Centésima decimaséptima historia

Funeral de una flor: Novena parte, centésima decimoséptima historia.

Después de aquello, Antonina decidió que, para celebrar el nacimiento de aquella nueva amistad, las chicas saliesen a la calle a jugar, sí o sí:

— ¿¡En verdad, está bien hacer esto!? ¡¿Y si el espíritu maligno…!? —

Le preguntaba Aiyanna muy dudosa y con un poco de miedo, ya se había dado cuenta de que aislarse no era una opción, pero estar afuera de la casa le seguía pareciendo peligroso. Con total seguridad, Antonina le contestó:

— Yo estaré a vuestro lado, y los buenos espíritus también. Estaremos a salvo y os vigilare. — Y no solo ella. — También tus padres…—

— ¡Tiene razón, no os quitaremos el ojo de encima! — Dijeron los padres de Aiyanna, intentando mostrar una imagen de seguridad y confianza a su hija para que no se preocupará. — Nada escapara de nuestra vista, más ágil que la de un águila. — A pesar de que ellos también pensaba igual que su chiquitina, pero confiaban ciegamente en Doña Antonina y sabían que iban a estar bien con ella.

— Bueno, ¡¿y yo qué hago aquí!? ¡Ya soy mayorcita para…! — Entonces, intervino Nonoma, a quién le encargaron la simple orden de jugar como le plazca con Aiyanna, a pesar de que no tenía muchas ganas ni edad para eso.

— Piensa como si estuvieras volviendo a tu infancia. Hay momentos en que necesitas volver a ser un niño. — Le replicó Antonina, entre risas.

— ¡¿Vuestra merced piensa que eso va a funcionar!? — Lo único que le respondió Antonina fue un dudoso tal vez.

Estaban bajando con mucha tranquilidad por una pequeña cuesta que les llevaba al rio, cerca de dónde las mujeres lavaban sus ropajes cada día, en un gran descampado. Aiyanna se preguntaba por qué le llevaban a un sitio que ella conocía muy bien, pero pronto lo comprobó.

— ¡Mirad, ahí eztá Aiyanna! — A lo lejos, una voz le gritó. — ¡Hola, Aiyanna! —

Era uno de sus amigos, Yevgeniy, que la vio desde la lejanía y la saludaba felizmente, moviendo su brazo con muchísima energía. Y no estaba solo, el resto se encontraba ahí, esperando a Aiyanna.

— ¿¡Cómo estás, mejor!? — Dijo, por su parte, Mailen con el mismo entusiasmo.

Milenka, su hermano pequeño Arhirani y Milenka le saludaron con mucha timidez y en silencio, pero con pequeñas sonrisas en sus rostros.

— ¡Cuánto tiempo! — Winona, igual de enérgico que Yevgeniv y Mailen,  gritaba con muchísima exageración. — ¡Por fin has aparecido, Aiyanna! —

Y finalmente, Ainelen, con muchísima tranquilidad, la saludó, mientras le decía simplemente esto: — Buenas tardes, Aiyanna. —

Aiyanna se quedó muy sorprendida, aunque se sintió feliz de verlos. Le iba a preguntar a Doña Antonina por qué hacía sus amigos ahí, pero ella se le adelantó:

— Es fácil de adivinar, mi querida Aiyanna. Yo les he llamado y les he pedido que jueguen contigo, aceptándolo con mucho gusto. —

Ainelen movió la cabeza afirmativamente, antes de expresarlo en palabras:

— Realmente, queremos jugar contigo, Aiyanna. Te echamos de menos. —

— Sin ti, ez muy aburrido jugar. — Intervino Yevgeniv, costándole un poco soltar esas palabras, ya que se le observó muy avergonzado mientras lo pronunciaba. Al terminarlo, Winona soltó esto: — Es verdad, porque el gran Yevgeniv piensa eso. —

— Lameculos…— Añadió Mailen, en voz baja, pero Winona lo oyó y le preguntó que si había dicho algo. — Nada, nada, de verdad. — Cambió de tema, soltando esto: — Yo también pienso lo mismo. —

— Y yo. — Y dijeron los demás.

Aiyanna no sabía que decir, se quedó callada durante varios segundos, cabizbaja. Parecía que estaba indecisa, que había una parte de ella que quería ir a jugar con ellos, pero otro que le decía lo contrario, tal vez mencionándola el hecho de que podría ser peligroso para ellos.

— Yo también, también quiero, pero…— A continuación, les decía esto. — El espíritu maligno, ese monstruo podría…—

Entonces, Antonina puso su mano sobre su hombro con mucha dulzura, provocando que nuestra Aiyanna observara aquel rostro místico lleno de tranquilidad y paz.

