Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Tercera parte, centésima decimoctava parte.

Lo siguiente que nosotros hicimos fue ir a la casa de Mao, con el propósito de seguir charlando con aquella chica en un lugar más ameno y tranquilo. Esa callejuela no era el mejor lugar para entender racionalmente lo que me habían dicho, porque eso casi me dio un enorme choque emocional.

— ¡Qué yo tenga una hermana…! ¡Qué gracioso, qué gracioso…! — Eso decía yo, mientras reía de forma lúgubre, intentando asimilar lo que oí.

El resto me miraba poniendo una cara que decía con claridad que me había vuelto loca, había perdido la cabeza o algo parecido, con algo de lástima hacia mi incomprensión, comprendiendo un poco lo chocante que era tal noticia. Bueno, todos, menos una persona, la misma que pillamos con las manos en la masa, la que me estaba espiando y me confesó que lo hacía porque una supuesta hermana mía se lo pidió.

— ¡¿De verdad, esto es necesario!? ¡Yo ya aprendí la lección, así que me gustaría volver a casa! — Añadía graciosamente, como si ella no estuviera haciendo nada grave, como si solo hubiera hecho una simple travesura.

Nadie le respondió, solo le miramos con unas caras de mala leche que le dejaban claro que debía callarse y no seguir soltando chorradas:

— ¡Qué tenso está el ambiente! — Exclamó en voz baja, al poder sentir, aunque fuera un poco, las malas vibraciones que sus palabras producían.

Menos mal que aquel paseo incómodo siguió para algo, ayudándome a refrescar mi cabeza y poder pensar con claridad.

Al llegar a la casa de Mao, tras volver a saludar al chico que estaba en el mostrador de la tienda, la chica que trajimos comentó esto:

— ¡Este lugar es muy raro, parece como si estuviéramos en la casa de unos chinos! ¡¿Nos hemos teletransportado a China o qué!? — Ella empezó a reír como una idiota, pero al ver que su chiste no cuajaba entre nosotros, que seguíamos poniendo mala cara hacia ella, añadió: — ¡Solo era una broma, pequeñísima broma! —

Tardamos un poco en entrar en el salón, ya que Mao entró en él para pedirles a los que estaban ahí que salieran porque iban a hablar de cosas importantes. Solo encontró a Clementina y a Diana, sorprendido por el hecho de que Alsancia y Jovaka decidieran haber salido a la calle hace poco. Les pidió que fueran al parque a jugar y aceptaron la propuesta.

Finalmente, nos pudimos sentar para poder charla con aquella chica, para descubrir si decía la verdad o solo estaba soltando estupideces.

— ¡¿Tenemos que sentarnos en el suelo!? ¡Esto es nuevo para mí! ¡Es como si hubiera vuelto a la prehistoria! — Y empezó a reírse de nuevo, como si aquello que dijo fuera algo gracioso.

— ¡Deja de decir cosas que no tienen ni puta gracia! — Le replicó Mao, mientras todo el mundo se sentaba.

— Yo pensaba que sí. — Eso les dijo la chica, poniendo cara de idiota, mientras buscaba la mejor forma de sentarse en el suelo.

— Bueno, usted tiene un curioso sentido de humor, si te digo la verdad. — Añadió Nehru, diciéndole que era malísima soltando chistes, pero de forma caballerosa. — Pero si a te parecen buenos, pues lo serán. —

— La verdad es que no son muy buenos. — Y Candy también intervino, teniendo que sinterizarse con la chica.

— De todos modos, no me interesa tu sentido de humor. Lo que yo quiero saber es si es cierta tu afirmación, de que tengo una hermana y que te pidió que me investigaras. Te exijo a que me cuentes todo. —

Le dije esto con toda mi seriedad, le dejé claro se dejará de hacer la idiota y nos explicará de una vez la situación.

— ¡Qué pereza! En fin, yo nací en un…— Y en vez de eso, esa chica se puso a contar su vida. Creo que no se hacía la tonta, sino que era idiota de verdad.

— ¡No me cuente tu vida! ¡Lo que quiero saber por qué una supuesta hermana te pidió que me investigara! — La detuve, sus tonterías ya me estaban poniendo de los nervios.

