Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Octava parte, centésima decimoctava historia.

Como dije antes, hubo una apacible calma antes de que toda esta situación empeorara de golpe, que duró unos cuantos días. Creyendo que lo que nos pasó después del primer encuentro que tuve con mi padre solo iba a quedar en anécdota, seguimos actuando como siempre. Seguíamos reuniéndonos  para hacer cosas juntas, a pesar de nuestros horarios. Y en medio de estos tranquilos días yo acabé visitando la casa de Nabila, no sé cómo.

— ¡¿Hacia dónde vamos!? — Eso les pregunté a las dos chicas, mientras miraba el paisaje y observaba cómo nos estábamos saliendo de la ciudad.

No me habían dicho nada, solo me llamaron por teléfono, a las nueve de la mañana, para decirme que estaba en la puerta del edificio y que debía salir. Me molestó un poco que no me avisaran, pero bajé y vi que estaban en una limusina blanca, dándome prisa para entrar, así sin más. Debía preguntarles qué estaba ocurriendo, pero, con el miedo de que mi maldita madre pudiera verme con ellas, me monté rápido en el automóvil.

— Pues es una sorpr…— Al parecer Jane me querían sorprender.

— ¡A mi casa! — Pero Nabila le arruinó el momento.

— ¡Oye, lo has estropeado! — Protestó mi hermana. — ¡Tenía que ser una sorpresa para ella! —

— ¡Perdón, perdón, no me pude callar! — Nabila se disculpó, aunque se le veía en la cara que lo hizo a conciencia.

Me pregunté qué tipo de casa vivía ella, imaginando que viviría en una mansión o algo parecido, algo normal cuando esta chica pertenecía a la escuela más cara de la zona. Aunque parecía ser que no les gustaba vivir en la ciudad, porque nos estábamos introduciendo en lo más profundo de un bosque, recorriendo la carretera principal que se dirigía hacia la costa oeste de la isla.

Tras aproximadamente cinco kilómetros después de haber atravesado el rio, la limusina se desvió y entró en una carretera secundaria. Y a lo lejos, avisé algo que no esperaba, aunque quedaba bastante bien con el bosque que lo rodeaba. Una especie de palacio de mármol enorme, que parecía haber sido sacada de un cuento de hadas. Entonces, las otras dos lo vieron y Nabila me dijo toda orgullosa:

— ¡Esa es mi casa, Grace! ¡¿A qué es impresionante!? —

— ¡¿Es en serio!? — Me quedé de piedra. — ¡Pues sí que lo es! — No me lo podría creer.

— ¡Yo también me quede muy sorprendida cuando me invito por primera vez! ¡Tenía la boca muy abierta mientras flipaba en colores! — Añadió Jane.

— Es lo normal, todos se quedan con la boca abierta. — Se le notaba un montón lo altanera que se estaba poniendo hablando sobre su casa, pero tampoco es que eso podría volverse una molestia.

— Me recuerda mucho a un castillo escocés. — Viendo aquel edifico, me sentía en la Escocia del s.XVI. — Tiene un estilo muy característico de ese lugar. —

— Según mi madre, fue un fuerte británica de mediados del s.XIX, que sirvió para señalar la frontera entre esta Shelijonia y la rusa. Estaba en ruinas cuando lo consiguió y lo reforzó, imitándolo a los de Escocia. —

Aunque me molestaba un poco de que no lo reforzó cómo era cuando fue construido, no podría negar que le quedó muy bien. Y finalmente, para llegar a nuestro destino, cogimos un pequeño camino asfaltado y entramos por una entrada de piedra, que nos daba la bienvenida. Me sorprendí que tuviera un aparcamiento propio y estaba lleno de automóviles, iguales de lujosos que los nuestros. Al salir, pregunté: — ¡¿Están teniendo una fiesta aquí hoy o qué!? —

— ¡¿De qué fiesta hablas!? Aquí siempre está lleno de gente. — Me dijo Nabila esto y mi hermana me explicó:

— En verdad, la casa de Nabila es una especie de gimnasio, muchísima gente practica aquí todo tipo de deportes. —

No sé si llamarlo un gimnasio, pero al observar el lugar parecía un enorme centro deportivo. Había un montón instalaciones dedicados a toda variedad de deportes, desde campos de golf y de tenis hasta para equitación o fútbol. A continuación, fuimos hacia la entrada del palacio, tras cruzar un precioso jardín lleno de rosas y otras flores, cuya puerta de hierro, por el cual podría entrar un camión perfectamente, estaba cuestionada por estatuas de lobos. Y ahí mismo nos encontramos con una persona, cuya presencia física fue, diríamos, tan chocante como aterradora.

