Centésima decimaséptima historia

El funeral de una flor: Treceava parte, centésima decimoséptima historia.

A pesar del gran diluvio que sufrió el valle, que duró casi una hora y media o mucho más, no se registró daños y los trabajos de la instalación eléctrica pudieron continuar sin más demora, aunque el rio que estaba cerca de la aldea estuvo a punto de desbordarse. Y parecía que todo había vuelto a la normalidad. Los padres de Aiyanna le dieron de nuevo las gracias por haberla encontrado de nuevo y haber luchado contra el espíritu maligno, mientras el pueblo soltaba un suspiro de alivio al ver que su aldea había sido protegida de la maldad de ese monstruo. Y, entonces, llegó la noche, cuando todo el mundo ya se había acostado en la cama, salvo alguien, que entró en la habitación en dónde dormía Nonoma y Antonina:

— Otra vez… — Dijo aquella persona, como si era lo esperable, cuando vio que Antonina seguía levantada, como si la estuviera esperando. Luego, añadió esto: — ¿¡Tienes el poder de leer las mentes de los demás!? —

Era Aiyanna. No. Por aquel tono desagradable y cínico, debía ser Sasha, la otra personalidad, o más bien dicho, la original. Y esta vez no llevaba nada en las manos, un indicio de que no había venido con malas intenciones, tal vez.

— Una tiene que adelantarse a los acontecimientos. De todas formas, no parece que vienes de nuevo para atacarme…— Le respondió Antonina, antes de darse unas risas.

— Sí, he venido en son de paz. — Lanzó un suspiro de molestia, como si no quería estar en esta situación. — Tengo que hablar contigo…—

Al oír esas palabras, Antonina le dijo que le iba a escuchar, con una grata alegría, que molestó aún más a Sasha, que siguió hablando:

— Ella, Aiyanna, mi otra parte; me habló, me pidió una conversación entre nosotras. — Ponía un rostro avergonzado, mientras decía estas palabras. — Me dijo que esta vez me iba a escuchar, y yo a ella. Eso hice. —

Dio una pequeña pausa, como si le costaba muchísimo continuar soltar una conversación sin burlas ácidas ni amenazas:

— Me hablo de lo horrible que era yo y de lo difícil que era aceptar tal cosa, siendo incapaz de hacerlo hasta hoy. Al final, tuvo que reconocer que yo era ella, que somos la misma persona. —

Empezó a dar vueltas por la habitación, mientras seguía hablando:

— Luego, me preguntó si yo quería irme de este mundo de una vez y mi respuesta fue la obvia. Ahí es dónde nosotras hemos coincidido en algo, ella quiere librarse de mí y yo quiero finalmente descansar. —

— ¡¿Entonces, éste es el adiós!? ¡Sabes, eso no es fácil, las personas cuya identidad se disoció tardaron años en volverlo a unir, incluso jamás lo han conseguido! Además, esto no sería una despedida, porque siempre has sido Aiyanna, una parte de ella, ¿o es al revés? — Rió leventemente Antonina.

—“Hay más cosas en el cielo y la tierra, vieja bruja, que las que sospecha tu filosofía”, ¿era así, verdad? —

Con solo decir esto, Antonina entendió lo que en realidad intentaba decir aquella siniestra chica que, por primera vez, hablaba cordialmente con ella:

— Si me vas a mostrar algo increíble, que ningún psicólogo haya podido observar o sea capaz de explicar, entonces lo espero con muchas ganas. Después de todo, este mundo está lleno de fenómenos inexplicables. —

Estaba impaciente por observar cómo se iba a producir ese milagro, como iban a solucionar de un día para otro algo que llevaba años en solucionar.

— O eso o las conveniencias que el guión que este teatro absurdo al que llamamos “mundo” nos ha preparado. —

Y tras pronunciar Sasha estas palabras, las dos empezaron a reírse, como si se hubiera contado un gran chiste. Luego, Antonina añadió:

— Por cierto, antes de que desaparezcas, me gustaría conocer bien tu historia, ese teatro en el que has participado con tanta locura. —

— Por nada del mundo, vieja estafadora. Te morirá con las ganas. — Le replicó con un tono muy burlesco y desagradable.

