Centésima decimaséptima historia

El Funeral de una flor: Doceava parte, centésima decimoséptima historia.

Antonina tardó un poco en decir algo, observando a una Aiyanna, que ya no sabía si era ella o su otra personalidad, Sasha; poniendo un rostro que a muchos les parecería amenazante, salvo para nuestro “chamán”, quién soltó con su habitual calma y serenidad esto:

— ¿¡Te lo dije, no!? Juntas íbamos a derrotar al espíritu maligno, solo tenemos que hacerlo poquito a poco, no hay que adelantarnos…—

— Ya veo…— Dijo, muy desconsolada y cabizbaja. — Entonces, no me queda más remedio que obligarte, lo siento Doña Antonina. — Y se lanzó hacia ella, mientras sacaba una navaja de sus bolsillos y gritaba llena de sufrimiento y odio, había perdido totalmente la cabeza.

Antonina, sin perder la tranquilidad, la esquivó con mucha gracia. Mientras Aiyanna se daba la vuelta y se preparó para cargar contra ella de nuevo, ésta añadió:

— Esto es muy irracional de tu parte, chiquilla. No deberías apuñalar a tus mayores, hay que respetarlos. —

— ¡¿Crees que voy a respetar a un vieja bruja como tú!? — ¿¡Ahora estaba hablando Sasha!? ¡¿O era la misma Aiyanna!? Era como si los límites entre las dos personalidades se hubieran disuelto de golpe. — ¡Tú siempre has estado jugando con nosotras, jamás te ha importado un bledo salvarla de mí! —

Esta vez Antonina no pudo hacerse a un lado y tenía que mover su cuerpo de un lado para esquivar la navaja, mientras daba pasos hacia atrás sin parar. A pesar de este esfuerzo, era capaz de replicarle a la chica:

— ¡¿Eso es lo qué crees!? Si existen, es gracias a mí, ¡¿o no lo recuerdas ya!? —

— ¡Cállate, libérame de Sasha! ¡Bórrame todas sus memorias, todo lo malo que ha hecho! — No paraba de detener sus ataques una y otra vez, mientras se gritaba a sí misma a pleno pulmón. — ¡Yo soy tú y yo soy tú, ¿cuántas veces te lo diré?! — Aún así, volvía al ataque, a pesar de que su otra mano agarraba su cara como si un dolor muy intenso le estuviera destrozando. — ¡Cállate, Aiyanna es una chica buena y tú eres un monstruo! ¡Y esto es tu culpa, yo no estaría haciendo si no fueras un espíritu maligno! —

¿¡Qué le estaba ocurriendo a la chica!? Antonina, por más que lo intentaba recordar, no recordaba algo igual de intenso, y eso la maravillaba, a pesar de que ella estaba en peligro. Los seres humanos siempre nunca fallan en mostrar sorpresas, por eso ama a la humanidad.

— ¡Exorcízame, vamos! ¡Líbrame de Sasha! — Y aumentó sus acometidas con la navaja. — ¡Vamos, defiéndete, mátame de una puta vez, aléjame de este mundo sin sentido! —

Antonina, quién no paró de evitar cada navajazo que le enviaba, no pudo esquivar a tiempo la siguiente y tuvo que pararlo con su bastón a tiempo, el cual ya se había mencionado en el principio y siempre estuvo a su lado todo este tiempo. Mientras bloqueada, como si fuera un escudo, aquella pequeña arma, que se quedó atascado en la madera; el “chamán” habló:

— Sabes, tengo una amiga que no para de ensalzar el cuerpo humano, lo considera lo más hermoso que haya aparecido en toda la historia de la tierra. Es una maquina biológica única e impredecible, sobre todo el cerebro. —

— ¡¿Por qué sacas ese tema!? — Le gritó la chica, mientras la empujaba hacia afuera, en vez de liberar su navaja de la madera.

Antonina, quién se dejó empujar por la debilucha fuerza de su agresora, y la chica salieron al exterior de la cueva, sin importarles que un diluvio caía sobre ellas, acercándose a un rio que se llenó hasta los toques de agua. Ésta le siguió hablando esto, como si estuvieran teniendo una charla cordial:

— Sí, perdiste tu memoria, porque dañé una parte del cerebro, o tal vez fue por la bala. Creía que el daño sería irremisible, y lo es, pero todos tenemos una propiedad en ese valioso órgano, llamado “plasticidad cognitiva”, que remueve las relaciones entre nuestras neuronas si una parte falla o se pierde. Pero esto puede tardar meses o incluso años, además de que es necesario estimularlo. No me di cuenta de esto hasta ahora…—

— ¡Deja de joder, vieja bruja! — La interrumpieron con un horrible grito, antes de desatascar su navaja de la madera del bastón.