— ¡Por fin has vuelto, Nabila! — Eso gritó la persona al vernos. — ¡Has tardado más de lo que imaginaba! — Mientras se acercaba a nosotras.

Yo me quedé de piedra, no era normal lo que estaba viendo. Delante de nuestros ojos se encontraba lo que me parecía ser un verdadero gigante. Para ser justos, no debe medir más de dos metros, pero al verlo me parecía que medía más de tres metros. No sé cómo, pero así lo sentí. Además, sus músculos estaban muy desarrollados, parecía un verdadero culturista y daba la apariencia de que podría aplastarte con toda la facilidad del mundo con un puño. Pero lo chocante de todo es que veía bastante femenino para llevar tanta testosterona en ese cuerpo, ya que no se le veía vello y un largo cabello negro le llegaba a la cintura, por ejemplo. Bueno, no estoy diciendo que los hombres no se depilen ni pueden tener cabello largo ni nada de eso, pero sentía que se parecía un poco a una mujer.

— ¡Pero si ha sido rapidísimo! ¡Eso ha sido tu percepción del tiempo que está muy estropeado, mamá! — Entonces, Nabila resolvió el por qué se veía tan femenino, porque aquella persona era una mujer.

Por algo lo sentía algo femenino, ¡era una mujer! ¡Y además era la madre de Nabila! Me quedé boquiabierta, incapaz de asimilarlo. Esa mujer no parecía pertenecer al mundo real. Mientras yo estaba teniendo una especie de conmoción, ésta le saludó a Jane, que recibió el saludo con total naturalidad, y luego miró hacia mí:

— ¡Y tú debes ser…! — Me miró hacia los ojos, mientras me daba la mano para estrecharla, y su mirada no era muy agradable de ver. Pero en vez de que yo me pusiera a temblar, para no quedar mal, moví mis gafas un poco como un intento de relajarme y mostrarme fría ante ella. Le estreché la mano y añadí con gran cordialidad: — Soy Grace Cook, ¡encantada de conocerla, señora Ashcorp! —

— Igualmente…— Aunque su cara daba mucho miedo, mostró una sonrisa bastante cordial conmigo. — ¡Me alegra de conocerte, chiquilla! ¡Espero que mi hija no le haya causado muchas molestias! — No parecía ser una mala persona.

Después de protestar y decirle que nunca daba problemas, Nabila añadió además: — ¡Por cierto, mamá, ¿ya está todo preparado?! —

— ¡Pues claro qué sí, la sala de teatro está lista para vosotras! —

Me sorprendí un poco, este lugar tenía de todo. Luego, me hice la pregunta de por qué necesitábamos un teatro, pero mejor me callé y dirigirme con ellas hacia aquella sala.

— ¡Por cierto, el apellido Cook se me hace tan familiar! — Mientras caminábamos entre aquellos pasillos interminables y lujosos, la madre de Nabila empezó una conversación. — ¡¿De dónde me recuerda!? —

— De cocinar, es gracioso que lleve un apellido tan gracioso y que apenas ni sabe hacer huevos fritos. — Le respondió Nabila, mientras se ponía a reír, aunque eso no era muy gracioso. Mi hermana le replicó:

— ¡Oye, no te burles así de ella! ¡No es su culpa si no sabe cocinar, ni falta le hace, porque yo lo aprenderé y le daré de comer! — Lo dijo con una gran ternura que estuvo a punto de derretir mi corazón, ¡¿por qué mi hermanita era tan adorable!?

— Lo siento mucho por no saber cocinar. — Tengo que reconocer que me molestó un poco lo que me dijo Nabila. Por otra parte, le dije a Jane: — No hace faltas que me hagas de comer, ya aprenderé algún día. — Me moriría de vergüenza que mi hermanita pequeña me hiciera de comer, cuando yo soy la mayor.

— No lo decía por eso, era por otra cosa. — Ya sabía a que se estaba refiriendo más o menos ella:

— Seguro que te es familiar porque comparto apellido con un conquistador, que en uno de sus viajes pasó por la costa oeste americana. —

— ¡¿Oh, en serio!? ¡¿Entonces eres descendiente de conquistadores!? ¡Es increíble, hermana! — Añadió Jane muy sorprendida.

