Centésima decimocuarta historia

El príncipe y la paria: Cuarta parte, centésima decimonovena historia.

Tras varios segundos de silencio, después de ver mi reacción, ella rompió a reír, intentando dar delicadas carcajadas mientras se tapaba la boca, como si intentaba ser alguien inocente. A continuación, habló:

— ¡¿Tanto te he sorprendido!? ¿¡A qué no esperabas que apareciera de esta manera!? Creo que ha salido muy bien mi sorpresa…— Puso una sonrisa, mientras jugaba con su pelo. Por algo motivo, eso me dio escalofríos.

A continuación, pude salir de mi asombro y, entre titubeos y risas nerviosas, dije: — Pues sí, me he sorprendido bastante, ¡me has dejado con la boca abierta! B-bueno, tú… No quiero ser grosero, pero no recuerdo…—

— ¡¿Acaso no me recuerdas!? — Me interrumpió y soltó esto con voz de pena, poniendo una cara triste. — Con todo el tiempo que hemos pasado juntos y ahora que he venido a visitarte, ¡¿no me recuerdos!? Eso me pone bastante triste. — Parecía que estaba a punto de llorar, atrayendo así la atención de todos los que pasaba por mí.

Entonces, para no quedar mal, tuve que mentir y decirle esto: — Pues claro que te recuerdo, muy bien. Solo que tu sorpresa ha sido tan grande que me has dejado la mente en blanco. — Solté risas nerviosas, mientras en mi mente me preguntaba seriamente quién era esa chica. La única persona que podría parecerle era aquella limpiadora, pero era imposible, no había manera de que eso tuviera sentido.

Y para el colmo, esas dos borrachas, al darse cuenta de la presencia de ella, me preguntaron con mucha seriedad, como si fuera un interrogatorio:

— ¿¡Quién es esta chica y de qué la conoces!? — Lo decía con el tono más grave que podrían. — Eso, eso, ¿¡dinos quién es y qué relación tienes con ella!? ¡¿Y por qué habla de una forma muy… rara…!? —

Ah, sí, se me olvidaba de que esa chica estaba hablando en hindú y no me di cuenta hasta que me lo dijeron ellas. Yo instintivamente se lo respondí en mi idioma materno sin caer en ese hecho.

— ¡Solo es una vieja amiga, nada más! — Sentía como mi nariz me crecía por todas las mentiras que estaba soltando. — ¡Ha venido para darme una gran sorpresa después de tanto tiempo! ¡Y ella no es de aquí, es de fuera, por eso no habla nuestro idioma…! —

— Ah, ¡perdón! ¡Es que no sé inglés! — Rió de forma leve. Luego, juntó mis manos y añadió: — ¡¿Puedes traducirles mis palabras a ellas, si eres tan amable!? —

Tardé un poco en responder, ya que aún seguía aturdido, buscando alguna explicación a aquella absurda situación; pero no me negué y le dije que sí, moviendo mi cabeza para de arriba abajo. Entonces, esa chica dijo esto:

— Dejadme que me presente, chicas. Me llamo…—

Entonces, aquí vino la guinda del pastel, algo que me trastornaría de pies para abajo y que me hizo sentir estar atrapada en una terrible pesadilla. El nombre que pronunció, con el que se presentó, no debía estar usándolo.

—…Kasturba Makhanji, encantada de conoceros. —

Ese no podría ser su nombre, era imposible, porque era el mío, el nombre que mis padres me habían puesto, ¡¿cómo era posible!?

Al oír esas palabras, se sintió como si fuera en cámara lenta, mientras abría los ojos como platos y me quedé con la boca muy abierta. Todo empecé a dar vueltas, sentía nauseas y los nervios estaban a flor de piel. Tuve que agarrarme, porque me costaba estar de pie.

— ¡¿Estás bien, Nehru!? — Gritaron las dos borrachas, que intentaron ayudarme, aunque ni ellas podrían mantenerse de pie y cayeron al suelo.

— ¡¿Ocurre algo!? — Y esa chica me dijo esto. Por un momento, vi en ella una maliciosa sonrisa, antes de ocultarlo con una fachada de preocupación.

Lo tenía planeado, no sabía quién era, pero se había preparado para decir eso y alterarme.

