Centésima decimonovena historia

El príncipe y la paria: Undécima parte, centésima decimanovena parte.

El silencio que hubo tras las palabras de esas dos fue bastante incómodo, mi nerviosismo se notaba tanto que no paraba de ponerme bien el cuello de la camisa, porque sentía que me estaba ahogando.

Menos mal que Ranjit, quién llegó a las puertas del edificio, lo rompió, diciéndonos esto:

— ¡No os quedéis ahí! ¡Este no es el mejor lugar para hablar, hacerlo dentro! ¡Vamos, hay que ir a la recepción! —

Le hicimos caso, aunque las dos chicas me mostraron miradas y gestos que dejaban claro que yo no me podría escapar. Di un fuerte suspiro, al ver que no tenía más remedio.

Entramos e hicimos todo un aburrido proceso para registrarnos en el hotel, aunque lo sorprendente es que no nos pidieron nada de dinero ni siquiera documentación. La chica de la recepción llamó por teléfono a su jefe y éste se puso a hablar con Ranjit como si fueran amigos de toda la vida. Fue muy sorprendente de que nos inscribieran con nombres falsos y alojamiento gratis. Luego, se dirigió a nosotras y nos dio nuestras llaves:

— ¡Bueno, yo tengo cosas que hacer! ¡Vosotros os podéis dirigir a vuestras habitaciones y hablar de eso! — Nosotras no supimos que decirle, aunque deseábamos preguntarle cómo pudo conseguir eso. Luego, se dirigió hacia mí: — ¡Ya te informaré más tarde de todo lo que ha ocurrido, Nehru! —

Con esto se fue, dejándome sola con esas dos. Las miré y ella me miraban a mí, con los brazos cruzados, esperando a que yo moviera el trasero hacia a nuestra habitación. Con muchísima sinceridad, les solté esto:

— ¡¿No me puedo librar de ésta, verdad!? —

Ellas movieron la cabeza de forma afirmativa, con toda la seriedad del mundo. Expresé un quejido y añadí:

— Pues vamos a ello…—

Con esto dicho, las tres fuimos a la habitación que me asignaron, yendo yo con los hombros caídos por el desánimo y suspirando una y otra vez. Por nada del mundo deseaba ser interrogada por esas dos, porque ya sabía de qué querían hablar y quería evitarlo a toda costa.

Mi cabeza ya estaba muy torturada con todos los acontecimientos que tuve en las últimas horas para que me vengan ellas a exigirme la verdad de mi sexo. Incluso en aquellos momentos mi cerebro no paraba de recordarme las palabras de Mao y en todo lo que aquella bruja que robó mi identidad me reveló. Aún apretaba los puños por la rabia y la impotencia, mientras me entraba a ratos las ganas de llorar.

Tras subir al segundo piso, dimos unas cuantas vueltas por sus larguísimos y lujosos pasillos, todos llenos con cuadros y adornos relacionados con la temática de las armas de fuego y la segunda enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América, buscando mi habitación, que no lo encontrábamos.

En verdad, yo me di cuenta en dónde estaba, pero me hice la idiota y pasé delante de la puerta, intentando ganar tiempo para lo inevitable o para que pasará algo que impidiera que estas dos me preguntarán aquello. Al final, me pillaron. Entramos en él y ellas, sin darme tiempo a decir algo sobre la habitación, dijeron:

— En fin, ya estamos aquí, ahora cuéntanos la verdad…— Cook empezó la conversación con una seriedad que asustaba, mientras ponía bien sus lentes para mostrarse más intimidante.

— ¡Eso, eso mismo! ¡Queremos saberlo! — Y Candy añadió mientras me señalaba con el dedo.

— ¡¿Qué verdad, señoritas!? — A pesar de que yo intentaba mantener la compostura, estaba tan nervioso que se notaba a leguas. — N-no tengo ni idea de lo que están hablando…—

Cook dio un fuerte suspiro, antes de continuar: — Iremos al grano, ¿eres una mujer? —

— ¡Eso, eso! — Gritó Candy, para luego darse cuenta de lo cortante que fue la otra: — ¡Oye, no creo que lo hay que soltar tan de repente! ¡Teníamos que hablar primero del pantalón! —

— Dar rodeos es algo que no me interesan, y menos con lo que hemos pasado…—

— ¡¿De qué pantalón hablan!? ¡¿Q-qué cosas tan graciosas están diciendo, señoritas!? ¡Aquí, como me ven, soy hombre con todas las de la ley! —

Empecé a reír como idiota, incapaz de controlar mi nerviosismo, jamás me sentía tan incomodo como en aquellos momentos.