— No creo que tengamos alguna relación. —

— Ah, ya lo recuerdo. — Menos mal que la madre de Nabila se acordó, me hubiera preocupado un poco que no supiera quién era ese hombre, es de cultura general saber su existencia. — ¡Y qué casualidad además que vuestra hermanita se apellidé Furneaux, al igual que un oficial de la Royal Navy que acompañó a James en su segundo viaje! —

— ¡¿Eso es verdad!? — Jane gritaba de emoción. — ¡Increíble, esto debe ser el destino, hermana! — Como siempre, estaba exagerando. Por otra parte, no recordaba quién era ese Furneaux.

— Yo hubiera preferido que no lo fuera, porque Cook murió a puñaladas al volver a Hawái. — Y se empezó a reír la señora, después de añadir esta información que nos quitó las ganas de seguir hablando de esto.

Y finalmente llegamos a la sala de teatro, situado en la parte este de aquel palacio y en la otra punta. Fue muy agotador, ya me dolían los pies. No podría creer que aquello fuera tan grande, vivir aquí debe ser horrible.

El lugar tenía toda la pinta de un teatro moderno, de poca capacidad, pero igual de lujoso que el resto del lugar. Más bien, parecía un cine, las butacas rojas y de terciopelo me recordaron al New Amsterdam Theatre, uno de los lugares que pude visitar mientras estaba en Nueva York. Al fondo, en el escenario, vi varios instrumentos, entre ellas las guitarras que las chicas y yo compramos el otro día. Supe enseguida de lo que querían hacer y di un fuerte suspiro al ver que aún tenían en la cabeza aquello de hacer una banda de rock.

— ¡¿Así que vais a practicar!? — Les pregunté a las chicas. Jane se quedó muy sorprendida. — Exactamente, ¡¿cómo lo has adivinado!? — Para no dejarla en evidencia, mejor solté esto: — Bueno, es un secreto. —

Además de las guitarras eléctricas que compraron, también había un batería, un amplificador de sonidos, un teclado, un bajo y un micrófono. Las chicas nos dijeron que nos sentáramos en algún sitio mientras la observábamos tocar, antes de dirigirse hacia al escenario a toda velocidad. Y así lo hice, me senté en la butaca más cerca del centro de los asientos, y aquella mujer, aunque aún me costaba reconocerla como tal, se sentó a mi lado.

— ¡Miradnos muy bien, vamos a sobresalir con estas prácticas! — Nos gritaba mi Jane desde el escenario, mostrando una gran seguridad. — ¡Os dejaremos impresionadas! —

— Pues sí, lo bastante…— Nabila rió de forma muy irónica, después de pronunciar aquellas palabras en voz baja. Viendo su rostro, nos dejaba claro que no lo iban a hacer nada bien.

— ¡Vaya espíritu tiene tu hermanita, eso es bueno! — Esa mujer también se rió. —Aunque si se emociona así de fuerte, el golpe que va a recibir va a ser muy fuerte cuando vea que no es tan fácil como parece. Sobre todo cuando es su primera vez. —

Le pregunté qué quería decir con eso último, a pesar de que ya sabía de antemano la respuesta; y me dijo que esta sería su primera práctica. Y yo creyendo que ya habían hecho un montón, por aquella gran seguridad que mostraba mi hermana.

Y no puedo negar que no empezaba muy alentador, Jane, tras gritarnos a los cuatro vientos que iba a empezar, intentaba buscar una buena posición para tocar la guitarra. Aún después de pedirle ayuda a Nabila, quién no estaba haciendo nada y tampoco sabía, estuvo divagando en eso durante un buen rato.

— ¿Acaso importa cómo ponerte al tocar la guitarra, es importante para eso o qué? — Preguntó la madre de Nabila, después de ver cómo ellas tuvieron que ver algunos videos para conseguir la posición que querían.

— No tengo ni idea, pero si ellas ni siquiera saben cómo ponerse, menos de tocar alguna nota. Me pregunto si recuerdan el lenguaje musical, por lo menos. — Mi pregunta fue contestaba enseguida, cuando vi a Jane a tocar la guitarra al tuntún, sin tener ninguna idea de que estaba haciendo.

— Eso suena como si estuvieras matando a un cerdo. — Y Nabila se metía con ella y, aunque su comparación fuera bastante burda, no podría negar el hecho de que mi hermana estaba produciendo unos sonidos muy horribles y dolorosos para el oído con la guitarra.

