Centésima decimonovena historia

El príncipe y la paria: Séptima parte, centésima decimonovena parte.

Pasaron veinte minutos desde que salimos de aquel polígono industrial y, tras cruzar el rio Malyytavda, se empezó a divisar la ciudad, muy a lo lejos. Quedaban unos pocos kilómetros para llegara a ella, tenía que ponerme a pensar en dónde debía bajar y cómo llegar al aeropuerto o al puerto de la ciudad de Bogolyubov. Podría haberle obligado al pobre hombre a que llevará hasta ahí, pero tenía que pasar por mi casa para conseguir el dinero que me quedaba y salir de la isla, algo que no podría hacer mientras le hacía creer que llevaba una pistola apuntándole al estomago. Ni tampoco deseaba robarle, ya me había pasado tres pueblos y no deberá alargar la lista. Así que estuve pensando con todas mis fuerzas lo que tenía que hacer:

— Je, je, ¡¿y cómo le va todo, señor ladrón!? — Y el maldito conductor no me dejaba en paz, intentaba darme conversación. — ¡¿Has conseguido muchísimo dinero últimamente!? —

Y llevaba así durante un buen rato.

— ¡Bueno, podrías presentarte y decir tu nombre, por lo menos! ¡N-no es por querer sacarle información ni nada parecido, solo quiero hacerme amigable con usted! ¡Je, je, je! —

No sabía qué cara poner al verle intentar que yo le dijera cosas para obtener pistas para la policía. Menos mal que no era un ladrón de verdad, sino ya le hubieran volado los sesos al hacer una cosa así de una forma tan torpe y patética. Bueno, habrá que reconocer su atrevimiento.

Yo, por mi parte, me mantenía callado, esperando con paciencia que llegará de una vez a la ciudad, o alguna parte en dónde pudiera salir.

Entonces, el hombre frenó de golpe y yo casi me iba a chocar contra el cristal. Le grité esto: — ¡¿Pero qué haces, ves que casi nos íbamos a matar!? —

Él ignoró mis palabras, se le olvidó de que le estaba apuntando con una supuesta pistola, e intentó salir por la ventana, sin acordarse de que podría abrir la puerta, con una grandísima desesperación.

— ¡Ayuda, policía! ¡Ayuda! — Supe enseguida porque saltó de esa manera, se veía un coche de policía a lo lejos. Aparecieron en el peor momento.

Lancé todo tipo de insultos en mi idioma natal, mientras salía como una loca del coche y corrí al bosque como si quería ganar una maratón.

El maldito gritaba de forma histérica, mientras intentaba señalar mi partida. Bueno, es lógico que lo haga, ni debería ni insultarlo, yo haría lo mismo en su lugar, En esos momentos, solo deseaba romperle la cara o hacer alguna otra forma de callarlo para que no hiciera pensar a la policía que yo quería robarle. Al final, al ver que los policías ya se acercaban a él, yendo con total normalidad, como si no estuvieran escuchando una persona pidiendo auxilio; que olvidarse de aquel para centrarme en lo importante: Correr.

No sé cuánto corrí, pero cuando me detuve, vi que había atravesado el bosque y había llegado a un barrio residencial. Caí al suelo de bruces, inspirando y respirando como si había estado a punto de ahogarme. Me limpiaba la frente del sudor, mientras miraba como el cielo ya se estaba iluminando por el sol. Me pregunté a qué hora estábamos, parecía como si hubiera perdido mi percepción del tiempo, la noche se sintió eterna.

Aún así, tuvo que pasar un buen rato para que pudiera pensar en buenas condiciones.

« ¡Por todos mis antepasados, la cosa cada vez está peor! », pensaba para mis adentros. «Ahora no solo una chica me ha robado mi identidad y, con un grupo de matones, me quiere eliminar, sino que la policía también irá a por mí. »

Y lo peor de todo es que me di cuenta de que podría haberme entregado a la policía, así tal vez podría estar protegida por ellos. También pensé si hacerlo o no, pero veía que ya no había otra alternativa. De alguna que otra manera me convertí en una fugitiva.

Se me descomponía la cara y se me llenaba la cara de lágrimas por la frustración que sentía al ver todo lo que había ocurrido. Se sentía como si fuera una absurda pesadilla, me costaba asimilar que, en cuestión de días, hubiera pasado de una vida normal en esta isla del Pacifico en una huida por salvar mi pellejo. Era ridículo.

