho durante todos estos meses. ¡Diviértete, sé una niña! —

Aiyanna tardó mucho en contestar, se le veía muy pensativa, como si esas palabras le hubieran revelado una verdad que tenía que asimilar, tan simple y ordinaria, pero llena de sentido. Era cierto, ese horrible espíritu provocó que se alejara de sus queridos amigos, que incluso la aceptaban, a pesar de que tuviera un monstruo dentro de ella, que les hizo cosas horribles. Aún cuando quería protegerlos, aislándose de ellos; solo estaba consiguiendo lo que quería esa criatura del averno. Por eso, debería cambiar de táctica y seguir viviendo su vida normal y de la compañía de sus amistades. Ahora ya no estaba sola, tenía a Antonina a su lado y el poder de los buenos espíritus, además de sus padres y de Yevgeniv y compañía.

— ¡Tienes razón! — Entonces, ella gritó llena de convicción. — ¡Ya estoy harta de estar asustada! ¡Quiero jugar con mis amigos y Sasha no podrá evitarlo! — Y salió corriendo hacia ellos a toda velocidad, chillando como una cabra.

Sus amigos gritaron de euforia y la recibieron con los brazos abiertos. Y ella dio un enorme salto hacia ellos, mientras su madre le gritaba, asustada, que no saltara de esa manera.

— ¡Hey, hey, espera, espera, no zaltez! — Y ahí es donde Yevgeniv se dio cuenta de que ella iba a caer sobre él. — ¡Qué me baz a matar! — No tuvo ni tiempo para escapar, cayó sobre su cabeza.

— ¡Por el amor de Dios, ¿te has hecho daño?! — La madre de ella gritó esto, y hubiera salido corriendo hacia su hijita, pero entonces vio como ella se puso a reír.

— No pasa nada, estoy muy bien. — Eso pudo decir, a pesar de que las risas no paraba. La madre le dijo que no volviera a ser eso más, mientras Aiyanna le decía esto a su amigo. — Perdón, Yevgeniv, no esperaba que ibas a ponerte en medio, ¡¿estás bien!? —

— Sí, lo eztoy. — Le respondió. — Pero puedez quitarte de enciá. — Como Aiyanna estaba sentada sobre su pecho, le dijo esto.

Los demás empezaron a reír, mientras ayudaban a Aiyanna y a Yevgeniv, quién les decía, avergonzado, que no era gracioso.

— ¡Tiene razón! Debería haberme cogido en brazos, en vez de esperar a que me chocara contigo. — Añadió Aiyanna, mientras actuaba como si fuera una chica de la clase alta. — ¡Mi regreso ha sido un fiasco, tenemos que repetirlo! —

Mientras Yevgeniv, muerto de vergüenza, le decía que no quería repetirlo, con las chicas del gripo pidiéndole que lo hiciera y con Aiyanna aplicando un curioso y extraño humor; Nonoma comentó:

— ¡¿Así es cómo se comporta esa moza normalmente!? ¡Es una verdadera bufona, da vergüenza ver como actúa! —

Antonina rió al escuchar su comentario, a diferencia de los papás, que no le sintieron muy bien escuchar eso, provocando que Nonoma se disculpara, antes de preguntarle a la “chamán” por qué se reía. Ella, sin necesidad de decir nada, solo le dio un pequeño empujón hacia al grupo de niños:

— ¡¿Espera, qué hace!? — Le preguntó Nonoma muy sorprendida.

— ¡Ve! ¿¡No quieres unirte a ellos!? —

Nonoma le iba a replica, pero se puso a observarlos por varios segundos, viéndolos cómo decidieron a jugar al escondite. Para su sorpresa, sintió ganas de unirse a ellos:

— Pues la verdad, parece divertido…— Tapó la boca, pero era demasiado tarde. Al ver la sonrisa burlona que puso Antonina, soltó esto: — Pero no soy una moza, ya no estoy hecho para esas cosas. —

Ya era toda una adulta, tenía trabajo y cosas que hacer, hacia larguísimo que dejó de jugar y divertirse, ya no podría volver a la infancia. O eso era lo que creía ella.

