Centésima decimonovena historia

El príncipe y la paria: Vigésima sexta parte, centésima decimonovena historia.

Yo iba corriendo de un lado para otro por la ciudad, preguntando a toda persona que veía dónde estaba el maldito templo. Muchos ni sabían de su existencia, otros ni se acordaban dónde estaba. Por lo llamativo que es ser el único templo budista de toda la maldita región, me sorprendía que casi fuera un desconocido en la misma Bogolyubov. Hice como una especie de zig-zag desde la periferia al centro, yendo de este a oeste; con una carrera tan agotadora como inútil. Ya cuando me paré y me puse a descansar, me di cuenta de que eran las diez de la mañana.

Mientras me limpiaba la frente del sudor, no dejaba de preguntarme si ese desgraciado hubiera llegado o no a aquel lugar, deseando con mucho ardor que hubiera tenido un accidente o algo parecido. Bueno, lo más importante era cómo encontrar ese maldito lugar, preguntarle a la gente se me estaba resultando irrelevante, tal vez debería buscar algún mapa de la ciudad, eso me lo señalaría, aunque no tenía dinero para comprar uno. Entonces, tuve un sobresalto, al escuchar una melodía horrible que procedía del móvil. Me estaban llamando.

Antes yo intenté usar el móvil para localizar el maldito templo, pero tuve la mala suerte de que se quedará sin dinero para el internet y realizar llamadas.

Trague saliva, mientras lo miraba con temor. No me atrevía a cogerlo, mi voz se podría distinguir del vozarrón del propietario y se hubieran dado cuenta de que yo estaba cerca de ellos, si fueran sus mismos lacayos o el objeto de mi venganza. Tampoco deseaba que fuera su hermano u otro conocido suyo, sería muy chocante también. Así que dejé que sonará hasta que terminará.

Sentí un gran alivio, cuando dejé de escuchar esa molesta cancioncita, pero entonces volvió a sonar y el agobio volvió. Había pensado en ignorarlo otra vez, pero me di cuenta de seguirían insistiendo una y otra vez hasta que lo cogiera. Me llené de valor y acepté la llamada en cuestión de segundos, sin fijarme el número de teléfono. No dije nada, decidí esperar a oír la voz de la persona que me estaba llamando.

— ¿¡Estás ahí, mi príncipe!? — La reconocí enseguida. Apreté los dientes, ya me pilló. — Sé que estás ahí, debes de contestar a una dama, no es digno de un caballero quedarse en silencio mientras una chica le habla. —

— D-debes de tener un sexto sentido para descubrir quién está detrás del teléfono. — No me quedaba más remedio que dar la cara.

— Nada de eso, Ramanujan apareció aquí. Y en verdad, tengo que decir que me ha decepcionado. Oí muy buenos rumores sobre la eficiencia de este grupo en quitar a la gente de en medio. Pero contigo, no sólo te has escapado de ellos dos veces, sino has dejado amnésico al mismo jefe, ¡no entiendo cómo no han podido librarse de una inútil como tú! — Se podría escuchar gruñidos de rabia desde el otro lado del teléfono.

— Puede que no yo sea tan inútil como crees…— Capaz de controlar mi miedo, empecé a hablarle con cierta altanería.

— Por desgracia, nos ha dicho todo lo que sabe, así que ya sabemos que estás en la ciudad. — Y ella intentaba superar mi tono. Aunque tuvo que ser sincera y reconocer esto: — Por suerte, la banda ha perdido a su jefe, no porque esté amnésico, sino porque el muy idiota se puso a pelearse con su propia gente y éstos le han destrozado. Ahora que no tienen a su dirigente, se está matando por tener el mando. —

— Mejor para mí…— El miedo ya pasó y fue dominada por el odio. — Porque así no tendrás a ninguna escoria para podré esconderte. —

Sólo escuche unas molestas risitas, que me pusieron más enfadada:

— ¡Sé lo que le hiciste a mis padres! ¡Sé que los mataste! — Fui directa al grano. — Así que tú… ¡tendrás el mismo destino que ellos, hija de puta! —

— No puedo negarlo, supieron arder muy bien. — La muy desgraciada se burló de ellos y la sangre se me ebulló.

— ¡Desgraciada! — Le grité con toda mi furia. Apreté los puños con fuerza, mientras me imaginaba destrozarle el rostro hasta dejarla irreconocible.

Todo el mundo que paseaba por la calle me escuchó, tuve que ir a un lugar más escondido para poder seguir hablando sin que nadie más escuchara.