Pero no tenía tiempo para lamentos, yo debía levantarme de una vez e ir a mi casa, para coger el dinero que me quedaba e irme de aquí rápido. No podría descansar más. Lancé unos suspiros y me levanté con muchísima dificultad, mis piernas no querían responder, aún no se habían recuperado de la caminata.

 

— ¡Ay! El dolor ahora es más fuerte… — Protestaba, mientras ponía mi mano sobre mi cabeza. Sentía como si un taladro atravesara mi cabeza de oreja a oreja. Y no era solo eso. — Parece que la carrerita que he tomado me ha hecho mucho daño. —

Durante todo este tiempo aún me dolía la cabeza, aunque bajaba poquito a poco de intensidad. Un cuarto de lo mismo con el resto del cuerpo y las ganas de vomitar seguían ahí. Y con la carrera que di el dolor aumentó a los niveles que tenía cuando desperté. Y eso añádale al hecho de que empezaba a sentir algunos cólicos muy molestos.

— ¡¿Esto es por culpa de la droga o qué!? ¡Jamás me he sentido tan mal en mi vida! ¡¿C-cómo podré llegar a mi casa así!? — Yo pensaba en voz alta, entre gritos de dolor, lamentos y quejidos, mientras empezaba a caminar. No podría describir muy bien lo horrible que me sentía.

Incapaz de distinguir en qué lugar de la ciudad estaba, ni de saber dónde tenía que ir y sacando un esfuerzo titánico para no descansar, yo anduve por las calles por un buen rato, para no decir horas enteras.

Al final, acabé en un parque situado en el centro de la ciudad, agotado y aquejado por el dolor. Miré al cielo, lleno de nubes; di un gran suspiro e intenté beber en una pequeña fuente. Lo único que hice era meter la cabeza dentro, mojándome toda la cabeza en el proceso, y quejarme un montón. Atraje la atención de ciertas personas, como de algunos niños, que le preguntaban a sus madres qué hacía; y la de dos personas que se habían acercado a mí para preguntarme si estaba bien.

Y para mi desgracia, eran dos conocidas.

— ¡¿Nehru!? ¡¿Eres tú!? — Oí estos gritos de sorpresa, a la vez que escuchaba como se acercaron a mí a toda velocidad para sacarme la cabeza de la fuente. — ¡¿Qué estás haciendo!? —

Estaba más concentrado en el dolor que los sonidos me producían que ni podría reconocer sus voces: — ¡¿Q-quienes me llama!? ¡No griten tan fuerte, por favor! —

Tuve que sacar mi cabeza de la fuente para poder verlas. Al ver quiénes eran, me tuve que poner recta e intentar comportarme como un caballero, no podría dejar que ellas me vieran de esa forma:

— Ah, ¡buenos días, señoritas! — Me incliné y les besé las manos con gran gentileza, o eso intentaba. — ¡Q-qué coincidencia verlas p-por aquí! ¡Por si recuerdo mal, sois amigas de Mao, ¿verdad?! ¡Cock y Candy, ¿no?! —

Maldije sin parar en mi interior la aparición de aquellas dos chicas, que quienes también tienen una especie de amistad con Mao. Una de ella es Candy. Es una típica fanática de los comics y cosas parecidas, y como muestra de esto, en aquel momento, llevaba una camiseta con la imagen de una cosa muy fea llamada Deadpool o algo así. La otra es Grace Cook, una chica con la apariencia total de un burócrata muy gris, aunque es buena chica en el fondo. Y creo que me tenía un poco de manía, no sé si es por su mirada fría, pero me ve con cierta hostilidad.

— Mi nombre es Cook. — Me replicó ella, algo enfadada, mientras se ajustaba las gafas.

— Oh, mis disculpas, espero no haberla ofendido. — Reí nerviosamente, mientras me maldecía a mí misma por cometer un error tan idiota, estaba quedando mal como caballero.

Aunque, lo más importante era quitarse de medio, y enseguida. No dejaba de recordar lo que me dijo aquel hombre, que no debía involucrar a nadie. La cuestión era cómo hacerlo.

— ¿¡Te ha pasado algo!? ¡No tienes buena cara! — Me preguntó Candy, con una grandísima cara de preocupación.