— ¡Qué pena! — Se lamentó Antonina. — Supongo que es mejor así. —

— Bueno, en definitiva, este será el adiós. Aiyanna expulsará este espíritu maligno, el espectáculo que tiene pensado hacer te va a hacer mucha gracia, es un chiste bastante malo, la verdad. —

Y Sasha se dirigió hacia la puerta tranquilamente, mientras Antonina le estaba diciendo las últimas palabras dedicadas a aquel horrible ser:

— Lo estaré esperando. Ah, ¡y adiós, espíritu maligno! —

Y con esto dicho, aquella chica volvió a la cama en dónde dormía con sus padres y Antonina se acostó definitivamente, deseosa de que el día pudiera llegar pronto. Menos mal que pudo dormir, siendo la primera en despertar, al oír los primeros cantos de los gallos. Más bien, la segunda, porque ella también se encontró a Aiyanna despierta, al salir de su cuarto:

— ¡Buenos días, Doña Antonina! — Ella le devolvió el saludo y a ésta le costó un poco en decirle esto: — ¡¿Has hablado con Sasha!? — Nuestra “chamán” movió la cabeza. — Ya veo. Quiero que me ayude en montar su funeral, o exorcismo, o algo así por el estilo. Eso es lo que hemos decidido, ¡¿está bien así, verdad!? —

— Sí, me parece bien. Yo te lo exorcizaré, juntas la llevaremos al mundo en dónde pertenece. —

Así, ellas decidieron empezar con las preparaciones del adiós del espíritu maligno. Con gran rapidez, llamaron a los padres de ésta y despertaron a Nonoma, diciéndoles que Aiyanna ya estaba preparada para expulsar a ese mal de una vez por todas. Con grandísima alegría y esperanza, Nizhoni y Navajo hicieron caso de las indicaciones de ésta: Salieron afuera de la casa, en busca de un lugar relajante, poniendo una gran alfombra ahí y llenarlo de símbolos cristianos; avisaron al pueblo, para que no se acercará a ese sitio, por si ese ser intentará poseer a otro pecador. Al llegar la tarde, a menos de una hora o algo más de que llegué el atardecer, lo tenían todo preparado:

— ¡¿Estás lista, Aiyanna!? — Eso le dijo Antonina a Aiyanna, cuando llegó el momento.

A cada lado de la alfombra, los padres de Aiyanna y Nonoma estaban rezando con todas sus fuerzas, con el claro objetivo de llenar de buenas vibraciones el ambiente y debilitar al espíritu maligno con esos rezos.

Tanto Antonina como Aiyanna estaban fueran de la alfombra, a los pies de ésta, preparándose para entrar. Al decirle nuestra “chamán” eso, la chica vio que era la hora de empezar con el espectáculo.

— Sí, es hora de terminar con esto y darle un final para este espíritu maligno…—

Le respondió Aiyanna con muchísima decisión y firmeza, antes de caminar hacia al centro de la alfombra y acostarse en ella. Cerró los ojos e inspiró y respiró varias veces, como si intentaba calmar su mente; mientras Nonoma, Nizhoni y Navajo le agarraron las extremidades, a la vez que Antonina se sacaba de la manga una pequeña cruz de madera. A lo lejos, todo el pueblo observaba aquella escena, con los amigos de la chica en primer plano. Con miedo, pero con esperanza, rezaban fuertemente para que todo saliera bien.

— Bendigo este objeto que llevo en la mano en el nombre de Jesucristo. —

Entonces, el “chamán” soltó esto, mientras cerraba los ojos y se mostraba pensativa, como si estuviera llenándose de poder celestial para enfrentarse contra el esbirro del maligno. Y luego, empezó a acercarse a Aiyanna, con la cruz hacia adelante:

— En el nombre de Jesús y de todas aquellas almas que están a su cuidado, y protegen a sus descendientes de aquellos seres malignos procedentes del averno, le ordeno a este demonio “¡fuera!” —

Entonces, mientras ella pronunciaba estas palabras, el pequeño cuerpo de Aiyanna empezó a agitarse sin parar, como si alguien en su interior se está retorciendo de odio y cólera al oírlo; mientras su rostro se endemonió de un momento para otro. Finalmente, Sasha apareció en la escena:

— ¡¿Fuera!? ¡Tu puta madre en bragas! ¡Yo no salgo de aquí ni en dos mil años! ¡Puta zorra, hija de puta! ¡Chamán de pacotilla, no tienes derecho, la Iglesia Católica no te ha dado clases para hacer esto! —

Aquellas palabras llenas de maldad y fealdad, eran gritadas a los cuatro vientos, entre terribles chillidos y risas maléficas. Los que sujetaban a Aiyanna, al ver el radical cambio que mostró, se pusieron a temblar y parecía que de un momento para otro iban a huir.

