Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Quinta parte, centésima decimoctava historia.

Al día siguiente, yo volvía a la escuela intentando actuar como si no me hubiera pasado nada. Aunque ya había asimilado todo lo que ocurrió ayer, más o menos, sentía que ya nada iba a ser lo mismo en mi vida y estaba llena de incertidumbre, al no saber cómo responder ante lo que me había ocurrido. No me atrevía ir a las clases por si los demás me verían algo distinta, a causa de lo intranquila y pensativa que estaba; pero eran solo imaginaciones mías, nadie notó algo raro en mí, veían a la misma Cook de siempre. Solo había una excepción, Ekaterina Sumovov:

— ¿¡Cómo te ha ido en tu día de descanso!? — Me preguntó Ekaterina, al terminar la primera hora. — Parece que algo te ha ocurrido, estás bastante rara. — No sabía si sorprenderme o no de que ella fuera la única que se diera cuenta.

— Pues verás, varias cosas ocurrieron…— Eso le respondí, mientras veía como el profesor entraba en nuestra clase. — Ya te lo explicaré más tarde, cuando llegué en el recreo. —

— Eso espero. Ya sabía que no era normal que me pidieras un día de descanso. — Añadió con muchísima compresión. — Pensaba que ibas a tardar más de lo que creía. — A lo que respondí:

— No es mi trabajo hacer que te preocupes de más. —

Ya, en el recreo, se lo conté todo, de cómo sentía que alguien me siguiera, de cómo descubrí quién era, gracias a la ayuda de Mao y esos dos; y del sorprendente hecho de que yo tengo una hermanastra, la cual la conocí en el mismo día. Al terminar mi narración, añadí esto:

— Debo decir que es normal que te haya sorprendido todo esto, e incluso te parecerá muy absurdo. A mí me dejó muy perpleja, tardé en asimilarlo. —

— No te puedo negar que haya sido toda una sorpresa. — Al parecer, ella, aunque todo esto le sorprendió, lo comprendió y lo asimiló mucho más rápido que yo. — Yo me hubiera quedado muy sorprendida, también. —

Ekaterina siguió hablando: — Aunque hay algo que me molesta. — Yo le pregunté y ella, poniendo una cara de notable molestia, me respondió esto: — Entiendo, que no me quieras preocupar, pero soy tu mejor amiga y tu jefa, deberías pedirme ayuda a mí primero. —

 

Casi iba a decir algo, pero no quería empeorar su mal humor. Yo no me esperaba que le molestara eso, creía que lo iba a tolerar. Supongo que me equivoqué:

— Perdón, la próxima vez que me pase algo, tú serás la primera a la que acudiré. — Eso le dije, intentando calmar su disimulado enfado. Aunque creo que lo dije de una forma muy poco inverosímil.

— Conociéndote, lo harás de nuevo, así que no creo eso. — Eso me replicó Ekaterina. Al ver que no hubo éxito, decidí preguntarle cómo me podría perdonar y olvidar el asunto.

— Bueno, si quieres mi perdón, debes invitarme a comer algo. — Me respondió con una sonrisa traviesa. — Hay una pastelería que me gustaría enseñarte. —

Yo me esperaba que me lo iba a poner más difícil, pero mejor así. Menos mal que ella es una persona fácil de complacer.

Al terminar las clases, yo y Ekaterina buscamos a su hermana pequeña, ya que ésta se molestaría mucho si fuéramos sin ella, y las tres nos dirigimos hacia a aquella pastelería que, al parecer, no estaba muy lejos de nuestra escuela. Entonces, a pocos metros de la salida del recinto escolar, la vi. Bueno, más bien, las vi, a Nabila y a Jane, mi hermanastra. Me quedé de piedra, ¡¿por qué estaban en la puerta principal, cómo supieron dónde iba yo!?

En cuestión de segundos, me di cuenta de que no tenía mucho sentido sorprenderme por eso. Después de todo, Nabila me estuvo espiando, así que sería normal que ella supiera dónde estaba e incluso se hubiera traído a su amiga. Reí nerviosamente, sin saber qué hacer, si seguir andando cómo si nada o prepararme para la situación. Miré de nuevo, preguntándome si me habían visto y me volví a sorprender, casi di un grito.

Me había percatado de que Nabila llevaba nuestro uniforme y eso me dejó sin habla. ¿¡En serio ella estaba en el mismo complejo educativo que yo!? ¡¿Y por qué no me di cuenta hasta ahora!? A continuación, recordé que, cuando vi su aspecto, después de atraparla; ella se me hizo muy familiar. Tal vez la vi por el lugar antes, eso tendría mucho sentido. Mientras pensaba en todo esto, las dos chicas, al ver que me detuve y estaba muy pensativa, se me acercaron para preguntarme qué me pasaba:

— No es nada, solo estaba pensando en cosas. — Le respondí esto, aunque luego añadí de forma dubitativa: — Aunque…—

Ekaterina me iba preguntar de qué se trataba, pero un grito le impidió a soltarme la pregunta:

— ¡Hola, hermanita! — Provenía de Jane que, al verme, salió corriendo como una loca y se tiró encima de mí, con la intención de abrazarme, aunque me hizo tirar al suelo.

— ¡¿Quién es ésta!? — Preguntó Natáshenka, quién se quedó asombrada. Era normal que lo estuviese. Por otra parte, ella se levantó y gritó esto:

— No soy “ésta”, soy la hermana pequeña de la genial Grace Cook. —

Lo soltó a todo volumen, con muchísimo orgullo, y todos los alumnos que pasaba por nuestro alrededor se quedaron muy sorprendidos al oír eso. Yo no pude evitar que me pusiera más roja como un tomate, se había pasado tres pueblos.

— ¡¿Entonces, esa es tu…!? — Ekaterina me dijo esto muy entrecortada, a continuación. Estaba tan sorprendida que le costó poder soltar algo. Yo le iba a decir que sí, pero ella se me adelantó.

— Sí, soy su hermana, Jane Furneaux. — Le estrechó de las manos con muchísima energías. — ¡Encantada de conocerte! ¡Las amigas de mi hermana son mis amigas! — Ekaterina solo fue capaz de devolverle el saludo tímidamente.

— ¡Oh, qué enérgica estás hoy! ¡Pareces todo un huracán! — Entonces, tras caminar con muchísima tranquilidad, Nabila nos alcanzó, soltando aquellas palabras entre risas. Jane le replicó molesta:

— No me compares con un huracán, solo estoy muy emocionada por encontrarme con mi querida hermana. — Su amiga le dijo perdón.

Ekaterina, al observar a la amiga de Jane, le preguntó esto: — ¡¿Tú eres Nabila, no!? — Actuando como un payaso, le respondió que sí.

— ¡¿La conoces!? — Eso me sorprendió bastante.

— Más o menos, aunque nunca nos hemos hablado. Hemos pasado varias veces por su clase por cuestiones de la hermandad, deberías recordarla. —

No me atreví a replicarla, no quería demostrar que yo apenas mostraba atención hacia los demás, sobre todo cuando no se trata para ejercer mi trabajo. Moví mis gafas, en señal de que me sentía muy avergonzada por no darme cuenta.

— ¡Bueno, no te preocupes! Tampoco te di mucha importancia hasta que mi amiga me lo contó. — Aunque lo dijo de forma simpática, me molestó bastante y decidí ignorarlo.

A continuación, Ekaterina se quedó muy callada y pensativa, observando a Nabila como si algo le intrigara. Esto solo duró unos pocos segundos, ya que Natáshenka le empezó a preguntar muy confundida lo que estaba pasando.

— Bueno, ¡¿vas a hacer algo esta tarde!? — Entonces, Jane me preguntó esto.

— Iba con mi amiga y su hermana a ir a comprar algo en una pastelería. —

— ¡¿De verdad!? — Ella dio un grito de emoción. — ¡¿Puedo ir con vosotras!? —

Tardé un poco en responderla, ya que miré a Ekaterina, esperando una aprobación de su parte. Al notar mi mirada, soltó un gesto que me dejó claro que no hacía falta que ella lo aprobara, que yo debía elegir:

— Pues sí, no hay ningún problema. — Eso le dije a Jane y Ekaterina añadió esto: — Por mí, todo está bien. —

Jane, al escuchar la respuesta, empezó a gritar y a dar saltitos de alegría. Por su parte, a Natáshenka no le gustó mucho mi elección.

— ¿¡De verdad, vamos a dejar que esta chica nos acompañe!? — La verdad es que a ella no le gusta mucho tener que lidiar con extraños, era normal esa reacción. Jane la replicó:

— ¡Pues a ellas no les importa, además soy su hermana, tengo todo el derecho del mundo a acompañarla, si es lo que quiere ella! —

Y Natáshenka le iba a decir algo, pero su hermana, dándose cuenta de que no iba a ser una respuesta poco agradable, la detuvo y empezó a explicarle que no pasaba nada con que ella estuviera con nosotras.

— ¡¿Así que van a una pastelería!? — Nos preguntó Nabila, poniendo un tono de voz muy idiota. — Eso suena realmente pasteloso. — Al parecer, eso era una especie de chiste, ya que, cuando lo pronunció, ella empezó a reír un montón, aunque a nosotras nos dejó muy heladas.

Decidimos ignorarlo y, para olvidar eso, Jane le preguntó a su amiga si quería ir con nosotros.

— ¿¡Aún quieres meter a más gente desconocida!? — Natáshenka  gritó esto. — Ya tenemos suficiente contigo. —

— ¡A mí no me importaría, la verdad! ¡Yo siempre estaré abierta a todo el mundo que quiera unirse! — Natáshenka intentó replicar, pero Ekaterina le acarició la cabeza y le dijo: — ¡No creo que nos va a pasar algo malo si entra una más o una menos! —

Eso fue suficiente para que lo aceptara, aunque mostrara un rostro molesto. Nabila tardó un poco en darnos una respuesta, ella estuvo más ocupada en intentar actuar de forma linda mientras dudada, algo que no le salía nada bien. Al final, esta fue su respuesta:

— Me gustaría ir, pero mejor os dejo solas, chicas. Además de que a la enana no le gustaría,…— Natáshenka protestó, replicando muy molesta que era muy alta. —…queda mucho mejor un grupo formado por hermanas y tengo muchas cosas que hacer. —

— Pero si haces un rato que me dijiste que tenías la tarde libre. — Le replicó Jane. Nabila dio una risita nerviosa, al haber sido pillada.

— Oh, es que se me ha olvidado. — Juntó las manos en señal de disculpa. — Mi memoria es muy mala, lo siento mucho. —

Y se giró hacia atrás, mientras se ponía a actuar como si fuera una especie de protagonista de cine negro, mientras se alejaba lentamente de nosotras.

— ¡Ahora me tengo que ir! ¡Tengo un lugar al que tengo que regresar! — Decía con tono de falsa tristeza y nostalgia, mientras se despedía de nosotras con las manos. — ¡Recuérdenme como el héroe que fui! —

Apenas reaccionamos, su despedida fue tan teatral y ridícula que no éramos capaces de despedirla. Tras desaparecer de nuestra vista, Natáshenka fue la primera que reaccionó.

— Esa chica es una payasa. — Lo dijo con toda la sinceridad del mundo y Jane incluso le dio la razón: — Eso no lo puedo negar. —

A continuación, nos dirigimos hacia la pastelería, al cual llegamos más rápido de lo que creía, apenas estaba a diez minutos de nuestro colegio. Tengo que reconocer que ella no se equivocó con el local, compramos unos pastelitos que estaban muy deliciosos. No soy muy fan de los dulces, pero estos fueron sin exagerar unos de los mejores que había probado.

— ¿¡A qué ha sido buena idea haber ido!? — Eso preguntó Ekaterina, mientras observaba con felicidad cómo yo degustaba el postre. Le respondí con esto:

— Bueno, siempre eliges los mejores locales y este no es una excepción. —

Ella nunca decepciona, por algo es mi jefa, después de todo. Estábamos las dos sentadas en un banco de un parque cercano, mientras las “hermanitas pequeñas”, por decirlo de alguna manera, estaban muy animadas:

— ¡Yo llevo siendo la hermana desde que nací, y tú no! ¡Así que, soy tu superiora! — Eso le gritaba Natáshenka, mientras intentaba mirar por encima del hombro a Jane, con una mirada desafiante.

— ¡Ni hablar! ¡Yo soy mayor que tú y, por tanto, llevo siendo la hermana más tiempo! ¡Solo que no me di cuenta hasta ahora! — Y la otra le seguía el juego, molesta por el hecho de que una niña mucho más pequeña que ella se pusiera muy altanera.