— ¡No se preocupen, dulces damas! ¡E-estoy con una rosa! — Intenté mostrarles buena cara, actuando de la forma más fabulosa posible.

— Pues como lo vemos nosotras, es todo lo contrario. Creo que tenemos que llevarte al médico…— Después de lanzar un suspiro, añadió esto.

— ¡No, no, al médico, no! — Le grité como loca, a punto de salirme de mi papel. Menos mal que pude controlarme. — Bueno, con solo volver a casa y descansar un poco, podré ser el mismo Nehru de siempre. —

Intenté alejarme de ellas, mostrando una posición muy elegante; pero casi caí perdí el equilibrio, siendo sujetada por las dos chicas.

— ¡Ni siquiera puedes caminar bien! — Me decían las dos. — ¡Eso es verdad, estás muy pachucho! ¡Te ayudaremos a ir al hospital! —

Sentí mi orgullo un poco herido al ver que tenía que ser ayudada, cuando tenía que ser al revés. Aún así, seguí insistiendo:

— ¡Mirad, queridas gatitas, un caballero como yo no puede ser un lastre para vosotras! ¡Yo mismo puedo volver a casa, sin necesidad de que me tengan que soportar! —

— ¡Deja de hacerte el gallito! ¡No estás en condiciones para comportarte así! — Con un tono grave y casi hiriente, Cook me hizo callar. Eso fue muy hostil por su parte, me sentí muy entristecida, preguntándome si ella me tenía manía o algo así.

Entonces, esas dos empezaron a llevarme sin que yo pudiera resistirme, mientras maldecía mi mala suerte o al karma o lo que sea por haberlas hecho aparecer en el peor momento. Mientras no paraban de preguntarme cosas, a las cuales contestaba con muchísima ambigüedad, observé que habían ido al supermercado, ya que tenían en su mano bolsas llenas de comida. Le costaron mucho encontrar la manera de llevarlos al mismo tiempo que hacían lo mismo conmigo, pero lo consiguieron, de alguna forma. Y así es cómo me llevaron a su apartamento, que estaba muy cerca, casi al lado.

— ¡Perdón por el desastre! ¡Es que nos hemos levantado muy temprano y no nos ha dado tiempo para nada! — Rió nerviosamente Candy, después de haber entrado en el apartamento. Se le veía muy bien en la cara como se estaba muriendo de vergüenza.

— No intentes mentir, llevamos horas despiertas, incapaces de decidirnos para limpiar este desastre. — Le replicó Cook, con su típica cara seria. Aunque también se le veía avergonzada.

— ¡Vamos, Cook! ¡Así quedamos fatal, es solo una mentirijilla! —

— De todas formas, esa excusa no nos ayudará en nada…—

Y tenían razón, no importa qué excusa, el apartamento parecía como si fuera el típico patio trasero de una casa o una calle de la India. No debería reprocharles, porque tengo que contratar a limpiadoras para que limpien mi casa ni he tocado ni un plumero. Aún así, para un hindú, la casa debe estar muy pulcra, da igual afuera de ella, la suciedad pertenece a la calle, está en su lugar; y ver eso me ponía un poco mala.

— ¡No se preocupen, lindísimas…! — Me solté de ellas, intentando andar por la casa, mientras lanzaba horribles quejidos por mi dolor de cabeza, y el de estomago. — Pero, ¿¡p-por qué m-me han traído a su casa…!? —

Sin darse cuenta, ellas se pusieron en la boca del lobo. Tenía que irme de ahí cuanto antes, o si no podría ser víctimas de esa gente.

— ¡Relájate, príncipe! — Me hablaba Cook de forma descriptiva, mientras me obligaban a sentarme en el sofá. — Descansa un poco en nuestra casa, a ver si te mejoras algo. Podríamos llevarte a urgencias, pero me imagino que te resistirías a eso. —

— ¡Si no te pones bien, habrá que llevarte! — Añadió Candy, muchísimo más amigable que su amiga.

Tenía ganas de decirles que yo no podría relajarme, que tenía que salir de la isla, y rápido; me estaban persiguiendo y me querían matar. Me callé, más ocupada en soportar mis dolores que en otra cosa. Y el estomago se me estaba haciendo insufrible, recordándome en una ocasión en que comí un Kati roll contaminado y me mandó al hospital una semana y medio. Los cólicos se estaban volviendo igual de fuertes que eso.