— ¡Realmente soy un fracaso como cirujana! O por lo menos, ya se me ha pasado el arroz… — Aún así, ella siguió hablando como si nada.

— ¡¿Por qué estás tan calmada!? ¡¿No ves que tu vida está en peligro!? —

No entendían cómo Antonina siguiera mostrando muy relajada y tranquila, incluso llegando al punto de que estaba sonriendo, como si ella estuviera disfrutando de esto. Y no se detuvo:

— Eso no es la cuestión. Lo importante es saber que, al haber recuperado tus recuerdos, así como tu personalidad original; se había producido un enfrentamiento en ti misma, provocando disociarte en dos. —

— ¡Eso ya lo sabemos desde el principio, idiota! — Y se lanzó hacia ella, para poder acuchillarla, volviendo ésta a esquivarla de nuevo.

— ¿¡Por qué rechazas tus propios recuerdos!? ¡Eso es lo que fuiste, Aiyanna, no…! ¡Sasha! — Mientras le decía estas cosas.

— ¡Basta, basta, basta! ¡Los odios, los repudio, no son míos, eso no fue yo! ¿¡Por qué tuve que recuperar la memoria, por qué tuve que ser así!? —

— Era muy feliz sin ellos, tengo amigos, tengo papás que me quieren, todos me tratan bien, creo que la vida tiene sentido y es hermosa, ¡¿por qué habría que aceptar que fui un monstruo, por qué debo volver a tener estos sentimientos tan horribles por todo lo que pasé y sufrí!? — Y finalmente, rompió a llorar, después de haber contenido sus lágrimas. Aún así, seguía atacando a diestro y siniestro, intentado embestir al “chamán” por todos lados y buscando un punto ciego con lo cual ésta no pudiera esquivarlo.

— Pero no todo fue malo, ¡¿verdad!? Tuviste a una hermana muy buena, ¡¿quieres olvidarla también!? — Aunque llevaba un buen rato esquivando, sus movimientos se hacían cada vez más lentos y torpes, aquel acoso tan enérgico y persistente estaba surgiendo efecto. Ya apenas podría evitarlo, aún cuando usará su bastón. De un momento para otro, iba a ser herida:

— La traté fatal, le hizo todo el mal posible para que me dejará en paz y se olvidará de mí, ¡es mejor olvidar esto, olvidarlo todo! — Ella se detuvo por un momento, mientras volvió a poner su mano sobre su cabeza por el dolor, antes de suplicar esto a gritos: — ¡Los odio, sácamelo de mi cabeza, Doña Antonina, sácame esto de mí, libérame del espíritu maligno!  —

Y empezó a soltar unos chillidos más fuertes que antes, que sacaban todo el horrible dolor que llevaba dentro de sí, toda aquella maldad que la habían hundido en la desesperación durante largos años, llegando al punto de que parecía muy exagerado, que, en otras circunstancias, hubiera sido cómico.

Pero, a continuación, ella sacó unas fuerzas impropias de una niña pequeña y le dio una fuerte patada hacia a Antonina, sorprendiéndola en el acto. No pudo esquivarlo y la hizo rodar por una pendiente llena de barro y agua, llegando al punto de estar al lado del rio, convertido en crecida.

Miles de truenos sonaron y el cielo fue iluminado por el destello de los rayos, un diluvio violento y fuerte caía sobre ellas, mientras la chica se acercó rápidamente a la persona que había golpeado, le dijo:

— ¡¿Ahora, dónde están tus buenos espíritus!? — Le gritó, burlona, con la navaja a pocos metros del cuello de Antonina. — ¡Pídeles ayuda, diles que me libren de mi yo anterior, de todos mis recuerdos! — Luego de exigir, se gritó a sí misma: — ¡Cállate, Sasha, vas a desaparecer! —

— ¿¡Desde cuándo llevas tú el control aquí!? — Y parecía que era el turno de Sasha en hablar: — Yo soy la original, tú eres más que una personalidad secundaria, ¡subnormal, payasa, idiota, vendedora de cruasanes! — Las dos personalidades casi se pusieron a pelear, sino fuera por la interrupción de Antonina, que dijo:

