Centésima vigésima segunda historia

La araña: Doceava parte, centesima vigésima segunda historia.

Por unos cuantos minutos, creía realmente que ella estaba muerta. Luego, su cuerpo ya empezó moverse, con muchísima dificultad. Intentaba levantarse, pero no tenía fuerzas. Entonces, pronunció estas palabras:

— ¡¿C-cómo e-es p-po-posible… q-qué tú tengas una pistola eléctrica!? —

Sólo le dije esto, antes de salir corriendo: — ¡E-esto no es mi culpa! ¡Y-yo no quería hacer eso! ¡Has s-sido tú! ¡Por tu culpa, te he atacado! ¡¿Por qué no hiciste caso cuando te dije que ni tú ni esos estúpidos se volvieran a acercarse a mi Charlie!? ¡¿Por qué!? —

Corrí tan rápido como pude, incapaz de asimilar lo que había hecho, había atacado a una persona. Para mis adentros, no dejé de repetir, una y otra, que no era culpa mía, fue ella, la que me provocó con aquellas palabras. No me detuve hasta llegar a las puertas del hospital abandonado, a pesar de que me había caído al suelo varias veces. Al llegar, caí de rodillas, intentando recuperar el aliento con desesperación. Estaba agotada.

— ¡Gracias a Dios que no la he matado…! — Balbuceé, cuando pude recuperar un poco el aliento, con un gesto de alivio.

— Pero,… — Continué hablando, mientras miraba la pistola eléctrica, conmocionada. — Esto se ha vuelto peor de lo que imaginaba, ¿cómo saldré de ésta? — Tenía ganas de llorar, había metido la pata hasta al fondo.

No sólo me había escapado de casa, y hacer que Charlie hiciera lo mismo, ataqué a una chica con un arma y casi muere por ello. Todas estas acciones me habían llegado a un camino sin salida, me alejarían de él a cualquier precio. Entonces, mientras estaba atrapada en esos pensamientos, me acordé de él.

— ¡Es cierto! — Grité, mientras me levantaba del suelo y me introducía dentro del hospital. — ¡Charlie sigue estando malo! —

Esta vez pude reconocer el camino y llegar pronto en la habitación en donde se encontrada. Él estaba acostado en la cara, con cara de dolor.

— ¿¡Estás mejor, Charlie!? — Pregunté en voz baja, pero él no me contesto. Dormía plácidamente. No quise preguntarle más y me acosté a su lado, observando cómo su rostro era iluminado con la luz de la luna, era realmente hermoso. Sin darme cuenta, empecé a hablar sola:

— ¿Sabes? Yo te amo, de verdad. No es como dice esa maldita de Nadezha, yo no te veo como un seguro de vida ni nada estúpido parecido…—

Con sólo recordar aquello, me llenaba de furia. Ella no era nadie para decir aquellas cosas, no me conocía ni a mí ni a Charlie, ni a nuestro amor. Todo lo que dijo eran tonterías.

— Tú has prometido que vas a estar a mi lado todo el tiempo, ¿cierto? ¿No me vas a dejar sola? — Recordé todos los momentos bonitos que había pasado con él, y todas las veces que me prometió que íbamos a estar juntos. — Yo lo sé, no lo harás. —

Era como si intentaba convencerme a mi misma de que lo que sentía por él era amor verdadero, como si una parte de mi creía que tal vez lo que decían los demás era cierto. Moví la cabeza de forma brusca, al pensar en eso, para quitármelo de la cabeza. Seguí hablando:

— Pero todo el mundo quiere lo contrario. Mi madre, Nadezha, tus amigos, todos quieren separarnos. — Di una pausa, para evitar que me subieran los humos. — Nuestro amor es más que eso, ¡nadie, absolutamente nadie nos alejará del uno al otro! —

En aquellos momentos, sentía como si el mundo no deseaba que siguiéramos juntos, conspirando en todo momento, como si mi destino era terminar sola, perder mi príncipe azul y buscar el resto de mi vida un sustituto. Por supuesto, no iba a aceptar aquello tan fácilmente. Reí, de alguna manera, esto me parecía gracioso.

— Ya he llegado muy lejos, ¡no puedo detenerme ahora! — Miré la pistola y añadí: — Si los demás quieren separarnos, ¡los electrocutaré a todos! — La alcé hacia al techo, actuando como si estuviera haciéndole una declaración de guerra al destino.

