Centésima vigésima segunda historia

La araña: Segunda parte, centésima vigésima segunda historia.

Desde aquel entonces, todo iba bastante bien. Charlie venía a mi casa unas cuantas veces a la semana y nos divertíamos muchísimo, él siempre se inventaba unos juegos muy extraños, pero eran geniales. Además, no sólo jugábamos, también hacíamos otras cosas como hacer una tarta, o la tarea o la limpieza, y muchas más que no recuerdo. Por algún motivo, hacer todo eso a su lado se volvía divertido. Y cada día que pasaba me daba cuenta de lo que era él realmente, viendo cosas que nadie más veía.

Es un chico dulce y atento que, a pesar de no mostrar emociones en su rostro y hacer el payaso, siempre me ha ayudado y me ha animado. Hasta creo que su rareza se volvió poquito a poco bonito. Yo recibía tanto su atención que llegué a creer que él siempre iba a estar para mí, que no había otra cosa que nos separaría. Fui una tonta, estuve desprevenida y cuando vi los primeros indicios, los ignoré.

Un buen día, mientras estábamos en la escuela, vi como había unos chicos acercándose a él, hablándole como si fueran amigos de toda la vida. Me pareció bastante extraño. Apenas había chicos que se le acercaban y le hablaban. Él era tan raro y complicado de entender que nadie, salvo yo, se atrevía a hacerlo y lo ignoraban.

— ¡Qué aburrimiento, no nada hay en la tele! ¡Los dibujos que hay ahora son un rollo! —

Más tarde, cuando él estaba en mi casa, dando vueltas por el salón, quejándose por la televisión por cable, yo aproveché para preguntárselo.

— Es verdad, tener tantos canales para nada…— Concluí y decidí lanzarle la pregunta: — Por cierto, ¿¡qué hacían esos chicos hablando contigo!? —

— Ah, ¿el gafotas y esos dos gordos? Dicen que quieren ser amigos míos, porque soy un raro como ellos. —

— Pues, ¡qué extraño! Mejor que no lo hagas, no me caen bien. —

Aún así, él no me hizo caso. Esos pesados no le dejaron en paz y él tuvo que hacerse sus amigos. No sólo eso, sino consiguieron hacer más.

— ¡¿En serio, ese Vladimir se ha vuelto vuestro amigo!? Si es uno de los chicos más populares de la clase…— Grité algo sorprendida, cuando él me lo dijo.

— Sí, algo así. Aceptó encantado, aunque lo único interesante en él es que tiene el pelo lleno de canas. — Mi Charlie dio un gesto de sobresalto, como si hubiera recordado algo. — También nos hicimos amigos de otro niño, que parece niña. —

Le dije que tuviera cuidado con ellos, que yo no me fiaba, haciendo todo lo posible para que él no decidiera centrar toda su atención hacia sus amigos, aunque creía que esos chicos no deseaban serlo, que solo era pura fachada.

Aún así, yo no le di mucha importancia, porque él no estaba mucho tiempo junto con ellos, y algunos acontecimientos parecían que me estaban dando la razón.

— ¡¿En serio que el repelente gafotas ese ha abandonado a Vladimir!? —

— ¡Sí, ahora pasa de él, después de que él lo defendiera con los matones! Ahora pegan a Vladimir. —

— ¡Ya te lo dije! Esos feos no son de fiar, debes alejarte. —

Por desgracia, aquellos elementos seguían acercándole y él seguía siendo amigo de Vladimir. Y siguió conociendo a más gente:

— ¡Sabes, ayer ha pasado algo increíble! ¡Vimos a una persona a darles una paliza a los matones de Vladimir! ¡No, a un hermano de ellos, que levanta pesas y mandó un poli al hospital; luchó contra él como si fuera un chino que hace artes marciales! —

— ¿¡Ah, en serio!? — Me quedé muy sorprendida.

— Y casi me iban a dar una paliza, pero nos salvo. —

— ¡¿Estás bien!? — Me aterró escuchar que estaba en peligro por culpa de esos niños. — ¡¿Con quién te juntas, con unos salvajes o qué!? Ahora estoy muy preocupada por ti, si sigues con ellos te va a pasar algo malo. —

— No pasa nada, todo está bien, bien, muy bien. —

Pero lo que no sabía yo es que él no me dijo que aquella persona era una chica. Aún así, el tiempo pasó y apenas se alejo de mí, aunque pasaron un montón de cosas. Por ejemplo, Martha Malan, una niña muy engreída e insoportable, intentó ligarse a Vladimir, siendo rechazada para nuestra satisfacción, y éste mismo volvió a ser amigo del repelente que le traicionó.

Seguía juntándose conmigo cada vez que podría haciendo todo lo posible para estuviera feliz. Todo parecía normal, nada cambiaba, pero poquito a poco, sin darme cuenta, estaba dejando de ser el centro del mundo de mi Charlie. Entonces, a finales de Abril, descubrí la verdad.

