Centésima decimonovena historia

El príncipe y la paria: Decimonovena parte, centésima decimonovena historia.

Al día siguiente, después de pasar una noche muy incómoda en la suite, inicié el camino a casa, sin saber cómo entrar sin que mis padres me descubrieses disfrazada de aquella manera, porque seguramente se dieron cuenta de que yo no estaba ahí.

Aún no me había recuperado del susto de la noche anterior, era incapaz de imaginarme que me iba a toquetear una mujer y fue una experiencia muy horrible, además de que me sentía muy mal por aquella chica, no me podría creer que le pude hacer algo tan cruel y feo. Bueno, sí, ya sé que le rompí el corazón a muchas chicas antes, pero no de aquella forma. Era incapaz de recordarlo, porque solo me ponía muy mal.

Mientras paseaba por las calles de Calcuta y pensaba en todo lo ocurrido, me di cuenta de que esto no era un juego, de que ya fue demasiado lejos. Sí, yo lo veía así, como algo divertido con lo cual pasaba mis ratos y me hacia olvidar de todo. Solo estaba jugando con otras chicas, a hacerme pasar por su falso e idealizado príncipe azul, intentando no pensar en el futuro, en las responsabilidades que tenía que cumplir y las próximas. Con solo pensarlo, eso me agobiaba y me aterraba. Tal vez, por esas mismas razones, también puse mis esfuerzos en ser femenina.

Solo quería ser aceptada por los demás, ser querida y el centro de atención, dejar de ser esa chica cuyo único atributo era parecerme a un chico y que no tenía nada más interesante.

Y ahora, al ver los peligros que convenía a jugar a ser el príncipe azul, se me quitaron todas las ganas, ya no quería jugar más, no quería que otra chica me hiciese lo mismo. Decidí dejar aquella vida.

Y la normalidad, la apatía y el aburrimiento volvieron a mi vida, aunque esta vez sin amigas y con una trabajadora doméstica a la que yo era incapaz de ver, encerrándome en mi cuarto cuando ella veía a trabajar. Y estaba tan desanimada que no hice nada, seguía sin esforzarme nada en la escuela, que llegó pronto y además teniendo que repetir el curso; sin arreglar mi pobre vida social y sin darle importancia lo que mis padres querían. Lo único que hacía era recordar con nostalgia aquella época alocada, a la vez que me pedía a mi misma que no volviese a pensar en eso, que ya tuve suficiente y que no quería ser tentada a hacerme pasar por un chico. Entonces, fue en esos meses cuando mis padres me informaron aquella desagradable noticia, y ya saben el resto de esta historia.

Tras aquella visita que le hice a mi pasado, me di cuenta de que me había quedado dormida. Abrí los ojos y vi que estaba acostada bajo la ducha, con el agua cayéndome encima. Me costó levantarme, me dolía todo el cuerpo y la superficie en dónde dormí era muy dura. Por alguna razón, me sentía como si hubiera dormido mil años. Salí de ahí, quejándome del dolor y media atontada.

Ya, al mirarme fijamente al espejo, me empezaron a asaltar un montón de dudas.

Yo empecé a pensar en mis padres, que los perdí para siempre, y a sentir muchísimos remordimientos. Ahora que sabía la verdad, me entraron unas ganas de pedirles perdón, de volver atrás en el tiempo y arreglar nuestra relación. Es verdad que ellos no fueron buenos, les costaba estar atentos de mí, apenas me escuchaban y siempre estaban más ocupados en aparentar que en serlo. Yo tampoco fui una buena hija, siempre fui borde con ellos y tampoco tenía la capacidad de entenderlos y hacer que me entendieran. Si no hubiéramos sido así, las cosas serían muy diferentes. Tal vez no me importaría mi apariencia y estuviera más dedicada a mis estudios o algo que tuviera futuro. No eran malas personas, a pesar de que querían hacerme casar solo por sus deudas, creo que también lo hacían por mi propio bien. A pesar de todo, los quería. Más bien, me di cuenta de eso cuando ya era muy tarde. Ahora sentía un enorme vacío, que jamás podría llenar.

— Lo siento, padre, madre, lo siento de verdad…— Empecé a hablar solo, mientras seguía mirándome a los ojos. — Ojalá os hubiera dicho que no deseaba casarme, que no deseaba estudiar ni trabajar, que me daba miedo el futuro, que me disfrazada de chico y me burlaba de cada chica que veía, que he ido al extranjero, y muchas más cosas. —

Y todo esto fue por mi culpa, yo provoqué sus muertes. Al huir de la India, conseguí que aquella chica le engañasen y los matase, al final. No, eso fue mucho más antes, cuando la despaché y le rompí el corazón. Me di cuenta, del origen de aquel terrible odio que me mantenía.

Más bien, no lo podría asimilar, creyendo que ella jamás había descubierto mi secreto, pero lo hizo. Me pregunté cómo lo hizo y cuándo, ya que dejé de usar aquel disfraz después de aquel acontecimiento.

