Centésima decimonovena historia

El príncipe y la paria: Novena parte, centésima decimonovena historia.

Aquel terrorífico e incomodísimo silencio que invadió el salón duró unos cuantos segundos, aún cuando los sentí eterno. Mientras yo aún intentaba asimilar lo que oyeron mis oídos, creí ver en aquella chica una sonrisa de satisfacción, como si estuviera disfrutando de aquella reacción. Por otra parte, esto me hacía recordar, aunque de forma muy difusa, a algo, como si la palabra “prometido” me lo hubieran dicho antes.

Al final, ella, la que me robó mi identidad; decidió romper este silencio, con estas palabras, después soltar unas pequeñas risitas: — ¡Oh! ¿¡Tanto os han sorprendido mis palabras!? ¡¿No os esperabais que mi querido Nehru tuviera novia!? — Esa maldita estaba burlándose de mí y no comprendía por qué estaba disfrutando de soltar esa horrible mentira. Y lo peor es que no le bastante con eso, ya que, a continuación, se acercó a mí y me cogió del brazo. Añadía estas palabras, mientras me miraba con unos ojos aterradores, a la vez que refregaba sus pechos contra mí: — ¡¿Nunca se los ha contado!? —

Candy y Cook se quedaron muy coloradas al ver aquel comportamiento, e intentaban mirar hacia otro lado, muy incómodas. Entonces, aquella chica se dio cuenta de una cosa, dando un pequeño chillido de sorpresa, a la vez que se tapaba la boca. Se había dado cuenta de que les habló en hindú. Y apoyo su cabeza sobre mi hombro y me dijo esto:

— Tradúcelo, Nehru, por favor. Diles lo que he dicho, estoy cansada de hablar en este idioma de mierda. —

No pude decir, estaba paralizada del horror. Entonces, ella apretó con fuerzas mis brazos y me lanzó esta dulce amenaza:

— ¡Hazlo o si no…! —

Con muchísimo nerviosismo y tartamudez, tuve que decirles esto a las dos.

— La verdad es que nos ha sorprendido muchísimo. No esperábamos, ni mucho menos, eso. Sí, eso. Y parece que os lleváis bastante bien…—

Eso dijo Candy, riéndose sin ganas. Daba la impresión de que sentía un poco defraudada.

— A mi me sorprende también. No pareces el tipo de persona que llevaría una relación estable…—

¡¿Qué intentaba decir Cook con esas palabras!? Daba la impresión de que no era nada bueno.

Yo estaba con el rostro descompuesto, deseosa de decirles que eso era una pura mentira. Y lo iba a decir, o algo que pudiera insinuarlo. Entonces, esa maldita me amenazó con nuevo:

— ¡No digas nada más! ¡Ellos están afuera, esperando alguna señal mía, y son capaces de hacer cualquier cosa, sobre todo cuando se trata de unas pobres jovencitas! ¡No le dan asco a nada, por desgracia para ellas! —

Se me puso la carne de gallina, en mi mente se formaron todo tipo de horribles imágenes. No podría creer que llegaría a esos extremos:

— ¡¿N-no te da vergüenza!? ¡E-ellas no tienen nada que ver con esto! — Le dije en voz baja, conteniendo toda mi rabia.

Entonces, apretó tanto mis brazos que me empezó a doler y añadió con una sonrisa: — Eso les pasa por ser una de tus innumerables amiguitas. Es tu culpa, han acabado así por ti, desgraciado…—

Candy y Cook estaban algo perplejas mientras nos observaban. Al no saber nuestro idioma no comprendían la gravedad de nuestra conversación, aunque se daban cuenta, tal vez, de que algo raro pasaba por mis reacciones, mientras mi presunta prometida intentaba emular como una chica enamoradiza.

— ¡¿Quieren qué le dejemos solos!? ¡Deben querer un tiempo para poder hablar de vuestras cosas! — A continuación, Candy dijo esto.

— ¡Sí, eso! ¡Tal vez deberíamos irnos y no molestar! — Y Cook, algo distraída, añadió esto.

Yo no sabía que decir, me quedé embobada. Por una parte quería que se fueran, por otra no deseaba que me dejarán sola con esta loca y su sequito de matones.

