Centésima decimonovena historia

El príncipe y la paria: Treceava parte, centésima decimanovena historia.

Tardé un buen rato en callarme y dejar de llorar. Al ver que me quede sin lágrimas, con mis ojos totalmente rojos y con un molesto dolor de cabeza, decidí levantarme de la cama y bañarme. Necesitaba refrescarme las ideas y pensar de forma fría y racional o, por lo menos, poder relajarme.

Me metí en el cuarto de baño y me desvestí con desgana, apenas tenía las ganas de mover mis músculos como debería para quitarme mi ropa. Entre quejidos y sollozos, entré en una enorme y espaciosa ducha, en la cual podría entrar más de diez personas, y abrí el grifo. Casi di un grito al notar el agua fría.

Después de poner el agua caliente, bajo la lluvia que salía de la ducha, me encogí de piernas y me quedé así por un buen rato. Entonces, en ese mismo lugar, empecé a pensar y pensar.

« ¡¿Cómo he podido terminar así, cómo se han complicado las cosas hasta que punto!? ¿¡En qué momento empezó esta maldita desgracia!? ¿¡Por qué, por qué!? ¡No lo entiendo! ¡Mis padres están muertos y su asesina se pasea por esta isla con mi identidad, envuelta en billetes y dispuesta a quitarme también del medio! ¡¿Por qué no es una broma, por qué no es nada de esto una trola con el simple propósito de hacerme molestar!? ¡Y-y-yo no puedo! ¡De verdad! ¡No puedo aceptarlo! »

Me ponía las manos sobre la cabeza mientras gritaba una y otra que esto era una mentira, como si así creía que podría solucionar algo. La verdad es que solo estaba cerrando los ojos para no ver la realidad, para no aceptar lo que estaba viviendo. Así me mantuve durante unos buenos minutos, para luego empezar a pensar en otra:

« Ya, ¡déjalo! ¡Por mucho que quiera, nada va a cambiar! ¡Piensa fríamente, tengo que comprender cómo he terminado así, buscar el principio de todo este puto asunto! »

Y con esto dicho, cerré los ojos con fuerza, respiré e inspiré varias veces, olvidándome del hecho de que estaba bajo la ducha, sentada de rodillas, y de todo mi alrededor. Al relajarme, empecé a sumergirme en mis recuerdos, en busca de las piezas que me harían comprender esta situación y entender de una vez porque se había vuelto esto en una enfermiza tragedia. Le iba a hacer una larga visita a mi pasado, con ganas de enfrentarme a todo lo que no deseaba recordar.

A lo primero, fui tan lejos en mis recuerdos que volví a mi infancia, que fue casi la misma que podría tener una niña normal y corriente. Dejando el hecho de que mi nivel socio-económico era muy superior al de una buena parte de los niños con los que me relacionaba, lo era. Y en aquel momento, me di cuenta de algo, al recordar mi niñez, que ocasionaría el germen de todo lo que había pasado después, una cosa que no pase por algo hasta ahora. Hablo de mi complejo hacia mi propio cuerpo.

La pubertad hace milagros para algunos y hace perrerías para otros, por mi desgracia, yo fui el del segundo grupo, y empezando muy temprano. Di un estirón, pero mi maldito cuerpo apenas se volvió femenino, sino bastante masculinizado. La verdad es que no le di importancia a esto, ni me di cuenta, hasta que los demás empezaron a señalaron. Muchas niñas de mí alrededor decidieron burlarse de mi cuerpo:

― Tienes mucho pelo, pareces un mono. ― Algunas no lo hacían con mala intención. ― ¡¿Eres una niña!? Yo pensé que tenías pito. ― Pero otras eran unas cabronas que me hundían la moral. ― ¡Eres una marimacho, una marimacho! ―

Lo primero que hacía era llorarle a mi madre, que me decía con enfado que no hiciera caso a esas tonterías, que había problemas más importantes en el mundo que me dijeran tales cosas. Solté una amarga sonrisa al recordar su indiferencia hacia mí, ya no volvería a verlo de nuevo. Siguiendo con mis recuerdos, al ver que no conseguía resultados pidiéndole ayuda a mi madre, decidí hacerlas callar por medio de los insultos y con alguna que otra pelea. Eso hizo callar a algunas, aunque luego lo dijeran detrás de mis espaldas, pero otras siguieron, no se callaron. Llegué al punto de que me acostumbré y las interioricé.