— ¡Confía en mí y en los buenos espíritus! ¡Todo saldrá bien! — Aiyanna intentó replicar, pero eso no la detuvo. — Olvídate de ese espíritu, tienes que seguir viviendo como has hecho durante todos estos meses. ¡Diviértete, sé una niña! —

Aiyanna tardó mucho en contestar, se le veía muy pensativa, como si esas palabras le hubieran revelado una verdad que tenía que asimilar, tan simple y ordinaria, pero llena de sentido. Era cierto, ese horrible espíritu provocó que se alejara de sus queridos amigos, que incluso la aceptaban, a pesar de que tuviera un monstruo dentro de ella, que les hizo cosas horribles. Aún cuando quería protegerlos, aislándose de ellos; solo estaba consiguiendo lo que quería esa criatura del averno. Por eso, debería cambiar de táctica y seguir viviendo su vida normal y de la compañía de sus amistades. Ahora ya no estaba sola, tenía a Antonina a su lado y el poder de los buenos espíritus, además de sus padres y de Yevgeniv y compañía.

— ¡Tienes razón! — Entonces, ella gritó llena de convicción. — ¡Ya estoy harta de estar asustada! ¡Quiero jugar con mis amigos y Sasha no podrá evitarlo! — Y salió corriendo hacia ellos a toda velocidad, chillando como una cabra.

Sus amigos gritaron de euforia y la recibieron con los brazos abiertos. Y ella dio un enorme salto hacia ellos, mientras su madre le gritaba, asustada, que no saltara de esa manera.

— ¡Hey, hey, espera, espera, no zaltez! — Y ahí es donde Yevgeniv se dio cuenta de que ella iba a caer sobre él. — ¡Qué me baz a matar! — No tuvo ni tiempo para escapar, cayó sobre su cabeza.

— ¡Por el amor de Dios, ¿te has hecho daño?! — La madre de ella gritó esto, y hubiera salido corriendo hacia su hijita, pero entonces vio como ella se puso a reír.

— No pasa nada, estoy muy bien. — Eso pudo decir, a pesar de que las risas no paraba. La madre le dijo que no volviera a ser eso más, mientras Aiyanna le decía esto a su amigo. — Perdón, Yevgeniv, no esperaba que ibas a ponerte en medio, ¡¿estás bien!? —

— Sí, lo eztoy. — Le respondió. — Pero puedez quitarte de enciá. — Como Aiyanna estaba sentada sobre su pecho, le dijo esto.

Los demás empezaron a reír, mientras ayudaban a Aiyanna y a Yevgeniv, quién les decía, avergonzado, que no era gracioso.

— ¡Tiene razón! Debería haberme cogido en brazos, en vez de esperar a que me chocara contigo. — Añadió Aiyanna, mientras actuaba como si fuera una chica de la clase alta. — ¡Mi regreso ha sido un fiasco, tenemos que repetirlo! —

Mientras Yevgeniv, muerto de vergüenza, le decía que no quería repetirlo, con las chicas del gripo pidiéndole que lo hiciera y con Aiyanna aplicando un curioso y extraño humor; Nonoma comentó:

— ¡¿Así es cómo se comporta esa moza normalmente!? ¡Es una verdadera bufona, da vergüenza ver como actúa! —

Antonina rió al escuchar su comentario, a diferencia de los papás, que no le sintieron muy bien escuchar eso, provocando que Nonoma se disculpara, antes de preguntarle a la “chamán” por qué se reía. Ella, sin necesidad de decir nada, solo le dio un pequeño empujón hacia al grupo de niños:

— ¡¿Espera, qué hace!? — Le preguntó Nonoma muy sorprendida.

— ¡Ve! ¿¡No quieres unirte a ellos!? —

Nonoma le iba a replica, pero se puso a observarlos por varios segundos, viéndolos cómo decidieron a jugar al escondite. Para su sorpresa, sintió ganas de unirse a ellos:

— Pues la verdad, parece divertido…— Tapó la boca, pero era demasiado tarde. Al ver la sonrisa burlona que puso Antonina, soltó esto: — Pero no soy una moza, ya no estoy hecho para esas cosas. —

Ya era toda una adulta, tenía trabajo y cosas que hacer, hacia larguísimo que dejó de jugar y divertirse, ya no podría volver a la infancia. O eso era lo que creía ella.

— ¡¿Entonces, prefieres quedarte con nosotros, aburridos adultos que no tienen nada más que hacer que mirar!? — Le preguntó Antonina. Nonoma observó, entonces, a los tres adultos que estaban con ella durante varios segundos. Se le quitaron de golpe las ganas de estar con los adultos.

— Hago esto, solo porque me lo ordena, nada más…— Aún seguía siendo una niña, a pesar de que intentaba disimular. Realmente tierno, ¿no?

Y con esto dicho se les unió, mientras los adultos quedaban observándolos desde la lejanía, sin decir nada. Así estuvieron ellos durante un buen rato, viendo como Aiyanna estaba comportándose como una niña normal, como si no hubiera existido aquel espíritu maligno. Transmitía energía, alegría, soltando chistes malos sin ningún tipo de malicia y haciendo payasadas que hacían reír a sus amigos, quienes disfrutaban realmente de su presencia. Y Nonoma, aunque era reacia al principio a participar, estaba jugando como si hubiera estado con esos chicos durante largo tiempo, divirtiéndose a lo grande. Aunque, a pesar de que era un bonito espectáculo, solo observarlo los aburrió rápidamente. O eso era el caso de Navajo, quién se durmió, tras estar un buen rato soltando suspiros.