Creé un monstruo, que no solo devoró a mis padres, sino que me robó mi propia identidad y me persiguió para comerme, arrastrando a cualquiera que estaba a su paso. Y lo más gracioso de todo el asunto es que ni en aquellos momentos podría recordar su maldito nombre, a pesar de todo.

— ¡Mierda, ¿qué he estado haciendo para haber recibido esto?! —

Me reí como loca, después de pronunciar estas palabras, porque ya sabía la respuesta. Yo no paré de engañar y jugar con los corazones de cientos de chicas, me lo merecía.

« ¡¿Y si la máscara, mi papel, ya me ha absorbido!? »

Entonces, aquella frase que dijo Mao empezó a replicarme en mi cabeza durante varios segundos. Al observarme, lo respondí con amargura:

— Al final, la máscara es lo único que me queda, ya sólo soy Nehru, no Kasturba…—

Apreté los puños con fuerza, mientras me daba cuenta de que lo único que me quedaba era solo eso. Luego, los golpeé con furia contra la pared.

— Por tanto huir, por tanto escapar, ya no me queda nada…— Algo, muy intenso, empezó a apoderarse de mí. — Absolutamente nada…—

Me tapé la cara con una mano, mientras sentía como la sangre me hervía, jamás estaba teniendo un sentimiento tan fuerte y doloroso a la vez, algo que deseaba escupir con todo mi ardor.

— Entonces, debo hacer de asumir mi responsabilidad como buen caballero, debo de ponerle punto y final a este asunto, de una vez por todas…—

Di algunas carcajadas, incapaz de creerme que estaba pensando en  realizar aquella acción que se dibujaba en mi mente. Entonces, yo abrí un poco la palma de mi mano, para verme. Era la primera vez que veía un rostro tan perturbado en mí, tan lleno de rencor e ira.

— Sí, eso haré… — Luego, grité con todas sus fuerzas, haciéndome una promesa a mí mismo. — ¡No dejare de que el karma actué contra esa bruja en la próxima vida, yo la mataré antes! —

Ya no había vuelta atrás, esto fue lo que decidí y lo iba a llevar hasta sus últimas consecuencias. Ya había llegado la hora de empezar la revancha.

Dominada por la rabia, empecé a vestirme como una loca, estando tan alterada que me caí al suelo mientras intentaba ponerme unos simples pantalones. Ya vestida, me dirigí hacia la puerta, pero me detuve. Me di cuenta de que no tenía un plan para poder salir de ese lugar.

— ¡¿Y ahora qué hago!? — Me dije. — Necesito volver a Springfield cuanto antes, pero no tengo forma para volver…—

Lo único que decidí fue soportar aquella fuerza que me obligaba ir a por aquella bruja y esperar hasta que el sol saliera. Aproveché para dormir un poco más, pero no pude, estuve dando vueltas por la habitación hasta que el reloj tocará las siete de la mañana. Ahí es cuando ya salí del cuarto.

Me fui corriendo a toda velocidad hacia el primer piso, pero, al cambiar de pasillo, me topé con alguien. Por culpa de la sorpresa, me quedé mirándola de una forma que consiguió que ella comenzara a sospechar.

— ¿¡Ocurre algo, Nehru!? — Era Grace Cook que, con su fría mirada, se dio cuenta de que había algo raro en mí. — Parece que estás bastante inquieto. —

— Buenos días, madam. Ha sido toda una sorpresa encontrarla por aquí, tan temprano. — Tuve que actuar normal.

— Lo mismo digo. A decir verdad, me estaba dirigiendo hacia tu cuarto, quería hablarte de algo…—

— ¡Sería todo un honor escucharla, aunque creo que debe ser en otro momento, necesito hacer algo antes! ¡Y ahora, si me disculpa,…! —

Yo intenté quitarme del medio, pero Grace me detuvo: — Puedes tirar esos estúpidos formalismos a la basura por un momento…— Puso una cara de evidente asco. — ¡Me da repelús con solo escucharte! —

Ni me inmute, me daba igual. Solo quería quitármela del medio, pero ella siguió hablando:

— Sabes, la verdad es que no me caes bastante bien, no soporte esa fachada de caballero que tienes encima. Aún así, con los últimos acontecimientos me estoy dando que solo eres bastante idiota. Y por cómo están las cosas, quiero avisarte de que no hagas ninguna locura. —

— ¡¿Qué intentas decir!? — Pensaba reírme y hacerme la tonta, pero lo que me salió fue un tono muy serio e incluso siniestro.

— He sido muy clara, siento que vas a realizar alguna estúpida locura y te quiero avisar de que no hagas nada, solo quédate quieto. —

Me tenía pillada, me pregunté cómo supo tan pronto que yo tramaba algo, ¿se me notaba en la cara o qué? Aún así, ya no había marcha atrás, tenía que seguir con mi objetivo pasará lo que pasará. No iba a decir que ella ni otra persona me detuvieran, por eso intenté mostrarle la misma de siempre y disipar sus dudas como fuera:

— Entiendo, entiendo, de todos modos, yo soy un cobarde, no creo que sea capaz de salir de este refugio, no quiero que me maten…— Me forcé a reír, pero quedo bastante falsa.