— ¡¿Entonces, prefieres quedarte con nosotros, aburridos adultos que no tienen nada más que hacer que mirar!? — Le preguntó Antonina. Nonoma observó, entonces, a los tres adultos que estaban con ella durante varios segundos. Se le quitaron de golpe las ganas de estar con los adultos.

— Hago esto, solo porque me lo ordena, nada más…— Aún seguía siendo una niña, a pesar de que intentaba disimular. Realmente tierno, ¿no?

Y con esto dicho se les unió, mientras los adultos quedaban observándolos desde la lejanía, sin decir nada. Así estuvieron ellos durante un buen rato, viendo como Aiyanna estaba comportándose como una niña normal, como si no hubiera existido aquel espíritu maligno. Transmitía energía, alegría, soltando chistes malos sin ningún tipo de malicia y haciendo payasadas que hacían reír a sus amigos, quienes disfrutaban realmente de su presencia. Y Nonoma, aunque era reacia al principio a participar, estaba jugando como si hubiera estado con esos chicos durante largo tiempo, divirtiéndose a lo grande. Aunque, a pesar de que era un bonito espectáculo, solo observarlo los aburrió rápidamente. O eso era el caso de Navajo, quién se durmió, tras estar un buen rato soltando suspiros.

Y fue en ese momento en que su esposa, Nizhoni, que se llenó de valentía al darse cuenta de que tenía una oportunidad; decidió sacar un tema que parecía controvertido:

— Por cierto…— Se entrecortó, al ver cómo dirigió su mirada a hacia ella. — Bueno, Doña Antonina, tengo que preguntarle algo, llego un buen rato deseándolo hacerlo, pero no encontraba el momento. —

— ¡¿Y de qué se trata!? — Al ver lo que le costaba explicarle lo que quería decir, atrajo rápidamente la atención de Antonina, quién estaba ansiosa por ver qué tema tan complicado de tratar le iba a soltar.

Tuvo que inspirar y respirar varias veces para poder decirlo con claridad: — Se trata de Aiyanna, ¡¿quién es ella en realidad, por qué está en este pueblo!? —

La pregunta sorprendió un poco a Antonina, no esperaba a que se atreviera a sacarle ese tema, cuando no lo hizo desde el primer día. Pero no tuvo ni un ápice de nerviosismo, con aparente ingenuidad, le pidió que le explicara la situación:

— Fueron las autoridades las que la trajo aquí, a este pueblo, por alguna razón misteriosa que nadie quiso contarnos. Ella tampoco sabe nada, no puede recordar quién era antes, ni su nombre, ni quiénes eran sus padres, era como si todo lo relacionado con Aiyanna se hubiera borrado. —

— Eso es realmente misterioso, bueno sabía que Aiyanna no era común, sobretodo en el físico, aunque nunca dije nada para no molestaros. —

— Oh, ya veo. Es usted muy amable, pero preguntar no le iba a hacer nada malo, esperaba que lo dijeras pronto o temprano. Pero aún así, A ella le debió ocurrir algo muy gordo para acabar así. Y, por su color de piel, tan blanca como la nieve; da a pensar que es extranjera o alguien de la familia real, porque solo las Zarinas y sus familiares son así. —

Antonina no dijo nada, así que Nizhoni añadió:

— Usted sabe algo, ¡¿no!? Bueno, se relaciona con la Zarina y los buenos espíritus, así que pensé que podría saber algo. —

— Lo siento mucho, pero Aiyanna también es un misterio para mí, apenas sé algo que le podría ayudar a comprender de dónde viene. A mí también me gustaría saber. —

— ¡¿Y el espíritu maligno!? ¡Puede que sepa algo de ella, no es casual que haya sido poseída, después de haber vivido todo el invierno con nosotros! ¡Tal vez, su llegada al pueblo y su pérdida de memoria tiene mucho ver con ese ser horrible! —

— Tal vez…— Lo dijo mostrándose muy dudosa y pensativa. — No hay nada seguro en torno a eso. El espíritu maligno se dignó a contarme su historia cuando se lo pedí. — Nizhoni continuó hablando:

— La gente del pueblo te oyó hablar con ese monstruo cuando intentó matar a Aiyanna, pero no pudieron entender nada, estabais hablando en una lengua desconocida para nosotros. —

— ¡¿Deseas que te lo cuente!? No es nada especial, ella solo me insultaba y me decía cosas desagradables, nada más. —

