Centésima vigésima segunda historia

La araña: Onceava parte, centésima vigésima segunda historia.

Nos quedamos paralizados al verla, no sabíamos qué hacer, sólo la estábamos mirando fijamente por varios segundos. Y ella a nosotros, con una cara realmente intimidante y que provocó que nos temblará, a los dos, las piernas. Era como dijo Charlie, ella podría dar mucho miedo. Pero tragué saliva y le lancé una mirada desafiante, llenándome de valentía, no podría dejar que mi principal enemigo me viera temblando como una ardilla asustada. Tras varios segundos de silencio, ella pronunció estas palabras:

— Perdonad, creo que me he confundido de personas…—

Tardamos en reaccionar, miré a Charlie y él a mí, preguntándonos si nuestro disfraz había funcionado muy bien. A continuación, los dos le hicimos un gesto con la mano para decirle que no pasaba nada. Ella dio un fuerte suspiro, pero aún mantenía esa cara seria, como si aún sospechaba de nosotros.

— ¡Los niños deberíais estar en la escuela! ¡Hasta luego!  —

Y se dio media vuelta y se alejó de nosotros. Nosotros, al momento, salimos corriendo a toda velocidad, como locos, de nuevo hacia al hospital abandonado.

Al llegar a la entrada, caímos al suelo, muertos de agotamiento.

— C-casi íbamos a ser pillados…— Dije con una voz entrecortada.

— ¡Ha sido divertido! ¡Quiero repetirlo…! — Gritó con una sonrisa. Yo le miré, algo molesta, y él se arrepintió de haberlo dicho: — ¡En otra ocasión, claro…! — Rió nerviosamente.

Nos fuimos hacia la habitación en donde nos habíamos instalado, aunque nos perdimos por el camino y habíamos tardado un buen en encontrarlo. Al llegar, lo primero que hicimos fue comer:

— ¡Por cierto, ¿lo que estás comiendo no era malo para ti?! — Le estaba mirando fijamente, mientras comía con muchísima felicidad lo que él compró. — Digo, ¿no me dijiste una vez que probaste dos veces una hamburguesa de salmón y en las dos te pusiste malo? — Recuerdo que me contó que le dolió la barriga muy fuerte y que le duró hasta que pudo vomitar unas cuantas horas después.

— ¡Ah, ¿en serio?! — Abrió la boca, al recordarlo. Pero no le dio mucha importancia y añadió esto, tras terminar el último trozo de la hamburguesa. — La tercera va a la vencida, además está muy bueno. — Le hice caso, y seguí comiendo mi ensalada.

Al final, me arrepentí de hacerle caso, y eso que sabía que él a veces era muy impulsivo y no se controlaba. Horas después, ya en plena tarde, se acostó en la cama con muy mala cara, y empezó a lanzar quejidos de dolor.

— ¡Mira que te lo dije! ¡Tenías que hacerme caso! ¡¿Ahora qué hago!? —

Le dije esto muy asustada y nerviosa, se veía muy mal y no sabía qué hacer. Sólo estaba dando vueltas por la habitación como loca, con las manos en la cabeza.

— Pero esa hamburguesa de salmón estaba tan deliciosa…— Intento mostrar una sonrisa. — No me arrepiento de nada…— E incluso me iba a hacer un gesto con el dedo para decirme que todo estaba bien. Pero, entonces, su estomago le hizo chillar de dolor y se abrazó fuertemente a él, mientras gritaba esto con desesperación: —  Me arrepiento, ¡cómo duele esto! —

Hasta yo me estaba poniendo mala con verle así, empecé a sentir mal el estomago.

— ¡Deberíamos ir al hospital o algo! —

— P-pero estamos en el hospital…— Me replicó Charlie.

— ¡Uno de verdad, quiero decir! — Miré cabizbaja al suelo. — Pero…— Sabía que tenía que pedir ayudar, pero eso sería mostrarme y no quería eso, nos separarían para siempre, pero tampoco deseaba que Charlie estuviera así. No me lo perdonaría si le pasase algo grave, perdería mi última oportunidad para escapar de la soledad. Era incapaz de elegir una decisión y solamente terminé muy agobiada, a punto de ponerme a llorar.

