Centésima decimoctava historia

Hermanas de sangre: Vigésima primera parte, centésima decimoctava historia.

En aquellos momentos deberíamos haber estado temblando de miedo y rezando con todas nuestras fuerzas para que nos saliera bien la cosa, que ya lo teníamos bastante complicado; pero, una vez más, lo surrealista se dio paso y no sabíamos si lo que estábamos viendo era una broma o ellos se estaban cachondeando de nosotros.

— ¿¡Qué coño está pasando!? — Nos preguntó Mao, incapaz de asimilar lo que estaba viendo, mientras observábamos a las personas que nos querían atrapar. — ¿¡Esto, de verdad, es la vida real!? — Hasta se frotó los ojos, para ver que no estaba siendo engañado por la vista.

— Esto se me hace muy raro, tengo sentimientos encontrados. — Y no solo era él, sino todos. Candy dijo aquellas palabras, igual de aturdida que los demás, y Ekaterina comentó esto con la boca abierta:

— Pues si que aprovechan muy bien su tiempo…—

— La verdad es que hoy hace un buen tiempo, después de tantos días nublados. A uno le entra ganas de hacerlo…— Añadió Jane, intentando justificarlos.

— Pues se van a resfriar esas personas, aún no ha llegado el verano…— Y estos fueron los comentarios que dijeron Nehru y Leonardo. — Con lo fría que debe estar el agua…—

Por mi parte, yo no dije nada, estaba más ocupada en racionalizar lo que estaban viendo mis pobres ojos. Es que lo que nosotros veíamos era algo muy absurdo, completamente. Después de chantajearnos, de decirnos que teníamos que rendirnos y de que, sea cual fuera la respuesta, iban a ir a por nosotros cuando la marea bajase; decidieron pasar el tiempo como si esto fuera un día de playa. Es decir, los ecos terroristas esos se quedaron en paños menores, en calzoncillos y se metieron en el agua. Sí, de verdad, empezaron a jugar, a nadar, a tomar el sol, hacer castillos de arenas, etc.

Incluso la misma sicaria, quién les dijo además que pasaran el tiempo como quisieran, ya que quedaba mucho para la bajada de la marea; entró en su deportivo y salió en un traje de baño, bastante provocativo. Obligó a unos cuantos lacayos a sacar de su coche una reposera plegable y un parasol. Me imagino que quería descansar de sus crímenes un día de estos y ya que estaba en la playa e iba a tener tiempo de sobra, pues aprovechó.

— Eso se ve tan divertido…— Decía Nabila, llena de envidia. — ¿¡Por qué no han traído trajes de baños!? ¡Han traído de todo menos eso!—

No me digné a explicarle que nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido llevar trajes de baños en un rescate. Ya tuvimos suficiente con que alguien trajera un instrumento musical de la India. Y si así fuera, ¡¿quién tendría ganas de darse un baño en nuestra delicada situación!?

Y lo peor de todo, mientras la sicaria trataba a algunos de sus lacayos como sus esclavos, haciéndoles de camareros para ella, se burlaba una y otra vez de nosotros.

— ¡¿Cómo lo estáis pasando ahí, en vuestra bonito islote!? ¡¿Os estáis divirtiendo!? ¡El agua ya está empezando a bajar, elegid pronto! —

Eso nos decía con el megáfono, con un tono burlesco y desagradable y una sonrisa victoriosa. Se sentía horrible escucharla, incapaces de poder hacer nada para salir de dónde estábamos.

— Ojala le picase los mosquitos…— Eso fue lo que dijo Nabila, y creo que era mutuo, por parte de todos. Añadió Jane: — Sí, eso, ¡eso! ¡Qué le destrocen ese cuerpo del que presume bastante esa bastarda! — Aunque creo que el motivo de estas dos eran algo diferentes al que teníamos nosotros.

Bueno, supongo que es normal que tengan envidia de esa mujer, pues, se podría considerar que tiene un buen cuerpo, bastante equilibrado, con unos atributos muy notables para que atraiga suficiente al sexo opuesto. Creo que muchos de ellos no se resistían a observarla, aunque ésta le devolvía una mirada asesina que daba mucho pavor. Por otra parte, se notaba que no era rubia natural, se le podría ver grandes sectores de color castaño en su pelo, aunque he oído que hay gente que le salen mezclas de colores en sus cabellos, pero es raro que eso sea natural. Perdón, me estoy desviando del tema.