Además, me di cuenta que muchas de esas burlas que me dedicaron eran también por la envidia, no por mi feo cuerpo ni nada parecido, sino por mi cercanía a los chicos. Mientras las niñas de mí alrededor y de mi edad veían a los chicos como inmaduros e idiotas, yo seguí tratándolos de buena gana, jugando con ellos a todo tipo de juegos; las demás se sentían molestas por aquella cercanía. Por alguna razón algunas querían ser el centro de atención de esos mismos que despreciaban, a la vez que empezaba a suspirar por los buenorros que ya veían salir en las películas de Bollywood.

Mi relación con los chicos empeoraba mi imagen de chica poco femenina y enfadaba mucho a mi familia. Por alguna razón, conseguía llevarme bien con los chicos y muchas veces eran los únicos que me entendían, y yo a ellos. Me veían como un semejante, no como una mujer. A pesar de que lo que mostraba en mi cuerpo o incluso en mi aparente comportamiento, yo sentía atracción hacia al otro sexo. Cuando me di cuenta de esto, vi también que apenas era atractiva para ellos. Ahí es dónde sentía mucho odio hacia mi cuerpo:

― ¡¿Por qué, por qué tengo este cuerpo!? ― Me dije una vez, ya cuando entré a la secundaria, al mirarme al espejo del cuarto de baño, horrorizada. ― ¡Es normal que todos se burlen de él, es horrible, parezco un puto chico! ― Por primera vez había decidido ser valiente y observar con todo lujo de detalles mi propio cuerpo. Lo único que conseguí, aparte de estar a punto de llorar, fue sentirme un completo horror. Después de quitar la vista del espejo, para no verme más, tomé una decisión:

― ¡T-tal vez sea el momento de volverme femenina…! ―

Y así inicié un largo, pero inútil, camino para poder volverme a ser más femenina. Aprendí a pintarme los labios y las uñas, además de cuidarlas para que se me quedarán muy largas; compré toneladas de productos para cuidar mi piel y hacerla linda, también para el pelo, dejándole muy largo para formar con él complicados peinados; siempre estuve a la moda, como dictaban todas las revistas y páginas web que encontraba sobre eso; y un montón de cosas más para alcanzar la feminidad. Aún así, para alcanzar a ese nivel que parecía inalcanzable, debía de ser aceptada por las demás.

Así es como acabé relacionándome con las chicas más pijas y populares de mi clase, y después con la de todo el instituto, alejándome, irónicamente, de mis amigos, mientras hablaba toneladas sobre chicos con ellas. De un momento para otro, sin darme cuenta, yo me volví un estereotipo de una simple esbirra de la típica reina abeja del instituto que salen en muchas series norteamericanas.

Parecía que ya había superado aquel complejo y ya era toda una chica femenina, pero la realidad es que intentaba muy duro para que los demás me vieran así, ocultando mi poca feminidad actuando como si fuera la más femenina de todas; y seguía muy presente en mí.

De todos modos, dejando ese complejo de lado, mi vida era muy normal y corriente, sin ningún tipo de sobrepaso o problemas realmente graves, sin sufrir o conocer algún tipo de drama familiar o sin darle poca importancia a los problemas de mis presuntas amigas y evitando, siempre con éxito, que ellas me lo provocarán a mí. Yo vivía el día a día, viendo películas de mis actores preferidos, saliendo por los fines de semana con mi gente, siendo regañada una y otra por mis padres por no hacer ni los deberes ni limpiar mi habitación, creándoles miles de facturas con el móvil. Todo lo normal para una adolescente. Pero esa tranquila y monotonía, esa falta de metas o de problemas provocó un enorme aburrimiento vital en mí, sentía que todo era lo mismo y deseaba que algún cambio drástico.

Entonces, se me cumplió, sin que me diera cuenta.