— ¡No importa si eres hombre o mujer, me pones de los nervios! ¡Sabes perfectamente de lo que estamos hablando! ¡El pantalón que dejaste en nuestra casa olvidado había una mancha en la zona de la entrepierna! ¡Y no una cualquiera, sino de sangre! —

— ¡Eso, eso! — Al parecer, Candy no sabía decir otra cosa más.

— Cuando yo y Candy lo vimos, nos quedamos muy asustadas, creíamos que estabas perdiendo sangre por el ano…— La otra la interrumpió, añadiendo eso: — Eso suele ser una cosa muy grave…— Cook siguió hablando, mientras daba vueltas por la habitación. — Pero entonces nos dimos cuenta de que era diferente y nos hacía muy familiar…— De nuevo, fue interrumpida: — Era como la menstruación. —

Sin darme cuenta, me mordí los labios al ver que olvidarse de ese maldito pantalón fue un grave error. No entendía muy el por qué, pero tenía que terminar con aquella conversación de una vez, sea como fuera.

— ¡No sé cómo han llegado a conclusión, es muy precipitada…! — E intenté redirigirla, buscando una manera de desviarlo y engañarlas con alguna excusa barata. — No quiero indignaros ni haceros pensar que voy a decir algo negativo de vosotras, ¡nada de eso! ¡Os tengo un gran respeto y entiendo como habéis llegado a esa conclusión, p-pero, pero de verdad, ¿creen que solo por unas manchas de sangre soy mujer!? —

Intenté mostrar todos mis encantos, pero mi nerviosismo no ayudo mucho a mejorar mi situación.

— Eso es lo que queremos saber si eres hombre o no…— Cook siguió hablándome, sin provocarle ningún cambio en los músculos de la cara.

— Bueno, si eres mujer en lo físico, ¿entiendes? Si te sientes hombres por dentro, los genitales no deben determinar tu género…—          Y añadió Candy, con muchísimo timidez. Mas bien, como si intentará no ofenderme.

No dije nada más, me quedé pensando, preguntándome qué podría hacer ahora; mientras me acercaba a la gran ventana de la habitación. Volví a recordar de nuevo la conversación con Mao.

A continuación, recordé las palabras de aquella maldita bruja y luego de todos lo que había pasado en mi vida durante todos estos años. Me miré en el reflejo que mostraba la ventana de mí y me sobrecogió, a pesar de que no había nada raro en mi cara.

Lo que me había sobrecogido no era nada más ni menos que mi rostro, lo que me aterró era no encontrar atisbo de mi antiguo ser, de lo que era antes de ser Nehru. Era como si estuviera viendo a otra persona muy diferente, tanto que me hizo olvidar cual era mi género por sus segundos.

— ¡¿Q-qué soy!? ¡¿E-era un hombre, o una mujer…!? —

Por muy estúpido que parecía, me di cuenta de que aquella ficción, ese personaje llamado Nehru que me inventé me había absorbido y me había vuelto en él. Sentí como si mi verdadera identidad hubiera escapado de mí, como si hubiera sido robado de forma literal por aquella empleada del hogar. Yo ya no era Kasturba.

— ¿¡Te ocurre algo!? — Preguntó Candy muy preocupada, al ver mi rostro lamentable. Yo ni siquiera me digné a responder.

Aquel cúmulo de horribles sentimientos que arrastraba desde todos estos días se enervación a niveles insoportables. Me sentía perdida y furiosa, incapaz de poder comprender lo que me estaba pasando. A partir de ese momento, ya ni pude mantener mi compostura:

— ¡Eso me lo pregunto…! — Empecé a reír de una forma muy maniática y desagradable. — ¡Yo ya ni sé ni lo que soy…! ¡Si soy hombre o mujer, si soy de la India o no, o yo misma….! —

Las dos chicas mostraron un gesto de extrañeza en sus rostros al verme actuar de esa forma. Me tape la cara con la mano, mostrando una sonrisa forzada, y seguí hablando:

— Pero presuntamente soy una chica. Sí, es cierto. Soy una chica, o lo era. Solo una más que deseaba encontrarse con su príncipe azul. Pero, pero, yo ahora soy el chico guapo, ¿¡en qué momento me paso esto!? —

Seguí riéndome para no llorar. Me veía como una lunática, asustando a las otras dos chicas. Una de ellas, Candy, me decía: — ¡Tranquilízate, Nehru! ¡No pasa nada, nosotras no hemos venido a juzgarte ni nada parecido! ¡Si eres hombre en el corazón,…! — La interrumpí bruscamente.

