Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Segunda parte, centésima decimoctava historia.

Realmente me sorprende que pude dormir muy bien aquella noche, después de descubrir que alguien me estaba siguiendo. Me acosté a la misma hora y me levanté como siempre, a las siete de la mañana. Cuando abrí los ojos, recordé rápidamente lo que me pasó hace varias horas:

— Ojala eso hubiera sido un molesto sueño…— Comenté en voz baja, muy molesta, mientras me levantaba de un golpe de la cama para irme directa a la ducha. — Aún no me puedo creer que me estén espiando. —

Si lo pensaba objetivamente, podría haber una especial razón para que alguien estuviera espiándome. No solo por el hecho de que sea de la clase alta o media-alta; sino porque por el puesto de mi madre. Es una ejecutiva de una empresa de petróleo muy poderosa y muy influyente, situada en unos de los puestos más altos de la sede situado en Shelijonia. Y desde hacía meses, se encontraba en mitad de una pelea o algo así. En aquellos momentos, ni me interesaba el asunto y me daba igual, sin saber que todo eso me iba a afectar de primera mano más adelante. No voy a adelantar acontecimientos, pero lo que quiero dejar claro es que llegué a la idea de que me estaban espiando día y noche, estudiando las diferentes maneras de cómo poder secuestrarla, tal vez. Fue lo primero que se me ocurría y me puso la piel de gallina, intenté negar esa posibilidad y pensar en otras, que parecían igual de terribles que la primera.

De todos modos, sea cual sea la razón, era algo muy grave y que debería solucionar lo más rápido posible. Eso me dije, mientras me duchaba.

Lo normal sería ir a la policía, pero no tenía pruebas, sin eso no creo que me harían mucho caso. Así que decidí pillar al que me estaba siguiendo, ¿pero cómo? Tras mucho pensar y pensar, llegué a la conclusión de que necesitaba ayuda y ya sabía quién podría ayudarme.

Al salir del baño, mientras llegaba con esa conclusión, me encontré cara a cara con mi madre.

No me sorprendió verla así de repente, porque entra y sale de la casa como si fuera un fantasma. Ni tampoco que pasará a mi lado como si nada, como si yo no estuviese ahí. Ni siquiera ella se dignó a decirme los buenos días ni a mirarme incluso. Con paso ligero, retumbando el suelo con sus tacones; se fue directa a la puerta de la calle y salió.

Obviamente, observando cómo estaba vestida, llevando un elegante traje de negocios de color negro; sabía que iba a volver a su trabajo. Yo me quedé viéndola, preguntándome si le tenía que decir lo qué pasó anoche, a pesar de que sabía lo que pasaría a continuación.

No me dejaría hablar ni un minuto; y si se lo dijera le daría igual y pasaría de largo. Diría que eso deben ser imaginaciones mías o que no dijese tales tonterías, que ella estaba muy ocupada con su trabajo. Después de todo, para esa mujer lo único que existía en su triste mundo eran solamente los negocios, su empresa; y nada más. Así que, al final, no le dije nada más.

Tan pronto como se marchó, me acordé de que solo estaba usando una toalla e iba a coger un resfriado si seguía ahí. Después de esto, me vestí y seguí pensando en mi siguiente problema, si ir ahora, saltándome las clases; a pedir ayuda a esa persona o ir al instituto y buscarle por la tarde.

Al final, ir a las clases era lo más importante y tras llamar a un taxi, con la máxima precaución y sigilo; me fui al instituto. Y después, me fui a la casa de Mao.

— Buenos días, ¿¡está Mao en casa!? — Tras entrar en la tienda, saludé al empleado que tenía él y que estaba jugando con el móvil, o eso parecía, ya que estaba tan distraído observando su teléfono que no se dio cuenta de que entré. Al oír mi voz, puso el móvil en la mesa nerviosamente y me dijo:

— Buenos días también, ¿señorita…? — Se quedó atascado, al no recordar mi nombre, algo que supongo que es normal, porque no me acuerdo del suyo. De todas maneras, le dije el mío. Luego, él me preguntó esto:

— ¿Le digo que le estás buscando o quiere entrar en el salón? —

— La casa sigue igual de animada y ruidosa, ¿eh? — Comenté una cosa que no tenía nada que ver con la conversación.

