Centésima vigésima segunda historia

La araña: Decimocuarta parte, centésima vigésima segunda historia.

El silencio dominó el lugar por unos cuantos segundos más, como si Nadezha y el resto esperasen una respuesta mía. Pero fue roto por la voz de Sheldon, quién gritó:

— ¡Se está moviendo! — Miré hacia ellos, vi como él empezó a lanzar quejidos de dolor, mientras empezaba moviendo los brazos. — ¡Charlie está vivo! —

Di una expresión de alivio, al escuchar eso. Nadezha y los gordos se acercaron a ellos, preguntándole si estaba bien. No les contestaba, sólo intentaba ponerse de pie. Sheldon le ayuda a levantarse, dejando que Charlie se apoyará sobre sus hombros. Luego, me miró hacia mí.

— Charlie, yo…— Intenté decir algo, pero desistí al momento.

No había excusas que valieran, todo lo que hice se volvió en contra mía. Me había dado cuenta de que había hecho mucho daño sin necesidad y no podría ocultarlo, ni menos a mí misma.

Una expresión de tristeza se vio en su rostro, mientras me observaba. Luego, puso una de horror, como si estuviera viendo un monstruo. Dio unos pasos para atrás, como si se quería alejarse de mí, con muchísima dificultad, y se escondió detrás de Nadezha. Ver su reacción, hizo trizas mi corazón.

— ¡L-lo siento, de verdad, yo sólo quería ayudarte, q-que no estuvieses más sola…! — Empezó a pedir disculpas. — ¡Pero no puedo…! — Miró hacia otro lado, ya incapaz de verme. — Después de esto, me das miedo…—

— ¡Te lo dijimos, todo el mundo te lo dijo, esa niña estaba flipada, en una noche ha electrocutado a casi todos! — Le reprochó Sheldon.

— ¿No deberíamos quitarle eso, ya que no tiene en la mano? — Preguntó uno de los dos gordos, mientras señalaba la pistola eléctrica.

El otro intentó acercarse, para quitarme el arma, pero Nadezha le detuvo y me volvió a preguntar:

— Respóndeme, Carleen de Valera, ¿esto es lo que deseabas? — El silencio volvió ser mi respuesta. Ni tenía ganas de decir algo.

Empecé a preguntarme cómo había a este punto, rememorando todo lo que me había pasado estos días. Y no entendía cómo terminé de esta manera, cómo llegué al punto de huir de mi casa y electrocuté a todo aquel que se interponía en mi camino. Yo era una simple niña, que no hacía daño ni una mosca, y en cuestión de días, me convertí en algo horrendo. No dejé de repetir para mis adentros que lo sentía mucho, que no era mi intención. Pero el daño ya estaba hecho, con mis propias manos, cerré mi futuro brillante, y caería derecha en la total soledad. No sólo perdería a Charlie, sino que además nadie se acercaría a mí y todos me mirarían con miedo. Mi propia madre también estaría asustada y me mandaría a una cárcel para niños, encerrada en una habitación sin nadie más a mi lado. Mi telaraña de amor fue destruido por mis propias manos y ante mí sólo estaba el abismo.

Las palabras de Nadezha resonaron con fuerza en mi cabeza: “Tú ves a Charlie como un medio para salvarte, un simple muñeco para evitar sentir el profundo miedo a estar sola y dormir tranquila por las noches”, “has confundido tu necesidad de estar sola con estar enamorada”. Ya no sabía en qué creer. Empecé a pensar que ella tenía razón, que él sólo era un seguro de vida para no sentirme sola. Pero todo lo que viví junto con él, todo lo que nos habíamos divertido y disfrutado juntos, era real, yo sentía verdadero amor hacia él. Cogí mi colgante y lo miré detenidamente, era un símbolo real de que él me amaba. Pero ahora había perdido todo su significado, porque la persona que me lo dio se iba a marchar de mi vida, y no podría soportarlo.

¿Este dolor se acerca al que sintió mi madre cuando se dio cuenta de que había dejado marchar el amor de su vida? ¿Yo estaría, como ella, buscando un sustituto de mi primer amor y sufrir por toda la vida por no aceptar que se termino? No quería eso, no deseaba ese futuro por nada del mundo.

Mi pecho ardía de sufrimiento, quería llorar, pero no me quedaba lágrimas. Todo lo empecé a ver negro, como si una oscuridad me empezase a rodearme. Sólo había un pensamiento en mi mente: Desaparecer.

Si ese era el futuro que me deseaba el destino, pues, entonces, me quitaría del medio.

Mirando al cielo, empecé a dar pasos para atrás. Detrás de mí, no había barandilla.