— ¡No me saques eso ahora! — Me acerqué a ella de forma súbdita y le cogí de la barbilla, mientras le seguía hablando: — ¡Yo no me sentía un hombre, sabía y comprendía que era una mujer! ¡Bueno, fea, pero lo era! ¡Jamás era mi intención terminar así! ¡Pero, aún así, a pesar de todo, empecé a actuar como un príncipe y jugar como tal! ¡Hasta al punto de que ya no sé ni que sentirme, he llevado tanto tiempo así que ni siquiera siento que puedo pensar como una chica, ¿qué me ha pasado?! —

Sus ojos intentaban esquivar a los míos, que, con toda seguridad, la estaban observaban con una hostilidad y frialdad que pondrían la carne de gallina. Se notaba que Candy se sentía muy incómoda y se notaba las ganas de alejarse de mi rostro enfurecido.

— ¡No te preocupes, seguro que…! — Aún así, siguió animándome, algo que solo se volvía contraproducente.

Expresé un gesto de ira, mientras decidí alejarme de Candy, soltando ella un gesto de alivio. En un intento de vano autocontrol, le suplicaba esto, mientras me apoyaba contra la pared con gran virulencia:

— ¡Por favor, no hables más! — Sabía que, de un momento para otro, iba a soltar cosas de la que me iban a arrepentir y que ya no podría detener, iba a explotar de un momento para otro. — Yo ya no puedo…—

— ¡Deberíamos irnos, Candy! ¡Ya hemos sabido lo que queríamos! — Esa Cook, quién solo estuvo mirando en silencio, se dio cuenta de lo que iba a pasar. Le tocó el hombro a la otra y le dijo aquello.

— No puedo irme así sin más…— Demostró que era una friki idiota, ¡¿no podría comportarse como un arquetípico y actuar de una forma mucho más inteligente!? — ¡No importa si eres una chica o un chico, tú eres tú! ¡Si descubriste que piensas y actúas como un hombre, no pasa nada, es que eres así y no es nada malo! —

Al final, eso fue lo que me sacó de mis casillas. Le grité con toda mi ira:

— ¡Tú no lo entiendes! ¡Ni siquiera sé ahora quién soy, me han robado mi identidad…! — Di una pequeña pausa, solo para soltar un fuerte gesto de fastidio. — ¡Y-yo solo me pasaba por chico por diversión, no por esas mierdas de sentirme del otro sexo ni nada parecido…! — Volví a reír.

— ¡¿Diversión…!? — Dijeron al unísono, mientras ponían caras raras, que dejaban claro que les parecía absurda mis palabras. Yo continué:

— ¡Pues claro que sí, mis damas! ¡Como dije, yo también deseaba tener un príncipe azul, un hombre educado, amable, que me haría vivir a lo grande y me hiciera sentir como una reina! ¡Como otras muchas! ¡Y entonces, sin darme cuenta, me hice pasar como tal y ver a esas idiotas a ilusionarse con haberse encontrado con su hombre perfecto, era divertido! ¡Sí, era gracioso ver sus vanos intentos de verse sexy y atractivas hacia mí, mojándose las bragas, pelearse entre ellas, capaces de insinuar tirar toda su vida por la borda, todo eso por un desconocido que solo lucía hermoso y actuaba como un caballero! ¡Actuaban de una forma tan desesperada y patética que daban risa, además de sentirme querida y adorada! ¡Los hombres pueden llegar a ser unos estúpidos, pero las mujeres llegaban a superarlos y era hermoso ver cómo caían tan bajo! Ajajajajaja…—

Ahí es dónde me entró un ataque de risa, y reconozco que era digno de un villano de película. Casi me caí al suelo por las carcajadas, mientras las dos chicas me mirabas estupefactas. Sobre todo Candy, que me observaba con una cara de horror que duró unos cuantos segundos. Se quedó paralizada, tal vez intentando asimilar todo aquello que dije.

— ¡¿Candy!? — Cook pudo reaccionar e intentó hacerla volver a sí mismo.

