Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Cuarta parte, centésima decimoctava historia.

Media hora después, en el parque más cercano al barrio de Mao, estaba esperando a mi supuesta hermana, acompañada de Nabila, Candy y Nehru.

— ¡¿Qué hago, qué hago!? — Yo gritaba sin parar, mientras daba vueltas por el banco en dónde estaban sentados los demás, con las manos puestas sobre la cabeza. — ¡Es demasiado pronto, aún no he podido asimilar todo lo que ha pasado hoy! —

Las cosas estaban pasando demasiado deprisa, aún no me había recuperado de todo lo que descubrí aquel día e iba a ver en persona a alguien que yo nunca visto pero que era hermana mía. No puedo negar el hecho de que había perdido los estribos y toda imagen de frialdad y racional que tenía se hundió, por lo menos, delante de esas tres personas.

— ¡Jajaja, qué linda! — Añadía Candy, yo no sabía si estaba feliz por mí o se estaba burlando de mi reacción. — ¡La pobre está llena de emoción por conocer a su hermanita! —

— ¡Eso parece! ¡Al parecer, la primavera floreció en ella, después de tanto tiempo! — Y no entendía, para nada, lo que intentaba decir Nehru. Si era algo poético, pues le salió fatal, apenas tenía sentido.

— ¡Cuánto tarda! — Protestaba Nabila. — ¡Me estoy aburriendo! — Sacó su móvil y se ponía a llamarla de nuevo para exigirle que fuera más rápido a nosotros.

Al ver que ella le iba a llamar, tanto Candy como Nehru acercaron su oreja lo más posible y discreto para escuchar la conversación, y yo solo me puse más nerviosa de lo estaba.

— ¡Hola, Jane! — Le contestaron al momento. — ¡¿Cuándo vas a venir!? ¡Estoy harta de esperar y tú hermana está de los nervios! — Le repliqué que no lo estaba. — ¡Lo intenta disimular, pero se nota! — Y ella se burló de mí, además. Instintivamente, le mentí, diciendo que no y eso le daba más material para molestarme: — ¡Ven pronto, qué te está esperando impacientemente! —

No dije nada más, cualquier declaración que hiciera solo servía para que me molestaran aún más, además de que dejé que ella siguiera hablando con mi hermana sin más interrupciones mías. Todos estuvimos en completo silencio, esperando a que terminaran de hablar de teléfono.

Y al terminar con su conversación y guardar el móvil, ella empezó a reírse:

— ¡¿Ahora qué pasa!? — Me pregunté a mí misma, muy consternada por esa extraña reacción. Luego, le dije a ella: — ¿¡Qué te pasa!? —

Los otros dos también preguntaron lo mismo que yo y Nabila, mientras intentaba parar de reírse, nos respondía:

— E-es que, es que,… — Tuvo que esperar unos segundos, para darse un respiro y seguir hablando. — Es que el taxista que llevaba a Jane al parque se ha perdido y están dando vueltas por el barrio. O eso dice ella, pero yo creo que le habrá indicado mal el lugar. —

Yo di un suspiro, pero no sabía si era de molestia, por tener que esperar; o de alivio, por retrasar mi inevitable encuentro con ella.

— De todos modos, ya se lo he explicado y lo han entendido, ¡llegarán pronto! — Y empezó a reír como loca.

Nehru y Candy comentaron algo, pero apenas les di importancia. Lo único que yo empecé a pensar en aquellos momentos, era sobre el hecho de cómo actuaría yo al verla cara a cara. No sé cómo explicarlo, pero me sentía tan inestable que creía que podría comportarme de forma indigna. Quería mantenerme fría y racional, como siempre era. Aunque pensaba que actuar de esa forma podría quedar muy mal. Tampoco era necesario tener que mostrar mucha alegría. En realidad, no tenía ninguna idea, estaba muy perdida, incapaz de enfrentarme a una situación tan extraña como nuevo. No me culpen, a ustedes les pasarían lo mismo si descubrían que tenían una hermanita e iba a conocerla en el mismo día, tampoco sabrían qué hacer.

Y mientras intentaba tranquilizarme de una vez, algo que no conseguí, para poder pensar con claridad, tras dar muchas vueltas por alrededor del banco; el momento finalmente había llegado, iba a conocer a mi hermana.