Al parecer, las dos chicas empezaron una especie de competición por cual era la mejor “hermana pequeña”. Al ver que Jane no paraba de pedirme atención, algo que se volvía un poquito agobiante, ella no quiso ser menos y empezó a molestar a Ekaterina, que estoicamente la soportaba.

La verdad es que Jane no dejaba de preguntarme todo lo que veía, como si yo fuera una especie de diccionario andante. También tuve que escucharla, mientras ella no me paraba de contar cuáles eran sus sabores favoritos y cómo comía los pasteles; o tuve que cogerla de las manos, algo que me hizo morir de vergüenza. Y varias cosas más que ya me olvidé.

— Parece que se llevan muy bien. — Me dijo con una sonrisa Ekaterina, mientras las observábamos. — Es una alegría verlas tan animadas. —

— ¡¿Eso crees!? — Yo no estaba muy segura de eso, parecían más unas rivales. — Mientras no se pegan, no es nada serio. —

— Eso es trampa, solo lo puedes hacer porque era una mayor. — Mientras tanto, las dos chicas demostraban sus cualidades. Jane le mostraba lo buena que era dando volteretas.

— Esto lo aprendí cuando tenía tu edad, chiquitina. — Le replicó, mientras inflaba de orgullo su pecho. Natáshenka, molesta por el hecho de que ella aún no podría hacerlo, infló sus mejillas y se puso a pensar en algo que le podría superar la ventaja que le tenía Jane.

Al final, se le ocurrió algo y se lo dijo con mucha fanfarronería: — ¡Pues, ya verás! ¡Te voy a mostrar que esto sí que lo sé! —

Y con muchísima dificultad y esfuerzo, Natáshenka se puso a hacer el pino, algo que aprendió hace poco, por lo que recuerdo. Mientras su cuerpo se tambaleaba de un lado para otro, sus brazos intentaban aguantar lo máximo el peso del resto de su cuerpo y arqueaba fuertemente sus cejas como señal de que no aguantaría mucho, intentó mostrarse desafiante ante Jane:

— ¿¡A qué no sabes esto, a qué no!? — Eso le soltó, al ver la cara que puso Jane. — ¡Vamos, demuéstralo! —

— Pero es que…— Eso solo provocó que Natáshenka empezará a burlarse de ella. — ¡Oye, yo si lo sé, solo es que…! — Se quedó callada, mientras su cara se puso roja.

Era entendible que no se atreviera a hacerlo, nadie en su sano juicio se atrevería a hacerlo. Aún así, yo no dije nada, creyendo que se lo diría a Natáshenka, quién empezó a llamar la atención de Ekaterina: — ¡Hermana, hermana, mira lo bien que lo hago! ¡¿A qué es genial!? —

Ekaterina le dijo que era bastante genial lo que estaba haciendo, así que la puso bastante feliz y ella se lo refregó por la cara a Jane, provocando que ella decidiera hacer una locura: — ¡Pues muy bien, yo también demostraré que lo sé hace! —

— ¡Espera un momento, no lo hagas! — Le grité yo, mientras me levantaba del banco. — Llevas falda, no es el atuendo indicado para hacer eso. —

Por eso, ella no se atrevía a hacer el pino, eso sería mostrar su ropa interior. Eso la detuvo, provocando que empezara a reírse de forma nerviosa, al reconocer que no quería hacerlo por esa razón. Natashenka puso una cara de horror, mientras caía al suelo.

— ¡¿Por qué no me lo han dicho!? — Nos gritó a nosotras, totalmente roja y muerta de vergüenza. — Yo también llevo una falda. —

— Eres muy pequeña, así que no creía que te preocupara cosas como esas. No te preocupes, no es nada del otro mundo. — Le respondió Ekaterina, que se lo tomaba con mucho humor.

Dio un gran grito de humillación y se sentó en la banca muy entristecida y avergonzada. Las tres empezamos a intentar animarla, a que ella se pudiera olvidar de aquel suceso. Fue muchísimo más fácil de lo que creíamos, al final; solo hacía falta que su hermana le dijera que le iba a comprar un buen pastel de fresa, algo que la puso muy feliz y que siguiera “competiendo” con Jane o en otras palabras, jugar en el parque.

— ¡Pues realmente esto de tener hermanas es mucho trabajo! — Eso dije, mientras las observaba de nuevo, tras dar un fuerte suspiro.

— ¡¿De verdad!? No creo que sea para tanto…— Eso me replicó ella.

— Bueno, tú ya estás acostumbrada y eres una buena hermana, así que es normal, supongo. — Creo que la ruboricé, porque se puso algo roja al escucharlo. — No creo estar a la altura, siempre he sido una hija única, así que no entiendo cómo va esto. —

Eran unas dudas que me llevaban carcomiendo desde que conocí a Jane, ¿¡realmente puedo ser capaz de entender lo qué es ser una hermana!?

— ¿¡Yo, buena hermana!? — Soltó unas cuantas risitas, para luego añadir esto: — Yo dejé de hacerla caso, por haber estado muy ocupada con la hermandad, y ella se sentía muy triste y sola. Me tardé mucho en darme cuenta de eso…— Su rostro se entristeció por momentos, aún se sentía fatal por lo que le hizo a Natáshenka. Continuó hablando:

— ¡Además, no es esa la cuestión! ¡Hay muchos hermanos que se odian a muerte, apenas se hablan, tienen una relación terrible o incluso se matarían por cosas como una herencia o algo parecido! —

No entendí mucho qué quería decirme exactamente, pero no la interrumpí.

— En verdad, ella o yo muchas veces, cuando nos peleamos, deseamos que la otra no hubiera sido nuestra hermana o que otra persona mejor ocupara su lugar, pero cuando se te pasa el mosqueo, ya se te olvidas de eso. Es más, te arrepientes de pensarlo, porque sabes que la quieres mucho y es muy divertido estar juntas. Además, ha demostrado ser una buena ayudante. —

Me daba mucha envidia escucharla así, realmente se ve que quiere mucho a su hermana. Me pregunté si yo llegaría a sentir lo mismo. Miré hacia a Jane, mientras ésta le intentaba demostrar a Natashenka lo más alto que podría alcanzar en el columpio. Por lo poco que la he conocido, me parece una cabeza hueca que no deja de meter la pata, apenas ha madurado aún cuando ya debe estar en secundaria y parecía ser de esas que se podrían meter en líos muy peligrosos por culpa de su ingenuidad. Aún así, era muy adorable siendo así y me provocaba muchas ganas de protegerla de todas los errores que pueda cometer, ¿¡seré capaz de hacerlo, de hacer bien mi trabajo!?

— ¡No pienses que no estés a la altura! — Ni siquiera me dio tiempo a pensarlo, me cogió la cabeza y me la giró amablemente para que le viera directa a los ojos. — No digas nada, no has parado de demostrarlo de que quieres ser una buena hermana para esa chica. —

Me lo dijo, mostrando una gran sonrisa que intentaba dejar que yo sí sería capaz de hacerlo. Le di las gracias, por los ánimos.

— Pues bueno, ¡¿qué van a hacer ahora!? — Eso nos preguntó Jane, cuando termino de jugar con Natáshenka.

— Vamos a ir a trabajar. — Le respondí. Ella se quedó muy atónita, preguntándonos cómo era posible que tuviéramos un trabajo.

La hermanita de Ekaterina nos ahorró la explicación, soltando esto con mucho orgullo: — Pues sí, nosotras somos las jefas de la hermandad, una organización creada por mi gran hermana Ekaterina para hacer felices a todos. —

— Eso suena increíble. — Dio un grito de admiración, luego me preguntó: — ¡¿Y tú también trabajas en eso!? —

— Pues…— Yo se lo iba a decir, pero Ekaterina se me adelantó. — Es mi trabajadora más fiel de todas, mi querida secretaria. Sin ella, yo me hubiera vuelto loca con el papeleo. —

Eso provocó que diera más gritos de emoción y de alegría, diciéndome sin parar que yo era increíble y que le gustaría algún día ser alguien como yo. Me morí de vergüenza, mientras intentaba explicarle que no era para tanto. Pero también me sentía muy feliz, creo que incluso estaba mostrando una sonrisa.

Tras esto, nos despedimos de Jane, ya que ésta, quién no paró de decirnos que quería ayudarnos, se tenía que ir a unas clases particulares. Nosotras le decimos adiós, mientras yo deseaba que mañana volviera a molestarnos.

FIN DE LA QUINTA PARTE

 

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Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Cuarta parte, centésima decimoctava historia.

Media hora después, en el parque más cercano al barrio de Mao, estaba esperando a mi supuesta hermana, acompañada de Nabila, Candy y Nehru.

— ¡¿Qué hago, qué hago!? — Yo gritaba sin parar, mientras daba vueltas por el banco en dónde estaban sentados los demás, con las manos puestas sobre la cabeza. — ¡Es demasiado pronto, aún no he podido asimilar todo lo que ha pasado hoy! —

Las cosas estaban pasando demasiado deprisa, aún no me había recuperado de todo lo que descubrí aquel día e iba a ver en persona a alguien que yo nunca visto pero que era hermana mía. No puedo negar el hecho de que había perdido los estribos y toda imagen de frialdad y racional que tenía se hundió, por lo menos, delante de esas tres personas.

— ¡Jajaja, qué linda! — Añadía Candy, yo no sabía si estaba feliz por mí o se estaba burlando de mi reacción. — ¡La pobre está llena de emoción por conocer a su hermanita! —

— ¡Eso parece! ¡Al parecer, la primavera floreció en ella, después de tanto tiempo! — Y no entendía, para nada, lo que intentaba decir Nehru. Si era algo poético, pues le salió fatal, apenas tenía sentido.

— ¡Cuánto tarda! — Protestaba Nabila. — ¡Me estoy aburriendo! — Sacó su móvil y se ponía a llamarla de nuevo para exigirle que fuera más rápido a nosotros.

Al ver que ella le iba a llamar, tanto Candy como Nehru acercaron su oreja lo más posible y discreto para escuchar la conversación, y yo solo me puse más nerviosa de lo estaba.

— ¡Hola, Jane! — Le contestaron al momento. — ¡¿Cuándo vas a venir!? ¡Estoy harta de esperar y tú hermana está de los nervios! — Le repliqué que no lo estaba. — ¡Lo intenta disimular, pero se nota! — Y ella se burló de mí, además. Instintivamente, le mentí, diciendo que no y eso le daba más material para molestarme: — ¡Ven pronto, qué te está esperando impacientemente! —

No dije nada más, cualquier declaración que hiciera solo servía para que me molestaran aún más, además de que dejé que ella siguiera hablando con mi hermana sin más interrupciones mías. Todos estuvimos en completo silencio, esperando a que terminaran de hablar de teléfono.

Y al terminar con su conversación y guardar el móvil, ella empezó a reírse:

— ¡¿Ahora qué pasa!? — Me pregunté a mí misma, muy consternada por esa extraña reacción. Luego, le dije a ella: — ¿¡Qué te pasa!? —

Los otros dos también preguntaron lo mismo que yo y Nabila, mientras intentaba parar de reírse, nos respondía:

— E-es que, es que,… — Tuvo que esperar unos segundos, para darse un respiro y seguir hablando. — Es que el taxista que llevaba a Jane al parque se ha perdido y están dando vueltas por el barrio. O eso dice ella, pero yo creo que le habrá indicado mal el lugar. —

Yo di un suspiro, pero no sabía si era de molestia, por tener que esperar; o de alivio, por retrasar mi inevitable encuentro con ella.

— De todos modos, ya se lo he explicado y lo han entendido, ¡llegarán pronto! — Y empezó a reír como loca.

Nehru y Candy comentaron algo, pero apenas les di importancia. Lo único que yo empecé a pensar en aquellos momentos, era sobre el hecho de cómo actuaría yo al verla cara a cara. No sé cómo explicarlo, pero me sentía tan inestable que creía que podría comportarme de forma indigna. Quería mantenerme fría y racional, como siempre era. Aunque pensaba que actuar de esa forma podría quedar muy mal. Tampoco era necesario tener que mostrar mucha alegría. En realidad, no tenía ninguna idea, estaba muy perdida, incapaz de enfrentarme a una situación tan extraña como nuevo. No me culpen, a ustedes les pasarían lo mismo si descubrían que tenían una hermanita e iba a conocerla en el mismo día, tampoco sabrían qué hacer.

