Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Última parte, centésima decimoctava historia.

Bueno, ya hemos llegado al fin de esta historia, o más bien al epílogo. Ha sido más largo de contar de lo que creía, y creo que no me he olvidado de nada imprescindible. Ahora les resumiré las cosas que vinieron después de esto, lo que pueda.

Después de que esa mujer desapareciera, nos pusimos a pensar en qué hacer con los amantes chiflados de la naturaleza, que se despertaron y, al ver perdieron la batalla, lloriqueaban en un rincón sin ninguna ganas de hacer nada. Bueno, unos tuvimos que quedarnos a vigilarlos, mientras otros se fueron en coche al pueblo más cercano para avisar a la policía, situada a más de veinticinco kilómetros. Tardaron como tres horas en irse y volver, ya que se perdieron varias veces por el maldito bosque. En fin, al regresar, se trajeron varias patrullas.

— ¡¿Entonces, según vosotros, eso es todo lo que ha pasado!? — Eso nos preguntaba uno de cientos de policía, mientras anotaba todo lo que nosotros habíamos vivimos. — ¿¡No creen que es algo difícil de creer!? — Bueno, le doy la razón, había algunos puntos que llegaban a ser muy absurdos. Si yo fueron él, también dudaría.

— ¡Es cierto, es toda la verdad! — Aún así, le pedimos que hiciera el favor de creer aquella historia tan loca. — ¡Tiene que creernos! —

Se rascó la cabeza de forma dubitativa, preguntándose si hacernos caso o no. Al final, hizo como si nos creía, porque se le veía en la cara, y en sus palabras, que no era una exageración por nuestra parte:

— Bueno, bueno, supongo que tiene sentido, pero…— Entonces, el policía empezó a regañar a Ekaterina y a los demás que nos rescataron. — ¡¿Por qué vosotros habéis tenido que ir a rescatarlas!? ¡Ese es el trabajo de la policía, no de vosotros! — Luego, se dirigió a Mao, que lo habló con una gran familiaridad. Él le llamaba al agente por su nombre, dejando que se conocían muy bien. — ¡Sobre todo te lo dijo a ti, Mao! ¡En serio, siempre te veo en algún problema, siempre! ¡Debe ser la cuarta o quinta vez que te involucras en un secuestro! ¡Y esto es solo la punta del iceberg, ¿qué te crees, una heroína o qué?! —

Parece ser que Mao era demasiado conocido en la comisaria, todo los policías de la zona deben de conocerle o algo así.

Mao, al ver que lo estaban regañando, dio un gran suspiro de molestia y le dijo:

— Ya me gustaría a mí no meterme en estas cosas, pero siempre acabo de alguna manera…—

El policía le quería algunas cosas, pero le ignoró con gran desánimo, yendo al coche alquilado con la idea de dormir ahí dentro. Andaba como si fuera un muerto, con una cara de alguien que daba la apariencia de que apenas tenía ganas de vivir. A todos nos preocupó verle así, incluso el mismo policía:

— ¡¿Está ella bien!? ¡¿Le ha pasado algo!? ¡La veo muy deprimida, no es la misma Mao de siempre! —

No pudimos contestarle, nosotros tampoco sabíamos muy bien lo que le estaba pasando con él.

Nuestra preocupación por Mao fue interrumpido por los gritos de júbilo y de felicidad de las personas que nos secuestraron.

— ¡¿No hacia hace un momento que estaban llorando!? ¡¿Por qué ahora están celebrando!? — Nos preguntaba Candy, igual de desconcertada que el resto.

— Jamás había visto a gente tan feliz de pasar una temporada en la cárcel…— Dijo Jane.

— Es por las últimas noticias. El proyecto de buscar petróleo ha sido detenido. Por ahora, las marismas no serán usadas. —

Entonces, Nabila apareció y nos dijo la razón. Ahí ya tenía sentido.

— ¡Somos unos héroes! — Alzaban sus manos esposadas, con caras y lágrimas de enorme felicidad. — ¡Hemos salvado a la naturaleza! — Hasta se abrazan entre ellos ante la incomprensión de los policías que los metían en las múltiples patrullas. — ¡Hurra, hurra! —

A pesar de todo esto, se había conseguido el objetivo por el cual nos había secuestrado. A pesar de que escapados de sus garras y la jefa que había comandado esta operación se retiró, acabando este secuestro en saco roto; la persona que ordenó esto, el cliente, consiguió lo que deseaba. Una sensación agridulce invadió mi cuerpo.

