Centésima vigésima historia

Sonrisas felices: Decimosexta parte, centésima vigésima historia.

— ¡¿Hace un día perfecto, no!? — Me dijo Adeline, muy irónica.

— Los días de lluvia también tienen su encanto. A muchas personas les encanta como el agua cae y llena el aire de humedad. Y es bueno para las plantas y la tierra. — Le repliqué con nerviosismo, intentando sacarle el lado bueno de que estuviera diluviando.

Había llovido por la mañana, pero el sol salió y el cielo parecía despejado, con alguna que otra nube. Y así estuvo hasta que casualmente pude sacar a Adeline de su prisión, el lugar se cubrió por un manto gris y las gotas volvieron. Era muy raro observar gotas de lluvias, mientras aún veías nieve en el suelo.

— Creo que es perfecto para mí, mi corazón está igual de gris que el tiempo. — Se detuvo por un momento y estuvo observando el paisaje, para luego comentar esto.

No se me ocurrió nada para replicarla, sólo estaba más ocupada en los rasguños que me hizo Adeline, que parecía actuar como si fuera un gato que estaba a punto de ser bañado. En serio, yo la cogí y la intenté sacar de la habitación. Sí, lo estaba haciendo por la fuerza, pero no había manera de sacarla de ahí. Se agarró de la cama y la intenté arrastrar. La hermana de Adeline subió y, en vez de detenerme, me ayudó. Según me dijo, lo hizo porque estaba harta de que estuviera todo el rato ahí, necesitaba limpiar el dormitorio y su presencia lo impedía. Nos costó sudor y sangre hacer que soltará la cama, y luego con cada puerta que pasaba, que lo agarraba con muchísima fuerza.

Al final, se cansó y vio que lo mejor era soportarte durante un buen rato.

Al andar unos cuantos metros en silencio, mientras nos introducíamos por un camino de tierra que parecía llevar a unas granjas. Yo decidí hablarle, necesitaba decirle lo que pensaba:

— Yo creo que estás muy arrepentida de todo lo que has hecho. No, es bien obvio. Es por eso que has estado actuando de esa manera. —

— ¿Y qué? — Me respondió de una forma muy borde.

La miré de reojo, ella se puso algo nerviosa e intentaba evitar mi mirada. Continué hablándole:

— Por eso dices que no te mereces ser ayudada. Pero…— Puse un tono muy animado, intentando así llenarla de esperanzas. — Eso significa que has cambiado, que ya no eres una persona horrible, ¿¡no te parece!? —

Había pasado mucho tiempo viéndola y a pesar de que siempre ha parecido muy distante, nunca actuó como una mala persona. No niego que no lo fuera, pero había cambiado. Más bien, ella se hundió y sucumbió a su oscuridad.

— Sigo igual de siempre…— Y aún era incapaz de salir de ese agujero, se negaba a moverse.

— No es así. — Pero alguien tendría que obligarla a salir de ahí. Yo lo iba a hacer.

Ella me miraba muy incrédula, como si era incapaz de entenderme. Luego, soltó un suspiro y me preguntó esto:

— Y si fuera así, como tú dices, ¿habrá cambiado algo mi situación, todo lo que se hizo se desaparecerá y volveré a estar como antes? —

Ahí me pilló. Me quedé en silencio durante unos segundos, buscando una buena respuesta. Pero, al final, tuve que decirle esto:

— Es verdad, pero puedes empezar de nuevo. Eso es, no te quedes encerrada en tu casa, esperando a que todo termine. —

— ¿Y si quiero estar así? —

— ¿De verdad, quieres estar así? — Le pregunté muy seriamente. — ¿Cambiará algo si te pasas el día auto torturándote por tus acciones? —

Ella no respondió, sólo miró cabizbaja al suelo, con una cara que parecía indicar que aquello le había dolido.

— Has dado el primer paso, dejaste el alcohol, ¿verdad? — Ella levantó la mirada por un momento. — Entonces, puedes levantarte de nuevo, sólo ten fe y sé paciente. — Su rostro se llenó de dudas.