Entonces, un gran sentimiento de ira se llenó de mí, arqueé lo máximo mis cejas y apreté fuertemente los dientes, me levanté e, incapaz de controlarme, le grité esto:

— ¡Eso es imposible, no puedes llamarte Kasturba Makhanji! —

— ¡¿Pero, por qué dices eso, qué te pasa!? ¡Es el nombre que mis padres me honraron con todo su amor! ¡Así siempre me he llamado y tú siempre me has llamado así! ¡¿Por qué te pones así!? —

Esa mujer estaba actuando, intentaba dar pena y lástima. Empezó a mostrar lágrimas de cocodrilo, comportándose como una ardillita asustada. Eso me puso más alterada y perdí los estribos. Me acerqué a ella sin tener ni idea de qué tipo de estupidez iba a cometer e incapaz de controlarme. Se puso detrás de los hombres fornidos que la acompañaban, cuyas presencias había olvidado.

— ¡¿Y tú quién eres para comportarte así ante la señorita Makhanji!? — Me gritaron con una actitud hostil y violenta. — ¡¿Quieres recibir una paliza o qué!? —

— ¡Yo soy…! — Casi les iba a gritar mi verdadera identidad. — Y-yo s-soy…— Pero, entonces, me pude controlar.

Miré a mi alrededor, las chicas que me acampaban estaban muy asustadas al verme así, la gente me miraba con cara de estupefacción, había destruido aquel ambiente de fiesta, e incluso el mismo DJ se escondió en la mesa de mezclas; los de seguridad se apresuraron a nosotros, al ver que iba a haber pelea. Me observé a mí misma y me veía como un Asura descontrolado, mis bajas pasiones me habían controlado y mi imagen de caballero se había agrietado. A continuación, hice como si me hubiera tranquilizado y entre forzadas risas, dije esto, volviendo a comportarme de forma gentil:

— Nada, nada… ¡Perdonen señores, el alcohol hace cosas como ésta! Creo que me he pasado un poquito con la bebida. No era intención, ni nada de eso, actuar de esta manera tan fea con la señorita Makhanji. Lo siento, querida dama, he deshonrado a mi familia al comportarme así delante de una mujer, no puedo sentir más que vergüenza de mí mismo. —

Me agarré de la oreja y puse mi mejor cara para hacerles creer que estaba muy arrepentido. Sus guardaespaldas, eso era lo que parecían, bajaron las manos.

Luego, para intentar corregir mi error, les dije a las chicas:

— También me siento muy mal por haber mostrado este comportamiento delante de ustedes, espero que me perdonen. —

Ellas tardaron en reaccionar, se lo pensaron mucho, antes de decirme esto:

— Oh, claro, claro. — Lo dijeron con un enorme nerviosismo. — ¡O sea, aquí no ha pasado nada! —

— Dejando de lado este lamentable incidente, les voy a traducir lo que quería decir esta dama. Ella se llama Kasturba Makhanji y está encantada de conoceros. — Añadí, a continuación.

Después de eso, esas dos se presentaron y se lo traduje a esa maldita mujer, con toda la normalidad del mundo. Tras esto, se quitaron de medio lo más rápido posible, dejándome a mi solo.

— Vaya susto me has dado…— Eso no se lo creía ni ella, en el fondo me daba cuenta de lo disfruto con muchas ganas, quería arruinar mi reputación. — ¡Debes saber controlarte, no es bueno actuar como un estúpido, podrías haber acabado fatal! — La muy condenada rió por lo bajo, a veces se le veía su perversidad, a pesar de sus intentos de mantener esa imagen de niña buena.

Me enfurecía, pero, por suerte, yo soy también alguien que sabe disimular muy bien, creo que incluso mil veces mejor que ella; y me contuve.