— ¡¿Esto es en serio!? — Aún así, me era difícil asimilarlo.

— Déjalos, hermanita. Si están felices así, pues no le vamos a quitar la alegría. — Me dijo Jane.

— Final feliz para todos, ¿eh? — Añadió Candy con una sonrisa forzada.

Podrán haber salvado las marismas, pero pasarán una temporada entre rejas, siendo considerados por todos como unos lunáticos sin remedio. Han salido perdiendo, aún así, no soy nadie para decirles que no se pongan felices.

Ignorando a estos merluzos, que tardaron un buen rato en dejar de gritar a todo volumen que eran unos verdaderos héroes, me acerqué al todoterreno para hablar con Mao:

— ¡¿Estás bien!? ¡Pareces más vaga que de costumbre! — Le pregunté a Mao, quién tardó en contestarme, como si le costaba responderme o no sabía qué excusa decirme para no centrarme en su tristeza.

— No sé. Si te diría que sí, sería una mentira…— Con gran sinceridad, me respondió esto. Estaba tan desanimado que era incapaz de levantarse de los asientos traseros en dónde se había acostado para poder hablar cara a cara conmigo.

Entonces, me quedé atrancada, no sabía qué decirle. Aún así tenía que continuar la conversación y animarle de alguna manera, evitando algún tema que le podría sacar de sus casillas. Entonces, recordé mi propia experiencia e intenté hablar:

— Bueno, yo…— Entonces, Mao me interrumpió y me dijo: — Lo siento por preocuparte, no hace falta que digas nada más. Por mucho que lo oculte, ya es visible para todos…—

Se escuchó un resoplido por su parte, como si fuera una manera de expresar su descontento por poder a todos tristes. Le comprendí bastante bien, sabía bien lo que estaba sintiendo. Y eso me dio más fuerzas para hablarle de mi propia experiencia, para dejar claro que no estaba solo, que todos sufríamos eso en algún momento de nuestras vidas. Con seriedad y afabilidad, le dije:

— Yo también estuve así, durante unos pocos días. No tenía ganas de hacer nada, solo lo veía todo negro, sentía que todo apenas había sentido para mí. Pero, al final, lo pude superar, a pesar de todo…—

Mao se mantuvo callado, así que yo seguí hablando: — No sé qué tipo de problemas tendrás o cómo de graves deben ser, pero lo podrás superarlo. Si lo hice yo, que soy muchísimo más débil que tú, lo conseguirás…—

Inesperadamente, Mao se levantó un poco y parecía tener cara de echarme en cara que todo lo que decía yo era ánimos inútiles, que en vez de haberle animado, le había provocado indignación; a gritos. Pero no lo hizo, ya que cuando abrió la boca, soltó esto con tranquilidad:

— ¡¿Por qué piensas eso!? ¡Tú, lo has podido superar en unos cuantos días, llevo meses atrapado en esta puta mierda, incapaz de ver la salida! ¡Yo creo que eso al revés…! —

Me miraba perplejo, como si no entendía que él fuera fuerte. Pero lo era, lo demostró y lo estaba demostrando. Así que, sin ningún atisbo de duda, le dije, mientras me ponía bien las gafas:

— Yo no digo las cosas por gusto, nadie con depresión se lanzaría sin pensarlo a salvar a una amiga que ha sido secuestrada, salvo tú. A pesar de tus profundos problemas, los dejaste a un lado y viniste a rescatarme, junto con Ekaterina y los demás. Por mi parte, estuve sumergida en esos terribles sentimientos, incapaz de mover un dedo para ayudar a los demás. Lo único que pensaba en mis desgracias y en mi sufrimiento. Por eso, eres más fuerte que yo. —

— Ya veo… Tiene mucho sentido… — Rió levemente, mostrando una tímida sonrisa. Creo que le animé un poco y reconozco que me hizo feliz. Al ver mi rostro, él añadió, mientras me daba un abrazo: — Gracias, espero que mi fuerza me ayude en salir de esto. — Me puse muy roja y alterada, entre chillidos nerviosos, le decía que no era nada, mientras salía corriendo.