Aún cuando no veía la salida, no quise rendirme. Es más, decidí atacar con uña y diente a todo aquel que nos separase. Ya no me importaba matar o dejar herido a alguien, eso no sería nada comparado con el futuro que me esperaba si Charlie se fuera de mi lado. Le acaricié la cabeza y le dije esto, mientras me levantaba:

— ¡No te preocupes, mi amor! Nadie nos va a molestar, todo aquel que quiera acercarnos a nosotros lo pagará caro. Quédate descansando. —

Era cuestión de que alguien aparecería buscándonos, Nadezha no se quedaría callada. Mi cabeza, llena de dudas y temores, me hacia imaginar todo tipo de situaciones en donde mi lucha sería imposible. Intentaba no pensar en esas cosas, necesitaba tener esperanzas. Me quedé vigilando desde la ventana, esperando a mis próximos enemigos. Al pasar unas horas, con la luna en lo más alto del cielo, los vi. Hacían tanto ruido que notaba con claridad lo que decían.

— ¿Por qué no dejamos esto para mañana? ¡Mis padres me matarán si ven que he salido de la casa a estas horas de la noche! — Reconocí aquella voz, era de aquel repelente de Sheldon.

— ¡Tengo mucho miedo, volvemos a casa! ¡Este lugar no me trae buena pinta! — Y éste era del afeminado de Jackie.

Estaban cruzando el aparcamiento. Había venido toda la patrulla. Además de Sheldon y Jackie, estaban también los dos gordos esos, diciendo cosas que ni  importaba, y Vladimir, quién iba a la delantera y en completo silencio.

— ¡Volveré pronto, quédate aquí, mi amor! — Le dije a Charlie, antes de darle un pequeño en la boca.

No espere ni un momento, salí corriendo de la habitación y me fui derecha hacia la entrada. Ahí, delante de las escaleras, me quedé, con la cabeza bien alta y esperando su llegada. Mis nervios estaba a flor de piel, pero los escondía como podía, intentado mostrarme fría y decidida.

— ¡Oye, allí está ella! — El repelente de Sheldon me señaló, cuando me vio. El resto del grupo se detuvo a pocos metros de mí, inmóviles. Tardaron en hablarme, mientras yo les miraba en completo silencio. Se miraban los unos a los otros, incómodos, sin saber qué hacer. Todos salvo Vladimir, que también estaba callado, con la cara seria y las cejas fruncidas al máximo

— ¿D-dónde está Charlie? — Balbuceó Jackie. Sheldon añadió: — ¿No lo habrás matado, verdad? — Intenté no darle mucha importancia y pasé de aquella pregunta. Sólo estaba esperando el momento en que ellos actuarán primero.

— ¡No dice nada…! — Dijo uno de los dos gordos esos, tragando saliva. — ¡Da mucho miedo! — Añadió el otro, temblando como una gallina.

Luego, el resto del grupo miró a Vladimir, como si esperaban que él dijera algo. Al ver su silencio incómodo comentaron esto:

— Vlamidir también…— Mencionó Jackie, con un rostro lleno de miedo hacia su amigo. Sheldon intentó llamar su atención, mientras le zarandeaba el hombro: — ¡Di algo, hombre! —

Se quito la mano de Sheldon de su hombro con mucha violencia, siendo tan desagradable que lo dejó boquiabierta y el resto protestó por su exagerada reacción. Él los ignoró, porque decidió hablarme a mí, con un tono lleno de ira:

— ¿Tú has atacado a mi novia, verdad? —

No le respondí, el silencio era mi mejor respuesta. Él insistió.

— ¿Tú has sido quién la ha dejado tirado en el parque, inmovilizada? —

Apretó el puño, al ver que no abrí la boca. En voz baja, añadió:

— Nadezha nos dijo que estuviéramos a los alrededores, que esperásemos, que ella iba a hablar contigo. Pero oídos un grito y la vimos tirada en el suelo. — Luego, gritó con toda su furia: — ¡Responde de una puta vez! ¡¿Qué les ha hecho a mi linda Nadezha, puta zorra!? —

Estuve a punto de dar un paso para atrás. Me estaba dando mucho miedo, parecía estar fuera de sí. Era muy diferente al chico indefenso, tranquilo y amigable que todos veíamos en la escuela. Ahora parecía un ser sediento de sangre. Incluso sus propios amigos, recelaban de él, en sus rostros se veía claramente los deseos de calmarlo.

Aún así, seguí inmóvil, ya no podría echarme para atrás. Además, no importaba si eran chicos y muchos, no resistirían ante mi pistola eléctrica.

— Eso es cierto, ¿qué le has hecho? — Los demás me exigieron hablar.

Entonces, yo decidí abrir mi boca: — ¿Ella no les dijo nada? — Sólo quería asegurarme de que Nadezha no le hubiera dicho nada sobre mi arma.

