Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Quinta parte, centésima decimoctava historia.

Al día siguiente, yo volvía a la escuela intentando actuar como si no me hubiera pasado nada. Aunque ya había asimilado todo lo que ocurrió ayer, más o menos, sentía que ya nada iba a ser lo mismo en mi vida y estaba llena de incertidumbre, al no saber cómo responder ante lo que me había ocurrido. No me atrevía ir a las clases por si los demás me verían algo distinta, a causa de lo intranquila y pensativa que estaba; pero eran solo imaginaciones mías, nadie notó algo raro en mí, veían a la misma Cook de siempre. Solo había una excepción, Ekaterina Sumovov:

— ¿¡Cómo te ha ido en tu día de descanso!? — Me preguntó Ekaterina, al terminar la primera hora. — Parece que algo te ha ocurrido, estás bastante rara. — No sabía si sorprenderme o no de que ella fuera la única que se diera cuenta.

— Pues verás, varias cosas ocurrieron…— Eso le respondí, mientras veía como el profesor entraba en nuestra clase. — Ya te lo explicaré más tarde, cuando llegué en el recreo. —

— Eso espero. Ya sabía que no era normal que me pidieras un día de descanso. — Añadió con muchísima compresión. — Pensaba que ibas a tardar más de lo que creía. — A lo que respondí:

— No es mi trabajo hacer que te preocupes de más. —

Ya, en el recreo, se lo conté todo, de cómo sentía que alguien me siguiera, de cómo descubrí quién era, gracias a la ayuda de Mao y esos dos; y del sorprendente hecho de que yo tengo una hermanastra, la cual la conocí en el mismo día. Al terminar mi narración, añadí esto:

— Debo decir que es normal que te haya sorprendido todo esto, e incluso te parecerá muy absurdo. A mí me dejó muy perpleja, tardé en asimilarlo. —

— No te puedo negar que haya sido toda una sorpresa. — Al parecer, ella, aunque todo esto le sorprendió, lo comprendió y lo asimiló mucho más rápido que yo. — Yo me hubiera quedado muy sorprendida, también. —

Ekaterina siguió hablando: — Aunque hay algo que me molesta. — Yo le pregunté y ella, poniendo una cara de notable molestia, me respondió esto: — Entiendo, que no me quieras preocupar, pero soy tu mejor amiga y tu jefa, deberías pedirme ayuda a mí primero. —

 

Casi iba a decir algo, pero no quería empeorar su mal humor. Yo no me esperaba que le molestara eso, creía que lo iba a tolerar. Supongo que me equivoqué:

— Perdón, la próxima vez que me pase algo, tú serás la primera a la que acudiré. — Eso le dije, intentando calmar su disimulado enfado. Aunque creo que lo dije de una forma muy poco inverosímil.

— Conociéndote, lo harás de nuevo, así que no creo eso. — Eso me replicó Ekaterina. Al ver que no hubo éxito, decidí preguntarle cómo me podría perdonar y olvidar el asunto.

— Bueno, si quieres mi perdón, debes invitarme a comer algo. — Me respondió con una sonrisa traviesa. — Hay una pastelería que me gustaría enseñarte. —

Yo me esperaba que me lo iba a poner más difícil, pero mejor así. Menos mal que ella es una persona fácil de complacer.

Al terminar las clases, yo y Ekaterina buscamos a su hermana pequeña, ya que ésta se molestaría mucho si fuéramos sin ella, y las tres nos dirigimos hacia a aquella pastelería que, al parecer, no estaba muy lejos de nuestra escuela. Entonces, a pocos metros de la salida del recinto escolar, la vi. Bueno, más bien, las vi, a Nabila y a Jane, mi hermanastra. Me quedé de piedra, ¡¿por qué estaban en la puerta principal, cómo supieron dónde iba yo!?

En cuestión de segundos, me di cuenta de que no tenía mucho sentido sorprenderme por eso. Después de todo, Nabila me estuvo espiando, así que sería normal que ella supiera dónde estaba e incluso se hubiera traído a su amiga. Reí nerviosamente, sin saber qué hacer, si seguir andando cómo si nada o prepararme para la situación. Miré de nuevo, preguntándome si me habían visto y me volví a sorprender, casi di un grito.