— ¡Bueno, bueno, me alegro que eso te haya ayudado! ¡Ah, mi hermana me está llamando, me tengo que ir! — Lancé una pequeña mentirijilla para no fuera tan evidente que yo estaba saliendo corriendo como una gallina porque no me esperaba tal abrazo. En serio, fue de golpe, no supe cómo reaccionar bien. Solo duró unos pocos segundos, pero fue demasiado para mí. Y me costó olvidarlo durante un buen rato, no dejaba de recordar cómo se sentía al notar como sus brazos me rodearon y su cuerpo se tocaba con el mío. No piensen nada raro, es que no estoy acostumbrada a este tipo de cosas.

Y creo que me dijo algo más, pero fue tan débil como un susurro, que da lugar a que me lo había inventado. Era esto, o lo que creí oír, no estoy muy segura: — Ojalá mi fuerza me saque pronto de esto. No puedo dejar que los demás sigan preocupándose…—

Al poco tiempo, aparecieron los padres de Jane, que se abalanzaron hacia ella entre ríos de lágrimas:

— ¡Gracias a Dios que estás bien, que ya estás aquí con nosotros de nuevo! ¡No sabes todo lo que he sufrido al saber que estabas secuestrada! —

Eso gritaba su madre mientras la abrazaba con todas sus fuerzas, como si intentaba que nadie más se la pudiera quitar de nuevo. Su hija la intentaba tranquilizarla, diciéndole que ya estaba bien; pero no se la pudo quitar de encima, ella la abrazó durante largos minutos.

Y a su lado, estaba su padre, que decía: — ¡Lo siento Jane, de verdad! ¡Yo no quería que pasase esto! ¡No lo deseaba! ¡De verdad! — Al parecer, se sentía muy culpable y arrepentido.

A pesar de todo, me sentí feliz al ver esa escena desde la lejanía. Ella, al cambio que yo, tenía a unos padres que le querían de verdad. Me alegré por su buena suerte.

— ¡¿Está bien que no entrés en escena!? ¡Tienes asuntos que tratar con ese hombre que es tu padre! — Me preguntó Ekaterina y yo le respondí:

— Ya da igual, no me voy a entrometer en dónde me llaman…— De todas maneras, él me seguiría odiando, tal vez incluso se creería que yo tuve algo de culpa en todo esto y me lo reprocharía. Por ahora, lo mejor era que no me viera. Con esa idea en mente, decidí quitarme del medio antes de que él me viera, pero, entonces, alguien me gritó:

— ¡Espera! — Era el padre de Jane, mi padre; que me detuvo y me dijo con voz seca y severa: — ¡Tendré que darte unas disculpas, creía que utilizaste a mi hija por robar documentos importantes, pero no ha sido cierto! — Y se quedó callado, con cara de decirme algo, pero que no se atrevía. Al final, su orgullo le concedió la capacidad de soltar estas simples palabras, aunque fuera a regañadientes:

— ¡Lo siento! — Se le notaba que le dolía muchísimo reconocer que se equivocó conmigo.

Yo tardé en responder, dudando entre mandarle a la mierda o agradecerle ese gesto:

— Supongo que los aceptaré…— Al final, también a regañadientes, le dije esto. Ya que se había dignado a disculparse, lo mínimo era aceptarlo. No era suficiente, pero es mejor algo que nada.

Y con actitud altanera, me dio este honor, antes de alejarse de mí con desprecio: — Puedes seguir siendo amiga de mi hija, te dejaré ese privilegio…—

Él no tuvo el valor para reconocerme como hija y seguía odiándome con todas sus fuerzas, viéndome como la mujer que tanto le enferma; pero pudo aceptar que su niña, mi hermana, siguió juntando conmigo.

Y hablando de aquella mujer que no puedo considerar mi madre, ni ella me puede considera como hija, sino como obstáculo; no vino, era obvio. Ni se digno en mostrar su careto por aquí para decirme que ojala me hubiese muerto y cosas parecidas. Mejor así. No la quería ni ver ni en pintura.