— ¡No se vayan! ¡Esperen un rato en el salón! ¡Nosotros solo vamos a hablar un rato! — Esa maldita, entonces, dijo esto en su idioma natal. Ni siquiera tenía la piedad de dejarlas ir. Me mordí los labios de la rabia, a la vez que hacía como si no la hubiera oído.

Luego, sin que esas dos se dieran cuenta, me hincó el codo muy fuerte contra las costillas y me obligaba a hablar: — ¡Vamos, traduce, Nehru! — Tuve que hacerlo.

— Pero no queremos molestarlos…— Añadieron con mucho nerviosismo Cook y Candy. Se notaba que deseaban quitarse del medio lo más rápido posible. — ¡Es verdad, es verdad! —

Pero ella les insistió tanto que no tuvieron más remedio que aceptarlo, para nuestra desgracia.

— ¡Entonces, esperen un momento! ¡Yo y Nehru vamos a hablar! ¡Ya vamos a volver enseguida! — A continuación, les tuve que traducir estas palabras que dijo ella, mientras se dirigía a la cocina. Luego, me hice unas señales amenazantes para que le siguiera y entrará ahí, mientras las otras dos chicas se sentaban en el sofá en total silencio.

— ¡Cierra la puerta! — Me ordenó y yo no pude más que obedecer a regañadientes, apretando uno de mis puños con todas mis fuerzas, ¡qué ganas tenía de darle una paliza ahí mismo!

— ¡¿Puedes coger la silla por mí!? ¡Eso es lo que esperaría, al menos, de un caballero como tú…! — Añadió, mientras me señalaba con el dedo una de las sillas que estaban debajo de la mesa. Soltaba un tono desagradable y burlón para ponerme más de los nervios, mostraba una sonrisita que no dejaba de producirme ardores, estaba disfrutando de la situación.

— ¡¿Crees qué te voy a hacer caso!? — Dije con enfado, intentando evitar dar algún grito. — ¡Déjate ya de hacerte la niña linda, exijo saber quién eres y por qué estás haciendo esto, además de que dejes de hacerte pasar por mí! — Sin darme cuenta, me acerqué a ella con ganas de golpearla, pero ésta sacó una pequeña pistola. Tuve que controlarme.

— ¡No hables de una forma tan ruda, no creo que eso sea muy caballeroso, mi príncipe…! — Su burla e ironía solo me enervaban. La impotencia que sentía era insoportable, me sentía entre la espada y la pared.

Al ver que me detuve, ella se quedó mirándome con mucho desprecio y odio. A continuación, habló:

— Entonces, ¡¿quieres saber quién soy!? ¡¿Acaso no me recuerdas!? —

Yo me quedé en blanco, no sabía qué responder. Así pasaron unos cuantos segundos que la exasperaron.

Frunció las cejas, abrió la boca como un gesto de ira e incluso creo que los ojos se le humedecieron. En fin, por la expresión que ponía, le faltaba poco para dejarme como un colador.

Y no es que la pudiera recordar, más bien es como si aún era incapaz de asimilar que ella era la persona en la cual estaba pensando. No paraba de decirme que era imposible, que aquella chica que trabajaba en mi casa como limpiadora fuera artificie de esta locura, así no era ella. Entonces, más recuerdos vinieron a mi mente como si fueran un fuerte torrente, haciéndome recordar un feo incidente con ella. Me pregunté si eso fue el detonante de que hubiera pasado todo esto. Las palabras de la ladrona de mi identidad me devolvieron a la realidad.

— Después de todo, me lo esperaba…— Añadió con un fuerte suspiro, con la mirada llena de ira y un tono de voz lleno de desánimo. — No me sorprende, solo fui un juguete más…— Dijo en voz baja.

Me quedé un poco boquiabierta, sentí que se estaba refiriendo al mismo incidente que yo estaba recordando.

Al ver que seguía sin hablar, continuó:

— Entonces, mejor contestaré la siguiente pregunta, ¡¿quieres saber por qué estoy haciendo esto, no!? — Arqueé las cejas, mientras postraba mi mirada furiosa contra ella. Creo que eso la emocionó, poniendo a soltar esto con un tono burlón y altanero, mientras aparecer que estaba teniendo escalofríos: — ¡No me mires con esa cara, das mucho miedo! ¡¿No puedes mostrar una cara gentil para esta dama!? —

Eso casi me hizo reír y provocó que dijera esto con el mismo tono:

— Después de drogarme y secuestrarme, ¡creo que esto es lo menos puedo ofrecer para una dama tan horrible como tú! —

Ella rió como loca, después apuntó su pistola hacia mi cabeza, mientras me rechinaban los dientes por la resignación y la impotencia, a la vez que temblaba como un flan, aterrado por el miedo de morir ahí mismo.