— Aunque nos podría decir tu nombre. — Añadió Candy.

— ¡Pues a ver empezado por ahí…! — Puso una cara que parecía decirnos que no teníamos remedio, antes de continuar. — Bueno, el nombre de esta chica tan adorable es…— Y dio una pausa tan larga e innecesariamente molestas, que tuvimos que gritarle esto:

— ¡Dilo de una vez! —

— Vale, vale, solo quería darle suspense. — En verdad, parecía más que lo estaba haciendo para seguir burlándose de nosotros que otra cosa. — Yo me llamo Nabila Ashcorp. Encantada de conoceros. —

— ¡¿Nabila!? ¡Qué nombre tan lindo tienes! — Comentó Candy, y luego el otro intervino: — ¡Digno de una dulce y traviesa dama! —

Nabila les respondió, diciéndoles que sí, que lo era; mientras reía de la vergüenza. Ellos siguieron adulando su nombre, olvidándose de que aún no había empezado a contarnos lo importante.

— A esta gente le gusta mucho irse por las ramas…— Añadió Mao, al ver como yo estaba poniendo una expresión malhumorada. Tuvo que darle la razón: — La verdad es que sí. —

— Bien, bien, tu nombre es muy bonito. Pero quiero que me lo cuentes de una vez. — Intervine finalmente, para redirigir la conversación.

— ¡¿El qué!? — Con ganas de estallar como un volcán, yo le dije que me dijera porqué me espiaba, mostrando una falsa tranquilidad. — ¡Ah vale, se me había olvidado! — Y finalmente empezó a contar lo que quería saber.

— Bueno, todo empezó cuando mi amiga me contó que había descubierto algo que la dejó boquiabierta, sin palabras. Después de que ella entrará en el despacho de su padre sin su permiso, porque éste se llevó sin querer algo suyo; mientras buscaba entre los cajones y se le cayera uno al suelo encontró unos papeles importantes. —

Nos pidió una pausa porque quería beber agua, ya que se estaba muriendo de sed. Luego, continuó, después de soltar algunas estupideces:

— Pues eso, se encontró con unos papeles raros y los leyó. Y eran el de un detective privado que le explicaba cómo te investigo. —

— ¡Espera un momento! ¡¿Quieres decir que antes de que tú lo hicieras, un señor me estuvo espiando para contárselo al padre de tu amiga!? — Yo la interrumpí, bastante sorprendida y trastornada.

Es decir, ¡¿antes había sido espiada y no me había dado cuenta!? ¡No me lo podría creer! ¡Era muy desagradable descubrir que habías sido investigada antes por un detective que fue contratado por un completo desconocido! Apenas podría pensar bien, mi indignación dominaba mis sentimientos.

Y lo peor de todo fue esto: — ¡No es solamente su padre, es tu padre biológico! —

Aquellas palabras lo sentí como si hubiera sido golpeada fuertemente por un boxeador profesional, creo que esa descripción es lo más aproximado. Me quedé con la boca abierta, mostrando un rostro que daba muecas de incredulidad y consternación. Los demás, bastantes sorprendidos, me preguntaron si estaba bien y no era capaz de decirles algo, ni siquiera de soltarles que obviamente no. Tardé mucho en reaccionar, más bien, en encontrar una forma de explicar por palabras, ya fuera de una forma muy insuficiente, todos esos miles de sentimientos feos que perturbaban mi usual mente fría y tranquila:

— ¡No me lo puedo creer! — Empezó a reír como una posesa. — ¡Jamás me contaron quién fue mi padre ni cómo nos abandono, el maldito nunca me contacto ni nada parecido, y ahora me entero de su existencia de esta estúpida forma! —

Por unos momentos parecía una loca, mientras gritaba todo y reía de tal forma.

— ¡Primero, me dicen que tengo una hermanastra, y luego me dicen que conocen a mi padre biológico! ¡Qué día tan alocado tengo! —

Y esa reacción provocó alerta a los demás. Mao me soltó esto, después de ver cómo había traspasado mis límites:

— ¡¿Estás bien, de verdad!? ¡¿Podemos dejar esta conversación más tarde!? ¡Casi estás al borde de la locura! —

Ahí me di cuenta de que tenía que tranquilizarme y enfriar mi pobre cabeza enseguida. Alguien como yo, cuya imagen era de una persona fría y serena, no podría ponerse así, solo por tal descubrimiento.