En aquel día, estaba tardado más de lo usual, algo extraño en él. Siempre aparecía entre las tres y media hasta las cuatros de la tarde, pero eran las cinco y no había ni rastro. Preocupada, al ver que no me aviso, no dejaba de dar vueltas delante de la puerta, deseando que apareciera de una vez.

Y cuando oí escuchar unas pisadas procedentes de afuera, supe enseguida que era él. Abrí la puerta de golpe y le grité, sorprendiéndole en el acto.

— ¿¡Qué te ha pasado!? — Estaba tan preocupada y aterrada que le abracé sin darme cuenta, con ganas de llorar incluso. — ¿¡Por qué has tardado tanto!?  —

— Nada, creo que nada malo. — Tardó un poco en contestar, algo sorprendido por mi actitud.

— ¡¿Y entonces!? —

— Es que ellos no me dejaron en paz, por eso he terminado como la liebre del cuento. — No pude entender que quería con eso último.

De todos modos, lo metí en la casa y empezamos a hablar en mi habitación, a que me explicara por qué me hizo esperar de esa manera.

— Dime, ¿¡qué ha pasado!? —

— Pues el gafotas no nos paraba de decir que teníamos que ir a la casa de Nadezha y pues…— Al oír aquel nombre, casi me dio algo. Era el nombre de una chica, de una mujer.

— ¡¿Nadezha?! ¡¿Quién es ella!? — Le pregunté, toda consternada.

No me podría creer que mi Charlie estaba viéndose con otra mujer aparte de mí, yo debía ser la única.

— Bueno, es Nadezhda. — Le repliqué: — Da igual, suena lo mismo. Por favor, ¡¿me puedes decir quién es!? —

— Por supuesta, ella mata osos y es una chica muy blanca como la leche desnatada, incluso su propio pelo lo es. Es la novia de Vladimir. —

Eso me dejo muy boquiabierta, a pesar de que estaba acostumbrada a sus lindas tonterías. Me costó imaginarme una chica como la que me estaba describiendo. Pero lo más sorprendente era el hecho de que fuera la novia de ese Vladimir. Le tuve preguntar si era cierta y me contestó con esto:

— Sí, es verdad. Él tiene novia, y es la misma chica que le salvo de los matones y le enseñó a luchar. Y llevan así hace años. —

— Entonces, cuando pasó lo de Malan, le rechazó porque él tenía novia. — Movió la cabeza de forma afirmativa y entonces ya comprendí aquel episodio: — ¿¡Y no me los has dicho hasta ahora!? —

— Lo de ser novios no lo sabíamos, lo descubrimos hace poco. Pero ya te hable de ella. —

Entonces, me di cuenta  a qué se refería cuando me contó sobre “aquella persona”. Era una chica. Y él añadió con indiferencia:

— Y es bastante divertida, aunque tiene mucha mala leche y siempre parece seria. Sobre todo cuando cocina, que siempre lo quema todo. —

Hablaba con un gran entusiasmo hacia esa mujer que activó mis alarmas, estaba viendo con buenos ojos a otra chica y eso no presenciaba nada bueno. Estaba aterrada, la cabeza se me empezó a dar vueltas y mi cerebro empezó a mostrarme cosas horribles. Descontrolada, puse mis manos sobre sus hombros y, con una mirada afligida, le pregunté:

— ¡¿Y yo, yo soy divertida!? —

Necesitaba comprobar con esas palabras que yo no corría el peligro de ser sustituida por otra mujer. Sin mediar ni un segundo, me respondió:

— Sí, es divertido estar contigo. —

Grité de felicidad al oír esas palabras y le abracé otra vez, esta vez con todas mis fuerzas. Me decía a mí misma que menos mal, aunque no estaba tranquila. No podría estarlo, necesitaba tenerlo mucho más atado, no podría permitir que se alejará de mí por esa chica, por aquella gente. El destino nos juntó y así debía ser, fuera lo que fuera.

Pero, ¿¡qué es lo que podría hacer!? ¡¿Cómo conseguir que no se alejara de mí!? Solo había una manera, tenía que confesarle cuanto antes lo que sentía por él, que nos convirtiéramos en novios. Pero tenía mucho miedo, no me sentía preparada y me aterrada muchísimo que Charlie me rechazase, que me dijese que no. El mundo se me caería encima, perdería mi oportunidad para salvarme de la soledad para siempre. Aún así, decidí arriesgar, tenía que declararme mi amor antes de que fuera muy tarde.

Durante los días siguientes, lo esperé ansiosamente, deseosa de que volviera pronto para decirles mis sentimientos, pero a la vez quería que tardara todo lo posible, porque me aterraba decírselo. Para quitarme el miedo, intentaba preparar mis palabras delante del espejo una y otra vez, pero era imposible, con solo pensar en que le estaba hablando mi corazón palpitaba con mucha fuerza y una profunda vergüenza invadía todo mi cuerpo.

Y entonces, al llegar el viernes por la tarde, se escuchó el timbre.

