Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Decimoquinta parte, centésima decimoctava historia.

Había pasado una hora y pico desde que fuimos secuestradas por aquellos presuntos “paladines de la naturaleza” y Nabila y Jane aún no se habían dado cuenta de que esto no era un secuestro de mentirijilla.

— ¡Pues para ser unos guardianes de las marismas, pues no se cortan en contaminar el medio ambiente! — Nabila gritaba a pleno pulmón

— ¡Hey, señores! ¡Aunque tengan que descansar, no deberían tirar la basura al suelo! — Y Jane se atrevía a regañar a esos hombres que no parecían tener muy buena salud mental, con una gran normalidad.

— ¡¿Por qué nos os calláis de una puta vez!? — Gritó uno de ellos, mientras tiraba la comida al suelo con rabia. — Es comida orgánica, no contaminan el medio ambiente, son parte de ella. —

La furgoneta se encontraba en mitad del profundo bosque, en una carretera de tierra por dónde no pasaba ni un alma. Estaban fuera del vehículo, con nosotras observándoles desde la puerta corrediza abierta, comiendo todo tipo de frutas y repartiendo sus cascaras por todo el suelo.

— ¡Y va y yo me lo creo! — Y se lo tomaban todo a burla y cachondeo, mientras les decía, aterrada, que parasen, una y otra vez, durante todo el rato. — ¡Deben de darle un Óscar, parece tan realista que de esa respuesta aún cuando deja de actuar! — Y ya estaban hartos de ellas.

— Primero, os burláis de nuestras necesidades fisiológicas…— No quiero mencionar que esta gente, antes de comer, hicieron sus necesidades en medio del bosque. Me da arcadas con solo recordar la peste que echaban. Oh, ya lo hice, perdón. —… y ahora de que somos unos marranos, ¿¡Qué os pasa!? ¡Estáis secuestradas, os podríamos matar de un momento para otro! —

— ¡¿Matarnos!? ¡Qué graciosos! — Oír eso les dio un ataque de risa. Para luego añadir con una molestosa ternura: — ¡No se sobres fuercen, que luego no los creemos de verdad! —

— ¡Os voy a…! — Al verlo acercarnos hacia nosotras con cara de querer destrozarnos la cara a golpes, casi me dio algo. Iba a ponerme en medio, aunque fuera a rastras, y suplicarles que no les hiciera nada; pero, por suerte, uno de sus otros compañeros le detuvo:

— ¡Detente, no puedes hacerle daño, no somos violentos! — Irónico, tratando de personas que acaban de secuestras unas niñas.

— Pero es que,… — El compañero le quiso decir algo, pero éste le detuvo y añadió: — No te preocupes, ahí una forma de que se callen sin recurrir a la violencia…—

Y así es como las tres también acabamos siendo amordazas, para alivio de nuestros secuestradores, que siguieron a lo suyo, sin darnos ni un pan a la boca.

Luego de aquel descanso, el vehículo siguió transitando hacia al interior de aquel espeso y profundo bosque, hasta llegar la noche.

— Por fin hemos llegado a este lugar…— Eso decían ellos, mientras salían del vehículo. — No recordaba que estuviera tan lejos. —

— Mejor así, cuanto más escondidos estamos, menos nos encontrarán. —

— La naturaleza nos protege con sus extensos bosques, es genial que Shelijonia tenga muchísima tierra virgen. —

— Y la que hay que proteger. — Y todos empezaron a gritar eufóricos que sí, mientras empezaban a volver a jactarse de que ellos eran unos grandes defensores de la naturaleza.

Parecía ser que estaban metidos en una especie de burbuja, en dónde ellos se creían los buenos de la película. Porque de salvadores tenían poco, ya que recorriendo un montón de kilómetros en una furgoneta de más de diez años de antigüedad y que expulsaba demasiados gases al aire.

