Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Decimosexta parte, centésima decimoctava historia.

— ¡Vamos a ver, chicas! ¡No os preocupéis, todo esto es una farsa! — A continuación, Nabila saltó de la cama, y parecía muy molesta. — ¡Solo hay que esperar que esos chicos consigan enfrentar a la sociedad sobre lo que sea que estén peleando, que puedan salvar a las marismas y todas esas mierdas! ¡Ya nos soltarán! ¡Así de sencillo! —

Tanto Nabila como Jane se miraron la una a la otra, como si iban a tener una pequeña discusión, o más bien una riña de niñas pequeñas. No era mi intención enfrentarlas y me preparé para evitarlo, aunque esperé un poco más para ver cómo iba a evolucionar la situación.

— Pues esta farsa está llegando a ser muy real, demasiado… Bueno, solo pensaba que eran actores buenos, porque tú lo decías. Pero ahora lo estoy dudando. — Le replicaba Jane. — ¡¿Y si esos te han engañado y en verdad estamos teniendo un secuestro de verdad!? — Terminó estas palabras con un gesto de preocupación en su rostro.

Nabila se quedó callada durante unos segundos, poniendo un gesto extraño en su cara, como si no entendía lo que quería decir su amiga. Se puso muy pensativa, cruzando los brazos, como si su cerebro intentaba comprender algo. Tras estar así un buen rato y poner más expresiones extrañas, llegó a esta conclusión:

— Si que eres fácil de convencer,… — Le decía esto, mientras le faltaba poco para decir “no tienes remedio” o algo parecido, a la vez sucumbía con facilidad a las palabras de su amiga. Irónico, mejor así. — Ok, ok, tal vez esto puede ser un verdadero secuestro. Me comportaré como si esto fuera verdad, ¡¿ahora qué!? —

No creo que conseguí convencerla, pero era bueno que se fuera a unir en nuestro plan para escapar. Había posibilidades para poder actuar.

— ¡Hay que escapar! — Eso le dijo Jane. Y yo añadí, mientras me ajustaba las gafas, con aquella seriedad que siempre me había caracterizado: — ¡Sí, puede sonar demasiado arriesgado, pero salir de aquí me parece mucho que permanecer a la espera! ¡O por lo menos, conseguir lanzar un mensaje al exterior, que les ayude a localizarnos! —

Salir al exterior y llamar a la policía para avisarles en dónde estábamos, parece una idea fácil, pero había varias complicaciones.

Primero, teníamos que salir de la habitación, como mencioné antes había que esperar a que nos abriera uno de esos “paladines de la naturaleza” y poder reducirlo. Con uno, podríamos conseguirlo. Con dos, sería más o menos difícil. Imposible con tres o más. Además, tenía en cuenta la fuerza de Nabila, que ya me había demostrado en varias ocasiones que no era moco de pavo.

El segundo problema es que no conocemos el lugar en dónde estamos retenidas. El bunker, por la caminata que hicimos para llegar aquí, era un lugar laberintico y nos podríamos perder con facilidad. Además, esa gente ya conoce el sitio y podrían hacernos una emboscada perfectamente. Si nos pillan, ya habrán aprendido de los errores cometidos, como el no atarnos y vigilarnos en todo momento, perdiendo nuestra ventaja inicial.

Y luego el tercero, pero no menos importante, es dónde encontrar una buena señal para conseguir llamarlos. Estábamos en mitad de la nada y no teníamos ni idea de cómo movernos por el ambiente.

— ¿¡Eso es todo!? Me parece aburrido. — Protestó Nabila. Luego, se puso a alucinar: — ¡¿No podríamos romperle la espalda a todos esos terroristas!? ¡Como una película de acción! —

— ¡Eso sería genial! — Añadió Jane, brillándoles los ojos de la emoción.

No era el momento de ponernos a soñar o a imaginar cosas así, estábamos en una situación límite. Intentar comportarnos como heroínas de alguna película de acción o de kung-fu nos costaría muchísimo, incluso la misma vida. Y así les dije:

— Nuestra fuerza es muchísima menor que la de esa gente, mil veces menor. Eso es en la ficción, no en nuestra realidad. —

Tres chicas adolescentes, no importa que solo una de nosotras tenga una fuerza bastante bruta para su sexo y edad, contra varios hombres, cuyos números desconocemos y que, por naturaleza, eran mucho más fuertes y debían tener incluso armas o masa corporal de sobra; sería imposible. ¡¿No se daban cuenta de eso o qué!?

Y creía que lo que pensaba yo era alocado, lo de estas muchachas ya es una locura.