— Sólo fue suerte. — Lanzó un gruñido. — Y para mí me es imposible empezar desde cero, ¿qué sentido tendrá? No tengo nada que me haga mirar hacia delante, lo perdí todo. —

Dio una pausa. Luego, mientras apretaba las manos con fuerzas, controlando sus ganas de llorar, añadió esto:

— Cuando abrí los ojos, me di cuenta de que perdí cosas muy valiosas para mí, que nunca lo podré recuperar. Ya te lo dicho ella, ¿no? Yo perdí primero mi trabajo, luego mi cordura y finalmente mi familia. —

Quise decirle algo, pero ella siguió hablando:

— Ya no hay nada que hacer. — Tapó su cara y gritó: — ¡No tengo una cosa a la que aferrarse y sentir que debo seguir viviendo! —

Se dio la vuelta e intentaba alejarse con mucha prisa. Yo no me atreví a seguirla. A medio metro se detuvo y agregó esto:

— Ningún psicólogo, de todos los que me han atendido, han conseguir que yo me haya mejorado, ¿crees tú hacerlo? —

Aquello me hizo dudar. Lo cierto es que si gente con mucha más experiencia y sabiduría no había conseguido ayudarla, entonces yo menos. Entonces, recordé a los super héroes que siempre he admirado, de cómo ellos siempre salían victoriosos, a pesar de todas las dificultades que pasaban. Aquel mensaje que transmitían se había imprimido en mí, siempre me habían ayudado a salir de mis problemas. También me decían lo bueno que era ayudar a los demás y era algo que iba a hacer, no caería en la negatividad, en pensar de que no hay más salida.

Por eso, con una mirada decidida, con gran seguridad, repetí eso mismo que vi en tantas historias:

— Sí, ¡no me voy a rendir! — Grité con todas mis fuerzas, alzando el brazo hacia al cielo. — ¡Si uno no lo intenta, nunca lo sabrá! —

Tiré el paraguas sin querer, mojándome todo el cuerpo.

Sólo hubo un silencio que duró durante unos minutos, que sólo era roto por los alejados gritos de los animales y la caída de la lluvia. Ella se me quedó mirando de una forma muy extraña y un poco desagradable, que yo no era incapaz de interpretar, ¿acaso le molesto, la hice enfadar, o sólo era una mueca rara?

Entonces, mientras yo intentaba comprender la cara que ponía, ella rompía el silencio con esto:

— Me muero de envidia, realmente te envidio. — Miró hacia otro lado y se puso a reír, con una expresión llena de dolor. — Desearía tanto brillar tanto como tú, ser capaz de decir frases estúpidas como esas sin avergonzarse, pensar en que todo tiene una solución, animar a los demás para que se sienten bien. Por algo te volviste en la verdadera líder de mi grupo de autoayuda. —

— ¿Verdadera líder? — Me quedé confundida, mi cerebro no comprendió que intentaba insinuar con aquello. — ¿Qué dices? Tú eres la organizadora, jamás te quitaría tu puesto, ni nada parecido. —

— Pero lo hiciste…— Lanzó un fuerte gruñido y puso una cara llena de tristeza y de ira, tal vez por ella misma, tal vez por mí. — Mientras yo me permanecía hundida en mi miseria en un rincón, tú estabas atendiendo e intentando animar a todo los demás. Esa debía ser mi labor, pero, como te habrás dado cuenta, no sirvo ni para eso. —

— ¿Por qué monté ese grupo de auto ayuda? Porque fui convencida por mi familia, al recordar mi antigua capacidad de liderazgo. — Parecía como si estuviera hablando consigo mismo antes que a mí. — Creían, y yo también llegué a creer, que al animar a otros saldría de mi depresión, pero ni eso. Al principio, estaba algo esperanzada, creía estar dando un paso. Pero luego vi la realidad, me cansé de estar proactiva, harta de que los demás no fueran capaces de animarse y hacer actividades. No duré ni un mes y volví a encerrarme en mi tristeza. Supongo que tuve que hacerles caso a la gente que me decía que incluyera a un especialista, pero aún conservaba en mi la necesidad de llevar las riendas de lo que hago. —

Entonces, volvió a alejarse de mí, esta vez ladeando de un lado para otro, como si estuviera en trance.

— ¡Detente, Adeline! — Le grité. — Te ayudaré a encontrar la luz, te lo prometo. Y si eres incapaz de empezar de nuevo, entonces tienes que terminar de cerrar tu pasado. —

Su cabeza volvió a girar hacia mi cara, con la boca y ojos abiertos como platos: — ¿¡Qué quieres decir!? —

— Pídele perdón a tu ex marido y a tu hija por todo lo que hiciste. Cierra ese capítulo de tu vida. —

— ¿¡No sabes lo que me estás pidiendo!? — Lanzó un fuerte chillido, no se podría creer lo que yo dije. — ¿¡Crees que, después de lo que he hecho, pueda mirarles a la cara!? —

Sabía a la perfección que le estaba pidiendo algo que podría parecer imposible, e incluso contraproducente. Pero me di cuenta de que ella aún se estaba aferrando con fuerzas al pasado, necesitaba conciliarse con él para volver a caminar de nuevo:

— La verdad es que puede ser algo duro, pero si se lo dices de corazón, puede que acepten tu perdón. —

Ella se quedó boquiabierta, parecía que se quedó paralizada. Yo continué hablando:

— ¿¡Además, no quieres ver a tu hija!? —

Con un tono débil, me respondió: — Sí, quiero verla, a ella. Y a él…—  Adeline cayó de bruces bajo el barro del camino que estaba entrmezclado con la nieve. — Pero, pero…— Empezó a llorar.

