Centésima vigésima segunda historia

La araña: Sexta parte, centésima vigésima segunda historia.

Al día siguiente, yo y Charlie nos juntamos camino a la escuela, otra vez muy temprano.

— ¿¡Ya estás mejor!? ¡Digo, después de lo que pasó ayer…! — Me preguntó. Se le notaba preocupado.

— No importa, me he olvidado de ese tema…— Le mentí, no podría hacerlo. Aún así, hice un esfuerzo y le cogí del brazo: — Ahora lo importante es que estoy junto a ti…—

Me puse tan roja, al ver que le dije aquellas palabras tan embarazosas.

— Ah, vale…— Aunque no lo aparentaba, él también estaba rojo.

Y así andamos durante varios minutos, pegados el uno con el otro, me sentía tan a gusto así, hasta que alguien apareció a arruinarnos el momento, ¡qué rabia me daba, no importaba quién fuera, sus amigos, mi madre, los compañeros de clases, siempre tenían que aparecer!

Delante de nosotros, se interpuso Klara Ben-Gurión.

— ¡Buenos días, novios! — Y nos saludó con una que me irritó muchísimo. Ella rara vez se acercaba a mí, que lo hiciera era indicio de que esa falsa quería algo de nosotros.

— Buenos días…— Charlie le devolvió el saludo con normalidad.

— ¿¡Y tú qué quieres!? — Yo decidí irme al grano.

— Por lo menos, deberías haberme saludado. Después de todo, somos compañeras de clase. — Puso voz de imbécil. — ¡Vos sos muy antipática! — No, como si ella se estuviera burlando de mí.

— Y tú eres una falsa y una alimaña, si te has acercado a nosotros es para soltarnos tu veneno. —

A Klara le encantaba hacerse la amable y sacarle a la gente cosas que podría utilizar para atacarlas por la espalda. Lo hizo con todas las niñas que le caen mal, y a mí también. Pero yo la tengo colada. No soporta que los demás sean más felices, sobre todo después de lo que les pasó a su familia. Es una envidiosa, y me envidia por tener novio y tener a alguien como a Charlie.

En fin, decirle aquellas palabras la dejaron con un gesto de sorpresa, qué duró unos segundos, como si no lo esperaba. Charlie también se quedó un poco sorprendido.

— Eso es muy fuerte, ¡me vas a poner a llorar! — Ella no se veía dolida, más bien me lanzó una mirada desafiante. Yo también se lo lancé y las dos nos quedamos mirando así, la una con la toda por casi un minuto.

— ¿Chicas…? — Con las manos levantadas, como si intentaba detener una pelea que estaba a punto de empezar, Charlie se interpuso entre nosotras. El pobre no quería vernos pelear. Klara siguió hablando:

— Al parecer, los dos habéis montado un espectáculo muy divertido, en cuestión de un día os habéis vuelto la pareja más famosa de toda la escuela. Y me sorprende, no es tipo de chico que me imaginaba que ibas a elegir. Dicen que no está bien de la cabeza, eso son los rumores, yo no creo que…—

— ¡Los que no están bien en la cabeza son ellos, no él! — Le grité con tanta furia, que la hice callar. Se sobresaltó, y mi Charlie también.

Pero yo no iba a dejar que nadie hablase mal de él delante de mis narices. Ni menos que soltará esa estúpida excusa para salir bien parada, mientras nos soltará lo que ella creía en forma de rumores. Y no se calló. Tardó unos segundos en volver a abrir la boca:

— ¿¡Y por qué vos no te has juntado con él en la clase antes!? Salvo esos chicos, los demás lo han estado evitando. Hasta hace poco, vos también lo hacías. —

Se sintió como si fuera un dardo directo a la diana. Más bien, como un ataque directo hacia nuestra relación. Tenía que responder de forma clara y rápida, aquellas palabras envenenadas podrían resquebrar mi delicada telaraña, lanzando dudas a mi Charlie sobre mi amor hacia a él, ¡no podría permitirlo!