— ¡¿Ahora te haces la valiente!? ¡Yo pensaba que ibas a seguir huyendo, pero creo que es mejor así! ¡Ve a por mí, si puedes! ¡Intenta matarme! —

— Eso es lo que haré, y lo cumpliré con creces. No me detendré aún cuando estés tomando el té con Buda. —

Se iba a arrepentir de haberse atrevida a desafiarme, estaba subestimando a esta inútil y pronto lo descubriría.

— Se me olvidaba que sabes dónde estoy, pero ya me importa. — Dio un suspiro de molestia. — No pasa nada, te esperaré aquí. Vamos a celebrar una boda sangrienta, con Buda como testigo, aunque creo que no podré acompañarte a nuestra luna de miel, acabarás yendo sólo a la otra vida. —

— Prefiero el divorcio, la verdad…— Intenté ser lo más ingeniosa posible. — Y verte con un balazo en toda la frente. —

— Ese deseo no será cumplido. Y dudo mucho de que consigas llegar aquí, haré que estos idiotas te pillen antes de alcanzarme. Considéralo como una prueba. Te diría buena suerte, pero eso sería contradictorio con mis propios deseos. Espero tu cabeza, mi príncipe. — Y la llamada finalizó.

Sentí tanta rabia que, sin pensármelo dos veces, tiré el móvil y lo aplasté con todo mi pie, mientras no dejaba de insultarla y maldecirla. Luego, a sabiendas de que no tenía tiempo que perder, volví a empezar a correr.

Seguí preguntando a toda la gente que me encontraba hasta que una, por fin, tenía la respuesta que necesitaba:

— ¡Ah, sí! Lo conozco, tengo un amigo vegetariano que se hizo budista y que va allí a veces. —

— ¿¡Y dónde está!? — Le pregunté ansiosamente.

— Pues está en la parte canadiense de la ciudad, en el norte. — Y me sacó un mapa en dónde me señaló dónde estaba exactamente.

Le dije gracias y me dirigí hacia esa dirección, sin darle tiempo a que a soltar algo más.

Al salir del centro, al girar por una calle, me encontré cara a cara con unos de los miembros de la banda, que tardaron en reaccionar.

— ¡Es él, es  él! — Gritaban en hindú, como si fueran papagayos. Yo di un grito y, de forma inconsciente, le di un puñetazo a uno en toda la cara.

Aquello me permitió escapar de ellos, ya que el otro atendió al que le di el golpe. Entonces, supe que tenía que ir cauteloso, era verdad que me estaban buscando por toda la ciudad. Cada vez que iba a girar la calle miraba antes si había alguien sospechoso, también, de vez en cuando, observaba hacia atrás, comprobando que nadie me estuviera siguiendo; e intentaba ser la más rápida y sigilosa posible.

— ¡Miren, ahí está! — Aún así, a veces me encontraban y salían corriendo hacia mí. — ¡Vamos a por él! —

Pero, de un modo u otro, conseguía esquivarlos. Tal vez porque sabía muy bien cómo descabullirme o porque siempre me dirigía hacia las partes más infectadas de gente, ya que no se atrevían a perseguirme cuando veían que habían muchos testigos. También los avistaba sin que ellos se dieran cuenta de mi presencia y podría esquivarlos. Pero esto provocaba que mi camino hacia al templo fuera eterno, tomaba tanto desvíos y vueltas que parecía que iba a cualquier otra dirección salvo la que quería ir.

Toda la caminata que me estaba tomando me estaba dejando sin fuerzas, ya medradas por el hecho de que apenas había dormido y comido. Mi cuerpo me pedía a gritos un descanso y tuve que detenerme en un pequeño parque, situado al lado del mar y lleno de frondosos árboles. Pensé que eso sería un refugio seguro y caí como plomo en el primer banco que vi.

— ¡Maldición! ¡Esta mierda no para de eternizarse más y más! — Di un golpe de rabia contra el banco, muy fastidiada. — ¡Parece que nunca voy a llegar ahí! —

— ¡Y no lo harás, porque ya has sido atrapado! —  Entonces, se oyeron estas palabras que me hicieron saltar del banco.

Vi a unos de esos delincuentes, sonriendo de una forma muy desagradable, entrando en el parque y sacando de su chaqueta un arma blanca. Di un grito ahogado, había bajado la guardia. Mientras yo intentaba sacar la pistola que tenía, con un nerviosismo que me impedía poder sacarlo a tiempo, escuché un chillido y un golpe muy fuerte. Miré hacia él y vi que había caído al suelo, desmayado. Detrás de él, con una cachiporra, se encontraba Ranjit.