Se produjo en un día envuelto en el mozón, ya a pocos meses para finalizar mi primer año en la escuela superior. Miraba con desgana el paisaje urbano que me ofrecía la ciudad de Calcuta, mientras mi padre, como cada día, me llevaba en automóvil, gritándole a cada coche, moto, paseante o incluso a un rickshaw tirado por un anciano que pasaba por allí que se le cruzaba por el camino. No sabía si estaba muy estresado o es que nadie tenía cuidado en cruzar las calles, algo que en aquella ciudad es muy normal. Me preguntó algo sobre mis estudios, pero yo le ignoré, creía que era muchísimo más divertido ponerme a contar cuántos cuervos veía buscando refugio para la lluvia en vez de entablar una conversación normal de padre e hija. Ahora le tengo unas ganas de pegarle a mi anterior yo por comportarse de esa manera. La verdad es que apenas deseaba tener que sufrir otras clases aburridas y di un gran suspiro, al pasar por la casa natal de Netanji, parecía que ni los mozones iban a impedirme a pasar unas cuantas horas que se volverían eternas.

Al llegar antes las puertas de la escuela para chicas que asistían, di otro gran suspiro, mientras me preparaba para recibir a mis presuntas amigas. Después de todo, solo estaba al lado de esas engreídas e imbéciles chicas solo para recibir la popularidad que le llegaban. Al entrar en las clases, las vi sentada en el mismo sitio de siempre, hablando a gritos y lanzando alguna que otra carcajada. Ahora apenas recuerdo sus caras, pero sí el hecho de que eran bastantes guapas y se cuidaban muy bien, demasiado para unas chicas de nuestra edad, me imagino.

Me quedé mirándolas durante unos segundos, algo indecisa, no sabía si eso podría interrumpir su charla y que se molestarán un poco conmigo, algo que ya había ocurrido antes. Pero, al ver que eso podría mostrar síntomas de debilidad hacia ellas, decidí aventurarme y decirle esto, aunque con mucha timidez:

― ¡Good Morning, chicas! ¿De qué estáis hablando? Porque parece muy interesante. ― Intenté mostrarme lo más enérgica posible, pero sonó todo lo contrario.

Con cara de malas pulgas, levantaron la vista y me observaron. Al ver que era solo yo, decidieron mostrarme unas imágenes de móvil, mientras me decía esto muy animadas:

― ¡Buenos días, Kasturba! ¡Nos hemos enterado de algo buenísimo! ―

― ¡Sí, es algo impensable! ¡Es imposible que esto haya ocurrido en nuestro universo! ―

Yo no conseguía entender porque tanto revuelto por eso que me estaban mostrando, solo era las fotos de una chica sosteniendo la mano de un chico, yendo como los dos como una parejita. Parecía que se la realizaron sin que se dieran cuenta. Bueno, en la India no son muy partidarios de las muestras de afecto corporal, cada vez menos; pero eso no debería ser motivo para escandalizarse. Aún así, debía de seguirles la corriente y les di la razón, intentando actuar igual de sorprendida que ellas.

Luego, me contaron el chisme y entendí menos la situación. No me parecía raro que una chica del instituto enemistada con la líder de mi grupo de mis amigas consiguiera un novio. Es más, lo raro sería que, con lo responsable, ya que fue presidenta del consejo de estudiantes, y muy guapa, no hubiera conseguido un chico.

La líder de nuestra pandilla de chica, que entraba en el perfecto estereotipo de abeja reina del instituto, no se sentía nada conforme con esto.

― No me esperaba que alguien como esa patán conseguido un ligue…― Añadia con gestos y amargura y recinchando los dientes por la rabia. ― Y además con un chico tan guapo…― Estaba envuelta por la envidia.

 

― ¡¿Y qué les vas a hacer!? ¡No debe molestarte eso! ― Le dije eso y solo provocó que me viera con una cara de odio. De repente, movida por el miedo, me tapé la boca y añadí: ― ¡¿Acaso he dicho algo malo!? ―

Ella solo me miró con mala cara y declaró:

― No voy a dejar que se salga con la suya…―

Nunca entendí por qué le tenía odio a esa chica y nunca me interesó, solo estaba todos los días criticándola y haciendo de todo para hacerla daño. Yo solo rezaba para que me metiera en sus problemas, ya que era propensa en meter en sus dramas a todo el mundo.

Por desgracia, después de seguir mirándome con la misma cara aterradora, sonrió de mala manera, algo que me estremeció. Entonces, empezó a hablar con un tono suplicante:

― ¡¿Kasturba, somos amigas, verdad!? ―

― P-pues claro que sí…― Tragué saliva.

― Entonces, ¿me podrías hacer un pequeño, pequeñísimo favor? ― Juntó sus manos como forma de suplica. Yo ya sabía que me quería meter en uno de sus malditos embrollo e intenté hacerme la tonta.