Y mientras intentaba tranquilizarme de una vez, algo que no conseguí, para poder pensar con claridad, tras dar muchas vueltas por alrededor del banco; el momento finalmente había llegado, iba a conocer a mi hermana.

— ¡Oh, ella ya está aquí! ¡Por fin, ha venido! — Eso gritó a todo volumen, al verla entrando en el parque. Alzó la mano lo más alto posible y empezó a moverla frenéticamente. — ¡Jane, Jane, aquí! ¡Estamos aquí! —

Al oír esos gritos, instintivamente  moví la cabeza hacia la persona a quién se dirigía Nabila y me quedé totalmente paralizada, siendo incapaz de hacer o pensar algo, mientras observaba a la chica que se acercaba rápidamente hacia a nosotros.

Gritando algo que parecía intraducible, con un gran sonrisa de felicidad de oreja a oreja dibujada en el rostro, con unos ojos llorosos y que tenían el mismo color que los míos. Débilmente creía ver indicios de que había rasgos parecidos a los míos. Por ejemplo, me parecía que nuestras narices o oídos eran iguales, aunque supongo que debían ser imaginaciones mías. A diferencia de mi cabello, ella llevaba un pelo que le alcanzaba hasta los hombros y de color castaño, algo que me hizo dudar un poco ante el hecho de que tuviéramos alguna relación sanguínea. No parecía ser muy alta, pero después comprobé que, por lo menos, llegaba a la altura de mi cara. Por otra parte, me figuré que estaba demasiada abrigada por arriba, usando un llamativo y enorme abrigo de color rojo que tapaba medio cuerpo; mientras que sus piernas estaban totalmente al aire, llevando una minifalda que le llegaba hasta las rodillas. Me sorprendió, porque muy pocos se atreven a salir a la calle así en mitad del helador invierno shelijoniano. Incluso varios instituciones educativos, entre ellos el mío, en dónde las chicas deben usar faldas como parte del vestuario, recomiendan el uso de medias especiales para esta época. Bueno, voy a dejar de divagar, para seguir con la narración.

Y entonces, sin yo ser capaz de cómo actuar, ella saltó hacia mí, como si fuera un tigre, con la intención de abrazarme fuertemente, como si ella y yo fuéramos conocidas y nos habíamos reencontrado tras largo tiempo. Casi me tiró al suelo en el proceso, pero pude sostener todo su peso.

— ¡Por fin, por fin, nos hemos encontrado! ¡Y-yo, yo estoy, estoy tan feliz de haberte conocido! ¡Es el mejor día de mi vida! — Esa chica no dejaba de gritar de euforia y de felicidad, mientras me abrazaba desesperadamente con todas sus fuerzas y escondía su cabeza sobre mi pecho. Incluso estaba llorando y yo, que seguía paralizada y me puse como un tomate, ante el hecho de que nadie me había abrazado de esa manera; me preguntaba cómo podría actuar, qué tenía que decir. En estos momentos, para no arruinar la magia del momento, decidí forzar mi papel e intentar soltar algo.

— B-bueno, bueno, tú…— Pero apenas podría, estaba tan nerviosa que mi cuerpo apenas me respondía. Si no hacía pronto algo, arruinaría el sueño de esa chica por haberse reunido con su hermana.

Y ella actuó a continuación, soltando una risita adorable, me soltó y dijo esto: — Perdón, perdón, se me olvidaba. —Y me cogió de las manos. — Soy tu hermana, me llamo Jane Furneaux, ¡encantada de conocerte! —

Puso una cara tan llena de ilusión y de emoción, extremadamente linda, que sería un crimen meter la pata y destrozarla el corazón. Después de todo, era su hermana mayor, así que debía compórtame como tal.

A pesar de que jamás tuve una hermana, ni jamás había cuidado a alguien ni apenas tuve la oportunidad de aprender; mi deber era no desilusionarla.

— ¡Perdón! Todo esto es muy repentino,…— Y cuando entramos en el punto crítico, al notar mi nula reacción y avergonzarse por haber actuado de esa manera, decidí entrar en acción de un vez. —…supongo que es normal que tengas esa cara…—

— ¡No te preocupes! — Hablé, intentando aparentar seguridad. — ¡Es verdad que ha sido toda una gran sorpresa, tanto que me ha paralizado! — Le acaricié la cabeza, sin pensar si le gustaría o no, creyendo que así le daría una mejor imagen. — Encantada de conocerte, soy tu hermana Grace Cook. Espero ser una buena hermana para ti. —

Al terminar la frase, me coloqué bien las gafas para dar imagen de seriedad. También intenté mostrar una sonrisa, que sorprendentemente me salió muy natural. Más bien, creo que estaba sonriendo de verdad, algo que jamás yo había hecho por meses, o incluso años. Bueno, esperé unos varios segundos para ver su reacción, con mucho miedo de que fuera negativo.

— ¡Yo también, yo también! — Reaccionó de forma positivo, gritando de alegría. — ¡Es genial que te lo hayas tomado tan bien, yo esperaba algo peor! ¡Por algo tenemos la misma sangre! ¡Bueno, la mitad! ¡No te arrepentirás de tenerme como hermana, yo también haré mi esfuerzo! —

Entonces, ella me cogió de la mano y  empezó a llevarme, mientras gritaba:

— ¡Ahora que ya nos hemos encontrado! ¡Es hora de conocernos mejor, te llevaré a los mejores restaurantes de la cuidad para festejarlo y para hablar sobre nosotras! —

— ¡Oye, ¿y qué hacemos nosotros!? — Le gritó Nabila al vernos irnos. No sé si los otros dos pensaban en lo mismo, ese Nehru ponía una cara de que apenas le interesaba nuestro encuentro y quería irse de ahí; mientras Candy lloraba como un bebé, balbuceando lo hermoso que era nuestro encuentro.

— Os podréis ir a casa, ahora quiero estar junto con mi hermana. ¡Y muchas gracias por todo, Nabila! ¡Adiós, amigos de mi hermanita! —

Nehru y Candy nos decía adiós, Nabila protestaba, diciéndole a su amiga que tenía mucha hambre y también quería ir a un restaurante, pero no nos siguió. Sin tener ninguna idea de lo que tenía en mente esa chica, me dejé arrastrar y estuvimos solas durante un buen rato.

Me llevó hacia un restaurante vegetariano situado en el centro de la ciudad, teniendo que llamar a un taxi en el proceso, mientras me hablaba sin tregua de lo deliciosa que estaba la comida. Estaba tan emocionada hablando que solo la escuchaba, dando ocasionalmente algunas respuestas o afirmaciones. Y ella no mentía, comí muy en aquel local. Me sorprendió el hecho de no haber conocido tal lugar, tanto que lo comenté sin querer, haciendo que ella me lo dijera:

— Bueno, papá tampoco tolera la carne, así que lo visitamos a menudo, desde que lo inauguraron. —

— Ya veo. — Me quedé muy cortada, al escuchar “papá”, haciéndome recordar que lo que nos unía a ella y a mí nunca ejerció de padre para mí. Un sentimiento muy desagradable corrió por todo mi cuerpo, algo que ella notó y me preguntó si me pasaba algo: — No pasa nada. — Le respondí.

Pero incapaz de sacármelo de la cabeza, decidí seguir con el tema.

— Entonces…— Aunque no estaba muy segura de hacerlo o no. — Bueno, tu amiga me contó cómo conociste mi existencia por unos papeles que tenía tu padre en tu despacho, ¿no? —

— Y él es mi padre…— La rabia se apoderó de mí. — Aún no me lo creo, después de abandonarme, me espió y no tuvo el coraje de mostrarse…—

Entonces, me callé, no quería ser dominada por mis emociones.

— Perdón, perdón, yo realmente no le guardo rencor, solo que…— Era mentira. — Seguramente tu padre te debe tratar muy bien y oír estas palabras te podrán molestar un poco. —

— ¡Pero, si es verdad! — Gritó Jane. — ¡¿Por qué él nunca me dijo que tenía una hermanastra durante todo este tiempo!? ¡¿Me lo iba a ocultar hasta que tuviera dieciocho años o se lo iba a llevar a la tumba o qué!? —

Al parecer, estaba muy enfadada con él por haberle ocultado mi propia existencia, ya que empezó a criticarlo sin piedad alguna.

Entonces, teniendo una ligera sospecha, decidí preguntarle esto:

— Dejando el hecho de que no te dijo nada, ¿¡cómo te llevas con él y, en general, cómo es!? — Yo quería saber qué tipo de persona era mi padre, mientras intentaba ignorar el hecho de que me abandonó y jamás se mostró ante mí. Tal vez lo estaría juzgando mal, aunque sabía que no sería muy objetivo preguntárselo a mi hermana, que obviamente tendría una opinión mucho más sobrevalorado de la realidad.

— Pues, verás…— Se puso muy pensativa durante unos segundos. — La verdad es que le quiero mucho, pero no es un padre muy cariñoso. Es muy frio conmigo y con mamá, digo, con mi madre. Pero lo entiendo, el trabajo lo mantiene muy ocupado y no le deja respirar ni un segundo, sobretodo últimamente. — Aquella respuesta no me aclaro muchas cosas. Y ella añadió esto: — Pero, él no es mala persona, creo. Aún así, no me puedo explicar que jamás nos haya dicho que tuvo una hija antes que yo. —

Le quise preguntar si ella le preguntó algo sobre lo que descubrió, pero me imaginaba que no se atrevió, mientras observaba como se entristecía.

— ¡Pero eso no importa! ¡Lo importante es que ya nos conocemos y vamos a seguir pasándolo bien! ¡Hay que comer hasta reventar! —

Gritó Jane muy fuerte a continuación, al darse cuenta de que el ambiente se había entristecido un poco por culpa de dónde se dirigía la conversación. Y creo que se lo tomó de forma muy literal, tanto que acabó vomitando en el cuarto de baño al final.

— La próxima vez deberías tener más cuidado con tu estomago. — Eso le decía, mientras la esperaba en la puerta y escuchaba todos sus esfuerzos para expulsar la comida de su cuerpo. Me estaba empezando a dar arcadas.

Ella, tras terminar de vomitar, decía esto muy animada: — ¡No pasa nada, solo ha sido un descuido por mi parte! —

Y luego, cuando intentó pagar la cuenta con su dinero, descubrió que ni podría llegar al tercio de lo que pedían.

— ¡¿Espera, espera, qué!? ¡Si yo creía que era suficiente dinero! — Eso gritaba muy sobresaltada al darse cuenta. Y eso que observé que los miró varias veces. — ¡Me he equivocado al contarlo! — Y me empezó a pedir ayudar, con lágrimas en los ojos. — ¡¿Hermanita, qué hago!? —

No tuve más remedio que pagar la cuenta, como quería hacer desde un principio, a pesar de que ella insistió en invitarme a comer. Ella me pidió disculpas y me agradeció por el gesto muy feliz, poniendo una carita tan feliz y linda que no podría reprocharle nada. Ni menos, tras descubrir que tampoco tenía dinero para al taxi. Llegué a la conclusión de que esta chica o era muy torpe o no era muy lista.

— ¡¿Así que está es tu casa!? — Eso decía, mientras observaba el hogar que tenía. El taxi nos llevó hasta ahí, aunque me dejó casi tiesa.

Situado en un barrio de clase media-alta del noreste de la ciudad, cerca de la autopista que unía Springfield con Bogolyubov y terminaba en frente de un frondoso bosque; era una casa de color blanco, que parecía inspirarse en un estilo simple y funcional, rodeada por un jardín bien cuidado.

— Pues sí, es aquí donde vivo. — Me decía Jane, mientras ella se bajaba del taxi. — ¡¿Quieres entrar!? ¡Te presentaré a mi madre, que seguramente está en casa! Mi padre siempre vuelve muy tarde. —

— Mejor no…— Por nada del mundo, deseaba encontrarme con la esposa de mi padre, ni menos encontrarme a él por causalidad. — Sería muy incómodo para las dos el conocernos. —

— ¡¿En serio!? — Preguntó asombrada, como si no se diera cuenta de la situación en dónde me quería meter. Luego, soltó esto, con una cara de pena: — Entiendo, entiendo. Bueno, otra vez será. —

Hubo una parte de mí que se arrepintió al momento de no haber declinado su oferta, porque recordé que tenía que volver a casa, hacia aquel lugar deprimente, en dónde solo habitaba con una perfecta desconocida que se hacía pasar por mi madre.

