Centésima vigésima historia

Sonrisas felices: Última parte, centésima vigésima historia.

Me los encontré fuera del hotel, delante de la entrada, parecían que me estaban esperando. Ahí estaban Harry, Vicent y Karenina, que se veía muy preocupados hasta que me vieron. Salieron corriendo hacia mí. Karenina me dio un gran abrazo de repente, actuando como si me hubiera ido hace larguísimos meses.

— Ah, he vuelto, perdón por haber estado fuera tanto tiempo…— Les dije esto, algo desanimada y avergonzada. Al verlos así, me sentí un poco mal.

— ¿¡Qué haces, Harry!? — Y lo primero que hizo él fue estirarme mi oreja.

— ¡Te hago esto porque eres idiota! ¡¿Por qué no nos cuenta lo que vas a hacer antes de desaparecer del mapa!? ¡Ya eres mayor para que tengamos que preocuparnos de ti! — Me gritaba muy enfadado, actuando como si fuera un padre.

— ¡Perdón, perdón, pero deja en paz mis orejas, por favor! — Le supliqué y él me soltó.

— ¿¡Donde has estado!? — Intervino Vicent. — ¿¡No me digas que lo has intentando de nuevo!? —

No dije nada, pero mi reacción debió haberles dejado claro lo que hice.

— No hace falta decirlo. — Añadió Harry, suspirando con muchísima fuerte. — Esta chica es tan fácil de predecir. —

— No es eso, pero…— Intenté protestar, pero no tenía ni las ganas. Luego, me di cuenta de que no veía a cierta persona. Les pregunté: — ¿¡Dónde está Adeline!? —

— Ella está escondida detrás de la puerta. — Karenina, aún aferrada a mí, me señaló la puerta que estaba entreabierta. Vi que ahí se estaba asomando, mientras que un cliente del hotel la veía muy extrañado, mientras salía del lugar. Yo me acerqué a Adeline.

— La verdad es que te debo una disculpa, pensé que las cosas iban a salir bien, a pesar de todo, a base de perseverar. Al final, no todo acabó como esperaba. — Bajé la cabeza en señal de disculpa, muy arrepentida y con ganas de llorar. Le había dado falsas esperanzas por culpa de aquel optimismo que siempre me hacía ver todo de rosa.

— ¡No te disculpes! — Pero ella no parecía defraudada ni enfadada. Me habló con muchísima compresión. — Era lo lógico que todo acabase así, pero lo intentaste, en vez de tener miedo, fuiste capaz de hacerlo, yo no, ¡qué patética soy, en vez de enfrentarme a mi pasado, he dejado que lo hicieses tú! ¡Ojalá ser como tú, aunque seas una completa ciega…! —

Le miré a los ojos y vi una mirada de admiración hacia mí, que me ánimo un poco. Aunque no sé como tomarme aquellas últimas palabras como un halago.

— Aún así, hay alguien que ha venido a hablar contigo…— Giré la cabeza y  grité, al otro lado de la calle, a alguien, diciéndole que saliese. Luego, me volví a dirigirme a Adeline: — No he conseguido que seas capaz de convencer  a tu exmarido, pero ella si ha venido a verte…—

Ella salió de un golpe a la cabeza, boquiabierta, incapaz de creerse lo que estaba viendo.

— No puede ser…— Se frotó los ojos por un momento. — Apenas te puedo reconocer, pero eres…— Le costaba mucho hablar.

Su hija, emocionada, se acercaba a ella poquito a poco, se le veía en su rostro que tampoco se lo podría creer. Ella añadió esto, con una sonrisa:

— Mamá, no has cambiado mucho, sigues como en las fotos. —

Con sólo decir esto, la madre, que rompió a llorar, saltó hacia a la chiquilla y la abrazó con mucha fuerzas, acariciándola y gritando su nombre sin parar: — ¡Victoria! —

La niña también la abrazó y empezó a gritar mamá, sin parar. Y yo también me puse a llorar, mientras le abraza con muchas fuerzas a Adeline:

— ¡A pesar de todo, aún así, he podido conseguir que se reúnan, y es demasiado…! —

— ¡Está bien, está bien! — Karenina, algo sorprendida por mi reacción, empezó a acariciarme mi cabeza, intentando animarme o algo así.