— ¡¿Sabes que te podría matar ahora mismo, no!? ¡Y esas amiguitas tuyas de paso! ¡Yo soy la que manda, así que no me seas tan altanero! — Me dijo, a continuación, con una sonrisa de pura loca.

Creí que iba a volarme la cabeza ahí mismo y, con el temor de ver mi propia muerte, cerré los ojos para no ver aquel terrible desenlace. Y así estuvimos durante unos cuantos segundos, como si el tiempo se hubiera congelado, hasta que ella volvió a abrir su bocaza.

— Bueno, nos hemos desviado un poquito de la conversación. En fin, te lo explicaré. — Bajó el arma y empezó a dar vueltas por la habitación.

Yo abrí los ojos y solté un fuerte suspiro de alivio, después de seguir mirándola con muchísima rabia.

— Pero antes, te preguntaré esto, ¿¡crees en el karma!? — Y dijo esto, que me dejo muy confundida, ¡¿ahora qué tenía eso que ver con esta situación!?

Tardé en responder, intentándole buscar el sentido, pero al recordar que tenía una pistola en sus manos, tenía que contestarle lo más rápido posible:

— Pues,… ¡¿qué quieres te diga!? No tengo ni idea de que si eso existe o no… —

Jamás me lo cuestioné, esas cosas filosóficas nunca iban conmigo. A ella no le gustó la respuesta, porque levantó la pistola, mientras añadía:

— ¡Sí o no! ¡No vayas a esquivar la pregunta! —

— Tal vez un poco, supongo que sí…— Solté lo primero que se me ocurrió.

— ¡¿Y en la reencarnación!? — Y ahora no solo me preguntaba por el karma, sino también eso. La confusión en mí ya era demasiado fuerte.

—  Lo mismo digo…— Tuve que responderle lo más rápido que pude.

— Tendré que conformarme con eso…— Resopló, mientras ponía un gesto de fastidio. Luego, continuó: — ¡Supongo que lo sabes, ¿verdad?! El karma es la ley de causa y efecto que provocan nuestras acciones y que nos afectan en cada reencarnación que hacemos. Los actos malos que hacemos en nuestra vida anterior vuelven para provocarnos sufrimiento y para alcanzar el nirvana hay que eliminarlos de tu mente, ¿cierto? —

— Sí, es algo así…— Respondí de forma desagradable, para luego soltar un pequeño chillido, muy harta ya de esta charla inútil sobre conceptos religiosos: — ¡Deja de jugar conmigo! ¡Jamás me han interesado las cosas religiosas ni menos ahora, no tengo interés en que me una lección sobre el karma y la resurrección! —

— ¡Tiene mucho que ver! ¡Muchísimo! ¡¿No lo entiendes!? — Y lo que provoqué fue más ira de su parte, que me dio una patada en el estomago, sin que yo pudiera haber reaccionado a tiempo. Lancé un grito ahogado, intentando no alzar mi voz; pero fue muy doloroso. Hasta me entraron ganas de vomitar o de escupir algo, mientras cubría mi estomago con mis brazos, aunque fuera demasiado tarde para hacerlo.

— ¡¿No crees que es un sistema injusto!? ¡Tener que soportar el peso de las acciones que hizo tus supuestas vidas pasadas, sin poder recordar ni saber qué pasó para recibir todo sufrimiento el sufrimiento que sufres ahora; ¿no es muy horrible?! ¡¿Por qué deberíamos aceptar algo así!? ¡¿Por qué perder el tiempo eliminar ese sufrimiento si en tu siguiente reencarnación te olvidarás de todo ese esfuerzo!? —

— Discute eso con algún brahmán o bhiksu, ¡no conmigo! — Le grité, con todas mis fuerzas, mientras aún me recuperaba del golpe. Ya me importaba poco que Candy y Cook, que apenas podrían entender de que estábamos hablando, se dieran cuenta con nuestros gritos de que algo iba mal.