Al verla despedirse de mí enérgicamente, gritándome que tuviera un buen viaje, sentí una enorme calidez en mi pecho y a la vez un enorme vacío. No tardé ni en un segundo en recordar todo lo que ocurrió hoy, pero sobretodo no podría olvidarme del rato que estuvo con aquella chica, con mi hermana. Solo nos habíamos conocido hace unas horas y ella, hablándome como si fuéramos amigas de toda la vida, evaporó por un buen rato el recuerdo de años de soledad. Algo que solo pudo hacerlo Ekaterina Sumovov. Era tan cálido y agradable que quería alargar mucho más la experiencia, no quería volver a mi hogar, a aquel lugar gris y deprimente.

— ¡¿Es esto lo que siente Ekaterina cuando está con su hermana!? — Eso solté, mientras reflexionaba en todo lo que había ocurrido hoy. El taxista me oyó y me preguntó qué dije. Tuve que responderle con esto: — No, no es nada. Solo estaba pensando en voz alta. —

Después de maldecirme por estar murmurando cosas, empecé a preguntar cuándo la volvería a ver, quería mantener otra conversación con ella. Lo que no sabía es que no pasaron ni veinticuatro horas para nuestro próximo encuentro.

FIN DE LA CUARTA PARTE

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Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Tercera parte, centésima decimoctava parte.

Lo siguiente que nosotros hicimos fue ir a la casa de Mao, con el propósito de seguir charlando con aquella chica en un lugar más ameno y tranquilo. Esa callejuela no era el mejor lugar para entender racionalmente lo que me habían dicho, porque eso casi me dio un enorme choque emocional.

— ¡Qué yo tenga una hermana…! ¡Qué gracioso, qué gracioso…! — Eso decía yo, mientras reía de forma lúgubre, intentando asimilar lo que oí.

El resto me miraba poniendo una cara que decía con claridad que me había vuelto loca, había perdido la cabeza o algo parecido, con algo de lástima hacia mi incomprensión, comprendiendo un poco lo chocante que era tal noticia. Bueno, todos, menos una persona, la misma que pillamos con las manos en la masa, la que me estaba espiando y me confesó que lo hacía porque una supuesta hermana mía se lo pidió.

— ¡¿De verdad, esto es necesario!? ¡Yo ya aprendí la lección, así que me gustaría volver a casa! — Añadía graciosamente, como si ella no estuviera haciendo nada grave, como si solo hubiera hecho una simple travesura.

Nadie le respondió, solo le miramos con unas caras de mala leche que le dejaban claro que debía callarse y no seguir soltando chorradas:

— ¡Qué tenso está el ambiente! — Exclamó en voz baja, al poder sentir, aunque fuera un poco, las malas vibraciones que sus palabras producían.

Menos mal que aquel paseo incómodo siguió para algo, ayudándome a refrescar mi cabeza y poder pensar con claridad.

Al llegar a la casa de Mao, tras volver a saludar al chico que estaba en el mostrador de la tienda, la chica que trajimos comentó esto:

— ¡Este lugar es muy raro, parece como si estuviéramos en la casa de unos chinos! ¡¿Nos hemos teletransportado a China o qué!? — Ella empezó a reír como una idiota, pero al ver que su chiste no cuajaba entre nosotros, que seguíamos poniendo mala cara hacia ella, añadió: — ¡Solo era una broma, pequeñísima broma! —

Tardamos un poco en entrar en el salón, ya que Mao entró en él para pedirles a los que estaban ahí que salieran porque iban a hablar de cosas importantes. Solo encontró a Clementina y a Diana, sorprendido por el hecho de que Alsancia y Jovaka decidieran haber salido a la calle hace poco. Les pidió que fueran al parque a jugar y aceptaron la propuesta.

Finalmente, nos pudimos sentar para poder charla con aquella chica, para descubrir si decía la verdad o solo estaba soltando estupideces.

— ¡¿Tenemos que sentarnos en el suelo!? ¡Esto es nuevo para mí! ¡Es como si hubiera vuelto a la prehistoria! — Y empezó a reírse de nuevo, como si aquello que dijo fuera algo gracioso.

— ¡Deja de decir cosas que no tienen ni puta gracia! — Le replicó Mao, mientras todo el mundo se sentaba.

— Yo pensaba que sí. — Eso les dijo la chica, poniendo cara de idiota, mientras buscaba la mejor forma de sentarse en el suelo.

— Bueno, usted tiene un curioso sentido de humor, si te digo la verdad. — Añadió Nehru, diciéndole que era malísima soltando chistes, pero de forma caballerosa. — Pero si a te parecen buenos, pues lo serán. —

— La verdad es que no son muy buenos. — Y Candy también intervino, teniendo que sinterizarse con la chica.

— De todos modos, no me interesa tu sentido de humor. Lo que yo quiero saber es si es cierta tu afirmación, de que tengo una hermana y que te pidió que me investigaras. Te exijo a que me cuentes todo. —

Le dije esto con toda mi seriedad, le dejé claro se dejará de hacer la idiota y nos explicará de una vez la situación.

— ¡Qué pereza! En fin, yo nací en un…— Y en vez de eso, esa chica se puso a contar su vida. Creo que no se hacía la tonta, sino que era idiota de verdad.

— ¡No me cuente tu vida! ¡Lo que quiero saber por qué una supuesta hermana te pidió que me investigara! — La detuve, sus tonterías ya me estaban poniendo de los nervios.

— Aunque nos podría decir tu nombre. — Añadió Candy.

— ¡Pues a ver empezado por ahí…! — Puso una cara que parecía decirnos que no teníamos remedio, antes de continuar. — Bueno, el nombre de esta chica tan adorable es…— Y dio una pausa tan larga e innecesariamente molestas, que tuvimos que gritarle esto:

— ¡Dilo de una vez! —

— Vale, vale, solo quería darle suspense. — En verdad, parecía más que lo estaba haciendo para seguir burlándose de nosotros que otra cosa. — Yo me llamo Nabila Ashcorp. Encantada de conoceros. —

— ¡¿Nabila!? ¡Qué nombre tan lindo tienes! — Comentó Candy, y luego el otro intervino: — ¡Digno de una dulce y traviesa dama! —

Nabila les respondió, diciéndoles que sí, que lo era; mientras reía de la vergüenza. Ellos siguieron adulando su nombre, olvidándose de que aún no había empezado a contarnos lo importante.

— A esta gente le gusta mucho irse por las ramas…— Añadió Mao, al ver como yo estaba poniendo una expresión malhumorada. Tuvo que darle la razón: — La verdad es que sí. —

— Bien, bien, tu nombre es muy bonito. Pero quiero que me lo cuentes de una vez. — Intervine finalmente, para redirigir la conversación.

— ¡¿El qué!? — Con ganas de estallar como un volcán, yo le dije que me dijera porqué me espiaba, mostrando una falsa tranquilidad. — ¡Ah vale, se me había olvidado! — Y finalmente empezó a contar lo que quería saber.

— Bueno, todo empezó cuando mi amiga me contó que había descubierto algo que la dejó boquiabierta, sin palabras. Después de que ella entrará en el despacho de su padre sin su permiso, porque éste se llevó sin querer algo suyo; mientras buscaba entre los cajones y se le cayera uno al suelo encontró unos papeles importantes. —

Nos pidió una pausa porque quería beber agua, ya que se estaba muriendo de sed. Luego, continuó, después de soltar algunas estupideces:

— Pues eso, se encontró con unos papeles raros y los leyó. Y eran el de un detective privado que le explicaba cómo te investigo. —

— ¡Espera un momento! ¡¿Quieres decir que antes de que tú lo hicieras, un señor me estuvo espiando para contárselo al padre de tu amiga!? — Yo la interrumpí, bastante sorprendida y trastornada.

Es decir, ¡¿antes había sido espiada y no me había dado cuenta!? ¡No me lo podría creer! ¡Era muy desagradable descubrir que habías sido investigada antes por un detective que fue contratado por un completo desconocido! Apenas podría pensar bien, mi indignación dominaba mis sentimientos.

Y lo peor de todo fue esto: — ¡No es solamente su padre, es tu padre biológico! —

Aquellas palabras lo sentí como si hubiera sido golpeada fuertemente por un boxeador profesional, creo que esa descripción es lo más aproximado. Me quedé con la boca abierta, mostrando un rostro que daba muecas de incredulidad y consternación. Los demás, bastantes sorprendidos, me preguntaron si estaba bien y no era capaz de decirles algo, ni siquiera de soltarles que obviamente no. Tardé mucho en reaccionar, más bien, en encontrar una forma de explicar por palabras, ya fuera de una forma muy insuficiente, todos esos miles de sentimientos feos que perturbaban mi usual mente fría y tranquila:

— ¡No me lo puedo creer! — Empezó a reír como una posesa. — ¡Jamás me contaron quién fue mi padre ni cómo nos abandono, el maldito nunca me contacto ni nada parecido, y ahora me entero de su existencia de esta estúpida forma! —

Por unos momentos parecía una loca, mientras gritaba todo y reía de tal forma.

— ¡Primero, me dicen que tengo una hermanastra, y luego me dicen que conocen a mi padre biológico! ¡Qué día tan alocado tengo! —

Y esa reacción provocó alerta a los demás. Mao me soltó esto, después de ver cómo había traspasado mis límites:

— ¡¿Estás bien, de verdad!? ¡¿Podemos dejar esta conversación más tarde!? ¡Casi estás al borde de la locura! —

Ahí me di cuenta de que tenía que tranquilizarme y enfriar mi pobre cabeza enseguida. Alguien como yo, cuya imagen era de una persona fría y serena, no podría ponerse así, solo por tal descubrimiento.

Me golpeé la cara con las palmas de las manos una o dos veces, me serené y les dije con toda frialdad:

— ¡No, no! ¡No os preocupéis! ¡Quiero seguir! En realidad, ha sido una reacción muy exagerada de mi parte. Si lo piensan fríamente, tiene mucha lógica. Demasiada, diría yo. — Cuando mis sentimientos ya se habían calmado, era fácil de aceptar y de comprenderlo.

Por lo menos, aquel cabrón, que ni siquiera tuvo la decencia de mostrarse ante mí, sintió algo de preocupación y quiso saber sobre mi paradero.

— ¡¿Entonces, qué pasó!? ¡¿Cómo decidió pedirte un favor e imitar a su padre, haciendo que tú te volvieras su detective!? —

Eso le dije a Nabila, a continuación, dispuesta a seguir la conversación sin perder de nuevo los estribos.

— Por lo que me contó, se quedó muy sorprendida. Luego, se puso muy contenta y muy feliz por tener una hermana. Quería acercarse a ti, con la intención de conocerte. Aunque la verdad, había un problemilla. Ella no sabía cómo acercarte a ti. Entonces, yo le di una idea. —

Entonces, se puso a hacer teatro, intentando parecer una persona noble y que ayudaba a los demás:

— ¡¿Y si yo investigo a tu hermana, conozco todo lo que le gusta y lo que no, cómo es y demás cosas!? Así, podrás tener una idea de cómo llegar a ella. —

— ¡¿En verdad, harías eso por mí!? — Eso decía, actuando como si fuera su amiga, más bien, mi “hermana”; como si hubiera la pobre víctima que encontró a su salvado o algo parecido.

— Si, porque soy una buena amiga. — Añadió solemnemente.

— ¡Solo lo hacías por tu amiga! ¡Qué bonito! — Y para nuestra sorpresa, alguien se emociono, que no era nada más ni nada menos que Candy.

A continuación, Nabila  arruinó aquella impresión que le dejó a la friki, como si lo hiciera a propósito, con estas palabras:

— En realidad, solo lo hacía porque me parecía divertido, era como ser un paparazzi, hasta le vendía información si me dejaba cinco dólares. —

— Bueno, mientras ella estaba feliz. — Añadió Candy, algo desilusionada.

— Creo que ella se ha obsesionado un poco, la verdad. No deja de hablar de lo increíble qué es su hermana, ¡Es muy inteligente, muy seria, muy “no sé qué”! Hasta se le ha pegado tus raras aficiones, como el leer revistas de chicos que se disfrazan de chicas. —

— ¡¿En serio, dice todas esas cosas de mí!? — Eso le pregunté yo muy sorprendida, ignorando eso último que dijo y que nos dejó boquiabiertos.

— ¡Pues sí, y es muy pesada cuando se pone ese plan! — Añadió Nabila, poniendo gestos que mostraba lo fastidiada que ésta cuando su amiga se ponía a hablar sobre mí. Yo ignoré eso último, porque no podría asimilar lo que me habían dicho. No podría creerlo.