Mientras Jane le replicaba muy molesta y le gritaba que lo intentará ella, la madre de Nabila me siguió hablando:

— Parece que nuestros pobres oídos van a sufrir mucho, ¡¿no te parece, Grace Cook!? — Su tono amigable de repente cambió a uno más sombrío y me quedé algo extrañada. Solo moví la cabeza para decirle que sí y ella siguió hablando:

— Por cierto, cuando te decía antes que tu apellido me sonaba de algo, no era porque recordaba a aquel conquistador, sino a otra persona…—

Mostró una gran sonrisa estremecedora, que me dio muchos escalofríos, mientras me miraba. Ahí yo me di cuenta de que esa quería darme una conversación que sería muy poco agradable.

— ¡¿A otra persona, qué quieres decir!? — Ya dudaba de las intenciones de esta mujer, así que pregunté esto con prudencia, mientras ponía lo más seria y fría posible. Quería saber qué intentaba llegar con esto, a la vez que sentía que era mejor lo contrario.

— Apenas la conozco, pero recuerdo su apellido, era igual que el tuyo. Y también en dónde trabaja, forma parte del cuerpo directivo de la filial que una empresa de petróleo internacional tiene en Shelijonia. —

Me quedé boquiabierta, aunque pude ser discreta y que esa mujer no se diera cuenta de mi reacción. Esas palabras me sorprendieron un montón, porque estaba describiendo a mi madre. Más bien, me decía en dónde estaba trabajando.

Más de veinte años de lealtad y fidelidad, con una lista intachable de éxitos empresariales, empezado como una “humilde” secretaria de un ejecutivo de la empresa y escalando de forma inexorable hasta formar parte de la cima, aunque fuera a nivel regional; así es la “increíble” vida laboral de mi madre, un ejemplo de éxito y de superación, alguien que llegó muy lejos gracias a su voluntad de hierro, una ganadora, la mejor muestra de la “supervivencia del más apto”. Aunque hizo trampa, porque llegó a su primer trabajo, que estaba muy bien pagado, gracias a la influencia de mi abuelo; fue elegida a dedo, no por sus esfuerzos. Y lo aprovechó muy bien, fue codiciosa, astuta  e implacable, nadie pudo detenerla. La verdad es que es bastante molesto decir estas palabras, porque siento que la estoy alabando, pero no puedo negarlo. Lo único bueno que ha sido ésta es en los negocios. Más bien, lo sacrificó todo para ser buena en esto.

Muy molesta, yo no le dije nada y solo me puse a mirar cómo Nabila y Jane descubrían el lenguaje musical e intentaban comprenderlo sin éxito, mientras gritaban confundidas qué significaba las partituras y las corcheas. La mujer esa decidió continuar, a pesar de mi silencio:

— El silencio es buena respuesta, también. Eso significa que la conoces y muy bien. Últimamente está muy irritable esa mujer, ¡¿sabes!? —

 

Dio la apariencia de que la conocía bastante más de lo que me dijo, por qué yo ni me di cuenta de eso. De todos modos, ni la veo ni hablo con ella, aún cuando vivimos en la misma casa; ni me esfuerzo un poquito en ver cómo actúa ella. Siempre la veo con la misma fría e inexpresiva cara que siempre me muestra. Por otra parte, lo único que respondí fue un seco y dudoso “no sé”.

— La empresa está teniendo algunos problemas y crisis, aunque eso no es lo que le irrita, o eso parece. — No sabía eso y me alegré un poco, no es como si tuviera mucha estima de la empresa en dónde esa mujer trabajaba. — En verdad, todo el asunto de la costa norte es lo que le está pasando fractura. —

— ¿¡Qué intentas decir!? — Eso me dejó muy confundida. — ¿¡Qué es eso del asunto de la costa!? —

Mientras tanto, Jane y Nabila se hartaron cansaron de intentar comprender el lenguaje de la música y decidieron tocar lo que sea, mientras intentaban cantar, dando lugar a más ruidos dolorosos de oír, que yo ignoraba más o menos por lo seria que se estaba volviendo aquella conversación.

— Es algo que los medios de comunicación no tratan mucho, o más bien, lo ignoran por órdenes superiores. — Ella rió levemente. — Pero en las altas esferas está siendo un problema bastante molesto. — Luego, dio una pausa, solo para aumentar la sorpresa que estas palabras iban a causar en mí: — ¡¿Sabías que en Shelijonia hay petróleo!? —

— ¡Espera, espera un momento! ¡¿Aquí hay petróleo, de verdad!? — No pude mantener el control, mi cara mostró un gesto de total estupefacción. Es la primera vez que había eso, me costó mucho asimilar que esta isla tuviera algo así.