— ¡¿De verdad crees que les voy a pedir ayuda ahora mismo!? Porque, después de todo, no creo que serás capaz de matarme…— Y lo dijo con muchísima seguridad, como si ya estaba predestinada a salvarse. Luego, con tono maternal, añadió: — ¡Vamos! Tranquilízate y piensa en frio, ¡¿tienes idea de que lo que estás haciendo no solo es irracional, sino algo que haría ese monstruo al que tú reniegas!? —

Entre jadeos, la chica solo observaba con una cara que era casi imposible de describir, entre una mezcla de duda, odio y temor, a Antonina, mientras seguía sosteniendo el cuchillo sobre el cuello de la santa, que continuó:

— Al final, estás teniendo un grave error. Lo entiendo, tus sentimientos, todo lo que has acumulado estos días, meses, e incluso años, ha explotado. Pero es hora de controlarse, pedirle a Sasha que dejé de tomar el control de tu cuerpo. — No hubo una réplica, así que siguió:

— Ibas muy bien, mi idea, lo que realmente quería hacer contigo, además de controlarte, que te enfrentarás a la verdad y te dieses cuenta de que la única manera de terminar con esto, es aceptarlos, tanto a ese espíritu maligno como sus recuerdos, como algo propio de ti. Sasha es una parte de tu personalidad, horrible, pero todos los seres humanos tienen uno, ¿no? —

Y finalmente, la chica actuó, pero no de buenas maneras. Alzó la navaja a lo más alto y grito esto:

— No, yo no puedo aceptarlo, por nada del mundo. Odio a Sasha, tiene que desaparecer de una maldita vez. — Y dirigió la navaja hacia su estomago.

Pero no se lo incrustó, porque algo la tiro al suelo, que no era nada más ni nada menos que una patada voladora de una chica que dijo esto:

— ¡Maldito seas, espíritu maligno! ¡No permitiré que le hagas eso a la señorita Aiyanna! —

Era Nonoma, quién rápidamente levantó del suelo a Doña Antonina, mientras le preguntaba muy preocupada y alterada cómo estaba.

— ¡No te preocupes, no es nada! — Le decía una Antonina, que sorprendió gratamente a Nonoma, al ver que ésta seguía conservando su tranquilidad. Dudó de su humanidad, mientras ella añadía: — Ahora lo importante…—

— No os preocupéis tampoco Vuestra merced, que no estoy sola. —

Y con esto dicho, observaron cómo los amigos aparecían y se echaron encima de Aiyanna para poder inmovilizarla.

Yevgeniv le pedía a su amiga que volviera a tomar el control de su cuerpo, mientras le gritaba al espíritu maligno que se fuera; Ainelen rezaba varios padrenuestros, Mailen le dio unos tortazos para tranquilizarlas, Milenka y su hermanito Arhirani le inmovilizaron los brazos, mientras Winona y Larrisa hicieron lo mismo con sus piernas.

Y así estuvieron, durante dos o tres minutos, hasta que Aiyanna se pudiera tranquilizar, ya que ésta no paró de chillar como una demente e intentar liberarse a lo bruto. Y cuando lo hizo, ellos la levantaron del suelo y se la llevaron,  después de que Antonina ordenara esto:

— ¡Volvamos rápido a la cueva, vamos a coger un catarro o una gripe si seguimos bajo la lluvia! —

Tras refugiarse de la lluvia, ya pudieron tener tiempo para asimilar lo que había ocurrió.

— Doña Antonina, ¿estáis bien? ¡¿Qué ha pasado para que haya acabado así!? —

Le preguntaba una Nonoma muy preocupada, mientras observaba el cuerpo de Antonina en busca de heridas. Ésta, fiel a su actitud calmada, soltó unas risas, antes de decirle, como si hubiera tenido un pequeño percance, esto:

— Perfectamente, solo algunos rasguños. Los buenos espíritus han podido protegerme, como siempre. —

— Vuestra merced, a veces me dais un gran pavor, ¡¿nunca vos estáis muy asustada o enfadada!? Siempre estáis así, aún en los peores momentos. —

Le replicó la sirvienta al ver la actitud de Antonina. Ésta solo dijo en tono de burla que tal vez, que eso también era obra de los buenos espíritus. Los demás chicos intervinieron, con gritos de admiración hacia aquella mujer, que era tan santa y bondadosa que jamás tenía miedo o se enfadaba.

Bueno, no todos, dos niños de grupo estaban muy pendientes de Aiyanna, quién se arrinconó en un rincón, mirando cabizbaja a la pared, en rodillas y en total silencio. Parecía una verdadera estatua.