— ¡¿Quieres algo!? ¡¿Necesitas una pastilla o algo!? — Y eso provocaba que las chicas estuvieran de los nervios. Candy no podría estar quieta, yendo de un lado para otro, para buscarme algo para mejorar mi salud.

— ¡Para, Candy! ¡La automedicación no es buena! — Cook intentaba mantenerse serena, pero el nerviosísimo de su compañera de piso, a la cual intentaba tranquilizar, la alteraba.

— ¡Ah, es verdad! ¡Pero es que no se ve nada bien, mira su cara, parece que está a punto de morir! ¡Deberíamos llevarlo al hospital! — Parecía que ella estaba mucho más enferma que yo, estaba cerca de darle un ataque de nervios. Yo me pregunté si de verdad estaba tan mal como me veían.

— ¡Tranquilízate, les vas a poner peor con tus nervios! — Y tenía que darle la razón a Cook, el nerviosismo de la otra ya me tenía negra.

Entonces, decidí intervenir. Yo tenía que tranquilizarlas antes de que me dieran un ataque de nervios y evitar que me llevaran al hospital Tenía que sacar mi faceta de caballero y buscar las mejores palabras para aliviar sus  corazones, mientras me mostraba segura y genial. Me levanté y dije:

— ¡No se alteren por tan poca cosa! ¡Puede que el dolor sea más fuerte de lo que parece, pero me da mucha más tristeza y miedo que vosotras estéis así de asustadas por mi salud! ¡Tranquilizaos, no hay necesidad de sentir preocupación hacia mí, no quiero que tengáis que sufrir por mí, mi corazón no lo soportaría! —

A pesar de todo el dolor que sentía, pude tranquilizar a las señoritas con mi buen tacto y gentileza.

— ¡Incluso cuando está enfermo, no pierde oportunidad en lucirse…! — Bueno, solo a una. La otra me miraba con mala cara y dijo esto con voz baja, dándome cuenta de que, en realidad, ella ya se había cuenta de que pasta estaba hecho yo. O eso parecía en aquellos momentos.

— ¡No te preocupes, Nehru! ¡No quiero preocuparte de más! — Por otra parte, Candy me miraba maravillada, después de agachar su cabeza como señal de disculpa. Como era de esperar, la había deslumbrado.

Entonces, como guinda del pastel, yo decidí mostrar mi mejor sonrisa y una postura de modelo, antes de agradecerle el gesto con más palabras bonitas. Y los dolores me tuvieron que arruinar el momento, cuando sentí un fuerte deseo de ir al servicio, convirtiendo mi hermoso gesto en uno de horror, de esos que te desmayarían del susto al verlo.

— ¡¿Y ahora qué ocurre…!? — Gritaron las dos, aterradas. — ¡¿Qué te pasa!? —

— ¡T-tengo que ir al servicio, y rápido! — Fue lo único que pude decirles, mientras instintivamente ocultaba mi entrepierna con mis manos y salía corriendo en busca del servicio con gran desesperación.

Lo peor es que yo sentí que algo había salido de mi interior, casi me daba ganas de desmayarme si veía que había hecho mis necesidades encima. Al llegar al lavabo, me di cuenta de que era otra cosa.

— ¡Mierda, la menstruación! — Me tapé la boca al instante, al ver que dije eso.

Vi como mis pantalones estaban manchados de aquella vomitiva sangre, procedente de los ovarios. Me sentí algo confundida, no esperaba que viviera tan pronto. Bueno, pensaba que me iba a venir unos días después, no en ese.

— ¡¿Habrá sido causa de la droga o qué!? — Pensaba en voz baja, aunque me pedía a mí misma que me mantuviera callada. — Bueno, ya no importa, ¿¡ahora qué hago!?  — Di un gran suspiro.

Y lancé otro más de alivio, al ver como el dolor desaparecía tan pronto como se me salió la sangre. Algo anormal, ya que la menstruación casi no lo noto, tanto en la cantidad como en la ausencia de molestias. Pensé que la droga que me dieron fue la culpable, pero no le di muchas vueltas. Ya que, empecé a sentirme mejor.