Por desgracia, los mosquitos no se la comieron. Un milagro consiguió que ella no fuera tocado por ninguna, mientras sus hombres lloraban ante el picor horrible de los insectos que le atacaban. ¡Ahí tienen a la naturaleza, dándoles las gracias a sus “paladines”!

Al final, nos cansarnos de observar aquella grotesca y surrealista escena y decidimos sentarnos en el suelo, esperando y rezando para que nos saliera todo bien cuando ellos irían a por nosotros.

El nerviosismo estaba a flor de piel y sentía que, de un momento para otro, iba a perder la cabeza por la incertidumbre.

Y creí que Ekaterina lo perdió, al verla sacar petróleo del suelo y luego mezclarlo con barro que se encontraba cerca. No entendía lo que estaba haciendo ella.

— ¡¿Qué estás haciendo!? — Le preguntamos muy sorprendidos. — ¡Este no es el mejor momento para ponerse a jugar! — Éramos incapaces de entender lo que estaba haciendo. — La pobre no ha aguantado la presión…—

— ¡No es nada de eso! — Nos replicó muy seria Ekaterina. — ¡Confiad en mí! ¡Se me ha ocurrido algo mejor para poder distraerlos! —

Todos nos quedamos mirando los unos a los otros, llenos de preguntas y dudas. Pero, entonces, decidimos imitarla y hacer lo mismo. Era mejor que nada, no podríamos esperar tranquilos, teníamos que perder el tiempo de alguna forma.

Y así el tiempo pasó, la marea poquito a poco bajó hasta que finalmente se divisó un camino entre ellos y nosotros. La hora de la verdad había llegado.

— ¡¿Estáis todos listos!? — Nos preguntó Mao a todos. Y fuimos sinceros, le movimos la cabeza de forma negativa, como indicativo de que aún no nos sentíamos seguros de vencer con nuestro plan.

— Bueno, si no lo estáis, ya es hora de prepararse…— Nos replicó él, antes de añadir: — ¡Ahí viene ella! ¡Preparaos! —

Mirando hacia al otro lado, viendo como esa sicaria, ya vestida con ropa normal, se puso en el borde de la orilla que ya no lo era y, con el megáfono, nos dijo esto con un tono muy amenazador:

— ¡Os hemos dejado demasiado tiempo para mi gusto, así que quiero una respuesta ahora mismo! ¡No importa si me roguéis más tiempo porque me lo pasaré por el coño! ¡Decid que sí, entregaos fácilmente, no hay otra opción para vosotros! —

Lo que ella recibió fue nuestro silencio, ni siquiera Mao se atrevió a decirles algo. A esa mujer le molestó bastante:

— El silencio tampoco es una opción, ¡¿saben…!? —

Aún así, no tuvimos aún la osadía de decirle algo, mejor hacerla enfadar y que la ira, produjera que ella se volviera más torpe. Si eso conseguía el efecto contrario, que Dios nos coja confesados:

— ¡No tienen remedio! ¡En fin, vamos a ir a por vosotros! — Entonces, dio un suspiro de molestia y enfado, para luego gritarles a toda potencia a su tropa: — ¡Ustedes, idiotas, moved el culo! ¡Iremos a por esos niñatos! —

Un enorme entusiasmo domino a los ecos terroristas que lanzaron gritos de guerras mientras levantaba el puño hacia al cielo. A continuación, todos salieron corriendo, como si fuera un ejército, contra nosotros.

— ¡Por las marismas! — Gritaron al unísono.

Eso nos puso la carne de gallina, pero no era el momento de ser paralizados por el miedo. Nos preparamos para darle todo nuestro contraataque.

— ¡Al ataque! — Entonces, al ver que llegaban a la pequeña cuesta que conducía al islote que dejo de serlo, Mao dio el pistoletazo de salida: — ¡Qué no quede ni uno! — Y nosotros, embutidos por la adrenalina, salimos de nuestro escondite para recibirles con un regalo que le habíamos preparado.

Y no era lo que estaba planeado, sino otra cosa. Le tiramos bolas de barros, llenos de petróleo.

No se lo esperaron, gritaron sorprendidos, incapaces de esquivarlos. A muchos se le cayeron en la cara, provocándoles incluso la caída al suelo.