— ¡¿Estás bien, Aiyanna!? — Le preguntaba una Ainelen preocupada por aquella actitud, aunque era incapaz de acercarse a ella. — ¿¡Has vuelto a la normalidad, verdad!? —

— ¡Vamoz, Aiyanna! ¡Di algo! — Yevgeniy también lo hizo, mostrándose mucho más preocupado que Ainelen, e incluso se acercaba poquito a poco a la chica, con el propósito de tocar su hombro para ver si así reaccionara, aunque tenía miedo de que el espíritu maligno le atacará.

Pero no respondió ni mostró alguna reacción ante aquellas palabras, parecía que ella no estaba en este mundo, sino inmerso en el suyo propio, incapaz de ver lo que ocurría a su alrededor. Y al escucharlos, los demás fijaron su atención hacia Aiyanna, que se animaron al coro. Todos, incluso Nonoma, le pidieron que dijera algo, que reaccionará a sus palabras, una y otra vez, pero no surgía efecto, ésta no les hacia ningún tipo de caso, a pesar de que eran bastantes insistentes.

En verdad, había una excepción, Doña Antonina, que se quedó observando a los chicos que intentaban hacer que la chica reaccionará durante bastantes segundos, mientras se limpiaba el barro de su vestido. Luego, se acercó a ellos de forma calmada y les dijo esto:

— ¡Dejen a Aiyanna por un rato! Ella quiere estar un rato sola, quiere comprender lo que ha pasado…—

Los niños intentaron replicarla, pero ésta se los volvió a repetir. Ellos no tuvieron más remedio que hacerla caso y esperar a que ésta se atreviera a hablar o, por lo menos, a que dejará de llover. A petición de Antonina, hicieron una fogata, a duras penas, para poder sentir calor y quitarse la húmeda de los huesos y de las ropas. Todos se reunieron en torno al fuego, salvo Aiyanna, obviamente.

— ¿¡Ya estás mejor, Aiyanna!? — Al final, Antonina, tras pasar un buen rato, se acercó a la niña y le decía esto, mientras ponía su mano sobre su hombro. — Ya creo que es suficiente de estar desconectada de todos, los están preocupando de más. — Ésta reaccionó, rechazando de forma muy desagradable aquel gesto que le mostró. Luego, al ver lo que hizo, pidió perdón:

— Lo siento, no era mi intención…— Llena de arrepentimiento, se estaba refiriendo al hecho de haber atacado a Antonina. — Yo, no sé que me ha pasado, de verdad…—

— ¡No te preocupes, ha sido interesante observar eso! —

— No lo entiendo…— Replicó Aiyanna, y Antonina añadió: — No es necesario que lo entiendas, por lo menos, esto no. —

— Ya veo…— Rió débilmente. — Y tiene razón, no puedo estar así…—  Añadió esto, tras soltar un suspiro: — Tengo que aceptarlo, ¿verdad? —

Antonina no dijo nada, solo movió afirmativamente la cabeza.

— Ella no paró de decirlo, siempre tuvo razón, era yo y yo soy ella. Yo no quería aceptarlo, y aún no puedo hacerlo…— En su cara, aún se mostraba que no deseaba aceptar la realidad: — Pero, pero, ésta es la única manera de conseguirlo, ¿¡verdad!? —

— Ya te lo dije, será duro y largo. — Concluyó Antonina.

— Sí…— Rió otra vez. — Tal vez es verdad…— Y se levantó, entonces, del suelo, forzándose a mostrar una cara llena de vigor. — Pero, aún así, me enfrentaré a mis recuerdos y a Sasha. Lo conseguiré. —

Nadie del grupo atendió lo que dijeron aquellas dos, porque empezaron a ver como el diluvio terminaba poquito a poco, mientras los rayos del sol atravesaban aquellas nubes negras, que ya abandonaban el valle. Todos estuvieron más ocupados en ver el espectáculo que no se dieron cuenta de que Antonina se acercó a Aiyanna y habló con ella.

Estas dos, entonces, se dieron cuenta del fin de la tormenta y se acercaron al exterior en total silencio.

— ¡Qué conveniente! Esto es una prueba más de que los buenos espíritus están de nuestra parte…— Comentó Antonina, y Aiyanna añadió, bastante emocionada y llena de esperanza.

— Sí, tiene razón. Ellos quieren que pueda aceptarme a mí misma. —

Al oír esto, los demás, asustados y sorprendidos, giraron la cabeza hacia detrás y vieron que Aiyanna ya había salido de su bloqueo. Una gran alegría se apoderó de ellos y saltaron hacia ella, abrazándola en el proceso.

FIN DE LA DOCEAVA PARTE

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