Centésima decimonovena historia

El príncipe y la paria: Última parte, centésima decimonovena historia.

Pero el karma tenía otros planes para mí, aún no era mi hora. A los pocos minutos de caer al suelo y desmayarme, empecé a recuperar la consciencia. Lo primero que sentí unas risas que no dejaban de torturar mis oídos. Me preguntaba molesto de dónde procedía, mientras volvía a recordar el dolor que tenía en la cabeza. A pesar de que quería tener los ojos cerrados, tuve que abrirlo para intentar comprender lo que estaba pasando.

— ¡Por fin, por fin, está muerta! ¡Ahora yo soy Kasturba y ya nada se va a interponer en mi camino hacia la felicidad! —

Ahí la vi, delante de la estatua de Buda, gritando a lo grande que ella había ganado. Entonces, pude recordarlo. Con ganas de llorar, me sentí muy feliz de seguir viva. Intenté tocar mi cabeza para comprobar el daño, pero parece ser la bala pasó muy cerca de mi cabeza. Aún así, tenía como una especie de pequeña herida, sólo por el simple hecho de que pasó muy cerca de mi piel. Fue un milagro. A pesar de todo, debía controlarme, porque sabía que mi vida aún estaba pendiente de un hilo.

— ¡Ahora podré hacer todo lo que quiera! ¡Me gastaré todo el dinero en un inmenso y enorme palacio, dedicado solamente a mí! ¡Acumularé todas las piedras preciosas del mundo! ¡Visitaré el mismo espacio…! —

Al ver que esa bruja me estaba dando la espalda, disfrutando de su presunta victoria, yo intenté observar a mí alrededor. Vi que la pistola estaba a casi un metro de mí, me maldije a mí misma por haberlo tirado al suelo.

Ahí estaba mi última oportunidad, si ella descubriera que siguiera viva me dispararía por segunda vez, y se aseguraría de hacerlo bien. Tenía que coger la pistola como fuera, sin que ella se diera cuenta. No podría perder más tiempo.

Empecé a arrastrarme por el suelo, intentando ser lo más sigilosa posible. Ir por la maldita pistola se me hizo un completo calvario. Mi cabeza me dolía muy fuerte y la lentitud que tenía que mantener se me volvía desesperante. Los nervios me estaban matando y no dejaba de apretar los dientes con mucha fuerza. Le eché algún que otro vistazo a ella, comprobando que siguiera absorta en su celebración.

Di un gran suspiro, al ver que, después de arrastrar como un condenado por el desierto, pude coger la pistola. Con todo el cuerpo temblando, intenté levantarme con mucha preocupación, observándola.

No se estaba dando cuenta de nada, no sabía que, de un momento para otro, quién iba acabar mal era ella. Levanté la pistola y apunté. Respiré e inspiré varias veces, preparando para el golpe definitivo.

— ¡Muere,…! — Dije en voz baja, pero no pude terminar la frase, porque aún no me había acordado de su nombre.

Entonces, cuando estuve a punto de apretar el gatillo, escuché un ruido muy fuerte. Y luego, un grito: — ¡No lo hagas! —

Reconocí rápidamente esa voz, era de Candy, quién se abalanzó hacia mí e intentaba bajar el arma: — ¡Deja el arma, deja el arma! —

— ¡Idiota, ¿qué haces aquí?! — Le grité, mientras intentaba liberarme de ella, que me replicó con esto: — ¡El idiota eres tú, sólo estoy evitando que mates a alguien! ¡No puedes mancharte las manos de sangre! —

Quise decirle algo más, pero entonces recordé que esa bruja seguía ahí, mirándonos con una cara de total consternación.

— ¡¿Cómo puede ser…!? — Le costó asimilarlo. — ¡Sigues viva! —

Entonces, Candy se acordó de su presencia y la miró fijamente, al igual que yo. Nuestras caras se pusieron blancas por el horror.

— ¡Maldición, eres peor que una maldita cucaracha! — Cambió de cartucho y nos apuntó. Estaba preparada para matarnos. — ¡Morid! —

— ¡De eso ni hablar! — Y otra persona entró en el lugar, apuntándola. Era Ranjit. — ¡No dejaré que mates a más gente! —

— Tú, tú eres el traidor ese de la banda…— Le gritó, aturdida.

