Centésima vigésima segunda historia

La araña: Octava parte, centésima vigésima segunda historia.

Al llegar al lugar más escondido y recóndito del parque, miré a los amigos de Vladimir con hostilidad, preparada para todas las mentiras que iban a lanzar contra mí.

— ¡Empezad de una vez, aquí no nos molestará nadie! — Les desafié. El primero que abrió la boca fue Vladimir, quién se dirigió hacia mi novio:

— ¡Charlie, escúchanos! Ella le dijo a Nadezha que nadie de nosotros nos volviésemos a acercarnos a ti, que eres sólo de ella. Y la llego a amenazar, incluso. —

Me controlé las ganas de hacerle callar, eso me haría quedar muy mal. Charlie, asombrado, giró su cabeza y me preguntó esto:

— ¿Eso es lo que dijiste? —

Tardé bastante en responderle, buscando algún tipo de respuesta que me favoreciera. Al final, tras tragar saliva, añadí esto:

— Dije algo parecido, seguro que ella lo debe haber exagerado un montón y parece otra cosa. — Me pregunté si lo que dije tuvo sentido.

— ¿Acaso le estás llamando mentirosa a Nadezha? — Vladimir se alteró y me señaló. Yo di un paso para atrás, por el miedo que me dio su reacción.

Intenté mostrarme firme delante suya, y seguí hablando:

— Si dije eso, era por su bien. — Todos se quedaron boquiabiertos. Y sin dejarles reaccionar, empecé a acusarles, siendo el repelente de Sheldon el primero: —Tú traicionaste a Vladimir cuando él te defendió, ¿verdad? —

— Eso no tienen nada que ver…— Me intentó replicar, pero no le dejé ni terminar la frase.

— Y cuando dimos nuestra primera cita, tú estabas ahí, con la intención de arruinarla y que Charlie quedará mal, ¿eso es lo que hace un amigo? —

Sheldon no fue incapaz de decir nada, sólo miró para el otro lado. Miré hacia Charlie y añadí:

— De verdad, ¿puedes creer en amigos así? —

Él parecía mudo, no dijo nada en todo el rato, sólo nos miraba con un rostro perplejo, como si no sabía qué hacer.

Esperé a que dijera algo, pero los otros se le adelantaron. Esto fue lo que me dijo Jackie:

— Oye, ¡no utilices a Sheldon como único ejemplo y luego aplicarla a todos nosotros! ¡Eso es trampa! —

— ¡Eso, eso, no me utilices como ejem…! ¡Oye, no soy tan terrible…! — Habló Sheldon de nuevo, sólo para quedar mal de nuevo. Con la ceja crujida, todos le miraron con ganas de decirle que se callará.

— ¿¡Chicos…!? — Oí este débil sonido por parte de Charlie, pero estaba más ocupada en replicarles a sus amigos que ni siquiera lo tuve en cuenta.

— Y seguro que todos vosotros creéis que Charlie es un bicho raro, y os juntáis con él porque no hay más remedio. — Yo seguí hablando, acusándoles de lo que fuera. Necesitaba mostrarle a mi novio lo horrible que eran sus amigos, pero apenas tenía en mente grandes cosas para acusarles.

— ¿¡Y tú qué!? — Me replicó el afeminado de Jackie. — Hasta hace poco, en la escuela, tú hacías como si él no existiera, ¡cierra el pico, guapita! —

Esas palabras me dolieron y yo perdí el control, después de castañear los dientes:

— La guapita eres tú. —

— ¿Qué dices? — Eso le hizo perder los nervios e intentó ir a por mí, pero fue detenido por esos dos gordos, que, sinceramente, ni me acordaba de que ellos estuviera ahí, desafiándome.

— ¡¿Podemos parar…!? — Volví a escuchar la voz de Charlie, pero ya no me podría detener.

— Además, haces cosas como disfrazarte de chica y hay rumores de te lías con chicos más grandes para tener dinero. —

Seguí acusándoles, con la primera cosa que se me ocurría.

— ¿¡Pero, qué tonterías estás diciendo!? — Me gritó Jackie, boquiabierto, como si nunca supiese de lo le decían detrás de su espalda. Luego, me dirigí a Vladimir, con la intención de sacarles las costillas.

— ¡¿Y tu Vladimir!? ¡¿Cuántos años tiene tu novia!? ¡¿No crees que es un poco grande para ti!? —

Ni idea de cuantos años debía tener esa Nadezha, pero debía estar muy cerca de ser adulto, y eso era una cosa muy mala.

— Si metes a ella en nuestra conversación, te daré una paliza. — Fue directo hacia mí, con el puño en alto. Abracé a Charlie, totalmente muerta de miedo. Sus amigos le detuvieron y Sheldon le dijo esto:

— ¡Pero es una chica! —

— ¡Me da igual! — Ese Vladimir dejaba claro que era un violento.