— Entiendo. — Concluyo Nizhoni, con decepción, tras pensárselo un poco. — Perdón con molestarla con esto, pero como mi deber de madre no puedo ignorar cómo termino así. Tal vez, tenga que hacerles caso a los demás, que no le muchas vueltas eso, porque ya no importa. —

— Tienen razón, no te preocupes mucho por eso. Aunque es vital conocer el pasado, hay veces en que lo mejor es esperar hasta que llegue la hora de conocerlo. Por ahora, disfruta todo lo que puedas de ella como lo has hecho estos meses, hágala ver que es una niña como los demás mientras tanto. —

Y con esto dicho se terminó la conversación, Nizhoni movió la cabeza de forma positiva, con una gran sonrisa, dándole la razón a Doña Antonina. Así volvió el silencio entre los adultos y nuestro “chamán” ya podría pensar en sus propias dudas e interrogantes.

Algo le empezó a rondar en la cabeza en torno a Aiyanna, en relación con lo que había pasado en mediodía. Se preguntaba cuándo Sasha, el espíritu maligno, tomaba el control de su cuerpo. Por los casos que ella vio en el pasado y por lo que se sabe, el estrés era una de las condiciones para que la otra personalidad entrara en acción, pero, recordando todas las veces que le ocurrió eso, no eran momentos estresantes, aparentemente. Si podría saber cómo se desencadenaría, daría un gran paso.

Aún así, no debía arriesgarse. Primero tenía que establecer en Aiyanna seguridad y estabilidad para hacerla frente a Sasha, algo importante para conseguir que lo disociado se vuelva a unir. Pero el tiempo apremia, más cuando solo tenía pocas semanas para tratar algo cuyo tratamiento puede durar hasta seis años o más.

FIN DE LA NOVENA PARTE

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Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Octava parte, centésima decimoséptima historia.

Mientras el sol estaba en lo más alto del cielo, el hogar de Aiyanna estaba muy animado. Navajo, el padre de la chica, se trajo a algunos amigos, por lo cual fue regañado por su mujer, quién, harta de hacer tanta comida, veía que tenía que hacer más.

— Perdón, perdón, es que insistieron demasiado. — Le decía, mientras se disculpaban sin parar.

— No se preocupe, ya comeremos en nuestras casas. — Sus compañeros, al que provocaron esta situación, tuvieron que defenderlo de alguna manera. — Solo queríamos ver al chamán, necesitamos consejos suyos. —

— No la molesten, ella está comiendo ahora mismo. — Y Nizhoni les replicó. — No deberían agobiarla tanto, podrá tener la bendición de los buenos espíritus, pero ella tiene que descansar. —

No pudieron defenderse, porque lo que decía ella les parecía muy cierto, y se echaron a reír, mientras le pedían disculpas, a Nizhoni y a Antonina.

— ¿¡Por qué se ríen!? — Decía Nizhoni, intentando mostrándose ser muy seria. — Lo estaba diciendo en serio. — Pero se le contagió sus risas, aún cuando intentaba controlarlo.

— ¡No te preocupes por mí! — Entonces, Antonina intervino. — Si estos hombres quieren mis consejos, se los daré, después de comer. —

Los amigos de Navajo le agradecían a Antonina por querer escucharlos, antes de decirle a su esposa que no iban a comer nada.

— ¡Ni una mierda! ¡Ya que estáis aquí, vais a recibir comida, como todo el mundo! — Eso les gritó, y ellos no dijeron nada más.

Mientras ella les obligaba a sentarse en la mesa y a preguntarles si sus esposas sabían que habían acompañado a Navajo, Antonina observaba la escena detalladamente, mientras mostraba una sonrisa. Ver a las personas relacionarse podría ser algo tan trivial y normal que nadie le daría apenas importancia, salvo para nuestro chamán, para su persona era unos de los grandes placeres de la vida y disfrutaba hasta con los más nimios detalles. Le divertía, por tanto, el comportamiento casi paradójico de aquella mujer y su fuerte carácter, no había nadie ahora mismo que la podría confrontar. Luego, dirigió su mirada hacia Nonoma y Aiyanna, deseosa de observar cómo estaban reaccionando.