— Sí, en la costa norte, en la franja que hay entre la línea de ferrocarril que cruza Springfield hasta el mar. Entre las cientos de marismas e islitas que salpican esta parte del litoral, entre los extensos bosques que los rodean, e incluso puede que éste debajo de nuestro pies. — Le repliqué, incrédula, preguntándole cómo era posible eso. Creía que si de verdad había tal cosa, ya hubiera sido conocido por todos y las instalaciones petrolíferas se verían por todas partes.

— Se descubrió hace poco, apenas cuando entró este siglo, entre una de las marismas más importantes del país. Se creyó, a lo primero, que se había tirado residuos y se montó un gran escándalo, pero luego se descubrió que aquello salía de la misma tierra y que era oro negro. Los periódicos de la isla y de la nación se callaron como putas. —

Tuve que dar esta información por correcta, porque recordé que cuando era pequeña oí a gente más mayor que yo recordando unas manifestaciones que se produjeron a partir de un desastre medioambiental hace años. Mas bien, era algo que nos contó en las clases, tal vez para hablarnos de lo importante que es cuidar el planeta y de lo horrible que era el hombre moderno contra la naturaleza. Ella siguió hablando:

— Han tenido que pasar años de estudios para las empresas petrolíferas pudieran comprobar que el norte de Shelijonia fuera un negocio rentable para estas. Y cuando fueron favorables, empezó la disputa por el control de éste por las dos compañías que monopolizan la isla. —

Les di, mientras tanto, un vistazo a Jane y Nabila, quienes estaban haciendo tonterías con la guitarra, como si intentaban imitar a los rockeros, aunque les salía tan mal y ridículo que casi me estaba risa. La mujer esa siguió hablando:

— Es irónico, pero para evitar que el otro consiguiera que el gobierno diera luz verde el empezar con las prospecciones, usaron el hecho de que buena parte de la zona era parque nacional y que no debe ser tocada solo para sacar petróleo. — Yo le repliqué, diciéndole que era estúpido soltar eso, porque luego ellos tampoco podrían conseguirlo. — Es verdad que ese argumento se les puede en su contra fácilmente, pero las autoridades tienen una memoria muy corta y son capaces de darle permiso, después de impedir que el rival haya ocupado ese espacio. Así que las dos partes están enzarzadas en una pelea ante el gobierno por ver quién se le impide el suculento oro negro. —

— ¡¿Y eso que tiene que ver con esa persona!? — Ya no podría más, necesitaba saber a dónde quería llegar esta mujer. — ¡¿Por qué me estás contando esto!? —

— ¡Quién sabe…! — Aquellas palabras se sintieron como si se estuviera burlando de mí— Aún así, esa mujer está viendo como su empresa está perdiendo y hace todo lo posible por vencer a su rival, en el cual también trabaja alguien con otro apellido que me suena. —

Me di cuenta de que eso era una indirecta, pero no tenía alguna idea de que se refería, en aquellos momentos. ¡¿Qué intentaba decirme, cuáles eran sus intenciones!? Con estas dudas en mente, intenté repetir la pregunta, pero ella se levantó de golpe y me dijo:

— Ha sido una buena conversación, me alegra haber hablado contigo, Grace Cook. Seguiría haciéndolo, pero tengo cosas que hacer. — Y luego, se dirigió hacia Jane y Nabila, que intentaban comprender cómo funcionaba el ampliador de sonidos. — ¡Lo siento mucho, chicas, pero tengo cosas que hacer y no puedo quedarme más tiempo a ver cómo tocáis de maravilla! —

— ¡Jo, mamá! ¡Quédate un poco más, está siendo muy divertido! — Nabila protestó desde el escenario.

— ¡Bueno, algo así…! — Añadió Jane, con una sonrisa dudosa, ya que se le veía en la cara que se estaba frustrando demasiado con la música y al verlo, creí que no iba a pasar de ahí y se olvidaría de ser hacer una banda.

— ¡Lo siento mucho, pero tengo que irme! ¡Enseñad a la gafitas como es vuestra música! — Y con esto dicho, sin darme tiempo a replicarle que no me gustó ese mote que me puso, se fue y me dejó sola.

— Bueno, yo sigo aquí. — Eso les dije a las dos, a continuación. — Tocad todo lo que querías. — Me arrepentí de soltar aquella frase, porque ellas me demostraron, eufóricas, cómo su música podría ser tan horrible, tanto que tuve que levantarme del asiento y subir al escenario para ayudarlas a practicar, aunque la verdad es que tampoco tengo talento para la música.

FIN DE LA OCTAVA PARTE

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