Cuando hija y madre se tranquilizaron, todos decidimos dejarlas a sola y verlas hablar desde la lejanía, ya en el jardín que tenía el hotel.

— ¿¡De qué estarán hablando!? — Preguntó Vicent, quién parecía muy intrigado.

— Seguro que de muchas cosas, ya ha pasado mucho tiempo desde que se fueron. — Le respondió Harry, quién después se dirigió a mí, al ver que yo estaba en cuchillas, lanzando suspiros y muy pensativa:

— ¡¿Aún sigues desanimada!? —

— La verdad es que ella también quería ver a su ex marido y pedirle perdón, que él viera que estuviera arrepentida y le dejase ver a su hija de vez en cuando. No he podido conseguir eso. —

— Pero se ha encontrado con su hija. Eso no es tan malo. Nuestro viaje no ha sido una pérdida de tiempo. — Dijo Vicent, y Harry añadió:

— Uno nunca lo consigue todo, eres demasiado ambiciosa. —

— Tu egoísmo ha ayudado a Adeline, ella siempre estará agradecida por eso. — Karenina también intervino. Estaba a mi lado durante todo el rato y se le veía muy incómoda, como si quería ayudarme pero no sabía cómo. Al final, pudo encontrar el momento.

— ¿Egoísmo, qué? — Pero lo que dijo provocó extrañeza en Harry, que preguntó eso, y en Vicent.

— Es algo que dijo ella, que quería ayudar como los superhéroes o algo así, y que eso era tal vez para quedar bien. —

— Bueno, no digas esas cosas, debería quedar entre nosotras. — Le hice un gesto para que no dijera nada más, que ya estaba quedando muy mal. Ella, de forma exagerada, pidió perdón como si ella hubiera hecho algo malo, después de taparse la boca.

— Esos comics te han comido la cabeza. — Añadió Harry. — Tus padres no debían…— No le deje ni terminar la frase.

— ¡No digas eso! — Le repliqué. — Mi padre es un fanático de los comics, fue el quién me dejaba leerlos y me enseñó los guays que son, ¡¿acaso insinúas que mi padre fue estúpido!? — Giré mi cabeza al otro lado como señal de que eso me había molestado.

— No, no es eso. — Y Harry, muy arrepentido, me decía esto, mientras movía las manos de un lado para otro. — Lo siento, no era mi intención. —

— Dudo si puedo perdonarte o no…— Inflé las mejillas, mientras hablaba como una dama victoriana ofendida. — ¡Lo que has dicho ha sido muy feo…! —

La verdad es que no estaba enfadada con él, sólo me molestó un poco y nada más. Y decidí, a modo de venganza por sus burlas, actuar enfadada. El pobre se lo creía totalmente, no paraba de decirme todo tipo de cosas para hacerse perdonar, y yo no podría aguantar la risa. Tomarle el pelo me  ayudo a levantar un poco el ánimo.

También se lo creyó Karenina, que mostró una cara de enorme preocupación, e intentó hablarme para animarme. Vicent le dijo esto:

— No pasa nada, Karenina, ella se lo está diciendo de broma…—

— Espera, ¿entonces, no estás enfadada? — Me preguntó Harry, al escucharle, con las cejas fruncidas.

— Pues, claro que…— Intenté mostrarme serie, pero no aguante y me puse a reír muy fuerte. Al detenerme, le dije esto: — Lo siento, pero es que no me podría resistir, al ver tu cara. —

— Yo creyendo que estaba hundida, y vas tú a búrlame de mí…— Y él fue quien se enfado conmigo. Sintiendo un poco mal por él, empecé a pedirle perdón. Así estuvimos un buen rato, con él negándome mi perdón, mientras insistía, juntando las manos y poniendo actitud de niña buena.

