Centésima vigésima segunda historia

La araña: Novena parte, centésima vigésima segunda historia

El silencio se volvió tan incómodo e insoportable que hasta Charlie no pudo soportarlo más, y tuvo que romperla:

Dia dhuit, madre de Carleen. —

Movió la mano de un lado para otro, de forma muy tímida. Vi un gesto de terror en la cara de mi madre y se acercó hacia nosotras con paso ligero, pero intimidante. Luego, cogió mi brazo con tanta fuerza que me hizo daño:

— ¡Vamos a casa, ya! — Empezó a arrastrarme, yo intenté resistir.

— ¿¡Pero qué te pasa, mamá!? — Le grité.

— ¡Aléjate de ese chico, ahora! — Estaba muy alterada, no esperaba que verme junto con Charlie provocase que actuará tan loca. Luego de decírmelo a mí, se dirigió a mi novio: — ¡Aléjate de ella, ahora! —

Yo iba a aceptar eso tan fácilmente, seguí resistiéndome, a pesar del dolor que me estaba provocando en el brazo. Empecé a caminar dirección contraria a ella, hacia Charlie:

— ¡Mamá, suéltame! ¡No quiero! —

— ¡Vamos, hazme caso! —

Él, después de quedarse paralizado, me agarró e intentó ayudarme. Se le notaba, muy poco, estaba preocupado por mí. E incluso le decía esto a mi madre:

— ¡Señora, ¿podría parar?! — Se dio cuenta de que mi madre me estaba haciendo mucho daño. Pero mi madre siguió a lo suyo:

— ¡Tú, cállate! ¡Y suéltala! — E empujó con mayor fuerza que antes, haciéndome tanto daño que chillé, pidiendo esto:

— ¡Parad, me duele! —

Mi grito fue tan fuerte que se escuchó por toda la calle e hizo que atrajésemos la mirada de la gente. Aún así, mi madre no me soltó, pero dejó de apretar mi brazo y de arrastrarme. Ella se quedó callada, con un gesto lleno de tristeza. Charlie me soltó al momento y observaba la situación muy confundida.

— Perdón, ¡no era mi intención! — Segundos después, con tono amable, intentó disculparse. — No quería hacerte daño, de verdad. — Aunque aún no me soltaba el brazo.

Ni siquiera le miré a los ojos, no quería ni pedirle perdón. Entonces, miré a Charlie, mostraba una cara muy angustiada, que me hizo recordar lo que le pasó en la mañana. No quería que se pusiera a gritar como loco, así que desistí.

— Vale, si tanto quieres eso, iré a casa. — Le dije esto a mi madre, cabizbaja. — ¡Pero no me hagas más daño! —

Ella no se atrevió a decir nada más. Luego, me dirigí hacia Charlie, muy preocupado por mí:

— ¡No pasa nada, no te preocupes por mí! — Le saludé con la mano, intentando esbozar pequeña sonrisa. — Nos vamos a ver más tarde. —

Él sólo me devolvió la despedida y con preocupación se alejo de nosotros. Mi madre decidió llevarme hacia a casa. Llegando ya a las escaleras del edificio, le dije esto, llena de hostilidad:

— ¡Suéltame la mano, no me voy a ninguna parte! —

Ella se quedó callada por unos segundos. Incapaz de mirarle la cara, pensé en repetirle lo que dije, pero, entonces, dijo algo:

— ¿Entonces, por eso estás tan rara? ¡Aún sigues en la primaria, y ya estás saliendo con chicos, eres muy joven para eso! ¡Y además con ese…! —

Ella se detuvo por un momento, yo la miré por un segundo, viendo como se tapaba la cara. Su rostro no parecía indicar rabia, sino miedo. Tragué saliva y le dije:

— ¿Qué te pasa con ese chico? ¡Es hijo de unos amigos tuyos que ya no son tus amigos, ¿y eso es algo malo?! —

— No lo es, pero es…— Me replicó, para luego frenar en seco.

— Cosas de adultos, ¿no? — Yo me adelanté, diciéndole estas palabras. — Siempre diciendo esa tontería. — Estaba harta de que me ocultará la verdad, ¿por qué no me lo podría decir? ¿Por ser una sólo niña no me daba derecho a saber aquello? Eso no era justo.

Mi madre dio un suspiro, antes de continuar: — ¿Sabes? Hay muchas cosas que tú no puedes entender a tu edad, y no son cosas que me gustan decir. Si te lo dijera, no lo comprenderías. —

— Es lo que siempre dices, ¡estoy cansada de tus cosas de adultos! ¡Si no me lo vas a contar, pues seguiré saliendo con Charlie! — Le repliqué con mucha ira.