— ¡No estaba en condiciones de hablar, hija de puta! ¡Le dijimos que tomará un descanso y así lo hizo! — Me respondió a grito Vladimir.

— Pero hubiera sido de útil…— Sheldon intervino, pero no pudo terminar la frase.

— ¡Tú cállate! — Porque Vladimir le cogió del cuello y le soltó esto. Los demás con gran rapidez le separaron. Luego, el novio de Nadezha se dirigió de nuevo contra mí:

— ¿¡Crees qué me voy a contener contigo, aunque seas una niña!? ¡Te voy a romper la cara, y a Charlie también, le daré un puñetazo tan fuerte en el estomago tan fuerte que se oirá incluso en Moscú! —

— ¡Pero si él no ha…! — Jackie fue empujado de golpe por el mismo Vladimir. Los gordos le preguntaron a gritos, indignados, si estaba bien de la cabeza.

— ¡Me da igual! ¡Si no se hubiera juntado con ella, Nadezha no hubiera, no hubiera…! — Miró al suelo, lleno de ira, mientras apretaba sus dos puños con fuerzas. — Me la pela lo que digan los demás, pero quién ose hacerle daño a mi novia, ¡se va arrepentir de por vida! —

Contuve la respiración por un momento, me di cuenta de que estaba a punto de explotar. Ahí vi mi oportunidad, pero tenía que provocarlo para que viniera. Di un paso adelante, mientras ponía mi mano sobre el bolsillo en donde tenía mi arma, y le dije con toda mi seriedad y valentía:

— Pues entonces, ¡ven aquí, golpeador de niñas! —

Vladimir no se pensó ni dos veces. Ante el estupor de sus amigos, salió directo hacia mí, con el puño en alto. En cuestión de segundos, me alcanzó. Casi no me dio tiempo a reaccionar, estuvo a punto de darme un buen golpe en la cabeza. Pero, por un momento, dudó, seguramente porque aún le daba cosa pegarle a una niña. Ese fue mi momento, y lo aproveché.

— ¡Vladimir, va a sacar algo de su bolsillo! — Le gritaron sus amigos al notar que lo iba a sacar. — ¡Aléjate de ella! — Pero fue en vano.

Ni terminaron sus frases, cuando Vladimir chilló del dolor y la electricidad recorría por todas sus venas. Cayó como plomo. El resto chilló de horror al verlo.

— ¿Qué mierda ha pasado? — Sheldon gritaba como un mono, con las manos en la cabeza. — ¿Qué ha pasado? —

— ¡Oh, Dios mío! ¡Ella tiene un taser! — Jackie se tapó la boca, horrorizado. Tras decir esas palabras,  Sheldon le preguntó qué era esa cosa. — Es una pistola que lanza electricidad, lo utiliza la policía. —

— ¡No me jodas, ¿por qué ella tiene eso?! — Su cara se puso morada, mientras me señalaba.

Yo sólo mostré una mueca de desprecio hacia ellos, mientras ponía mi pie sobre la cabeza de un Vladimir inconsciente. A continuación, con la mayor claridad posible, les dije esto:

— ¡Quién se acerca a nosotros, quién desea separarnos, a mí y a Charlie, le pasará lo mismo que a vuestro amigo, y con Nadezha! —

Con paso firme y tranquilo, empecé a acercarme a ellos, con la pistola eléctrica en mano. Ellos se quedaron paralizados y temblaban como flanes, dando pequeños pasos hacia atrás. En mi cabeza, sólo pensaba en una cosa: Electrocutarlos a todos.

— ¡Tranquila, mujer! — Sheldon, moviendo las manos de un lado para otro con desesperación, intentaba hacerme entrar en razón. — ¡Baja ese arma y no nos hagas daño! ¡Podemos llegar a un acuerdo! — Pero no iba a piedad con ellos, ya era demasiado tarde para eso.

Al ver que no había respuesta por mi parte, Jackie, con lágrimas en los ojos, se puso detrás de Sheldon, abrazándolo y usándolo como escudo, y le dijo:

— ¡Protégeme, Sheldon! ¡Tengo miedo! —

— ¡Oye, no te pongas detrás de mí, ¿me quieres matar o qué?! — Le replicó ese feo repelente, mientras intentaba librarse de su amigo, que añadió esto: — ¡Sacrifícate tú, demuestra al mundo que no eres un nerd asqueroso, con tu valentía! —

Yo seguí progresando con tranquilidad y en total silencio, con el sólo pensamiento de electrocutar.

Aquellos dos gordos no aguantaron más la presión y salieron corriendo hacia afuera del edificio y cerraron las puertas, mientras Sheldon y Jackie se estaba peleando. Yo me detuve y me quedé mirándolos. Al oír el sonido, el afeminado y el repelente se detuvieron y giraron hacia atrás.