A continuación, abrieron las puertas de atrás y nos sacaron con muy malas maneras. Ahí vimos que estábamos en medio de un claro del bosque, una especie de edificio, parecido a un bunker. Al parecer, aquella edificación abandonada era de orígenes militares, de principios del s.XX, un poco antes de la I Guerra Mundial. Eso lo supe gracias a que uno de ellos se dedico a contarles cómo era el lugar, mientras nos obligaban a entrar ahí. Para mi sorpresa, estaba reformado, alguien le dedico tiempo y esfuerzo a proteger esto del tiempo. Me pregunté si uno de ellos fueron los responsables o han usado sin permiso la propiedad de otra persona.

Y terminamos bajando a una especie de sótano, que parecía muchísimo más grande que el mismo edificio. Más bien, aquel refugio ocultaba una especie de bunker enorme, que debía extenderse por todo el claro. Me hizo acordar a un artículo que leí y en dónde se explicaba que parte del norte de la isla está lleno de refugios particulares, construidos durante la Guerra Fría, como medida para sobrevivir a catástrofes nucleares, utilizando como base instalaciones militares abandonadas. Me pregunté, embobada, si el lugar en dónde estábamos era parte de aquello, mientras avanzábamos en múltiples pasillos y salas de hormigón grueso, hasta llegar a una habitación.

— Bueno, aquí es dónde vais a pasar un buen rato. — Eso nos dijo, cuando nos metió a la fuerza y nos desataron. — Podéis gritar todo lo que queráis, está insonorizado y no nos escucharemos. —

Se carcajearon después de decir esas palabras, mientras cerraban la puerta, que se oía como si estuviéramos en la época de las mazmorras. Debía ser el eco o algo parecido. Entonces, Jane y Nabila empezaron a hablar:

— ¡Este lugar es genial, es como estar en una película de desastres! ¡Si que se lo han currado! — Estaban lanzando gritos de admiración. — ¡Pues claro que sí! ¡Y queda genial para imitar un secuestro! —

Estaban disfrutando como si estuviéramos en una excursión escolar, así que me daba cosa decirles que esto era un secuestro de verdad. Aún así, era mi deber decir la verdad, no voy a seguirles el juego ni comportarme como ese judío que intentaba mantener a su hijo en la mentira, haciéndole creer que no estaban en un campo de concentración. Bueno, no creo que es aplicable esta comparación con la situación, pero se entiende, ¿no?

— ¡Chicas, creo que…— Me costaba un poco hablar. —… esto es un secuestro de verdad! —

Al escuchar mi frase, Jane y Nabila se echaron a reír, como si eso que dije fuera el chiste más gracioso de sus vidas.

— ¡Es tan realista que ha confundido a mi hermana! — Decía Jane, con ternura hacia mí, mientras se recuperaba de las risas. Nabila añadió, muy orgullosa: — ¡Claro que sí, no tendría sentido si no se sintiera tan real! —

Tuve que insistir, aunque tenía varias dudas de que se dieran cuenta:

— ¡Vamos a ver, si algo es demasiado realista, es porque es real! ¡Ellos han dejaron claro varias veces que se están tomando esto en serio! ¡No es una broma! —

— Pues, claro que no es una broma, es un gran plan que he hecho yo para salvaros el culo a ti y a Jane. — Me replicaba Nabila. — Son actores y yo los he contratado para que hagan un falso secuestro y pedir  a las empresas de vuestros padres que dejan de pelearse por el petróleo…—

Ya no sabía si hacerla caso o no, porque lo dijo con una seguridad que incluso me había hecho dudar. Aún así, siendo falso o no, un secuestro es algo muy grave y que no se debería jugar con eso. Y eso les dije:

— Si en el caso de que esto fuera de mentira, no deberías estar orgullosa. Fingir tu secuestro es algo horrible y un delito. Sé que eres que eres una niña, pero deberías saber que tu plan ha sido muy idiota. —

— Sí, lo sé, estamos haciendo mal. Pero lo estoy haciendo por vuestro bien, a veces tienes que hacer lo malo para conseguir el bien. —

— ¡¿El fin justifica los medios!? Supongo que eso tiene sentido, pero esa forma de hacer las cosas no creo que pueda ser muy bueno. Cualquier fin perdería mucho sentido si los métodos utilizados son muy inmorales para muchos, a veces el daño producido no se compensa con lo conseguido. Tal vez estarás confundiendo hacer el mal con tomar decisiones duras y complicadas, aunque entre éstas y lo otro hay una delgada línea…—