Al volver a Springfield, supe el gran alcance que tuvo nuestro secuestro. Hubieron grandes protestas en contra del petróleo, distintas asociaciones ecológicas utilizaban nuestro drama en su favor, llorando por nuestros raptos, pero dándoles la razón a los ecos terroristas, perdonándolos y llamando al gobierno y a las empresas petrolíferas como los verdaderos monstruos de la historia. Esos lunáticos de la naturaleza se volvieron virales, siendo unos completos héroes para algunos y unos monstruos para otros, ellos no paraba de disfrutar de su fama y de publicitarse, a pesar de que estaban metidos en un juicio que los condenó a unos cuantos años de cárcel. Las petroleras siguieron con sus negocios, sin perder la esperanza de tocar los recursos que los gobiernos, tanto estatal como nacional, ordenaron proteger. Los periodistas nos persiguieron durante varios días, llegando yo a mantener unas pocas entrevistas con ellos. Sí, para mal o para bien, salí en la televisión y en los periódicos.

Fue agobiante tener que escuchar todos los días los debates estúpidos sobre el asunto y la extremada atención mediática que tuvo nuestro secuestro. No pararon de estrujarlo hasta dejarlo seco, o lo que es lo mismo, hasta que la gente se hartará de la noticia. En serio, evitaba todo lo posible en ver o escuchar algún medio de comunicación, porque ya no lo podría aguantar.

Y tras esto la normalidad volvió a nuestras vidas. Bueno, radicalmente transformada para mí. Ya no podría volver a la escuela, ya que mi madre me anulo la matricula que tenía ahí, no sé muy bien cómo; no tenía ni un céntimo, todo el dinero y ahorros que tenía me lo quitó; apenas conservaba algo mío, todas mis cosas fueron tiradas y quemadas; no podría volver a ese hogar, etc. No puedo negar que mi situación era bastante peliaguda, pero no me sentía mal ni una desgraciada.

Candy me dejó vivir en su apartamento, con la promesa de que íbamos a pagarla entre la dos, aunque llegará a significar que yo fuera ir a trabajar. Aunque no fue necesario eso, porque, a pesar de que me negué, Ekaterina me empecé a dar un sueldo, ya que, según ella e incluso su padre, tenía un trabajo en la hermandad.

Es divertido estar con esa friki de Candy, es bastante ruidosa y graciosa. Tenía dudas al principio de convivir con ella, pero ahora no me arrepiento. Y creo que siente muy feliz de que ya no está sola en su hogar, no para de hacerme meter en sus aficiones o de convencerme de hacer algo interesante. Además, siempre que puede, trae a Ekaterina y su hermanita, a Jane y a Nabila para que nos visite. E incluso deja que el trabajo lo hagamos aquí, llegando a colaborar junto con nosotras. Le gustó nuestra hermandad, tanto que exageraba. Y hubiera invitado a Mao, si no fuera porque él no estuviera en su depresión, ya que aún no puede. Pero creo que, pronto o temprano, lo hará y será el mismo de siempre.

Mi relación con Jane, aunque apenas cambió, se hizo algo más profunda y estrecha. Ahora nos veíamos cada día, siempre junto con su amiga Nabila, que siguió mostrando en todo su esplendor su estupidez. Y lo sorprendente es que seguían interesadas en hacer una banda de metal, teniendo que ir yo a verlas practicar en la mansión esa. Y lo sorprendente es que no habían mejorado nada, seguían tocando tan mal como en las primeras prácticas.

A pesar de todo, de vez en cuando, este asunto de nuestro secuestro y del petróleo se me volvía a la cabeza. Aún había muchísimas cosas que no entendía de ese suceso, que me hacían sospechar muy fuerte, ¿¡quién se aprovechó de nosotras y de Nabila, utilizando el secuestro, para conseguir que no explotarán oro negro en la costa norte de Shelijonia!? ¿¡Cuáles eran sus verdaderos intereses y cómo llegó a la idiota esa y convencerla de que todo eso era un fraude con la finalidad de atraparnos!?

Estos eran algunas de las muchas cuestiones que tenía encima e intenté descubrirlas, aprovechando un día en que íbamos a casa de Nabila.

Creía que la única persona que me iba a decir alguna respuesta o que podría saber del asunto era esa mujer musculosa, la madre de Nabila.

