Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Undécima parte, centésima decimoséptima historia.

Si me permiten, vamos a detenernos un poco, para recordar todo lo que hemos contado, desde el inicio hasta ahora. Como ustedes ya habrán leído, todo empezó desde que nuestro “chamán real”, Doña Antonina, llegó a esta aldea, después de que le pidieron ayuda, porque una pobre niña del pueblo llamada Aiyanna estaba siendo poseída por un espíritu maligno. Pues ella, con su poder místico, empezó un largo proceso de exorcismo para sacar a aquel monstruo de su cuerpo llamado Sasha, mientras ésta volviera a seguir viviendo su vida, a la vez que hacía nuevos amigos, como Nonoma, quién fue traída como una sirvienta por parte de nuestra celestial amiga.

Más o menos, es la narración que todos nuestros personajes creen que es. No es necesario contarles las metáforas y otras figuras retóricas que están ocultas bajo este resumen, pero hay que decirles que alguien de nuestra historia se dio cuenta de que había gato encerrado en las palabras de aquella santa mujer, o mejor dicho, siempre lo supo, porque fue la misma que empezó con la retórica.

Continuando con la historia, esta vez el día estaba oscurecido, unas nubes muy negras taparon el sol y cubrieron todo el cielo, parecía que tenía la intención de provocar un diluvio, aunque, por el momento, no caía ni una gota. Así es cómo se levantaron Antonina y Nonoma:

— ¡Qué mal día hace, no tiene buena pinta! — Exclamaba Nonoma, mientras observaba por la ventana. — Vuestra merced, no creo que podamos salir afuera hoy, ¡parece que va a llover a mares! —

— Eso parece, aunque no está mal tener un día de este tipo de vez en cuando. — Añadió Antonina, sin mirar siquiera a la ventana.

Había algo más que le distraía del tiempo, que la puso muy pensativa y taciturna. Al sentir que estaba muy ocupada en sus propios pensamientos, mientras era ignorada, Nonoma le pidió atención:

— ¡Vamos, Doña Antonina, hablad! ¡¿Por qué vos estáis ignorando a una servidora!? Hablarle y ser ignorada es una ofensa muy grave. —

— Perdón, perdón, es que solo estaba pensando en lo qué pasó anoche. —

— ¡No lo recuerde! — Se detuvo por un momento, al ver que gritó más de lo que debería, dándole punzadas por culpa del dolor de cabeza que sufría: — ¡Sé controlarme, de verdad! ¡Olvidad todo lo que habéis visto de mí! —

Antonina le pareció muy gracioso eso, soltando unas risas que molestaron bastante a Nonoma, quién le replicó. Luego, añadió:

— Tu razonamiento es bastante erróneo, mi querida Nonoma. — Eso solo la molestó un poco más. — En realidad, algo muy curioso pasó durante el paseo que tuve ayer con Aiyanna, y no puedo dejar de recordarlo. —

— ¡¿Ah, en serio!? — Preguntó inocentemente la sirvienta, antes de gritar esto: — ¡Espera, ¿cuándo dieron el paseo?! ¿¡Cuándo estaba una servidora sufriendo por el alcohol!? — No se podría creer que, mientras ella estaba borracha, salieron a dar una vuelta. Antonina solo respondió moviendo la cabeza de forma afirmativa y Nonoma añadió:

— ¡¿Y qué ocurrió para que usted esté más… pensativa de que costumbre, fue algo grave!? —

Era algo impropio de Doña Antonina, a pesar de que claramente siempre mostraba que era alguien muy pensativa, ignorar a su interlocutor. Debía de haber vuelto ese maldito espíritu maligno u otra cosa igual de grave para que estuviera así, y esperó fervientemente la respuesta de ella, que tardó en responder durante varios segundos:

— No creo que a Aiyanna le interesa bastante que te cuente lo que ocurrió, así que, por el momento, solo haré silencio. — Al final, la espera no valió nada y Nonoma, a pesar de que la curiosidad le pedía insistir, no se atrevió a descubrir la verdad. Solo había que esperar a que Antonina le entrara ganas de decirlo.