— ¡Cállate, cállate! ¡Tú no lo entiendes, estúpida, para nada! ¡No puedes comprenderlo cuando has salido beneficiada por el karma! — Y ella solo subió el tono de voz. Intentó darme otro golpe, pero pude defenderme con mis brazos mi pobre estomago.

— ¡¿Beneficiada por el karma!? ¡¿Qué intentas decir con eso!? — No comprendía cómo yo podría tener buena suerte en eso.

— ¡No te hagas la estúpida, o estúpido, o como seas! ¡Tú naciste bajo una casa en dónde siempre había dinero, con ningún tipo de problemas ni desgracias, pudriéndote en tu propio aburrimiento! ¡Y yo, y yo…! ¡Nací como una dalit, como hija de parias, sufriendo todo tipo de burlas y violencia solo por mi condición, solo por haber nacido! ¡Y, y…! —

Casi si descontroló, la rabia ya se le salía por los ojos en forma de lágrimas y su cara parecía roja por la ira.

Alzó la pistola, dispuesta a volarme los sesos. Yo, sobresaltada, le solté esto, más como medida desesperada para que no disparase que como la sorpresa que me dio escuchar eso, que fue algo que me dejo muy boquiabierta:

— ¡Espera, espera, un momento! ¡¿Eres un dalit, una intocable de esos!? ¡Oye, oye, estamos en el siglo veintiuno, las castas en la India ya no deberían existir! —

Supongo que lo sabrán, pero en la India estaba establecido un sistema de castas, separado en cuatro: Los brahmanes, los chatrías, los vaishias y los shudrás. Pero debajo de estos, más bien fuera de ellos están los llamados “dalit”, los intocables, los parias. Ya había pasado tiempo desde que eso se volvió obsoleto, no debería existir.

— ¿¡De verdad eres tan idiota!? Cualquier indio medianamente informado sabría que en las zonas más profundas de nuestra enorme nación aún nos seguimos rigiendo por el sistema de castas…—

No es mi culpa no saber ese dato, tampoco es que yo veo las noticias o haya oído a alguien a hablar de ese tema.

— ¡Es que en la ciudad jamás he visto nada de eso! ¡Siempre me han sonado a cosas de un pasado lejano…! — Añadí.

— Sí, soy un paria, por alguna razón, no sé si por no tener algún trozo de Púrusha en mi interior o por las malas acciones cometidos por mis vidas anteriores, acabé así… Podemos decir que el karma me condeno. —

Quedé descompuesta, no me podría imaginar que esa persona fuera de verdad una paria. Y, mientras yo intentaba salir de mi asombro, ella puso su mano sobre su cabeza y empezó a reír, de una forma que daba la impresión de que tenía ganas de llorar. A continuación, empezó a gritar como una loca:

— ¡¿Y por qué!? ¡Eso es lo que me pregunto! — Empezó a tirar cosas por el suelo. — ¡¿Por qué a una capulla como tú le dieron todo y a mí solo me han hecho sufrir y hacerme trabajar para nada!? Creía que al llegar a la gran ciudad, podría escapar de ese destino, pero, pero, al final…— Dio una pequeña pausa, solo para golpear al suelo una y otra vez, mientras mostraba un rostro envuelto en furia y lágrimas.

Luego, añadió con lamentación y risas: — En verdad creí que podría llegar a ser alguien en la modernidad, en ese mundo en dónde las castas no existían, dónde todos podrían ser lo que quisieran y alcanzar las riquezas y la felicidad. Pero es la misma mierda de siempre, pero con el dinero como controlador de todo. — Volvió a reír, mientras me miraba con odio: — ¡Qué suerte tuviste, Kasturba! —

— ¡Ya lo entiendo…! Ya sé lo que quieres…— Como si me llego una revelación, me di cuenta de sus intenciones. Con una sonrisa, solté estas palabras: — ¿¡Crees que podrás escapar de tu desgracia al ocupar mi lugar, estoy en lo cierto!? —

— Por fin dices algo inteligente, mi príncipe…— Dio una leve, pero molesta, risa. — Pero estás un poco equivocado. Yo ya soy tú, he ocupado todo este tiempo tu lugar. Con todo mi corazón, agradezco que salieses corriendo como una gallina, conseguí convencer a tus padres para hacerme pasar por ti y casarme con aquella persona, ¡todo un multimillonario, sus riquezas superaba todo lo que podría imaginar, y ahora son solo míos! ¡Perdiste una gran oportunidad, qué gran estúpida eres! —

Reí para no poder llorar, jamás me podría llegar a creer que esa triste empleada del hogar hubiera hecho algo tan increíble y perverso a la vez como esto. Desde el primer momento, desde que salí de la India, me robó mi identidad y se hizo pasar por mí, ¡una verdadera locura!