Al verme así, a pesar de todo el dolor que sentía, decidió mostrar buena cara y me intentó tranquilizar con estas palabras: — ¡N-no te preocupes! ¡Y-ya se me pasará! — Intentó aguantar un quejido de dolor. — ¡Descanso, y l-list…! — Forzó una sonrisa, apretando los dientes. Eso no me ayudo a que me sintiera más tranquila, sino al contrario.

A continuación, él pareció calmarse y estuvo sufriendo en silencio. Después de estar mirándolo en silencio, atrapada en mis pensamientos; oí de pronto una voz, que provenía del exterior, y que ya había escuchado esta mañana, poniéndome más asustada de lo que estaba:

— ¡Salid de donde estéis! ¡Sé que os escondéis dentro! —

Aquello me provocó un sobresalto, me acerqué rápidamente a Charlie, avisándole de esto:

— ¡Charlie, Charlie, nos han descubierto! — Le gritaba, muy aterrada.

— ¡D-dile que se calle, que intento dormir! — Movió la mano, como si estuviera espantando moscas. — Además, d-dile que es…— Dio quejidos de dolor, y luego siguió hablando. — ¡Imposible, duele, no puedo moverme,…! ¡Quedo aquí! — Empezó a hablar de forma incompresible, como si fuera un marciano.

Aquella persona siguió gritando, repitiendo una y otra vez las mismas palabras, y yo estuve un buen rato indecisa. No sabía si ignorarla o no. Pero cada vez gritaba más fuerte y si se cansaría, iría a entrar a buscarnos. Por tanto, decidí mirar por la ventana y ver quién era, con mucho cuidado, para que Nadezha no me viera.

Ahí estaba ella, en mitad del aparcamiento, gritándonos con esa cara tan aterradora que hasta el mismísimo diablo salía corriendo al verla. A pesar de todo el esfuerzo que puse en no ser notada, ella se dio cuenta de mi presencia.

— ¡No te creas que no te estoy viendo, Carleen de Valera! ¡Sal de tu escondite, ahora mismo! —

Gritó tan fuerte que todos los pájaros que estaban a nuestro alrededor salieron volaron, asustados. Yo no lo dudé ni un momento, me mostré ante ella, con valentía.

— ¿¡Qué quieres de mí!? — Y le grité esto con todas mis fuerzas.

— ¡¿Y Charlie dónde está!? — Miré hacia él por un momento. Dudé por un momento si decirle que él estaba conmigo muy enfermo o no.

— ¡Eso a ti que importa! — Dije con toda la claridad del mundo. Ella se tapó la cara con una mano y continuó hablando:

— ¡¿Sabes lo qué estás liando!? ¡No tienes ni derecho a replicarme así! — Noté que lanzó un fuerte suspiro. — ¡De todos modos, mi intención es hablar, hablar contigo! —

— ¿¡Por qué!? — Sospeché de eso, me aterraba saber de qué quería hablarme aquella bruja con pelo de vieja. Aún así, se lo pregunté.

— ¡Preferiría terminar este asunto charlando, sin atraparte contra tu voluntad ni nada parecido! — Dio una pequeña pausa. — ¡Sobre todo, seguir con aquella conversación que tuvimos el otro día! ¡Tengo mucho que decir! —

Lo recordé al momento, cuando le dije que se alejará ella, y el resto de esa infame pandilla, de mi Charlie, o se iban a arrepentir. Me quedé pensativa, preguntándome si esto era una especie de trampa para capturarme o realmente deseaba hablar conmigo. Pero, de todas maneras, no quería tener trato con Nadezha, ya le dije todo lo que quería.

— ¡Es tu elección, o apareces ante mi o iré hacia ti! —

No tuve más remedio que hacerle caso, no deseaba por nada del mundo que se acercará a Charlie, me defendería con uñas y dientes antes de que ella pusiere un mano en él y me lo robaría. De eso, estaba yo muy seguro. Por tanto, le dije que esperase un poco, que me encontraría con ella al momento.

— ¡No te preocupes, regresaré pronto aquí! — Me acerqué a Charlie, acariciándole un poco la cabeza. Él se había quedado dormido, aunque seguía manteniendo la mala cara. — Así que aguanta…— Le vi un beso en la boca.