— ¡¿Estás bien!? — Me preguntaban las dos desde la otra parte de la puerta, con gran preocupación. — ¡¿Cómo te encuentras, Nehru!? —

— Ya estoy mucho mejor. Creo que debe haber sido producto de alguna molesta indigestión, nada grave. — Reí, antes de callarme y prepararme para lo peor: — Por cierto, no es mi intención molestaros, pero… ¡¿podrían hacerme un pequeño favor!? —

Aún así, la humillación ya estaba hecha, mi imagen caballeresca en ellas se iba a resquebrajar por culpa de este desagradable incidente. Con muchísima pena tuve que decirles que me trajeran nueva ropa de hombre, que la mía se había manchado. Deseé con todas mis fuerzas que tragara la tierra.

A continuación, mientras ellas me dijeron que iban a buscármela, aunque no sabían cómo; me quite toda la ropa e hice todo lo posible para enredar el pantalón y la ropa interior para ocultar las manchas de sangre. De paso, me di una ducha, aprovechando el hecho de que estuvieran tardando tanto, sin saber de que se tuvieron que ir a una tienda para conseguir mi recambio de ropa. Lo que me dieron me quedaba grande, pero se podría usar.

— ¡¿Te quedan bien!? — Yo le respondí a Candy que sí. Cook añadió esto: — ¡Menos mal! ¡Nos hemos gastado un ojo de la cara por eso! —

— ¡No pasa nada, consideremos esto como un regalo de cumpleaños para él! —

— ¡No importa, os pagaré lo que debo! ¡No voy a dejar que vuestro dinero haya sido desperdiciado en vano! ¡No es algo que debería hacer un hombre como yo! — Les dije eso a Candy y a Cook, para quedar bien. En realidad, ni siquiera creía tener la posibilidad de poder volver a hablarlas, así que no verían, con total seguridad, su dinero.

Tras vestirme, inspiré y respiré varias veces, me golpeé las mejillas de una forma muy suave, me lavé la cara y me miré al espejo. Casi di un grito al verme, parecía un amargado. Tuve que forzarme a sonreír y volver a ser el elegante y hermoso caballero de siempre, mientras hacía todo tipo de poses. Esto no era más que una forma de prepararme mentalmente para lo que podría venir a continuación. Mi plan seguía siendo ir a mi casa, coger todo lo que me queda de dinero e ir al aeropuerto. Ya que estaba mucho mejor, creía que iba a ser sencillo.

Al verme preparada, decidí hacer mi primer paso: Salir del maldito cuarto de baño y despedirme de aquellas dos:

— ¡Muchas gracias por todo, señoritas! ¡Gracias a vuestra ayuda, ya me encuentro mucho mejor! —

— ¡No hay de qué! ¡En mis animes dictan que lo correcto es ayudar a los demás, no importa cómo! ¡Sí, están llenos de valores! — Candy reía como idiota, mientras yo intentaba traducir lo que intentaba decir. Por lo menos, no fue tan seca como la de Cook.

— Era nuestra obligación como personas, supongo…— Hablaba como si la hubieran forzado para ayudarme. — Menos mal que esto no ha pasado a mayores. — Se le oía tan mecánica, que dudaba mucho de su sinceridad.

— Ahora, sin más preámbulos, tengo que irme a mi casa, ¡hay muchas cosas que hacer! — Les besé las manos como señal de despedida y añadí, estas palabras intentando parecer muy emotivo, mientras salía de su casa:

— ¡Adiós, adiós con todo mi corazón, mis queridas amigas! ¡Ha sido muy bonito conocerlas y pasar buenos ratos con ustedes! ¡Algún nos volveremos a ver! ¡Algún día! —

— ¡Qué exagerado eres, Nehru! ¡En fin, hasta otro día! — Decía Candy entre risas, sin saber realmente que yo me iba de verdad de la isla. Cook solo sacó un suspiro de molestia al verme así.

Más o menos, esto se pudo sentir como si fuera una despedida de verdad.

Al salir del edificio, me parecía oír la voz de Candy, llamándome, pero no le di importancia. Más bien, lo ignoré, tenía que alejarme de ellas lo más rápido posible, fuera como fuera.

Lo que no me di cuenta en ese momento es que me olvidé de algo en su apartamento, pero no parecía nada importante y ni siquiera me interesaba recordarlo. Me iba a arrepentir mucho de aquel estúpido olvido.

FIN DE LA SÉPTIMA PARTE

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