Era solo un pensamiento que dije en voz alta, mientras escuchaba como todo el jaleo, ya sean gritos o risas, que producía esta casa.

A alguien que siempre ha vivido en un hogar completamente silencioso podría ser un ambiente insoportable, aunque en mi caso, que debe ser muy especial, me daba muchísima envidia e incluso me tranquilizaba.

De todas formas, al ver que dije algo sin sentido y dejé al empleado extrañado, tuve que decir esto: — Nada, no es nada. Iré entrando al salón, con permiso. — Y me dirigí rápidamente hacia allí.

Y tras cruzar el pasillo, abrí la corrediza y le saludé. Estaba sentado al lado de la mesa, junto con otras dos personas, que le estaba explicando cosas.  También, había dos chicas más, Alsancia, que estaba observándolos desde un rincón; y Jovaka, que estaba distraída por un videojuego. Al verme, los tres se callaron y me miraron. Y Mao, con una expresión de fastidio, me preguntó esto: — ¡¿Tú también quieres qué te ayude!? —

Me sorprendió mucho que lo adivinara, aunque lo más sorprendente de todo esto sea que otras dos personas le pidieran ayuda, en el mismo día y momento que yo. No sé si es una extraña coincidencia o es que está muy solicitado. Por un lado, estaba aquella chica friki que nos había ayudado cuando hicimos la obra de teatro, cuyo nombre era Candy. Por el otro, había un chico que no me sonaba de nada.

— ¡¿Quién es está muchachita tan guapa!? —Y de alguna manera me ponía los pelos de punta, porque parecía actuar como si fuera un de mujeriego, o eso decía su sonrisa cautivadora, típica de los donjuanes. Luego, Candy intervino, sin dejarme presentarme:

— Es una chica que hace obras de teatro, creo que se llamaba “Cock”…— Y para el colmo, tuvo que soltó eso. Me sentí burlada y Jovaka y Mao no pudieron evitar reírse. Ella, al darse cuenta de lo que hizo, dio un grito y empezó a decirme esto nerviosamente: — Espera, espera, no quería decirlo, de verdad. —

— ¡No te preocupes, solo ha sido un pequeño desliz! — Me decía ese chico. — Perdona a la pobre que está muy nerviosa. —

— No importa, todos nos equivocamos alguna vez. — Quedaba claro que solo era un desliz y decidí presentarme: — Por cierto, mi nombre es Grace Cook. C-O-O-K, ¿entendido, Candy? — Ella movió la cabeza con una sonrisa de vergüenza, y luego ese chico, llamado Nehru se presentó de forma muy inusual, actuando realmente fabuloso y egocéntrico.

— Y bueno, ¿a ti qué te pasa? — Me preguntaba Mao, mientras me sentaba en el suelo. — ¿Quieres hacer otra obra de teatro o qué? —

Yo moví negativamente la cabeza, antes de explicarle la situación: — La verdad es que sospecho… — Modifiqué la frase. — No, creo firmemente que alguien me lleva siguiendo y sacando fotos, no sé cuántos días, pero ayer me di cuenta. Como no tengo pruebas, la policía no me hará caso, así que te pido ayuda, a que me ayudes a atrapar a quién sea el que me está vigilando. —

A continuación, el salón se envolvió en un silencio incómodo, solo roto con la música que estaba saliendo de los altavoces de la televisión. Bueno, eso era normal, los dejé muy consternados ante tal cosa y empecé a dudar si Mao quería participar en esto. Entonces, alguien golpeó con las palmas de sus manos contra la mesa, mientras se levantaba violentamente:

— ¡¿E-en serio!? ¡¿De verdad!? ¡Eso es grave, muy grave! — Gritaba Candy.

— Eso sí que es aterrador, linda dama. Realmente no significa nada bueno.  Mi problema no es nada comparado con lo mío. — Añadió ese tal Nehru, mientras hablaba como un presunto seductor.