— ¿¡Qué hacéis, Howards!? — Les gritaron con fuerzas, mientras intentaban abrir la puerta. — ¡¿Estáis imbéciles o qué!? —

Pero las puertas no se movían, como si se hubiera quedado atrancado al cerrarse. Desde afuera, los dos gordos intentaron abrirla, mientras decían esto:

— ¡No era nuestra intención, se nos fue la mano! ¡El miedo nos posee! —

— ¡Eso son excusas, hijos de puta! ¡Nos las habéis jugado! — Sheldon y Jackie golpeaban con  violencia la puerta, llenos de ira hacia aquellos dos gordos. — ¡Sois unos desgraciados de mierda! —

Ellos se miraron el uno con el otro y salieron corriendo.

— ¡No os vayáis! — Gritaron, boquiabiertos, con ganas de llorar. — ¡No os abandonéis! —

Yo me reí, ¿esos eran los amigos que estaban tan preocupados por mi Charlie, esas mísera panda de ratas? En aquel momento, sentí que tenía la razón, de que ellos eran amigos horribles. Era la única que realmente quería a mi amor.

— ¡Qué patéticos sois! ¡Esos chicos os han dejado tirado! — Solté un tono burlón. — ¡Ante una simple y débil niña como yo, qué triste! ¡Si fuera yo, empezaría a llorar como un bebé! — Luego, volví a reír. — Al final, yo soy la única que merece estar al lado de Charlie. Nosotros somos almas gemelas, nuestro amor es eterno. — Estaba tan feliz que di una vuelta sobre mí misma, alzando los brazos.

— ¡Estás loca, te deberían meter en la casa de los locos! — Sheldon me replicó esto, señalándome con el dedo.

— No estoy loca, sólo protejo lo mío. — Le grité, mientras alcé el brazo en donde llevaba el arma hacia ellos. Sheldon dio un chillido de horror, agachándose y tapándose la cabeza, creyendo que les iba a atacar. Jackie sólo cerró los ojos, temblando.

A continuación, él tragó saliva y dio un paso hacia delante, diciendo esto:

— Entonces, y-yo, y-yo, y-yo no me dejaré ser electrocutado. —

Sus piernas temblaban tanto que parecía que se iban a caer de un momento para otro, apretaba los dientes con fuerza y me miraba muerto de miedo. Aún así, fue capaz de plantarme cara. Yo añadí esto, con cierta admiración.

— Hace un momento, estabas poniendo detrás de ese repelente, comportándote como la damita que quiere ser salvada, ¿ahora deseas ir contra mí? ¡Qué lindo! —

— ¡Te d-demostraré que s-soy un hombre! — Balbuceó Jackie.

— Pero los hombres no pueden pegar a las mujeres…— Le replicó Sheldon, quién aún escondía su cabeza.

— S-somos iguales. Entonces, puedo pegar a una mujer, porque somos iguales. Ella nos quiere matar, no podemos huir o dejarnos ser freídos, o… Lo que sea, pero no me dejaré matar fácilmente. —

Él empezó a rodearme, con una distancia prudente de mí. Yo le seguía con paso tranquilo, mirándolo fijamente, y él a mí. Dimos vueltas alrededor de la entrada, con él buscando un hueco para atacarme. Pero el miedo le superaba y no encontraba el momento perfecto. Yo decidí esperar con paciencia, pensando en que se iba a hartar y se lanzaría a mí sin pensar.

Entonces, él gritó esto, señalando con el dedo el otro extremo de la entrada: — ¡Mira, mira, ahí está Charlie! —

Hice como si mirará.

— ¡Eres imbécil, ya eres mía! — Gritó, creyéndose el ganador.

No me hizo ni falta hacer que el arma tocara su cuerpo, la pistola lanzó unos dardos, a medio metro, que le dieron una descarga, que lo hizo caer al suelo. No le dio ni tiempo a chillar.

— ¡Jackie! — Gritó Sheldon de puro espanto, con lágrimas en los ojos. Se tapo la cara y empezó a repetirse que esto no podría estar pasando, que todo era más que una simple pesadilla.

Feliz con los resultados, le grité esto, mientras le señalaba con mi pistola eléctrica:

— ¡Ahora sólo quedas tú, repelente de mierda! ¡Te dejaré frito con el poder del amor! —

Vladimir y Jackie habían caído, los gordos huyeron y sólo faltaba el imbécil de Sheldon. Si le quitaba del medio, pensaba; mi amor con Charlie jamás finalizaría.

FIN DE LA DOCEAVA PARTE

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