— De verdad, ¿los jóvenes de hoy en día no pueden quedarse quietos, ni aunque sea por un mísero segundo? — A continuación, abrió la boca para protestar, después de haber soltado un fuerte suspiro.

— ¿¡Qué haces aquí, Ranjit!? — Le grité, muy sorprendida.

— No, la pregunta correcta sería qué haces tú aquí, por qué has salido del refugio y te has ido directo hacia a unos de los grupos criminales más peligrosos de Shelijonia y de la Columbia británica. —

Sólo me quedé callada. Él continuó hablando:

— Casi me ibas a dar un ataque al corazón cuando vimos cómo saliste, ¿¡qué tan estúpido puedes ser!? ¡En serio, ¿no ves que tu vida está en peligro, que te quieren eliminar de la faz de la tierra?! No lo entiendo, de verdad. —

Intenté decirle algo, pero me quedé paralizada, no se me ocurría nada.

— Y nos ha costado una barbaridad buscarte. Hemos tenido que adivinar a dónde has ido. He tenido que pedir a colegas míos a investigar tu casa y al polígono dónde fuiste secuestrado, mientras yo tuve la idea de que tal vez podrías estar en esta ciudad, sabiendo de que aquí se escondía Kasturba, la que se hace pasar por ella. Has tenido suerte de que te haya encontrado. —

Esperó un poco a que yo hablará, pero aún era incapaz de hacerlo. Así que me lo exigió: — ¡¿Por qué has hecho esta locura!? ¡Explícamelo! —

— Sólo…— Yo cerré los ojos por un momento e intenté tranquilizarme. Luego, solté de golpe estas palabras. — Sólo intento hacer que esa chica no cometa más crímenes, esa es mi intención. Es lo que tú también quieres. —

— ¡¿Qué quieres decir con…!? — Primero, puso una expresión de consternación, luego fue de horror. — ¡¿No me digas qué…!? —

Se dio cuenta enseguida lo que yo estaba planeando, eso lo puso muy alterado.

— Sí, lo que has imaginado. Eso es lo que quiero hacer, estoy decidido a hacerlo. — Añadí con resignación y con toda la seriedad del mundo.

— ¡¿E-estás loco!? — Moviendo los brazos de un lado para otro, con expresiones de consternación, él me gritaba, muy aterrado.— ¿¡No te das cuenta de lo qué quieres hacer!? —

— Sí, lo sé. —

— ¡Vamos a ver! Sé lo que sientes, lo entiendo, quieres buscar justicia, pero esa no es la forma. Vas a ponerte a su misma altura, te convertirás en un asesino, alguien que ha cometido un crimen. Por muy justo que sean tus razones, por muy criminal que sea la persona que quieras, no quiere decir que decidas a manchar tus manos de sangre. — Sacó unas esposas de su ropa y empezó a acercarse. — ¡No voy a dejar que cometas ese error! —

No podría dejar que me detuviese, ya estaba muy cerca de mi objetivo para que me detuvieran. Me puse tan nerviosa que hice una estupidez, saqué la pistola y lo apunté, aunque ésta tenía el seguro.

— N-no lo entiendes, yo…— Miré el arma por un segundo, incapaz de creerme lo que estaba haciendo. — Estoy no sólo lo hago por venganza, sino también por asumir mi responsabilidad. Todo esto ha sido por mi culpa, han sido mis acciones las que han llevado a esa chica a cometer tales actos tan horrendos. Tengo que hacerlo, es el precio que debo a pagar. —

Estaba temblando como un flan, poniendo una expresión de horror. A lo primero Ranjit, mostró una mueca de sorpresa. Después, con las manos levantadas, se le veía tranquilo, pero muy cauto.

— ¡Baja el arma! — Me decía con un tono persuasivo. — ¡¿No ves que sólo quiero ayudarte!? —

— Lo sé, pero yo…— Sin bajar el arma, empecé a dar unos pasos hacia atrás.