Me había percatado de que Nabila llevaba nuestro uniforme y eso me dejó sin habla. ¿¡En serio ella estaba en el mismo complejo educativo que yo!? ¡¿Y por qué no me di cuenta hasta ahora!? A continuación, recordé que, cuando vi su aspecto, después de atraparla; ella se me hizo muy familiar. Tal vez la vi por el lugar antes, eso tendría mucho sentido. Mientras pensaba en todo esto, las dos chicas, al ver que me detuve y estaba muy pensativa, se me acercaron para preguntarme qué me pasaba:

— No es nada, solo estaba pensando en cosas. — Le respondí esto, aunque luego añadí de forma dubitativa: — Aunque…—

Ekaterina me iba preguntar de qué se trataba, pero un grito le impidió a soltarme la pregunta:

— ¡Hola, hermanita! — Provenía de Jane que, al verme, salió corriendo como una loca y se tiró encima de mí, con la intención de abrazarme, aunque me hizo tirar al suelo.

— ¡¿Quién es ésta!? — Preguntó Natáshenka, quién se quedó asombrada. Era normal que lo estuviese. Por otra parte, ella se levantó y gritó esto:

— No soy “ésta”, soy la hermana pequeña de la genial Grace Cook. —

Lo soltó a todo volumen, con muchísimo orgullo, y todos los alumnos que pasaba por nuestro alrededor se quedaron muy sorprendidos al oír eso. Yo no pude evitar que me pusiera más roja como un tomate, se había pasado tres pueblos.

— ¡¿Entonces, esa es tu…!? — Ekaterina me dijo esto muy entrecortada, a continuación. Estaba tan sorprendida que le costó poder soltar algo. Yo le iba a decir que sí, pero ella se me adelantó.

— Sí, soy su hermana, Jane Furneaux. — Le estrechó de las manos con muchísima energías. — ¡Encantada de conocerte! ¡Las amigas de mi hermana son mis amigas! — Ekaterina solo fue capaz de devolverle el saludo tímidamente.

— ¡Oh, qué enérgica estás hoy! ¡Pareces todo un huracán! — Entonces, tras caminar con muchísima tranquilidad, Nabila nos alcanzó, soltando aquellas palabras entre risas. Jane le replicó molesta:

— No me compares con un huracán, solo estoy muy emocionada por encontrarme con mi querida hermana. — Su amiga le dijo perdón.

Ekaterina, al observar a la amiga de Jane, le preguntó esto: — ¡¿Tú eres Nabila, no!? — Actuando como un payaso, le respondió que sí.

— ¡¿La conoces!? — Eso me sorprendió bastante.

— Más o menos, aunque nunca nos hemos hablado. Hemos pasado varias veces por su clase por cuestiones de la hermandad, deberías recordarla. —

No me atreví a replicarla, no quería demostrar que yo apenas mostraba atención hacia los demás, sobre todo cuando no se trata para ejercer mi trabajo. Moví mis gafas, en señal de que me sentía muy avergonzada por no darme cuenta.

— ¡Bueno, no te preocupes! Tampoco te di mucha importancia hasta que mi amiga me lo contó. — Aunque lo dijo de forma simpática, me molestó bastante y decidí ignorarlo.

A continuación, Ekaterina se quedó muy callada y pensativa, observando a Nabila como si algo le intrigara. Esto solo duró unos pocos segundos, ya que Natáshenka le empezó a preguntar muy confundida lo que estaba pasando.

— Bueno, ¡¿vas a hacer algo esta tarde!? — Entonces, Jane me preguntó esto.

— Iba con mi amiga y su hermana a ir a comprar algo en una pastelería. —

— ¡¿De verdad!? — Ella dio un grito de emoción. — ¡¿Puedo ir con vosotras!? —

Tardé un poco en responderla, ya que miré a Ekaterina, esperando una aprobación de su parte. Al notar mi mirada, soltó un gesto que me dejó claro que no hacía falta que ella lo aprobara, que yo debía elegir:

— Pues sí, no hay ningún problema. — Eso le dije a Jane y Ekaterina añadió esto: — Por mí, todo está bien. —

Jane, al escuchar la respuesta, empezó a gritar y a dar saltitos de alegría. Por su parte, a Natáshenka no le gustó mucho mi elección.