Ella se preguntaba si Nonoma, a quién convenció para que no se alejara de Aiyanna e incluso que se hiciera su amiga, decidió empezar aquella tarea en aquellos momentos. Y más o menos, lo hizo, aunque a medias.

Ahí se encontraba Nonoma, esperando la comida en la mesa, sentada al lado de Aiyanna, aunque se le notaba bastante intranquila e incómoda. De vez en cuando la miraba, como si deseaba empezar una conversación; pero no se le ocurría nada.

Cuando Aiyanna, que notaba lo tensa que estaba Nonoma, la observaba, tal vez preguntándose muy molesta por qué se sentó a su lado aún cuando le tenía mucho miedo; ésta esquivaba su mirada, moviendo sus ojos hacia todas las direcciones. Esto no dejaba de repetirse una y otra vez, volviendo el ambiente que había entre ellas bastante tenso.

Al darse cuenta de que esto solo podría provocar más daño que bien a la pobre chica, que podría malinterpretar su nerviosismo como una muestra más de miedo hacia su persona y lo que contenía dentro de ella; Antonina decidió empezar la conversación:

— ¡Oye, Aiyanna! — Ella giró su cabeza hacia Antonina, mientras le preguntaba qué quería. — Nonoma quiere decirte algo. —

Al escuchar esas palabras, Nonoma casi estuvo a dar un grito de pánico, poniéndose más nerviosa que antes.

— ¡¿Ah, en serio!? — Preguntó Aiyanna, algo sorprendida. — ¡¿De qué se trata!? —

— Doña Antonina…— Le dijo en voz baja, iba a preguntar por qué le hacía eso, cuando ni siquiera tenía algún tema de conversación.

— ¡La verdad es que huele muy bien, esa estofada va a ser estupenda! — Pero ésta la ignoró, como si ya no fuera su propio asunto.

Al ver que ya no tenía escapatoria, decidió arriesgarse y hablarla: — Pues, verás…— Teniendo que improvisar. — Yo… La verdad quería decirte algo y es, es…— Se puso tan roja como un tomate, al ver que lo único que se le ocurría era algo muy vergonzoso. Aún así, se tuvo que llenar de valentía para decírselo: — Te pido perdón por haberme comportado así contigo. —

Al final, lo pudo decir, aún cuando eso provocó que deseara ser tragada por la tierra y que gritara a todo volumen que eso había sido muy vergonzoso, echándole más leña al fuego; mientras escondía su cabeza entre sus brazos.

Todos los que estaban en la casita se quedaron bastantes sorprendidos antes aquella reacción, pero luego se echaron a reír, pareciéndoles, además de ser gracioso, bastante adorable. Aiyanna, que tuvo un ataque de risa, intentaba decirle que la perdonaba, aún cuando ella no entendía bien de que tenía que perdonar.

— ¡No se rían! ¡No he hecho nada gracioso! — Les gritaba una Nonoma totalmente colorada, muy arrepentida por haber actuado de aquella manera.

Podríamos decir que el almuerzo que tuvieron fue bastante agradable, aún cuando Nizhoni, que consiguió, para su suerte, varios ayudantes; tuvo que cocinar el doble. Todos charlaron amigablemente y disfrutaron la comida. Bueno, Nonoma intentó hablar con Aiyanna, pero no se atrevió a más, ya que los amigos del padres le hablaban, dándola muchos ánimos para que pudiera liberarse del espíritu maligno. Después de la comilona, Antonina escuchó pacientemente a los hombres y los aconsejo gratamente. Al final, se fueron, antes de agradecerla con todo el corazón.

— La próxima vez diles que avisen antes de venir. — Decía Nizhoni a su esposo, mientras lavaba los platos. — No quiero tener que hacer trabajo extra. —

Por aquellas palabras, se podría pensar que estaba enfadada, pero realmente no había enojo en ella, solo le estaba regañando.

— Es que insistieron mucho. — Rió nerviosamente. — Me sentía muy mal negarme. —

— Eres muy blando. — Le replicaba esto, provocando que su esposo se sintiera un poco mal. — Y hasta molestaron a Doña Antonina. —

No se atrevió a responderla y ella dio un fuerte suspiro, al ver que incluso era blando con ella.