Sí, sorprendentemente las palabras de Nabila me hicieron pensar y empecé a divagar sobre si los medios podrían justificar el fin o no. Bueno, no sé, me daba cuenta de que, a veces, habían métodos necesarios que algunos considerar inmorales o que nos parecen inmorales, pero que se debían usar para podre alcanzar lo deseado. Así que yo estaba dudando y reflexionando un poquito, olvidándome de la situación en dónde estábamos. Al recordarlo, dije:

— Bueno, no es hora de hacer filosofía, lo que quiero decir que no hagas más secuestros falsos en el futuro, por favor…—

— Ah, ¡¿decías algo!? Ya me perdí desde que empezaste a hablar de cosas inmorales…— Y me dijo esto con toda desfachatez del mundo, mientras se acostaba en la cama que nos habían puesto.

Había pasado de mí como la mierda, es normal que me sintiera fatal. Debería habérmelo imaginado, es de esas personas que te ignoran si ven que te poner a decir cosas que ellos consideran “muy profundos”.

— Ya da igual, esto debería haberlo sabido…— Añadí muy molesta.

Entonces, Jane intervino: — Pero si has quedado muy guay, has quedado como toda una filósofa…— Mirándome con ojos de admiración, como si yo hubiera hecho algo genial. —…ha sido tan profundo que apenas no lo he entendido, pero ha sido genial. — No sabía decir si estaba feliz por ver que le dejé muy maravillada a mi hermanita o triste porque no entendió nada de lo que quise decir. Lo que si estaba segura es que eso me puso muy roja.

A continuación, yo intenté insistir en el punto de que esto parecía ser un secuestro de verdad, ya que me era imposible que Nabila consiguiera dinero y gente para fingir un secuestro. Creo que se estaba pavoneando de mí o algo por el estilo, así que seguí sosteniendo que esto no era una farsa. Aún así, ninguna dio su brazo a torcer y al final me rendí. Más provechoso era diseñar alguna idea para salir de ahí, antes que convencerlas.

Miré por toda la habitación, comprobé que tenía diseñado unos buenos conductos de ventilación, dejando claro que quién o quienes diseñaron eso eran muy buenos, aunque eran demasiado estrechos para poder meter a alguien. Además de la cama, vi que había una mesa de escritorio cuyo diseño llevaba décadas pasado de moda y una estantería llena de papeles que no nos servía para nada, pero que debían haber sido muy útiles en el pasado. Al ver que no había nada que aprovechar, me acordé de que tenía mi móvil encima. Por suerte, a esos paladines se olvidaron de revisar los bolsillos. Así que lo saqué y miré. Lancé un suspiro de molestia al ver que aquí no tenían cobertura.

Bueno, nuestras posibilidades de salir de esta habitación son nulas, así que la única manera era esperar a que entraran. Pensé que tal vez debíamos aprovechar el momento en que entrará uno de esos ecos terroristas al lugar e inmovilizarlo, para luego salir. Los problemas de este plan tan arriesgado son muy variados: No deben haber más de dos personas, el ruido que provocaríamos llamaría la atención de los demás, no conocemos cómo el lugar si salimos corriendo y muchos más, pero sobre todo el mayor era éste:

— ¡Ah, que aburrimiento! ¡¿Por qué nuestros secuestradores no nos han puesto una tele!? — Miré a Jane, mientras protestaba en voz alta, dando vueltas por la cama. Nabila le replicó esto: — ¡Aguanta, mujer! ¡Así parecerá mucho más un secuestro de verdad! — Y su amiga le dio la razón.

Sí, ningún plan podría funcionar si estas dos seguían creyendo que esto era un “secuestro de mentirijilla”. Me puse la mano sobre la cara, al entender que pensar no me llevaba a nada si no les había convencido a las chicas que esto era muy real. ¡¿Entonces, qué debería hacer, tenía que estar esperando, a ver como se iban a desarrollar los acontecimientos!? Mierda, ya estaba harta de esperar y había decidido solucionar las cosas de una vez, pero solo han empeorado de una manera que no podría imaginar.