— ¡¿Espera, qué está…!? — Preguntó Sheldon, extrañado. Nadezha gritó horrorizada: — ¡¿No me digas qué…!? —

Dijeron más cosas y gritos, pero decidí pasar de ellos, a este punto ya me daba igual. Ya estaba en el filo. Ni siquiera tuve que llenar de valor para saltar.

La sensación de caer hacia abajo era muy desagradable, se me revolvió el estomago y el viento era molesto. Aunque pensaba que eso pasará muy pronto, no sentiría nada al tocar suelo. Miré la luna, por un momento, estaba preciosa. Y luego cerré los ojos para no ver lo que me pasaría.

Tal vez esto sea lo mejor para todos, y para mí, me dije a mí misma.

Ya no sería un peligro para Charlie y sus amigos, mi madre se libraría de mí y yo no me tendría que enfrentar a la soledad nunca más.

— ¡No pienso permitir que te suicides! — Pero, entonces, oí esta voz.

Y algo me atrapó y me agarró con todas sus fuerzas, en mitad de la caída. Luego, nos abalanzamos hasta chocar contra la pared del hospital, oyendo el choque que sufrió aquella persona que me había atrapado. Abrí los ojos la momento, y me quedé perpleja.

— ¿¡Por qué, por qué me has salvado!? —

Era la mismísima Nadezha, que se había atado ella misma  con la cuerda y saltó para atraparme. Tenía una expresión de dolor en su rostro. Yo era incapaz de comprenderlo. Después de todo lo que hice, de haberla amenazado y de electrocutar a su novio y a ella, debía haber dejado que desapareciera.

— ¿¡Crees que voy a vivir con la conciencia tranquilo después de ver cómo una chica se suicidará delante mía!? — Me gritó con fuerza, mientras me agarraba con muchísima fuerza. — ¡Ni en broma! —

¿Suicidarme? Era la primera vez que oía esas palabras, pero me dio igual. La cuerda se tambaleó fuertemente y bajó un poco. Se escuchó gritos en lo alto del edificio:

— ¡Subid de una vez! ¡Pesáis una barbaridad! — Era la voz de Sheldon, nos estaban sosteniendo. — ¡Charlie, deja de chillar, ayúdanos! —

Y Charlie estaba gritando, fuera de sí. El estrés le había puesto en ese estado y era incapaz de actuar.

Con sólo escucharle, me sentí fatal conmigo misma, le estaba haciendo muchísimo dolor.

— Pero me lo merezco, después de todo lo que hecho…— Le repliqué, mientras recordaba con asco y horror lo que hice.  — Debería desaparecer, eso sería lo mejor para todos. —

— ¡Idiota! ¡Charlie jamás se lo perdonaría, a pesar de todo, él te quiere, y ver morir a alguien querido es algo horroroso! ¡Sólo le provocarías más daño a él! ¡Y no sólo eso, destrozarías a tu familia, a tu madre, y a muchas más personas! ¡¿Crees que eso va a recompensar lo que has hecho!? —

La cuerda bajó de golpe y di un chillido de sorpresa, mientras escondía mi cabeza entre el pecho de Nadezha, muy asustada. Al pasar eso, pude pensar sobre su respuesta y me di cuenta de que ella tenía razón. Sólo estaba produciendo más dolor. Entonces, las lágrimas pudieron salir de mis ojos.

— Lo siento, de verdad, yo sólo tenía mucho miedo, de estar sola toda mi vida y morir así. No quería se le alejará de mí, él es la única persona que me entendía y me comprendía, no se quitaba del medio como mi mamá, ni me iba hablando cuando le convenía como los demás compañeros de clases. Si lo perdía, creía que sería el fin para mí. …— Fui interrumpida por otro brusco balanceo de la cuerda. — Tú parecías mucho más interesante, hablaba de ti como si fuera lo más, creía que me lo quitarías. Pero, pero…— Reí con amargura. No pude continuar.

Nadezha se balanceó con la cuerda, con una mano sobre ella y la otra conmigo, mientras yo me agarraba como podía. Intentó subir para arriba, pero no hubo manera, conmigo le era imposible.