— ¿¡Así que me preguntas si yo sé algo sobre cómo se pudo realizar vuestro secuestro!? ¡¿Eso es lo que estás preguntando!? —

Eso me dijo, cuando se lo pregunté. Le pedí que me escuchara y ésta me llevo a una especie de despacho situado en la segunda planta, muy lujoso y elegante, propio de un noble inglés. Allí se lo expliqué todo. Le respondí:

— Sí, necesito saberlo, aunque fuera una mísera pista. Todo ha sido muy extraño, el caso se ha cerrado con muchas incógnitas, esa Schlieffen no existe para los documentos oficiales, a pesar de que le dijimos una y otra vez que ella ha existido, que no fue una invención nuestra ni nada parecido; etc. En fin, no puedo pasarlo por alto. —

Algo en mí decía que la persona responsable de todo esto, estaba mucho más cerca de mí del que creía. Y que me volvería a usar si la situación le fuera propicia, a mí, a mi hermanita, a Nabila, a todos mis amigos. No quería eso por nada del mundo.

Entonces, se quedó callada y pensativa, algo que duró unos segundos. Luego, habló:

— ¿¡De verdad!? Yo, si fuera tú, me olvidaría de este asunto. Después de todo, ustedes están sanas y salvas, buena parte de los criminales han sido arrestados, la costa norte no será expoliada por las grandes empresas. Ha sido un pequeño susto, no una tragedia. No hay que hurgar la herida, solo empeorarás la situación, sacando cosas que te pondría en peligro, a ti, a tu hermana y a tus amigos. —

— No sé, una parte de mi está de acuerdo, la otra…— En cierta manera, tenía razón. Si fuera hasta lo más profundo de este asunto, lo que podría descubrir, toda esa mierda que encontraría, me llevaría al peligro, algo que quería evitar. Pero, por otra parte, quería entender este suceso y evitar que algo así volviera a suceder. Sus palabras me hicieron dudar, la verdad.

— Haz caso a la que está de acuerdo conmigo, céntrate ahora en tu vida, tienes mucho que hacer y además a alguien que quiere recibir tu atención con mucho anhelo. —

Entonces, me señaló a la ventana y yo miré. Ahí vi, en un enorme campo que servía para la equitación, a Jane diciéndome esto:

— ¡Hermanita, mira, mira! ¡Ya puedo dominar al caballo este, ¿a qué es genial?! — Estaba emocionada, su cara brillaba, al ver como el poni que había cogido era muy manso y se dejaba llevar.

— Ya lo veo, ¡estás aprendiendo rápido! ¡Sigue así! — Le grité muy orgullosa, me sentí como una madre que apoyaba a su hijo en un partido. Era tan adorable y genial verla dar sus primeros pasos en la equitación.

— ¡Vamos, bájate! ¡Tienes que ver a Nabila y a mi montada en los caballos! ¡Sobre todo a ella! ¡Es graciosísimo! —

Supe enseguida a que se refería. A su lado, estaba Nabila gritaba de terror, mientras intentaba agarrarse al lomo de un caballo negro que galopaba a toda velocidad.

— ¡No te rías, esto es serio! — Le replicó Nabila a su amiga. Luego siguió chillando: — ¡Socorro, el maldito caballo no para y me voy a caer de un momento para otro! ¡Qué alguien paré a esta bestia! —

— Parece ser que tendré que parar a ese animal…— La madre de Nabila rió un montón, después de verla y soltar un suspiro. — ¡No tiene remedio, siempre tiene que escoger al más bravo! —

Entonces, se dirigió hacia afuera del despacho, mientras yo seguía mirando en la ventana. Al abrir la puerta, me dijo:

— Grábate esto en tu mente, disfruta de tu vida ahora que puedes, no te centres en cosas sin importancia que solo te traerán desgracias. — Eso se sintió como una amenaza, pero creo que fue mi imaginación. Luego, ella añadió: — ¡Vamos, tienes a alguien que te está esperando! —

Moví la cabeza de forma afirmativa y la seguí. Acepté su consejo, lo mejor era olvidarme del secuestro y del maldito petróleo, y miré al futuro llena de esperanza y alegría. A pesar de mis complicaciones, estaba feliz, ya tenía un hogar en dónde sentirme a gusto y mucha gente que me quiero.

Eso está bien, me conformo con esto. Una nueva etapa de mi vida ha empezado y se ve muy prometedor.

FIN

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