— Dicen que la realidad siempre supera a la ficción, seguro que hay más de un caso en dónde unos simples niñatos se carguen a toda pandilla de gente chunga. O de ese niño que convirtió su casa en una verdadera trampa para los ladrones, que no acabaron muertos de milagro. —

Bueno, ella tiene razón en que la realidad siempre nos sorprende, pero usar como ejemplos a cosas que saca de películas no sirve de mucho, y que no se han extrapolado a lo real perdía sentido todo el argumento.

— Eso, ¡¿no es sacada de alguna película!? — Gritó muy sorprendida Jane. Sí, por suerte, se dio cuenta de que su amiga hablaba de un filme de los años noventa. Pero Nabila añadió: — Fueron basado en hechos reales. —

Y Jane se quedó con la boca abierta, como si se hubiera creído al cien por cien lo que Nabila le estaba diciendo:

— ¡Vamos Jane, date cuenta de que está bromeando! — A pesar de que quise pasar de las tonterías de Nabila, tuve que intervenir para evitar que mi hermana cayera.

Jane le preguntó a su amiga si era cierta y ésta le intentó seguir tomando el pelo, pero rompió a carcajadas. Eso le molestó tanto a mi hermanita, que le empezó a regañar por hacerle eso. Nabila le pidió perdón, antes de intentar cambiar de tema:

— ¿¡Y su nuestra realidad es una ficción!? ¡¿Y si todos somos personajes de un videojuego y que el jugador es ese barbudo!? ¡Como si fueran Los SIMS! — ¡¿Ahora quería hablar de cosas profundar!? No era momento para ponerse a divagar y se lo dejé claro:

— Vamos, a centrarnos en lo importante. Ya hablaremos de ficción y realidad más tarde. —

Fui tan tajante que Nabila desistió, con algo de molestia en su rostro, y Jane me dio la razón.

Entonces, nos centramos en nuestra tarea. Les indiqué que ellos muy pronto vendrían a nuestra particular cárcel a abrirla para darnos de comer. Aquella gente tenía que mantenernos vivas por el momento, aunque tampoco los veían capaces de dejarnos morir, o eso esperaba yo de esos ecos terroristas.

 

Además, perdón por mencionarlo ahora, me di cuenta de que apenas se oía nada detrás de la puerta e incluso pude ver a través de una rejilla que no había nadie cuestionando la puerta. Tampoco encontré ninguna cosa que nos estuviera grabando, por algo di muchísimas vueltas por la habitación, intentando hacer como si estuviera muerta de nerviosismo, mientras me fijaba en cada rincón del lugar sin que se dieran cuenta. Hice eso cuando intentaba convencer a Jane y a Nabila.

A continuación, con meticulosidad, nos preparamos para hacer nuestro plan y nos pusimos en nuestras posiciones, a pesar de que no sabíamos cuando iban a aparecer. Menos mal que alguien llegó unos cinco minutos después, fue una gran suerte para nosotras. Escuchamos como se abrían los cerrojos de la puerta para luego entrar uno de los ecos terroristas con la comida:

— ¡Hoy vais a comer de lujo! — Gritaba muy alegre el hombre, casi me dio un poco arruinarle el momento. — ¡Comida sana, sin químicos ni pesticidas, lo más naturales y sanos que podréis comer! —

Pero eso no me impedía mandarle la orden con gestos a Nabila, quién se puso detrás de la puerta con la idea de tirarlo al suelo, para sorprenderle al acto. Ésta se negó, quería esperar un poco hasta que dejará la comida a la mesa. Yo le dije que lo hiciera o no, Jane también. Ahora que lo pienso, ese hombre no se dio cuenta de su error y nosotras pudimos aprovecharnos del momento. Es decir, entró como si nada, sin que nadie más afuera estuviera vigilando y dejándonos la labor de escapar a tiro de piedra. Fuimos muy tontas de no aprovecharlo, más ocupadas en hacerle daño a ese hombre.

En fin, cuando dejó la comida sobre la mesa, Nabila se lanzó hacia él con una enorme brutalidad. Ni le dio tiempo al eco terrorista a reaccionar, ni siquiera a gritar ni a ver que una de nosotras atrapó sus piernas y lo tiró al suelo de una forma muy animal. Más bien, parecía como si fuera una profesional en esto de hacer daño, lo que vimos parecía como si fuera algún arte marcial secreto de esos o sacado de lucha libre. Creo que incluso se pasó, casi le rompió la cara, tras darle solo dos puñetazos, y lo dejó fuera de combate.