— Ni el mío. — Intervino de nuevo Candy, muy nerviosa. — ¡Tenemos que hacer eso! —

Mientras esos dos comentaban, yo esperaba la respuesta de Mao, que estaba muy callado y serio. Entonces, preguntó esto, no me esperaba esa pregunta: — ¡¿Y la hermana mayor, Ekaterina, sabe algo!? —

— No es un problema de la hermandad. Ella está muy ocupada liderándolo, no podemos ponerla asustada con algo como esto. —

Si se enterase de que me estaban siguiendo, se preocuparía demasiado, al punto de que podría cometer algunas barbaridades para mantenerme a salvo, y ya tiene bastante estrés y muchísimas preocupaciones con la hermandad y los problemas sociales de la cuidad, que los intenta paliar utilizando nuestra organización. Después de todo lo que hizo por mí, no debería darle un susto de ese calibre. Por eso, en la escuela, me anduve con mucho ojo, mientras le pedía permiso para un día libre:

— ¿¡Quieres tomar un pequeño descanso!? —

Eso me preguntó muy sorprendida, algo normal, ya que casi nunca falto a nuestro trabajo. A continuación, le dije:

— Sí, solo será esta tarde. Tengo asuntos urgentes por atender. — La vi con ganas de preguntarme qué era, y tuve que añadir algo: — No es nada grave, así que no te preocupes. —

— Entiendo, espero que los puedas solucionar. — Eso evito que intentará averiguarlo, creyendo que era un tema que no me atrevía comentar por el momento.

Tras oír mi respuesta, Mao dio un suspiro y se levantó, gritando seriamente esto: — ¡Qué remedio! Habrá que pillar a esa persona, antes de que pase algo grave. — Luego, se dirigió a esos dos: — ¡Candy, Nehru! Ustedes también ayudarán.—

— ¡¿Espera, espera, qué!? — Gritó muy sorprendido, llegando a escupir una botella de agua que no sé de dónde salió, como si no quería participar. Pero luego, con actitud presuntamente caballeresca, dijo estas palabras, para quedar bien: — Nada, nada. Yo siempre ayudo a una dama en apuros, así que participaré en esto. —

— Nuestro gran deber como buenos ciudadanos es evitar estas horribles situaciones desagradables como estas. Así que ayudaré, aunque da miedo. — Añadió Candy, mientras intentaba poner una especie de pose ridícula, seguramente salido de los comics que ella ve, supongo.

— Gracias con su colaboración, vuestra ayuda será valiosa. — Me puse bien las gafas y continué: — Bueno, pero antes de todo, tenemos que trazar un plan…—

— Tienes razón. Déjamelo a mí, ya se me ocurrirá algo…— Añadió Mao.

No pasó ni un minuto, cuando se le ocurrió algo que, a pesar de su simpleza, todos habíamos aceptados a utilizar. Y así, una hora después, salimos a la calle y lo pusimos en marcha.

Yo estaba por el parque andando tranquilamente, yendo sola y actuar como siempre. A lo lejos, Mao, la friki de Candy y ese tal Nehru me observaban, intentando actuar con normalidad, buscando a esa persona que me estuviera siguiendo.

La verdad es que no estábamos seguro o no si podría aparecer, ya que yo extremé todas las precauciones para evitar el seguimiento mientras iba a la casa de Mao.

También me preocupaba que la persona que me espiaba viera mi comportamiento raro, después de yo actuara con cautela toda la mañana. De todas formas, nosotros lo pusimos en marcha.

Al ver que no había ningún movimiento sospechoso, decidí salir del parque y dirigirme hacia la calle, después de decírselo por teléfono a Mao:

— No hemos visto nada aún. Los únicos sospechosos somos nosotros, todo el mundo nos ve con malos ojos. — Eso me dijo, respondiendo la pregunta que le hice. También oía a Candy quejándose, preguntando cuándo iba a salir esa persona; y a ese tal Nehru, cuestionando si me estaban siguiendo. Al final, al ver que dar vueltas por el parque parecía inútil, decidí hacer otra cosa:

— Entonces, cambiemos de planes. Salgamos al parque. —

Y tras salir del parque y dar unos pasos por la tranquila calle, recibí otra llamada de Mao.

— Hay alguien, siguiéndote…— Me decía en voz baja, tanto que apenas le oía. — Aparte de nosotros, claro…— Pero pude comprender lo que decía.

— ¡¿En serio!? — Casi iba a dar un grito, pero pude tranquilizarme y poner un tono de voz aceptable para la situación.

— Sí, y te está haciendo una foto mientras estás hablando. — Añadió Mao, mientras notaba un flash detrás de mí. Ni siquiera me atreví a mirar hacia atrás, fingí que no lo había visto.

— ¡¿Qué aspecto tiene!? — Luego, le pregunté esto.