— ¿¡Qué haces, Nadezha!? — Le gritaron desde arriba. — ¡No te pongas a mover la maldita cuerda! —

— Intento subir, ¡maldición! Pero es imposible. — Luego se dirigió hacia mí, diciéndome esto:

— Si crees que él se alejaría de ti de una forma tan fácil, creo que no le conoces realmente. —

— ¿¡Por qué dices eso!? — Pregunté, sorprendida. Ella intentó subir de nuevo, pero se resbaló e caímos un poco, la cuerda daba señal de que se estaba rompiendo. Luego, me respondió:

— Iba a tu casa cada vez que siempre podría, te defendió de sus amigos, siempre busco tu bienestar, incluso se fue de casa contigo para no dejarte sola, ¿¡crees que él te abandonaría, después de ver todo lo que hizo por ti!? Si piensas así es que eres más tonta de lo que creía. —

Abrí los ojos como platos, mientras recordaba todos los ratos que habíamos pasado junto. Nadezha tenía razón. Aún cuando tenía amigos, siempre buscaba un rato para estar conmigo. Cuando lo necesitaba, él aparecía para darme apoyo. Pudo haberse quitado en cualquier momento, pero no lo hice. Mi miedo me cegó, él no se hubiera separado de mí. Me sentí tan estúpida, ¿¡por qué me di cuenta antes!?

— ¡Las cuerdas nos está quemando las manos! ¡Subid de una vez! — Gritó Sheldon.

La cuerda volvió a moverse bruscamente y caímos un poco más. Estaba muy inestable Miré hacia abajo, el suelo se veía muy alejado. De un momento para otro, íbamos a caer contra él. Sentía que ya estábamos sentenciadas.

— Es verdad…— Pero ya no me sentía agobiada ni aterrada. — A este caso, ¿caeremos y moriremos, cierto? Por lo menos, no moriré sola. — Me sentí feliz por tener a alguien conmigo en mis últimos minutos, aunque no fuera Charlie.

Nadezha me replicó fuertemente: — ¡No digas tonterías! ¡Por nada del mundo voy a morir, aquí y ahora, por una estúpida niña! —

Entonces, ella se balanceó y se pegó a la pared, mientras gritaba esto:

— ¡Cambiamos de planes, chicos! ¡Soltad poquito a poco la cuerda, que iremos bajando! —

— ¡¿Estás loca!? ¡¿Y si se nos escapa la cuerda!? — Le gritó Sheldon.

— ¡No hay más remedio! — Miró de abajo para arriba el edificio. — ¡Estamos alrededor del tercer piso y la cuerda debe tener casi veinte metros o algo, podemos llegar! —

Y la cuerda empezó a bajar poco a poco. — ¡Voy a sobrevivir de esta! ¡Como siempre he hecho! —

Nadezha empezó a apoyarse en la pared para bajar.

— ¡Tengo muchas que hacer, muchos objetivos que cumplir! ¡Una familia que crear y seguir disfrutando de la compañía de mi Vladimir! ¡Cumplir la promesa que le hice a mi tía! ¡Solucionar mis problemas con un estúpido amigo! Por eso mismo, ¡no voy a dejarme morir por los caprichos de alguien como tú! —

Miré su rostro, sus ojos decididos, dispuestos a enfrentarse a lo que fuera. Empecé a entender por qué le caía bien a Charlie, con ella yo me estaba sintiendo segura, se veía como si fuera una hermana mayor confiable.

Habíamos bajado al primer piso, cuando la cuerda se detuvo. Nadezha tiró de ella para avisarles de que debían bajar más.

— ¿Qué pasa? Ya estamos a punto de conseguirlo. — Luego, les gritó.

— ¡No podemos más! — Apenas nos costaba oír las palabras de Sheldon. — L-la cuerda es corta. — La cuerda empezó a tambalearse. — Estamos casi en el filo…— Entonces, se les escapó de las manos. — ¡Mierd…! — Y nosotras caímos al suelo.

Chillé con fuerza, con los ojos cerrados. Y finalmente choqué contra el suelo, sintiendo un dolor atroz, dando fuertes alaridos. Entonces, tras pasar unos segundos, abrí los ojos. A pesar de lo que sentí, había sobrevivido a la caída. Y me di cuenta de que estaba ilesa, gracias a alguien.

— ¿¡Nadezha!? —  Le pregunté, toda preocupada. — ¡¿Estás bien!? —

Ella me había protegido con su propio cuerpo, había caído de lado y estaba rabiando de dolor, con sangre saliendo de ella.

— ¡Primero, me electrocutan, y luego caí de un edificio, esto no parece ser mi día de suerte! — Entonces, ella empezó a reír.

Yo, llena de culpabilidad, solté esto, abrazándola con fuerza:

— Lo siento, Nadezha, ¡lo siento mucho! ¡Perdón por haberte amenazado, por haberte electrocutado, por haber hecho que me salves! ¡Perdóname! —

Aún así, estaba aliviada por el hecho de que ella siguiera viva. No me lo hubiera perdonado jamás si hubiera muerto.

— ¡En vez de pedir perdón, llama a una ambulancia! — Me gritó, entre gemidos de dolor, moviendo su cuerpo de un lado para otro.

Entonces, Sheldon y los gordos aparecieron, llorando a moco prendido, con cara de horror.

