Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Octava parte, centésima decimoséptima historia.

Mientras el sol estaba en lo más alto del cielo, el hogar de Aiyanna estaba muy animado. Navajo, el padre de la chica, se trajo a algunos amigos, por lo cual fue regañado por su mujer, quién, harta de hacer tanta comida, veía que tenía que hacer más.

— Perdón, perdón, es que insistieron demasiado. — Le decía, mientras se disculpaban sin parar.

— No se preocupe, ya comeremos en nuestras casas. — Sus compañeros, al que provocaron esta situación, tuvieron que defenderlo de alguna manera. — Solo queríamos ver al chamán, necesitamos consejos suyos. —

— No la molesten, ella está comiendo ahora mismo. — Y Nizhoni les replicó. — No deberían agobiarla tanto, podrá tener la bendición de los buenos espíritus, pero ella tiene que descansar. —

No pudieron defenderse, porque lo que decía ella les parecía muy cierto, y se echaron a reír, mientras le pedían disculpas, a Nizhoni y a Antonina.

— ¿¡Por qué se ríen!? — Decía Nizhoni, intentando mostrándose ser muy seria. — Lo estaba diciendo en serio. — Pero se le contagió sus risas, aún cuando intentaba controlarlo.

— ¡No te preocupes por mí! — Entonces, Antonina intervino. — Si estos hombres quieren mis consejos, se los daré, después de comer. —

Los amigos de Navajo le agradecían a Antonina por querer escucharlos, antes de decirle a su esposa que no iban a comer nada.

— ¡Ni una mierda! ¡Ya que estáis aquí, vais a recibir comida, como todo el mundo! — Eso les gritó, y ellos no dijeron nada más.

Mientras ella les obligaba a sentarse en la mesa y a preguntarles si sus esposas sabían que habían acompañado a Navajo, Antonina observaba la escena detalladamente, mientras mostraba una sonrisa. Ver a las personas relacionarse podría ser algo tan trivial y normal que nadie le daría apenas importancia, salvo para nuestro chamán, para su persona era unos de los grandes placeres de la vida y disfrutaba hasta con los más nimios detalles. Le divertía, por tanto, el comportamiento casi paradójico de aquella mujer y su fuerte carácter, no había nadie ahora mismo que la podría confrontar. Luego, dirigió su mirada hacia Nonoma y Aiyanna, deseosa de observar cómo estaban reaccionando.

Ella se preguntaba si Nonoma, a quién convenció para que no se alejara de Aiyanna e incluso que se hiciera su amiga, decidió empezar aquella tarea en aquellos momentos. Y más o menos, lo hizo, aunque a medias.

Ahí se encontraba Nonoma, esperando la comida en la mesa, sentada al lado de Aiyanna, aunque se le notaba bastante intranquila e incómoda. De vez en cuando la miraba, como si deseaba empezar una conversación; pero no se le ocurría nada.

Cuando Aiyanna, que notaba lo tensa que estaba Nonoma, la observaba, tal vez preguntándose muy molesta por qué se sentó a su lado aún cuando le tenía mucho miedo; ésta esquivaba su mirada, moviendo sus ojos hacia todas las direcciones. Esto no dejaba de repetirse una y otra vez, volviendo el ambiente que había entre ellas bastante tenso.

Al darse cuenta de que esto solo podría provocar más daño que bien a la pobre chica, que podría malinterpretar su nerviosismo como una muestra más de miedo hacia su persona y lo que contenía dentro de ella; Antonina decidió empezar la conversación:

— ¡Oye, Aiyanna! — Ella giró su cabeza hacia Antonina, mientras le preguntaba qué quería. — Nonoma quiere decirte algo. —

Al escuchar esas palabras, Nonoma casi estuvo a dar un grito de pánico, poniéndose más nerviosa que antes.

— ¡¿Ah, en serio!? — Preguntó Aiyanna, algo sorprendida. — ¡¿De qué se trata!? —

— Doña Antonina…— Le dijo en voz baja, iba a preguntar por qué le hacía eso, cuando ni siquiera tenía algún tema de conversación.

— ¡La verdad es que huele muy bien, esa estofada va a ser estupenda! — Pero ésta la ignoró, como si ya no fuera su propio asunto.

Al ver que ya no tenía escapatoria, decidió arriesgarse y hablarla: — Pues, verás…— Teniendo que improvisar. — Yo… La verdad quería decirte algo y es, es…— Se puso tan roja como un tomate, al ver que lo único que se le ocurría era algo muy vergonzoso. Aún así, se tuvo que llenar de valentía para decírselo: — Te pido perdón por haberme comportado así contigo. —

Al final, lo pudo decir, aún cuando eso provocó que deseara ser tragada por la tierra y que gritara a todo volumen que eso había sido muy vergonzoso, echándole más leña al fuego; mientras escondía su cabeza entre sus brazos.

Todos los que estaban en la casita se quedaron bastantes sorprendidos antes aquella reacción, pero luego se echaron a reír, pareciéndoles, además de ser gracioso, bastante adorable. Aiyanna, que tuvo un ataque de risa, intentaba decirle que la perdonaba, aún cuando ella no entendía bien de que tenía que perdonar.