— Hasta los hombres más sabios cometen errores de vez en cuando. De todas maneras, es bueno verte, a ti y a tus… — Miré de reojo a los hombres que le acompañaban. Todos iban vestidos muy elegantes, con trajes muy occidentales, pero aún así, sus rasgos dejaban claro que eran hindús como yo y aquella chica. Y parecían unos matones de primera. —…amigos. —

— Yo los llamaría mejor trabajadores temporales, me sirven como escolta en mi visita a los Estados Unidos… —

— ¡¿Y qué te trae por aquí, señorita Makhanji!? ¡Es muy curioso que hayas aparecido por aquí, en esta ciudad pequeña, en mitad de una tierra tan poco conocida como es Shelijonia! ¡Si uno visita los Estados Unidos, hay que ir a Nueva York o a California, no a esta isla en mitad de la nada! — Menos mal que estaba hablando en hindú, o sino todos los shelijonianos que me oyeran me iban a matar por decir eso. Luego, me puse en la barra y añadí:

— ¡¿Quieres tomar algo!? Yo invito. Pero solo a ti, espero que no les moleste a tus trabajadores, pero no tengo dinero para todos. —

— Soy sobria, no tomo alcohol. — Esas palabras se sintieron muy familiar. Luego, dijo algo más: — Además, si vine aquí era para hacerte una visita, quería volver a verte. — Sentí escalofríos, sonaron muy desagradables.

— La Kasturba que conozco siempre disfrutada de la bebida como la más, me sorprende un cambio tan radical. — Pedí agua al camarero y luego continué: — Y me sorprende que hayas sabido dónde me encontraba, no pude decirles a dónde iba. No solo eso, sino que incluso supieras que yo estaba aquí mismo, a estas horas de la noche. Es como…— Tragué saliva y con palabras graves, añadí: —…si me hubieras espiado. —

Ya era una obviedad, esa persona se estaba pasado por mí y vigilo mis movimientos durante muchos días, además de que cortó mis transacciones bancarias, para luego presentarse aquí mismo y jugar conmigo. No sabía quién era, pero sus intenciones, aún desconocidas, eran malignas, no había nada bueno en esa chica. No entendía qué quería de mí, pero era peligroso.

¿¡Entonces, por qué estaba hablando tan tranquilamente con ella!? Tenía que salir corriendo de aquí lo más rápido, no era el momento para tener que comportarme como un caballero.

— Es que quería darte…— Y enfatizó demasiado estas palabras: — ¡…una grandísima sorpresa, mi príncipe! — Me dirigió una sonrisa burlona y llena de odio, poniéndome la piel de gallina. De nuevo, sentí escalofríos.

Jamás había sentido tanto rencor en una chica, si eso lo que transmitía al verme. Ni siquiera los hombres que más se encolerizaron al saber que yo hablaba con sus chicas transmitieron vibraciones tan oscuras y aterradoras. Era como si yo le hubiera matado a sus padres o algo igual de grave.

— ¡Pues lo has conseguido, tu sorpresa ha sido…— Di una pequeña pausa. —…increíble! ¡Me dejaste sin palabras! — Volví a mostrar risas nerviosas.

— ¡Me hace tan feliz de haberlo conseguido! — Ella soltó una especie de sonrisa inocente, o eso parecía, porque cualquier gesto que veía en ella era muy sospechoso. — ¡Para celebrarlo, podría invitarte yo a una copa! —

— ¡Gracias, no te molestes! ¡No voy a beber más, o me va a sentir fatal! —

Presentía que aquel ofrecimiento ocultaba algo aterrador y las alertas tenían que ser disparadas. Tenía que evitar ante todo cualquier ofrecimiento que ella me diera, como si mi instinto decía que cualquiera gesto debía ser entendido como peligro.

— Ah, ¡entiendo! Por la ilusión que me hacía hacerte ese favor…—

Casi iba a decirle que ni se molestará, pero me callé, no quería mostrarme borde.

Yo miré por todas partes, a continuación, registrando de forma visual el terreno para idear la mejor salida. Intenté hacerlo por cautela, pero se me salió el tiro por la culata.

— ¡¿Pareces nervioso!? — Me preguntó con aquella risa, de nuevo, que tanto escalofríos me daba tanto. — ¡¿Ocurre algo!? —

— Ah, no solo estoy aún muy consternado por la sorpresa, ¡es la emoción del momento! —

— ¡Sí, la emoción del momento…! — Se sintió como si fuera una burla acida y desagradable contra mí.

Para intentar ocultar, mi nerviosismo intenté distraerla con preguntas, soltando la primera que se me ocurrió.