Después de eso, yo recordé que tenía que confesarle una cosa. Al ver que todo el mundo calló, yo me atreví, a pesar de todo el miedo que sentía, a decirles esto:

— Por cierto, tengo que deciros una cosa…— Los tres me miraron a los ojos, algo intrigados por mis cosas. Eso me asustó un poco, pero tragué saliva y continué: — La verdad es que… Es que… Yo os mentí, desde el primer momento. — Di una pausa, para tragar y expulsar aire unas cuantas veces, con el objetivo de tranquilizarme y decírselo con claridad. Ellos me miraban extrañados, preguntándose qué me pasaba. Al final, tras casi un minuto así, por fin se los dije:

— Bueno, espero que me podáis perdonar, pero yo no sufro de depresión, ni nada parecido. Yo estoy sana mentalmente, mentí sin querer para no reconocer que me equivoqué de grupo. —

Cerré los ojos para no ver sus reacciones, tenía mucho miedo de decepcionarlos. Pero su reacción fue totalmente contraria al que esperaba, me dejaron boquiabierta. Harry y Vicent empezaron a tener un ataque de risa:

— ¿¡Por qué os estáis riendo!? — Les preguntaba, muy confundida. No era capaz — ¿¡No estáis enfadados!? —

— Ajajajaja, p-porque era obvio, se te veía a lenguas q-que no sufrías d-depresión, ajajaja. — Intervino Harry, intentando hablar. — Ajajaja, n-no podrías engañar n-ni una mosca, ajajaja…—

Estuvieron a punto de caer al suelo por las risas, pero pudieron mantenerse de pie. Se tocaban el estomago, como si les estaban doliendo por tanto reír. Inflé los mofletes, yo estaba muy seria, con mucho miedo de ser odiada por ocultarles la verdad, y van ellos y se ríen.

— Y además dudo de que estés sana mentalmente…— Añadió Harry, haciéndose el graciosillo. Le empecé a dar pequeños golpe contra su pecho, mientras le gritaba esto: — ¿¡Por qué otra vez te metes conmigo!? —

Y mientras yo le pedía a Harry que dejará de molestarme, Karenina, quién estaba observándonos sin entender nada, dijo esto con la boca abierta:

— ¡Espera, ¿entonces desde el principio no sufrías depresión?! —

Harry y Vicent se le quedaron mirando, como si no se creyesen que ella no se hubiera dado cuenta. Yo reí como idiota e intenté explicárselo. A pesar de eso, no se lo tomó mal.

— Pero supongo que es mejor así, gracias a ti, hemos sido capaces de enfrentarnos, aunque sea un poco, contra nuestra realidad. — A continuación, me dijo esto Harry. Tenía una sonrisa de agradecimiento en su cara. Entonces, me acarició la cabeza y me dijo esto: — Gracias. —

— Espera, ¿me acaba de decir gracias? — Casi di un chillido de sorpresa, mi cerebro no daba crédito a lo que oí.

— Yo también te doy las gracias, les ha dado a este pobre viejo mucho entreteniendo. — Vicent también, riendo además.

— Y-y yo también. — Y Karenina, muy avergonzada, también me agradeció. — Si no fuera por ti, yo no hubiera sido capaz de volver a hablar con mis tíos, y ahora tengo un poco de confianza en mí misma, y muchas más cosas. —

Me puse muy roja, pero estaba feliz. Si esto era lo que estaba buscando, ser agradecida por ayudar a otras personas. Se sentía tan bien. Me costó encontrar palabras para expresarles lo que sentía. Dije lo primero que se me ocurrió:

— No es nada, yo sólo quería ayuda a los demás, nada más que eso. Y estoy tan feliz de que así sea. —

— ¡¿No era para quedar bien?! — Me dijeron Harry y Vicent, a la vez, metiéndose otra vez conmigo y soltando de nuevo fuertes carcajadas.