Me dirigí hacia al pasillo, pero antes de cruzar la puerta, me di cuenta de algo. Me detuve y quedé pensando.

— No debería ir así sin más…— Tenía la sospecha de que ella iría hacia mí y me pegara. Por lo que me contó Charlie, ella podría luchar contra osos. Creía que era una exageración suya, pero al ver su rostro de ser lleno de ira, se veía muy peligrosa. Una niña como yo no tendrían oportunidad contra algo así. — Pero no tengo nada para protegerme…—

Entonces, me acordé de que guarde algo que me podría servir en la mochila y lo busqué. Era el arma eléctrica. Al sacarlo, me entraron escalofríos. No me podría creer en lo que estaba pensando, en atacarla con eso. Me sentí muy mal, no era una asesina, no debería pensar en matar a alguien.

Con la mano temblando, intenté dejarlo dentro de la mochila. Pero no pude, me resistía a hacerlo. No podría ir indefensa contra ella. Tras varios segundos dudando, al final tomé una decisión.

— Bueno, no creo que lo vaya a usar…— Lo decía, mientras miraba con miedo al arma. — No la quiero matar tampoco…— La guardé con rapidez en el bolsillo de mi vestido, como si no quería que nadie me viese con aquella cosa. — Tal vez asustarla un poco, y ya está. —

Pensé que sería suficiente mostrarle aquella arma, tal vez Nadezha saliese corriendo como una gallina.

A continuación, salí de la habitación y fui directa hacia la entrada en donde estaba ella, yendo a toda velocidad.

Al llegar, me la encontré a las puertas del edificio, a pocos metros de mí. Con sólo verla, me eché un paso para atrás, pero decidí lanzarle una mirada desafiante, mientras le decía esto con toda mi valentía:

— ¡Aquí estoy, Nadezha! —

En completo silencio, ella, con su cara llena de una seriedad aterradora, me empezó a hacer gestos, indicándome hacia un lugar en donde estuviéramos más cómodas para hablar. Asentí, sin rechistar, aunque me extrañó mucho.

Salimos del recinto del hospital y llegamos a un parque extenso y largo, que estaba situado al lado. En unos de sus extremos sobresalía un muro tan alto como imponente, oculto entre cientos de enormes arboles, hecho de enormes piedras y era tan extenso que ni siquiera veía el fin. Me quedé mirándolo muy embobada, preguntándome si ese era el tan famoso muro que se extendía por todo el sur de la ciudad, que nadie sabía exactamente por qué estaba ahí. El parque en sí estaba muy estropeado, los bancos y los carteles se caían a trozos, y los caminos estaban invadidos por las malas hierbas.

— ¿¡Por qué me has traído hasta aquí!? — Le pregunté, sospechando de sus intenciones. No me gustó que me hubiera alejado bastante de Charlie, ya que él no estaba bien. Deseé con todas mis fuerzas que no le pasará nada, con ganas de terminar esta conversación cuanto antes.

— ¡¿No te lo dije antes!? — Me hablaba tranquilamente, pero con voz severa. — Es para hablar, no quiero que nadie nos moleste… No me interesa que Charlie se interponga. — Dio un gesto de pequeña sorpresa y añadió esto: — Es verdad, debía haberte dicho eso. —

— Da igual, no iba a venir de todas formas. — Le repliqué. Me pregunté si estuvo bien decir eso, no quería que ella intentara interrogarme.

— Te lo voy a decir muy claro, ¿tú crees realmente que estás enamorada de Charlie? —

Me dejó sin palabras, me sentí insultada. Llena de indignación, le grité esto:

— ¡¿No es obvio!? ¡Por supuesto que sí! —

— Lo dudó sinceramente. — Apreté los dientes, no podría permitir que ella dudará de mis sentimientos. — Tú puedes creerlo que lo estás, pero puede que lo están confundiendo. —

— No lo entiendo, ¡¿es una broma!? ¡Deja de burlarte de mí! — Le repliqué.