— ¿¡Qué es esto!? — Con muchísima desesperación se lo intentaban quitar, pero no podrían. — ¡No veo nada! — Algunos incluso solo gritaba de dolor, tendidos en el suelo. — ¡Mis ojos, mis ojos duelen! —

Y los pocos que evitaron nuestros ataques y estaban a un metro de nosotros, recibían la segunda oleada. Esta vez eran puras piedras y muchas cosas que Mao y los demás trajeron y que eran igual de duros. Perdón por nuestra brutalidad, pero no podríamos hacer otra cosa.

— ¡Mi cabeza, mi pobre cabeza! — Gritaban. — ¡Ay, qué dolor! —

En nuestra defensa, diré que no tirábamos piedras muy grandes. Bueno, las que recogimos hacían daño, pero no tanto. O eso espero.

Entonces, era la hora de que Mao y Nabila entrarán en acción. Salieron de sus escondites y se lanzaron hacia ellos, tan veloces como liebres y brutales como tigres. No hizo falta mucho esfuerzo esta vez, ya que esos dos solo dejaron inconscientes a unos pocos.

— ¡Oh, mierda! ¡Esas locas! —  Gritaron con mucha conmoción. — ¡Esta vez nos van a matar! — Y sus caras se llenaron de horror, creo que las palizas de estas dos le dejaron un fuerte trauma. — ¡Auxilio! — Muchos salieron pitando, volviendo a cruzar el puente de tierra.

Además de esto, para los que sufrieron el ataque del barro, el descubrir que le habíamos lanzado petróleo provocó que se volvieran majaretas:

— ¡Oh, madrecita naturaleza! ¡Ayuda, estoy contaminado! —

— ¡Vamos a morir todos! — Decir que estaban exagerando era poco.

— ¡Ah, tengo restos de animales y plantas muertas de hace miles de años en la cara! —

Aquí empezó el caos absoluto. Mientras muchos huían como locos hacia la otra orilla, otros se lanzaban hacia al agua para poder limpiarse.

— ¡Agua, agua! ¡Necesito agua! — Pero eso provocaba peleas con otros, que intentaban defender al rio de la contaminación. — ¡No la contamines, eres un paladín de la naturaleza! — Creo que no se dieron cuenta de que este lugar ya llevaba siglos contaminado por petróleo.

Sí, muchos empezaron a pelearse de forma brutal, entremezclándose con el fango y el agua. Otros intentaban pararlos. Algunos que huían chocaban con otros, cayendo al barro. Era una escena muy patética y que incluso me daba mucha pena ajena. Si todo esto hubiera sido una batalla militar de verdad, quedaría como una de la más deshonrosa que uno haya visto.

— ¡Mirad a esos estúpidos! ¡Son tan patéticos que hasta la madre tierra se burlaría de ellos! — Gritaba Nabila, con una sonrisa victoriosa en su rostro, entre grandes carcajadas. Casi se moría de la risa. Eso deja claro lo bajo que habían caído esta gente.

Aún así, el elemento más importante, el más peligroso, no estaba aquí. No había ido a por nosotros. Y eso no era bueno, porque ese era el contrincante de verdad y, si se hubiera quedado quieta, el factor sorpresa se había ido al garrete. Como así fue.

— ¡¿Dónde está esa bruja!? — Gritaba Mao, mientras buscaba su silueta entre los que huían. — ¡Debería estar aquí! —

— ¡Sigue ahí, en la otra orilla! — Eso le dijo Nehru, mientras se lo señalaba. Oír eso fue como un chorro de agua fría.

— ¡Mierda! — Gritó de horror Mao.

Esa sicaria seguía en el mismo lugar, manteniendo un silencio que daba mucho pavor. Miraba al suelo, mientras apretaba los puños con fuerzas y su boca estaba gestando una terrible expresión de enfado. Desde la lejanía, se le notaba, estaba envuelta en un aura de ira. Al final, explotó:

— ¡Verdammt, sois una panda de retrasados y subnormales! ¡¿No sabéis hacer otra cosa que arruinarlo todo!? ¡Idioten, eso es lo que sois! —

El grito fue tan fuerte que los pájaros salieron volando y casi nos dio un ataque al corazón. Aún así, los ecos terroristas lo ignoraron totalmente, incapaces de salir de su pérdida de cordura. Entonces, empezó a maldecir en alemán, o eso parecía entender yo; mientras pateaba, de forma violenta y continuada, al suelo de la rabia.