— J-jamás desearán volver a verme, ¡es normal! ¡E-es natural! ¿¡Q-quién narices desearía encontrarse con alguien que les haya hecho tantísimo daño!? —

Yo me acerqué a ella y, mientras le daba la mano para ayudara a levantarse, le dije esto con toda la confianza del mundo:

— ¡Seguro que te perdonarán! ¡Porque tú estás muy arrepentida de todo lo que hiciste! — Y le regale una gran sonrisa, mientras la lluvia que nos empapaba empezó a convertirse poquito a poco en nieve.

A los días siguientes, decidí ir en busca del resto de los integrantes de nuestro grupo de auto-ayuda. Al primero que visité fue a Harry.

— ¡Ah, eres tú! — Eso me dijo, cuando abrió la puerta y me vio. — ¿¡Qué haces en mi casa!? —

— Quiero hablar contigo. —

— Me imagino de que se trata, más o menos. — Dio un gruñido y luego me dijo con cara de pocos amigos: — Y me niego a escuchar. Adiós. —

Iba a cerrar la puerta, pero lo detuve, gritándole esto:

— ¡Te lo pido, por favor, escúchame! ¡Hazme este favor! — Junté las manos y, con una expresión que le pedía misericordia, recé con todas mis fuerzas para me escuchase.

— No es no. — Lo dijo de una forma tan tajante y desagradable. Entendía por qué actuaba así, pero necesitaba su ayuda.

— Pero…— Intenté insistir, pero me callé con la frase a medias. Empecé a mirarle a Harry, con unos ojos que le exigían que me escuchara.

Él intentaba esquivar mi mirada, pero siempre me veía y un gesto de culpabilidad se le veía en su cara. Al final, no aguantó más:

— ¡Vale, vale, pero deja de mirarme con esos ojos! ¡Me estás poniendo fatal! —

Yo me puse tan feliz que salte de alegría, mientras Harry se puso la mano en el pecho, y soltó un gran suspiro de alivio, de una forma muy desesperada.

— ¿¡Por qué quieres ayudar  a esa mujer!? — Ya, en su comedor, nos pusimos a hablar, diciéndome esto con una cara llena de seriedad: — ¿¡No ha oído lo que dijo esa desgraciada!? —

— Sí, lo sé perfectamente. Aún así, ella está muy arrepentida. Quiere enmendar el daño que ha hecho, a pesar de sea casi imposible. Y además lleva tiempo castigándose a sí misma, incapaz de aceptarlo y seguir adelante. Necesita la ayuda de los demás, como sea.  —

Estuvo debitando por unos cuantos segundos. Luego, me dijo esto con mucha incredulidad: — ¿¡En serio!? — Yo, con una cara decidida, moví la cabeza de abajo arriba. Eso fue suficiente para convencerlo. — Entendido, ¿¡cómo vamos a ayudar a Adeline!? — Y se lo conté.

El siguiente en visitar fue Vicent. Harry estaba conmigo, después de insistir tanto en convencerle para que me acompañase.

— Hola, Vicent. Somos nosotros, Candy y Harry. Por favor no nos confunda con vendedores ambulantes o testigos de Jenová. —

Añadí, tras pegar en su puerta, mientras Harry me miraba con ganas de comprender por qué dije eso. Vicent abrió tan rápido como pudo.

— Entrad, entrad. — Nos decía con mucha hospitalidad. — ¿¡Quieres hablar de algo, sobre lo que paso unos días, no!?  — Fuimos a la cocina y ahí nos pusimos a hablar.

— La verdad es que se le veía carcomida por la culpa, destruida por sus propios errores. Creo que Adeline ha cambiado, sabe lo mal que se ha comportado de una forma inexcusable y quiere pagarlo. Por tanto, yo la ayudaré, en todo lo que pueda.  — No hizo falta ni convencerle.

— Muchas gracias, de verdad. — Le hacía gestos de agradecimiento, llena de felicidad.