— ¿¡Crees que con esta cara me gustan las bromas!? — Le miré el rostro fijamente, su rostro serio e intimidante no había cambiado en la conversación. — He venido a avisarte. Mejor dicho, a hacerte dar cuenta de algo. — Nadezha se sentó en un banco podrido y miró al cielo, con un gesto de molestia. — Aunque supongo que va ser misión imposible…—

Miré al cielo por un momento, ya estaba naranja. Estaba sorprendida, no creía que el día hubiera pasado tan pronto. Ella dio una pausa y continuó hablando:

— ¿Sabes que ayer él se peleó con sus amigos, cierto? Supongo que te contó que fue por ti. — Asentí con la cabeza, callada, con las cejas fruncidas y en posición de alerta. — ¿Charlie te contó cómo fue exactamente eso? — No respondí, sólo me quedé en silencio. Lo cierto es que no me contó mucho, sólo lo esencial. Tras varios segundos, abrió la boca. Por cómo se expresó su rostro, parecía que iba a ser largo:

— El mismo Charlie les escribió en un papel durante las clases, pidiéndoles que se reunieran con él en el tejado de la escuela durante el recreo. Al estar ahí, les dijo que perdonasen las cosas que tú me dijiste, que sólo habías hablado sin pensar. Sus amigos se quedaron boquiabiertos. “Ella se lo dijo totalmente en serio”, dijo Vladimir. “Nos amenazó a todos, no podemos pasar por alto eso”, añadió Jackie. El resto dijo tonterías que ni vienen al cuento ahora. Pero él siguió defendiéndote, “sólo tiene un poco de miedo o algo así, si se lo explico, lo entenderá”. Le replicaron que debe darse cuenta de la realidad, que esa chica deseaba aislarte de todo y dejarle solo. Tardó en responder, para decirles que eso no era verdad, que era ella la que no deseaba estar sola, por esa razón estaba a su lado.

“¡Pero si ella siempre está en la escuela hablando con otras personas, eso es estúpido!”, Charlie, al escuchar eso, se puso de mala leche. Les gritó muy fuerte, con el puño en alto, que ella lo estaba en el fondo. El imbécil de Sheldon lo empeoró todo al decir esto, “¡No nos engañes, es porque ella, con esa carita de niña buena, te mintió para tener a alguien embobado detrás suya!”. Eso enfureció tanto a tu novio que le dio un gran puñetazo e hizo llorar a ese bocazas. “¡Ella es una buena chica, deberíais entenderla, sólo un poco, ¿pido mucho?! ¡Y además, no me mintió, lo supe al momento, Carleen estaba tan sola como yo! —

Entonces, recordé la conversación que tuvimos la noche anterior, en cuando él me contó que estaba solo, al igual que yo.

— No recuerdo muy bien cómo me lo contó Vladimir. — Siguió hablando ella. — Creo que ni él se acuerda muy bien, pero aquello le dejó una impresión muy fuerte. Charlie explotó como un volcán, más o menos, le soltó lo siguiente: “¡No lo entendéis, para nada! ¡Estar solo es un asco, yo lo sufrí, y ella también! ¡Lo ponía en su cara, pedía que alguien se hiciese su amigo! Ella fingía que estaba bien, hablando con los demás, ¡lo sé por qué yo también fingía, de forma diferente, como si me daba igual tener amigos, pero fingía! Por eso, quise ser su amigo, para que no sintiera lo mismo que yo”.

Ellos se quedaron callados, mientras Charlie se ponía las manos en la cabeza, estaba a punto de ponerse a chillar como loco. A continuación, sólo hubo silencio. Y él, entonces, pronunció estas palabras: “Tal vez ella tenga razón, puede que vosotros no sois mis verdaderos amigos”. Sus amigos estaban consternados, gritaron al unísono, qué tonterías estabas diciendo. “¡Imbécil, enfríate la cabeza, ella te está comiendo el coco!”, “¡Sólo queremos ayudarte, ella no te está haciendo nada bien, es una bruja, una niñata egoísta que te ve como un juguete!”, “¡Haznos casos!”, eso y mucho más le decían. No lo pudo soportar más. Le dio una patada a Jackie, pero Vladimir le protegió, siendo golpeado su estomago dando un alarido de dolor. “¿¡Qué haces, capullo de mierda!?”, le gritó el defendido. Pero, fuera de sí, se lanzó hacia a Vladimir, dándole puñetazos. “¿¡Estás loco!?”, “Sólo queríamos ayudarte”, eso gritaron el resto, que intentaron ayudar a mi chico. Charlie se lanzó a pegarles a todos, lleno de ira. Como es obvio, ellos ganaron en número, dejaron a él con el ojo morado.