— ¡No se rían! ¡No he hecho nada gracioso! — Les gritaba una Nonoma totalmente colorada, muy arrepentida por haber actuado de aquella manera.

Podríamos decir que el almuerzo que tuvieron fue bastante agradable, aún cuando Nizhoni, que consiguió, para su suerte, varios ayudantes; tuvo que cocinar el doble. Todos charlaron amigablemente y disfrutaron la comida. Bueno, Nonoma intentó hablar con Aiyanna, pero no se atrevió a más, ya que los amigos del padres le hablaban, dándola muchos ánimos para que pudiera liberarse del espíritu maligno. Después de la comilona, Antonina escuchó pacientemente a los hombres y los aconsejo gratamente. Al final, se fueron, antes de agradecerla con todo el corazón.

— La próxima vez diles que avisen antes de venir. — Decía Nizhoni a su esposo, mientras lavaba los platos. — No quiero tener que hacer trabajo extra. —

Por aquellas palabras, se podría pensar que estaba enfadada, pero realmente no había enojo en ella, solo le estaba regañando.

— Es que insistieron mucho. — Rió nerviosamente. — Me sentía muy mal negarme. —

— Eres muy blando. — Le replicaba esto, provocando que su esposo se sintiera un poco mal. — Y hasta molestaron a Doña Antonina. —

No se atrevió a responderla y ella dio un fuerte suspiro, al ver que incluso era blando con ella.

— Ha sido una agradable visita, no me han molestado. — Entonces, habló Antonina. — Además, no es tan malo ser blando a veces, hay momentos en que uno debe ser así, lo mismo que hay otros en debes ser estricto. —

El esposo de Nizhoni le dio la razón, mientras afirmaba que así era él y que por algo se había casado con ella, dándole entender que le estaba llamando dura, algo que le molestó. Mientras le decía que no le estaba diciendo nada malo, al ver su reacción; Antonina volvió a intervenir, preguntándoles esto:

— Por cierto, ¡¿saben dónde se ha metido Aiyanna y Nonoma!? —

Hacía bastante rato desde que terminaron de comer y Antonina no prestó atención, ya que creía que Nonoma estaba a su lado, intentando empezar una amistad con ella.

— Pues ahora que me doy cuenta, no está…— Dejó lo que estaba haciendo y miró por todas partes. — ¡¿Dónde está mi niña, por qué no está aquí!? — Dio un chillido de terror al no verla.

— ¡No te preocupes! — Dijo aquella cosa, a pesar de que también se veía muy preocupado y asustado. — Seguro que aquella chica debe estar con ella. — Se referiría a Nonoma, obviamente.

— Estáis muy equivocados, Vuestra merced. La moza no está a mi lado, se quedó con ustedes, mientras yo, yo iba a hacer… Bueno, eso…— Entonces, Nonoma apareció, entrando en la casa. Al parecer, salió afuera para ir al servicio a hacer sus necesidades, ya que se puso muy roja al intentar decir la razón de su salida.

Y con la furia de un trueno, Nizhoni se lanzó hacia Nonoma y empezó a zarandearla, mientras le gritaba esto muy alterada: — ¡¿Por qué la has dejado sola, por qué!? —

— No era mi intención, la naturaleza me estaba llamando. — Le replicaba la chica.

Navajo, igual de alterado que su esposa, salió corriendo hacia afuera para buscarla. Antonina, por su parte, decidió buscarla en el resto de la casa y su juicio estaba acertado.

— ¡Déjala en paz, Aiyanna sigue en la casa! — Le dijo Antonina con su habitual tranquilidad.

Nizhoni le preguntó que si era verdad, mientras liberaba a Nonoma de sus garras. Antonina movió su cabeza afirmativamente, mientras le señalaba la puerta de la habitación de la pareja.

Entonces, se escuchó una voz que provenía de ahí, de la misma persona que iban a buscar: — Estoy aquí, no me he ido a ninguna parte, lo siento.  —

Nizhoni soltó un grito de alivio al ver que su niña estaba a salvo. Entonces, ella le dijo a Antonina que iba a ir buscar a su marido, antes de salir.

— ¡Y por favor, Aiyanna! — Y añadió esto, además. — ¡No nos des más sustos como eso! —

Nonoma le iba a preguntar cómo supo que estaba ahí, pero Antonina le dijo que era intuición, aunque realmente se dio cuenta de que Aiyanna no deja de decirles que estaba en la habitación en voz baja, incapaz de soltar un grito. Eso, además del hecho de que no salió para mostrarles que estaba en casa, provocó que empezara a sospechar.

Entonces, intentó abrir la puerta, pero Aiyanna le gritó, sorprendiendo a Nonoma y a Antonina: — ¡No lo hagas, por favor! —

— ¡¿Por qué no puedo entrar!? — Con su habitual calma, empezó a preguntarla. — ¡¿Pasa algo!? —

— Es mejor que éste aquí encerrada, para mí y para los demás…—

— Aún así, me pregunto por qué has decidido encerrarte ahí tan de repente, no es una decisión demasiada precipitada. —

— Es que…— Era incapaz de poder decirle lo que le pasaba. — El espíritu maligno…— Pero eso bastaba para saber lo que le ocurría.