— Es porque soy muy tímida, me daba mucha vergüenza. — Fue lo mejor que se me ocurrió. Mi voz se sintió muy poco creíble y estaba temblando.

Esa maldita bruja sonrió de oreja a oreja y se atrevió a decir estas palabras:

— ¿O a vos te daba vergüenza que te vieran con él? — Aquello ya me sacó de quicio, sugiriendo, delante de él, que me daba vergüenza estar a su lado.

Eso era más que una vil mentira, unas palabras venenosas que intentaban llenar de dudas en mi pobre Charlie. Tenía que hacerla callar de una vez.

— Eso no es… ¡no digas esas cosas delante de él! —

Y me descontrolé. Llena de furia, me lancé hacia Klara y la tiré al suelo.

— ¡Oye mina, ¿qué haces?! — Ella gritó muy sorprendida, no le dio ni tiempo a reaccionar.

Y le cogí la coleta que llevaba y empecé a tirar de él con todas mis fuerzas. Ella empezó a patalearme para librarse de mí, mientras yo alzaba la mano que tenía libre para romperle la boca:

— ¡Suéltame, boluda de mierda! — Me gritaba llena de furia, entre alaridos de dolor. — ¡Yo no te he hecho nada, pelotuda! —

Le quería responder, pero, entonces, sentí como alguien me cogió del torso e intentaba alejarme de Klara. Era Charlie. Eso provocó que me diera cuenta de había perdido los nervios.

Casi solté un chillido de horror, al ver que me comporté como una bruta delante de mi Charlie. Me dejé y le abracé fuertemente.

— Eso pasa por no cerrar tu pico. — Le grité a Klara, señalándola con el dedo. Luego, miré a Charlie, con ojos llorosos. En su rostro, se veía un nítido rastro de sorpresa. — ¡No es mi culpa, yo no soy violenta ni nada parecido! ¡Es ella, es la culpable! —

Empecé a llorar, mientras apretaba mi rostro contra su pecho. Necesitaba mostrarle que yo era una niña indefensa, que aquello que vio no era parte de mí, que no tuviera miedo de mi persona.

Segundos después, Klara volvió a hablar, provocando que sacara mi cabeza del pecho de Charlie y la viese de nuevo, con una expresión de rabia.

— Che, ya veo…— Ella soltó una sonrisa, mientras se levantaba del suelo. Luego, nos miró por un momento y añadió esto: — Charlie, ¿te llamabas así, no? — Él movió la cabeza de arriba para abajo. — Si yo fuera vos, me mantendría alejada de esa mina. —

Quise decirle algo, pero decidí callarme, cualquier cosa que diría podría acabar muy mal.

Ella se miró el uniforme y luego se la sacudió para quitar el polvo. Luego, comprobó cómo estaba su coleta y se la puso bien. Luego, dio la vuelta y se dirigió hacia la escuela como si nada. Pero, antes de alejarse de nosotros, añadió esto:

— Por cierto, los amigos de tu novio os están esperando en la puerta del colegio, parece que no se rinden. —

No dije nada, sólo la dejé irse. Le saque la lengua, mientras me preguntaba por qué le dijo aquellas palabras a mi Charlie, era como si le estuviera avisando de algo, ¿o solamente fue un ataque indirecto contra mí, diciéndole que yo no era la adecuada? En todo caso, su conversación sólo hizo una pequeña grieta en mi relación que debería tapar cuanto antes.

— Lo siento, no era mi intención, ella me ha sacado de quicio, esa era su intención. —

Se lo dije de la forma más sincera y arrepentida posible, le miré a sus ojos para que viera mi rostro llena de lágrimas, para que se diera cuenta de que yo era una buena niña. Él se quedó mirando de una forma extraña, que no pude comprender muy bien. Pero, al final, añadió esto:

— No pasa nada…— Él me creyó. O eso creí yo.

Entonces, él empezó a caminar hacia la escuela y yo, en total silencio, le detuve, agarrándole por la manga de su uniforme.