— Y he salvado a este pobre chaval, tres veces, de tus intenciones. — Me dio una mirada y dio un gran soplo. — Ésta parece ser la cuarta. —

— No puede ser…— Con gestos y muecas de horror, ella se echó para atrás. — Todo iba estaba yendo perfecto…—

— ¡¿Qué pena, eh!? Los planes muchas veces se arruinan de golpe, por factores impredecibles o porque una simple cosa lo echa todo al traste. Deberías rendirte, ya no tienes escapatoria. — Y la que faltaba, Grace Cook apareció también en escena, apuntándola con una pistola.

A pesar de que ella estaba hablando en hindú, Candy y Grace hablaban como si ya adivinaban el contexto de sus palabras.

— ¿¡Grace, por qué estás con una pistola!? — Candy protestó, muy indignada. — No tiene sentido que yo le baje la suya para que vosotros estéis usando una. —

— Esto no lo hago por gusto, nadie sensato se atrevería a disparar a dos personas que están armadas. —

— ¡No puede ser…! — Se puso las manos sobre la cabeza, con una cara patética. Miró por todas partes, buscando algo que le podría salir ilesa de aquella situación. — Esto debe ser una broma…— Pero era en vano, ella estaba rodeada.

— ¡Ríndete! — Le gritó Ranjit. Grace también lo hizo: — Ya no tienes escapatoria. —

— ¡No, no…! — Estaba a punto de llorar, repitiendo estas palabras como un bucle.

— ¡No hagas esto más difícil, los villanos, los malos nunca ganan! ¡Ahora es la hora de que vayas a la cárcel, malvada! — Añadió Candy, hablando como si se creía parte de un comic.

Ella no se atrevió a hablar más, mantuvo un incómodo y siniestro silencio, mientras miraba al suelo. Ranjit le decía que pusiera las manos hacia arriba, pero lo ignoraba completamente. Sentí un mal presentimiento.

— No voy a aceptar lo que el karma me prepare,…— Entonces, habló un tono de ultratumba y en voz baja. Luego, gritó con todas sus fuerzas esto: — ¡…aunque muera en el proceso! —

Entonces, tiró las dos lámparas al suelo. El aceite que llevaban se extendió por todo el suelo, provocando un incendio en cuestión de segundos.

— ¡No dejaré que me derrote el karma! ¡No acabaré en la cárcel, iré a por mi próxima vida a alcanzar la felicidad! ¡Aunque me vuelva en algo peor que un animal, yo lo venceré, no importa las veces que me hacen falta! —

Había perdido totalmente la cabeza, se puso a reír como un demente mientras el fuego invadía toda la sala.

— ¡Salid de aquí! — Nos gritaba Ranjit. — ¡Corred cuanto antes! —

Todo el mundo salió de la sala cuanto antes, corriendo como nunca. Yo hice lo mismo, pero entonces algo me detuve y me tiró al suelo.

— ¡Tú no vas a escapar a ningún lado, Katurba! — La muy desgraciada me cogió de las piernas e intentaba llevarme hacia dentro. Con la imagen de las llamas detrás, daba la apariencia de ser un monstruoso bhuta. — ¡Arderás conmigo! —

Sin mediar palabra, intenté librarme de ella. No deje de darle patadas de forma desesperada y poner las pocas fuerzas que tenía para contraponer su arrastre, pero era imposible, no se despegaba de mí. Y las llamas cada vez se hacían cada vez más grandes y me empecé a tratar el humo, ocupada más en liberarme que en evitarlo los gases tóxicos. En cuestión de unos segundos, empecé a toser y empecé a tener dificultad para respirar.

— ¡Ay, mi príncipe! ¡¿Estás feliz de que muramos los dos juntos para siempre, a qué sí!? — Y la desgraciada aún era capaz de hablarme.

Yo la ignoré e intenté patearla con más fuerza, sólo me puse más histérica y provocó que tragara más humo. El dolor de cabeza se me hacía mucho más fuerte que nunca, los ojos se me empezaron a irritar y mi tos se hacía muy dolorosa.

— ¡Suéltame, suéltame! — Le gritaba desesperadamente, pero seguía agarrada a mí como una garrapata.

Perdí unos minutos más, mientras el incendio se extendía sin parar por todo el templo. De un momento para otro, iba a desmayarme y ser calcinada.