Mientras seguíamos hablando, veía a lo lejos a Adeline y a su hija, con unos rostros llenos de felicidad. A pesar de todo, no todo había salido tan mal. Pero, aún así, no pude prometerle ese final feliz a ella.

— ¡¿Entonces, quieres volver a Shelijonia!?  Pero aún quedan cosas que hacer…—

Le pregunté a la noche, al ver que ella salió a la calle y se quedó mirando al cielo, a pesar de que apenas se veían estrellas por las luces de la ciudad.

— Mi hija me lo dijo, él nunca me perdonará. Y es mejor así. No debería aparecer ante él, no quiero que su pasado le atormente. — Añadió con mucha tristeza, pero llena de serenidad. Era como si lo había aceptado.

— ¿¡Y qué pasará con tu hija!? —

— Ella me echa de menos, y quiere volver a verme, pero ya tiene a una familia que la cuida y con la cual está feliz. Está feliz. Y prefiero que sea así, ya es imposible que yo vuelva a su vida. — Dio un fuerte suspiro, se le notaba muy decaída. — Mejor nos volvemos. —

— Lo siento…— Me disculpé, muy entristecida.

— ¿¡Qué creías conseguir!? — No supe responderle. Ella continuó hablando: — Tú sólo me prometiste pedirles perdón para poder cerrar un capítulo de mi vida, y eso es lo que he hecho, más o menos. No hubiera sido imposible sin tu ayuda. — Se veía en su rostro una risa agridulce, mientras me miraba, llena de agradecimiento.

Ella luego se dio la vuelta y se dirigió hacia el hotel. Se detuvo por un momento y añadió:

— Sigo siendo una inútil, alguien que aún su futuro negro, pero creo que he dado un paso adelante. O eso espero. —

Aún así, a pesar de que ella se sentía satisfecha con el resultado, y los demás también, yo sentía en mi interior una espina, algo que me era incapaz de quitarla. Esa frustración de no darle ese final que quería seguía ahí, y estuve a punto de soltarlo:

— ¡Adeline! — Le grité. Ella me miró. Entonces, me acobarde y en vez de decir lo que pensaba, solté esto: — Deberíamos hacer algo antes de irnos…— Me preguntó extrañada: — ¿¡El qué!? — Y yo le mostré mi cámara de fotos: — ¡Hay que hacerle turismo a Chicago, no hemos visto casi nada de esta gran ciudad! — Lo decía muy preocupada, como si fuera algo de vital importancia, eso provocó que a ella le entrará la risa.

Al día siguiente, todo el grupo salimos a observar Chicago, visitamos el centro y nos paseamos por allí durante horas. Vimos su famosa academia de arte, nos perdimos en el Millenium Park y en los demás parques que lo rodeaban, y conocimos a la Fuente de Buckingham. También le dimos un vistazo al Museo Moderno de Ciencia, al Adler Planetarium y al Soldier Field. Y sólo nos dio tiempo para observar el Navy Pier. La ciudad de los vientos era demasiado grande para ser visitada en un solo día, me hubiera gustado estar más tiempo, pero había que volver a Shelijonia.

Ya, a volver a casa, tras un viaje largo, todo siguió como siempre. Llegué tarde a mi trabajo y fui regañada, pero seguí ejerciendo mi voz, doblando a personajes de series infantiles de bajo presupuesto. Seguía yendo al karaoke con mis amigas, contándoles todos mis problemas. Intentaba sacar algo de tiempo para seguir leyendo comics o manga, o jugando videojuegos. Y seguí visitando al grupo, a Harry, a Vicent, a Karenina, a Adeline.