— ¿¡De verdad, vamos a dejar que esta chica nos acompañe!? — La verdad es que a ella no le gusta mucho tener que lidiar con extraños, era normal esa reacción. Jane la replicó:

— ¡Pues a ellas no les importa, además soy su hermana, tengo todo el derecho del mundo a acompañarla, si es lo que quiere ella! —

Y Natáshenka le iba a decir algo, pero su hermana, dándose cuenta de que no iba a ser una respuesta poco agradable, la detuvo y empezó a explicarle que no pasaba nada con que ella estuviera con nosotras.

— ¡¿Así que van a una pastelería!? — Nos preguntó Nabila, poniendo un tono de voz muy idiota. — Eso suena realmente pasteloso. — Al parecer, eso era una especie de chiste, ya que, cuando lo pronunció, ella empezó a reír un montón, aunque a nosotras nos dejó muy heladas.

Decidimos ignorarlo y, para olvidar eso, Jane le preguntó a su amiga si quería ir con nosotros.

— ¿¡Aún quieres meter a más gente desconocida!? — Natáshenka  gritó esto. — Ya tenemos suficiente contigo. —

— ¡A mí no me importaría, la verdad! ¡Yo siempre estaré abierta a todo el mundo que quiera unirse! — Natáshenka intentó replicar, pero Ekaterina le acarició la cabeza y le dijo: — ¡No creo que nos va a pasar algo malo si entra una más o una menos! —

Eso fue suficiente para que lo aceptara, aunque mostrara un rostro molesto. Nabila tardó un poco en darnos una respuesta, ella estuvo más ocupada en intentar actuar de forma linda mientras dudada, algo que no le salía nada bien. Al final, esta fue su respuesta:

— Me gustaría ir, pero mejor os dejo solas, chicas. Además de que a la enana no le gustaría,…— Natáshenka protestó, replicando muy molesta que era muy alta. —…queda mucho mejor un grupo formado por hermanas y tengo muchas cosas que hacer. —

— Pero si haces un rato que me dijiste que tenías la tarde libre. — Le replicó Jane. Nabila dio una risita nerviosa, al haber sido pillada.

— Oh, es que se me ha olvidado. — Juntó las manos en señal de disculpa. — Mi memoria es muy mala, lo siento mucho. —

Y se giró hacia atrás, mientras se ponía a actuar como si fuera una especie de protagonista de cine negro, mientras se alejaba lentamente de nosotras.

— ¡Ahora me tengo que ir! ¡Tengo un lugar al que tengo que regresar! — Decía con tono de falsa tristeza y nostalgia, mientras se despedía de nosotras con las manos. — ¡Recuérdenme como el héroe que fui! —

Apenas reaccionamos, su despedida fue tan teatral y ridícula que no éramos capaces de despedirla. Tras desaparecer de nuestra vista, Natáshenka fue la primera que reaccionó.

— Esa chica es una payasa. — Lo dijo con toda la sinceridad del mundo y Jane incluso le dio la razón: — Eso no lo puedo negar. —

A continuación, nos dirigimos hacia la pastelería, al cual llegamos más rápido de lo que creía, apenas estaba a diez minutos de nuestro colegio. Tengo que reconocer que ella no se equivocó con el local, compramos unos pastelitos que estaban muy deliciosos. No soy muy fan de los dulces, pero estos fueron sin exagerar unos de los mejores que había probado.

— ¿¡A qué ha sido buena idea haber ido!? — Eso preguntó Ekaterina, mientras observaba con felicidad cómo yo degustaba el postre. Le respondí con esto:

— Bueno, siempre eliges los mejores locales y este no es una excepción. —

Ella nunca decepciona, por algo es mi jefa, después de todo. Estábamos las dos sentadas en un banco de un parque cercano, mientras las “hermanitas pequeñas”, por decirlo de alguna manera, estaban muy animadas:

— ¡Yo llevo siendo la hermana desde que nací, y tú no! ¡Así que, soy tu superiora! — Eso le gritaba Natáshenka, mientras intentaba mirar por encima del hombro a Jane, con una mirada desafiante.

— ¡Ni hablar! ¡Yo soy mayor que tú y, por tanto, llevo siendo la hermana más tiempo! ¡Solo que no me di cuenta hasta ahora! — Y la otra le seguía el juego, molesta por el hecho de que una niña mucho más pequeña que ella se pusiera muy altanera.