“¡¿Sabes qué?, que te jodan! ¡Si prefieres creer antes en la zorra de tu novia que en nosotros, peor para ti!”, le gritó Jackie, mientras se alejaba de él. Vladimir, a pesar de fue el más golpeado, se quedó mirándolo con tristeza, no quería abandonar a su amigo así como así. “¡Vladimir, vámonos de una vez, no lo va a aceptar, cuando estás colado por una chica, eres incapaz de ver la realidad!”, le dijo Sheldon a mi novio. Él intentó resistirse, pero Jackie añadió, muy enfadado, que se olvidará de él, que se fastidiará. Los dos Howards asintieron con la cabeza. Luego, todos se fueron de ahí, dejando a Charlie acostado y destrozado en el suelo. —

Y tras finalizar, calló por unos segundos, mirándome fijamente. Al parecer, estaba esperando mi reacción.

— Charlie…— Murmuré en voz baja su nombre, mirando al suelo cabizbaja. Me sentía confundida, mi cabeza estaba lleno de todo tipo de pensamientos y sentimientos que era capaz de diferenciar a cada uno.

— Lo conseguiste. — Entonces, ella, sin eliminar su actitud de seriedad, empezó a aplaudirme. — ¿¡No era eso lo que deseabas, qué sus amigos se alejarán de él!? ¡Lo hiciste! —

— Vosotros no sois sus verdaderos amigos, yo soy la única que le entiendo, ¡y él a mí! Nosotros estamos unidos, incluso mucho más tiempo que vosotros. — Le repliqué.

— Y lo tuyo no es verdadero amor. — Apreté los puños con fuerzas, al escuchar estas palabras. — Tú no ves a Charlie como la persona que más quiere en este mundo, sino como un flotador para evitar que te hundas en el fondo del mar. —

— ¿Charlie es un flotador? ¿Qué? ¡Ya eres una chica muy grande para decir tonterías! — Le grité con desprecio, mientras deseaba que se muriese, repitiéndolo dentro de mi cabeza unas cientos de veces.

— Pensaba decir “seguro de vida” o algo así, pero creo que tú no lo entenderías. Lo que quiero decir es tú ves a Charlie como un medio para salvarte, un simple muñeco para evitar sentir el profundo miedo a estar sola y dormir tranquila por las noches. Sí, eso debe ser. —

Me quedé cuadrada, era incapaz de asimilar lo que estaba diciendo ella. Continuó hablando:

— Has confundido tu necesidad de estar sola con estar enamorada. Si no hubiera sido Charlie, hubieras elegido a cualquiera con tal escapar de aquello. Y estarías haciendo lo mismo que con él. Lo alejarías de sus amigos, después de su familia, harías todo lo imposible por hacerte ver que eres la única que le entiende y dejarlo sin nadie, convertirte en lo único que debe ver. Y luego lo dejarías. Tal vez le darías daño, pero él seguiría su vida. Tú seguirías yendo de persona en persona, buscando huir de aquel estúpido temor. —

— ¡Eso es mentira! — Le grité con toda mi ira.

Ella se estaba burlando de mis sentimientos, los insultaba y los tiraba al suelo como si fueran basura. Todo lo que sentí a su lado, las experiencias y todo el tiempo que vivimos juntos, los besos que nos dimos, toda la diversión que habíamos pasado, todo lo que teníamos en común; no se produjeron por mi miedo a estar sola. No, era verdadero amor. Se estaba equivocando en todo, esa maldita de Nadezha no sabía de lo que estaba hablando. Yo la miraba llena de odio, quería que algo o alguien le diera una paliza muy fuerte por decirme esas cosas.

— Charlie se apiadó de ti, y ha hecho todo lo posible para ayudarte. Incluso llegando al punto de perder amigos y de escapar de casa, sólo para complacer a una egoísta como tú. Él se volvió ciego, todos le dijimos que tú no le irías a hacer nada bien, pero no escucha. —

Ya era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera en hacerla callar, aunque eso fuera matarla en el proceso. Metí mi mano en el bolsillo en donde estaba aquella cosa.