— ¿¡Qué pasa!? — Me preguntó.

Cabizbaja, y tras estar callada por unos segundos, pronuncié estas palabras:

— La verdad es que, después de lo que ha pasado con ella, yo no quiero ir al colegio…—

No era sólo eso, también no deseaba encontrarme con sus amigos, no tenía ni idea de cómo enfrentarme a ellos de nuevo y evitar que intentaran convencer a Charlie de alejarse de mí, pero no se lo podría decir.

— Pero hay que ir…—

— ¡Ya lo sé…! — Añadí débilmente.

Entonces, sin decir ni una palabra más, él se me acercó y me miró a los ojos por unos cuantos segundos. Yo me quedé sin habla, mi corazón se puso a mil, él estaba muy cerca de mí. Me preguntaba qué me quería hacer. En cuestión de segundos, me puse roja, al pensar en la posibilidad más obvia de lo que me quería hacer.

« ¿¡Acaso él…!? ¡Acaso, ¿desea darme un beso?! ¡¿Aquí y ahora mismo!? ¿¡Qué hago!? ¡¿Qué debería hacer!? »

Mi mente se lleno de imágenes de él besándome con toda la pasión del mundo. Y de la sorpresa pase rápidamente al deseo.

« Por favor, hazlo de una vez, ¡no te quedes mirando! Bésame de una vez, mis labios están preparados para recibir los tuyos.»

Por unos segundos, lo único que yo deseaba era recibirlo. Hasta extendí los labios y cerré los ojos, esperando aquel momento mágico entre nosotros. Pero, entonces, él:

— ¡Pues no vamos a la escuela! — Gritó con alegría, mientras me agarraba de la mano. Abrí los ojos al momento: — ¡Vamos a faltar a clases! —

Alzó la mano, con un gesto de emoción en su rostro. Aquello me tomó por sorpresa, pero yo quería otra cosa.

— ¡Espera un momento, ¿no querías darme un…?! — No pude terminar la frase por la vergüenza. Yo quería mi beso.

— ¡¿Darte el qué!? — Él no lo entendió, me miró confundido.

— Pues verás,…. — Empecé a entrelazar mis dedos, mientras miraba por un lado. — No sé cómo decírtelo…— Volví a imaginar escenas de besos y me puse tan roja que me tape la cara. — ¡Es tan embarazoso! —

— ¡¿Acaso querías un beso!? — Acertó, aunque oír eso me puso más nerviosa.

— Pues, eso es…— Ni me dio tiempo a explicar.

Porque, por fin, me dio lo que yo estaba esperando. Se acercó a mí y me besó, nuestros labios se juntaron y nuestras salivas se entremezclaron.

Sólo duró unos segundos, pero eso me dejo atontada, sentí unas sensaciones tan bonitos y agradables que no podría entender, pero que deseaba sentirlos una y otra vez. Incluso creo que fue mucho mejor que nuestra primera.

Tardé segundos en reaccionar, y cuando vi a Charlie limpiar la baba, le pedí esto, con una expresión muy tonta, mientras le señalaba con un dedo mi boca:

— ¿¡Puedes repetirlo de nuevo, por favor!? — Y lo hizo de nuevo, y fue mucho más intenso que la anterior.

Después de eso, mientras caminábamos sin rumbo por las calles de la ciudad, en dirección contraria a la escuela:

— ¿¡Está bien que no vayamos a la escuela!? — Le pregunté, al recordar que estábamos perdiendo las clases. Estaba más ocupada en el beso que en cualquier otra cosa, así que no le di importancia. Fue en este momento cuando me preocupé un poco. — Si mi madre lo sabe, me matará. —

— Los míos también. — Me replicó él, sin que su rostro cambiaría de forma notablemente, como si no le importara ser regañado por sus padres.

Lo decía, mientras no dejaba de dar vueltas y correr con los brazos abiertos como si fuera un avión.