— Es muy sospechoso. — No me dijo una gran descripción. — Bueno, ¿qué hacemos? ¿Lo pillamos ahora? —

Tras escuchar esa pregunta, yo me quedé pensado durante unos cuantos segundos, mientras observaba discretamente la calle. Había un montón de vías atravesando a ésta, más algunos terrenos sin construir por dónde podría huir fácilmente. Necesitábamos acorralarlo en un sitio en dónde no escaparía de nosotros. Al pensar un poco, pude encontrar una solución:

— Ya sé lo que vamos a hacer. Voy directa a tu casa. —

— Espera, ¿¡qué…!? — Mao dio un gran grito de enfado, pero luego se dio cuenta de mis intenciones y añadió: — Ya veo, entrar en mi barrio es como una sentencia de muerte para él, ¿verdad? — Le respondí que sí.

Después de todo, el barrio de Mao estaba formado por calles estrechas y  laberínticas, un lugar perfecto para montar una emboscada.

Cambié de dirección y me dirigí hacia allí, y luego entré en el barrio, llegando a una callejuela sin salida. Ya no hacía falta que le dijera algo a Mao y a los demás, ya estaba atrapado. Esa persona estúpidamente me siguió, entrando en aquella pequeña y estrecha calle y, al intentar ir hacia atrás para evitar que le viera si me daba la vuelta, se encontró con ellos:

— ¡Caíste en la trampa!— Eso dijo Mao, y yo decidí dar la vuelta y encontrarme cara a cara con esa persona.

En el principio de la callejuela se encontraba Mao, Candy y Nehru, con los brazos cruzados, con miradas amenazadoras, observando a esa persona que habían cortado el paso. Y sí, llevaba unas pintas muy sospechosas; tenía un gorro de lana de color rosa, con una enorme gabardina marrón clarito, tenía puesto además unas gafas de sol y una especie de tapaboca. Algo que me sorprendió fue que era bastante bajito, con la altura de un chico de doce o trece años.

— Así que tú eres la persona que me ha estado siguiendo y sacando fotos, ¿no? — Eso le dije, después de observarlo.

No me dijo nada, estaba temblando como un flan, mirando por todas partes en busca de una salida para poder escapar, era incapaz de asimilar que ya estaba atrapado. Al ver que no quería contestarme, tuve que exigirlo de nuevo:

— ¡¿Quién eres y por qué me estás siguiendo y sacando fotos!? —

— ¡Vamos, contesta! — Y Mao también me ayudó. También los otros dos: — Eso, eso. Dilo de una vez. —

Entonces, aquella persona empezó a mirarnos de un lado para otro con todo el nerviosismo del mundo, mientras se mordía las uñas. Al final, rompió a llorar y cayó de rodillas hacia al suelo. Luego, empezó a hablar:

— Lo siento mucho, no estaba haciendo nada grave ni nada parecido. Solo la estaba espiando, nada más. —

Nos quedamos boquiabiertos cuando oímos su voz. No era la de un adulto, sino la de una chica. No lo podríamos creer, aunque supongo que debíamos darnos cuenta por la altura que tenía.

— ¡¿Una voz de niña!? — Gritó Candy. — ¡¿Espera, qué!? — Exclamó ese tal Nehru. Los dos estaban igual de sorprendidos.

— ¡¿Nada grave!? — Aunque Mao estaba mucho más sorprendido por sus palabras que por el hecho de que era una niña. — ¡Lo que estás haciendo puede ser considerado un delito, sabes! —

— ¡¿Ah, en serio!? — Empezó a reír. — ¡Nunca lo había figurado! — Y al parecer, ni sabía lo que estaba haciendo, algo que nos dejó consternado, preguntándonos si era idiota.