— ¡Ay, por favor! ¡No me puedo creer que alguien piense eso de mí, de esa forma! — Me puse muy colorada y feliz, poniendo una sonrisa de boba tan obvia que asustó a los demás, que jamás vieron algo así en mi rostro.

— ¿¡Qué te pasa!? — Me preguntó Mao. — ¡¿Te está entrando fiebre o qué!? —

— ¡¿Tanto te sorprendes por eso!? — Añadió Nebila, algo sorprendida.

— ¡No es nada! ¡Es que…! ¡Bueno…! Es la primera vez que me alguien habla así de mí, no estoy acostumbrada. — Al darme cuenta que estaba poniendo un rostro muy extraño, tuvo que poner la de siempre.

Bueno, por lo que yo recuerde, apenas había personas que han hablado de mí de esa manera. Siempre era tratada y descrita de forma despectiva. Mi presunta seriedad y frialdad, mi lado trabajador y estudiosa, siempre eran tratados como si fueran parte de un ser humano frío y sin corazón. Apenas han habido personas que han visto algo positivo en mí, ni menos que se hubieran quedado maravillas por tu personalidad. Era algo muy raro para mí, que consiguió ponerme extrañamente feliz.

— ¡¿Y eso es todo!? ¿¡Algo más que debemos saber!? — Le pregunté a continuación, al ver que dejó de hablar y solo estaba estirazándose.

— Pues no, la verdad es que no. — Aún así, había algo que, en cierto modo, dudaba, y que se lo dije claramente:

— Pero, de verdad, ¿es cierto qué somos hermanas, cien por cien? — Yo empecé a dudar, a pensar de que su amiga se hubiera equivocado.

— Por supuesto que sí. — Añadió sin duda alguna, antes de soltar una estupidez más: — ¡¿Y qué mejor prueba que pedir una pizza repleta de carne con cuatro quesos!? — Todos nos quedamos muy extrañados, preguntándonos de dónde sacó tal pregunta.

— ¡¿Y qué tiene que ver eso con lo que estábamos hablando!? — Le preguntó Mao.

— Bueno, es verdad que me ha entrado mucha hambre. — Casi todos le miraros mal, algo cansados por las cosas absurdas que decía; pero añadió esto: — Pero…—

— ¡¿Pero!? — Repetimos como loros.

— La verdad es que ella también es vegetariana por necesidad, no puede tolerar bien la carne como tú. La última vez que pedimos una pizza y ella tomó un trozo, estuvo con diarrea, vómitos y dolores toda la noche. —

Eso me dejó muy sorprendida, porque eso me pasaba igual a mí. Comer carne se me hacía muy molesto, ya que apenas lo podría tolerar. Sí a ella también le pasaba lo mismo, tal vez podría ser una señal de que estábamos relacionadas por la sangre. Era una prueba muy sólida, porque sabía que mi problema con casi todos los alimentos de origen animal es genético.

Mientras asimilaba que era muy posible que fuera verdad, Nabila siguió hablando:

— Y si tú hicieras lo mismo, también te pasaría lo mismo. — Y me dieron ganas de matarla.

— ¿Quieres ponerme enferma a conciencia, excusándote con que eso era una prueba, cuando solo tienes hambres? — Eso le dije a Nabila, mientras controlaba mis ansias de matar.

— ¡Algo así! — Añadió con sinceridad. Esa chica me quería destrozar el estomago solo para llenar el suyo. No me lo podría creer.

— Si tienes hambre, cómpralo con tu propio dinero. — Intervino Mao, con una expresión molesta. — Yo no me voy a gastar dinero en una desconocida como tú. —

— ¡¿Y ustedes dos, cuál es el favor que querían que les hiciera!? — Luego, se dirigió a Nehru y a Candy.

— Pues bueno, yo necesito mostrarles a mis amigas que existes de verdad, para que no me tomen por una loca ni nada parecido. — Eso le respondió Candy.

— Solo quería que me buscases un buen fontanero, nada más. — Añadió Nehri.

— ¿¡Solo eso!? — Puso una cara de pura decepción y de cansancio. — ¿¡Y para estas cosas me buscan!? Toma una foto, no tengo ganas de visitar a tus amigos. — Busco un libro lleno de fotografías y le dio una, en dónde salía vagueando. — Aquí está el número de uno muy bueno y barato. — Luego, buscó en una agenda y escribió en un papel un teléfono al otro. — ¡Y ahora, déjenme en paz, que quiero dormir! —

— Pero si aún es de día…— Le replicó Candy, al ver que empezó a subir por las escaleras.

— Estoy cansada y quiero una siesta. Ya hemos solucionado vuestros problemas, así que ya he terminado con mi trabajo. — Dio un pequeño estirón, mientras bostezaba. — Vosotros podréis seguir hablando, pueden permanecer en esta casa hasta que sea de noche. — Me parecía que tenía demasiada confianza en nosotros, por dejarnos solos en el salón, mientras se ponía a dormir. Aún así, se fue a su cuarto y entró ahí.

Me quedé algo extrañada por aquel comportamiento, era como si quería quitarse lo más rápido del medio por alguna extraña razón. Y parecía que él estaba algo molesto, más bien, como si estuviera triste. Bueno, fue algo extraño. Todos nos quedamos observándolo y cuando ya no estaba, Candy comentó:

— Pero si les he enseñado fotos suyas y no se lo creen. — Puso una cara de preocupación. — Parece que hoy no está de buen humor. —

— Pues, ¿¡entonces, quién se encargará de comprar la pizza!? ¡Yo lo haría, pero no tengo dinero, apenas! — Nabila habló, sin darle importancia a lo que pasó.

— ¡¿Aún sigues con eso!? — Le repliqué algo molesta. Luego, me puse bien las gafas y añadí esto:

— En fin, si la anfitriona no está aquí, creo que deberíamos finalizar esta charla. Por lo menos, en otro sitio. — Me sentía muy incómoda seguir hablando de esto en su casa, cuando Mao se había quitado del medio.

— ¡¿Y la pizza!? ¡Qué tengo mucha hambre! — Y la otra seguía con lo mismo. Al final, tuve que prometerle comprarle una pizza.

Tanto Nehru como Candy me dieron la razón, tampoco les interesan mucho no estar en el salón con Mao durmiendo en su habitación. En cierta forma, ya le dijeron lo que querían y tenían cosas que hacer, así que lo mejor sería marcharnos.

— ¡¿Y ahora qué harán, señoritas!? — Me preguntó Nehru a continuación, mientras nos preparamos para salir. — Ya que como todo este asunto ha salido a la luz…—

— La verdad es que no lo sé…— Ni siquiera sabía qué hacer con esa chica llamada Nabila y que tuve que invitarla a comer. — Aún me cuesta mucho asimilar todo lo que ha pasado hoy. —

— ¡¿Pero a qué es una gran noticia!? ¡Descubrir que tienes una hermana, es toda una enorme sorpresa! ¡Deberías conocerla pronto! — Añadió Candy, que parecía muy feliz por mí. Muchísimo más que yo.

— No sé…— Le respondí con mucha inseguridad. — Quiero darle un poco de tiempo, antes de aventurarme a hacer algo. —

Era muy extraño lo que estaba sintiendo en aquellos momentos. Yo estaba feliz a la vez que triste, muy indecisa y, por raro que parezca, tenía mucho miedo de conocerla. No sé cómo podría explicar todo eso perfectamente.

Más bien, creo que yo tenía un enorme temor a que estos acontecimientos cambiarán toda mi vida y lanzarme a un mundo totalmente desconocido para mí. Además de que no quería hacerme algunas expectativas que me podrían defraudar o que esa chica del que no conocía de nada pero era mi hermana, al verme en persona, se podría desilusionar demasiado. Por otra parte, también quería conocer a aquella niña que tanta estima tenía hacia mí.

Mientras Candy se daba cuenta de cómo estaba y decidiera animarme a aventurarme a conocerla, un grito de Nabila atrajo nuestra atención:

— ¡Ah, mis oídos! ¡No grites tan fuerte! ¡Me vas a destrozarlos! — Eso decía ella, mientras sostenía un móvil en una mano y tuvo que aparta su oreja de golpe, porque unos grandes chillidos de euforia salieron de ahí.

— ¡¿Qué estás haciendo!? — Le pregunté, poniendo una cara de espanto. Me di cuenta de que estaba llamando por el teléfono a alguien, deseando que ella no estuviera hablando con mi hermana.

— ¡Oh, pues lo has dicho muy tarde! ¡Estoy hablando con ella, y está muy feliz de que me hayas descubierto! — Gritos de felicidad que apenas uno podría traducir salían del móvil. — ¡Dice que ahora mismo ella quiere conocerte! — Parecía que la voz del teléfono me intentaba hablar, aunque no se le entendía apenas nada más. — ¡Qué ira para allá! —

— ¡Espera, espera, dame un poco más de tiempo! — Grité muy nerviosa y muy roja, incapaz de entender porque tenía que ser ahora, cuando ni siquiera había asimilado todo lo que pasó en ese extraño día.

FIN DE LA TERCERA PARTE

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Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Segunda parte, centésima decimoctava historia.

Realmente me sorprende que pude dormir muy bien aquella noche, después de descubrir que alguien me estaba siguiendo. Me acosté a la misma hora y me levanté como siempre, a las siete de la mañana. Cuando abrí los ojos, recordé rápidamente lo que me pasó hace varias horas:

— Ojala eso hubiera sido un molesto sueño…— Comenté en voz baja, muy molesta, mientras me levantaba de un golpe de la cama para irme directa a la ducha. — Aún no me puedo creer que me estén espiando. —

Si lo pensaba objetivamente, podría haber una especial razón para que alguien estuviera espiándome. No solo por el hecho de que sea de la clase alta o media-alta; sino porque por el puesto de mi madre. Es una ejecutiva de una empresa de petróleo muy poderosa y muy influyente, situada en unos de los puestos más altos de la sede situado en Shelijonia. Y desde hacía meses, se encontraba en mitad de una pelea o algo así. En aquellos momentos, ni me interesaba el asunto y me daba igual, sin saber que todo eso me iba a afectar de primera mano más adelante. No voy a adelantar acontecimientos, pero lo que quiero dejar claro es que llegué a la idea de que me estaban espiando día y noche, estudiando las diferentes maneras de cómo poder secuestrarla, tal vez. Fue lo primero que se me ocurría y me puso la piel de gallina, intenté negar esa posibilidad y pensar en otras, que parecían igual de terribles que la primera.

De todos modos, sea cual sea la razón, era algo muy grave y que debería solucionar lo más rápido posible. Eso me dije, mientras me duchaba.

Lo normal sería ir a la policía, pero no tenía pruebas, sin eso no creo que me harían mucho caso. Así que decidí pillar al que me estaba siguiendo, ¿pero cómo? Tras mucho pensar y pensar, llegué a la conclusión de que necesitaba ayuda y ya sabía quién podría ayudarme.

Al salir del baño, mientras llegaba con esa conclusión, me encontré cara a cara con mi madre.

No me sorprendió verla así de repente, porque entra y sale de la casa como si fuera un fantasma. Ni tampoco que pasará a mi lado como si nada, como si yo no estuviese ahí. Ni siquiera ella se dignó a decirme los buenos días ni a mirarme incluso. Con paso ligero, retumbando el suelo con sus tacones; se fue directa a la puerta de la calle y salió.

Obviamente, observando cómo estaba vestida, llevando un elegante traje de negocios de color negro; sabía que iba a volver a su trabajo. Yo me quedé viéndola, preguntándome si le tenía que decir lo qué pasó anoche, a pesar de que sabía lo que pasaría a continuación.

No me dejaría hablar ni un minuto; y si se lo dijera le daría igual y pasaría de largo. Diría que eso deben ser imaginaciones mías o que no dijese tales tonterías, que ella estaba muy ocupada con su trabajo. Después de todo, para esa mujer lo único que existía en su triste mundo eran solamente los negocios, su empresa; y nada más. Así que, al final, no le dije nada más.

Tan pronto como se marchó, me acordé de que solo estaba usando una toalla e iba a coger un resfriado si seguía ahí. Después de esto, me vestí y seguí pensando en mi siguiente problema, si ir ahora, saltándome las clases; a pedir ayuda a esa persona o ir al instituto y buscarle por la tarde.

Al final, ir a las clases era lo más importante y tras llamar a un taxi, con la máxima precaución y sigilo; me fui al instituto. Y después, me fui a la casa de Mao.