— ¿¡Entonces, por qué!? —

— Tú no quieres a la escuela, ¿no? —

Miré al suelo, antes de añadir esto: — Es verdad…— Yo no deseaba ir a la escuela y él me escuchó. Eso me hizo muy feliz y toda preocupación se fue. Prefería faltar a clases antes que volver a ese lugar después de lo que pasó el día anterior. A continuación, le dije: — Tienes razón. —

— Además, yo quería hacer esto. — Sonrió de oreja a oreja. — Faltar a clases, ¡ser rebelde por un día! — Empezó a reír como si fuera un malo de la película.

— ¡Qué se fastidié la escuela! — Dijo, a continuación. Yo repetí lo mismo que él: — ¡Tienes razón, qué se fastidié la escuela! —

 

Y salió corriendo hasta el final de la calle, que empalmaba con otra, que iba en paralelo por un riachuelo. Yo le seguí. Y, al estar en la orilla, él gritó esto con todas sus fuerzas:

— ¡Fastídiate, escuela! —

Me miró, como si esperaba que yo también lo hiciera. Yo hice lo mismo:

— ¡Fastídiate, escuela! —

Y luego los dos gritamos lo mismo con más fuerza que nunca, que se escuchó por todo el barrio.

A continuación, mi Charlie me hizo un gesto para que le siguiera y los dos empezamos a caminar por el riachuelo, dirigiéndonos curso arriba. Según él, se acordó de que había un lugar cerca de nosotros en donde podríamos estar tranquilos.

El riachuelo estaba flanqueado por arboles por los dos lados, que pertenecían a los enormes patios de las casas residenciales que nos rodeaban. Luego, poquito a poco, dejamos el barrio atrás, la calle  que estaba siguiendo paralelo el curso del agua desapareció y sólo veíamos más que bosque, aunque podríamos ver que al otro lado de los arboles habían prados.

Aparte del sonido del agua, empecé a escuchar ruidos de animales, casi me dio algo cuando los escuché.

— ¿¡Qué pasa!? — Preguntó sorprendido Charlie, al sentir como  yo me agarraba fuertemente a él.

— ¿Has escuchado eso? —

— Ah, ¡las vacas! Ellas sólo hacen “muuuuuuu”. — Intentó imitar a una vaca, pero, más bien, parecía estaba imitando a un toro. — Comen, y cagan, pero nada más. No hacen nada, son muy aburridas. —

Los escuché de nuevo, y me di cuenta de que eran los rugidos de una vaca. Al pensar en la existencia de las vacas, me imaginé que debía haber otro tipo de animales y le pregunté esto:

—  ¿Y si aquí hay animales salvajes? —

— Yo nunca me he encontrado con algo así por aquí. Sólo un burro que mordía camisetas, nada más. —

Ya me sentí más segura, pero decidí aprovechar los rugidos de las vacas para abrazar a Charlie y así sentirme segura.

Al final, llegamos ante a un prado en mitad del bosque, y al fondo de éste se veía algo muy raro. Charlie salió corriendo hacia eso.

— ¡Mira, mira, esto era lo que te quería enseñar, Carleen! — Me gritaba muy feliz, después de girar hacia mí y andar hacia atrás.

— ¡Ten cuidado, a ver si te caes!  — Le grité, mientras salía corriendo hacia él.

Pero la que se cayó fui yo, de cruces hacia al suelo.

— ¡Te regalo mi mano! — No entendí a la primera, pero miré y vi que él me estaba ofreciendo la mano. Con ella, me levanté. Era tan cálida, me alegre tanto de haberme caído.

Entonces, yo, llevada de la mano por Charlie, llegué a los pies de aquella cosa que me quería enseñar. Eran un círculo de piedras, enormes y casi tan altas como los arboles del lugar. Me sonaban de algo, pero no tenía ni idea. Pero fuera lo que fuera, daba la apariencia de que había salido de un cuento de hadas, no sé por qué. Toqué una, era fría y áspera.

— No sabía que en nuestra ciudad hubiera algo como esto…— Estaba maravillada, no dejaba de soltar gritos de sorpresa.