— ¡Por favor, piénsalo! ¡No es la forma de pagar tus errores del pasado, este no es el precio que debes pagar! ¡Los errores no se pagan con más errores, sino con buenas acciones! ¡No cometas algo que te arrepentirás después, no hagas algo mucho peor! — Intentaba acercarse poquito a poco hacia mí, a pesar de que le seguía apuntando. Por un momento, oímos un ruido por nuestro alrededor, que detuvo por un momento las palabras de Ranjit. Hizo un gesto, como si se dirigía hacia alguien que nos estaba observando y continuó. — Tienes una vida por delante, eres joven y tienes muchos caminos por abrir y descubrir. Si haces eso, te privarás de todo eso, perderás tu vida entre los barrotes. O peor aún, no tendrás otra oportunidad, ¡morirás! —

Miré por todas partes, pero no veía a nadie más, así que pensé que era pájaros. A continuación, le hablé:

— Lo sé, ¡todo eso lo sé! Pero…— Miré hacia al otro, incapaz de verle la cara. Luego, sonreí amargamente, mientras recordaba todo lo que fue mi vida: — Yo ya me divertí bastante, ya he perdido gran parte de mi vida viviendo como si todo fuera una fiesta, no tengo un lugar a dónde regresas ni a dónde ir, ni quiera, ni quiera, tengo mi propio…—

Perdí a mis padres y me robó mi propia identidad. Quería aniquilarme de la faz de la tierra y todo esto fue por mi culpa, yo la convertí en un monstruo. Todo eso produjo que mis sentimientos no fueran más que en la dirección de la venganza, era una fuerza mayor del cual era incapaz de doblegar. Sólo me estoy dejando arrastrar, necesitando calma esa sed de sangre.

— Ya no hay vuelta atrás, no tengo otro camino que tomar…— Añadí muy resignado, como si estuviera atrapando en un camino sin salida.

Él se me quedó mirando y tardó un buen rato en hablar. Cerró los ojos, dio un gruñido y me dijo esto, de forma amenazadora, pero sin salirse de su tono tranquilo:

— Entiendo. Entonces, ¿¡no te importará que ser perseguido por la policía para ser detenido, aún cuando eso significará que te disparen, cierto!? —

Yo no paraba de alejarme de él, incapaz de bajar el arma. Siguió hablándome:

— Cuando salgas de este parque, serás considerado un criminal. Avisaré a la policía y te buscarán por dónde sea. No tendrás lugar en dónde podrás esconderte y no habrá objeciones si te resiste, ¿¡lo comprendes, Nehru!? —

No le dije nada, porque sentí que ya me había alejado suficiente y salí a toda velocidad. Al bajar el arma y darme la vuelta, creí ver a dos personas que nos estaba observando entre los arbustos, pero sentí que eran puras imaginaciones mías.

Al salir del parque, empecé a reírme como una maldita loca, mientras me daba cuenta de que no sólo me iban a perseguir los delincuentes, sino la misma policía. Si siguiera en esta línea, pensaba yo, el mundo acabaría siendo mi enemigo.

Seguí directa hacia al norte, siguiendo de cerca la línea de costa, pero metiendo en todo tipo de calles y callejuelas para hacer más difícil mi rastro. Al momento, empecé a oír las sirenas de la policía.

— ¡Ya están aquí! — Gritaba como loca. — ¡Vamos, rápido! — Le pedía a mi cuerpo exhausto que corriera más. Sentía que de un momento para otro iba a derrumbarme.

Entonces, a lo lejos, vi una cantidad inmensa de carteles y pancartas, que daba la imagen de estaban delimitando algo. Al acercarme aún más, pude leer lo que ponían. “Bogolyubov canadiense no es parte de Vancouver, queremos nuestro propio ayuntamiento”, “Queremos ser independientes de Columbia y Shelijonia”, “Somos los marginados de Canadá”. En algunos habían pintadas sobre ellas que decía cosas como “Iros a Canadá”, “Devolver a Shelijonia lo que nos pertenece”, “Esto es tierra robada, devolverla y iros a Vancouver”. Al llegar ante eso, vi que estaba en una franja de terreno que iba de forma horizontal, que daba la impresión de separar la ciudad en dos. Vi también madera rota en el suelo.

— Entonces, esto es Bogolyubov canadiense, parece que es un lugar muy entretenido. — Miré a lo lejos. — Se ve como un barrio marginal, este sitio es peor que los suburbios de Springfield. Espera, un momento…—

Entonces, en una colina, divise la imagen de una estatua de Buda de piedra, acostado. Y un edificio de madera que parecía imitar a los templos budistas del país del sol naciente. Enseguida supe que era ese lugar.

— ¡Por fin, he llegado! — Oí de nuevo, sirenas de policía. — No puedo quedarme parado mucho tiempo, tengo que ir enseguida. —

A continuación, entré en ese enclave de Canadá, directa hacia el templo. Por fin, la hora de la verdad ya estaba cerca.

FIN DE LA VIGÉSIMA SEXTA PARTE

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