— ¡¿No lo habrás matado, verdad!? — Añadió Jane, muy aterrada. Yo igual, añadí: — ¡Bueno, es parte del plan dejarlo inhabilitado y es un secuestrador, pero eso ha sido demasiado descomunal! —

— ¡Qué exageradas, he sido muy cuidadosa con él! — Nabila se lo tomaba a cachondeo, porque esa paliza que le dio fue de todo menos “cuidadoso”. — Volverá a la vida en unas cuántos minutos y la nariz se le recuperará en cuestión de días. — Bueno, quería decir que lo había desmayado, algo que yo comprobé por mí misma. Seguía respirando.

— ¡Gracias por la comida! — Mientras tanto, Nabila cogió la bandeja de la comida para llevársela. — ¡No las llevaremos a casa! —

No había tiempo que perder, teníamos que salir pitando de la habitación y eso hicimos. Al hacerlo, encerramos al pobre hombre y empezamos a andar por los pasillos, mientras aprovechábamos para comer.

— ¡Pues si que están muy buenas estas frutas! — Sí, Jane se puso a opinar sobre lo buenas que estaba la comida. — Son mucho mejores que las de supermercado. —

Aunque no puedo criticarla, porque yo también estaba devorando las frutas y la ensalada que nos dieron. Es normal, llevábamos horas sin comer.

— Yo he comido mejores, y con muchas más pesticidas encima. Supongo que alguno le da mejor sabor. — Le replicaba Jane a grito pelado.

— ¡¿Pueden bajar la voz o comentar sobre la comida afuera?! ¡Aún no hemos salido de este lugar! — Les tuve que silenciar, porque hablaban como si estuvieran en el mercadillo.

Y sí, ese bunker era un verdadero laberinto, parecía que estuviéramos dando círculos, sin encontrar algo que nos indicará la salida. Pasábamos por largos pasillos, llenos de habitación vacías, que se cruzaban una y otra vez, con alguna terminando en grandes y amplias salas, cada una parecía estar dedicada para alguna función. Muchas veces se me pasó por la cabeza, mientras comprobaba cada cruce, que esto parecía como si fuera un edificio de apartamentos, por raro que suene, o más bien, un refugio habitable que protegería a los que se resguardarán de algún terrible desastre. ¿¡Cuánta fortuna se habrá gastado en hacer esto sea quién sea el loco que lo hizo!?

Aún así, no teníamos tiempo para reflexiones, me sentía como si fuéramos unos pobres atenienses que buscaban salir del laberinto de Creta, sin saber si el Minotauro se encontraba en el siguiente pasillo. Sustituyendo a esa criatura por esos paladines de la naturaleza, que nos superaban en número.

Tarde o temprano, nos tuvimos que topar con algunos de ellos, saliendo uno de golpe, en nuestras narices, mientras decía muy aliviado:

— ¡Qué suerte, casi me iba a orinar encimar! ¡Este puñetero lugar es muy horrible, siempre me pierdo! — Como habrán adivinado, estaba saliendo de los servicios y nos demostraba que incluso ellos mismos se perdían.

Entonces, nos vio. Nosotras nos quedamos de piedra, él igual, boquiabierto. Tardamos a reaccionar. Éste dio un chillido, pero callado rápidamente. Por una patada de Nabila que le tiró al suelo y lo dejó inconsciente.

— ¡Eres increíble, has dejado casi muerto a dos ecos terroristas! — Jane se quedó muy impresionada, provocando que su amiga se pusiera a fardar. — ¡Es porque soy muy especial, la suerte me brilla con toda su intensidad! —

Obviamente, eso no era cuestión de suerte, su fuerza era más aterradora de lo que había imaginado yo. En fin, les dije que siguiéramos para adelante, no era el momento perfecto.

A continuación, tuvimos que correr mucho, demasiado, porque el grito de ese eco terrorista había alertado a sus compañeros, que aparecían de pasillo en pasillo, dispuestos a comprobar lo que había pasado. Luego, sabiendo lo que había pasado, iban a atraparnos. Y podríamos haber vuelto al punto de salida, pero Nabila era una máquina de matar, más bien, de dejar a hombres adultos desmayados en el primer momento. ¡¿Qué tipo de técnica o lucha o arte marcial o lo que sea utilizaba ella!?¡Porque eso no era normal, ni con suerte o sin ella! Había infravalorado su fuerza, era aterrador.

Pues, tras dar muchas vueltas, tener muchísimos encuentros y mucho correr, llegamos a las escaleras para subir a la superficie de pura chiripa. En serio, si no fuera porque Jane no se diera cuenta de que lo pasamos de largo, las tres seguiríamos dando vueltas.