— ¡Tus acusaciones son mierda, no puedes demostrar que seamos peligrosos para Charlie! — Me gritó a continuación.

Y yo les repliqué con la misma intensidad: — ¡Al igual que vosotros, no podéis asarme! ¡Tal vez, ella os está mintiendo o estáis mintiendo! —

— Es acusarme. — Me corrigió Sheldon y yo le hice un gesto insultante con el dedo.

— ¡Tranquilo, Vladimir! ¡No pierdas la calma! ¡Es lo que quiere ella! — Por el otro lado, Jackie, ayudado por esos dos gordos, intentaba contener a un Vladimir descontrolado.

Y aproveché, le miré y añadí esto: — ¡¿Lo ves, Charlie!? ¡Ese Vladimir es un violento, quiere golpearme, sólo porque le estoy diciendo la verdad! —

Ellos replicaron de forma muy brusca que eso era mentira. Charlie no decía nada, sólo veía que una y otra vez el me miraba, y después a ellos. Parecía muy nervioso, su respiración estaba muy acelerada y empezó a soltar sudor frio.

— Bueno, yo…— Sólo dijo esto, con una voz entrecortada.

— ¿¡Me crees, verdad!? ¡¿Más que ellos, no!? — Le dije, mostrándole mi cara de buena chica.

— ¡No la creas! ¡Confía en nosotros! — Le gritaron a él, con muchísima seriedad. — Estamos diciendo la verdad. —

— Yo soy la única que siempre ha creído en ti, te amo muchísimo, ¡ellos no te quieren, sólo por conveniencia! —

Seguí insistiendo, de forma muy desesperada. Ellos me replicaron duramente, diciéndome un montón de cosas muy feas, y después pidiéndole de nuevo a Charlie que le hicieran caso. Yo no fui menos y se repitió el mismo proceso unas cuantas veces. Y ninguno de nosotros nos dimos cuenta de que sólo estábamos agobiando, exigiéndole que eligiera a quién creer.

— Yo, yo…— Totalmente desbordado, empezó a decir esto en bucle. Entonces, estalló como si fuera un volcán. Cerró los ojos y empezó a gritar esto: — ¡Parad, parad de una vez! — Mientras se ponía de rodilla y se tapaba los oídos, como si estuviera escuchando un ruido horrible. A continuación, empezó a chillar como si intentaba no escucharlo.

Todos nos quedamos paralizados, incapaces de entender lo que le estaba pasando.

— ¿¡Qué te ocurre, Charlie!? — Le pregunté, muy asustada.

— ¿¡Qué le pasa!? ¿¡Por qué se ha puesto así!? — Le preguntó Sheldon a sus amigos, muy nervioso.

— Yo creo que sé lo que le pasa, ¿no se acuerdan de la otra vez, cuando el colegio había puesto un festival o algo así, y había tanto ruido que Charlie se puso a chillar como loco? —

Tardé en recordarlo, no lo viví en primera persona, pero me lo contó el mismo Charlie.

— Pero aquí no hay ningún ruido muy fuerte, y con los chillidos que damos normalmente no se pone así. — Le replicó el repelente ese.

Yo me di cuenta la razón por la cual él se puso así, le habíamos agobiado. Cuando le pasaba esto, empezaba a gritar como loco. Cosas como los ruidos muy fuertes le ponían fatal, algo que vi con mis propios ojos cuando una vez un vecino puso la música a tope. Pero no me imaginaba que la presión que le sometimos le pusiera en ese estado. Me sentí muy mal, me dejé llevar y le puse al límite. Alterada, con ganas de llorar y sin saber cómo tranquilizarlo, le abracé, mientras le pedía perdón.

Luego, me dirigí hacia sus amigos: — ¡Eso es por vuestra culpa, imbéciles! ¡Si no fuerais tan pesados, él no se había puesto así! —

Bueno, yo también tenía un poco de culpa, por dejarme llevar; pero si no fuera porque esos pesados siguieron molestarnos no había pasado esto, ellos eran los máximos culpables. Ellos intentaron replicarme, pero, entonces, se escuchó, en la lejanía, la sirena del colegio.

— ¡Oh, no, ya es la hora! — Sheldon dio un grito. — ¡Hay que ir al colegio! —

— Pero Charlie…— Le dijo, a regañadientes, Jackie.

— De todas formas, ¡no sabíamos qué hacer después de ver eso! ¡Es mejor dejarlo para más tarde! —

— ¡¿Pero, qué dices!? ¡No podemos dejarlo ahí! — Vladimir le replicó con indignación.