— Buenos días, ¿¡está Mao en casa!? — Tras entrar en la tienda, saludé al empleado que tenía él y que estaba jugando con el móvil, o eso parecía, ya que estaba tan distraído observando su teléfono que no se dio cuenta de que entré. Al oír mi voz, puso el móvil en la mesa nerviosamente y me dijo:

— Buenos días también, ¿señorita…? — Se quedó atascado, al no recordar mi nombre, algo que supongo que es normal, porque no me acuerdo del suyo. De todas maneras, le dije el mío. Luego, él me preguntó esto:

— ¿Le digo que le estás buscando o quiere entrar en el salón? —

— La casa sigue igual de animada y ruidosa, ¿eh? — Comenté una cosa que no tenía nada que ver con la conversación.

Era solo un pensamiento que dije en voz alta, mientras escuchaba como todo el jaleo, ya sean gritos o risas, que producía esta casa.

A alguien que siempre ha vivido en un hogar completamente silencioso podría ser un ambiente insoportable, aunque en mi caso, que debe ser muy especial, me daba muchísima envidia e incluso me tranquilizaba.

De todas formas, al ver que dije algo sin sentido y dejé al empleado extrañado, tuve que decir esto: — Nada, no es nada. Iré entrando al salón, con permiso. — Y me dirigí rápidamente hacia allí.

Y tras cruzar el pasillo, abrí la corrediza y le saludé. Estaba sentado al lado de la mesa, junto con otras dos personas, que le estaba explicando cosas.  También, había dos chicas más, Alsancia, que estaba observándolos desde un rincón; y Jovaka, que estaba distraída por un videojuego. Al verme, los tres se callaron y me miraron. Y Mao, con una expresión de fastidio, me preguntó esto: — ¡¿Tú también quieres qué te ayude!? —

Me sorprendió mucho que lo adivinara, aunque lo más sorprendente de todo esto sea que otras dos personas le pidieran ayuda, en el mismo día y momento que yo. No sé si es una extraña coincidencia o es que está muy solicitado. Por un lado, estaba aquella chica friki que nos había ayudado cuando hicimos la obra de teatro, cuyo nombre era Candy. Por el otro, había un chico que no me sonaba de nada.

— ¡¿Quién es está muchachita tan guapa!? —Y de alguna manera me ponía los pelos de punta, porque parecía actuar como si fuera un de mujeriego, o eso decía su sonrisa cautivadora, típica de los donjuanes. Luego, Candy intervino, sin dejarme presentarme:

— Es una chica que hace obras de teatro, creo que se llamaba “Cock”…— Y para el colmo, tuvo que soltó eso. Me sentí burlada y Jovaka y Mao no pudieron evitar reírse. Ella, al darse cuenta de lo que hizo, dio un grito y empezó a decirme esto nerviosamente: — Espera, espera, no quería decirlo, de verdad. —

— ¡No te preocupes, solo ha sido un pequeño desliz! — Me decía ese chico. — Perdona a la pobre que está muy nerviosa. —

— No importa, todos nos equivocamos alguna vez. — Quedaba claro que solo era un desliz y decidí presentarme: — Por cierto, mi nombre es Grace Cook. C-O-O-K, ¿entendido, Candy? — Ella movió la cabeza con una sonrisa de vergüenza, y luego ese chico, llamado Nehru se presentó de forma muy inusual, actuando realmente fabuloso y egocéntrico.

— Y bueno, ¿a ti qué te pasa? — Me preguntaba Mao, mientras me sentaba en el suelo. — ¿Quieres hacer otra obra de teatro o qué? —

Yo moví negativamente la cabeza, antes de explicarle la situación: — La verdad es que sospecho… — Modifiqué la frase. — No, creo firmemente que alguien me lleva siguiendo y sacando fotos, no sé cuántos días, pero ayer me di cuenta. Como no tengo pruebas, la policía no me hará caso, así que te pido ayuda, a que me ayudes a atrapar a quién sea el que me está vigilando. —

A continuación, el salón se envolvió en un silencio incómodo, solo roto con la música que estaba saliendo de los altavoces de la televisión. Bueno, eso era normal, los dejé muy consternados ante tal cosa y empecé a dudar si Mao quería participar en esto. Entonces, alguien golpeó con las palmas de sus manos contra la mesa, mientras se levantaba violentamente:

— ¡¿E-en serio!? ¡¿De verdad!? ¡Eso es grave, muy grave! — Gritaba Candy.

— Eso sí que es aterrador, linda dama. Realmente no significa nada bueno.  Mi problema no es nada comparado con lo mío. — Añadió ese tal Nehru, mientras hablaba como un presunto seductor.

— Ni el mío. — Intervino de nuevo Candy, muy nerviosa. — ¡Tenemos que hacer eso! —

Mientras esos dos comentaban, yo esperaba la respuesta de Mao, que estaba muy callado y serio. Entonces, preguntó esto, no me esperaba esa pregunta: — ¡¿Y la hermana mayor, Ekaterina, sabe algo!? —

— No es un problema de la hermandad. Ella está muy ocupada liderándolo, no podemos ponerla asustada con algo como esto. —

Si se enterase de que me estaban siguiendo, se preocuparía demasiado, al punto de que podría cometer algunas barbaridades para mantenerme a salvo, y ya tiene bastante estrés y muchísimas preocupaciones con la hermandad y los problemas sociales de la cuidad, que los intenta paliar utilizando nuestra organización. Después de todo lo que hizo por mí, no debería darle un susto de ese calibre. Por eso, en la escuela, me anduve con mucho ojo, mientras le pedía permiso para un día libre:

— ¿¡Quieres tomar un pequeño descanso!? —

Eso me preguntó muy sorprendida, algo normal, ya que casi nunca falto a nuestro trabajo. A continuación, le dije:

— Sí, solo será esta tarde. Tengo asuntos urgentes por atender. — La vi con ganas de preguntarme qué era, y tuve que añadir algo: — No es nada grave, así que no te preocupes. —

— Entiendo, espero que los puedas solucionar. — Eso evito que intentará averiguarlo, creyendo que era un tema que no me atrevía comentar por el momento.

Tras oír mi respuesta, Mao dio un suspiro y se levantó, gritando seriamente esto: — ¡Qué remedio! Habrá que pillar a esa persona, antes de que pase algo grave. — Luego, se dirigió a esos dos: — ¡Candy, Nehru! Ustedes también ayudarán.—

— ¡¿Espera, espera, qué!? — Gritó muy sorprendido, llegando a escupir una botella de agua que no sé de dónde salió, como si no quería participar. Pero luego, con actitud presuntamente caballeresca, dijo estas palabras, para quedar bien: — Nada, nada. Yo siempre ayudo a una dama en apuros, así que participaré en esto. —

— Nuestro gran deber como buenos ciudadanos es evitar estas horribles situaciones desagradables como estas. Así que ayudaré, aunque da miedo. — Añadió Candy, mientras intentaba poner una especie de pose ridícula, seguramente salido de los comics que ella ve, supongo.

— Gracias con su colaboración, vuestra ayuda será valiosa. — Me puse bien las gafas y continué: — Bueno, pero antes de todo, tenemos que trazar un plan…—

— Tienes razón. Déjamelo a mí, ya se me ocurrirá algo…— Añadió Mao.

No pasó ni un minuto, cuando se le ocurrió algo que, a pesar de su simpleza, todos habíamos aceptados a utilizar. Y así, una hora después, salimos a la calle y lo pusimos en marcha.

Yo estaba por el parque andando tranquilamente, yendo sola y actuar como siempre. A lo lejos, Mao, la friki de Candy y ese tal Nehru me observaban, intentando actuar con normalidad, buscando a esa persona que me estuviera siguiendo.

La verdad es que no estábamos seguro o no si podría aparecer, ya que yo extremé todas las precauciones para evitar el seguimiento mientras iba a la casa de Mao.

También me preocupaba que la persona que me espiaba viera mi comportamiento raro, después de yo actuara con cautela toda la mañana. De todas formas, nosotros lo pusimos en marcha.

Al ver que no había ningún movimiento sospechoso, decidí salir del parque y dirigirme hacia la calle, después de decírselo por teléfono a Mao:

— No hemos visto nada aún. Los únicos sospechosos somos nosotros, todo el mundo nos ve con malos ojos. — Eso me dijo, respondiendo la pregunta que le hice. También oía a Candy quejándose, preguntando cuándo iba a salir esa persona; y a ese tal Nehru, cuestionando si me estaban siguiendo. Al final, al ver que dar vueltas por el parque parecía inútil, decidí hacer otra cosa:

— Entonces, cambiemos de planes. Salgamos al parque. —

Y tras salir del parque y dar unos pasos por la tranquila calle, recibí otra llamada de Mao.

— Hay alguien, siguiéndote…— Me decía en voz baja, tanto que apenas le oía. — Aparte de nosotros, claro…— Pero pude comprender lo que decía.

— ¡¿En serio!? — Casi iba a dar un grito, pero pude tranquilizarme y poner un tono de voz aceptable para la situación.

— Sí, y te está haciendo una foto mientras estás hablando. — Añadió Mao, mientras notaba un flash detrás de mí. Ni siquiera me atreví a mirar hacia atrás, fingí que no lo había visto.

— ¡¿Qué aspecto tiene!? — Luego, le pregunté esto.

— Es muy sospechoso. — No me dijo una gran descripción. — Bueno, ¿qué hacemos? ¿Lo pillamos ahora? —

Tras escuchar esa pregunta, yo me quedé pensado durante unos cuantos segundos, mientras observaba discretamente la calle. Había un montón de vías atravesando a ésta, más algunos terrenos sin construir por dónde podría huir fácilmente. Necesitábamos acorralarlo en un sitio en dónde no escaparía de nosotros. Al pensar un poco, pude encontrar una solución:

— Ya sé lo que vamos a hacer. Voy directa a tu casa. —

— Espera, ¿¡qué…!? — Mao dio un gran grito de enfado, pero luego se dio cuenta de mis intenciones y añadió: — Ya veo, entrar en mi barrio es como una sentencia de muerte para él, ¿verdad? — Le respondí que sí.

Después de todo, el barrio de Mao estaba formado por calles estrechas y  laberínticas, un lugar perfecto para montar una emboscada.

Cambié de dirección y me dirigí hacia allí, y luego entré en el barrio, llegando a una callejuela sin salida. Ya no hacía falta que le dijera algo a Mao y a los demás, ya estaba atrapado. Esa persona estúpidamente me siguió, entrando en aquella pequeña y estrecha calle y, al intentar ir hacia atrás para evitar que le viera si me daba la vuelta, se encontró con ellos:

— ¡Caíste en la trampa!— Eso dijo Mao, y yo decidí dar la vuelta y encontrarme cara a cara con esa persona.

En el principio de la callejuela se encontraba Mao, Candy y Nehru, con los brazos cruzados, con miradas amenazadoras, observando a esa persona que habían cortado el paso. Y sí, llevaba unas pintas muy sospechosas; tenía un gorro de lana de color rosa, con una enorme gabardina marrón clarito, tenía puesto además unas gafas de sol y una especie de tapaboca. Algo que me sorprendió fue que era bastante bajito, con la altura de un chico de doce o trece años.

— Así que tú eres la persona que me ha estado siguiendo y sacando fotos, ¿no? — Eso le dije, después de observarlo.

No me dijo nada, estaba temblando como un flan, mirando por todas partes en busca de una salida para poder escapar, era incapaz de asimilar que ya estaba atrapado. Al ver que no quería contestarme, tuve que exigirlo de nuevo:

— ¡¿Quién eres y por qué me estás siguiendo y sacando fotos!? —

— ¡Vamos, contesta! — Y Mao también me ayudó. También los otros dos: — Eso, eso. Dilo de una vez. —

Entonces, aquella persona empezó a mirarnos de un lado para otro con todo el nerviosismo del mundo, mientras se mordía las uñas. Al final, rompió a llorar y cayó de rodillas hacia al suelo. Luego, empezó a hablar:

— Lo siento mucho, no estaba haciendo nada grave ni nada parecido. Solo la estaba espiando, nada más. —

Nos quedamos boquiabiertos cuando oímos su voz. No era la de un adulto, sino la de una chica. No lo podríamos creer, aunque supongo que debíamos darnos cuenta por la altura que tenía.

— ¡¿Una voz de niña!? — Gritó Candy. — ¡¿Espera, qué!? — Exclamó ese tal Nehru. Los dos estaban igual de sorprendidos.