Entonces, escuché cómo algo venía hacia nosotros, yendo a toda velocidad. Luego, vi como alguien apareció antes nosotros y una silla portable en sus manos, que la usó para golpear con fuerza a la que me estaba agarrando.

Fui liberaba. Esa persona me tapo la cara con una camiseta mojada y me cogió por el hombro y me arrastró como podría hasta salir del templo. Con dificultad, miré hacia mi salvadora:

— ¡¿Grace, eres tú…!? — A pesar de que ella tenía la cara tapada por su propia camiseta, que la uso para taparse la boca; y de mi dificultad para ver, la pude reconocer. Ella me replicó: — ¡No gastes fuerzas en hablar, lo importante es salir de aquí! —

Tuve que dar una fuerza sobrehumana para andar por esos pasillos, que eran interminables. Grace Cook también tuvo lo suyo, apenas era capaz de arrastrarme. Y el fuego se extendía con una rapidez asombrosa. Por suerte, pudimos salir de ahí.

— ¡¿Estáis bien!? — Nos gritaron Candy y Ranjit, que se acercaron a nosotros cuando nos vieron. Grace rió levemente, diciéndole esto: — ¡En mi caso, parece que sí! —

— ¡Nos teníais muy preocupados! — Nos decía Candy, llorando a mares. — ¡Estabais tardando mucho! —

Entonces, yo le dije a Grace que me soltará y ella lo hizo. Al momento, caí al suelo.

— ¡¿Qué te pasa, Nehru!? — Gritó horrorizada Candy. Grace añadió: — ¡Hay que llevarlo al hospital, debe haber sufrido una desintoxicación! —

Con un ataque de tos terrible, observaba cómo el edificio ardía delante de mis ojos. Apenas sentía las fuerzas, todo el cuerpo me dolía, mis ojos me pedían descansar y un enorme vacío sentía en mi estomago. Jamás me había sentido mal, pero, aún así, seguía viva.

Y escuché algo, que me perturbo mucho. Oí un grito de agonía procedente del edificio en llamas. Podrían ser imaginaciones mías, pero pude notar su voz. Y ese aterrador sonido provocó que mi cerebro por fin se dignara a recordar algo.

— Y-ya, ya sé cómo era su nombre…— Me costaba muchísimo hablar, mientras los demás me pedían que no me esforzará. — Aishwarya, eso es…—

Intenté alzar las manos hacia al cielo, pero no pude conseguirlo. No pude más y cerré los ojos, con ganas de tomar un largo descanso. Cuatro días pasaron desde entonces.

— ¡¿Puedo entrar!? — Alguien pegó en la puerta, mientras me decía esto. Yo lo dejé pasar: — Adelante. — Era Ranjit.

— ¡Oh, cuánto tiempo! ¡Parece como si no te hubiera visto en una eternidad! — Bromeé, mientras él se me acercaba.

— Es que los hospitales me traen malos recuerdos, me ha costado mucho hacerlo. —

Me llevaron rápidamente al hospital y ahí fue ingresada. No sólo tenía intoxicación, sino desnutrición leve u alguna que otra cosa más. No eran muy graves, pero tuve que quedarme ahí, aburriéndome sobre una cama muy incómoda.

— Ya veo. Gracias por visitarme y…— Di una pequeña pausa. —…por salvarme esas cuatros veces. —

Entonces, Ranjit me cogió de los mofletes y me los empezó a espirar.

— ¿¡Qué haces!? — Le decía esto, mientras me quejaba del dolor.

Me soltó y muy enfadado, añadió: — Hubiera sido sólo una si no fueras tan idiota. Realmente ha sido un milagro que no te matarán. En vez de un príncipe, parecías ser la dama que siempre está en apuros. —  Eso me hizo mucha gracia.

— ¿¡Otro que me regaña!? Ya he tenido suficiente con el tortazo de Candy, de Grace y las dos que recibí de Mao. — Protesté. Todos los que me visitaron me dieron una fuerte regañida, que duró casi horas.