— ¡¿Entonces, es aquí, no!?  — Me preguntó dudosa Jane. — Por supuesto que sí, lo recuerdo con claridad. — Lo dije con mucha seguridad, pero ni me acordaba. Aún así, era nuestra única oportunidad. Nabila, quién miró hacia atrás, nos avisó de que nos pisaban los talones. — ¡Ahí vienen esos idiotas de la naturaleza, quieren más guerra! —

Subimos las jodidas escaleras, que fueron muy largas, y alcanzamos el exterior.

Pasamos por una puerta y por varios pasillos y hasta salir del edificio. Por fin, habíamos salido al exterior. Corrimos como locas para perdernos en el bosque. Ahí pudimos descansar, por fin.

— ¡¿N-nos están persiguiendo!? — Les pregunté a las chicas, entre jadeos. — ¡¿V-veis a alguien corriendo!? — Yo ya era incapaz de mirar hacia atrás, solo quería sentarme en algún asiento y esperar a recuperarme. Estar de pie ya me estaba matando.

— Yo no veo nada, casi me iba a tropezar con una piedra o una raíz o algo raro. No sé, no hay luz por aquí. — Me respondió Jane, quién se tiró al suelo.

— Deberíamos habernos traído una  linterna o algo, andar por la oscuridad es un incordio. — Y Nabila lanzó aquel comentario con toda la normalidad del mundo, como si tuviéramos tiempo para poder coger uno. Además, no se mostraba cansada, era como si todo lo que habíamos recorrido, que no fue moco de pavo, no fuera nada para ella.

A continuación, saqué el móvil e intenté usarlo como linterna, alumbraba algo, pero muy insuficiente para guiarnos por el camino. Aún así, miré de un lado para otro. Las chicas me imitaron. Luego, pensé un poco y concluí:

— No creo que nos sirva de mucho, pero algo es algo. — Y además, para tranquilizarnos, añadí esto: — No oigo ruidos ni veo algún tipo de luz acercándose a nosotras. Creo que estamos a salvo, por ahora. —

— ¡¿Entonces, podemos descansar!? — Me preguntó Jane. — Porque estoy cansadísima. —

Le dije que sí, mientras Nabila le decía que no tenía aguante, provocando que molestara a mi hermanita. No intervine, porque no se estaban peleando, o por lo menos, estaban teniendo una pequeña discusión amigable, si existe tal concepto. Por mi parte, pude mirar si había cobertura y por desgracia, no me concedieron la gracia de poder llamar a alguien. Me frustró mucho, a pesar de que ya me imaginaba que no íbamos a tenerlo así como así. Es lo pasa cuando estás en mitad de ninguna parte.

— Jane, no quiero apresurarte, pero debemos seguir andando. Aquí ni hay cobertura y de un momento para otro nos van a alcanzar. — Le dije a mi hermana, mientras vigilando una y otra vez nuestra posición.

— ¡Vale, vale! — Así me respondió. — ¡Ya me levantaré de golpe y saldré corriendo como un burro! — Bueno, yo dudo mucho que esos animales sean muy veloces. — ¡¿Los burros corren mucho, verdad!? — Y luego no los preguntó, era bien obvio que sacó lo primero que se le ocurrió. Ninguna de las dos pudimos decirle a qué velocidad pueden alcanzan ellos.

Solo pasaron unos cinco minutos hasta que empecé a escuchar gritos y se empezó a divisar pequeñas luces en la lejanía. No había duda, eran los ecos terroristas. Habían tardado demasiado, y hubiera deseado que fuera mucho más, pero, por lo menos, teníamos algo de ventaja.

— ¡¿Vamos, chicas!? ¡Corred! ¡Ya vienen! — Eso les grité, Jane dio un gran brinco y salimos a toda velocidad.

Bueno, la que nosotras dos podíamos, porque apenas podríamos alcanzar a la vertiginosa velocidad que tenía Nabila. Nos costaba alcanzar el ritmo y cada vez íbamos más lentas. Aún así, estábamos dando todas nuestras fuerzas, a pesar de que ya no podrían dar más de así.

— ¡Hey, chicas! ¡Corred más rápido, que os van a alcanzar! — Y Nabila tenía que gritarlo a lo grande, mientras miraba hacia atrás para ver cómo íbamos. La maldita estaba ayudando a que nuestros secuestradores se dieran cuenta de nuestra posición.

Y para empeorar nuestra desgracia, oí como Jane gritó y giré hacia atrás, viendo como ella cayó al suelo y se quejaba por el daño que se hizo. Yo rápidamente me acerqué a ella y le ayudé a levantar, perdiendo nuestra pequeña ventaja.