— ¡¿Nada grave!? — Aunque Mao estaba mucho más sorprendido por sus palabras que por el hecho de que era una niña. — ¡Lo que estás haciendo puede ser considerado un delito, sabes! —

— ¡¿Ah, en serio!? — Empezó a reír. — ¡Nunca lo había figurado! — Y al parecer, ni sabía lo que estaba haciendo, algo que nos dejó consternado, preguntándonos si era idiota.

Entonces, se quitó las gafas y el tapabocas, mostrándonos su rostro, que era la de una chica, con ojos grandes y una nariz pequeña, más algunos rasgos que parecían de origen árabe. Luego, hizo lo mismo con su gorro, liberando a su cabello de la inusual prisión, extendiéndose como si hubiera crecido de repente. Era un pelo muy esponjoso, que formaba una especie de afro que te hacía preguntar cómo pudo contenerlo dentro de esa prenda. Por alguna razón, se me hacía familiar, aunque no sabía el porqué. Luego, como si no hubiera hecho nada malo, se levantó del suelo y nos dijo, hablándonos como si fuéramos sus colegas o sus amigos:

— Perdón, perdón, no sabía que lo que estaba haciendo estaba mal. Bueno, ya que hemos entendido el malentendido, ¿puedo irme, verdad? —

Eso solo empeoró su situación, si creía que iba a escurrir el bulto diciendo tal cosa estaba muy equivocada. Solo provocó que me enfadase aún más y que todos nos pusiéramos más serios que antes, algo que se dio cuenta:

— ¡¿Por qué no dicen nada, gente!? ¡No tienen que estar tan serios, ya he aprendido la lección, ahora puedo irme! — Nos decía esa chica con mucho nerviosismo.

— ¡¿Dime quién eres y por qué me estabas espiando!? — Entonces, yo le volví a exigir eso y ella siguió negándose a decirlo:

— No es nada, ¡así que no te preocupes! —

Tras decir eso, intentó acercarse un poco hacia a la salida, pero Mao le gritó esto, dejándole claro que no se iba a librar fácilmente:

— ¡No te irás hasta que lo digas, niña! —

— Bueno, solo es una niña…— Aunque Candy intentó reblandecer a Mao, aunque las miradas asesinas que le dimos los demás la hicieron cambiar de idea: — Vale, vale. —

Estuvimos así, mirándola fijamente para intimidarla y que dijera toda la verdad, durante varios segundos; y ella apenas lo pudo aguantar:

— ¡Qué remedio, solo estaba haciendo de detective privado, nada más! ¡¿Ahora, puedo ir…!? — Pero decía la verdad por cuenta gotas.

¿¡Qué quería decir con qué estaba actuando como un detective privado!? Eso solo me dejo más preguntas que respuestas, ¡¿qué sentido tiene que una niña me estuviera investigando!? No lo entendía, para nada. Yo me puse a exigirle aún más, sin parar, gritándole una y otra vez para que me dijese la toda verdad:

— ¡Ok, ok, os lo diré! ¡Toda la verdad! — Entonces, empezó como si fuera un malo que iba a confesar los motivos de sus crímenes. — Siempre supe que iba a salir a la luz. — Y también se puso demasiado prepotente. — En verdad, yo te he estado investigando un montón, estudiando tus hábitos, tus manías y todas esas cosas. Todo esto, para enseñársela a una querida amiga, para mostrarle cómo es el día a día de su hermana. — Terminó la frase de la forma más llamativa posible, soltando algo que me sonó realmente ridículo.

— ¿¡Qué, “hermana”!? Oye, ¡déjate de bromas! Yo no tengo hermanas, soy hija única. — Ya me estaba hartando de sus tonterías, quería enseñarle que las bromas tenían un límites. Y tras oírme, esa chica rió como si estuviera burlándose de mí, o más bien, como si le parecía gracioso que le creyese, o solo se estaba haciendo la interesante. Entonces, dijo esto:

— Eso es lo que creía ella también hasta que descubrió que tiene una media-hermana. — Me quedé boquiabierta, incapaz de entender ya si era una broma o no. Al ver, mi reacción, lo repitió de nuevo, para dejármelo claro:

— ¡Sí, tienes una “media-hermana” y me pido que te investigase! —

Esas palabras fueron suficientes para dejarme en shock, y los demás se quedaron callados, casi igual de impactados que yo. Realmente, nadie se lo esperaba tal afirmación.

Esa chica siguió hablando animadamente, sin darse cuenta de cómo me sentó aquellas palabras:

— ¡¿A qué es una sorpresa, a qué sí!?¡No todos los días descubres que tienes una hermana, la verdad! —

Al no notar respuesta por mi parte, me observó y empezó a preguntarme esto: — ¡¿Te pasa algo, por qué están tan pálida!? ¡Di algo, por favor! —

Al parecer, esa chica no era muy inteligente para entender cómo me dejó aquella inesperada noticia, mientras intentaba asimilar aquellas palabras y buscar una explicación racional para entender el hecho de que una idiota desconocida se pusiera a investigarme y relacionarlo con la idea de que tuviera una hermana. También intentaba tranquilizarme, evitar que algo que no se ha confirmado como tal me provocase tal reacción, pero era inútil.

¡¿Cómo es posible que, tras dieciséis años de vida como hija única, tuviese una hermana o hermanastra, así de repente!?

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

 

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Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Primera parte, centésima decimoctava historia.

Para mí, lo peor del día es volver a casa, no hay nada más desolador y triste. Es el lugar que más odio le tengo, que menos deseo regresar y que, si fuera mayor de edad, hubiera salido corriendo de allí, como si eso estuviera en llamas. Incluso se me quitan las ganas de comer, si pienso en el hogar. Se darán cuenta de que algo no está bien, de que no me siento cómoda; y les doy toda la razón, aunque esto forma parte de mi rutina. Esto es lo más normal, es el pan de cada día. Llevo años, casi toda mi vida; soportándolo, aprendiendo a tolerarlo. Me sorprende que haya aguantado tanto, porque ha habido veces que estaba a punto de irme de ese sitio para siempre.

Aunque la verdad, si la comparo con otras situaciones que vivieron algunos adolescentes que odiaban tanto su hogar como yo, podría ser risible. Yo no sufro violencia doméstica ni nada grave parecido, así que debería sentirme agradecida de no vivir en esa situación. Aún así, no me consuela para nada, pensar esto. Odio mi situación y mi casa.

Después de soltarles esto, me presentaré. Yo soy Grace Cook, secretaria principal de la Hermana mayor de la Hermandad Sumovov, del cual lleva el mismo apellido que la fundadora y líder de esta asociación, que es mi amistad más valiosa. Seguro que me recordarán por ese incidente que pasó durante el campamento y con “la hermana Mao”, por desgracia mía. Sé que he dado muy mala impresión y me gustaría limpiar mi nombre. No creo que esta historia que empezó en un día de febrero ayude mucho, pero espero que mejore mi imagen, aunque sea un poco. De todas formas, vamos a empezar de una vez con esta narración.

El móvil empezó a sonar, tenía puesto la alarma que se activo, con la intención de finalizar nuestro trabajo.

— ¡¿Ya son las seis y media!? ¡Qué pronto ha pasado el tiempo! — Eso dijo mi amiga Ekaterina Sumovov, mientras se levantaba de su silla y empezaba a estirar los brazos.

Estábamos en su cuarto, que se había convertido en la oficina de toda la hermandad, todos los asuntos necesarios para mantener en pie y con buen orden esa organización se tramitan aquí, entre ella y yo, totalmente solas; o eso diría, sino fuera porque había otra persona que nos estaba ayudando.

— ¡Por fin, ya me estaba aburriendo! ¡Vuestro trabajo es demasiado aburrido! ¡¿Cómo puedes soportarlo, hermanita!? —

La chica que se quejaba es la hermana menor de Ekaterina, Natáshenka. Después de lo ocurrido en el campamento de verano, ella le pidió ayuda, como excusa para pasar un rato juntas. Se queja mucho y se rinde muy rápido, aún así nos aligera las cosas.

— Estamos acostumbradas, eso es todo. — Añadí secamente, mientras terminaba lo poco que faltaba.

— Eso podría ser verdad si Natáshenka también se hubiera acostumbrado. En realidad, hay veces que ni yo tampoco puedo soportarlo. — Me replicó, mientras reía, seguramente recordando cosas de cuando comenzamos la hermandad.

En principio, ella se ponía muy alterada e incapaz de comprender que tenía que hacer para mantener bien la hermandad. Yo tuve que leer, aprender y charlar con su padre mucho para entender los trámites burocráticos, y poner orden.

— ¡¿En serio!? — Gritó muy sorprendida, y luego añadió esto, mientras me señalaba: — ¡¿Y Grace!? —

— Nunca la he visto quejarse ni distraerse. De verdad, es una trabajadora excelente. — Ella lo decía como si se trataba de una madre que estaba orgullosa de su hija. Mi comparación me parece graciosa, ahora que lo pienso, ya que la mía jamás me dijo algo así.

— Solo hago mi deber, no lo hago con pasión, así que yo no me puedo considerar una trabajadora excelente, supongo. — Añadí secamente esto, poniendo bien mis gafas, mientras intentaba ocultar mi vergüenza ante tal alabo.

Después de todo, yo solo estaba diciendo la verdad. No me gusta arreglar ni tramitar papeles, pero tampoco me disgusta. No me provoca ningún tipo de sentimiento hacerlo, solo lo hago porque es una parte muy fundamental de nuestra hermandad. En resumen, es mi trabajo y lo hago.

Supongo que tienen razón aquellos que siempre me han llamado “Grace la burocrática”, un fastidioso mote que he tolerado desde que era niña. Todo empezó cuando un profesor de ruso se percató de que yo tenía la típica imagen de un burócrata y bromeó con ello, sin mala intención alguna.

Eso provocó tantas risas en mis compañeros que no pararon de decir la misma broma, una y otra vez, por años. Y también al resto de profesores. Al tiempo, ese mote se volvió conocido en toda la institución en dónde estoy estudiando y me conocen por ese nombre.

En fin, como dijo aquel profesor, parezco la misma imagen de un burócrata. Recuerdo como una compañera de clase me decía cada una de las cosas que me hacían parecer como tal. Siempre tenía una mirada fría y seria, apenas mostraba una sonrisa o me reía, también me veían todo el día ocupada con papeles y jamás me vieron haciendo algo que no se trataba sobre eso.

— De todos modos, ya hemos terminado. Puedes parar, esos papeles pueden terminarse otro día. — Preguntó Ekaterina, a continuación.

— Solo un poco más, que estoy a punto. — Esa fue mi respuesta, prefiero terminarlo hoy antes que dejarlo para mañana.

— Entendido. — Y unos segundos después, añadió: — ¡¿Por cierto, quieres cenar con nosotros!? —

Detuve lo que estaba haciendo y me quedé pensando durante unos pocos segundos. Su hermana pequeña le preguntaba, algo sorprendida y molesta, por qué me invitaba otra vez a comer si el día anterior ya había cenando con ellas y le exigía que invitara a su amiga Dana, si yo lo hacía. Mientras ella le iba a explicar  mi situación, la interrumpí antes de tiempo, soltándole mi respuesta: — Muchas gracias Ekaterina, pero no quiero molestar y creo que es abusar…—

Ella miró un poco enfadada a su hermana pequeña, que no entendía nada; e intentó insistir: — ¿De verdad? En esta casa no molestas, siempre eres bienvenida. —

— No te preocupes, ya tengo planes para esta noche. — En realidad, no los tenía, aún así mentí para que ella no siguiera insistiendo.

— Entiendo. — Y se rindió. — En fin, espero que esos planes te salgan bien. —

Y terminé lo que faltaba para hoy y me despedí de ella y de su familia, para dirigirme hacia mi hogar, o eso haría si no lo odiaba con toda mi alma. Decidí retrasar lo máximo posible mi vuelta a casa, dado vueltas sin un destino claro por la cuidad, esperando perder dos horas o más.

Sobre lo de antes, Ekaterina sabía perfectamente mis problemas en el hogar y, para ayudarme, sería capaz de dejarme dormir en su casa todos los días. De verdad, mis problemas no son tan graves para que ella actuara así, me hace parecer que vivo en una situación realmente fea. Y, en cierta manera, me da mucha vergüenza aceptar sus invitaciones, no solo porque parezco una necesitada, sino también ciento que me aprovecho de su hospitalidad.

Aunque había otra razón por la que decidí decirle que no, su familia es demasiado brillante para mis ojos.