Y yo no tuve la mejor idea que echar más sal sobre la herida, actuando de forma burlesca y desagradable:

— ¡¿Acaso te hirió eso!? ¡Por eso te dije que no hablará más, lo hice por compasión…! —

Entonces, sentí una fuerte bofetada en toda mi cara que casi me hizo caer al suelo, porque no lo esperaba. Cook se quedó mirando atónita, viendo como la misma Candy, entre una cara llena de rabia y lágrimas, se acercó a mí para darme el bofetón de mi vida. Bueno, yo ya me imaginaba que alguien me iba a golpear, pero creía que iba a ser la seria de Grace, no la otra. Yo tardé en reaccionar, solo empecé a tocar la mejilla en dónde recibí el golpe, para comprobar cómo me lo había dejado, porque dolía y picaba mucho. De todas formas, ni me quejé, solo me quedé en silencio, mientras la friki empezó a soltarme todo esto a gritos:

— ¡Y-yo no puedo creerlo! ¡A pesar de que seas una chica, ya sea solo de forma física o no, comportarte así con las demás mujeres como si fueras un machista de mierda no tiene perdón! ¡¿Qué te crees que somos nosotras, unos juguetes a ti disposición solo para ser burladas!? ¡E-eso es algo, algo muy cruel! ¡Es horrible! ¡Repugnante! —

— ¿Y? — Fue lo único que se me ocurrió, con total indiferencia. Eso solo provocó que se alterara mucho y se lanzará hacia mí con deseos de darme un buen golpe.

— ¡Tranquilízate, Candy, por el amor de Dios! — Le gritaba Cook, mientras le sostenía con todas sus fuerzas.

— ¡Suéltame, te he dicho que me sueltes! ¡Qué le voy a dar la paliza de su vida! ¡Por todas las mujeres! — Y Candy no paraba de gritarle esto una y otra vez, quién intentaba liberarse de ella. Su rostro de indignación y cólera provocaba que sintiera mucha lástima por ella. Aún así, eso no provocaría que siguiera actuando con indiferencia.

— ¡¿Pero desde cuando eres así de violenta!? — Lo que me sorprendía es que Cook fuera la que estaba tranquila, a pesar de todo. Es decir, era la que estaba intentando tranquilizar a la otra, mientras la sostenía con todas sus fuerzas.

— ¡¿Vas a arreglar algo!? ¡¿Crees que con darme una paliza de mi vida vas a solucionar algo!? —

— ¡Idiota, no la incites! ¡Ya me cuesta sostenerla! — Me gritó Cook.

Yo no dije nada más. Candy siguió intentando liberarse de las garras de la otra, soltando algunos gritos y quejido, hasta que se cansó y se detuvo después de varios segundos en ese estado frenético. Le pidió a Cook que la soltará y dijo:

— ¡Yo ya me voy! ¡Ni en sueño quiero seguir estando en el mismo lugar que ésta! —

Con esto dicho, se fue de mi habitación, con Cook siguiéndola en total silencio. Ahí es cuando solté un fuerte suspiro de alivio. Me sentía calmada por fuera, a pesar de que seguía turbada por dentro. Ya nada me importaba. Miré en la ventana cabizbaja y extraña, volviendo a preguntar qué me estaba pasado. Ya hasta sentía dolor de cabeza.

Así estuve durante un buen rato hasta que alguien tocó la puerta.

— ¡Soy yo, Ranjit! ¡¿Puedes abrir la puerta!? —

En voz baja, dije: — Lo que me faltaba…— Luego, me acerqué con rapidez y le abrí.

— No deberías abrir tan rápido, debías fijarte bien quién llega ante tu puerta antes, por si ellos aparecen aquí. No podemos fiarnos mucho. —

Yo no dije nada, aunque me molestó mucho aquel comentario, lo que menos deseaba era que me regañarán. Al ver mi actitud, continuó hablando:

— En fin, ¡¿ya has terminado de hablar con tus amigas!? —

Volví a quedarme en silencio, de nuevo cabizbaja. Enseguida se dio cuenta del resultado, tras dar un vistazo por toda la habitación.

— Parece que no ha ido bien, espero que no las hayas enfadado. Supongo que alguien como tú debe saber lo sensibles que son las mujeres…—

— Más o menos. — Por fin, hablé. — ¿¡Has venido a contarme todo lo que sabes, verdad!? —

— Sí, pero quiero hacerlo en un ambiente más agradable. Te voy a invitar a un trago. —

Y con esto dicho, salió de la habitación, mientras yo le seguía como un zombi. Aún no me había recuperado de esa pelea, no quería ponerme peor con lo que me iba a contar, pero tenía que hacerlo, debía saber lo que había ocurrido después de que yo huyera de la India.

FIN DE LA UNDÉCIMA PARTE

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