— ¿A qué es increíble? — Charlie infló su pecho de orgullo. — Mi papá y yo hemos venido muchas veces aquí para pescar. — Me señaló hacia el riachuelo.

Yo di vueltas por el lugar, crucé de un lado para otro del círculo, observando con admiración cada parte de ellas. Sí, eran unas simples piedras, pero, para mí, eran hermosas. Cuando sería grande, haría mi boda en aquel lugar.

— Papá me explicó que esto fue hecho por gente. — Charlie habló a continuación.

— ¿En serio? — Me quedé boquiabierta.

— Conoce la historia. Mi abuelo se lo contó. Bueno, ¿cómo era? —

Cruzó los brazos y cerró los ojos, forzando a su cerebro a recordar aquello. Tras pasar unos segundos, hizo un pequeño grito y dijo:

— Ah, ¡sí! Unos jóvenes estaban tan aburridos, tanto, que vieron las cosas que hacían los antiguos, los más antiguos de Europa con las piedras, e hicieron lo mismo. Era como una broma, pero le pillaron y le metieron una gran multa. —

— ¿En serio, unos simples jóvenes han construido todo esto? — Me costaba creerlo, aquel circulo de piedras no parecían estar hechas por personas, ni menos por jóvenes aburridos. Me sería más fácil de creer si fueron hechos por hadas.

— Es verdad, mi papá no miente cuando cuenta cosas del abuelo. Después de todo, el abu hizo esto. — Protestó Charlie, eso fue suficiente para que yo le creyera.

— Y yo cuando sea grande pongo una gran piedra aquí, y no me pillaran. Papá hizo lo mismo. — Hizo una postura muy graciosa, al terminar la frase, como si estaba imitando a un señor musculoso. Me reí, y le contagié la risa. Luego, él me señaló una piedra:

— ¡Esa piedra es suya! — Era la más larga de todas. La miré de arriba para abajo, tapándome mi boca abierta de par en par por la sorpresa.

— ¡¿Cómo pudo llevar tu padre eso!? —

— Pues no sé, con algo. — Se infló de orgullo otra vez, mientras me lo decía.

Entonces, me di cuenta de que había algo más. Habían unos montículos tierra pequeños, con agujeros, algunos de ellos parecían perfectos para que se metiera un niño dentro de él.

— ¿Y esas cosas también lo hicieron tu padre y tu abuelo? — Se lo señalé.

— Eso tampoco lo sé. — Puso los brazos en gesto de desconocimiento.

Entonces, me acerqué a él y le mostré mi mano para que la juntara con la suya. Juntos de la mano, miramos fijamente aquel círculo y le dije:

— Cuando pongas esa piedra aquí, yo quiero verlo. Quiero ver como pones tu piedra, ¡quiero estar junto a ti para siempre! ¡Como ahora! —

Nos miramos el uno al otro por unos segundos. Entonces, Charlie puso una expresión que jamás había visto. Puso una sonrisa de oreja a oreja, una cara cuya sonrisa rara vez se notaba. Era como si estaba viendo algo que le parecía hermoso. Y añadió:

— Cuando dices ese tipo de cosas, tu sonrisa se ve muy bonita…—

Me quedé sin palabras, totalmente roja. Ni  siquiera era capaz de decirle gracias. Sólo pensaba en lo feliz, entre cientos de sentimientos que me era capaz de entender, que estaba siendo aquella mañana.

Esto, pensé, era lo que significaba estar con alguien, con una persona especial, vivir momentos como este que serían recordados por toda tu vida, y repetirlos sin parar; planear el futuro juntos, aunque sea poner una simple piedra en aquel prado; y sentir que le importas a alguien.

Porque vi claramente que a él yo le importaba.

Era muy feliz, pero mi miedo, el aterrador terror de perderlo, y de ser arrojada a un futuro en donde la soledad me dominaba, de acabar como mi madre; casi estuvo a punto de arruinarlo todo.

FIN DE LA SEXTA PARTE

 

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