— ¡Pero aún eres muy pequeña! — Ella me lo dijo con mucha más intensidad, parecía mucho más enfada que yo. Aún así, ya me daba igual, estaba tan harta que decidí búrlame de mi madre diciendo esto:

— ¡Son cosas de niñas, tú no lo entenderías! —

Si ella me decía que lo suyo era cosas de mayores y yo no podría entenderlo, pues entonces no iba a entender mi amor por Charlie.

— ¿¡Pero, qué…!? — Por un momento, se quedó confundida. Luego, dio un gruñido de fastidio y añadió esto: — A ver si me explico, deja de jugar a los novios, la relación que he tenido con la familia de ese chico ha sido mala, si te juntas con él, puedes…—

Calló al final de la frase, como si estaba a punto de decir algo malo. Yo decidí seguir con la conversación:

— Pero antes, ¡erais mejores amigos, ¿no?! —

— Sí, pero…— Añadió dubitativamente.

Ella se quedó cabizbaja, sus ojos eres incapaces de mirar hacia mí, como si mi madre hubiera hecho algo malo. Mis pensamientos se volvieron confusos por un momento, me había dado cuenta de algo en su rostro, pero me costaba entenderlo. Ya lo había visto antes, cuando me peleé con ella el otro día. Al pasar unos segundos, conseguí comprenderlo. Tardé en reaccionar, dudando en decirlo o no. Aunque, al final, lo solté sin darme cuenta, en voz baja:

— ¡¿Fue tu culpa, cierto!? —

Mi madre me miró muy sorprendida, por su rostro daba la impresión de que había acertado. Seguí insistiendo, señalándola con el dedo:

— ¡Tú les hiciste algo, seguro! —

— Eso es algo que…— Intentó decirme algo, pero se quedó bloqueada. Aquello me puso más enfadada y empecé a exigirle esto:

— ¡Dímelo, dímelo de una vez! ¡No me lo quieres contar porque eres una mentirosa, seguro! ¡Mentirosa, más que mentirosa! —

Me volvió a repetir, con actitud defensiva, que eran cosas de adultos y no me lo podría decir. Yo seguí insistiendo, descontrolada:

— ¡¿Piensas qué voy a creerte!? ¡No dejas de utilizar la tontería de que soy una niña para acallarme y no decirme la verdad! ¡Mamá, siempre haces lo mismo! —

— ¡Cállate de una vez! ¡Estoy harta de esa estúpida actitud tuya! —

Entonces, ella soltó un chillido tan fuerte que me dio la impresión de que retumbó por toda la entrada del edificio. Luego, sentí un dolor horrible en unas de mis mejillas, tan fuerte que cerré los ojos por un segundo. Me la acarició, me picaba y parecía estar roja. Al momento, rompí a llorar. Mi mamá me había dado un guantazo en toda la cara. Mi madre, ignorando mis lamentos, me gritaba esto como loca:

— ¿¡Crees que te contaría el hecho de que me intenté robar el hombre de mi mejor amiga, después de que ella lo hiciera!? —

Cayó de cruces al suelo y, con lágrimas en los ojos, empezó a decir cosas en voz alta. No parecía que me estuviera hablando a mí, sino con ella misma:

¡Después de ser tirada y usada por muchos otros, porque era una pobre desesperada, que necesitaba tener un hombre como fuera! ¡Después de quedarme embarazada y ser una madre soltera! ¡Me volví una idiota y cometí la mayor estupidez de mi vida! ¡Le intenté seducir, enamorarlo! ¡Pero todo me salió mal! Sí, éramos muy amigas, pero tuvimos que enamorarnos del mismo hombre. Ella me ganó, y yo lo tuve que aceptar, ¡maldita, todo lo que hice para que se fijara en mí fue en vano! ¡Él era el chico perfecto, pero…! —

¿De qué estaba hablando? Me sentí abrumada, me costó asimilar lo que dijo, mientras golpeaba el suelo con furia. Tardé en reaccionar. Al final, sólo pude decir esto, boquiabierta:

— ¿Entonces, intentaste ligarte con el padre de Charlie? —

 

Cuando ella me escuchó, se dio cuenta de que me dijo. Se levantó y se puso a chimarme:

— ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Por eso no quería decirlo, no era que debería contar a mi hija! ¿¡Estás contenta!? ¡¿Por qué he abierta la boca!? — Se tapo media cara, como si le estuviera doliendo la cabeza.