Me golpeé la cara con las palmas de las manos una o dos veces, me serené y les dije con toda frialdad:

— ¡No, no! ¡No os preocupéis! ¡Quiero seguir! En realidad, ha sido una reacción muy exagerada de mi parte. Si lo piensan fríamente, tiene mucha lógica. Demasiada, diría yo. — Cuando mis sentimientos ya se habían calmado, era fácil de aceptar y de comprenderlo.

Por lo menos, aquel cabrón, que ni siquiera tuvo la decencia de mostrarse ante mí, sintió algo de preocupación y quiso saber sobre mi paradero.

— ¡¿Entonces, qué pasó!? ¡¿Cómo decidió pedirte un favor e imitar a su padre, haciendo que tú te volvieras su detective!? —

Eso le dije a Nabila, a continuación, dispuesta a seguir la conversación sin perder de nuevo los estribos.

— Por lo que me contó, se quedó muy sorprendida. Luego, se puso muy contenta y muy feliz por tener una hermana. Quería acercarse a ti, con la intención de conocerte. Aunque la verdad, había un problemilla. Ella no sabía cómo acercarte a ti. Entonces, yo le di una idea. —

Entonces, se puso a hacer teatro, intentando parecer una persona noble y que ayudaba a los demás:

— ¡¿Y si yo investigo a tu hermana, conozco todo lo que le gusta y lo que no, cómo es y demás cosas!? Así, podrás tener una idea de cómo llegar a ella. —

— ¡¿En verdad, harías eso por mí!? — Eso decía, actuando como si fuera su amiga, más bien, mi “hermana”; como si hubiera la pobre víctima que encontró a su salvado o algo parecido.

— Si, porque soy una buena amiga. — Añadió solemnemente.

— ¡Solo lo hacías por tu amiga! ¡Qué bonito! — Y para nuestra sorpresa, alguien se emociono, que no era nada más ni nada menos que Candy.

A continuación, Nabila  arruinó aquella impresión que le dejó a la friki, como si lo hiciera a propósito, con estas palabras:

— En realidad, solo lo hacía porque me parecía divertido, era como ser un paparazzi, hasta le vendía información si me dejaba cinco dólares. —

— Bueno, mientras ella estaba feliz. — Añadió Candy, algo desilusionada.

— Creo que ella se ha obsesionado un poco, la verdad. No deja de hablar de lo increíble qué es su hermana, ¡Es muy inteligente, muy seria, muy “no sé qué”! Hasta se le ha pegado tus raras aficiones, como el leer revistas de chicos que se disfrazan de chicas. —

— ¡¿En serio, dice todas esas cosas de mí!? — Eso le pregunté yo muy sorprendida, ignorando eso último que dijo y que nos dejó boquiabiertos.

— ¡Pues sí, y es muy pesada cuando se pone ese plan! — Añadió Nabila, poniendo gestos que mostraba lo fastidiada que ésta cuando su amiga se ponía a hablar sobre mí. Yo ignoré eso último, porque no podría asimilar lo que me habían dicho. No podría creerlo.

— ¡Ay, por favor! ¡No me puedo creer que alguien piense eso de mí, de esa forma! — Me puse muy colorada y feliz, poniendo una sonrisa de boba tan obvia que asustó a los demás, que jamás vieron algo así en mi rostro.

— ¿¡Qué te pasa!? — Me preguntó Mao. — ¡¿Te está entrando fiebre o qué!? —

— ¡¿Tanto te sorprendes por eso!? — Añadió Nebila, algo sorprendida.

— ¡No es nada! ¡Es que…! ¡Bueno…! Es la primera vez que me alguien habla así de mí, no estoy acostumbrada. — Al darme cuenta que estaba poniendo un rostro muy extraño, tuvo que poner la de siempre.