— ¡No se asusten, ustedes sigan rezando, sigan llamando a Nuestro Señor Jesucristo, a su Padre, al Espíritu santo y a vuestros antepasados; que os protejan contra las palabras del maligno! ¡Con todo vuestro corazón! —

Les gritaba con mucha convicción, llenándolos de valentía para que siguieran sujetando a Aiyanna. Luego, se dirigió hacia al demonio:

— ¡Sasha, te ordeno que en el nombre de Jesucristo dejes el cuerpo de Aiyanna ahora! —

— ¡Ni una mierda, ni por todas las cruces del mundo, voy a soltarla! ¡Eres idiota, lamentable, peor que Michael Jackson, Bush y Doraemon juntos! —

— ¿¡De quienes está hablando!? — Gritó Nizhoni, muy aturdida. Nonoma contestó con muchísimo terror. — ¡Dios mío, deben ser algunos de sus amistades malignas! — Añadió Navajo: — ¡Ignórenlo, es una táctica para confundirnos y atacarnos! —

Los tres luchaban como podrían, mientras el espíritu maligno intentaba liberarse de ellos con mucha violencia y fuerza, quién ponía caras y soltaba chillidos tan horribles y aterradores que no dejaba ninguna duda de que un monstruoso ser estaba habitando dentro de ella.

— ¡Silencio, ser del averno! ¡Te lo ordeno en el nombre de Jesús! ¡Calla y vete en silencio del cuerpo de esta pobre criatura! ¡Fuera! —

Salve Satanas, Salve Satanas. In nomine die nostri satanas luciferi excelsi. Potemtum tuo mondi de Inferno, et non potest Lucifer Imperor.

— ¿¡Por el amor de Dios, en qué idioma malparido está hablando!? ¡No es ruso! — Gritó Nonoma y Navajo añadió: — Ni tampoco nuestro idioma. —

— ¡Vamos, Doña Antonina, sácalo rápido, esto cada vez va a peor! — Y finalmente, esto fue lo que soltó Nizhoni, a punto de desmayarse por el terrible que estaba sintiendo. Los tres estaban al borde del estrés, pero Antonina continuó, replicando esas palabras con éstas:

Regna terrae, cantate Deo, psallite Domino, Tribuite virtutem Deo. Exorcizamus te, omnis immundus spiritus, omnis satanica potestas, omnis incursio infernalis adversarii, omnis legio, omnis congregatio et secta diabolica. Ergo perditionis venenum propinare. Vade, satana, inventor et magister omnis fallaciae, hostis humanae salutis. Humiliare sub potenti manu Dei; contremisce et effuge, invocato a nobis sancto et terribili. Nomine Iesu, quem inferi tremunt. Ab insidiis diaboli, libera nos, Domine. Ut Ecclesiam tuam secura tibi facias libertate servire, te rogamus, audi nos. Ut inimicos sanctae Ecclesiae humiliare digneris, te rogamus, audi nos. Dominicos sanctae ecclesiae te rogamus audi nos. Terribilis Deus de sanctuario suo Deus Israhel ipse. Deus Israhel ipse. dabit virtutem, et fortitudinem plebi suae, benedictus Deus. Gloria Patri. —

Al decir aquellas palabras, provocó que el espíritu maligno empezara a dar grandes chillidos de dolor y sufrimiento, como si le estaban corroyendo con esas palabras; mientras le amenazaba a Antonina con matarla y destruirla en aquel extraño idioma. Ésta le respondía:

Crux Sancta Sit Mihi Lux. Non draco Sit Mihi Dux. Vade retro satana. Nimguam Suade Mihi Vana. Sunt Mala Quae Libas. Ipse venene Bibas.

Y más gritos de dolor y feas conmociones mostraba aquel demoniaco ser, mientras Antonina, no dejaba de gritarle que se callara y se fuera, mientras ponía la cruz sobre la frente de Aiyanna y le echaba agua bendita en la cara.

— ¡Ah, ah, quema! ¡Quema! — Ésta dejo de hablar en ese idioma, para hacerlo en inglés, que seguía siendo inentendible para los aquí presentes. — ¡Aléjame esa maldita cruz, déjame en paz! ¡Fuera Jesús, fuera ese Dios maldito, fuera todas esas mierdas! —

Y luego, empezó a reír como loca, gritando a pleno pulmón, mientras Doña Antonina seguía repitiendo esto:

— En el nombre de Jesús, le ordeno a los demonios, ¡Fuera! —

— ¡Y-ya vale, y-ya vale, con esta farsa! — Decía estas palabras en aquel extraño idioma, mientras se moría de la risa, mientras empezaba a llorar como loca. — ¡Ya me está doliendo, me estás quemando! —

Pero Antonina continuó, no podría terminar aún. Entonces, soltó esto, replicándole en ese idioma que ella estaba utilizando:

— ¡Ya es hora de irse, espíritu! ¡Es hora de que te vayas! ¡Este exorcismo, este funeral ya debe terminar! —

— ¡¿Hemos montado un gran espectáculo, verdad!? ¡¿Este es mi verdadero acto final, verdad!? — Le replicó con un tono burlesco y desagradable, que ocultaba un fuerte sentimiento de alivio y felicidad.