— ¡No hay más remedio! —

Luego, todos se callaron al momento. Y luego escuchó como algunos salieron dispararos hacia la escuela. Todos salvo uno, era Vladimir, quién me habló directamente: — Te diré una cosa, Carleen. No os vamos a dejar en paz hasta que él se dé cuenta que eres peligrosa. — Me mordí el labio, mientras controlaba mis ganas de decirle algo. — Después de todo, Nadezha se siente muy culpable de que él se haya vuelto tu novio. —

En mi mente me dije que me daba igual lo que pensará esa zorra.

— ¡No digas esas cosas, no es el momento! — Sheldon le gritó en la lejanía. Después, Vladimir se fue y yo me quedé sola con Charlie.

En todo el rato, yo ni siquiera me digné en ver sus caras ni les dije nada, sólo estaba en silencio. Había pasado unos cuantos segundos desde que Charlie dejó de gritar, pero aún era incapaz de abrir los ojos y soltar sus orejas. Tuvieron que pasar unos minutos hasta que decidió hablar:

— ¡Puedes soltarme! — Me habló en voz baja.

Yo, que me temía que él estuviera muy enfadado conmigo, le solté tan rápido como me dije. Charlie se levantó del suelo y no parecía enfadado, sino agobiado y agotado. Procedí rápidamente a pedirle disculpas:

— Lo siento mucho, no quería ponerte así, yo no deseaba pelearme de esa manera. Y también por esas palabras que le dedique a Nadezha, ellos lo exageraban, pero creo que lo que dije fue muy fuerte, estaba muy enfadada en ese día. —

Estaba temblando, muerta de miedo, por el hecho de que la discusión que tuve con sus amigos provocará que él me empezara a odiar y me dejará sola. No quería volver a sentir aquella horrible soledad, ni quería perder mi última oportunidad a escapar de ella. Por eso, con gran desesperación, llevando al punto de arrodillarme ante él, le pedí esto con lágrimas en mis ojos:

— ¿¡Me puedes perdonar!? ¡Me sentiría muy triste si tú estuvieses enfadado conmigo! —

Charlie tardó en reaccionar, mientras yo rezaba para que me perdonara. Y, entonces, sentí una mano en mi hombro y miré hacia arriba. Él me pidió con gestos que me levantará. Sonreí de alegría al ver que no parecía enfadado.

— Bueno, no sé puede evitar, tú eres…— Cruzó sus brazos y se puso pensativo por varios segundos: — ¿muy explosiva, quizás? — Me quedé algo desconcertada, no sabía qué quería decirme con eso. Pero, luego añadió: — Pero tú eres buena chica. —

— Sí, lo soy. — Me sentía tan feliz de oír esas palabras.

— Si tan sólo entendieran. — Dio una pequeña pausa. — Ellos tampoco son malos, igualmente. — Aquellas palabras eran dirigidas hacia mí. No le dije nada, ya sabía de sobra lo que pensaba yo de ellos.

— ¿No deberíamos ir a clases? — A continuación, dijo esto. Entonces, me acordé de que la sirena había sonado ya hace un buen rato.

— ¡Es verdad! ¡Tenemos que ir a la escuela rápido! — Grité como loca.

Los dos salimos corriendo hacia la escuela a toda velocidad y nos las encontramos con la puerta cerrada y nos costó mucho que nos abrieran. Al entrar a clase, todo el mundo nos miró boquiabierto, salvo Vladimir y sus amigos. Yo evitaba a toda costa ver sus caras, y parecía que ellos también hacían lo mismo.

Fuimos regañados por el profesor con toda la dureza del mundo, diciéndonos que no era nada aceptable entrar a clases tras pasar casi veinte minutos desde que sonó la sirena y que nos iba a dar un buen castigo, deberes extras. Me costó mucho soportar la regañina, me hizo sentir muy mal; Charlie se vio indiferente. Después de eso, las clases pasaron como siempre.

Bueno, no tanto. Entre cambio de clase, mis compañeros se dedicaban a preguntarnos cosas o a decir tonterías como que si habíamos llegado tarde, era porque estábamos haciendo cosas guarras. Me entraron tantas ganas de pegarles a esos imbéciles, eran muy pesados.

Y en el recreo, antes de darme cuenta, perdí de vista a Charlie. A los pocos segundos de escuchar la sirena, él desapareció como si fuera humo. Llena de preocupación y de miedo, empecé a buscarlo por todo el colegio, que se quitará del medio sin decírmelo me pareció muy extraña.