Bueno, por lo que yo recuerde, apenas había personas que han hablado de mí de esa manera. Siempre era tratada y descrita de forma despectiva. Mi presunta seriedad y frialdad, mi lado trabajador y estudiosa, siempre eran tratados como si fueran parte de un ser humano frío y sin corazón. Apenas han habido personas que han visto algo positivo en mí, ni menos que se hubieran quedado maravillas por tu personalidad. Era algo muy raro para mí, que consiguió ponerme extrañamente feliz.

— ¡¿Y eso es todo!? ¿¡Algo más que debemos saber!? — Le pregunté a continuación, al ver que dejó de hablar y solo estaba estirazándose.

— Pues no, la verdad es que no. — Aún así, había algo que, en cierto modo, dudaba, y que se lo dije claramente:

— Pero, de verdad, ¿es cierto qué somos hermanas, cien por cien? — Yo empecé a dudar, a pensar de que su amiga se hubiera equivocado.

— Por supuesto que sí. — Añadió sin duda alguna, antes de soltar una estupidez más: — ¡¿Y qué mejor prueba que pedir una pizza repleta de carne con cuatro quesos!? — Todos nos quedamos muy extrañados, preguntándonos de dónde sacó tal pregunta.

— ¡¿Y qué tiene que ver eso con lo que estábamos hablando!? — Le preguntó Mao.

— Bueno, es verdad que me ha entrado mucha hambre. — Casi todos le miraros mal, algo cansados por las cosas absurdas que decía; pero añadió esto: — Pero…—

— ¡¿Pero!? — Repetimos como loros.

— La verdad es que ella también es vegetariana por necesidad, no puede tolerar bien la carne como tú. La última vez que pedimos una pizza y ella tomó un trozo, estuvo con diarrea, vómitos y dolores toda la noche. —

Eso me dejó muy sorprendida, porque eso me pasaba igual a mí. Comer carne se me hacía muy molesto, ya que apenas lo podría tolerar. Sí a ella también le pasaba lo mismo, tal vez podría ser una señal de que estábamos relacionadas por la sangre. Era una prueba muy sólida, porque sabía que mi problema con casi todos los alimentos de origen animal es genético.

Mientras asimilaba que era muy posible que fuera verdad, Nabila siguió hablando:

— Y si tú hicieras lo mismo, también te pasaría lo mismo. — Y me dieron ganas de matarla.

— ¿Quieres ponerme enferma a conciencia, excusándote con que eso era una prueba, cuando solo tienes hambres? — Eso le dije a Nabila, mientras controlaba mis ansias de matar.

— ¡Algo así! — Añadió con sinceridad. Esa chica me quería destrozar el estomago solo para llenar el suyo. No me lo podría creer.

— Si tienes hambre, cómpralo con tu propio dinero. — Intervino Mao, con una expresión molesta. — Yo no me voy a gastar dinero en una desconocida como tú. —

— ¡¿Y ustedes dos, cuál es el favor que querían que les hiciera!? — Luego, se dirigió a Nehru y a Candy.

— Pues bueno, yo necesito mostrarles a mis amigas que existes de verdad, para que no me tomen por una loca ni nada parecido. — Eso le respondió Candy.

— Solo quería que me buscases un buen fontanero, nada más. — Añadió Nehri.

— ¿¡Solo eso!? — Puso una cara de pura decepción y de cansancio. — ¿¡Y para estas cosas me buscan!? Toma una foto, no tengo ganas de visitar a tus amigos. — Busco un libro lleno de fotografías y le dio una, en dónde salía vagueando. — Aquí está el número de uno muy bueno y barato. — Luego, buscó en una agenda y escribió en un papel un teléfono al otro. — ¡Y ahora, déjenme en paz, que quiero dormir! —

— Pero si aún es de día…— Le replicó Candy, al ver que empezó a subir por las escaleras.

— Estoy cansada y quiero una siesta. Ya hemos solucionado vuestros problemas, así que ya he terminado con mi trabajo. — Dio un pequeño estirón, mientras bostezaba. — Vosotros podréis seguir hablando, pueden permanecer en esta casa hasta que sea de noche. — Me parecía que tenía demasiada confianza en nosotros, por dejarnos solos en el salón, mientras se ponía a dormir. Aún así, se fue a su cuarto y entró ahí.