— ¡¿Y adónde iré!? — Me preguntaba, mientras andaba desorientada por el barrio en dónde vivía Ekaterina. — Porque no tengo ni idea… —

Entonces, recordé el puesto de comida callejero al que Mao y sus amigas siempre iban, que era propiedad de la familia de una de las cientos de chicas que trabajan para nuestra hermandad, que los ayuda. Recuerdo lo sorprendida que quedó ella cuando vio que yo iba a comer, y se puso muy servicial y amable conmigo, hablándome de lo bueno que estaba su comida. Supongo que es una actitud normal cuando alguien importante te visita. Por mi parte, no fue nada inesperado, ya me explicaron que estaba participando en el negocio de sus padres. Tampoco me interesó pasar por allí, si no fuera por la insistencia de algunas personas y sus opiniones favorables.

Fue un fastidio intentar buscar que platos no tenían carne, porque había uno o dos. Aún así, estaba muy rico. Eso sí que me sorprendió. Comparado con lo que como, que son, muchas veces, ensaladas preparadas compradas del supermercado o cosas parecidas, supongo que era normal que tuviese un buen sabor para mí. Tampoco voy mucho a restaurantes y otros tipos de establecimientos similares, la verdad. Miré mi cartera por unos momentos para comprobar si tenía dinero efectivo suficiente. Tenía más de trescientos dólares, así que me sobraba mucho. A continuación, me dirigí hacia al parque en dónde se encontraba, y que estaba un poco lejos. Mejor, así pierdo más tiempo.

Al final, la caminata se me hizo muy pesada, tanto que me harté de andar y decidí ir en autobús, aún cuando sabía que a veces me mareaba durante el viaje y era demasiado agobiante para mí, había demasiada gente. Tal vez debería haber aceptado la invitación del padre de Ekaterina para llevarme en su automóvil, algo que me preguntó antes de irme. También podría al llamar a mi chofer, pero éste fue despedido hace días y no hay sustituto.

O eso u ojala tener carnet de conducir y evitar el transporte público, aunque me falta un año para poder conseguirlo.

En aquel fastidioso viaje me di cuenta de que me sentía incómoda, había algo que me molestaba y no sabía qué era. El autobús no era el origen de aquel fastidioso sentimiento, sino que lo llevaba sintiendo, desde que salí de la casa de Ekaterina. No solo eso, no era la primera vez que lo sentía. Lo estaba sintiendo últimamente, durante en algunos de mis paseos o cuando volvía a casa. Apenas entendía que me pasaba, así que no le di importancia, creyendo que eran imaginaciones mías, o culpa del transporte público. Tras parar en la parada más cercana, anduve un poquito, llegué al parque y vi aquel puesto callejero, rodeado de varias personas que pedían comida.

— Parece que hoy están teniendo buenas ventas…— Comentaba mientras veía lo ocupados que estaban. Por una parte, me alegraba porque retrasaría aún más mi vuelta a casa, y la vez lo maldecía, porque no quería esperar.

Aún así, no eran tan largo la espera como parecía, en menos de unos cinco minutos ya estaba pidiendo a la chica que trabajaba junto con sus padres en aquel puesto callejero. Cuando me vio, me atendió con muchísima rapidez, ignorando a otros clientes que habían estado antes que yo:

— ¡Oh, B-buenos días, hermana! — Parecía nerviosa y esbozaba una forzada sonrisa. — ¡Me alegro mucho de que hayas vuelto al humilde negocio de mis padres! ¡¿Qué es lo que desean!? —

Iba a pronunciar su nombre, pero lo único que recordaba era el mote que le pusieron las amigas de Mao y que no parecía muy adecuado usarlo. Es mil veces más desagradable que el mío y decir “satánica” en público no era una buena idea. Me quedé en blanco, y luego pedí el plato que probé la otra vez.

— ¡Buena elección, hermana! ¡Realmente le encantó lo que pediste la otra, eh! — Y rió de una forma que parecía igual de forzada. Me pregunté por qué actuaba así, mientras se lo decía a sus padres. Después, comentó:

— Por cierto, hoy estás sola…— Ignoró a los clientes que le pedían atención. — ¿Has vuelto de trabajar para la hermandad? —

— Puede decirse que sí. — Y añadí esto, enseñándoles a los clientes, que me dieron la razón y parecían ser muy impacientes: — ¡Por otra parte, deberías atender! —

— ¡Es verdad, verdad! — Eso gritaba, mientras le pedía perdón a los demás y empezaba a preguntar sus pedidos.

Mientras esperaba mi comida, volví a pensar en aquella incomodidad que aún me estaba persiguiendo y carcomiendo por dentro. ¿Qué me estaba ocurriendo? No lo podría entender y eso me molestaba más de lo que me provocaba ese molesto sentimiento. Intenté, entonces, volver a ignorarlo y no darle importancia. Y de repente, oí algo y note una luz brillante detrás de mí, como si fuera un flash. Giré mi cabeza hacia y no vi nada que me pareció sospechoso, solo un banco, unos arbustos y un árbol detrás de éste y personas pasando de un lado para otro. Es decir, todo normal.

Me quedé pensando, preguntándome qué era eso, pero me convencí de que no era nada raro. Seguramente era alguien que sacaba una foto del parque, o a sus familiares, también podrían ser parejas, amigos o a él mismo; pero no tenía que preocuparme.

— Aquí tienes, ¡qué aproveche! — Eso me decía ella, mientras me daba la comida; después de esperar unos cuantos minutos.

— Gracias. — Añadí esto, mientras le daba el dinero. Luego, la alabé un poco: — ¡Sigue trabajando duro! —

— Soy una trabajadora nata, lo mío ya es casi profesional. — Y se puso a fardar sobre su persona, muy orgullosa. Podría haberse dedicado a aladear durante un buen rato, si no estuviera trabajando. Los clientes protestaron y sus padres le gritaron que si tan buena trabajadora se cree, que siguiera y no se detuviera.

Me senté en el banco más lejano y me comí la comida con tranquilidad, mientras veía el venir y devenir de las personas que cruzaban el parque, intentando ignorar lo que sentí antes y mi fastidiosa incomodidad.

Tras terminar mi pequeña cena, ya era de enfrentarme a lo que menos deseaba hacer, volver a casa, a ese hogar al que odiaba con toda mi alma. Mi mente me bloqueaba muy fuerte cada que intentaba pensar que debería irme ya. No quería, e intentaba usar la misma escusa de seguir dando un largo paseo, aún cuando estaba bastante cansada y me dolían las piernas. Miré mi móvil y eran las ocho y media de la noche. Yo me acuesto entre once y media y las doce. Podría acostarme más pronto, pero siempre dedico a estudiar unas horas antes de dormir, empezando a las nueve y media.

Por eso, ya era muy tarde para estar en la calle y tenía que volver a casa, por desgracia mía. Maldije mi horario y mi incapacidad de saltarme a lo acostumbrado, mientras me obligaba a levantarme y empezar a caminar.

Entre suspiros y lamentos, me dirigí con pasos pesados hacia mi hogar, como si me estuviera dirigiendo al matadero, después de ir en autobús en gran parte del maldito recorrido. Al entrar al edificio, uno de los más caros y lujosos del sur de la cuidad, el portero me saludó y yo se lo devolví con pocas ganas, algo que le molestó. Me monté en el ascensor, esperando que se parase de golpe y me quedará un buen rato atrapada; pero funcionaba muy bien.

Cuando tenía la puerta delante de mis narices, me quedé paralizada, con las llaves en las manos, incapaz de atreverme a abrir. Tuve que poner algo de voluntad para abrirlo, y cuando lo hice, solo hubo silencio, más que eso.

— De nuevo, todo está silencioso…— Comentaba, muy decaída. — Me dan ganas de no volver…—

No había nadie, la casa estaba totalmente a oscuras y el silencio era atroz, solo los ruidos de la cuidad lo rompían un poco. Parecía que yo vivía sola en este lugar, pero hay alguien más viviendo en este lugar. Aunque si está aquí, que nunca lo hace; sería absolutamente igual. Es más, mejor que no esté, porque la escasez de comunicación, su total indiferencia hacia mí y su actitud callada, hacen parecer que solo somos dos extrañas viviendo en la misma casa y solo me pondría peor de lo que estoy. Después de todo, vivir con mi madre es así, es como una desconocida que solo me dio nacer en este mundo, nada más que eso.

No me hace daño, no me odia, no se enfada nunca conmigo; pero tampoco se ha preocupado por mí, nunca ha estado conmigo, jamás ha demostrado algo que me muestra que tiene cariño hacia mí, ni apenas me habla. Siento que soy un mueble de la casa para ella, nada más que eso.

Aún así, su increíble indiferencia hacia mí contrasta con toda la inversión que ha hecho en mí. Ha gastado millones en cientos de niñeras para que cuidarán de mí las veinticuatros horas en su lugar. Algunas de ellas se aprovechaban y cogía de más para conseguir sus caprichos. Es más, como no le importaba que me comprara cualquier cosa, e incluso me dejaba abierto el grifo de dinero para mí; le engañaban.

Su indiferencia llegó a tal punto que ni se cuestionaban esas palabras ni me preguntaba nada, se los daba y punto. Si luego ella descubría que estaban abusando, las despide. Si no fuera por eso, algunas de las que fueron muy malas conmigo e incluso me pegaban, hubieran seguido haciéndome daño, sin que ella se dignaba siquiera que me golpeaban.

También me paga una educación muy cara, estoy yendo a uno de los colegios más ricos y exclusivos de toda la cuidad, que solamente la clase alta puede permitírselo, salvo algunas excepciones. Pero lo más extraño de todo es que su único deseo, lo que quiere que yo haga es que herede su posición en la empresa que trabaja. Nada más.

En fin, ¿entonces, por qué yo odio con toda mi alma mi hogar, por qué no puedo soportar vivir aquí? Vivo bien y no sufro un trato malísimo por parte de alguien. No sé si ya se han formado una idea más o menos exacta del por qué, pero se lo diré, aunque a algunos le suene estúpido.

Odio este silencio, que me muestra lo sola que estoy en realidad. Jamás he tenido he comprobado de verdad sentir el cariño y el amor de una madre, aún cuanto tenga la mía, que jamás se ha dignado actual como tal. Mientras las otras familias charlan entre ellos, ya sea comiendo o viendo la tele, o otra cosa; cuando se ayudan, se consuelan o incluso se pelean de forma sana los unos a los otros; yo tengo que intentar buscar cualquiera manera para distraer y evitar pensar en esta soledad que siento en este hogar, y que me agobia, me ahoga sin que pueda hacer nada. Sentir que la persona que te trajo el mundo, para esa ella, no eres más que un simple mueble que fácilmente ignora gran parte de tu vida, es realmente horrible. Pero lo peor es cuando ves que no tienes familia al que poder acudir ni sentirte querido, lo solitario que estás en este mundo.

No recuerdo quién me lo dijo o dónde lo leí, pero decía que el hombre moderno lo que más temía era el silencio, por eso siempre lo evita lo máximo posible. Creo que tiene razón, por lo menos a mi pasa; ya que lo primero que hice fue encender la televisión, algo que ni iba a ver; y subir el volumen.

Necesitaba ruido, cualquiera; para no soportar aquel atroz silencio del lugar. Luego, miré mi móvil y comprobé que hora era. Al ver que yo tenía que haber empezado a estudiar hacia un rato, me puse manos a la obra.

Después de todo, estudiar es lo que hago para poder distraerme. Y me alegro que sea así, porque hubiera usado otras cosas para pasar el rato. Podría haber acabado tomando drogas o entrar en un grupo de chicas delincuentes, en los peores casos. La cuestión es evitar el no hacer nada.

Pero antes de ponerme a estudiar, decidí mirar por un momento la cuidad que brillaba en medio de la noche. Abrí la enorme ventana del salón y miré mi calle. Entonces, paso algo que me dejó compleja.

Desde la ventana de mi maldita casa, que estaba en un tercer piso, vi o noté a alguien escondido entre los coches de la calle, haciéndome una foto, así sin más, y me di cuenta gracias al flash que hizo. Luego, cuando se dio cuenta de que le estaba mirando, salió corriendo a toda velocidad. Yo me quedé boquiabierta, apenas pude reaccionar.

Entonces, recordé cuando noté como vi un flash detrás de mí, mientras pedía comida en aquel puesto callejero. Y luego, ese molesto sentimiento, aquella incomodidad que me lleva persiguiendo hace días. Lo pude entender, fue como si todo de repente tenía sentido.

Estos últimos días había algo raro y es que alguien me estaba siguiendo, me estaba espiando.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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