Por una parte, ella se veía muy lamentable, me daba mucha pena. No, más bien pavor, me veía reflejaba en mi madre, observaba lo que podría ser mi futuro. Me negué con fuerza, no quería convertirme en alguien así. Luego, recordé aquella frase que dijo mientras me observaba, creyendo que yo estaba dormida, y que me dejó tan marcada:

“¡Ojalá pudieras ser capaz de aprovechar el momento cuando llegues a encontrarte con el amor de tu vida, no como yo, que lo perdí y ahora jamás llegaré a la felicidad, moriré sola!”

¿¡No era eso lo que estaba haciendo yo, aferrarme todo lo que pudiera a mi amor de mi vida y no soltarlo por no nada!? ¿¡Ahora, por qué ella deseaba que yo dejará de ser su novia!? ¡Eso fue su problema, no el mío! ¡Nada en este mundo iba a evitar que me quedara sola, aún cuando fuera mi propia madre!

— ¡Lo siento, olvida todo lo que dije! Mamá sólo está muy frustrada, lleva tanto días sin hacer nada, sólo vagueando en la casa que estoy fatal, esto de no tener trabajo me está afectando…—

No dije nada, sólo estaba ocupada pensando. Ella, al verme con la cara tan serie, debió pensar que hablarme ahora no tenía sentido y desistió. Me cogió de la mano y me dejé llevar a casa.

Tras entrar en la casa, después de preguntarme cosas cómo si quería merendar o si deseaba ver la tele junto con ella, me encerré en mi cuarto, esperando el momento justo para que ella estuviera distraída. Eso fue en el momento que estaba haciendo la cena.

— ¿Cómo se cortaba esto? — Ella estaba en la cocina, tenía un cuchillo con la mano y con la otra el móvil, viendo lo que parecía ser un tutorial sobre una receta. — ¿Así? Pero si parece muy difícil…— Lanzó un grito de frustración. — Debía haber aprendido con mi madre cuando tenía oportunidad. — La miraba, medio escondida, detrás del marco de la puerta.

Y estaba claro que estaba lo suficientemente distraída para que no se diera cuenta de mi presencia. Me dirigí rauda y veloz a la puerta y la abrí con precaución. Y con la llave en la mano, lo cerré desde fuera y lo metí por la ranura de la puerta. Ella no se dio cuenta de nada.

Y conseguí irme de casa, salí corriendo y bajé las escaleras tan rápido como pude. Lo primero que quería hacer fue estar lo más lejos de ahí y luego contactar con Charlie, como fuera. ¿Pero dónde tenía que ir, y cómo podría encontrarme con él? Lo cierto es que no tenía ni idea, sólo deambule por las calles de mi barrio sin rumbo.

Y en cuestión de una hora o más, llegué a aquel lugar que me mostró Charlie el otro día, ese sitio con aquella atmosfera tan mágica, aquel circulo de piedras. Me subí a una y me senté, abrazando mis piernas.

— Ahora, ¿qué hago? — Miré hacia arriba, preocupada. El cielo ya estaba en proceso de volverse en naranja. — Aquí no hay techo ni nada para pasar la noche. Además, hace frio. —

Lo cierto es que no sabía adónde ir y no deseaba estar en medio de un lugar como ese. A pesar de saber de que no había animales salvajes, los gruñidos y rugidos de los domésticos me ponían la piel de punta. Miré por todas partes, estaba rodeada de bosque. Vi primero rio abajo, con la imagen de la ciudad oculta entre los árboles, era el lugar por donde había venido, no tenía sentido ir por ahí. Luego, observé rio arriba, enormes y monstruosas montañas, con impresionantes precipicios, se alzaban ante nosotros, pues no creo que caminar hacia allí me llevará a alguna parte. Es más, me daba mucho miedo ir allí. A continuación, miré por los lados, intentando observar lo que había al otro lado del bosque, pero no había manera, todo estaba muy oscuro, ni loca me hubiera metido ahí sola. Lancé un fuerte suspiro, pensando que no hay más remedio que dormir sobre las piedras.

Cogí la mochila que me llevé y miré las cosas que me traje.

— Aunque no me tengo que preocupar con la comida. —

Había cogido dinero del bolso de mi madre, unos cuantos billetes y monedas para comprarme algo en el supermercado. Y lo único que cogí para comer era unos míseros dulces. También me llevé otras como una de mis mantas preferidas, una linterna para ver en la oscuridad y una cosa extraña, que saque de la mochila para observarlo mejor.

— ¿Y qué será esto? — Me preguntaba, mientras lo observaba por todos los lados posibles. No entendía por qué lo saqué de ahí, no parecía que me iba a ayudar. Pero, por alguna razón, sentía que lo necesitaba y lo cogí. Tal vez, porque me parecía curioso, porque era de color rosita.

Parecía un mando de televisor, pero en unos de sus extremos habías dos cosas de metal, paralelas unas a otras. Y había un botón, así que decidí probarlo. De todas maneras, no tenía otra cosa que hacer.