En fin, lo único que debía hacer era seguir pensando, buscando una manera de desarrollar un plan que evitará el escollo de que siguieran pensando en que todo esto era una farsa, o buscar una manera para hacerlas convencer. A la vez empecé por luchar para que mi cabeza no me llevara de nuevo al desánimo y a sentirme como una hermana mayor inútil.

Me senté en el suelo, cerré los ojos y crucé brazos y piernas, mientras me ponía a repasar todo lo que había pasado, revaluar mi situación y crear un nuevo plan en base a eso. Aún así, los pensamientos negativos intentaban distraerme de eso, no paraba de decirme para mí misma que “esto no valía para nada”, “era inútil”, “al final he vuelto al principio”, “no sirvo para hermana mayor”, etc. Creo que soy una persona muy negativa. Y me puse tan seria que hasta a Jane le empezó a incomodar, al pasar yo un buen rato así.

— ¡¿Hermana sigues creyendo que esto es de verdad?! — Eso me preguntó, muy preocupada. — ¡Anímate, que la situación no es tan grave, aún si fuera grave! —

Y eso no fue todo para poder subirme los ánimos. Empezó a actuar como si fuera una animadora, intentando bailar como una, que no le salía muy bien, e incluso intentando posar como letras, mientras me decía a gritos “ánimos, hermanita” una y otra vez.

Lo intentaba tan duro que me dio muchísimo ternura y calidez, dibujando una débil sonrisa en mi rostro.

— Lo siento mucho, no quería preocuparte, aunque sigo creyendo que esto es de verdad,… — No podría mentir, tenía que ser sincera con ella. — ¡Es imposible que sea una farsa! —

— Bueno, Nabila dice que es de mentira, así que es verdad, aunque es cierto que se ven muy realistas…—

Al ver mi seriedad, intentó replicarme y tranquilizarme, pero conseguí empezara a dudar de mí. Nabila siguió con el mismo cuento:

— ¡Vamos, chicas! ¡No os preocupéis, no pasa nada, os lo he dicho millones de veces! ¡Relájense y disfruten del tiempo libre! —

Debe ser la única persona que haría eso en un secuestro, estaba sentada y mirando las musarañas como si estuviera en su habitación, disfrutando del placer de perder el tiempo. Era imposible poder asimilar su tranquilidad, aún cuando se creía que estuviéramos en una farsa.

— No puedo relajarme, estando encerrada en una habitación de un lugar bajo tierra, llena de presuntos “paladines de la naturaleza”. — Se podría adivinar que yo estaba bastante agobiada. — Voy a idear un plan para salir de aquí, o eso intento…— No iba a esperar, esta vez. Encontraría algo para salir de aquí.

Entonces, recordé que llevaba un buen rato así y no llegué a nada, eso me hundió mucho más la moral.

Por su parte, al escucharme, Jane gritó de admiración y orgullo, mientras me miraba con esos ojos que parecían brillar: — ¡Típico de mi hermana, eres tan inteligente! —

Me hizo soltar unas carcajadas desanimadas, al ver cómo me idolatraba. ¿¡Cómo era yo a través de sus ojos!? Tal vez, sería la personificación del prototipo de hermana mayor, de alguien genial a quién seguir e imitar. La mejor de todos, podría ser. Pero eso solo es una simple ilusión, en mis ojos yo soy una persona triste y solitaria que escapa de sus verdades molestas con el estudio o trabajando en una hermandad; en la de los demás, solo soy una persona aterradora, que parece fría, calculadora y vacio, digna de formar parte de una obra de Kafka, el estereotipo de un burócrata. No puedo negar que me encantaba que ella piense así de mí y de tener sus halagos, pero no era correcto que tuviera una imagen falsa de mí.

Porque eso se romperá en mil pedazos algún día, ya sea lejano o cercano, y ella se desencantará de su hermana mayor.