— ¡¿Y ahora qué estás haciendo!? ¡¿Estás trabajando en algo o qué!? —

— ¿¡El trabajo!? — Saltó a reír. — No lo necesito, ya lo tengo todo…— Dio una pausa siniestra, antes de añadir: — Aunque falta algo…—

Entonces, soltó una mirada que, aunque duró unos pocos segundos, me puso la piel de gallina y provocó que empezara a temblar como un flan.

¡¿Qué intentaba decir con eso!? ¡Me daba muy mala espina!

Mi aturdimiento solo duró por unos segundos, para luego poder sentir una necesidad de comprender de una vez lo que estaba ocurriendo. Entonces, decidí interrogarla, tenía que saber más de esa mujer que se estaba pasando por mí:

— Y bueno, señorita Makhanji, eso quiere decir que ya estás casada…— Afiné mis oídos todo lo pude, necesitaba encontrar algo que me ayudara a comprender. — Es decir, yo había oído que usted iba a casarse…—

— Bueno, sí, me casé. Más bien, me había casado. Ahora soy viuda. El karma me ha tratado mal, me llevo a mi querido esposo, que debe haber alcanzado el nirvana, muy pronto. Me siento muy solita sin él…— Lo dijo con una pena y con una lástima que causaba muchísimas suspicacias.

Me sentí como si hubiera estado en un universo alternativo en dónde me había casado. Y lo peor del asunto es que me aturdía el hecho de que le haya durado tan poco el marido. Tragué saliva, intentando no pensar el hecho de que aquel hombre no fuera el mismo con el cual mis padres me obligaron a casarme. Bueno, era feo, pero aún así parecía joven y cercano a mi edad, era imposible que se muriera tan pronto, salvo si hubiera sido por el colesterol o algo parecido. Aquí había gato encerrado.

A continuación, tuve que llenarme de valor para preguntarle quién fue su marido, aunque lo primero es que tenía que recordar su nombre. Tras varios segundos de silencio, finalmente lo hice y ésta fue su respuesta:

— Sí, ese mismo. No fue bendecido por los dioses con una gran belleza, ni interior ni exterior, pero puse todo mi corazón en amarlo…—

— ¡Q-qué bien, h-he acertado! ¡M-menos mal…! — Estaba boquiabierta, lanzando algunas carcajadas, que me hacían parecer como si fuera una persona traumada. — ¡M-menos mal que a-aún recuerdo cosas…! —

El nerviosismo casi me domino el cuerpo, era incapaz de asemejar todo lo que estaba ocurriendo. Parecía como si yo no fuera Kasturba Makhanji, como si alguien me hubiera quitado mi verdadera identidad. Alguien me había robado mi propia existencia y me lo estaba echando en cara, se reía de ella, se pavoneaba de esto. El mundo se sintió absurdo, que todo se había puesto al revés, llegando al punto de la paranoia.

Yo me pregunté sin parar si era el mundo real, o si estaba metida en una horrible pesadilla, o había acabado en otra dimensión. Después de todo, esto no era nada normal, no lo podría comprender, era como si estuviera en una serie de televisión y ésta realizaba un salto de tiburón.

Ya, a punto de darme un ataque, cogí mi agua y me lo tragué toda, como una medida desesperada para tranquilizarme. De golpe, empecé a sentirme mareado y la visión, en cuestión de segundos, empezó a hacerse borrosa.

Entonces, iba a perder el equilibrio y ella me cogió del brazo.

— ¡¿Te sientes mal, Nehru!? — Me preguntaba ella con una aparente preocupación. Cada vez me costaba más mantener la conciencia.

Intenté forzar mi cerebro para decir algo, pero no podría soltar ninguna palabra. Ella empezó a llevarme a rastras, mientras seguía diciendo cosas:

— No pareces que estés bien…— Me costaba saber lo que estaba diciendo. — T-tal vez…— Aún así, veía en su rostro algo malicioso, oculto entre esa carita de niña buena que ponía. — Deberíamos…— Ahí, a pesar de que estaba a punto de perder la conciencia, me di cuenta de la situación. — L-llevarte a casa…—

Metí la pata, no debía haber dejado el agua sobre la mesa por tanto tiempo, me habían drogado. Y ya era demasiado tarde, perdí la conciencia y no pude recordar nada más.

FIN DE LA CUARTA PARTE

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