— ¡Oh, ella ya está aquí! ¡Por fin, ha venido! — Eso gritó a todo volumen, al verla entrando en el parque. Alzó la mano lo más alto posible y empezó a moverla frenéticamente. — ¡Jane, Jane, aquí! ¡Estamos aquí! —

Al oír esos gritos, instintivamente  moví la cabeza hacia la persona a quién se dirigía Nabila y me quedé totalmente paralizada, siendo incapaz de hacer o pensar algo, mientras observaba a la chica que se acercaba rápidamente hacia a nosotros.

Gritando algo que parecía intraducible, con un gran sonrisa de felicidad de oreja a oreja dibujada en el rostro, con unos ojos llorosos y que tenían el mismo color que los míos. Débilmente creía ver indicios de que había rasgos parecidos a los míos. Por ejemplo, me parecía que nuestras narices o oídos eran iguales, aunque supongo que debían ser imaginaciones mías. A diferencia de mi cabello, ella llevaba un pelo que le alcanzaba hasta los hombros y de color castaño, algo que me hizo dudar un poco ante el hecho de que tuviéramos alguna relación sanguínea. No parecía ser muy alta, pero después comprobé que, por lo menos, llegaba a la altura de mi cara. Por otra parte, me figuré que estaba demasiada abrigada por arriba, usando un llamativo y enorme abrigo de color rojo que tapaba medio cuerpo; mientras que sus piernas estaban totalmente al aire, llevando una minifalda que le llegaba hasta las rodillas. Me sorprendió, porque muy pocos se atreven a salir a la calle así en mitad del helador invierno shelijoniano. Incluso varios instituciones educativos, entre ellos el mío, en dónde las chicas deben usar faldas como parte del vestuario, recomiendan el uso de medias especiales para esta época. Bueno, voy a dejar de divagar, para seguir con la narración.

Y entonces, sin yo ser capaz de cómo actuar, ella saltó hacia mí, como si fuera un tigre, con la intención de abrazarme fuertemente, como si ella y yo fuéramos conocidas y nos habíamos reencontrado tras largo tiempo. Casi me tiró al suelo en el proceso, pero pude sostener todo su peso.

— ¡Por fin, por fin, nos hemos encontrado! ¡Y-yo, yo estoy, estoy tan feliz de haberte conocido! ¡Es el mejor día de mi vida! — Esa chica no dejaba de gritar de euforia y de felicidad, mientras me abrazaba desesperadamente con todas sus fuerzas y escondía su cabeza sobre mi pecho. Incluso estaba llorando y yo, que seguía paralizada y me puse como un tomate, ante el hecho de que nadie me había abrazado de esa manera; me preguntaba cómo podría actuar, qué tenía que decir. En estos momentos, para no arruinar la magia del momento, decidí forzar mi papel e intentar soltar algo.

— B-bueno, bueno, tú…— Pero apenas podría, estaba tan nerviosa que mi cuerpo apenas me respondía. Si no hacía pronto algo, arruinaría el sueño de esa chica por haberse reunido con su hermana.

Y ella actuó a continuación, soltando una risita adorable, me soltó y dijo esto: — Perdón, perdón, se me olvidaba. —Y me cogió de las manos. — Soy tu hermana, me llamo Jane Furneaux, ¡encantada de conocerte! —

Puso una cara tan llena de ilusión y de emoción, extremadamente linda, que sería un crimen meter la pata y destrozarla el corazón. Después de todo, era su hermana mayor, así que debía compórtame como tal.

A pesar de que jamás tuve una hermana, ni jamás había cuidado a alguien ni apenas tuve la oportunidad de aprender; mi deber era no desilusionarla.

— ¡Perdón! Todo esto es muy repentino,…— Y cuando entramos en el punto crítico, al notar mi nula reacción y avergonzarse por haber actuado de esa manera, decidí entrar en acción de un vez. —…supongo que es normal que tengas esa cara…—

— ¡No te preocupes! — Hablé, intentando aparentar seguridad. — ¡Es verdad que ha sido toda una gran sorpresa, tanto que me ha paralizado! — Le acaricié la cabeza, sin pensar si le gustaría o no, creyendo que así le daría una mejor imagen. — Encantada de conocerte, soy tu hermana Grace Cook. Espero ser una buena hermana para ti. —

Al terminar la frase, me coloqué bien las gafas para dar imagen de seriedad. También intenté mostrar una sonrisa, que sorprendentemente me salió muy natural. Más bien, creo que estaba sonriendo de verdad, algo que jamás yo había hecho por meses, o incluso años. Bueno, esperé unos varios segundos para ver su reacción, con mucho miedo de que fuera negativo.