— ¡Este es el fin! ¡Adiós Sasha, adiós maldito espíritu maligno, para siempre! — Y alzó la cruz hacia al cielo, mientras gritaba esto con toda intensidad, volviendo a hablar en ruso: — ¡En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, te expulso del cuerpo de Aiyanna! —

— ¡Nos veremos en el infierno, perra embustera! — Dio un gran grito demoniaco, entre risas que se escucharon por todo el valle como si fueran los lamentos de un ser maldito que ya había perdido. Luego, añadió esto, en voz baja, mientras dejaba de forcejear y dejaba de mover: — ¡Adiós Malia, mi hermana! ¡Sé feliz! —

Nadie entendió lo que esas palabras, ya que seguía hablando en aquel extraño idioma que nadie, salvo Antonina, reconocía; pero tampoco les interesaba saberlo.

Y de la locura se pasó a la tranquilidad, la chica cerró los ojos y respiraba e inspiraba varias veces, como si estuviera recuperando aire, o el control de su presunto cuerpo. Era un indicio de que todo había terminado, de que el espíritu maligno, Sasha, ya no estaba ahí.

— ¡¿Qué ocurre!? ¡¿Hemos derrotado al espíritu maligno!? — Le preguntó Nizhoni, quién estaba en vilo, a Antonina. Los nervios de los participantes estaban a flor de piel, preguntándose si ya era hora de festejar o la calma antes de la tormenta. Tanto ellos como aquellos lejanos espectadores, el resto del pueblo, rezaban fuertemente, esperando el fin de esta pesadillo.

— Quién sabe, solo hay que esperar que Aiyanna abra los ojos, en ese momento veremos si hemos expulsado o no a ese ser. — Y Antonina no ayudó a calmarlos, aumentando el suspense.

Tuvieron que esperar unos cuantos minutos, que se volvieron eternos, para ver si la pobre de Aiyanna, aquella niña, desconocida hace meses y ahora querida por todos, levantará la pupila de sus ojos y volviera a tener solo un alma en su cuerpo, que aquel monstruo ya se hubiera ido para siempre.

Finalmente abrió los ojos y, como si se hubiera tomado una siesta, dio un fuerte bostezo, mientras se frotaba las manos con sus ojitos. Luego, miró por todos lados, algo atontada:

— ¡¿Papá, mamá!? — Dijo. Luego, giró la cabeza y añadió: — ¿¡Nonoma, Doña Antonina!? —

Salvo Antonina, los padres de Aiyanna y Nonoma se quedaron paralizados, no sabían cómo reaccionar, había un cúmulo de sentimientos que les hacía imposible actuar. Al ver esto y observar por un momento a la “chamán”, quién le guiñó el ojo, ésta les soltó estas palabras con tímido regocijo:

— Ya todo ha terminado, se ha ido. —

— ¡¿En serio!? — Los padres no se lo podrían creer. — ¡¿De verdad, hija mía!? — Y ella movió la cabeza de un lado para otro para dejarlos claro que era cierto.

— ¡Por fin, por fin! — Entonces, explotaron de alegría, rompiendo a llorar. — ¡Mi niña, mi querida niña, por fin te han librado de ese monstruo! —

Y los dos la abrazaron fuertemente, y ella también que además se puso a disculparse, mientras le salían lágrimas de felicidad:

— ¡Lo siento mucho, debéis haber pasado mal! ¡Pero ahora está bien, ya no volverá, nunca más! —

Entonces, aparecieron de golpe los amigos de Aiyanna, que saltaron sobre ellos, con la misma intención de abrazar de felicidad a su querida amiga. Entre los lloriqueos y los chillidos de júbilo, no se les entendía nada.

Y Antonina, mientras los observaba, notó que Nonoma, quién estaba a su lado, mostraba en el rostro de la sirvienta, que también estaba a punto de expulsar lágrimas, quería unirse a la fiesta:

— ¡¿Por qué no te unes a ellos, Nonoma!? —

— Mi orgullo no me tiene acostumbrada a hacer este tipo de cosas, Vuestra Merced. Mejor, miró desde aquí. —

Antonina rió, al escuchar esa respuesta, antes de darle un pequeño empujón hacia ellos. Nonoma no pudo resistir y se lanzó al grupo para abrazarlos a todos.

Entonces, Antonina miró hacia al cielo, mientras esperaba que el resto del pueblo llegará hasta ellos, observando como el atardecer salpicaba todo el valle de un claro y melancólico naranja. Se preguntaba si definitivamente Sasha ya había desaparecido de este mundo, si Aiyanna ya había absorbido a aquella personalidad problemática, a esa absurda chica, llena de misterios, que vivió como si el mundo fuera una absurda comedia. Si este era su fin, entonces, descansa en paz; pensó ella.

FIN DE LA TRECEAVA PARTE

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