Cada cual enfrentado a sus propios problemas, que seguían existiendo, algunas veces hundiéndose y cayendo en la negatividad, sacándoles yo de ahí con mi apoyo. En otras, superándolas, para su sorpresa. A pesar de todo, ellos pudieron avanzar, aunque fuera a su ritmo, y se acercaban poquito a poco al momento al final del túnel, a liberarse de aquella negatividad que aún les seguía arrastrando al abismo.

Aún cuando yo seguía viviendo como siempre, aún mantenía aquella esquina en mí, aquella frustración al no darle a Adeline, y también a los demás, el final que merecían. Y también sentía que debía pedirle disculpas a Bonnie:

— ¿¡Espera, qué es esto!? — Gritó, alucinada, con la boca abierta. — ¿¡En serio, me estás regalando esta hermosa figura de Izaya!? — Ella lo cogió al momento y con cara de babosa empezó a besar la caja.

— Sí, como siempre estabas hablando maravillas de él, aunque no entiendo por qué te gusta, a me parece horrible. Celty y Shizou son lo mejor de la serie. — Vi Durarara varias veces con ella, pero nunca pude comprender su amor por ese personaje, siempre elegía a los peores.

— Bueno, esos también son geniales, pero no tanto como Izaya. — Me replicó, mientras abrazaba con fuerza la caja. Y, entonces, me miró y confundida: — ¿¡Y por qué me das dado esto!? ¡No es mi cumpleaños, ni me has metido el móvil en la lavadora de nuevo! —

— Eso fue sin querer, si tú te hubieras acordado de que me lo diste para guardarlo al ver que se te rompió el bolso, no hubiera pasado eso. —  Le repliqué.

— Tú saliste corriendo como loca, al ver que te ibas a perder el nuevo capítulo de algo que ni me acuerdo. — Decidí ignorar el tema y le seguí hablando:

— En fin, esto se trata a modo de disculpa. — Me forzada todo lo que podría, ya que me costaba mucho reconocérselo: — No es por el móvil ni por haberte roto esa figura que tanto amabas de Cowboy Bebop, ni por haberte dejado tirada en medio del Anime Expo de los Ángeles hace dos años, ni nada de eso. —

— ¿¡Entonces, qué!? — Me preguntó ella, con cara de extrañeza.

— Tenía que haberte escuchado, tenías razón. Soy demasiado optimista, y siempre meto la pata en muchas cosas. — Era incapaz de mirarle a la cara y ella se alarmó:

— No lo entiendo, ¿¡qué has hecho ahora!? — Me cogió de los hombros y me gritaba muy preocupada: — ¡Estás muy, muy rara, ¿has cogido fiebre o qué?! — Al final, fui incapaz de decírselo.

Al volver del mundo de los recuerdos, después de rememorar aquella tan larga historia que intenté ignorar. Me levanté de la cama y miré la pantalla de mi ordenador. Aún era incapaz de escribir algo, pero sentí la necesidad de ver algo. Saque una caja llena de fotos que estaba en la cama, todas era de aquel viaje que hice con ellos en Chicago.

Saqué muchísimas fotos, agoté la cámara en cuestión de horas. Entre unas de cientos de fotografías, había una en donde salíamos todos, mostrando cada uno una sonrisa feliz, haciendo el gesto de victoria, delante del Museo de Ciencia. Yo estaba en el centro, en rodillas, con Adeline y Karenina a cada lado, y con Harry y Vicent detrás de nosotras. Me costaba reconocerlos. Eran unas personas que hace unos meses eran incapaces de forzar una sonrisa, siempre hundidas, siempre llenas de culpabilidad, sin ganas de vivir, sin tener ni una razón para seguir existiendo, encerradas en sí mismas y deseando que todo terminará. Los de aquella foto no se parecían a aquellas que conocí en octubre.

Sonreí, al vernos de aquella manera, me llenó de una nostálgica alegría. A pesar de todo, podríamos decir que hicimos honor al nombre de nuestro grupo “Sonrisas felices”.

FIN

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