Al parecer, las dos chicas empezaron una especie de competición por cual era la mejor “hermana pequeña”. Al ver que Jane no paraba de pedirme atención, algo que se volvía un poquito agobiante, ella no quiso ser menos y empezó a molestar a Ekaterina, que estoicamente la soportaba.

La verdad es que Jane no dejaba de preguntarme todo lo que veía, como si yo fuera una especie de diccionario andante. También tuve que escucharla, mientras ella no me paraba de contar cuáles eran sus sabores favoritos y cómo comía los pasteles; o tuve que cogerla de las manos, algo que me hizo morir de vergüenza. Y varias cosas más que ya me olvidé.

— Parece que se llevan muy bien. — Me dijo con una sonrisa Ekaterina, mientras las observábamos. — Es una alegría verlas tan animadas. —

— ¡¿Eso crees!? — Yo no estaba muy segura de eso, parecían más unas rivales. — Mientras no se pegan, no es nada serio. —

— Eso es trampa, solo lo puedes hacer porque era una mayor. — Mientras tanto, las dos chicas demostraban sus cualidades. Jane le mostraba lo buena que era dando volteretas.

— Esto lo aprendí cuando tenía tu edad, chiquitina. — Le replicó, mientras inflaba de orgullo su pecho. Natáshenka, molesta por el hecho de que ella aún no podría hacerlo, infló sus mejillas y se puso a pensar en algo que le podría superar la ventaja que le tenía Jane.

Al final, se le ocurrió algo y se lo dijo con mucha fanfarronería: — ¡Pues, ya verás! ¡Te voy a mostrar que esto sí que lo sé! —

Y con muchísima dificultad y esfuerzo, Natáshenka se puso a hacer el pino, algo que aprendió hace poco, por lo que recuerdo. Mientras su cuerpo se tambaleaba de un lado para otro, sus brazos intentaban aguantar lo máximo el peso del resto de su cuerpo y arqueaba fuertemente sus cejas como señal de que no aguantaría mucho, intentó mostrarse desafiante ante Jane:

— ¿¡A qué no sabes esto, a qué no!? — Eso le soltó, al ver la cara que puso Jane. — ¡Vamos, demuéstralo! —

— Pero es que…— Eso solo provocó que Natáshenka empezará a burlarse de ella. — ¡Oye, yo si lo sé, solo es que…! — Se quedó callada, mientras su cara se puso roja.

Era entendible que no se atreviera a hacerlo, nadie en su sano juicio se atrevería a hacerlo. Aún así, yo no dije nada, creyendo que se lo diría a Natáshenka, quién empezó a llamar la atención de Ekaterina: — ¡Hermana, hermana, mira lo bien que lo hago! ¡¿A qué es genial!? —

Ekaterina le dijo que era bastante genial lo que estaba haciendo, así que la puso bastante feliz y ella se lo refregó por la cara a Jane, provocando que ella decidiera hacer una locura: — ¡Pues muy bien, yo también demostraré que lo sé hace! —

— ¡Espera un momento, no lo hagas! — Le grité yo, mientras me levantaba del banco. — Llevas falda, no es el atuendo indicado para hacer eso. —

Por eso, ella no se atrevía a hacer el pino, eso sería mostrar su ropa interior. Eso la detuvo, provocando que empezara a reírse de forma nerviosa, al reconocer que no quería hacerlo por esa razón. Natashenka puso una cara de horror, mientras caía al suelo.

— ¡¿Por qué no me lo han dicho!? — Nos gritó a nosotras, totalmente roja y muerta de vergüenza. — Yo también llevo una falda. —

— Eres muy pequeña, así que no creía que te preocupara cosas como esas. No te preocupes, no es nada del otro mundo. — Le respondió Ekaterina, que se lo tomaba con mucho humor.

Dio un gran grito de humillación y se sentó en la banca muy entristecida y avergonzada. Las tres empezamos a intentar animarla, a que ella se pudiera olvidar de aquel suceso. Fue muchísimo más fácil de lo que creíamos, al final; solo hacía falta que su hermana le dijera que le iba a comprar un buen pastel de fresa, algo que la puso muy feliz y que siguiera “competiendo” con Jane o en otras palabras, jugar en el parque.

— ¡Pues realmente esto de tener hermanas es mucho trabajo! — Eso dije, mientras las observaba de nuevo, tras dar un fuerte suspiro.