— ¡No salgáis corriendo, o os vais a arrepentir! — Nos gritaban algunos, con un tono amenazador. — ¡Por fin, por fin, vamos a alcanzarlas, a esas malditas niñatas! — Otros estaban lo hacían de alivio, al ver que, por fin, nos había alcanzado. — ¡Menos mal, menos mal, casi me da un ataque al corazón de tanto correr! —

— ¡Oh, vaya! ¡Ya nos han alcanzado! — Y Nabila, al darse cuenta de lo que pasaba atrás, dio un fuerte suspiro de molestia, con un comportamiento que me hacía pensar que esto, para ella, era un simple juego. No sé, eso fue lo que me dio entender, porque su actitud no concordaba con la situación que nosotras estábamos sufríamos.

— ¡Nabila, sigue corriendo! ¡No pares, idiota! — Nosotras le gritábamos con desesperación. — ¡Vamos, corre, olvídate de nosotras, sálvate tú! — Sobre todo, Jane, que parecía dar entender que no íbamos a sobrevivir o algo muy exagerado por el estilo.

Era nuestra única esperanza, si ella salía corriendo y evitaba ser capturada, podría avisar a la policía y sacarnos de aquí. Pero la muy idiota, nos dijo que no teníamos remedio y se dirigió hacia nosotras. No, hacia los mismos ecos terroristas.

— ¡¿Pero qué haces!? — Le gritaba yo, incapaz de creerme lo insensata que llegaba ser esta niña. — ¡¿Estás locas!? —

— ¡Ya hablaremos después! ¡Cuando les reparte leña a todos! — Y lo dijo con toda la normalidad del mundo.

Bueno, sí, la vi desmayando a hombres muchos más grandes que ella con un solo golpe. Pero los que venían a por nosotras, ya eran demasiados, creo que cinco o seis personas, o incluso siete o nueve. No recuerdo bien, pero eran muchísimos. Y, por mucha ficción que haya visto, una persona sola jamás puede derrotar a esa cantidad. Por lo menos, nunca  había escuchado hablar de producirse tal prodigio en la vida real.

— ¡Oh, mierda! ¡¿No es esa la que ha dejado K. O. a nuestros compañeros!? —

Al ver que ella les está presentando batalla, los hizo detener y con ganas de salir corriendo. No puedo humillarlos por el hecho de que tenían miedo de una niña, porque, después de verla golpear, era alguien de temer.

— No importa, somos muchos más, aunque tenga fuerza bestial, no nos podrá vencer. Nosotros creemos en algo, que hay que proteger a toda costa, a nuestras marismas. — Aún así, intentaban animarse.

— Sí, tienes razón. Nadie nos ganará jamás, porque somos una buena gente que solo defiende a nuestra Madre Tierra con todas nuestras fuerzas. —

— Sí, sí, ¡qué bonito es eso de ser unos héroes ecológicos! ¡Jo, dejen de charlar y vayan a por mí, pobre muñecos que se creen que están salvando la Mamita Tierra! ¡Vamos a seguir jugando a salvar las marismas! — Se burló de ellos, de una forma tan desagradable y cínica, que les provocó mucha ira.

Más bien, Nabila los estaba desafiando, hacerles perder los estribos y que se lanzasen hacia ella. Y lo hizo muy bien, demasiado para mi gusto.

— ¡Maldita enana! — Le gritaron, llenos de rabia. — ¡Nosotros somos los verdaderos defensores del medio ambiente, más respetos para nosotros! — Y se lanzaron hacia ella, para darle la paliza de su vida: — ¡Por gente como tú, la tierra están en peligro, los animales sufren y no habrá arboles para abrazar! —

Más que como “defensores del medio ambiente”, se veían como unos desagradables y horribles delincuentes a punto de hacer daño a una pobre e indefensa joven.

— ¡Vengan a por mí, les demostraré que son unos salvadores de pacotilla, simples y patéticas marionetas! —

No sé por qué le dio por llamarles “muñecos” o “marionetas”, como si ella supiera o tuviera la idea de que solo eran secuaces sin saberlo de un mal superior. Tal vez, sean imaginaciones mías, eso es algo muy inteligente para alguien como Nabila, seguro que aún se creía que eran actores suyos. No, esto es incluso mucho más absurdo que la primera opción, por muy idiota que sea, se habrá dado cuenta de que ellos son secuestradores de verdad. Dejando esto aparte, se preparó para hacerles frente, porque de inocente e indefensa tiene poco, la verdad.

Así es cómo Nabila se lanzó a protegernos de los ecos terroristas, sin saber yo si era toda una valiente o una completa insensata.

FIN DE LA DECIMOSEXTA PARTE

 

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