— ¡En fin, ya no importa! ¡Ya lo haré yo misma! ¡Esos niños se van a enterar de quién soy! —

Entonces, al soltar estas palabras, ella empezó a caminar hacia nosotros, mientras sacaba una pistola con un gesto de gélida y aterradora seriedad. Ahí ya sonaron las alarmas.

— ¡Vamos, Nabila! ¡Tenemos que detenerla antes que dispare! — Eso gritó Mao, quién estaba dispuesto a salir a por ella. Al parecer, ya había perdido la cordura.

Pero unos cuantos disparos, lanzados al tun tun, pero hacia nuestra dirección, hizo cambiar de idea a Nabila:

— ¡Demasiado tarde! ¡Ya lo ha hecho! ¡Voy a dar marcha atrás! — Con esto dicho, salió disparada como un cohete hacia al peñón.

Aún así, el loco de Mao seguía dispuesto a ir a por ella.

— ¡Vuelve rápido! ¡Ya pensaremos en algo! — Le gritó Ekaterina a Mao, muy histérica, sin darse cuenta de que ya no había manera de pensar en algún plan. Éste, al escucharla, no tuvo más remedio que ir hacia atrás.

— ¡¿Ya no sois tan valientes con una pistola, verdad!? ¡Miraos ahora, sois los que corréis como cobardes! — Nos gritaba esa sicaria, en una mezcla de ácida burla y enfado.

Con pasos muy ligeros y rápidos, aunque con tranquilidad; llegó a nuestra posición muy pronto, no pudimos generar alguna estrategia desesperada para enfrentarla.

Al verla frente a frente, nuestro grupo sucumbió, nosotros salimos por patas, siguiendo la ley del “salvase quién pueda”. Corrimos por todas direcciones, pero yo, al punto de huir, vi que Jane estaba en su punta de mira. Ella cayó, por culpa de los agujeros que hicimos en el suelo e intentaba levantarse, y esa mujer la iba a agarrar.

Ahí, al ver a Jane en peligro, algo se activó en mí, que me dijo claramente que debía salvar a mi hermana pequeña, ese era mi deber como la mayor. Giré de dirección y, gritando como una posesa, me puse en medio.

— ¡¿Hermana!? — Ella lanzó un grito de sorpresa. Yo solo le dije: — ¡Vamos, corre! —

Pero ella no lo hizo, solo extendió la mano hacia mí. Los demás, al verme en peligro, giraron hacia nosotros y corriendo, gritando nuestros nombre.

Entonces, yo fui atrapada. Aquella sicaria me agarró fuertemente y me puso la pistola en la cabeza. Yo me puse blanca del horror, al ver que tenía un arma sobre mi pobre cerebro. Había faltado muy poquito para que gritara. Los demás se detuvieron secamente, paralizados al observar la escena.

— ¡Atrás, os dijo! ¡O ella morirá! ¡No tengo reparos en matar a alguien! — Eso les gritaba, mientras daba unos pasitos atrás, arrastrándome.

— ¡Suéltala, hija de puta! ¡¿No ves la locura que estás haciendo!? — Se atrevió a decir Mao, bastante alterado.

Era el único que podría hablar, los demás eran incapaces de hacerlo, que mostraban unas caras igual de horrorizadas que la mía.

Sobre todo las de Jane y Ekaterina, que estaban a punto desmayarse al ver que estaba entre la vida y la muerte.

— ¡Sí lo sé, muy bien! — Le replicaba con gritos, demostrando que estaba igual de nerviosa que nosotros. — ¡¿Qué creen que he estado haciendo durante todo este tiempo, Verdammt!? ¡Bajen los ánimos, o no la verán nunca más! —

Mao tuvo que cerrar la boca y, tras unos segundos de silencio, ella siguió hablando:

— ¡Eso está mejor,…! — Sonrió de forma macabra. — ¡No me alteren más de lo que estoy! —

— ¡Resistir ha sido una pérdida de tiempo, ¿lo ven?! ¡Con lo fácil que hubiera sido que se entregarán fácilmente y esperar ser rescatados! —

Empezó a reírse frenéticamente, mientras veía los rostros de impotencia que mostraban los demás ante ella. A continuación, me habló:

— ¡Por cierto, piensa esto como una buena suerte, si fueran los otros, tus rescatadores, ya le hubiera tirado un tiro…! —

— ¡Tengo una pistola en la cabeza, ¿eso es buena suerte?! — Ironicé, me salió del alma. No era mi intención soltar eso, pero no pude evitarlo.