— ¡¿Estás bien, Nadezha!? — Gritaba con desesperación Sheldon, ignorando mi presencia. — ¡Por favor, sigue viva! —

La miraron y dijeron esto, con cara de alivio y de alegría:

— ¡Parece que sí! — Gritaron eufóricos los gordos, abrazándose mutuamente. — ¡Menos mal! —

— ¡Esta tía es muy dura de pelar! — Y Sheldon le dio un abrazo a ella.

— ¡No me abracéis, llamad a una maldita ambulancia! — Les gritó con fuerzas. Sheldon le dijo que vale y ordenó a los gordos esto:

— ¡Llamad a esos mugrosos, los que se han llevado a Jackie y a Vladimir al hospital! —

— ¿Los mendigos esos, que se dicen llamar Payasos anónimos o alguna tontería así? —

— ¡Sí, daros prisa, por el amor de Dios! — Les gritó Nadezha, desesperada, rabiando de dolor. Intentó levantarse.

— ¡No te levantes, mujer! — Sheldon intentó detenerla. — ¡Te has caído de un edificio, deberías estar casi muerta! — Y los dos empezaron a pelearse.

Di un fuerte suspiro de alivio y tristeza. Decidí quitarme del medio, pensaba ir a los policías y entregarme. Después de todo, hice daño a mucha gente. Al girarme, me encontré frente a frente a Charlie. Me quedé paralizada, no sabía qué hacer.

Y sorprendida, era la primera vez que le veía llorando un mar de lágrimas había corría por sus mejillas, su rostro se había vuelto tan expresivo que me quedé sin palabra. No parecía ser él.

Yo agaché la cabeza, me era imposible verle a la cara después de lo que hizo. Entonces, empezó a repetir estas palabras como un loro:

— ¡No lo vuelvas a hacer! ¡Por favor…! ¡Por favor…! — Y me dio un buen guantazo que dejo rojo mi mejilla. — ¡No lo vuelvas a hacer! — Luego, un abrazo, mientras seguía balbuceando palabras.

Estaba preocupado por mí, aterrado por la posibilidad de que yo me hubiera muerto.

— ¡Lo siento mucho, de verdad! ¡No volveré a hacerlo…! — Y yo también le abracé con fuerza, llorando como magdalena. — ¡Ya me he dado cuenta, todo lo que he hecho ha sido un error! —

Los dos estuvimos así durante unos cuantos segundos, llorando y abrazándonos a la vez. Esto se sintió como si fuera una recolocación

— ¡No la perdones así como así, mira todo lo que ha provocado, ha electrocutado a casi todo el mudo! — Nos gritó Sheldon, mientras observaba la escena.

— ¡Llamad a alguien, que necesito asistencia médica! — Y replicó Nadezha, quién seguía en el suelo.

Lo solté y le miré con los ojos, diciéndole esto: — Tiene razón, no te merezco…— Miré para otro lado, avergonzada, sintiéndome incapaz de ver su cara.

Pero me agarró de los hombros e evitó que no esquivara su mirada. Esbozando una pequeña sonrisa en su rostro, me dijo esto:

— ¡Si te dejo sola, provocarías el apocalipsis o algo así!  Eres demasiado peligrosa, así que debo a tu lado. Así que, pelillos a la mar. — E hizo como si cogió pelos y los tirará al viento.

— ¡Me vas a poner roja! — Me tapé la cara con mi pelo, avergonzada. Se sintió como si fuera un halago.

— ¡No me lo puedo creer! ¡Hay que ser imbécil! — Gritó Sheldon.

— No hace falta que llamen a la ambulancia, creo que esto no es tan grave como creía. — Habló Nadezha, que se levantó del suelo y empezó a moverse.

— ¡Pero si has caído de un puto edificio! — Sheldon intentó hacerla sentar en el suelo.

Nosotros, ajenos a esto, seguimos mirándonos el uno al otro. Charlie se acordó de algo y sacó una cosa de su bolsillo.

— Además, se te ha caído esto. — Era el colgante que me había regalado.

— ¡Mi colgante! — Yo sorprendida, palmeé mi cuello. Me di cuenta de que se me había caído. Tuvo que ser durante la caída.

Iba a cogerlo, pero entonces Charlie me lo puso él misma, mientras me decía esto: — Te ves mucho más linda con ese colgante. —

— ¡Gracias! — Le dije esto, muy colorada, antes de darle un grandísimo abrazo: — ¡Te quiero mucho, muchísimo Charlie! ¡Gracias por perdonarme! —

No hacía falta que tuviera que tejer una telaraña, nuestro amor no necesitaba algo así, ¿por qué no me di cuenta de eso antes?

FIN DE LA DECIMOCUARTA PARTE

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