Luego, le pregunté cómo lo llevaba con su horrible hijo:

— Pues mi hijo me llamó, explicándome a quién le mandé para amargarle el rato. Pase de él, le dije que eso le pasaba por desentender a su padre, pero se hizo pasar por víctima y me dijo que iba a volver a pasar por mi casa. Yo le dije encantado, hasta que cambie de parecer, no le abriría ni en broma. —

Sólo nos quedaba Karenina. Se me hacía un nudo en la garganta sólo con pensarlo. Después de cómo ella reaccionó al escuchar la revelación de Adeline, recordando todo el sufrimiento que tuvo ella con sus padres, era muy cruel de mi parte pedirle que nos ayudara. Por eso, pensaba que era mejor dejarla de lado. Aún así, no pude.

— ¿¡Estás segura de hacer esto!? — Me preguntaba Vicent, con un rostro lleno de dudas. — ¿¡No crees que es pedirle demasiado!? —

— Es verdad lo que ha dicho el viejo, esa chica se puso histérica, creo que lo que vas a hacer es una burrada. — Le dio la razón Harry, que intentaba mostrarse frio, pero se veía a lenguas que estaba muy preocupado.

Me lo decían mientras estábamos delante de la casa de Karenina, observando como yo llevaba un buen rato dudando, temblando como un flan, mientras mi dedo índice estaba a escasos centímetros del timbre.

— Pero no quiero dejarla fuera, eso me haría sentar muy mal. Ella también pertenece  a este grupo, debe participar también. —

Me sinceré con ellos, sabía bien lo que le iba a pedir a ella era bastante desagradable, pero tenía que hacerlo.

— Haz lo que quieras. — Harry lanzó un suspiro y se dio la vuelta, ya que antes les pedí que me dejarán sola con ella.

— ¡No te preocupes, seguro que lo conseguiré! Ella lo entenderá. — Le dije esto con todo mi entusiasmo, haciendo el gesto de la victoria, llena de determinación.

— ¡Qué envidia, ojalá yo pensará así, de que todo saldrá bien! — Añadió Vicent, antes de seguir a Harry.

Después de verlos partir, decidí hacerlo de una maldita vez y me forcé a apretar el timbre. En cuestión de segundos, oí de nuevo aquel concierto de pisadas apresuradas.

— ¡Candy! — Gritaron los tíos de Karenina, con muchísima desesperación, como si me estuvieran esperando desde hace años. — ¡Bienvenida a nuestro hogar! — Y me metieron en la casa de un golpe.

— ¡Gracias por la calurosa bienvenida…! — Añadí, algo sorprendida por sus reacciones. Ellos estaban desbocados, me hablaban y me preguntaban a una velocidad pasmosa, como si hubieran tomado un chute de cafeína:

— ¡¿Qué ha pasado en los últimos días!? ¡Karenina se encontraba más contenta, nos hablaba y salía a comer! ¡Ha vuelto a ser como antes, ¿qué le ha pasado?! ¡Ayúdala a sentirse mejor! —

— ¡Tranquilizasen, apenas me entero de nada…! — Intentaba calmarlos, pero ni me escuchaban. Seguían hablando, ya apenas podría comprender lo que me decían.

Entonces, una voz débil y llena de tristeza, que venía de las escaleras, los calmó, diciéndoles solamente esto:

— Por favor, ¡paren de preguntar cosas a Candy! —

Los tres miramos, a la velocidad del rayo, hacia la propietaria de esa voz, Karenina. Quién saltó hacia mí y me abrazó con todas sus fuerzas, intentando esconder su cabeza entre mi pecho.

— ¡Sobrina! ¡¿Estás mejor!? — Al momento, volvieron a estar muy alterados. — ¿¡Quieres qué te preparemos algo!? ¡Has comido muy poco estos días y eso! —

— Vale, pero dejen de molestar a Candy, ella está asustada. — Sacó su cabeza para decirles eso, para luego esconderla de nuevo.

Los tíos se disculparon de una forma muy exagerada, como si hubieran cometido un crimen.

— Más que asustada, es abrumada. — Concluí, riendo nerviosamente.

Después de eso, de estar un buen rato pidiéndole que me soltara, que ya se estaba volviendo incómodo; nos fuimos a la habitación de Karenina.

— Lo siento mucho, pero ellos sólo estaban preocupados. La verdad es que se me quitaron las ganas de comer de nuevo, de salir y hablar con los demás. Y pensar que por fin estaba mejorando. — Ella me decía esto con muchísimo desánimo, soltando algún que otro suspiro.