— ¡Buenas tardes, Carleen! — Sin que me diera tiempo a reaccionar, Charlie habló, con tono alegre: — ¡Hoy sí he llegado temprano, muy temprano! —

El corazón se me puso a mil y me quedé paralizada, preguntándome qué tenía que hacer. Con solo escuchar su voz, todo lo que había planeado se me esfumó de golpe e incluso se me olvidó de que tenía que abrirle la puerta. Tuvo que tocar de nuevo, para que me ayudara a librarme del bloqueo.

— ¡Ya voy, ya voy, Charlie! — Le gritaba, actuando muy nerviosa y torpe, mientras corría hacia la puerta. Me pedía a mí misma que me tranquilizará, pero no había manera. — ¡Ya estoy aquí! —

Al abrir la puerta, vi como él caía sobre mí. Di un pequeño chillido de sorpresa, mientras le atrapaba. Intenté decir algo, pero él se adelantó:

— C-creo que he dado demasiadas vueltas…— Se había mareado y eso me hizo sonreír, era tan típico de él.

Lo tuve que llevar al sofá y estuvimos esperando unos segundos. Después le pregunté: — ¡¿Estás mejor!? — Su respuesta me descolocó:

— Sí, como si fuera un conejo epiléptico…—

— Epic… ¿qué? — A pesar de todo el tiempo que pasamos, aún me costaba, a veces, entender lo que decía. — ¡¿Qué es eso!? —

— Ni idea, se lo oí a mis padres…— Y parece que él tampoco, pero eso era parte de su encanto.

Aquello me hizo olvidar por un momento que me tenía que declarar. Al mismo momento de recordarlo, él me preguntó:

— ¿Por cierto, tu mamá nunca viene a tu casa? —

Era muy inconveniente que sacara ese tema en ese mismo momento, ya que necesitaba decirle que le amaba lo más rápido posible. Tardé un poco en responderle, buscando una forma de terminar la respuesta en pocas palabras y cambiar de tema.

— Bueno, la verdad es que siempre vuelve tarde, pero, pero…— Fui muy brusca, pero pude responderle. — ¡Eso no importa! ¡Vamos a la habitación! — Le cogí de la mano y él asintió, antes de llevarle hacia allí.

Por alguna razón, sentía que en mi cuarto sería un lugar mejor que en el salón.

Al entrar, yo le empecé a mirar y él hizo lo mismo, notando en su rostro, a pesar de que aparentemente no mostraba un gran cambio, que estaba algo cierta inquietud, tal vez preguntándose qué pasaba conmigo.

Yo intenté recordar las palabras que tanto repetí, pero era imposible, solo estaba sintiendo el miedo y la vergüenza de soltarle mis sentimientos. Mi cabeza parecía que estaba ardiendo y que me estaba poniendo tan roja, y ver que Charlie me clavaba sus ojos hacia mí, solo lo empeoraba.

Me decía a mí misma, una y otra vez, que fuera valiente, que me atreviera de una vez. Para tranquilizarme, yo empecé a respirar e inspirar sin parar, dándome en mi mente palabras de ánimo. Él no decía nada, solo estaba mirándome en silencio.

— Bueno,… — Al final, pude empezar, pero me quedaba atascada. — Yo, yo, quiero decirte algo…— Mis ojos intentaban evitar su mirada, producto de la vergüenza. — que…— Pero lo conseguí. Le cogí de las manos, cerré los ojos y grité esto con todas mis fuerzas: — ¡…qué te amo, qué te amo muchísimo! —

— ¡Quiero ser tu novia! — Y lo dije de nuevo, para que quedase claro.

Abrí, entonces, los ojos. Él quedó con la boca abierta, algo muy inusual en su rostro casi inexpresivo. En ese momento, temí lo peor.

— ¡Por favor, acepta mi amor! — Le rogué, rezando con todas mis fuerzas que lo hiciera. Y por la emoción del momento, lo abracé de una forma tan poco delicada que los dos caímos sobre mi cama.

— Aunque sea muy pronto para eso…— Añadí, entrecortada, mientras me daba cuenta que estaba sobre él. — Bueno, ya sabes, somos niños…—

Entonces, Charlie habló:

— Vale, lo acepto…— Se le notaba en su rostro y en su voz que estaba tan avergonzado y rojo como yo. — Bueno, tu amor… Seré tu novio y eso. —

Al oír esas hermosas y dulces palabras, al ver que mi amor había sido correspondido, rompí a llorar de la felicidad.

— ¡Te amo, Charlie! — Lo repetía una y otra, sin pararme, mientras hundía mi cabeza sobre su pecho. — ¡Te amo, Charlie! —

— Yo t-también…— Y él me decía esto, mientras me devolvía el abrazo.

Así estuvimos durante un buen rato, como si el tiempo se hubiera detenido para nosotros, como si la terrible soledad, y todo lo malo en general, que había sentido toda mi vida se hubiera ido para siempre. Fue un momento maravilloso, sentía como si algo mágico nos hubiera rodeado y nos estaba dando la oportunidad de disfrutarlo. Deseé que eso hubiera durado para siempre.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

 

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