Y fue en ese momento en que su esposa, Nizhoni, que se llenó de valentía al darse cuenta de que tenía una oportunidad; decidió sacar un tema que parecía controvertido:

— Por cierto…— Se entrecortó, al ver cómo dirigió su mirada a hacia ella. — Bueno, Doña Antonina, tengo que preguntarle algo, llego un buen rato deseándolo hacerlo, pero no encontraba el momento. —

— ¡¿Y de qué se trata!? — Al ver lo que le costaba explicarle lo que quería decir, atrajo rápidamente la atención de Antonina, quién estaba ansiosa por ver qué tema tan complicado de tratar le iba a soltar.

Tuvo que inspirar y respirar varias veces para poder decirlo con claridad: — Se trata de Aiyanna, ¡¿quién es ella en realidad, por qué está en este pueblo!? —

La pregunta sorprendió un poco a Antonina, no esperaba a que se atreviera a sacarle ese tema, cuando no lo hizo desde el primer día. Pero no tuvo ni un ápice de nerviosismo, con aparente ingenuidad, le pidió que le explicara la situación:

— Fueron las autoridades las que la trajo aquí, a este pueblo, por alguna razón misteriosa que nadie quiso contarnos. Ella tampoco sabe nada, no puede recordar quién era antes, ni su nombre, ni quiénes eran sus padres, era como si todo lo relacionado con Aiyanna se hubiera borrado. —

— Eso es realmente misterioso, bueno sabía que Aiyanna no era común, sobretodo en el físico, aunque nunca dije nada para no molestaros. —

— Oh, ya veo. Es usted muy amable, pero preguntar no le iba a hacer nada malo, esperaba que lo dijeras pronto o temprano. Pero aún así, A ella le debió ocurrir algo muy gordo para acabar así. Y, por su color de piel, tan blanca como la nieve; da a pensar que es extranjera o alguien de la familia real, porque solo las Zarinas y sus familiares son así. —

Antonina no dijo nada, así que Nizhoni añadió:

— Usted sabe algo, ¡¿no!? Bueno, se relaciona con la Zarina y los buenos espíritus, así que pensé que podría saber algo. —

— Lo siento mucho, pero Aiyanna también es un misterio para mí, apenas sé algo que le podría ayudar a comprender de dónde viene. A mí también me gustaría saber. —

— ¡¿Y el espíritu maligno!? ¡Puede que sepa algo de ella, no es casual que haya sido poseída, después de haber vivido todo el invierno con nosotros! ¡Tal vez, su llegada al pueblo y su pérdida de memoria tiene mucho ver con ese ser horrible! —

— Tal vez…— Lo dijo mostrándose muy dudosa y pensativa. — No hay nada seguro en torno a eso. El espíritu maligno se dignó a contarme su historia cuando se lo pedí. — Nizhoni continuó hablando:

— La gente del pueblo te oyó hablar con ese monstruo cuando intentó matar a Aiyanna, pero no pudieron entender nada, estabais hablando en una lengua desconocida para nosotros. —

— ¡¿Deseas que te lo cuente!? No es nada especial, ella solo me insultaba y me decía cosas desagradables, nada más. —

— Entiendo. — Concluyo Nizhoni, con decepción, tras pensárselo un poco. — Perdón con molestarla con esto, pero como mi deber de madre no puedo ignorar cómo termino así. Tal vez, tenga que hacerles caso a los demás, que no le muchas vueltas eso, porque ya no importa. —

— Tienen razón, no te preocupes mucho por eso. Aunque es vital conocer el pasado, hay veces en que lo mejor es esperar hasta que llegue la hora de conocerlo. Por ahora, disfruta todo lo que puedas de ella como lo has hecho estos meses, hágala ver que es una niña como los demás mientras tanto. —

Y con esto dicho se terminó la conversación, Nizhoni movió la cabeza de forma positiva, con una gran sonrisa, dándole la razón a Doña Antonina. Así volvió el silencio entre los adultos y nuestro “chamán” ya podría pensar en sus propias dudas e interrogantes.

Algo le empezó a rondar en la cabeza en torno a Aiyanna, en relación con lo que había pasado en mediodía. Se preguntaba cuándo Sasha, el espíritu maligno, tomaba el control de su cuerpo. Por los casos que ella vio en el pasado y por lo que se sabe, el estrés era una de las condiciones para que la otra personalidad entrara en acción, pero, recordando todas las veces que le ocurrió eso, no eran momentos estresantes, aparentemente. Si podría saber cómo se desencadenaría, daría un gran paso.

Aún así, no debía arriesgarse. Primero tenía que establecer en Aiyanna seguridad y estabilidad para hacerla frente a Sasha, algo importante para conseguir que lo disociado se vuelva a unir. Pero el tiempo apremia, más cuando solo tenía pocas semanas para tratar algo cuyo tratamiento puede durar hasta seis años o más.

FIN DE LA NOVENA PARTE

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