Cerré los ojos para evitar ver como su ira se descontrolaba y me volase la cabeza. Pero, menos mal que se lo tomó muy bien.

— Bueno, si lo piensas bien, tienes razón. No es buena suerte, si hubiera sido tu supuesta hermana…— Arqueé las cejas al escuchar eso, ¿¡qué intentaba insinuar esa hija de puta con Jane!? Siguió hablando: — ¿¡Sois hermanas!? Yo creía que solo erais amigas…— Jane se atrevió a decirle que si lo éramos, algo que la dejó un poco sorprendida, aunque cambió de tema. — En fin, eso me importa un Scheiße…—

Se tomó un pequeño descanso, soltó un pequeño suspiro, inspiró y respiró unas pocas veces y luego continuó:

— A lo que íbamos, te voy a contar algo que no te va a gustar nada. Al contactar con mis contactos, quienes avisaron a las empresas y a vuestras familias de vuestro secuestro, tu madre me sorprendió mucho. Si a eso se le llamar madre…— Dio un gesto de asco.

— ¡¿Qué tiene que ver mi madre con todo esto!? — Le interrumpí. Sin darme cuenta, escuchar algo relacionado con mi madre solo me produjo una enorme rabia, e incluso arcadas.

— ¡Cállate, te lo estoy contando! En fin, cuando lo supo, lo único que dijo es que ella no tenía nada que ver con tu secuestro y te dejo tirada. Apagó el teléfono y siguió con su vida como si nada. No aceptó cambiar la política de su empresa por ti, ya que tú ya no valías nada para nada…—

En fin, era lo esperable. Ya, con esto, no había formar de dudar de que yo no era más que un obstáculo para su estúpida ambición. Ella continuó:

— En serio, ¡qué asco de mujer! ¡No me podría creer encontrarme con una hija de puta como ella! ¡Mujeres como ella solo hace el mundo peor! —

— No creo que tengas la autoridad moral para dictar esto…— Eso le dije, incapaz de asimilar que alguien que estaba a punto de volarme la cabeza se indignará con el tipo de persona que era mi maldita madre. Por suerte, otra vez se lo tomó bien:

— Tal vez,… — No, no había duda alguna sobre eso, no tenía derecho a indignarse. — Pero, como se negó a rescatarte, al desentenderse de ti, provoca que tú no me das beneficios económicos. Bueno, el secuestro en sí está hecho por otros motivos, aún así, si no obtengo beneficio extra en ti, lo más fácil es volarte la cabeza. —

Me perdí aquí, ¿¡qué tipo de lógica era ésta!? ¿¡Acaso no se escuchaba o qué!?

— Creo que es bastante triste, una persona cuya misma madre la abandona no tiene futuro, sería mejor para ti si te matase. Si ella no te quiere, no creo que nadie más lo haga. ¿¡Sabes por qué!? Es simple, sin una figura materna, las personas son débiles y caerán en un espiral de auto-destrucción hasta que desean el suicidio, y los que entran en ese ciclo son aislados por los demás, que se quitan del medio para no tener a gente nefasta…— Intenté ignorar sus palabras, si la escuchará solo serviría para desanimarme y hundirme en la desesperación. Y ya lo había superado, no podría caer de nuevo. — No hay nada peor para ellos que alguien que consideran nocivo y tú das la perfecta imagen de eso, amiga. Cuando vean lo fea que eres por dentro, lo debilucha y triste que es tu mente, te abandonaran y no querrán saber más de ti. Ya sean estos o tu hermanita…—

Ella siguió hablando, pero yo oí una pequeña y sorprendente palabra, que salían de Jane: — ¡Cállate! —

— Y lo peor del asunto es que luego se convierten en alguien como yo, más competencia para mí y eso no quiero. —

Entonces, Jane gritó con furia y lágrimas en sus ojos: — ¡No digas más mentiras! — Me dejó muy sorprendida el rostro que mostraba, era la primera que veía algo así en ella. Parecía que, de un momento para otro, iba a saltar sobre ella y destrozarle la cara.