Me quedé algo extrañada por aquel comportamiento, era como si quería quitarse lo más rápido del medio por alguna extraña razón. Y parecía que él estaba algo molesto, más bien, como si estuviera triste. Bueno, fue algo extraño. Todos nos quedamos observándolo y cuando ya no estaba, Candy comentó:

— Pero si les he enseñado fotos suyas y no se lo creen. — Puso una cara de preocupación. — Parece que hoy no está de buen humor. —

— Pues, ¿¡entonces, quién se encargará de comprar la pizza!? ¡Yo lo haría, pero no tengo dinero, apenas! — Nabila habló, sin darle importancia a lo que pasó.

— ¡¿Aún sigues con eso!? — Le repliqué algo molesta. Luego, me puse bien las gafas y añadí esto:

— En fin, si la anfitriona no está aquí, creo que deberíamos finalizar esta charla. Por lo menos, en otro sitio. — Me sentía muy incómoda seguir hablando de esto en su casa, cuando Mao se había quitado del medio.

— ¡¿Y la pizza!? ¡Qué tengo mucha hambre! — Y la otra seguía con lo mismo. Al final, tuve que prometerle comprarle una pizza.

Tanto Nehru como Candy me dieron la razón, tampoco les interesan mucho no estar en el salón con Mao durmiendo en su habitación. En cierta forma, ya le dijeron lo que querían y tenían cosas que hacer, así que lo mejor sería marcharnos.

— ¡¿Y ahora qué harán, señoritas!? — Me preguntó Nehru a continuación, mientras nos preparamos para salir. — Ya que como todo este asunto ha salido a la luz…—

— La verdad es que no lo sé…— Ni siquiera sabía qué hacer con esa chica llamada Nabila y que tuve que invitarla a comer. — Aún me cuesta mucho asimilar todo lo que ha pasado hoy. —

— ¡¿Pero a qué es una gran noticia!? ¡Descubrir que tienes una hermana, es toda una enorme sorpresa! ¡Deberías conocerla pronto! — Añadió Candy, que parecía muy feliz por mí. Muchísimo más que yo.

— No sé…— Le respondí con mucha inseguridad. — Quiero darle un poco de tiempo, antes de aventurarme a hacer algo. —

Era muy extraño lo que estaba sintiendo en aquellos momentos. Yo estaba feliz a la vez que triste, muy indecisa y, por raro que parezca, tenía mucho miedo de conocerla. No sé cómo podría explicar todo eso perfectamente.

Más bien, creo que yo tenía un enorme temor a que estos acontecimientos cambiarán toda mi vida y lanzarme a un mundo totalmente desconocido para mí. Además de que no quería hacerme algunas expectativas que me podrían defraudar o que esa chica del que no conocía de nada pero era mi hermana, al verme en persona, se podría desilusionar demasiado. Por otra parte, también quería conocer a aquella niña que tanta estima tenía hacia mí.

Mientras Candy se daba cuenta de cómo estaba y decidiera animarme a aventurarme a conocerla, un grito de Nabila atrajo nuestra atención:

— ¡Ah, mis oídos! ¡No grites tan fuerte! ¡Me vas a destrozarlos! — Eso decía ella, mientras sostenía un móvil en una mano y tuvo que aparta su oreja de golpe, porque unos grandes chillidos de euforia salieron de ahí.

— ¡¿Qué estás haciendo!? — Le pregunté, poniendo una cara de espanto. Me di cuenta de que estaba llamando por el teléfono a alguien, deseando que ella no estuviera hablando con mi hermana.

— ¡Oh, pues lo has dicho muy tarde! ¡Estoy hablando con ella, y está muy feliz de que me hayas descubierto! — Gritos de felicidad que apenas uno podría traducir salían del móvil. — ¡Dice que ahora mismo ella quiere conocerte! — Parecía que la voz del teléfono me intentaba hablar, aunque no se le entendía apenas nada más. — ¡Qué ira para allá! —

— ¡Espera, espera, dame un poco más de tiempo! — Grité muy nerviosa y muy roja, incapaz de entender porque tenía que ser ahora, cuando ni siquiera había asimilado todo lo que pasó en ese extraño día.

FIN DE LA TERCERA PARTE

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s