— ¡¿De verdad!? No creo que sea para tanto…— Eso me replicó ella.

— Bueno, tú ya estás acostumbrada y eres una buena hermana, así que es normal, supongo. — Creo que la ruboricé, porque se puso algo roja al escucharlo. — No creo estar a la altura, siempre he sido una hija única, así que no entiendo cómo va esto. —

Eran unas dudas que me llevaban carcomiendo desde que conocí a Jane, ¿¡realmente puedo ser capaz de entender lo qué es ser una hermana!?

— ¿¡Yo, buena hermana!? — Soltó unas cuantas risitas, para luego añadir esto: — Yo dejé de hacerla caso, por haber estado muy ocupada con la hermandad, y ella se sentía muy triste y sola. Me tardé mucho en darme cuenta de eso…— Su rostro se entristeció por momentos, aún se sentía fatal por lo que le hizo a Natáshenka. Continuó hablando:

— ¡Además, no es esa la cuestión! ¡Hay muchos hermanos que se odian a muerte, apenas se hablan, tienen una relación terrible o incluso se matarían por cosas como una herencia o algo parecido! —

No entendí mucho qué quería decirme exactamente, pero no la interrumpí.

— En verdad, ella o yo muchas veces, cuando nos peleamos, deseamos que la otra no hubiera sido nuestra hermana o que otra persona mejor ocupara su lugar, pero cuando se te pasa el mosqueo, ya se te olvidas de eso. Es más, te arrepientes de pensarlo, porque sabes que la quieres mucho y es muy divertido estar juntas. Además, ha demostrado ser una buena ayudante. —

Me daba mucha envidia escucharla así, realmente se ve que quiere mucho a su hermana. Me pregunté si yo llegaría a sentir lo mismo. Miré hacia a Jane, mientras ésta le intentaba demostrar a Natashenka lo más alto que podría alcanzar en el columpio. Por lo poco que la he conocido, me parece una cabeza hueca que no deja de meter la pata, apenas ha madurado aún cuando ya debe estar en secundaria y parecía ser de esas que se podrían meter en líos muy peligrosos por culpa de su ingenuidad. Aún así, era muy adorable siendo así y me provocaba muchas ganas de protegerla de todas los errores que pueda cometer, ¿¡seré capaz de hacerlo, de hacer bien mi trabajo!?

— ¡No pienses que no estés a la altura! — Ni siquiera me dio tiempo a pensarlo, me cogió la cabeza y me la giró amablemente para que le viera directa a los ojos. — No digas nada, no has parado de demostrarlo de que quieres ser una buena hermana para esa chica. —

Me lo dijo, mostrando una gran sonrisa que intentaba dejar que yo sí sería capaz de hacerlo. Le di las gracias, por los ánimos.

— Pues bueno, ¡¿qué van a hacer ahora!? — Eso nos preguntó Jane, cuando termino de jugar con Natáshenka.

— Vamos a ir a trabajar. — Le respondí. Ella se quedó muy atónita, preguntándonos cómo era posible que tuviéramos un trabajo.

La hermanita de Ekaterina nos ahorró la explicación, soltando esto con mucho orgullo: — Pues sí, nosotras somos las jefas de la hermandad, una organización creada por mi gran hermana Ekaterina para hacer felices a todos. —

— Eso suena increíble. — Dio un grito de admiración, luego me preguntó: — ¡¿Y tú también trabajas en eso!? —

— Pues…— Yo se lo iba a decir, pero Ekaterina se me adelantó. — Es mi trabajadora más fiel de todas, mi querida secretaria. Sin ella, yo me hubiera vuelto loca con el papeleo. —

Eso provocó que diera más gritos de emoción y de alegría, diciéndome sin parar que yo era increíble y que le gustaría algún día ser alguien como yo. Me morí de vergüenza, mientras intentaba explicarle que no era para tanto. Pero también me sentía muy feliz, creo que incluso estaba mostrando una sonrisa.

Tras esto, nos despedimos de Jane, ya que ésta, quién no paró de decirnos que quería ayudarnos, se tenía que ir a unas clases particulares. Nosotras le decimos adiós, mientras yo deseaba que mañana volviera a molestarnos.

FIN DE LA QUINTA PARTE

 

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s