— Ya veo…— Me sentí incapaz de decir algo mejor. Karenina siguió hablando:

— Esos horribles recuerdos han vuelto a atormentarme, ¡quiero que paren de una vez! ¡Estoy harto de ellos…! —

Se puso las manos en la cabeza y cerró sus ojos llorosos, repitiendo una y otra vez que estaba harta de eso. Parecía como si se hubiera olvidado de mí y me puso muy nerviosa verla así. Por alguna razón, me imaginaba que ella se pusiera a gritar como loca y a golpear su cabeza contra algo. Decidí actuar antes de que mis sospechas se confirmaran.

— ¡Intenta ignorarlos, pasa de ellos! — Le cogí las manos, las junté y las agarré con fuerza, mientras le daba todo tipo de ánimos. Ella sólo hacía gestos con la cabeza y decidió hacerme caso. Estuvimos un buen rato, hasta que Karenina preguntó esto con mucha seriedad:

— ¿¡De verdad, esa mujer le hizo cosas malas a su hija!? —

Me reí, ella también se dio cuenta de por qué había venido a visitarla. Me sentí aliviada, no me hacía falta explicárselo. A continuación, se lo dije con mucha claridad:

— Sí, pero está arrepentida. Se siente muy mal por todo lo que hizo, por eso nos lo dijo de esa manera, para que alejáramos de ella. Es como un intento de auto castigo. — No sentí ningún tipo de reacción notable en ella.

— Si aún mis padres me pidieran perdón por lo que hizo, yo aún así no se los perdonaría, por nada del mundo…— Cabizbaja, cerró los ojos por un momento. Y cuando los abrió, veía odio y rabia en ellos. — Quiero que mi padre esté en la cárcel hasta que muera, y a mi madre también…— Luego, levantó su rostro y me miró fijamente: — ¿¡Su hija pensará lo mismo!? —

Yo no supe que decirle, me era incapaz de enfrentarme a esa pregunta.

— Pero, aún así, ella no se veía como una mala persona. Adeline, se llamaba, ¿no? — Se le veía muy confundida, no sabía en que debía pensar o creer. — No la veía capaz de hacer eso. —

Yo sólo pude decirle que yo también pensaba igual.

— ¡¿Por qué quieres ayudarla!? — Me preguntó, a continuación. — ¿¡Por qué quieres ayudarnos!? — Mientras agarraba mis manos con fuerza.

Me quedé en blanca, sabía que me iba a preguntar algo así, pero aún así no era incapaz de articular alguna respuesta sencilla.

— Vaya pregunta, es como si te pidieran responder qué es la vida y cosas filosóficas y complicadas. — Me reí como idiota. Luego, ella me miró con cara de arrepentimiento, como si hubiera cometido algo malo en preguntar eso. Yo decidí improvisar:

— Bueno, lo cierto es que es bastante egoísta, creo que es quedar bien, como los superhéroes y personajes de anime que tanto me gustan. Salvar a otras personas y que estos se sientes agradecidos es un sentimiento que te hace sentir genial. Es decir, que vosotros me miráis como yo miré a la chica que me salvó. — Se me salió del alma. Ella me interrumpió, llena de curiosidad:

— ¡¿Alguien te salvo!? ¿¡Qué es lo que te pasó!? — Y le expliqué lo que me pasó en aquel día, en el parque de atracciones, en donde iba a perder la vida, y en el cual fui salvada gracias a dos heroínas. Se lo dije todo al detalle, tal vez exagerándolo un poquito para que fuera más dramático, pero lo conté tal como lo viví. Ella se veía muy absorta, como cuando le cuentas a un niño un cuento.

— No vea, no sabía por lo que habías pasado…— Añadió, con algo de lastima hacia mí. Yo le repliqué que, comparado con lo suyo, no era nada.

Ella tardó en contestar, se quedó pensativo. Por un momento, creí que había metido la pata. Y estuve a punto de pedirle perdón, pero entonces ella soltó esto de repente: — No creo que ese tipo de egoísmo esté mal. —

Tardé un poco en darme cuenta a lo que se refería. Entonces, con algo de timidez, Karenina me dijo esto:

— También. — Le pregunté qué quería decir con eso exactamente. — Yo t-también te ayudaré. —

Sentí un gozo de felicidad en mi interior, no me lo podría creer. — ¡¿De verdad!? — Grité de alegría, mientras la abrazaba con todas mis fuerzas. — ¡Muchas gracias, de verdad! ¡Sabía que podría confiar en ti! — Reía sin parar, mientras movía a Karenina de un lado para otro.

— N-no es nada, de verdad. — Balbuceaba ella, muy roja. — N-no ha sido nada. —

FIN DE LA DECIMOSEXTA PARTE

 

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s