El espíritu maligno, o mejor dicho, Sasha empezó a atormentarla, como ya hizo en varios ocasiones. Aquella voz que solo replicaba dentro su cerebro debía estar hablándola de cómo hacerla daño, o incluso contándole lo que quería hacer con ella la noche interior. O de cómo atacar a los demás. En todo caso, se volvió a encerrar como una medida de protección para evitar que aquel ser hiciera de las suyas y, viendo el resultado, no parecía ser lo más apropiado.

— Realmente, ¿tú crees que puedes detenerla si haces eso? — Le preguntó Antonina con una seriedad que sorprendió tanto a Nonoma como a Aiyanna.

— Pues no sé, pero es lo único que se me ocurre…—

— ¡¿Y si es lo que ese espíritu maligno quiere que hagas!? ¡¿Y si aislarte es lo peor que puedes hacer!? —

Aiyanna fue incapaz de replicar esas palabras, teniendo que soltar esto, después de estar unos cuantos segundos en silencio:

— Pues, ¡¿qué puedo hacer yo!? — Gritaba de forma desesperada, llegando al punto de que iba a romper en llanto. — Por mucho que lo piense, no encuentro otra forma que hacer esto. —

— No sé si te lo dije antes, pero no lo conseguirás tú sola, necesitas a los demás, ¡no solo podrás luchar con tu fuerza, también tienes que aceptar mi poder y la fuerza de tus padres o de tus amigos! —

Aiyanna no dijo nada, así que Antonina siguió hablando con aquella sorprendente seriedad:

— No creo que aislarte, aún cuando eso sea para proteger lo que quieres, sea una solución optima. —

— Tienes razón…— Al final, habló. — Hasta ahora, yo jamás he podido enfrentarme al espíritu maligno…— Se oyó un fuerte suspiro — Siempre ha sido vos, o los demás los que me han salvado…— Rió amargamente. — ¡Debo de ser una…! — Antonina no le dejó terminar la frase.

— Tu fuerza es necesaria, pero no suficiente. — Empezó a mostrarse más dulce, a pesar de que seguía hablando con un tono muy serio. — Por eso, déjame entrar, con mi poder conseguiré acallar al espíritu maligno y que te deje en paz. —

No se escuchó nada por parte de Aiyanna, durante muchísimos segundos el silencio domino el lugar. Entonces, la puerta empezó a abrirse poquito a poco, mientras la chica, con gesto de dolor y agarrándose fuertemente la cabeza, le decía:

— Por favor, pide a los buenos espíritus que callen al espíritu maligno. —

Y con rapidez, pero sin nada de brusquedad; la abrazó fuertemente. Así estuvieron por varios segundos, ninguna de las dos habló ni hicieron otro movimiento, solo estaban en esas posición como si el tiempo se hubiera parado. Al final, Nonoma tuvo que intervenir, incapaz de aguantar aquel silencio incómodo:

— ¡¿Qué ocurre!? ¡¿Ya han derrotado al espíritu maligno!? — Les preguntó llena de preocupación. Tuvo que esperar un poco:

— Su voz se ha ido, se ha calmado…— Respondió Aiyanna, bastante sorprendida. Luego, dio un suspiro de alivio. — Menos mal…—

— ¡¿Entonces, todo bien, verdad!? — Aún así, Nonoma volvió a preguntar, a pesar de que veía a Aiyanna muy tranquila y relajada, como si se hubiera quitado un peso de encima. Ella el movió la cabeza, mientras Antonina la soltaba:

— ¡¿A qué te decía la verdad, Aiyanna!? Los buenos espíritus te han vuelto a ayudar. — Añadía con una sonrisa Doña Antonina, y ella le respondió, moviendo la cabeza afirmativamente, mostrándose muy feliz.

— Es verdad, yo no puedo hacerlo sola…— Añadió Aiyanna. — Necesito a los demás…—

— Así se dice. Con mi poder, con la fuerza de tus padres y de tus amigos podemos hacerlos. — Concluyó Antonina, antes de dirigirse hacia la otra chica: — ¡¿No crees, Nonoma!? —

— ¿¡Eh, yo!? — Eso la pilló por sorpresa. — Tal vez, aunque eso suena demasiado cursi para mis oídos. — No sabía con que responder.

— Ya sea cursi o no, esperemos que tú también nos de tu fuerza. Después de todo, eres la nueva amiga de Aiyanna. —

La reacción que tuvo aquellas palabras fue enorme, tanto Aiyanna como Nonoma dieron un enorme grito de sorpresa. La primera por el hecho de enterarse que es la amiga de la otra y la segunda, que se puso roja como un tomate, por haber soltado eso cuando ella aún no se atrevió a decirle a la niña que quería hacer amistad con ella.

FIN DE LA OCTAVA PARTE

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