Por suerte para ustedes, les puedo revelar lo que pasó aquel paseo nocturno, que fue después de que nuestra Antonina le diera a la pequeña Aiyanna una conversación sobre verdades, el olvido de la gente del exterior sobre éstas y otras cosas más. En el camino a casa, se detuvo otra vez, decidida a tratar sobre un pequeño detalle que casi pasó desapercibido:

— Por cierto, hay algo de nuestra anterior conversación que me gustaría tratar antes de volver a casa. —

Aiyanna, sorprendida ante aquellas inesperadas palabras, y algo aterrada, ya que la seriedad que transmitía previó a la chica de que quería tratar algo que parecía muy incómodo; le preguntó qué era aquello, tras tragar saliva.

— Puede que sea una errada observación de mi parte o algo muy rebuscado, pero, cuando dijiste de que veías espíritus, no incluiste el hecho de que tú tienes uno por dentro…—

— ¡¿Ah, en serio!? — Aiyanna rió nerviosamente. — Tienes razón, pero no hacía falta, ¿no? Ya lo sabe, yo lo sé, todos lo sabemos. —

— Es verdad, pero pensé que, quizás, tú piensas que aquel espíritu maligno no lo es tanto, es decir, que aquello que tienes dentro de ti no es un espíritu maligno…—

— Espera, Doña Antonina, no la sigo, ¡¿qué intentas decir!? Pues claro que es un espíritu maligno, usted misma lo dice. — Su nerviosismo no dejaba de crecer.

— Pero decir una cosa y creérsela son dos cosas muy distintas, mi querida Aiyanna. — Antonina seguía estando tranquila y su tono de voz celestial apenas había variado, a pesar de la seriedad; pero eso ponía a la niña muy intranquila, e incluso parecía asustada, por alguna razón que yo, vuestra narradora, no puedo entender, como si hubiera visto algo malvado a través de aquella santa. Tal vez, son imaginaciones mías, porque nuestro chamán jamás ha mostrado maldad alguna, su santidad es enorme.

— Entonces, ¡¿usted no cree…!? — No pudo terminar la frase, ya que fue interrumpida por Antonina, que añadió:

— Esa no es la cuestión ahora, estamos tratando de saber si realmente crees que lo que tienes dentro de ti es un espíritu maligno u otra cosa…—

Y con esto dicho, estuvieron unos segundos en silencio, con nuestra Doña Antonina esperando la respuesta de la niña, o, por lo menos, observa cómo estaba siendo su reacción. Ésta, aunque tardó un poco, se arriesgó:

— Pues, yo, yo…— Pero la pobre Aiyanna no sabía que decir. — Es un espíritu maligno, de verdad…— Empezó a temblar, mientras miraba para el otro lado. — Lo dijo el chamán del pueblo vecino…— Muchos gestos corporales mostraba que ella estaba cercar de sufrir un ataque de pánico.  — Debe serlo, no puede haber otra explicación. — Rió nerviosamente de nuevo, con una mirada de horror, mientras Antonina la seguía observando sin detener la conversación. — Porque no soy…— Se puso las manos en la cabeza y empezó a gritar: — ¡No lo soy…! —

Y no paró de soltar a gritos esas palabras una y otra vez, mientras se tapaba las orejas y caía al suelo. Luego, empezó a pedir que se callaran, a pesar de que Antonina ni nadie estaban hablando.

— Sabes, te diré que esto es una farsa, supongo que ya lo sabrás. Aquel espíritu maligno es solo otra parte de ti, que se separó y formó una especie de segunda personalidad en tu cabeza. Aún así, hay muchas dudas en torno cómo se ha formado y cómo funciona. —

Y Aiyanna, mientras Antonina se acercaba tranquilamente, ignoraba a lo que estaba diciendo nuestra santa mujer, porque empezó a desvariar.