— ¡Yo también, yo también! — Reaccionó de forma positivo, gritando de alegría. — ¡Es genial que te lo hayas tomado tan bien, yo esperaba algo peor! ¡Por algo tenemos la misma sangre! ¡Bueno, la mitad! ¡No te arrepentirás de tenerme como hermana, yo también haré mi esfuerzo! —

Entonces, ella me cogió de la mano y  empezó a llevarme, mientras gritaba:

— ¡Ahora que ya nos hemos encontrado! ¡Es hora de conocernos mejor, te llevaré a los mejores restaurantes de la cuidad para festejarlo y para hablar sobre nosotras! —

— ¡Oye, ¿y qué hacemos nosotros!? — Le gritó Nabila al vernos irnos. No sé si los otros dos pensaban en lo mismo, ese Nehru ponía una cara de que apenas le interesaba nuestro encuentro y quería irse de ahí; mientras Candy lloraba como un bebé, balbuceando lo hermoso que era nuestro encuentro.

— Os podréis ir a casa, ahora quiero estar junto con mi hermana. ¡Y muchas gracias por todo, Nabila! ¡Adiós, amigos de mi hermanita! —

Nehru y Candy nos decía adiós, Nabila protestaba, diciéndole a su amiga que tenía mucha hambre y también quería ir a un restaurante, pero no nos siguió. Sin tener ninguna idea de lo que tenía en mente esa chica, me dejé arrastrar y estuvimos solas durante un buen rato.

Me llevó hacia un restaurante vegetariano situado en el centro de la ciudad, teniendo que llamar a un taxi en el proceso, mientras me hablaba sin tregua de lo deliciosa que estaba la comida. Estaba tan emocionada hablando que solo la escuchaba, dando ocasionalmente algunas respuestas o afirmaciones. Y ella no mentía, comí muy en aquel local. Me sorprendió el hecho de no haber conocido tal lugar, tanto que lo comenté sin querer, haciendo que ella me lo dijera:

— Bueno, papá tampoco tolera la carne, así que lo visitamos a menudo, desde que lo inauguraron. —

— Ya veo. — Me quedé muy cortada, al escuchar “papá”, haciéndome recordar que lo que nos unía a ella y a mí nunca ejerció de padre para mí. Un sentimiento muy desagradable corrió por todo mi cuerpo, algo que ella notó y me preguntó si me pasaba algo: — No pasa nada. — Le respondí.

Pero incapaz de sacármelo de la cabeza, decidí seguir con el tema.

— Entonces…— Aunque no estaba muy segura de hacerlo o no. — Bueno, tu amiga me contó cómo conociste mi existencia por unos papeles que tenía tu padre en tu despacho, ¿no? —

— Y él es mi padre…— La rabia se apoderó de mí. — Aún no me lo creo, después de abandonarme, me espió y no tuvo el coraje de mostrarse…—

Entonces, me callé, no quería ser dominada por mis emociones.

— Perdón, perdón, yo realmente no le guardo rencor, solo que…— Era mentira. — Seguramente tu padre te debe tratar muy bien y oír estas palabras te podrán molestar un poco. —

— ¡Pero, si es verdad! — Gritó Jane. — ¡¿Por qué él nunca me dijo que tenía una hermanastra durante todo este tiempo!? ¡¿Me lo iba a ocultar hasta que tuviera dieciocho años o se lo iba a llevar a la tumba o qué!? —

Al parecer, estaba muy enfadada con él por haberle ocultado mi propia existencia, ya que empezó a criticarlo sin piedad alguna.

Entonces, teniendo una ligera sospecha, decidí preguntarle esto:

— Dejando el hecho de que no te dijo nada, ¿¡cómo te llevas con él y, en general, cómo es!? — Yo quería saber qué tipo de persona era mi padre, mientras intentaba ignorar el hecho de que me abandonó y jamás se mostró ante mí. Tal vez lo estaría juzgando mal, aunque sabía que no sería muy objetivo preguntárselo a mi hermana, que obviamente tendría una opinión mucho más sobrevalorado de la realidad.

— Pues, verás…— Se puso muy pensativa durante unos segundos. — La verdad es que le quiero mucho, pero no es un padre muy cariñoso. Es muy frio conmigo y con mamá, digo, con mi madre. Pero lo entiendo, el trabajo lo mantiene muy ocupado y no le deja respirar ni un segundo, sobretodo últimamente. — Aquella respuesta no me aclaro muchas cosas. Y ella añadió esto: — Pero, él no es mala persona, creo. Aún así, no me puedo explicar que jamás nos haya dicho que tuvo una hija antes que yo. —

Le quise preguntar si ella le preguntó algo sobre lo que descubrió, pero me imaginaba que no se atrevió, mientras observaba como se entristecía.