— De todos modos, tú eres el objetivo primordial de todo esto, lo mejor que puedes hacer es esperar. Aunque,…—

Me miró con una cara llena de extrañeza, como si viera en mi rostro algo que daba mucho pavor, como si estuviera diferente. Deseosa de terminar la maldita conversación de una vez, añadí: — ¡¿Algo más!? —

— Bueno, yo creía que me preguntarías algo sobre Candy, sigue bastante encolerizada contigo. — Ya ni me acordaba de ella. — Si yo fuera tú, intentaría darle disculpas cuando ya esté más relajada. —

— ¡Entendido, entendido! — Me miró bastante incrédula, pero no dijo nada más. De todos modos, no dije una mentira, intentaría suplicarle su perdón después de lo que pasó en el día anterior, pero sería después de terminar mi tarea. Y con esto dicho, se terminó la conversación y seguí andando, mientras Grace Cook me miraba llena de seria preocupación.

Comprendí a la perfección que debía encontrar una forma de salir de aquí lo más rápido posible, no podría dejarle tiempo para que me detuviera.

Así que me dirigí hacia aquel bar de copas y viendo con sorpresa que se volvió en un restaurante. Bueno, tal vez siempre fue eso último todo el tiempo. En fin, primero le eché un pequeño vistazo para comprobar que no estaba Ranjit u otra persona que me detuviera y, después de hacerlo, decidí observar que personas de todas las que habían ahí podrían llevarme hacia la ciudad.

Sabía que esto sería casi imposible, pero no encontraba otra manera de salir de ahí en aquellos momentos, más dominado por mis deseos de venganza antes que a pensar de forma racional. Y encontré en lo fondo de la sala a un grupo de mujeres charlando entre risas. Sonreí, parecían ser presas fáciles, aunque daban la apariencia de ser algo brutas. Me puse bien mi corbata y me acerqué a ellas, preparando mis encantos para conseguir que me llevaran a la ciudad. Si esto no funciona, tendría que hacer mucho más feo como coger un coche sin permiso.

Y creo que, al final, lo conseguí.

— Para ser un musulmán eres un buen tipo. — Eso me decían aquellas chicas mientras salíamos del bar. — Debes ser uno de esos moderados, ¡¿cierto!? —

Después de mantener una buena conversación con ese grupo de chicas, accedieron de muy buena gana a llevarme a Springfield. Fue muy fácil.

— Ser moderado lo soy, pero no soy musulmán. — Aunque, por algún motivo, no dejaban de pensar que yo creía en Alá y su profeta Mahoma.

— No tengas miedo de nosotras, mientras no eres un islamista de esos, de los que explotan con bombas y eso, no vamos a hacerte nada. —

Y eso que les expliqué que era de la India, pero, como les dije que hay también habían musulmanes, ahora creían que era un país islámico.

— No es eso, ¡es imposible que tenga miedo de unas chicas tan amables y dulces que tienen la amabilidad de llevarme hacia un sitio muy lejano! ¡Les agradezco con todo mi corazón que me lleven, no sé cómo pagarles! —

Aún así, ellas no parecían mala gente, aunque ver a un grupo de jovencitas llevando armas y siendo del partido republicano, algo que me dejaron muy claro, daba un poco de miedo.

— ¡Nos estás poniendo coloradas! — Y además, se sonrojaban con mucha facilidad y reían de forma tonta, aunque, sin darse cuenta ellas, me daban unas palmadas en la espalda que hacía mucho daño. — ¡No sigas! —

Mientras yo intentaba parecer que estaba interesado ante aquella charla animada, miraba de reojo para comprobar si Ranjit, Grace ni Candy me hubieran visto salir. Parecía que no.

Al salir por la puerta principal, andamos un poco más hasta el todoterreno de las chicas, y ahí vi que se dieron cuenta:

— ¡¿Qué estás haciendo, Nehru!? — Oía desde la lejanía. — ¡Idiota, ¿no ves que vas a cavar tu propia tumba?! — Parecía de Ranjit. Daba igual, lo ignoraba con mucho tesón, mientras nos metíamos en el automóvil.

Al moverle el todoterreno y desde el retrovisor, veía como Ranjit y Cook salían corriendo, desde la puerta principal, para alcanzarme, pero fue en vano. El automóvil salió del recinto en cuestión de segundos.

— Lo siento mucho, pero tengo asuntos que atender…— Sentencié en voz baja, mientras me preparaba para todo lo que se pusiese en mi camino para eliminar como se merecía a la chica que me robó mis padres y mi propia identidad.

FIN DE LA DECIMONOVENA PARTE

 

 

 

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