También sorprendida por esas palabras, la sicaria calló por un momento, para luego decir con molestia:

— ¿¡Mentiras!? —

— Mi hermana no es nefasta, jamás lo ha sido y lo será. — Le replicó Jane con una increíble seriedad, sin ningún atisbo de duda.

Esa mujer dio unas risas de burla, antes de seguir: — Creo recordar que solo os lleváis conociendo cuantos meses, ¡no creo que no es suficiente para que digas eso con seguridad! —

— ¡¿Y qué!? — Se lo dijo con una gran insolencia que dejó cuadrada a Schlieffen, al igual que el resto. — Ella no es nefasta, no es esa persona que tú dices ver o lo que sea…— Eso me empezó a conmover, mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad, que intentaba no expulsar, con todas mis fuerzas. — Aún cuando no haya tenido una buena madre, ella, ella no es débil…— Se sentía tan hermoso ver cómo me decía que era fuerte.

Entonces, Ekaterina se llenó de coraje y con la misma seriedad le dijo:

— Es cierto, Grace no es el tipo de persona que describes. Si aún fuera eso cierto, yo no me alejaría de ella, ¡por nada del mundo! —

Eso último lo gritó a los cuatros vientos, alzando el dedo hacia al cielo, como si quería que hasta los dioses se dieran cuenta de sus palabras.

— Ni yo, mi hermana es fuerte. Aún si no ha podido tener una madre que le cuidase, eso no significa que sea nociva ni que nadie la quiere. —

A pesar de que estaba entre la vida y la muerte, me sentía feliz, llena de felicidad.

Una verdadera prueba estaba antes mis ojos, de que yo no iba a estar sola, ni lo estuve. Eso me llenó de esperanzas, de que mi futuro no iba a ser tan gris como mi imagen de burócrata se veía. Y siguieron hablando:

— No está sola, nos tiene a nosotras. Y yo no la abandonaré, porque no lo ha hecho ella. Yo quise que estuviera a mi lado y lo aceptó encantada. Me ha aguantando todas las tonterías que he hecho, siempre me ha ayudado en todo lo que quería y se ha preocupado por mí, y muchas más cosas. Ella ha demostrado ser una gran hermana. —

— Grace es mi mejor amiga, sin ella yo no sería nada, la necesito. —

Y los demás también se atrevieron a intervenir, a plantarle cara a las palabras de aquella mujer:

— ¡Yo no la conozco de mucho, pero es buena gente, ha demostrado que no es alguien nocivo! — Dijo Candy, que estaba tan conmovida que estaba llorando a mares.

— Reconozco que hemos tenido unos ciertos problemitas al principio, pero no es mala gente, y si le haces algo malo a ella, ¡haré lo mismo a ti! —

Aunque lo de Mao fuera una amenaza en toda regla, a pesar de la cara de psicópata que le dirigió a la sicaria, me hizo mucho más feliz. Vi que me apreciaba, a pesar de que quise hacer cosas que no debería mencionar.

— Bueno, yo también debo decir algo,… — Esperaba que Nabila dijera algo tonto, pero se puso igual de amenazante que Mao: — ¡Ponle triste a Jane y las cosas se volverán muy infernales…! — Su tono de voz se volvió muy tétrico y puso un rostro propio de un verdadero demonio. De todos modos, eso muestra que, a pesar de todo, quería a su amiga.

— Algo así, opino igual que ellas…— Lo de Leonardo fue más seco, es normal.

— Hacerle algo así a una hermosura de chica como ella es un delito muy grave, ¡el karma te lo pagará caro! — Y creo que el maldito de Nehru solo aprovechó el momento para lucirse con esa frase, pero lo agradezco.