— Ha sido una agradable visita, no me han molestado. — Entonces, habló Antonina. — Además, no es tan malo ser blando a veces, hay momentos en que uno debe ser así, lo mismo que hay otros en debes ser estricto. —

El esposo de Nizhoni le dio la razón, mientras afirmaba que así era él y que por algo se había casado con ella, dándole entender que le estaba llamando dura, algo que le molestó. Mientras le decía que no le estaba diciendo nada malo, al ver su reacción; Antonina volvió a intervenir, preguntándoles esto:

— Por cierto, ¡¿saben dónde se ha metido Aiyanna y Nonoma!? —

Hacía bastante rato desde que terminaron de comer y Antonina no prestó atención, ya que creía que Nonoma estaba a su lado, intentando empezar una amistad con ella.

— Pues ahora que me doy cuenta, no está…— Dejó lo que estaba haciendo y miró por todas partes. — ¡¿Dónde está mi niña, por qué no está aquí!? — Dio un chillido de terror al no verla.

— ¡No te preocupes! — Dijo aquella cosa, a pesar de que también se veía muy preocupado y asustado. — Seguro que aquella chica debe estar con ella. — Se referiría a Nonoma, obviamente.

— Estáis muy equivocados, Vuestra merced. La moza no está a mi lado, se quedó con ustedes, mientras yo, yo iba a hacer… Bueno, eso…— Entonces, Nonoma apareció, entrando en la casa. Al parecer, salió afuera para ir al servicio a hacer sus necesidades, ya que se puso muy roja al intentar decir la razón de su salida.

Y con la furia de un trueno, Nizhoni se lanzó hacia Nonoma y empezó a zarandearla, mientras le gritaba esto muy alterada: — ¡¿Por qué la has dejado sola, por qué!? —

— No era mi intención, la naturaleza me estaba llamando. — Le replicaba la chica.

Navajo, igual de alterado que su esposa, salió corriendo hacia afuera para buscarla. Antonina, por su parte, decidió buscarla en el resto de la casa y su juicio estaba acertado.

— ¡Déjala en paz, Aiyanna sigue en la casa! — Le dijo Antonina con su habitual tranquilidad.

Nizhoni le preguntó que si era verdad, mientras liberaba a Nonoma de sus garras. Antonina movió su cabeza afirmativamente, mientras le señalaba la puerta de la habitación de la pareja.

Entonces, se escuchó una voz que provenía de ahí, de la misma persona que iban a buscar: — Estoy aquí, no me he ido a ninguna parte, lo siento.  —

Nizhoni soltó un grito de alivio al ver que su niña estaba a salvo. Entonces, ella le dijo a Antonina que iba a ir buscar a su marido, antes de salir.

— ¡Y por favor, Aiyanna! — Y añadió esto, además. — ¡No nos des más sustos como eso! —

Nonoma le iba a preguntar cómo supo que estaba ahí, pero Antonina le dijo que era intuición, aunque realmente se dio cuenta de que Aiyanna no deja de decirles que estaba en la habitación en voz baja, incapaz de soltar un grito. Eso, además del hecho de que no salió para mostrarles que estaba en casa, provocó que empezara a sospechar.

Entonces, intentó abrir la puerta, pero Aiyanna le gritó, sorprendiendo a Nonoma y a Antonina: — ¡No lo hagas, por favor! —

— ¡¿Por qué no puedo entrar!? — Con su habitual calma, empezó a preguntarla. — ¡¿Pasa algo!? —

— Es mejor que éste aquí encerrada, para mí y para los demás…—

— Aún así, me pregunto por qué has decidido encerrarte ahí tan de repente, no es una decisión demasiada precipitada. —

— Es que…— Era incapaz de poder decirle lo que le pasaba. — El espíritu maligno…— Pero eso bastaba para saber lo que le ocurría.

El espíritu maligno, o mejor dicho, Sasha empezó a atormentarla, como ya hizo en varios ocasiones. Aquella voz que solo replicaba dentro su cerebro debía estar hablándola de cómo hacerla daño, o incluso contándole lo que quería hacer con ella la noche interior. O de cómo atacar a los demás. En todo caso, se volvió a encerrar como una medida de protección para evitar que aquel ser hiciera de las suyas y, viendo el resultado, no parecía ser lo más apropiado.