Quise gritar su nombre, pero todo el mundo tenía las miradas puestas en mí. Después de lo que pasó el otro día, atrajimos la atención de toda la escuela. Mucha gente de mi clase me preguntaba de forma burlona dónde mi novio, pero yo pasaba de ellos. Y un poco antes de terminar el recreo, por fin me lo encontré. Lo vi dirigiendo en un pasillo de la escuela, dirigiéndose hacia la clase, soltando un fuerte suspiro de desánimo. Enfadada, pero a la vez aliviada, me acerqué a él para pedirle explicaciones:

— ¡¿Charlie!? ¡Charlie, ¿dónde estabas?! ¡¿Te estaba buscando por todas partes!? —

Charlie sólo hizo una postura rara para saludarme. Entonces, vi algo en su rostro:

— ¡¿Y qué le ha pasado a tu ojo, por qué está morado!? —

— Sólo me he peleado. — Añadió con total indiferencia. Eso me asustó muchísimo e iba a indagar más, pero, entonces, la sirena tocó.

De ahí no pude preguntarle más hasta que terminarán las clases. Al acompañarme él a mi casa, decidí preguntárselo:

— ¿¡Puedes decirme qué te ha pasado en el recreo!? ¡No es normal eso de la pelea! —

Charlie se quedó callado por unos segundos, muy pensativo, como si no se atrevía a decírmelo. Al final, habló:

— Sólo me peleé, con mis amigos. —

A lo primero, me quedé algo sorprendida. Pero luego vi que tenía mucho sentido, sobre todo al acordarme de que Vladimir y sus amigos también estuvieron raros después del recreo, cabizbajos, con unas expresiones que dejaban claro que habían sufrido algo grave. Charlie les intentó convencer que yo no era la chica horrible que habían imaginado y la cosa no salió muy bien. Aunque aún me dolía que dejara de lado, como si mi presencia no le ayudaría a hablar tranquilamente con sus amigos.

Tras una larga pausa, él siguió hablando: — Quise hacerles entender que tú no eras mala y que yo podría…— Calló de golpe, como si le costaba explicarme más cosas. Luego, añadió esto de forma innecesaria: — Bueno, o algo así. —

Me dejo con la intriga, ¿qué quería decir con eso? ¿Por qué terminó su explicación de una forma tan brusca? Quise exigirle, pero me siguió hablando:

— Pero dijeron muchas cosas malas de ti, y creo que me pasé un poquito…—

Eso me dejó boquiabierta. Tardé en reaccionar, y dije esto: — Entonces, ¿te has pegado por mí? —

— Tal vez…— Respondió con brevedad, algo rojo.

Entonces, le abracé con fuerza, escondiendo mi cabeza en su pecho, para que no se diera cuenta de que estaba muy feliz, una gran sonrisa se esbozaba en mi rostro. Había ganado la batalla, él creía en mí e ignoró las mentiras y exageraciones que aquellos malditos bobos lanzaron hacia mí. Les dije mentalmente, con un tono burlón, que era una lástima, pero él me quería más, nuestro amor era muy fuerte.

Entonces, esas palabras me devolvieron a la realidad: — Pero no yo quería hacerlo,…—

Levanté la vista hacia su cara, y se notaba que estaba muy triste y arrepentido. Intenté consolarlo:

— ¡No te preocupes por eso! ¡Fueron su culpa, no la tuya! ¡Ellos siempre creerán que yo soy mala y nada podrá evitarlo! —

Él no dijo nada más, sólo soltó otro fuerte suspiro. Entonces, me di cuenta de que podría animarlo de otra forma. Me acerqué a su cara y le dije esto:

— ¡Creo que esto te hará sentir mejor! — Reí nerviosamente, muerta de vergüenza. Charlie adivinó enseguida lo que quería hacer y se quedó igual de rojo.

Mi corazón se puso a mil, preparé mis labios, extendiéndolos al máximo para que besaran a los de Charlie. Cerré los ojos, aún no me acostumbrada a esto, me daba mucha vergüenza, me parecía tan atrevido, a pesar de que ya le había besado antes, de que me encantaba notar cómo su boca chocará gentilmente con la mía.

Y cuando estuvimos a punto de besarnos, la peor de las desgracias ocurrió.

— ¿¡Carleen!? — Escuchamos una voz aturdida, que reconocí enseguida.

Con la cara morada, giré hacia dónde provenía la voz y vi a mi madre, mirándonos como si hubiera visto un fantasma o alguna cosa horrible.

— ¡Mamá, ¿qué haces aquí?! ¡¿No deberías estar en el trabajo!? — Temblando como un flan, le dije esto. Como mi cabeza se quedó en blanco, no me acordaba de que ella me dijo que estaba parada. Al parecer, parecía que había comprado, ya que traía bolsas llenas de comida, que se cayeron al suelo, al vernos.

Ella lo miró fijamente, por varios segundos. Luego, una cara aterradora se esbozo en su rostro:

— ¿¡Ese niño no será…!? —

Tragué saliva, preguntándome, horrorizada, qué podría hacer.

FIN DE LA OCTAVA PARTE

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