La sicaria se quedó sin palabras, al ver como todos los que estaban temblando ante ella, ahora se la oponían. No le gustó mucho:

— ¡¿Lo ves!? Ella no es nociva, todos estamos a su lado. No huimos de ellas, porque sea nociva. — Jane siguió hablando. Entonces, también le mandó una amenaza: — ¡Y si la matas, te ganarás a un enemigo mortal! ¡Te perseguiré a dónde sea para matarte de la misma forma a ti! ¡Y todos juntos lo haremos, te perseguiremos hasta al fin del mundo para darte a la caza! — Era doloroso verla así, le gritaba tales cosas, en una mezcla de osadía y clemencia, mientras lloraba de forma desesperada. — ¡No me quites a mi hermana, ella me necesita, yo a ella, por poco tiempo que llevamos juntas! ¡Suelta el arma y devuélvemela! —

Schlieffen tardó mucho en responder, no sabía cómo reaccionar. Yo no podría ver su cara, pero se notaba que estaba titubeando. No sabía qué hacer. Finalmente, empezó a reírse de nosotros. Más bien, se forzaba a burlarse de nosotros, antes de añadir:

— ¡¿Creen que con todo este bonito discurso me van a convencer!? ¡¿De que no la mate porque me da la gana!? ¡Yo soy una asesina a sueldo, una persona que mata gente! ¡Ya no tengo piedad, pero…! —

Yo cerré rápidamente los ojos, no quería ver lo que iba a hacer esa loca a continuación, porque dio la impresión de que me iba a matar. Los demás salieron corriendo hacia nosotros para impedirlo, mientras le gritaban con todas sus fuerzas que no lo hiciera.

Entonces, sonó un disparo.

Pero yo seguía viva. Abrí los ojos y los veía a todos. Cayendo al suelo, no por ninguna bala, sino por un sentimiento de alivio que los hizo caer al ver que nada malo pasó.

Yo miré a mi lado y la vi con la pistola hacia arriba. Había disparado al cielo. Lo que me sorprendió fue ver su rostro envuelto en lágrimas.

Sí, esa sicaria, Schlieffen se puso a llorar como una magdalena, mientras tiraba de forma violenta la pistola:

— ¡Mierda! — Gritaba desconsoladamente. — ¡Maldición, ya he matado a mucha gente, debería tener el corazón de piedra, pero me habéis…, me habéis conmovido…! — Pateaba al suelo por la rabia.

— ¡Ha sido hermoso, esto ha conmovido mi corazón…! ¡Scheiße, esto no debería estar pasando! ¡Esto es una pura cursilada, que yo debería haber ignorado, a pesar de todo! —

Me costaba mucho asimilar esto. De alguna manera, habíamos conmovido el corazón de una terrorífica delincuente. Por una extraña razón, hicimos que decidiera tirar el trabajo por la borda. Supongo que eso es increíble.

— ¡Estúpidos niñatos, me habéis ganado! ¡Aquí tienen mi derrota! ¡Por vuestra culpa, he perdido tres millones de dólares en efectivo, estaréis contentos, ¿no?! —

Nosotros no pudimos decir nada, la veía boquiabierta, viéndola llorar como una niña pequeña mientras recogía la pistola y empezará a caminar por la lengua de tierra. Ella no paró de decir que era una estúpida, que había perdido un buen trabajo por culpa del sentimentalismo.

Y al pasar al lado de los ecos terroristas, les dijo esto:

— ¡Hey, vosotros, os pasaré todo el marrón! ¡Cualquier contacto entre nosotros jamás ha existido ni existirán, podrán inventarse lo que sea, pero los hilos lo taparan todo! — Ninguna le contestaban. Por alguna misteriosa razón, todos estaban desmayados. — Nuestra alianza ya está rota, ¡y es mejor así, no vuelvan a contactarme! —

Hasta le dio una patada a uno, como una forma muy infantil de quitarse la rabieta. O de mostrarle la manía que les cogió por ver cómo hicieron tan mal su trabajo, parece ser que hasta en el mundo de los delincuentes la incompetencia no es muy bien recibida.

Al llegar a su coche, cogió su megáfono y nos dio sus últimas palabras:

— ¡Ah, sí! ¡Mi existencia aquí será borrada, toda prueba será destruida, nadie os va a creer chicos! ¡El cliente, no, los clientes de este trabajo son muy poderosos y sumirán el caso en la más absoluta oscuridad! ¡No tenéis oportunidad de llevar la verdadera verdad a los tribunales de este país! —

Eso fue bastante desagradable de oír, pero se cumplió, hubo de todo para que dejar claro que los ecos terroristas no fueran los únicos castigados y cerrar el caso con ellos solos. Fuerzas muy superiores lo impidieron.

FIN DE LA VIGÉSIMA PRIMERA PARTE

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