― ¡¿D-de qué se trata!? ― Pregunté con nerviosismo, mientras buscaba una forma de finalizar aquella desagradable conversación.

― Vamos a hacerle una broma a esa chica…― Pero ella fue directa al grano. ―…y te necesitamos para hacerlo. Serás como nuestra estrella principal. ―

― Ah, ¿en serio…? ― Por culpa del nerviosismo, empecé a jugar con mis manos, ruborizada, mientras miraba para el otro lado. Luchaba para evitar cae en las adulaciones de mi amiga. Las otras tres se dieron cuenta de dónde quería ésta y también empezaron a presionarme:

― Sí, en serio…― Ella intentaba mirarme a los ojos, para que viera la cara de corderito inofensivo que me estaba poniendo para convencerme: ― Sin ti, no seríamos capaces de hacerlo, tú eres la única. Te necesitamos. ―

Tras oír que me necesitaban, yo ya no me pude resistir más y dije:

― P-por supuesto que sí. Jeje, ¡no tengo problema con eso! ¡Puedo hacer lo que sea por una amiga…! ―

― Gracias, sabía que confiaría en ti, eres una amiga de verdad. ― Lo dijo con una gran alegría.

― ¡¿Y de qué trata esa broma!? ― Luego, el resto decidió preguntarle de qué se trataba. Ahí es cuando me di cuenta del pequeño error que cometí, tuve que haberle preguntado eso antes: ― ¡¿Queremos saberlo!? ―

― Por supuesto que lo diré, mi broma es esta, que Kasturba se haga pasar por hombre y ligue a esa idiota. ―

Sin más dilatación, soltó estas palabras con una fea sonrisa, dejándome estupefacta. Sobresaltada, añadí:

― ¡Espera, espera, un momento! ¡Yo no sería capaz de hacer! ―

Me estaba pidiendo que arruinara la felicidad de una pareja solo porque le caía mal la chica. Por muy estereotipo que es ella, lo que me pedía era algo bastante horrible.

― ¡¿Te vas a negar, después de aceptarlo!? ― Entonces, la maldita se hizo la indignada. ― Las amigas no se hacen eso, cuando prometen algo, lo cumplen, ¿o es que ya no quieres ser mi amiga? ―

Me miró con una cara muy amenazante, las demás hicieron lo mismo. No podría rebelarme contra ellas ahora, necesitaba su amistad para sentirme popular y femenina, además de que me iba a ganar unas enemigas muy terribles. Por eso, tuve que decirles eso:

― ¡No es eso, de verdad! ¿¡P-pero, pero no es horrible hacer eso!? ¡¿Y por qué tengo que hacerme pasar por un hombre!? ―

Esperé que recapacitaran, al ver que se quedaron calladas durante unos cuantos segundos. Y al abrir sus bocas, ellas dijeron esto:

― No es que queramos decírtelo y es algo que todos nos hemos dado cuenta, pero pareces un hombre, por mucha lacra y pintalabios que uses, chica. ― Me quedé boquiabierta y conmocionada al oír aquella revelación tan hiriente. Después de poner todos mis esfuerzos para hacerme mucho más bonita y femenina, oír eso era como caerme un jarro de agua fría.

Intenté tomarlo con humor, lanzando unas carcajadas muy falsas, y decirles algo más: ― B-bueno, creo que es un muy exagerado decir eso, yo…―

Pero me interrumpió, la reina abeja, quién me miró fijamente y añadió:

― Lo importante es que lo harás, ¡eres la única que puedes! ―

― ¡Hazlo por nuestra amistad, hay que darle el merecido a los enemigos de nuestros amigos! ― Y las demás me presionaban para que aceptara hacer una cosa tan horrible: ― ¡Tienes razón, tú eres la única que puedes hacerlo, confiamos en ti! ―

Y no dejaron de repetir esas palabras una y otra vez, presionándome lo más fuerte que podrían, entre amenazas veladas y falsas suplicas, hasta que sucumbí y les grité esto:

― ¡Vale, vale! ¡Participaré en esa broma estúpida! ― No me pude negar, por muy horrible que pareciera.

Aquí es dónde todo comenzó, siendo mi yo de aquel entonces incapaz de imaginarse lo que esa horrible broma provocaría.

FIN DE LA TRECEAVA PARTE

 

 

 

 

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