— Dime, Carleen de Valera, ¿cómo puedes ayudar a una persona que está cometiendo un error, y se lo dices, pero aún así sigue empeñado en hacerlo, por qué cree con todo su corazón que está haciendo lo correcto? Jackie y el resto llegó a esta conclusión: Qué se fastidiara, que cometiera el error y que sufriera todas las consecuencias. Después de todo, uno tiene libertad de elegir tanto lo malo como lo bueno, y no deberías obligarle a no meter la metedura de pata. Pero yo elegí otra opción, bastante desagradable, a decir verdad. —

— No entiendo lo que dices,… — Contuve un poco más mis ganas de electrocutarla. — ¡Deja de decir tonterías! — Aún había una parte de mí en donde me pedía que no hiciera esa locura.

— Perdón, perdón, creo que estaba hablando conmigo misma. — Ella hizo un gesto y se levantó del banco, mirando de nuevo al cielo, absorta en él. — Hace poco tuve una conversación que me hizo replantear muchas cosas y me puse a pensar en eso. —

Hubo silencio entre nosotras. Entonces, me fije en que todo ya estaba oscuro, el sol había desaparecido y algunas farolas del parque, ya que muchas estaban estropeadas, emitían luz. A continuación, ella abrió la boca, diciéndome esto:

— ¿Quieres saber lo que decidí? A pesar de que parezcas inofensiva, siento que eres peligrosa. Desde que me amenazaste, supe que serías capaz de hacer cualquier cosa por conseguir tus objetivos. Desde aquel día consideré que Charlie está en peligro…— Bajo el tono de voz, tras suspirar. —…por mi culpa, sin mi existencia, no hubieras iniciado todo esto. —

La luz de la farola que estaba a nuestro lado parpadeó, y ella con una cara decidida, me dijo estas horribles palabras:

— Romperé esta relación, aunque sea a la fuerza. Creo que esto es lo correcto, aunque, lo cierto, es que es desagradable. No, lo que voy a hacer es horrible, pero necesario. —

— ¡Eres una imbécil! — Me dio, entonces, un ataque de risas. — ¡Sabía que querías robarme a Charlie! ¡Quitarme al amor de mi vida! ¡No lo permitiré! — Grité enfurecida.

Sólo se estaba haciendo la digna aquella maldita chica con pelo de vieja. No iba a permitirlo, la telaraña de amor que había creado no sería rota, por nada del mundo. No iba a perder mi última oportunidad, no acabaría como mi madre, quién perdió al amor de su vida por su mejor amiga, yo estaría aferrada a alguien toda mi vida. Y para eso tenía que quitarla del medio. La ira y el miedo se entremezclaron en mi cabeza y lo llenaron de un solo pensamiento, matar a Nadezha, hacerle pagar caro su intención de separarnos. Eso era lo único que pensaba, y lo que me motivo a hacer lo que hice.

— La imbécil eres tú, ¿podrías dejar de actuar como tal? —  Me siguió hablando, sin saber lo que le iba a pasar. —  Sabes, no sé cómo es tu vida ni nada parecido, pero te fuiste de casa y has montado un gran lio. Tu madre, los padres de Charlie, sus amigos, vuestros compañeros de clase, profesores, vecinos, todos os están buscando, desde ayer. Y pronto lo hará la policía, ¡deja de dar la nota! ¿Los dos podéis volver a vuestras casas tranquilamente? Quiero terminar esto de forma pacific…—

Ahí es cuando actué. Sin pensar, lo saqué del bolsillo y se lo puse en el vientre, mientras le gritaba que era una mentirosa, repitiéndolo como si estuviera chalada. Apreté el botón y ella dio un gran chillido de dolor, entremezclado con un sonido electrizante, todo su cuerpo se estremeció ante las descargas que salieron del arma. Cayó al suelo, con los ojos en blanco.

Cuando volví en mí misma, supe lo que había hecho, la había atacado con aquella arma y un horrible sentimiento se apoderó de mí. Había llegado al punto de no-retorno.

FIN DE LA ONCEAVA PARTE

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