Toqué el botón, alzando aquella cosa hacia al bosque. Entonces, salió electricidad de eso. Al momento, grité asustada, tirando al suelo con violencia. Salí corriendo y me escondí detrás de una columna de piedra, temblando y sudando un montón.

— ¿¡Qué ha sido eso!? — Pregunté, tras superar el susto, sin alejarme mucho de la piedra. — ¿Esa cosa hacia electricidad o qué? —

Me quedé pensando, me era algo familiar aquello, sentía que lo había visto en alguna parte, lo tenía en la punta de la lengua, pero no entendía muy bien que era. Al pasar unos minutos, lo recordé:

— Debe ser un arma de esas. Lo he visto en la tele. Un arma que lanza rayos. —

Me acerqué a ella y la cogí, luego la guardé con cuidado en la mochila. Me pregunté esto, muy confundida:

— ¡¿Por qué mamá tenía esto!? ¡¿No es poco peligroso tenerlo!? —

Jamás me había imaginado que mi madre tuviera un arma. Tragué saliva, algo asustada por el hecho de tenerlo yo.

— ¡¿No será peligroso llevarlo dentro!? ¡Esto sería como tocar el enchufe, pero mil veces peor! —

Entonces, oí una voz y me sobrecogió. Tapándome la boca para evitar soltar un chillido de sorpresa, me volví a esconder detrás de la columna y empecé a observar.

Así estuve durante más de cinco minutos, mirando por todas partes, pero no encontraba a nadie. Parecía que la voz me la había imaginado. Entonces, volví a escuchar algo, esta vez detrás de mí:

— ¡Estás aquí, Carleen!  —

Me dio un susto de muerte, chillé como loca y caí al suelo, de culo, tapándome los ojos. Con muchísimo terror, intenté ver a través de los dedos que me tapaban la cara y vi que era una persona. Lo reconocí enseguida, era Charlie.

— ¡Qué susto me has dado! — Le grité molesta, con los mofletes inflados. — ¡¿Por qué lo has hecho!? — Dándole golpecitos en el pecho.

— ¡Quería darte una sorpresa! — Charlie me dijo muy orgulloso, inflando el pecho de orgullo y haciendo el gesto de la victoria con la mano. Pero, al ver mi cara de enfado, se sintió bastante

— Ha sido demasiada sorpresa, ¿no? — Sus ojos miraron para otro lado, con un gesto casi indistinguible en su rostro de culpabilidad.

— ¡No puedo enfadarme contigo! — Dije esto, a continuación, al ver que se sintió mal por lo que hizo.

A continuación, nos sentados los dos, muy pegados el uno al otro. Yo apoyé mi cabeza sobre su hombro, mientras observábamos como el cielo ya estaba totalmente naranja.

— ¿¡La voz de antes fuiste tú!? — Le pregunté esto.

— No. — Respondió con toda la normalidad del mundo.

— Entonces, ¿quién fue? — Le miré con los ojos muy abiertos y la cara se me puso morada. Él movió la cabeza y los brazos en señal de que no lo sabía.

Entonces, oímos susurros en el aire, sólo paso unos cuantos segundos, pero me puso la piel de gallina. Parecían provenir del mismo infierno.

— ¿Qué ha sido eso? — Grité sobresaltada, abrazando fuertemente a Charlie.

— O el viento o los fantasmas. Papá dice que aquí se escuchan voces de los muertos o algo así. — Me lo dijo como si no pasaba nada.

— ¿¡Por qué no me has dicho eso antes!? — Le repliqué, temblando de miedo. — ¡Ahora tengo más miedo que antes! — Ahora quería irme de ahí como fuera.

— No pasa nada. Podemos ir ahí, hay un lugar en donde puedes estar. —

Me señaló hacia la dirección en donde el sol se estaba poniendo, hacia al otro lado de un bosque y aterrador. Trague saliva, no quería ir por ahí.

— ¿Tenemos que cruzar el bosque? — Le pregunté.

— Sí, algo así, ¿te da miedo? ¡Si no quieres, puedes quedarte aquí! —

— ¡Ni en broma! — Chillé. Luego, me quedé callada por unos segundos y me lo reconsideré. Entonces, le cogí de las manos y le dije esto: — ¡No pasa nada, puedo ir ahí, si tú estás a mi lado, estaré a salvo, estoy seguro de eso! — Era cierto, tenía a Charlie, a alguien de mi lado, no debería tener miedo. Me llené de valor, dispuesta a cruzar el bosque. Además, era la excusa perfecta para poder estar abrazada junto a él, y sentirme protegida.

FIN DE LA NOVENA PARTE

 

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