— Realmente, ¿tú crees que puedes detenerla si haces eso? — Le preguntó Antonina con una seriedad que sorprendió tanto a Nonoma como a Aiyanna.

— Pues no sé, pero es lo único que se me ocurre…—

— ¡¿Y si es lo que ese espíritu maligno quiere que hagas!? ¡¿Y si aislarte es lo peor que puedes hacer!? —

Aiyanna fue incapaz de replicar esas palabras, teniendo que soltar esto, después de estar unos cuantos segundos en silencio:

— Pues, ¡¿qué puedo hacer yo!? — Gritaba de forma desesperada, llegando al punto de que iba a romper en llanto. — Por mucho que lo piense, no encuentro otra forma que hacer esto. —

— No sé si te lo dije antes, pero no lo conseguirás tú sola, necesitas a los demás, ¡no solo podrás luchar con tu fuerza, también tienes que aceptar mi poder y la fuerza de tus padres o de tus amigos! —

Aiyanna no dijo nada, así que Antonina siguió hablando con aquella sorprendente seriedad:

— No creo que aislarte, aún cuando eso sea para proteger lo que quieres, sea una solución optima. —

— Tienes razón…— Al final, habló. — Hasta ahora, yo jamás he podido enfrentarme al espíritu maligno…— Se oyó un fuerte suspiro — Siempre ha sido vos, o los demás los que me han salvado…— Rió amargamente. — ¡Debo de ser una…! — Antonina no le dejó terminar la frase.

— Tu fuerza es necesaria, pero no suficiente. — Empezó a mostrarse más dulce, a pesar de que seguía hablando con un tono muy serio. — Por eso, déjame entrar, con mi poder conseguiré acallar al espíritu maligno y que te deje en paz. —

No se escuchó nada por parte de Aiyanna, durante muchísimos segundos el silencio domino el lugar. Entonces, la puerta empezó a abrirse poquito a poco, mientras la chica, con gesto de dolor y agarrándose fuertemente la cabeza, le decía:

— Por favor, pide a los buenos espíritus que callen al espíritu maligno. —

Y con rapidez, pero sin nada de brusquedad; la abrazó fuertemente. Así estuvieron por varios segundos, ninguna de las dos habló ni hicieron otro movimiento, solo estaban en esas posición como si el tiempo se hubiera parado. Al final, Nonoma tuvo que intervenir, incapaz de aguantar aquel silencio incómodo:

— ¡¿Qué ocurre!? ¡¿Ya han derrotado al espíritu maligno!? — Les preguntó llena de preocupación. Tuvo que esperar un poco:

— Su voz se ha ido, se ha calmado…— Respondió Aiyanna, bastante sorprendida. Luego, dio un suspiro de alivio. — Menos mal…—

— ¡¿Entonces, todo bien, verdad!? — Aún así, Nonoma volvió a preguntar, a pesar de que veía a Aiyanna muy tranquila y relajada, como si se hubiera quitado un peso de encima. Ella el movió la cabeza, mientras Antonina la soltaba:

— ¡¿A qué te decía la verdad, Aiyanna!? Los buenos espíritus te han vuelto a ayudar. — Añadía con una sonrisa Doña Antonina, y ella le respondió, moviendo la cabeza afirmativamente, mostrándose muy feliz.

— Es verdad, yo no puedo hacerlo sola…— Añadió Aiyanna. — Necesito a los demás…—

— Así se dice. Con mi poder, con la fuerza de tus padres y de tus amigos podemos hacerlos. — Concluyó Antonina, antes de dirigirse hacia la otra chica: — ¡¿No crees, Nonoma!? —

— ¿¡Eh, yo!? — Eso la pilló por sorpresa. — Tal vez, aunque eso suena demasiado cursi para mis oídos. — No sabía con que responder.

— Ya sea cursi o no, esperemos que tú también nos de tu fuerza. Después de todo, eres la nueva amiga de Aiyanna. —

La reacción que tuvo aquellas palabras fue enorme, tanto Aiyanna como Nonoma dieron un enorme grito de sorpresa. La primera por el hecho de enterarse que es la amiga de la otra y la segunda, que se puso roja como un tomate, por haber soltado eso cuando ella aún no se atrevió a decirle a la niña que quería hacer amistad con ella.

FIN DE LA OCTAVA PARTE

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