— Parece que has triunfado, pero…— Mostré toda mi resignación, pero aún no entendía una cosa. — ¡No es posible, no puedo creer que mis padres fueran capaces de buscar una doble de mí! ¡Es imposible! ¡Imposible! —

No es que tuviera una buena imagen de ellos, pero creo que imposible que ellos hubieran aceptado esto. Por lo menos, eso intentaba pensar.

— Pues sí, es cierto. Al parecer, la economía de tu casa no iba tan bien como parecía. De alguna manera, tus padres estaban endeudados y ellos necesitaban de librarse de esas deudas. No tuvieron más manera que hacerte casar con un familiar de los prestamistas para saldarlo. Y su desesperación era tan grande, mil veces más poderosa que tu huida, que aceptaron mi propuesta de ocupar tu lugar, de ser Kasturba Makhanji. —

Boquiabierta, incapaz de asimilar aquellas revelaciones, me quedé paralizada, diciéndome en mi interior una y otra vez que eso no podría ser verdad, que debía ser una mentira suya para torturarme o algo por el estilo. No quería aceptar que ellos, desesperados por el dinero, fueran hacer un doble de mi solo para conseguir los billetes de esa cosa horrible. Ella me veía y lo disfrutaba. Decidió, con un tono mucho más burlón e hiriente, echar más sal a la herida:

— ¡¿No te lo puedes creer, verdad!? ¡Ellos jamás miraron por ti, sino por sus problemas económicos! ¡No les importabas nada! Después de todo, ¿¡a quién le importa a una vaga, estúpida, un parásito sin tener ningún tipo de objetivo en la vida, salvo vivir a costa de los demás!? ¡Las desgraciadas como tú deberían ser los parias, pero el mundo, el maldito karma, os han dado una vida llena de abundancia! ¡Yo debería estar en tu lugar, tú tenías que nacer para ser un desecho de la sociedad! ¡No, no, deberías haberte reencarnado como un apestoso animal, eso es lo que te mereces! —

Era muy difícil contener mis ganas de romperle la cara a esa maldita, si no fuera por la pistola que portaba en su mano, le dejaría irreconocible. Jamás sentí tanta rabia y ardor en mi pecho. Ella solo siguió riendo a gritos, fuera de sí. Tan irritante y perturbadora que era digna de ser usado por algún terrible villano. Al darse cuenta, calló, carraspeó unas pocas veces y habló con toda normalidad, volviendo a esa falsa fachada de chica educada y amable:

— En fin, desde que he ocupado tu lugar, todo me ha ido genial, ¡tengo una vida llena de abundancia y prosperidad, puedo hacer lo que quiera con todo este dinero que tengo! ¡Desde comprarme un hermoso y enorme palacio, o construirlo; hasta matar a todos mis enemigos! ¡No hay que no pueda hacer! Aun así hay un pequeño problema, que puede tirar al traste todo lo que he podido conseguir… ¡Tú!

Me di cuenta de que si volvías a aparecer en la India, lo arruinarías todo. Tenía que evitarlo a toda costa, así que por eso estoy aquí, para quitar el último bache que queda para alcanzar mi felicidad, y vencer al karma. —

Sin beberlo ni comerlo, me quería eliminar, solo porque ella me robo mi identidad y yo se lo podría reclamar, nada más. Ella estaba demostrando que era mucho peor que el karma que carga sobre su espalda.

Es más, se lo merecía. Supongo que yo no debía ser la primera que iba a eliminar, me empecé a imaginar que también lo hizo con mi pretendiente, le quito de en medio para quedarse con toda su fortuna, ¡toda una viuda negra!

Y ahora me estaba apuntando con el arma, dispuesta a acabar conmigo. Yo no podría terminar así, ni en broma, pero no veía ninguna salida, parecía inevitable mi final.

FIN DE LA NOVENA PARTE

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