— ¡Pero eso no importa! ¡Lo importante es que ya nos conocemos y vamos a seguir pasándolo bien! ¡Hay que comer hasta reventar! —

Gritó Jane muy fuerte a continuación, al darse cuenta de que el ambiente se había entristecido un poco por culpa de dónde se dirigía la conversación. Y creo que se lo tomó de forma muy literal, tanto que acabó vomitando en el cuarto de baño al final.

— La próxima vez deberías tener más cuidado con tu estomago. — Eso le decía, mientras la esperaba en la puerta y escuchaba todos sus esfuerzos para expulsar la comida de su cuerpo. Me estaba empezando a dar arcadas.

Ella, tras terminar de vomitar, decía esto muy animada: — ¡No pasa nada, solo ha sido un descuido por mi parte! —

Y luego, cuando intentó pagar la cuenta con su dinero, descubrió que ni podría llegar al tercio de lo que pedían.

— ¡¿Espera, espera, qué!? ¡Si yo creía que era suficiente dinero! — Eso gritaba muy sobresaltada al darse cuenta. Y eso que observé que los miró varias veces. — ¡Me he equivocado al contarlo! — Y me empezó a pedir ayudar, con lágrimas en los ojos. — ¡¿Hermanita, qué hago!? —

No tuve más remedio que pagar la cuenta, como quería hacer desde un principio, a pesar de que ella insistió en invitarme a comer. Ella me pidió disculpas y me agradeció por el gesto muy feliz, poniendo una carita tan feliz y linda que no podría reprocharle nada. Ni menos, tras descubrir que tampoco tenía dinero para al taxi. Llegué a la conclusión de que esta chica o era muy torpe o no era muy lista.

— ¡¿Así que está es tu casa!? — Eso decía, mientras observaba el hogar que tenía. El taxi nos llevó hasta ahí, aunque me dejó casi tiesa.

Situado en un barrio de clase media-alta del noreste de la ciudad, cerca de la autopista que unía Springfield con Bogolyubov y terminaba en frente de un frondoso bosque; era una casa de color blanco, que parecía inspirarse en un estilo simple y funcional, rodeada por un jardín bien cuidado.

— Pues sí, es aquí donde vivo. — Me decía Jane, mientras ella se bajaba del taxi. — ¡¿Quieres entrar!? ¡Te presentaré a mi madre, que seguramente está en casa! Mi padre siempre vuelve muy tarde. —

— Mejor no…— Por nada del mundo, deseaba encontrarme con la esposa de mi padre, ni menos encontrarme a él por causalidad. — Sería muy incómodo para las dos el conocernos. —

— ¡¿En serio!? — Preguntó asombrada, como si no se diera cuenta de la situación en dónde me quería meter. Luego, soltó esto, con una cara de pena: — Entiendo, entiendo. Bueno, otra vez será. —

Hubo una parte de mí que se arrepintió al momento de no haber declinado su oferta, porque recordé que tenía que volver a casa, hacia aquel lugar deprimente, en dónde solo habitaba con una perfecta desconocida que se hacía pasar por mi madre.

Al verla despedirse de mí enérgicamente, gritándome que tuviera un buen viaje, sentí una enorme calidez en mi pecho y a la vez un enorme vacío. No tardé ni en un segundo en recordar todo lo que ocurrió hoy, pero sobretodo no podría olvidarme del rato que estuvo con aquella chica, con mi hermana. Solo nos habíamos conocido hace unas horas y ella, hablándome como si fuéramos amigas de toda la vida, evaporó por un buen rato el recuerdo de años de soledad. Algo que solo pudo hacerlo Ekaterina Sumovov. Era tan cálido y agradable que quería alargar mucho más la experiencia, no quería volver a mi hogar, a aquel lugar gris y deprimente.

— ¡¿Es esto lo que siente Ekaterina cuando está con su hermana!? — Eso solté, mientras reflexionaba en todo lo que había ocurrido hoy. El taxista me oyó y me preguntó qué dije. Tuve que responderle con esto: — No, no es nada. Solo estaba pensando en voz alta. —

Después de maldecirme por estar murmurando cosas, empecé a preguntar cuándo la volvería a ver, quería mantener otra conversación con ella. Lo que no sabía es que no pasaron ni veinticuatro horas para nuestro próximo encuentro.

FIN DE LA CUARTA PARTE

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