Entonces, ante su asombro, dije esto con notable apatía:

— Eso es gracioso, llevo casi una hora pensando y no sé me ocurre nada. En verdad, no soy tan increíble como crees…—

— ¡¿Por qué dices eso!? —

Entonces, sentí la necesidad de ser sincera y decir todo lo que pensaba, todo el sufrimiento y las dudas que había tenía, así de todo los fallos que tuve como hermana mayor. Por lo menos, tenía que expresarlo de alguna manera:

— Yo no pude hacer nada para poder solucionar lo de tu padre, no moví ni un dedo, hundida por lo que pasó con mi madre. Ni tampoco te pude decir que fui expulsada de la casa dónde vivía solo porque descubrió que yo me reunía contigo. Por culpa de eso, me deprimí y no moví ni un musculo, solo pensando en mí misma y en mi propia desgracia. Hasta llegué a pensar que no te merecía tener a alguien como yo, que deberíamos separarnos, porque lo haríamos en el futuro tarde o temprano, al comprobar tú que no soy como me imaginas. No sé si me he esforzarme demasiado o no he hecho lo suficiente. Al final, aunque pude salir de esos pensamientos, decidí hacer todo lo posible para que pudieras volver a estar mi lado. Y aún así, aquí sigo, perdiendo el tiempo en intentar pensar en algo, a pesar de que quiero esforzarme para demostrar que puedo una hermana mayor genial. Debe ser porque no lo soy, una no debe parecer lo que no es…—

Lo terminé con risas amargas, con miedo de ver cómo iba a reaccionar mi hermanita. Tuve que llenarme con un poco de valor y mirarla a los ojos, al ver que tardaba en contestar.

— ¿¡Estás llorando!? — Casi me dio algo, cuando la vi soltando ríos de lágrimas. Yo sentí que le había destruido la vida y le dije, muy arrepentida. — Perdón, no era mi intención, de verdad…—

— ¡No te preocupes, todo está bien! ¡E-estoy con… con… conmov… no importa, ya te imaginarás cómo es esa palabra! — Puso una gran sonrisa de felicidad, mientras se limpiaba las lágrimas. — ¡Eres genial, genial, muy genial, por supuesto que sí! — Me quedé muy boquiabierta.

Dio una pequeña pausa, para luego lanzarse como un cohete hacia mí para abrazarme, mientras me decía esto: — ¡Tú eres ya una gran, gran hermana mayor! — No me podría creer que estuviera muy feliz. — Bueno, tendrás tus cosas malas, pero solo las personas increíbles dirían que no son increíbles. —

Casi me entraron ganas de llorar, me sentía tan feliz. Ahí me di cuenta de que Jane me quería tal como era, a pesar de la idealización que mostraba hacia a mí a veces.

— ¡No te preocupes, no te preocupes! — Siguió hablando. — ¡Pase lo que pase, no te voy a dejar de lado, estaré molestándote toda tu vida! — No me parecía mal idea, la verdad.

Entonces, para mi sorpresa, Nabila, en vez de ignorar todo esto, me habló:

— ¡En verdad, eres tan miope! ¡Lo has intentando tan duro desde que la conociste, y aún así crees que no te has esforzado lo suficiente! — Aunque me intentaba animar con esas palabras, esas burlas eran muy molestas, pero las ignoré. — ¡Vamos, mujer! ¡Eso debe salirte natural, no hay que sobre esforzarse, nadie desea tener a una pesada las veinticuatros horas seguidas, sería un horror! —

— ¡¿Eso se dirigía a mí o qué!? — Le replicó algo molesta Jane. Creyó que le había llamado indirectamente pesada. Nabila se disculpó, tomándolo, como no, a broma. — ¡Oh, nada de eso, ignóralo! —

Y eso hizo, luego se llenó aún más de seriedad y añadió esto:

— Ok. Por cierto, creo que mi hermana tiene razón, esto es un secuestro de verdad, no de mentira. Te han engañado…—

— ¡¿Espera, qué!? ¡¿Ahora sí!? — Nabila gritó esto, mostrando un rostro lleno de incomprensión.

No sé cómo lo hice, pero empecé a hacerles ver que este secuestro era de verdad.

FIN DE LA DECIMOQUINTA PARTE

 

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