Pero no sólo vinieron para darle el regaño del siglo, sino porque estaban muy preocupados por mí. Candy, aunque seguía enfadada, estaba muy atenta conmigo. Grace me preguntaba si podría hacer por mí, aunque parecía que lo hacía a regañadientes, creo que aún no le caía muy bien. Mao me exigió que le contara toda la historia y se enfado por no haberle dicho antes lo que pasó. Junto a él vinieron el resto de sus  niñas, que dieron la tabarra en mi habitación, sobre todo la más pequeña. Deseé que Lobbo también me visitara al hospital, pero creo que eso era pedir mucho. No dejaba de preguntarme cómo estaba. No pude evitar que esas dos chicas que se pelearon por mi hace meses, la Noemí esa y la satánica, aparecieran por aquí y se pusieran a pelearse en mi habitación.

Dijo Ranjit, a continuación: — La verdad es que no sólo he venido para visitarte, sino para avisarte de algo. —

— ¿¡Son malas noticias!? — Era algo que ya me temía desde que ingrese ahí.

— Sí. Tu pasaporte e identidad son falsos, no ha existido ningún Motital Nehru. Inmigración va a llevar tu caso, puede ser que incluso lleguen a expulsarte del país. Pero como la chica que llevaba la identidad de Kasturba ha muerto, puede que no podrás entrar a la India. —

Al parecer, él ya sabía que yo era una chica. No, hasta el mismo estado estadounidense sabía de mi secreto. Lo tenía difícil para conseguir que todo este asunto quedara en baldío. Y eso no era el único que me enfrentaba:

— ¿¡Y no hablaron de un montón de cargos contra mí!? —

— La verdad es que te han acusado del delito de tenencia ilegal de armas, ataques contra la propiedad privada y a personas, además de que ha habido por tu parte un delito frustrado. Y debe haber muchas más, lo que has liado ha sido muy gordo. Aún así, han sido muy amables contigo y pueden retirar muchos de los cargos contra ti, mientras prometas que no vuelvas jamás a cometerlos. Además, casi todos lo que te han acusado son delincuentes ya fichados. Irónicamente, tú has conseguido, no sé cómo, desmontar una de las bandas más peligrosas de la Columbia británica, y que tenían parte de sus actividades en Shelijonia, el estado de Washington, la India, Sri Lanka y Bangladesh. —

Menos mal que no pudieron descubrir todas las cosas que hice durante esos días de pesadilla. Hubiera pasado una temporada enorme en la cárcel.

Decidí cambiar de tema, así que le pregunté esto: — Ya veo, ¿¡y tú qué harás!? —

— Pues volveré a la India muy pronto, la echó mucho de menos. Esta isla se me hace muy gris. Voy a seguir como detective privado, pero esta vez me gustaría enfrentarme a la corrupción y la violencia del país. Como no tengo a nadie, no voy a meter a otras personas en peligros, o eso espero. —

— Es bueno tener un objetivo en la vida…— Me puse muy pensativa, mientras miraba a la ventana. Desde que todo terminó, sentía un enorme vacío, como si algo me faltaba.

— ¡¿Un objetivo en la vida…!? — Rió levemente. — Creo que eso es lo que necesito. —

— Yo el único objetivo que he podido visualizar ha sido querer matar a alguien…— Me entristecí un poco. — Nunca he podido encontrar uno que realmente haya valido la pena. —

Volverme a ser femenina, pasar todos los días de fiestas y engañar a chicas idiotizadas por la imagen del príncipe azul, se me volvieron cosas que no ayudaba a llenarme. Por primera vez en mi vida, empecé a mirar en el futuro y quería visualizar algo en él, un objetivo, un deseo, lo que sea.

— ¡No te preocupes, eres joven! Pronto encontrarás tu propio objetivo, y espero que no sea una locura. —

Me partí de la risa al oír eso. Ranjit intento decirme que estaba hablando en serio, pero se le contagio mi risa. Al parar, le dije:

— Deberíamos hacer algo juntos antes de que te vayas a la India, a tomar unas cervezas y todo eso. —

— Eso está hecho. — Y chocamos los cinco.

Después de eso, Ranjit se fue. Yo volví a mirar la ventana y, dominada por la nostalgia, me quedé pensando en mis padres, con las ganas de decirles que por fin decidí mirar hacia mi futuro, ya siendo como Nehru, o como Kasturba. También pensé en Aishwarya, deseé fuertemente que ella en su próxima vida pudiera perdonar al mundo.

FIN

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