— ¡Cállate! — Parecía que estaba hablando con Sasha. — ¡Cállate, tú! — O era ésta la que hablaba con Aiyanna. — Yo no soy tú, eres un espíritu maligno. — Éstas se pusieron a discutir. — Acéptalo de una vez, tú eres yo, idiota. — No se podría diferenciar quién hablaba. — ¡Idiota! — Finalmente se pusieron a repetir aquel insulto varias veces.

Antonina vino al rescate y pudo detener aquella especie de pelea, a tortazos.

— Perdóname, creo que te presione demasiado, pero es algo que tenemos que hacer para librarnos de Sasha. — Le decía, después de haberla dejado atontada. — No, tenemos que hacerlo para que tú puedas vivir  como una persona normal. —

Aiyanna no dijo nada, solo se quedó con los ojos bien abiertos, dándonos entender que su mente estaba en blando. Luego, Antonina la abrazó y ésta también lo hizo, con todas sus fuerzas. Rompió a llorar. Sin decir nada más, éstas dos volvieron a casa, como si no hubiera pasado nada.

Aiyanna no soltó el tema desde que volvieron, es más, intentó ser la misma de siempre durante la cena, antes de volver silenciosamente y sin ánimos a la cama. Por eso, Doña Antonina mantenía silencio, mientras se preguntaba si iba a seguir en ese plan o ellas darían una charla en secreto en torno lo que había pasado esa noche. Era el momento para averiguarlo, así que salió en su busca. Nonoma la siguió, incapaz de entender lo que quería hacer Antonina.

Mientras la buscaba por su casa y la granja, también pensó sobre las cientos de dudas que tenían en torno a ella, que eran bastantes y le tenían bastante intrigada. Estaba impaciente por entenderlos.

Aunque lo principal es cómo se produjo la disociación de su personalidad en dos. Más o menos, le contó que empezó a sufrirlo poquito a poco, hace unos meses atrás, aunque ya dudaba de que le hubiera contado toda la verdad. Además, la formación de esto siempre era producida por niveles extremos de estrés continuos, relacionados con violencia familiar, en buena parte de los casos; pero ésta no sufrió ni rechazo por nadie del pueblo ni sufrió ningún tipo de abuso, no había un desencadenante que le hubiera provocado a largo plazo, a primera vista. Entonces, perdiendo mucho tiempo en reflexionar en vez de buscar a Aiyanna, terminó de armar una teoría decente.

Y cuando reviso la granja, se encontró con Nizhoni, mostrando un rostro lleno de preocupación, y le iba a preguntar dónde estaba su hija, pero ésta se le adelantó:

— ¡¿Sabes dónde está Aiyanna!? — Diciendo la misma pregunta.

Definitivamente, Aiyanna había vuelto a desaparecer. Nizhoni, llena de arrepentimiento por haberle quitado la vista por unos segundos, cuando fue a comprar junto con su marido; no paró de maldecirse, al ver que ellas tampoco sabían nada.

Antonina y Nonoma se pusieron manos a la obra, tras tranquilizar un poco a Nizhoni y escuchar que Navajo ya la estaba buscando, además de pedir ayuda al resto del pueblo; y se fueron a las afueras de la aldea.

— ¡¿Vuestra Merced, el espíritu maligno ha vuelto de nuevo!? — Gritaba Nonoma, mientras intentaba alcanza a Antonina. — ¡¿Qué ha ocurrido anoche!? No es casualidad que la señorita Aiyanna se haya ido, después de haber oído de que pasó algo entre vosotras dos. —

— Podríamos decir que he intentado presionarla un poquito y la cosa no fue lo esperable. — Antonina, aunque tardó mucho, se dignó a contestarla, mientras aligeraba el paso.

— ¡¿Espera, qué intenta decir con eso…!? — Pero Nonoma no entendió nada. La interrumpió, con seriedad, pero manteniéndose calmada:

— Da igual ahora, no es el momento, ¡hay que encontrarla antes de que haga alguna locura! — Y no pudo replicar a estas palabras, mientras tenía que salir corriendo para alcanzar a Doña Antonina.