Entonces, se quitó las gafas y el tapabocas, mostrándonos su rostro, que era la de una chica, con ojos grandes y una nariz pequeña, más algunos rasgos que parecían de origen árabe. Luego, hizo lo mismo con su gorro, liberando a su cabello de la inusual prisión, extendiéndose como si hubiera crecido de repente. Era un pelo muy esponjoso, que formaba una especie de afro que te hacía preguntar cómo pudo contenerlo dentro de esa prenda. Por alguna razón, se me hacía familiar, aunque no sabía el porqué. Luego, como si no hubiera hecho nada malo, se levantó del suelo y nos dijo, hablándonos como si fuéramos sus colegas o sus amigos:

— Perdón, perdón, no sabía que lo que estaba haciendo estaba mal. Bueno, ya que hemos entendido el malentendido, ¿puedo irme, verdad? —

Eso solo empeoró su situación, si creía que iba a escurrir el bulto diciendo tal cosa estaba muy equivocada. Solo provocó que me enfadase aún más y que todos nos pusiéramos más serios que antes, algo que se dio cuenta:

— ¡¿Por qué no dicen nada, gente!? ¡No tienen que estar tan serios, ya he aprendido la lección, ahora puedo irme! — Nos decía esa chica con mucho nerviosismo.

— ¡¿Dime quién eres y por qué me estabas espiando!? — Entonces, yo le volví a exigir eso y ella siguió negándose a decirlo:

— No es nada, ¡así que no te preocupes! —

Tras decir eso, intentó acercarse un poco hacia a la salida, pero Mao le gritó esto, dejándole claro que no se iba a librar fácilmente:

— ¡No te irás hasta que lo digas, niña! —

— Bueno, solo es una niña…— Aunque Candy intentó reblandecer a Mao, aunque las miradas asesinas que le dimos los demás la hicieron cambiar de idea: — Vale, vale. —

Estuvimos así, mirándola fijamente para intimidarla y que dijera toda la verdad, durante varios segundos; y ella apenas lo pudo aguantar:

— ¡Qué remedio, solo estaba haciendo de detective privado, nada más! ¡¿Ahora, puedo ir…!? — Pero decía la verdad por cuenta gotas.

¿¡Qué quería decir con qué estaba actuando como un detective privado!? Eso solo me dejo más preguntas que respuestas, ¡¿qué sentido tiene que una niña me estuviera investigando!? No lo entendía, para nada. Yo me puse a exigirle aún más, sin parar, gritándole una y otra vez para que me dijese la toda verdad:

— ¡Ok, ok, os lo diré! ¡Toda la verdad! — Entonces, empezó como si fuera un malo que iba a confesar los motivos de sus crímenes. — Siempre supe que iba a salir a la luz. — Y también se puso demasiado prepotente. — En verdad, yo te he estado investigando un montón, estudiando tus hábitos, tus manías y todas esas cosas. Todo esto, para enseñársela a una querida amiga, para mostrarle cómo es el día a día de su hermana. — Terminó la frase de la forma más llamativa posible, soltando algo que me sonó realmente ridículo.

— ¿¡Qué, “hermana”!? Oye, ¡déjate de bromas! Yo no tengo hermanas, soy hija única. — Ya me estaba hartando de sus tonterías, quería enseñarle que las bromas tenían un límites. Y tras oírme, esa chica rió como si estuviera burlándose de mí, o más bien, como si le parecía gracioso que le creyese, o solo se estaba haciendo la interesante. Entonces, dijo esto:

— Eso es lo que creía ella también hasta que descubrió que tiene una media-hermana. — Me quedé boquiabierta, incapaz de entender ya si era una broma o no. Al ver, mi reacción, lo repitió de nuevo, para dejármelo claro:

— ¡Sí, tienes una “media-hermana” y me pido que te investigase! —

Esas palabras fueron suficientes para dejarme en shock, y los demás se quedaron callados, casi igual de impactados que yo. Realmente, nadie se lo esperaba tal afirmación.

Esa chica siguió hablando animadamente, sin darse cuenta de cómo me sentó aquellas palabras:

— ¡¿A qué es una sorpresa, a qué sí!?¡No todos los días descubres que tienes una hermana, la verdad! —

Al no notar respuesta por mi parte, me observó y empezó a preguntarme esto: — ¡¿Te pasa algo, por qué están tan pálida!? ¡Di algo, por favor! —

Al parecer, esa chica no era muy inteligente para entender cómo me dejó aquella inesperada noticia, mientras intentaba asimilar aquellas palabras y buscar una explicación racional para entender el hecho de que una idiota desconocida se pusiera a investigarme y relacionarlo con la idea de que tuviera una hermana. También intentaba tranquilizarme, evitar que algo que no se ha confirmado como tal me provocase tal reacción, pero era inútil.

¡¿Cómo es posible que, tras dieciséis años de vida como hija única, tuviese una hermana o hermanastra, así de repente!?

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

 

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