Mientras subían por las laderas de las montañas, recorriendo el mismo camino que ella hizo el día anterior con Aiyanna, recordaba el día en que había salvado a aquella chica.

Era un día de invierno y dos chicas, cuyos nombres eran Zvezdá y Cammi Cammi, aparecieron de golpe en su habitación, cargando a alguien más:

— ¡Doña Antonina, Doña Antonina, ayudadla! —

Lo que vio Antonina fue sorprendente para ella, a pesar de que recibió un disparo en la cabeza, seguía mostrando signos vitales. No se lo pensó dos veces, decidió hacerle una operación de emergencia, con el poco material médico que le quedaba. Con muchísima precisión, tras comprobar el estado de la zona afectada, sacó la bala con muchísimo cuidado.

Y así la salvó, pero, como sabrán, su memoria se perdió en el proceso, a pesar de que la bala se incrustó en el propio cráneo, teniendo que cortar el hueso alrededor de ésta para poder sacarla sin menor problema; y solo destrozó unos pocos milímetros de materia cerebral. Tal vez Antonina dañó sin querer una parte muy importante de órgano mientras le salvaba la vida, pero era normal sufrir percances como estos, sobre todo en operaciones realmente complicados.  Lo importante es que sobrevivió.

Tras llevar días en la cama, despertó sin saber quién era y no pudo poder formar recuerdos hasta varios días después, hasta que la Zarina decidiera librarse de ésta. Y Antonina creyó que su amnesia sería para siempre, jamás iba a recordar quién era antes de sufrir ese disparo en la cabeza.

— ¡¿Por qué no me puse a repasar el mundo actual de la medicina!? Esto es obra de la “plasticidad cognitiva” del cerebro… —

Dijo en voz baja, mientras corría a toda velocidad, sin que nadie percibiera aquellas débiles palabras. Entonces, Antonina se detuvo y Nonoma hizo lo mismo:

— ¡¿Qué le ocurre, Vuestra Merced!? — Y le preguntó.

— Llama al pueblo, a tus amigos, a los padres de Aiyanna, ¡ahora mismo, Nonoma! —

Ella le quería preguntar qué pasaba, pero no había tiempo, había que cumplir con la orden, ya que Don Antonina seguramente vio algún indicio de que algo grave estaba pasando. Así que salió corriendo, mientras la dejaba sola.

Y aquel cielo gris finalmente empezó a descargar poquito a poco toda el agua que llevaban encima, como si presintieran que algo malo iba a pasar.

Antonina, ignorado las gotas de agua, se fijó hacia una cueva, la misma en la cual había conocido a Aiyanna. Y la había visto, entrando en la caverna a toda prisa. Su apuesta había sido correcta, adivinó a dónde iba a estar ella, todo gracias a sus poderes mágicos y a los buenos espíritus que la protegen.

Se dirigió hacia allí y se la encontró en lo más profundo de la cueva, con la misma posición que había adoptado cuando se conocieron. Aiyanna se dio cuenta de su presencia y la observó cabizbaja:

— ¡Así que llegaste, Doña Antonina…! — Rió de forma forzada, mientras ponía una cara llena de dolor.

— Por supuesto que sí, mi querida Aiyanna, aún me queda bastantes cosas que hacer para conseguir exorcizarte. —

— Pues, vaya…— Rió otra vez forzadamente. — ¡¿Aún sigues con la farsa!? —

— Después de todo, solo sigo mi guión. — Aquellas palabras hicieron que le provocará un ataque de risa a la chica. Ya no se podría distinguir si era Sasha o Aiyanna quién estaba gritando con risas desagradables y llenas de dolor.

— Entonces, continúa. Hacedme el exorcismo ya, ¡líbrame de este maldito espíritu maligno! ¡De Sasha, de todo lo relacionado con ella! —

Y añadió esto, provocándole a Antonina, mientras, en el exterior, el chispeo se convirtió en un terrible o horroroso diluvio, con fuertes truenos y rayos de regalo.

FIN DE LA UNDÉCIMA PARTE

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